Los problemas de la valoración en el modelo contable IASB

Revista N° 40 Oct.-Dic. 2009

Harold Álvarez Álvarez 

(Colombia) 

Contador público Universidad Nacional de Colombia 

Ex-presidente del Consejo Técnico de la Contaduría Pública 

Integrante del Grupo de Investigación en Teoría Contable 

Universidad de Manizales 

Antecedentes

Desde finales del pasado milenio la contabilidad internacional se convirtió en tema de discusión obligada para los profesionales contables, primero, y posteriormente para otros actores afectados; se debate sobre sus desarrollos investigativos, sobre la pertinencia de un modelo único trasnacional, respecto de su estructura regulatoria, etc., en los congresos profesionales, al interior de los gremios y en espacios académicos. Luego, el tema pasa a otros escenarios de más trascendencia, como el de las recomendaciones de los denominados organismos multilaterales, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y, finalmente, aparece en las agendas de los órganos legislativos y de gobierno de los países que deben decidir su posición frente a tal práctica de información.

En Colombia, a raíz de la promulgación de la Ley 1314 del 2009, el debate sobre la conveniencia que para nuestro país tiene la adopción del modelo contable impulsado por el IASB debe mostrar resultados de manera perentoria; es decir, interesa determinar con claridad y fuera de toda duda si la información contable obtenida como producto de la aplicación de tal modelo satisfará los requerimientos de los diversos usuarios, inversionistas, gestores, acreedores, representantes del fisco, etc. Como sabemos, la información contable obtenida del nuevo modelo, en buena medida, estará soportada en el criterio del valor razonable, que, hoy en día(1), no es otra cosa que valor corriente de salida, en general no soportado en una operación de intercambio económico, sino en la probabilidad de que tal intercambio se realice.

El objetivo principal que motiva la escritura de este artículo es validar las siguientes hipótesis: i) el modelo NIC-NIIF (Normas Internacionales de Contabilidad - Normas Internacionales de Información Financiera) formulado por IASB está fundamentado parcial pero principalmente en el criterio neoclásico del valor. Como consecuencia de tal orientación, la propuesta contenida en el modelo regulatorio contable establece un criterio dominante de valoración denominado "valor razonable" y presentado como "valor justo" para los diversos negociadores, en clara tendencia de justificar tal dirección como válida para todo tipo de usuario del mensaje contable. ii) El modelo NIC-NIIF mantiene el costo histórico, fundado en la teoría clásica del valor, como base de valoración no dominante pero significativa dentro del modelo contable. iii) La presencia de tales bases de valoración genera una dicotomía contradictoria en la aplicación de la hipótesis básica del "devengo", lo que reduce la transparencia de los datos, tales como los de los resultados del periodo y los del valor patrimonial empresarial informados por el modelo contable.

De manera complementaria se justifica este abordaje temático por la constante referencia que los contables hacemos a los procesos valorativos, pero que, cuando de soportar teóricamente los argumentos en un debate se trata, como el que actualmente presenciamos, alrededor de la pertinencia de la adopción del valor razonable en reemplazo del criterio del costo histórico, generalmente nos quedamos sin elementos de juicio, sin razones que nos permitan aclarar y sostener una posición.

Para contribuir al soporte teórico de tales discusiones, este trabajo revisará, de manera somera, varias de las contribuciones relativas a los procesos valorativos que la economía (clásica y neoclásica) y la contabilidad nos han entregado, y que esta última ha recogido y combinado pragmáticamente, para sustentar las cifras de los estados contables organizacionales.

1. Algo sobre la medición en contabilidad

Es pertinente, para iniciar esta reflexión sobre los problemas valorativos en contabilidad, hacer alguna referencia a algo que subyace en la base del proceso de la valoración, como es la medición contable de los hechos que reconoce. No puede entenderse que se valore algo, se establezca que un bien o servicio tiene valor, sin tener como base un criterio para asignar ese valor. Ese proceso de valorar implica medir, establecer qué cantidad de valor contiene un bien o servicio.

