Los problemas de agencia en la auditoría externa

Revista Nº 11 Jul.-Sep. 2002

Néstor Moreno Meza 

Economista, MBA y Profesor Asociado 

de la Universidad del Valle, Colombia 

Belisario Moreno Perlaza 

Economista, Contador Público, 

Profesor Titular de la Universidad del Valle, Colombia 

1. La empresa moderna: tamaño, propiedad y gerencia

Para comprender a cabalidad los problemas derivados de las relaciones laborales que se establecen en el desarrollo de la práctica profesional de la auditoría externa es preciso remitirse a la evolución histórica de las organizaciones modernas, entre las cuales la empresa ocupa un lugar central por su contribución a la economía, el empleo y la innovación.

Es preciso señalar entonces que bajo los sucesivos impactos de la revolución industrial (siglo XVIII) y el acelerado desarrollo de la ciencia y la tecnología en general (siglos XIX, XX y XXI) la sociedad moderna se ha transformado en una vasta Sociedad de Organizaciones.

La revolución industrial inició quizás el más importante y profundo proceso de transformación de las comunidades de la época con su propuesta organizativa del trabajo humano alrededor de la fábrica, sus máquinas e instalaciones al servicio de una producción cada vez más especializada; lo cual implicó la substitución y en algunos casos la destrucción del taller artesanal como fórmula económica para la producción de bienes en forma eficiente.

Esta substitución del taller artesanal por la fábrica se apoyó en la serie de ventajas proporcionadas por máquinas industriales que reemplazaban con mayor eficiencia el trabajo humano y por instalaciones que aprovechaban mejor las nuevas tecnologías, las crecientes economías de escala y la especialización de las plantas de producción y del obrero, ilustrada de manera convincente por el escocés Adam Smith en su obra pionera “Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones” (1776).

Con el crecimiento de la fábrica, motivado por la búsqueda de economías de escala, surgió también el problema de la creciente complejidad de la organización industrial, el cual abrió paso a las propuestas de las diferentes escuelas de la administración contemporánea (organización científica del trabajo de Taylor, las funciones administrativas de Fayol, la escuela de las relaciones humanas de Mayo, la gerencia por objetivos de Drucker, la gerencia estratégica de Chandler, Andrews, Ansoff y Porter, etc.).

El tamaño creciente de la fábrica se acompañó también de una expansión de la empresa industrial con el cambio tecnológico de la estandarización introducido por el norteamericano Henry Ford en su compañía, que sirvió de antecedente inmediato para el surgimiento de la gran empresa multinacional, encarnada por General Motors y su presidente por más de cuarenta años, Alfred P. Sloan.

En los estudios de la administración moderna se contrastan los casos de Ford y General Motors a partir de los estudios de Alfred Chandler (1960) acerca de las transformaciones que sufrieron las grandes empresas industriales de los Estados Unidos en términos de mercados, productos, estrategia y estructura organizacional. Pero también se hacía referencia en estas y otras obras del pensamiento administrativo a la necesidad que se tenía en las grandes corporaciones de acompañar el crecimiento de la empresa de un mayor financiamiento a través de la emisión y venta de acciones en las Bolsas de Valores. Lo cual significó un importante cambio en las fórmulas de propiedad y gobierno de estas organizaciones.

Por lo anterior, lo que en realidad se planteó fue la separación entre la propiedad y la gerencia de la gran empresa moderna. Al contrario de lo que ocurría con el taller artesanal (donde la propiedad y la dirección del negocio se confundían en la misma persona), en la gran empresa las necesidades de financiación dictaban de manera perentoria la pérdida de una parte de la propiedad, con lo cual se abrió el campo a la actuación del administrador o gerente profesional.

Pero el surgimiento de la gran empresa no significó la desaparición de la empresa de menor tamaño, que se había identificado en la historia económica con la producción artesanal. Incluso a nivel industrial se pudo observar la existencia de pequeñas y medianas empresas desarrollables (con potencial para convertirse en organizaciones de mayor escala), derivadas (que desempeñaban un papel económico complementario de la gran empresa), de amortiguación (que cumple fundamentalmente una función social en cuanto a la generación de empleo) y rezagadas (que se mantiene generalmente al amparo de políticas económicas paternalistas).

Es más, con los avances alcanzados en la producción de bienes y servicios en el último siglo se ha consolidado una firme tendencia hacia la desagregación de los proce-sos tecnológicos, la descentralización, la cooperación intra e interin-dustrial y, además, la creciente diferenciación de productos ha aumentado la viabilidad económica de firmas con menor tamaño. Todo lo cual ha afianzado la existencia de las PYMEs como alternativa organizacional que sigue vigente, en la medida que se adapta a los cambios en su entorno y ostenta las ventajas de su flexibilidad y mayor acceso a las eficiencias generadas por las nuevas tecnologías (informática, telecomunicaciones, automatización, entre otras). Es decir que, bajo ciertas condiciones que preservan su productividad y competitividad, la empresa de tamaño mediano y pequeño no ha tenido que renunciar a su carácter familiar para ser absorbida por las grandes corporaciones.

En general, puede afirmarse entonces que las empresas medianas y pequeñas mantienen en gran medida una identidad entre propiedad y gerencia, mientras que las grandes empresas sufren en su crecimiento una importante transformación en sus órganos de gobierno y control (reflejada en la separación de propiedad y la dirección de la firma), en la medida que necesitan financiarse mediante fondos obtenidos en los bancos y el mercado público de valores, dadas las limitaciones de los recursos disponibles en la unidad familiar.

