Los efectos tributarios de las NIIF que regulan los instrumentos financieros

Revista Nº 172 Jul.-Ago. 2012

Javier N. Rojas 

El fenómeno de la globalización, factor determinante en la intensificación del comercio internacional colombiano desde principios de la década de los noventa, ha comenzado a ejercer una marcada influencia en los procedimientos contables de las empresas que operan en el país.

En efecto, a pesar de que las llamadas NIIF comenzaron a evolucionar acentuadamente desde el 2001, gracias al liderazgo de la Junta de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB, por sus siglas en inglés), hace apenas tres años se expidió la Ley 1314 del 2009, por la cual se regulan los principios y normas de contabilidad e información financiera y de aseguramiento de información aceptados en Colombia.

El Decreto Reglamentario 4945 del 2011 representa una evidencia reciente de esa tendencia a acelerar la incorporación de estándares internacionales en la normativa contable, y dicta disposiciones en materia del ejercicio de aplicación voluntaria de las normas internacionales de contabilidad e información financiera.

Uno de los aspectos que ha generado marcado interés en los últimos meses, concierne a la manera cómo se van a aplicar las NIIF a los distintos instrumentos financieros que negocian las entidades colombianas en los mercados financiero y bursátil, instrumentos cuyos procedimientos contables se disponen en la Norma Internacional de Contabilidad (NIC) 32, en la NIC 39, en la NIIF 9 y en la NIIF 7.

Igualmente, se ha creado cierta incertidumbre, entre los profesionales contables de las empresas y los tributaristas que las asesoran, por los efectos tributarios que se desprenderán luego de la implantación de las NIIF en aquellos procedimientos de contabilidad vinculados con los instrumentos financieros.

Fernanda Pérez, contadora y consultora de la firma Baker Tilly, comenta que la NIIF 32 define instrumento financiero como un contrato que da origen a un determinado activo o pasivo financiero en una entidad, o a un instrumento de patrimonio en otra empresa.

En el contexto contable de la NIIF 32, los instrumentos financieros pueden adoptar, por ejemplo, una forma común de activo financiero si representan un derecho contractual, de la empresa poseedora de este, a recibir determinada suma de dinero. En contraste, el pasivo financiero constituye una obligación contractual de una empresa a pagarle a un tercero cierto valor en efectivo o en otros activos de naturaleza financiera.

En esta norma también se establece que un instrumento financiero puede ser un instrumento de capital que corresponde a “cualquier contrato que ponga de manifiesto una participación residual en los activos de una entidad, después de deducir todos sus pasivos”, como en el caso de las acciones de una empresa.

Así mismo, en la NIIF 32 se enuncia que los llamados derivados son instrumentos financieros con tres características: su valor cambia en respuesta a las variaciones del precio de un instrumento financiero, sea una tasa de interés o un tipo de cambio; no requiere inversión inicial y si la exige es muy pequeña, y se liquidará en una fecha futura.

Pérez comenta que todas las entidades tienen necesidades de inversión y de financiación, y los instrumentos financieros representan un medio para satisfacerlas. Cuando una compañía tiene dinero disponible en tesorería busca oportunidades de inversión en los mercados financieros y de valores, con el objeto de adquirir títulos de renta fija o de renta variable. De igual forma, si necesita financiación, recurrirá a un crédito o emitirá bonos o acciones.

Entre los instrumentos financieros primarios o tradicionales figuran las cuentas por cobrar, las cuentas por pagar y las inversiones representadas en acciones, TES (títulos gubernamentales de deuda pública), bonos, préstamos, títulos y CDT (certificados de depósito a término).

Así mismo, los instrumentos financieros denominados derivados más conocidos son los forward (compra y venta de un activo a un precio determinado para entrega en fecha futura), los futuros (similares al forward), las opciones (compra y venta de derechos para comprar o vender un activo en una fecha futura) y los swaps (acuerdos para intercambio de flujos futuros de caja).