¿Cuál es el objeto de medición de la contabilidad? ¿Cómo mide la contabilidad? ¿Hasta qué nivel de clasificación alcanza la contabilidad con sus objetos de medición? ¿Qué unidad de medida usa la contabilidad? ¿Cuál es la base de medición contable? Estas son algunas de las preguntas que consideraremos a continuación y a las que trataremos de dar una respuesta, aunque será más una invitación a un debate académico, que un criterio acabado.

Por medición se entiende "la asignación de numerales a objetos o eventos de acuerdo con reglas" (Stevens, cit. en Belkoui 1992). Wirth (2001), citando a Ijiri, señala que el propósito fundamental de la medición es la comunicación de un estado de cosas concretas. Y agrega que: "Las cifras que se obtienen de una medición no tienen otra utilidad que la de representar el estado de esos objetos. Las cosas o los fenómenos que se emplean para brindar información sobre otras cosas se denominan 'sustitutos' y las cosas o fenómenos que son representados por los sustitutos se denominan 'principales'. Lo que interesa es conocer el principal o nivel real (…). El sustituto o nivel conceptual o de representación de las cosas, interesa solo en la medida en que provee información adecuada sobre el estado real de las cosas (…). La relación entre el principal y el sustituto está dada por una regla de representación, y la información es el mensaje que el sustituto brinda acerca del estado del principal (…)".

Es de general aceptación la propuesta del psicólogo Stevens de la clasificación de la medición en cuatro escalas, a saber: nominal, ordinal, de intervalo y de razón o proporción. "La medición, cualquiera que ella sea, en la física, en la biología, en la economía, se puede hacer en cuatro niveles, de acuerdo con la forma como los números-cantidades que se asignan a los objetos o individuos se relacionan con la propiedad o característica que está siendo medida" (Mayor y otros 1990: 10).

Además, también se acepta que las cuatro escalas están establecidas respetando la rigurosidad matemática desde lo más sencillo, una clasificación elemental no sistemática, la nominal, hasta una caracterización tan precisa que puede establecer mínimas diferencias cuantitativas y, a veces, como consecuencia, cualitativas, entre los objetos caracterizados, como la de razón o proporción.

Al respecto, anota Mattessich (2002):

"El mérito reside en el bien fundamentado orden de esta jerarquía que resiste cualquier reproche de arbitrariedad o artificialidad (…). Cada escala, excepto la primera, surge de la precedente a través de la introducción de una propiedad o condición adicional, restringiendo de esta manera su aplicación a un área más pequeña pero más específica que aquella en resulta de aplicación [de] la escala anterior. Así, las escalas corresponden a grupos matemáticos bien establecidos y permiten formulaciones axiomáticas.

Un nivel nominal solo satisface la posibilidad de clasificar, no refleja ni orden de magnitudes, ni la existencia de intervalos iguales, ni la existencia de un cero absoluto… El nivel ordinal le asigna valores numéricos a los sujetos, de forma tal que los valores más altos se le asignan a los individuos que tienen más de la característica que se mide (…). El nivel de intervalo, en adición a la clasificación y ordenamiento, introduce la posibilidad de establecer el ordenamiento con intervalos iguales (…). Finalmente, el nivel de razón o radial, tiene todas las características anteriores, además provee la posibilidad de utilizar el cero absoluto" (Mayor y otros 1990: 10 y ss.).

La contabilidad establece, para su proceso de reconocimiento e identificación de los fenómenos que incluye dentro de su objeto cognoscitivo, el criterio de cuenta. La cuenta es una abstracción contable que le permite a la disciplina identificar y categorizar los componentes de su objeto de conocimiento como partes de otra creación propia de la disciplina, como son los estados contables. La cuenta responde a una categorización convencional que la identifica como componente de tales estados o informes resumen y, a su vez, es componente de otro artefacto creado por la disciplina, cual es el plan de cuentas.