2. La Teoría de la Agencia

La Teoría de la Agencia constituye un análisis simplificado de las relaciones que se establecen entre diferentes actores económicos que toman decisiones en condiciones contractuales. Esta teoría considera dos perfiles de individuos que toman decisiones económicas: Principales y Agentes. Estas denominaciones son convencionales y propias de este enfoque teórico que parte del objetivo de estudiar y lograr una solución económica que induzca a toma de decisiones y comportamientos del Agente (contratista), que resulten favorables —o por lo menos no perjudiciales— al propósito declarado del Principal (contratante).

El Principal se define como el individuo o centro de decisión económica (individuo o empresa), que puede derivar ganancias o pérdidas de la intervención del Agente (contratista). Este Principal puede ganar o perder recursos a partir de decisiones económicas que lo enfrenten a una información oculta o una acción oculta por parte del Agente en el marco de su relación contractual.

En casi todos los casos analizados bajo la óptica de esta teoría, el Principal confía o transfiere recursos económicos a un Agente mediando ciertas condiciones que definen la conveniencia de un contrato entre las partes. En principio en el marco de un problema típico de este género el Agente percibe un incentivo para aprovechar la relación en su propio beneficio —excediendo con ellos los términos acordados— y utilizando con este fin las ventajas ofrecidas por la información oculta y las facilidades existentes para emprender una acción oculta que no pueda ser detectada fácilmente por el Principal durante el período de duración de la relación Principal - Agente.

La teoría de la agencia ha identificado algunas regularidades en el comportamiento de los agentes que sirven para formular los fundamentos de la solución de los problemas inherentes a este tipo de relaciones contractuales. En primer lugar, es preciso señalar que la mayoría de los “buenos agentes”(los de menores riesgos) que actúan en la economía tienen un marcado interés en diferenciarse claramente de las Agentes con calificaciones inferiores o que involucran mayores riesgos; todo ello con el propósito racional de mejorar las condiciones de su negociación (menores costos o mayores ingresos) con los Principales.

Aprovechando esta característica, la teoría propugna la publicación o la negociación de los términos aplicables a una relación financiera con miras a permitir que el Principal reduzca sus problemas de selección adversa. Por ejemplo, en algunos casos resulta preferible ofrecer varios formatos de contratos alternativos con diferentes precios y condiciones; esta fórmula de solución se basa en la observación de que si las condiciones del contrato son elaboradas cuidadosamente por el Principal, los Agentes o Clientes tenderán a revelar sus verdaderas condiciones o intenciones en el marco de una auto-revelación.

Ante esas dos posibilidades, los conductores que conllevan poco riesgo con su comportamiento se inclinarían por la oferta de altos deducibles y primas reducidas, en razón de su bajo nivel de accidentalidad y menor probabilidad de llegar a presentar una solicitud de indemnización a la aseguradora. Por el contrario, los conductores menos hábiles o imprudentes estarían inclinados por adquirir la póliza con menor deducible aunque se vean obligados a cancelar primas más elevadas.

De esta manera, la teoría propone que se propicie la revelación de la información escondida por los clientes que son agentes potenciales mediante el uso de diferentes términos y condiciones contractuales que permitan separar los “malos riesgos” de los “riesgos aceptables”.

Una vez que se firma un contrato, el Agente puede emprender acciones que lesionan los intereses del Principal o puede desempeñarse en una forma deficiente frente al nivel de compromiso adquirido. Por ello, la Teoría de la Agencia propone dos tipos de soluciones tendientes a reducir el riesgo moral: una solución basada en la inclusión de incentivos y otra solución basada en los controles de los contratos de agencia.

El primer tipo de solución implica la incorporación en el contrato de incentivos a los agentes que se consideran compatibles con los que motivan la conducta del Principal. Es lo que se logra cuando se conceden bonificaciones en acciones de la empresa a los ejecutivos de buen desempeño (estos incentivos son sustanciales sobre todo en períodos de alta valorización bursátil) y cuando una compañía de seguros que cobra a quienes se han abstenido de presentar reclamos por indemnización de accidentes durante todo un período anual. Las cuotas moderadas serían también una solución a este tipo, en los servicios sociales de salud.

La segunda solución propuesta por la teoría supone la incorporación de una monitoría y un control que verifiquen la conformidad en la ejecución del contrato de agencia y se valgan de instrumentos legales y técnicos para exigir su cumplimiento durante la vigencia. Esta solución es de tipo coercitivo y se refiere a la previsión de controles en el contrato para hacer el seguimiento y medición del desempeño del Agente. Es el caso de la implantación de las Auditorías Externas y de las Revisorías Fiscales en las sociedades anónimas, por ejemplo.

Esta solución está vinculada también con el problema del costo de los controles y la monitoría que generalmente deben ser realizados con el concurso de especialistas y abogados cuyas tarifas puedan alcanzar niveles considerables que resultan incompatibles con la realización de ciertos contratos. Pero, también es claro que la existencia de estos costos implica la posibilidad de que algunas organizaciones se especialicen en la monitoría y el control eficiente de ciertos tipos de contratos que resulten en ventajas competitivas para la empresa.

En resumen, la Teoría de la Agencia ayuda a explicar las causas por las cuales:

El administrador de una firma que tiene una estructura financiera mixta, escogerá un grupo de actividades para la empresa que harán que el valor total de ésta sea menor que si él fuera el único dueño.

También explica porqué este resultado no dependerá del tipo de mercado en que opere la firma, sea esta de competencia o de monopólico.

El fracaso del administrador a la hora de maximizar el valor de la firma es consecuente con la eficiencia.