Proceso contable universal

Pérez anota que las normas internacionales de información financiera (NIC 32, NIC 39, NIIF 9 y NIIF 7) establecen el proceso contable para los instrumentos financieros que comprende las siguientes fases: la identificación del hecho económico y su reconocimiento. La última fase comprende la clasificación y una tarea de medición inicial.

Sigue la fase de medición, que se ocupa de la valoración plena del instrumento financiero. Se pasa, a continuación, a la fase de presentación, en la que se describe cómo se expresan los instrumentos financieros en los estados financieros de una entidad. Finalmente, se encuentra la fase de revelación, en donde ocupan un lugar preponderante las notas aclaratorias de los estados financieros.

Pérez sostiene que las NIIF han sido diseñadas, especialmente, para las empresas emisoras de títulos que los transan en la bolsa de valores. Dada su participación en este mercado tan complejo, su modelo contable se enfoca en “mostrar la realidad económica para favorecer la toma de decisiones de todos los usuarios de la información financiera, principalmente de los inversionistas”.

Si se tiene un tipo de transacción que no esté descrito en la norma respectiva, hay que remitirse a la sección de conceptos del marco conceptual, con el propósito de hallar la forma de identificar y de reconocer el hecho económico. Si la transacción por la que se indaga definitivamente, no se contempla en una norma específica NIIF, se podrán revisar las guías complementarias preparadas por los comités de interpretación de las NIIF y de las NIC, denominados CINIIF y SIC, respectivamente. En caso de no encontrar la orientación requerida, Pérez asegura que es factible consultar la guía de una institución internacional que tenga un marco conceptual similar al de las NIIF y tomarla como referencia.

La fase de reconocimiento de los instrumentos financieros se contempla en la NIC 39, la NIIF 9 y la NIC 32. Pérez acota que en la NIIF 32 se toma el punto de vista del emisor de los títulos con el fin de determinar si se deben clasificar como un instrumento del patrimonio o del pasivo: “Tal aclaración obedece a que se debe mostrar la realidad económica de las entidades. Muchas veces, en Colombia, esa realidad está más atada a aspectos legales que a realidades económicas”.

Por ejemplo, los bonos tienen unas características específicas: son de renta fija y se van a pagar unos cupones a terceros en unas fechas establecidas, de modo que estos cupones serían un instrumento del pasivo. Pero si se emiten acciones preferentes, sus características contemplan unas fechas y la liquidación a los poseedores de unos dividendos. De ese modo, se clasificarán en condición de instrumento del pasivo y no del patrimonio. Anota que en el país esas acciones se contemplan como parte del patrimonio, por lo cual “los dividendos de las acciones preferentes se tratan como si fueran cupones de bonos”.

“En Colombia, cuando se habla del dividendo de una acción preferente, se considera un menor valor del patrimonio. Pero los bonos son intereses. Por lo tanto, constituyen gastos. En consecuencia, los dividendos de las acciones preferentes que se van a clasificar como un instrumento del pasivo ya no serán un menor valor del patrimonio, sino un gasto. Y eso cambia lo que se está haciendo en la contabilidad”.

La NIIF 32 le permite establecer al emisor de un título si este es un instrumento del pasivo o del patrimonio. Además, incorpora otras consideraciones. Por ejemplo, cuando existen instrumentos híbridos que tienen una parte del patrimonio y otra del pasivo, como en el caso de los bonos convertibles en acciones. Estos constituyen instrumentos de deuda, pero pueden convertirse, en algún momento, en particular los llamados bonos potestativos, en instrumentos de capital. La NIIF 32 especifica las características para reconocer tales situaciones contablemente.

La NIC 39 y la NIIF 9 recogen los criterios de clasificación y de medición inicial de los instrumentos financieros, propios de la fase de reconocimiento. Pérez sostiene que se requiere el acatamiento de las dos normas, porque la NIIF 9 ha comenzado a remplazar a la NIC 39. Esta reúne las primeras disposiciones en cuanto a la clasificación, la medición y la determinación del deterioro de los instrumentos financieros y acerca de cómo deben contabilizarse los derivados especulativos o de cobertura.