Cuentas, planes de cuentas y estados contables son abstracciones propias de la disciplina, que permiten establecer clasificaciones de los fenómenos objeto de conocimiento de la disciplina contable. El mundo real socio-económico es reflejado en el mundo contable: activos (corrientes y no corrientes o fijos y diferidos) y sus cuentas, pasivos (corrientes y no corrientes) y sus cuentas, patrimonio y sus cuentas, ingresos (ordinarios y extraordinarios) y sus cuentas, costos (directos, indirectos) y sus cuentas, gastos (de venta, de administración) y sus cuentas son algunas de las categorías más específicas de tales artefactos propios de la contabilidad que permiten clasificaciones más precisas y mensajes más informadores a los usuarios de esta.

De otro lado, como parte de su proceso cognoscitivo y clasificatorio, la contabilidad crea o acoge de otras áreas del saber un conjunto de términos para identificar operaciones que le permiten categorizar los hechos que conoce: compras, ventas, descuentos, préstamos, intereses, recibos, pagos, facturas, comprobantes, soportes, transferencias, consignaciones, depósitos, impuestos, retenciones, etc., con los que crea su propio lenguaje, el cual permite organizar su mundo operativo y producir los resultados propuestos como objetivo de su quehacer: información para la toma de decisiones de gestión, de inversión, de control, etc.

La cuenta, abstracción fundamental de la contabilidad, es la creación que le permite "ver" los elementos componentes de los fenómenos, identificarlos o nombrarlos, es decir, elaborar una primera clasificación, la nominal. La contabilidad establece la condición de algo que conoce dentro de su campo social, como un elemento componente de una categoría previamente elaborada: por ejemplo, identifica un vehículo automotor como un activo. A su vez identifica la operación mediante la cual se adquiere ese activo por la entidad actora como una compra. Determina que la adquisición del vehículo se realiza para el uso de la gerencia, y lo clasifica como un activo fijo. La contabilidad ha permitido realizar un juicio con elementos que permiten justificar porque un activo es fijo y no activo corriente.

Pero el hecho contable no es solo de clasificación nominal. También lo es de categoría ordinal. Bajo un criterio contable subyacente al estado de balance y al plan de cuentas, se entiende que un activo fijo no produce flujos de efectivo de manera tan directa y significativa como un activo corriente. De forma que cuando un contable observa que un vehículo está clasificado dentro de los activos fijos inmediatamente pensará que su contribución al proceso financiero de la empresa se hará mediante su depreciación como cargo a los costos o a los gastos y no como resultado de su venta al público. De ahí que la contabilidad también crea una clasificación ordinal dentro de los elementos, el plan y los estados contables, que permiten entregar un mensaje de orden, más allá del meramente nominal. Aquí se ha hecho uso de un criterio contable subyacente que permite tal clasificación ordinal: el criterio de liquidez.

Este criterio le permite a la contabilidad establecer una categorización de los activos en más o menos líquidos, con lo que puede construir mensajes útiles para los usuarios de los estados contables para sus decisiones de gestión o de inversión. De manera similar se pueden establecer clasificaciones ordinales a partir de los criterios de solidez o de exigibilidad.

Una vez la contabilidad ha nominado y ordenado, establece asignaciones cuantitativas al objeto de clasificación: le asigna un numeral que indica un valor o precio, en la medida en que se deriva de un intercambio. ¿De dónde deriva tal precio la contabilidad? Generalmente se apoya en una transacción mercantil, en la que un comprador y un vendedor acuerdan intercambiar un bien por otro, no necesariamente trueque, sino un bien diferente al dinero por un monto dinerario. ¿Cómo se fija ese precio? De diversas formas: por acuerdo entre oferente y demandante, por asignación de precios regulados por el Estado, por cálculo de costos y margen de ganancia realizado por el productor y que el comprador acepta cuando decide comprar el producto, entre otros. La combinación de todas estas formas de fijación de precios produce el precio del mercado, que la contabilidad adopta como base de su asignación cuantitativa.