La venta de las acciones es una fuente viable de capital así los administradores de la firma no logren maximizar el valor de ésta.

La deuda era tenida en cuenta como fuente de capital antes de que el financiamiento ofreciera alguna ventaja tributaria.

Las acciones preferentes serían emitidas.

Los reportes contables serán provistos voluntariamente a los acreedores y a los accionistas, y además, por que los auditores independientes serán comprometidos por la gerencia para garantizar la precisión de dichos reportes.

Generalmente los prestamistas ponen restricciones a las actividades de las firmas a quien ellos les prestan.

Algunas industrias se caracterizan por ser firmas operadas por sus dueños, en las cuales el único recurso de capital es pedir prestado.

Las industrias altamente reguladas tales como los bancos o las entidades públicas, tendrán una razón de equidad mayor para niveles equivalentes de riesgo que el promedio de las industrias no reguladas.

Puede ser socialmente productivo el análisis a la seguridad, aunque no incremente las utilidades de los accionistas.

Esta es una teoría de mercados en la cual las firmas juegan un papel muy importante. La firma es una “caja vacía” operada para hallar las condiciones marginales relevantes con respecto a los egresos y los ingresos, maximizando beneficios o el valor presente.

Las limitantes que esta caja vacía tiene de la visión de la teoría de la firma son citadas por Adam Smith y Alfred Marshall entre otros. Los más recientes debates populares y profesionales sobre la “Responsabilidad Social” de las corporaciones, la separación de los dueños y el brote de reseñas sobre la “Teoría de la firma” han manifestado una continua preocupación en estos temas.

Se han hecho un gran número de intentos en los últimos años para constituir una teoría de la firma que sustituya esos modelos por unos de maximización de beneficios; cada uno de estos intentos motivados por la convicción de que este no es adecuado para explicar el comportamiento administrativo de grandes corporaciones. Algunos de estos nuevos intentos han rechazado el principio fundamental del comportamiento de la maximización al igual que el modelo de la maximización de beneficios más específico.

3. Organizaciones, instituciones y mercados

En general, una organización puede definirse como una creación social “a través de la cual las personas se interrelacionan —mediante vínculos contractuales, acuerdos informales o meros sobreentendidos— para alcanzar metas individuales y colectivas” (Milgrom y Roberts, 1992). En su conjunto, una economía comprende un gran número de organizaciones representadas por las sociedades anónimas privadas, las empresas familiares, las administraciones públicas de diversos niveles, las empresas públicas y las organizaciones sin ánimo de lucro (ONG), entre otras.

Los principales atributos de una estructura organizacional se pueden resumir en los siguientes puntos:

Definición y distribución de derechos de propiedad entre los miembros de la organización.

Existencia de vínculos contractuales explícitos e implícitos entre sus miembros.

Objetivos, metas y flujos de información y de recursos dentro de la organización y entre ésta y otras organizaciones o personas.

Jerarquía y relaciones de autoridad.

Cultura organizacional, es decir, un conjunto de normas y procedimientos de rutinas, actitudes y valores, difundidos con el propósito de facilitar la toma de decisiones, aumentar la cohesión interna y resolver los conflictos.

La empresa industrial o comercial ha servido de modelo y de unidad de análisis para el estudio de las organizaciones en el campo de la administración moderna.

En la medida que reúne los anteriores atributos y se estructura alrededor de unos derechos de propiedad bien definidos, una jerarquía, una cultura determinada y unos objetivos fundamentales como los de la maximización de la riqueza de los accionistas o la maxi-mización de la riqueza corporativa, la empresa dirigida con base en estos criterios ha demostrado su viabilidad y capacidad para generar riqueza y empleo con base en la especialización del trabajo y la búsqueda de la eficiencia y la eficacia en el marco de relaciones contractuales de tipo laboral o mercantil.

Los conocimientos desarrollados a nivel mundial en materia de administración se derivan esencialmente del estudio sistemático de las organizaciones desde múltiples puntos de vista (economía, trabajo humano, tecnología, estructura, dirección, liderazgo, conflictos, psicología social, recursos, sistemas, funciones, procesos, poder, etc.) que han sido tratados con enfoques particulares por los teóricos de la administración y de las organizaciones.

Un concepto que interesa aclarar aquí es el de las instituciones, término que de ordinario se emplea para designar las organizaciones de tipo político, religioso, o de interés público.

Para algunos economistas como D. C. North (1995), “las instituciones son las reglas del juego en una sociedad o, más formalmente, son las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana. Por consiguiente, estructuran incentivos en el intercambio humano, sea político, social o económico. El cambio institucional conforma el modo en que las sociedades evolucionan a lo largo del tiempo, por lo cual es la clave para entender el cambio histórico”.

La tesis de North resulta de interés para señalar aquí que la empresa y las organizaciones modernas, en general, estructuran sus funciones, operaciones y objetivos con base en unas reglas de juego y unos incentivos que existen en un momento dado de la historia para garantizar y promover el cumplimiento de sus fines económicos, sociales o políticos.

Según este autor, la interacción entre instituciones y organizaciones determina la dirección del cambio institucional y las instituciones, junto con las limitaciones ordinarias de la teoría económica, determinan las oportunidades existentes en una sociedad.

Las organizaciones son creadas entonces para aprovechar esas oportunidades y, conforme evolucionan, alteran las instituciones (es decir, las reglas del juego). Estas reglas del juego, en principio se crean para promover y no para desalentar la cooperación humana en las sociedades modernas, donde la división social del trabajo se ha acentuado con la especialización del trabajador y de las organizaciones donde se desempeña, con miras a una mayor eficiencia en la función de producción de los sistemas económicos nacionales y supranacionales, como el de la Unión Europea.