Replantear paradigmas

A raíz de la crisis financiera internacional, desatada en el 2008 en EE.UU., los organismos internacionales que definen los estándares en materia contable empezaron a buscar procedimientos más eficaces para el registro contable de los instrumentos financieros y de esa manera “mejorar la presentación de la realidad económica” de las empresas.

Se inició así un proceso de convergencia de las NIIF con los parámetros definidos para EE.UU. por la Oficina de Estándares de Contabilidad Financiera (FASB, por sus siglas en inglés), con el propósito de elaborar un documento único con reglas claras y fáciles de entender, porque la NIC 39 es “un tanto confusa y las entidades no sabían cómo aplicarla correctamente”. De ese modo comenzó su marcha el proyecto NIIF 9, para remplazar en su totalidad a la NIC 39. Pero dada la amplitud temática y la complejidad de esta, se decidió adelantar el proceso en tres partes.

La primera concierne a la clasificación de los activos y los pasivos financieros, la segunda abarca la determinación del deterioro de aquellos y la tercera se refiere a los derivados. Una primera parte, sobre clasificación y medición de los activos financieros, se dio a conocer en el 2009 y después se divulgaron las mismas pautas para los pasivos financieros. Pero las otras dos partes no han salido.

En cuanto al esquema de determinación del deterioro de los instrumentos financieros se preparó un borrador que se puso en discusión pública. Ya se recogieron los comentarios y la norma está en proceso de elaboración. Se espera que a finales del cuarto trimestre del 2012 se promulgue la norma definitiva.

En relación con los derivados, la norma internacional se dividió en dos partes: para derivados generales y para casos específicos. Respecto a los primeros, el borrador salió a discusión pública y se están recibiendo los comentarios, y sobre los derivados específicos no hay avances todavía.

En conclusión, la parte de la NIC 39 alusiva al deterioro de los instrumentos financieros y a los derivados está vigente, mientras los aspectos nuevos sobre clasificación y medición de los activos financieros se incorporaron a la NIIF 9.

Pérez afirma que, en algún momento, la Superintendencia Financiera estuvo muy alineada con los requerimientos sobre instrumentos financieros de la NIC 39, pero con la actualización, las disposiciones del organismo de control en esta materia quedaron rezagadas.

La fase de presentación se explica en la NIC 39 y la NIIF 9, porque, de acuerdo con la clasificación de los instrumentos financieros, se define la manera de presentarlos en los estados financieros. Además, se requiere consultar la NIIF 7, dado que ahí se disponen los criterios y procedimientos de revelación de los instrumentos financieros (notas aclaratorias).

“La norma internacional es muy exigente con las revelaciones, porque están dirigidas a usuarios del mercado de capitales, quienes necesitan mucha información cuantitativa y cualitativa para tomar decisiones de compra o venta de instrumentos financieros. Tal es su importancia que fue separada en una NIIF independiente”, sostiene Pérez.

La clasificación de los instrumentos financieros, a la cual se procede en la fase de reconocimiento (segunda), es uno de los ejercicios más complejos al aplicar las normas internacionales de información financiera. La NIIF 9 estipula dos categorías de clasificación contable: el valor razonable y el costo amortizado. A fin de categorizar un instrumento financiero en una de esas opciones, se requiere analizar, en primer lugar, si el modelo de negocios de la entidad que administra los activos financieros es la compra y venta de inversiones, es decir, “la recuperación de los flujos de la inversión”. Y en segundo lugar, “las características contractuales del flujo de caja del activo financiero”.

“Eso significa que si las inversiones se tienen para obtener unos flujos contractuales específicos, en un tiempo determinado, se deben clasificar esos activos y pasivos financieros como un instrumento con su costo amortizado. Pero si las inversiones se tienen en un modelo de negocio donde se compran y se venden los títulos, se deben considerar al valor razonable”, apunta Pérez.