Para este proceso de valoración, la contabilidad acoge las bases de negociación, como son la moneda corriente como unidad de medida, y su poder adquisitivo como base de medición (si bien dentro de sus elaboraciones teóricas la contabilidad propende por un examen respecto del mantenimiento de su poder adquisitivo, para corregir las desviaciones, cuando este se ha deteriorado, en la práctica pocas veces se aplica).

Una vez realizada tal asignación, la contabilidad incluye, dentro de su proceso clasificatorio, el valor (precio de mercado)(2), por el cual ha reconocido la operación. Para tal operación ha recurrido a la aplicación de alguna teoría del valor, la que el sistema socio-económico imperante en el entorno haya adoptado como parte de la superestructura de reconocimiento del proceso de creación y de retribución de la riqueza social.

Ya en este estadio, la contabilidad dispone de una información numérica que le permite alcanzar los niveles más altos de clasificación, esto es, los de intervalo y de razón, por lo que puede acceder a elaboraciones mucho más finas, como la creación de ratios y proporciones, desarrollar análisis financieros y lograr representaciones de los procesos productivos y distributivos en ecuaciones y sistemas de ecuaciones matemáticas, con lo que sus productos pueden ser usados tanto por la investigación contable como por otras disciplinas, de forma más amplia y suficiente.

Sin embargo, hay que reconocer que la disciplina contable por sus propias elaboraciones solo ha alcanzado los dos primeros estadios de clasificación: nominal y ordinal; no habría podido alcanzar niveles de clasificación e información avanzados como los de intervalo y de razón, si no fuera por la existencia del artefacto mercado, creación social que le ha permitido tales niveles de información sin haber incursionado en la reflexión sobre la medición y la valoración.

Por ello, las circunstancias actuales le plantean un reto ineludible a la disciplina contable, como es el de incursionar en la investigación y la reflexión teórica sobre la identificación, el reconocimiento y la medición-valoración de fenómenos que no son de origen mercantil, pero que aparecen dentro de su objeto de conocimiento, como son los recursos ambientales y las capacidades humanas, cuyos aportes están contribuyendo a la producción de riqueza social, pero cuyos valores (precios de entrada y de salida) no son debidamente cuantificados, por lo que el cálculo contable del mantenimiento del patrimonio y la distribución de los excedentes entre los factores no son los más adecuados.

2. La teoría del valor en la contabilidad y su presencia en el modelo NIC-NIIF

2.1.Síntesis de los desarrollos de la teoría económica del valor

De manera breve pero intentando ser precisos en el análisis de las contribuciones a la formación de la teoría económica del valor, formuladas por los principales autores catalogados como clásicos y neoclásicos, nos referiremos a algunos de los aportes de Smith, Ricardo, Menger, Jevons y Dupuit. Seleccionamos estos autores porque consideramos que han sido sus tesis las que han originado las interpretaciones que hoy se aplican en la contabilidad, tanto en el nivel macro como en el microcontable.

De los aportes de Adam Smith debemos destacar, porque es útil a nuestro análisis de las cuentas y de la producción de la riqueza, el criterio de adjudicarle al trabajo humano la facultad de la producción de dicha riqueza, en contraposición con los primeros fisiócratas, Quesnay entre ellos, quienes le reconocían tal capacidad solo a la actividad de la clase agrícola, por cuanto su trabajo se realizaba sobre el elemento "tierra", factor que multiplicaba la materia prima o semilla sembrada, y que permitía recoger un producto enriquecido.

Este punto de diferencia es de capital importancia para la elucidación del problema de determinación del origen del valor. Es uno de los puntos en que se centrarán los economistas clásicos, y posteriormente Marx, un siglo después.

Pero el trabajo, para Smith, no es el único factor a remunerar en la producción de la riqueza y por ende no es el único componente del precio natural de las mercancías. En un estadio primitivo dicho precio está constituido por el trabajo medido en tiempo más una dosis de destreza e ingenio, aspectos que en sociedades avanzadas serán recompensados por un mayor salario.