Las organizaciones funcionan entonces dentro de un marco institucional determinado y en estrecho contacto con mercados de: 1) bienes y servicios, y 2) factores de la producción, en virtud de la especialización que distingue la economía moderna de precios de mercado.

Para nuestro caso tiene particular interés el estudio de algunos problemas que surgen en el funcionamiento de los mercados financieros y por lo tanto conviene detenerse aquí en el examen de algunas de sus características esenciales.

El desarrollo económico que siguió a la Revolución Industrial se acompañó también de dos importantes fenómenos, como fueron la generalización de la monetización de las transacciones económicas y el surgimiento de los mercados financieros a partir de la creación de los bancos centrales, la expansión de la banca comercial (que se inició durante el Renacimiento de las ciudades-estado en la península italiana) y la organización de las bolsas de valores en las principales ciudades de los países industrializados.

El auge de estos dos fenómenos coincidió entonces con la consolidación del Estado moderno, que aparece como un fundamento histórico de la creación de los bancos centrales en Inglaterra, Suecia, Holanda y Francia.

En general, puede afirmarse que el surgimiento de las organizaciones y de las instituciones de los mercados financieros modernos (bancos centrales, bancos comerciales, bolsas de valores, compañías de seguros, sociedades de ahorro y crédito, etc.) obedeció a la necesidad histórica de reunir y concentrar los fondos necesarios y la información pertinente para apoyar y dar forma concreta al creciente proceso de la industrialización -que exigía la inversión de grandes capitales-, y la transición hacia un nuevo tipo de organizaciones con mayor tamaño y complejidad.

La oferta y la demanda de fondos (dineros de diverso tipo) con distintos costos y grados de liquidez, la movilización del ahorro hacia la inversión productiva, la creación, divulgación y el uso de información especializada, sistemas de precios dinámicos, competencia creciente, empleo calificado, avances notables de la tecnología, introducción de instrumentos de cobertura de riesgos y gran importancia de la regulación y de las prácticas existentes, permiten captar la trascendencia que tienen los mercados financieros en el desarrollo de la industria, el comercio, los servicios y la actividad económica general.

Además, al involucrar servicios de información y precios del dinero —que tienen interés para todos los agentes de la economía—, los mercados financieros cumplen funciones que resultan cruciales para el desarrollo sostenido de la producción, la comercialización, el empleo, el ahorro, la inversión y los ciclos de los negocios en el largo plazo.

La importancia y la complejidad de los mercados financieros han sido subrayadas de manera reiterada en los textos de macroeconomía y de economía financiera. Pero mucho menos atención se le ha otorgado al análisis de los problemas propios de la Economía de la Información Financiera, a pesar de existir una tradición consolidada en las publicaciones de Ross (1973), Stiglitz (1974, 1985, 1987), Jensen y Meckling (1976) y otros reconocidos académicos.

Para prosperar y proporcionar una base firme al desarrollo económico, los mercados financieros deben, entre otras cosas, generar confianza y eficiencia en las transacciones; pero para lograr este objetivo deben crear, promover y poner en marcha reglas de juego (es decir, instituciones) apropiadas y eficaces.

La contabilidad financiera y la auditoría externa, ejercida en forma independiente por el contador público, son algunas de las múltiples instituciones creadas con el propósito de garantizar el mejor funcionamiento del mercado financiero a nivel nacional y mundial, pero, como lo han advertido los analistas y académicos especializados en el estudio de estos mercados, los problemas de la economía de la información no han sido resueltos aún en la práctica, en parte por un desconocimiento inadecuado de la persistencia de los problemas de agencia en las empresas y el mercado de los activos financieros.

4. El problema del Principal-Agente

Se afirma que existe una relación de agencia cuando un individuo, llamado Agente, actúa por encargo de otro, denominado Principal, en el marco de un nexo contractual tendiente a propiciar la creación de valor o el aprovechamiento de oportunidades económicas en favor del Principal. Es decir que éste último contrata al Agente para alcanzar sus propios objetivos.

La Teoría de la Agencia (conocida también como la teoría del principal – agente) surgió en la década de 1970 a partir del análisis de los problemas de asimetría de la información en los mercados imperfectos y del examen sistemático de las relaciones económicas de tipo contractual.

Esta teoría parte entonces de una visión contractual de las relaciones económicas, sociales y políticas entre los individuos que se caracterizan por la existencia de contratos, explícitos o implícitos, en virtud de los cuales una de las partes (el Agente) asume la responsabilidad de realizar determinadas actividades o funciones a cambio de una compensación y de cierta capacidad autónoma de decisión que le son otorgadas por su contraparte (el Principal).

Las relaciones contractuales típicas son conflictivas y están dominadas por problemas de incertidumbre acerca del comportamiento de las partes, información incompleta o información asimétrica. Una u otra de las partes (Principal o agente) puede obtener ventajas derivadas del acceso a información o formas imprecisas de establecer las relaciones de trabajo y desempeño en la práctica.

Además, la combinación de objetivos divergentes e información asimétrica propicia el surgimiento de comportamientos oportunistas vinculados generalmente a los riesgos de azar moral, información oculta y acción oculta.

En consecuencia, gran parte del esfuerzo conceptual realizado con fundamento en las relaciones de agencia se ha dirigido a refinar el análisis en torno a los problemas de información oculta, selección adversa, redacción de los contratos, azar moral, acción oculta e incentivos al cumplimiento de los contratos.