Catalogar técnicamente

En la fase de reconocimiento, además de la clasificación, se adelanta la medición inicial del instrumento financiero que se confirma plenamente en la siguiente fase del proceso de medición (tercera). Esa primera medición ocurre cuando se adquiere la inversión o se incluye en las cuentas por cobrar y se registra por primera vez.

Las NIIF establecen que en la medición inicial todos los activos y los pasivos financieros se reconocen por su valor razonable. La NIIF 13 fija tres fórmulas para estimar el valor razonable. En la primera, se especifica que la mejor manera es mediante el mercado, porque el valor razonable corresponde al precio de salida (venta) del bien, o sea, el precio al cual se va a intercambiar el activo o el pasivo en el mercado. “Y esa es una diferencia con lo que se hace en Colombia, porque la medición inicial se hace por el costo de adquisición”.

Conforme a la segunda fórmula, se debe realizar una estimación que tome en cuenta unas variables predeterminadas del mercado, esquema que requiere de un modelo matemático que calcule el valor razonable. Y la tercera fórmula se basa en un modelo matemático que opera con datos internos propios de la empresa, sin referentes del mercado. Cuando se realiza la medición o valoración de un instrumento financiero, se debe tener en cuenta que el costo amortizado corresponde a lo que se denomina tasa interna de retorno.

De acuerdo con las NIIF, la presentación contable de los instrumentos financieros se puede hacer de dos formas: en un único estado de resultados de situación financiera o en dos informes; el primero sería el estado de resultados de la situación financiera y el segundo un estado de resultados integral.

Pérez comenta que en el estado de la situación financiera, conocido como balance general, se deben incluir los activos y los pasivos financieros medidos al costo amortizado y los pasivos financieros al valor razonable con cambio en resultados. También se tienen los activos financieros al valor razonable con cambios en resultados, y los activos financieros al valor razonable con cambios en otro resultado integral.

De otro lado, se tiene el estado de resultado integral. Las NIIF establecen que en este se deben incorporar las ganancias y las pérdidas netas. Además, se tienen que “separar los importes totales de los ingresos y gastos con intereses, los ingresos y gastos por comisiones, los ingresos por intereses sobre activos financieros deteriorados y el importe de las pérdidas por deterioro”.

Pérez cuestiona qué va a pasar en el país con el tema del otro resultado integral frente al tema tributario y en cuanto a la posibilidad de que sea la empresa, sujeta a las NIIF, la que decida si utiliza el esquema del costo amortizado o del valor razonable, cuando el valor razonable va con cargo al otro resultado integral. Tiene dudas acerca de cómo se determinaría la base gravable para efectos impositivos y si se tendría en cuenta todo lo planteado en las NIIF o, definitivamente, “tenemos que separar la contabilidad tributaria y la pertinente a las decisiones empresariales”.

Por su parte, Carlos Jaimes, consultor financiero y tributario, afirma que la Ley 1314 del 2009, por la cual se regulan los principios y normas de contabilidad e información financiera y de aseguramiento de información aceptados en Colombia, en el artículo 4º, formula planteamientos muy importantes.

En primer lugar, señala, “le otorga independencia y autonomía a las normas tributarias frente a la normativa contable”. Piensa que eso tiene mucho sentido, porque la tributación y las bases gravables no pueden cambiar por disposición del Consejo Técnico de la Contaduría Pública que se menciona en la Ley 1314.

Según Jaimes, las normas tributarias han evolucionado con la introducción de cambios parciales y aislados, mientras que el mercado de los instrumentos financieros marcha a un paso incontenible. Recalca que las normas expedidas en desarrollo de la Ley 1314, con el propósito de buscar la armonización del modelo contable con las NIIF, “únicamente tendrán efecto impositivo cuando las leyes tributarias remitan expresamente a aquellas o cuando estas no regulen la materia”. El otro aspecto destacable de la ley “es que prevalecen las normas fiscales cuando existe incompatibilidad con normas las contables”.