A este respecto la teoría de la agencia distingue entre los problemas que surgen antes de la firma del contrato y los que se manifiestan después de suscrito el compromiso entre las partes. Antes de protocolizar el contrato, el Principal afecta dos riesgos claves en el proceso de selección de su Agente: el de información oculta y el de selección adversa.

La información oculta hace referencia a la posibilidad real que existe de una revelación incompleta por parte de los candidatos a ocupar la función de Agentes acerca de su verdadera función objetivo o en torno a una situación, antecedentes o calificaciones negativas acerca de su comportamiento anterior.

La existencia de informaciones y acciones ocultas han conducido a la formulación de dos problemas relevantes para la Teoría económica y financiera moderna: la selección adversa y el azar moral.

La selección adversa tiene lugar cuando los individuos o las empresas se aprovechan de los términos o de los precios que les resultan favorables y ocultan información que les daría una mala calificación en la evaluación de la contraparte, en el marco de la perspectiva de una relación contractual. Precisamente, la selección adversa se presenta antes de la relación contractual.

De otra parte, la expresión “azar moral” se utiliza en Economía y Finanzas para describir el riesgo de ciertas acciones que los clientes, asociados o proveedores de bienes o servicios pueden emprender después de establecer una relación contractual.

Por otra parte, la selección adversa de un Agente se produce cuando los individuos o las organizaciones logran ocultar o sesgar información que les daría una mala calificación y consiguen por diferentes medios una evaluación favorable que les permite aspirar a la función de Agentes, sin cumplir estrictamente con los términos exigidos por el Principal. Los mercados laborales, los mercados financieros y la elección de los representantes a las corporaciones públicas presentan un buen número de ejemplos a este respecto.

En cuanto a los problemas que aparecen después de suscrito el contrato de agencia, es preciso señalar los de riesgo moral (o azar moral) y de acción oculta.

El azar moral consiste en el daño que un individuo u organización que ha sido favorecido con la confianza de un Principal puede ocasionar a sus contrapartes al perseguir sus propios intereses en forma exclusiva o prioritaria, rompiendo los acuerdos, objetivos o equilibrios suscritos en su contrato.

Los problemas de selección adversa y azar moral parecen inevitables en el funcionamiento real de los mercados y en la toma de decisiones que efectúan los diversos agentes económicos. Además, pueden generar crisis en mercados específicos al crear riesgos muy onerosos y situaciones en que los “buenos clientes” terminan pagando los costos de selección adversa y azar moral de los “malos clientes”. En términos económicos, estos problemas resultan a menudo en que los clientes tienen que pagar un costo excesivo por los riesgos existentes en el mercado y, en consecuencia, se hace imposible la optimización de las decisiones de inversión y consumo que normalmente facilitan los intercambios de recursos.

El segundo riesgo que enfrenta el Principal después de definido el contrato de agencia, es el de la acción oculta, una asimetría de la información derivada de la existencia de acciones que pueden ser emprendidas por sus agentes económicos y que no son susceptibles de medición o de observación por terceros.

De su lado, el Agente tenderá a negociar las mejores condiciones del contrato antes de protocolización y a asegurar las condiciones más favorables para su cumplimiento posterior, buscando maximizar su función objetivo y su propia escala de preferencias. Este sería su comportamiento “normal” en la gran mayoría de los casos.

La teoría de la agencia en general se ha beneficiado particularmente de los trabajos de George Akerlof (1970), Ross (1973), Jensen y Meckling (1976), Grossman y Stiglitz (1980), Grossman y Hart (1983), y dos de estos académicos (Akerlof y Stiglitz) fueron galardonados con el Premio Nobel de Economía en el año 2001. La figura 1 que aparece a continuación, resume los principales elementos constitutivos de esta teoría y permite avanzar en su aplicación al campo de las relaciones y los problemas de agencia en los mercados financieros, la empresa y el ejercicio profesional de la auditoría externa.

 

En la opinión de reconocidos analistas, la razón más poderosa que ha propiciado la existencia y el desarrollo de las organizaciones y las instituciones financieras de nuestro tiempo ha sido la habilidad de identificar y poner en marcha soluciones a los problemas de información asimétrica, es decir, problemas de selección adversa y azar moral. ¿Por qué?, simplemente porque con estas soluciones se han reducido los costos de las asimetrías de la información y, como resultado lógico, se ha agregado valor al conjunto de relaciones económicas que se establecen en los mercados financieros.

También debemos recordar que toda actividad de servicios financieros está basada en el uso apropiado de grandes volúmenes de información y en la búsqueda de una eficiencia basada esencialmente en este recurso, para medir y controlar riesgos y tomar las mejores decisiones en el proceso de asignación racional de los fondos (dineros), que son los recursos críticos que se ofrecen y se demandan en los mercados financieros.

En sus operaciones rutinarias, un banco se puede desempeñar como Agente de sus clientes ahorradores (o depositantes), quienes le confían sus dineros, y como Principal, en su condición de prestamista que otorga crédito a los clientes que lo solicitan y que resultan favorecidos con su decisión tras un proceso de estudio y evaluación de la solicitud. En el primer caso la relación se sitúa en el marco de un contrato de depósito de cuenta corriente o de ahorros y en el segundo caso se define un contrato de crédito, sujeto también a condiciones de montos, tiempo, lugar, garantías, etc.

En el mercado público de valores, los comisionistas de bolsa o los intermediarios financieros son contratados por los inversionistas para adelantar una labor especializada en el campo de las inversiones en activos financieros, con miras a aumentar la liquidez, la solvencia o la riqueza de éstos, y esta relación presenta también todas las características del típico contrato entre un Principal (el inversionista) y un Agente (el comisionista de bolsa o el intermediario financiero).

A su turno, en la gran empresa donde se encuentra separada la propiedad de la administración de la firma encontramos el contrato de agencia analizado por Jensen y Meckling en 1976 y que ha servido de base para el análisis de los problemas de financiación, gobierno y control directivo en el campo de las finanzas corporativas modernas.

En el estudio de Jensen y Meckling se reconoció con claridad que en las grandes compañías financiadas por medio de acciones negociadas en el mercado público de valores, los gerentes actúan como Agentes de una gran variedad de personas y organizaciones. Los gerentes administran fondos suministrados por bancos, tenedores de bonos, el Estado y otros acreedores o titulares de obligaciones a cargo de la empresa.

A su vez, los accionistas de la empresa contratan los gerentes para encargarlos de las operaciones de la firma, lo cual crea costos adicionales pero indispensables para mantener un adecuado control sobre el desempeño de los ejecutivos.

Los acreedores (todos los titulares de obligaciones a cargo de la empresa) controlan a los gerentes mediante la imposición de una serie de condiciones y restricciones que son enunciadas en los contratos de préstamo. Estas condiciones y restricciones se orientan al control de la nueva deuda que la empresa puede contratar en el mercado, a garantizar la liquidez y solvencia de la firma y a controlar el nivel de dividendos que se pueden distribuir a los tenedores de acciones.

Por su parte, los accionistas controlan a los gerentes mediante la asignación de varios tipos de salarios, bonificaciones y programas de incentivos involucrados en el reconocimiento de paquetes de acciones de la sociedad, además de los controles de carácter más formal como los proporcionados por las auditorías independientes, la revisoría fiscal y la intervención de los miembros de la Junta Directiva que actúan en representación directa de los bloques mayoritarios de propietarios de acciones.

Finalmente, los titulares de las acciones también pueden ejercer su control sobre la gerencia mediante su influencia sobre el perfil de la política de dividendos que se aprueba en las instancias de la Junta Directiva y la Asamblea General de Accionistas, que son los más importantes órganos de gobierno a su disposición.

Sin embargo, todo lo anterior no basta para corregir las asimetrías de la información disponible en los mercados financieros y el sistema de gobierno y control de la empresa, y es quizás por ello, que las responsabilidades y los riesgos inherentes al ejercicio de la auditoría externa presentan una complejidad especial cuyos alcances se perciben con mayor claridad al examinar las relaciones de agencia del auditor independiente en el entorno actual de su profesión.

5. El problema de Agencia en la auditoría externa

Las instituciones o reglas de juego que se han venido implantando en los mercados financieros y el sistema de gobierno y control de las empresas subrayan la importancia creciente de la información contable, de la aplicación generalizada de los principios de contabilidad generalmente aceptados (PCGA), del paradigma de la utilidad de la información, de las normas de auditoría y del ejercicio independiente de la auditoría.

Para resaltar la importancia de estos desarrollos propios del campo contable basta con recordar que un instrumento privilegiado de los mercados de deuda y de acciones, como la calificación del riesgo por parte de las agencias especializadas, no sería concebible ni tendría suficiente credibilidad sin el sustento conceptual, técnico, riguroso e independiente de la contabilidad y la auditoría, tal como las conocemos hoy en día.

La valoración del riesgo en Auditoría (David Mc Namee 1997), identifica medidas y riesgos prioritarios en las áreas auditables de gran importancia, examina los controles a gran profundidad o más concienzudamente. Es decir, aumenta y entrega más servicios y valores agregados a los clientes y organizaciones, constituyendo el riesgo un nuevo paradigma

En el entorno económico actual, la elaboración de la información financiera de la empresa con base en los principios de contabilidad generalmente aceptados y en las normas de auditoría —que son los requisitos mínimos de calidad relacionados con la personalidad del auditor, la labor que desempeña y la informacion que rinde como resultado de su trabajo profesional— resultan cruciales para el buen funcionamiento de los mercados financieros y la eficiente asignación de los fondos en el conjunto de la economía, objetivo clave dentro de un sistema de precios de mercado.

Es más, en una perspectiva histórica se observa que la formulación de los principios y normas de contabilidad y auditoría se han refinado como respuesta a graves crisis en los mercados financieros, como la de los años 30 en los Estados Unidos, y bajo el influjo de instituciones del gobierno como la Securities and Exchange Commission (SEC) creada en 1934, durante la época de la depresión de la economía norteamericana.

Además, conviene agregar aquí que bajo el influyente paradigma de la utilidad de la información, la contabilidad y la auditoría deben satisfacer las necesidades de los usuarios de la información financiera de la empresa (acreedores, bancos, proveedores, gobierno, inversionistas, accionistas, trabajadores y grupos de interés en general).

En este orden de ideas, la utilidad de la información contable, los PCGAs y la rendición de cuentas acerca de la situación financiera de la empresa en el marco del ejercicio independiente de la auditoría se constituyen en reglas de juego adoptadas por el sistema económico y el Estado para dar estabilidad y confianza a los inversionistas, al mercado financiero y a los demás grupos de interés interconectados con la organización empresarial mediante una serie de contratos implícitos o explícitos. Y es a partir de la existencia de estas reglas de juego que conviene precisar las relaciones contractuales de agencia que se establecen en torno de la figura del auditor externo.