Expectativa tributaria

En opinión de Jaimes, todos los profesionales de las disciplinas contable y tributaria deben estar muy atentos a la reforma tributaria que se debatirá en el Congreso, en el segundo semestre del 2012, porque esta tendrá que hacer precisiones en relación con la implantación de las NIIF en el país. Reconoce los avances de la Superintendencia Financiera sobre regulación de los derivados financieros y la valoración de las inversiones. “En Colombia existen 1.850 títulos que se negocian en el mercado y se puede considerar que solo 50 generan un precio de referencia real, los otros no”.

Jaimes asegura que en ese proceso de armonización de la normativa contable con las NIIF se debe hacer un análisis “exhaustivo de sectores, conceptos y de los métodos de depreciación, de amortización y de valoración”. Es decir, en todos los aspectos relacionados con el cálculo de ingresos, costos, gastos y amortizaciones se deben incorporar, expresamente, los métodos que establecen las NIIF.

En lo concerniente a las inversiones, reitera que las NIIF estipulan que en la fase contable de reconocimiento debe tomarse en cuenta el modelo de negocio de la empresa y los flujos contractuales. “Entonces, un banco que tenga un portafolio de inversiones, relacionado con su negocio, muy probablemente va a tener que reconocer a valor razonable buena parte de su portafolio”. Entre tanto, “otra entidad, a la espera de que se venza su bono, su CDT, su inversión, pues tendrá que hacerlo al costo amortizado”.

Para Jaimes, “la Superintendencia Financiera se quedó con la NIC 39 y establece que hay inversiones negociables y estas se llevan con valoración a precios de mercado y se registran en el estado de resultados. Las inversiones al vencimiento que se hacen a tasa interna de retorno o a tasa de descuento, también se llevan al estado de resultados”.

Una circular de la Superintendencia Financiera establece que si se cuenta con títulos que se van a enajenar dentro de un año, se pueden valorar a precio de mercado, pero las ganancias o pérdidas se llevan a ganancias o pérdidas no realizadas en el patrimonio. Entonces nos vamos a quedar con inversiones al vencimiento a costo amortizado y con inversiones negociables a valor razonable.

Asegura que en la legislación tributaria se debe estipular si las inversiones se van a valorar con el método denominado de línea recta, que revela la diferencia entre el valor original de compra y el valor de venta, que Jaimes califica como el “peor y más arcaico sistema”. Cree que las entidades del sector financiero y todas las empresas colombianas, en general, deben apoyarse en la sofisticada técnica contable de las NIIF para realizar la valoración de las inversiones. En el tema de los derivados, “la forma de gravar los rendimientos de estos debe apoyarse en la contabilidad bajo las NIIF”, puntualiza.

Carlos Espinosa, consultor tributario, llama la atención sobre el hecho de que las NIIF no solamente aplicarán a las entidades del sector financiero, sino a las del sector real de la economía, porque fueron diseñadas para el registro contable estándar de transacciones y no para un determinado tipo de empresas.

Según Espinosa, los expertos convencidos de la existencia de ventajas por la alineación de los modelos tributario y contable sostienen que las NIIF llevan a las organizaciones a evolucionar del principio de la prudencia al de la neutralidad. La prudencia consiste en que ciertas mediciones y clasificaciones contables se tienen que hacer sin sobreestimar los activos y los ingresos, y sin subestimar los pasivos y los gastos.

“Los estudiosos de las normas de contabilidad se dieron cuenta de que ese principio de prudencia, de todas formas, servía para manipular los estados financieros”, señala Espinosa, mientras que las NIIF encauzan hacia el principio de neutralidad.

“Es decir que la información financiera se debe preparar sin tratar de favorecer a ningún sector interesado en aquella”. Los estados financieros no se pueden procesar para favorecer a los administradores de un negocio, ni a los accionistas, ni a terceros, tienen que ser completamente neutrales. “Una información preparada con estas características produce confianza para determinar las bases fiscales”, insiste.

Objetividad a toda prueba

Espinosa destaca que los sistemas de valoración de las NIIF son mucho más sofisticados y precisos, entonces por qué no aplicarlos en la contabilidad colombiana, pues si se tiene un instrumento financiero, acaso “no se refleja también tributariamente a su valor razonable, sabiendo que el valor del instrumento financiero no se determinó de cualquier manera, sino que se siguió un procedimiento que normalmente es riguroso para tratar de acercar el valor de ese instrumento al valor que su poseedor va a recuperar, o que va a pagar posteriormente, dependiendo de si se trata de un instrumento activo o pasivo”.

Argumenta que una buena parte de las diferencias existentes entre lo contable y lo tributario son temporales. “Entonces para qué someterse a esfuerzos con la aceleración de la depreciación (en la contabilidad), si después de cuatro o cinco años, esa mayor deducción fiscal que se tomó se a va revertir y al final de un periodo determinado, los estados contable y fiscal van a ser iguales. Para qué complicar la operación si hoy existen unas reglas contables que ayudan a determinar unos resultados que son razonables”, anota.

Así mismo, comenta que el proceso de determinación de la renta, si una organización se alinea con el modelo contable de las NIIF, “sería mucho más fácil y también el proceso de fiscalización. Por supuesto, los fiscalizadores tendrían que estudiar las NIIF para concluir si el resultado que están evaluando es correcto”.

La intención, en principio, de quienes defienden la alineación entre el modelo contable y el tributario es que la base gravable del impuesto de renta sea igual al estado de resultados de un determinado periodo. Sin embargo, Espinosa cree que esos modelos deben ser diferentes. Hoy, en Colombia, al menos el 90% de las cifras que se presentan en la declaración de renta provienen de la contabilidad.

Acota que en la determinación de la renta hay unos beneficios específicamente tributarios y que tienen el propósito de influir en la conducta de los contribuyentes para que reaccionen favorablemente hacia un objetivo del Estado. Y esos fines, normalmente, son incentivar un sector de la economía, hacer que las empresas inviertan en cierto tipo de activos como en acciones con miras a reactivar el mercado de capitales y promover la creación de empresas. “Esa influencia, en la conducta de los contribuyentes, también se puede enfocar en la recuperación de regiones cuando han sido afectadas por desastres naturales. Este es un componente fiscal muy importante que nunca va a desaparecer del mundo tributario”, opina.

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Igualmente, asegura que en la actual evolución de la legislación tributaria, “debe sobrevivir a las NIIF”, la disposición de no gravar las ganancias no realizadas, “por una razón económica y financiera fundamental, pues cuando se grava una ganancia no realizada, muy probablemente el contribuyente no va a tener el dinero para pagar el impuesto, porque no ha realizado (recibido utilidades) el activo, o va a resistirse a pagarlo”, dado que no ha tenido el flujo de caja que se lo permita.

Desde el punto de vista de las ganancias no realizadas, se manifiesta a favor de que la utilidad de los instrumentos derivados solo se grave al momento del vencimiento del contrato. “En relación con las pérdidas en operaciones con derivados, si bien se interpreta, a partir de los reglamentos vigentes, que las pérdidas son deducibles (por términos tales como: utilidad neta, consolidación de ingresos y pérdidas, deducción de la diferencia negativa, compensaciones), esto debería aclararse para que no quede sujeto al criterio del funcionario que fiscaliza (E.T., arts. 148 y 107)”.

También cree que la legislación colombiana debe preservar la disposición conforme a la cual “las ganancias provenientes de la valorización de acciones y de otros instrumentos de patrimonio, se graven solo cuando se realizan”.

El Decreto Reglamentario 4945 del 2011 estableció una etapa de prueba desde el 1º de enero del 2012 hasta el próximo 31 de diciembre, con el propósito de que las empresas colombianas se acogieran voluntariamente a realizar el ejercicio de aplicación de las NIIF. En dicha prueba tiene un papel fundamental la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, pues se espera que acopie suficiente información y adquiera gran experiencia en lo pertinente a los efectos de las NIIF en la contabilidad de las compañías nacionales, en general, y en particular sobre las operaciones empresariales con instrumentos financieros.