Es claro que en el caso típico de la sociedad anónima abierta y financiada por un numeroso grupo de accionistas, el auditor externo se convierte, en el momento de su designación, en un agente de la asamblea de accionistas, el órgano máximo de gobierno de la empresa.

En virtud de esta elección de la asamblea de accionistas asume la delicada tarea de velar por los intereses del principal (los accionistas) mediante la aplicación de cuidado y diligencia razonables en la realización de sus exámenes y en la preparación de su dictamen y de sus informes periódicos, mediante el mantenimiento de una actitud de independencia mental en todos los asuntos relativos a su trabajo profesional y mediante el cumplimiento estricto de las normas de auditoría que regulan la calidad y requisitos mínimos del informe o dictamen profesional.

Cabe recordar aquí que, a menudo, es a través del informe o dictamen como los accionistas y el público en general se enteran de los alcances y resultados del trabajo del auditor, siendo el único elemento de dicho trabajo que queda a su disposición.

Por consiguiente, el trabajo de auditoría cuya finalidad es rendir una opinión profesional independiente acerca de los estados financieros, la aplicación de las PCGAs sobre bases consistentes y el funcionamiento del sistema de control interno en la empresa, deberá ser desempeñado siempre por personas que, teniendo título profesional legalmente expedido y reconocido, ostenten un conocimiento técnico adecuado y una incuestionable idoneidad como auditores.

Estas cualidades tan estrictas exigidas al auditor resultan críticas en vista de las delicadas relaciones que se establecen con la dirección y la gerencia de la empresa, y del problema de la asimetría de la información que inevitablemente surge en desarrollo del contrato de auditoría externa.

En general, puede afirmarse a priori que la gerencia posee información mucho más completa, pertinente y confiable acerca de las operaciones, resultados y situación financiera de la empresa que el mismo auditor, lo cual crea desde un comienzo la inquietud de un riesgo profesional evidente. ¿Cómo se supera este riesgo profesional que corre el auditor independiente?

Podemos afirmar que su formación, conocimiento técnico, independencia mental y capacidad profesional constituyen la clave que asegura un desempeño exitoso en condiciones que resultan adversas al inicio de una relación contractual específica por la razón mencionada.

Por su parte, el problema de selección adversa que enfrenta el principal (los accionistas) en esta relación contractual también encuentra su solución en un alto nivel de exigencia aplicado en el momento de la selección del auditor de la sociedad anónima, quien debe ostentar las más altas calificaciones y referencias en el ejercicio de su profesión, aunando preparación, conocimiento, experiencia y solvencia ética para cumplir la delicada misión encomendada por la asamblea de accionistas.

Cabe señalar aquí, que en vista de los riesgos inherentes al ejercicio práctico de la profesión, en países como los Estados Unidos, se han creado seguros de riesgos de responsabilidad profesional para cubrir los casos en que los resultados son insatisfactorios para los clientes (inversionistas, banqueros de inversión, proveedores, etc.) del auditor, solución típica de una economía de mercado que permite así una cobertura del riesgo mediante el reconocimiento de una prima.

Es claro entonces que tanto el agente (auditor) como el principal (los accionistas) corren riesgos en desarrollo de esta relación contractual, puesto que ambos enfrentan los efectos indeseados de algún tipo de asimetría de la información durante toda la vigencia del contrato. También es preciso agregar que los problemas de azar moral y de acción oculta también pueden manifestarse a lo largo de la relación contractual.

Pero, por otra parte, resulta inevitable referirse a otro tipo de contrato de agencia, menos explícito pero no menos exigible en situaciones extremas del ejercicio profesional de la contaduría pública y de la auditoría independiente.

Este contrato se refiere a la responsabilidad social y profesional del auditor, en virtud del Código de Ética y del hecho de que la contabilidad financiera y los Principios de Contabilidad Generalmente Aceptados están regulados por ordenamientos fiscales y leyes de carácter mercantil.

Estas normas conceden al contador y al auditor el privilegio singular de dar fe pública con sus dictámenes o informes, pero a cambio de ello se obliga a cumplir con las condiciones (reglas de juego) del ordenamiento institucional establecido por los órganos competentes del Estado moderno en aras del bien común, definido por los mecanismos políticos vigentes en la sociedad.

Este contrato, aunque menos reconocido, existe en la práctica y se convierte en un factor de equilibrio para tratar adecuadamente los problemas de asimetría de la información que pueden derivarse de la relación entre la gerencia y el auditor.

Puesto que en virtud de este contrato el auditor asume responsabilidades asignadas por la sociedad a través del Estado, el auditor independiente encuentra un respaldo institucional en desarrollo de su trabajo profesional y puede lograr el acceso sin restricciones a toda la información disponible en la empresa acerca de sus operaciones, resultados, perspectivas y situación financiera; con lo cual se preserva la independencia de su actuación y se fortalece la confianza pública en sus informes, que resultan cruciales para proteger los intereses de los ahorradores y los objetivos de los inversionistas y demás grupos de personas y organizaciones que gravitan en torno de la actividad económica de la empresa.

Es claro entonces que el problema de agencia existente en el ejercicio de la auditoría externa sOlo puede comprenderse cuando se involucran el conjunto de las relaciones pertinentes, es decir, la de los accionistas con el auditor, por una parte, y las del auditor con el Estado que representa la sociedad y el bien común, en donde intervienen criterios de orden fiscal (como los impuestos), penal (como el lavado de activos) o constitucional (como la protección del ahorro y la propiedad privada).

6. El problema en las economías en desarrollo

El patrón de gobierno corporativo anglosajón (generalizado en Estados Unidos y Gran Bretaña) caracterizado por la sociedad anónima abierta al mercado de valores, se aparta sustancialmente del modelo de empresa predominante en los países en desarrollo.

Los mercados de capital en estas economías tienen menor tamaño y en las empresas financiadas por acciones es visible una presencia influyente de una familia o del Estado.

En estas empresas el problema de agencia no se reduce a la relación entre gerencia y accionistas, sino que incluye mayores posibilidades de conflictos de interés entre gerentes, accionistas minoritarios y accionistas mayoritarios.

Por esta razón, algunos autores (Berglöf, E. y Von Thadden, E. L., 2000) plantearon recientemente la necesidad de reexaminar el problema de agencia en este ambiente, incluyendo algunos elementos de negociación multilateral y búsqueda de influencia entre diversos grupos.

En todo caso, para el tema particular que nos ocupa en este artículo resulta más relevante señalar que el doble contrato de agencia en el que participa el auditor independiente adquiere mayor complejidad con un mayor número de partes involucradas y aumenta así la necesidad de encontrar un difícil equilibrio en estas relaciones.

En este contexto las condiciones personales, el conocimiento técnico actualizado y la formación integral del profesional de la auditoría, al igual que su compromiso con los objetivos sociales del Estado, resultan decisivos para lograr una solución satisfactoria de los problemas derivados del cruce de estos compromisos contractuales.

Otro tanto podría afirmarse en los casos de la relación —mucho más personalizada—, con los propietarios de pequeñas y medianas empresas (PYMES) y microempresas, quienes constituyen el mayor segmento de la clientela de los profesionales de la contaduría pública en las naciones en vía de industrialización.

7. La perspectiva futura

La actual dinámica económica y social de las organizaciones requieren que la Auditoría Externa asegure a todos los agentes que interactúan directa e indirectamente con el ente, un grado de confiabilidad que supere el concepto u opinión sobre la información emitida y que cubra todas las variables que se producen o tienen relación para afrontar los retos de la globalización e internacionalización de la Economía como el aumento de la competencia, la competitividad, la diversidad de productos, las condiciones de los consumidores, la flexibilidad en los servicios profesionales, los diversos grados de desarrollo tecnológico de los países, la importancia del entorno, de la sociedad y el crecimiento permanente del riesgo.

Por esta razón, el control integral en su concepción latina llamado de fiscalización, o anglosajona llamado Auditoría se debe orientar a garantizar a los propietarios, a los inversionistas, a los acreedores, al Estado y a la sociedad, que el ente está conducido con diligencia por los administradores, que han evaluado y superado cualquier riesgo y han aprovechado las oportunidades ofrecidas en el mercado.

De esta forma, deben considerarse como sujetos del control los recursos humanos, los económicos, los financieros, los técnicos, los físicos, las políticas trazadas por la dirección, las decisiones, los procedimientos, las actividades, los resultados, las metas, la misión y visión, las normas pertinentes, la información y el sistema de información contable.

Igualmente, el auditor independiente debe realizar el análisis del entorno, el impacto sobre la sociedad, los clientes, la competencia, el estado y el análisis detallado de todos los riesgos y las oportunidades.

Estas exigencias superan el paradigma de las utilidades económicas que ha venido dominando durante todos estos años a las organizaciones para centrar la atención, además de su entorno, muy especialmente en la sociedad.

Bibliografía

Akerlof, George. The Market for “ Lemons”, Quality, Uncertainty and the Market Mechanism. Quarterly Journal of Economics , 1970, pp.488-500.

Chandler, Alfred Jr. Strategy and Structure. The M.I.T. Press, Cambridge, Mass, 1962.

Grossman, Sanford J. and Stiglitz, Joseph E. On The Impossibility of Informationally Efficient Markets. En: American Economic Review (june), pp.393-408.b

Jensen M C. Agency Costs of Free Cash Flow, Corporate Finance and Takeovers. En: American Economic Review, mayo, 1986.

Jensen M C. Takeovers: Their Causes and Consequences. En: Journal of Economic Perspectives,1988.

Jensen M C. y Meckling Wh. Theory of the Firm: Managerial Behavior, Agency Costs and Ownership Structure. En: Journal of Financial Economics, October 1976, pp.305-360.

Milgrom, P. y Roberts, J. Economics Organization and management. Nueva Jersey: Englewoog-Cliffs, Prentice Hall, 1992.

North C., Douglas. Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. México: Fondo de Cultura Económica. Primera reimpresión, 1995.

Ross, M. The economic theory of agency: The principal’s problem. En: American Economic Review, 1973, pp.134-139.

Smith, Adam. Investigación sobre la Naturaleza y Causa de la Riqueza de las Naciones. México: Fondo de Cultura Económica, 1991.

Stiglitz, Joseph E. Credit Markets and the Control of Capital. En: Journal of Money, Banking, and Credit, 1985, pp. 33-52.

Stiglitz, Joseph E. Incentives and Risk Sharing in Sharecropping. En: Review of Economic Studies 41 ( April), 1974, pp.219-255.

Stiglitz, Joseph E. Information and Economic Analysis. In J. M. Parkin and A. R. Nobay , eds., Current Economic Problemens. Cambridge: Cambridge University Press, 1975.

Stiglitz, Joseph E. Principal and Agent. In J. Eatwell , M. Milgate, and P. Newman, eds. New York: The New Palgrave: Allocation, Information, and Markets, 1987.

Zingales, Luigi. In Search of New Foundations. En: Boston: The Journal of Finance, vol.55, August 2000, pp. 1623-1654.