El valor que los trabajadores añaden a los materiales se divide en dos partes, una que paga los salarios y la otra que paga el beneficio del empleador sobre todos los salarios y materiales que adelantó, beneficio que deberá ser correspondiente con la magnitud de los recursos empleados por el empresario.

Smith analiza la composición del precio de cualquier producto y lo descompone en tres elementos: salarios como remuneración al trabajo, beneficios como remuneración al capital y renta como remuneración a la tierra y los frutos naturales. Es una aproximación temprana a la medición del valor agregado bruto o producto bruto por la vía del costo de los factores.

Smith nos deja entrever uno de los problemas más difíciles de solucionar respecto de la relación trabajo humano-valor (de uso o de cambio), pues dependiendo de la habilidad o de la penosidad, el objeto producido, bien o servicio valdrá más. En este aspecto entran a jugar otras variables, además de la cantidad de trabajo requerido. Elementos estos que no han sido, hasta hoy, debidamente elucidados. La complejidad de un trabajo puede requerir de una preparación especial, en algunos casos legalmente requerida, como cuando una tarea solo puede ser desarrollada por un especialista debidamente acreditado. En tales casos existen tarifas acordadas para remunerar tal tarea. Así mismo cuando un trabajo encarna ciertos riesgos, que ameritan una consideración especial que se refleja en la remuneración. Esto para reconocer tiempo, cantidad, complejidad y calidad del trabajo.

En cuanto a la medición del valor de cambio real de todas las mercancías, en un mismo tiempo y lugar, Smith reconoce que el dinero es el mejor medio para hacerlo, pero siempre a través del trabajo, determinando la cantidad de este que se pueda comprar con un determinado monto de dinero (Smith, 1994: 73).

Adam Smith (Eckelund y Hébert 1992: 113 y ss.) planteó el problema del valor en los términos de la siguiente paradoja: "la palabra valor tiene dos significados distintos: unas veces expresa la utilidad de un objeto particular, y otras veces la capacidad de comprar otros bienes que confiere la posesión de tal objeto. Podemos llamar al primero 'valor en uso' y al segundo 'valor en cambio'. Las cosas que tienen un gran valor en uso, frecuentemente apenas tienen valor en cambio; y, por el contrario, aquellas que tienen un gran valor en cambio, apenas tienen valor en uso. La teoría clásica fue incapaz de resolver esta paradoja del valor, al no incursionar en la teoría de las valoraciones marginales. Para este enfoque el trabajo es la medida real del valor de cambio de todas las mercancías. Pero el trabajo solo no puede explicar adecuadamente el precio de mercado. El valor de mercado se resuelve en tres partes componentes: los salarios (trabajo), el beneficio (capital) y la renta (tierra), que constituyen las tres fuentes originarias de todo ingreso. Cualquier otro ingreso se deriva en última instancia de una de estas tres fuentes.

David Ricardo abordó la obra de Smith en 1799 y diez años después comenzó a publicar sus propias ideas económicas, distinguiéndose por la formulación de un sistema analítico general, a partir del cual generaba conclusiones fundamentales basadas en unos pocos principios básicos. Su pensamiento se caracteriza por el rigor de la estructura deductiva, a partir de la cual formula tres proposiciones principales: a) la teoría clásica de la renta, b) el principio de la población de Malthus, y c) la doctrina del fondo de salarios (Eckelund y Hébert 1992: 155).

Su obra principal, Principios de economía política y tributación, publicada en 1817, constituye un valioso aporte para el estudio de la ciencia económica y permite profundizar más en temas abordados por Smith, tales como la medida del valor, los salarios, los beneficios y las rentas.

En relación con el tópico de la medida del valor de los bienes económicos, Ricardo sigue a Smith en cuanto a la orientación basada en la teoría del valor trabajo, pero se diferenció de su maestro en varios aspectos y precisó otros que constituyeron avances para dicha teoría, tales como:

a) En primer término es importante destacar la diferencia que hace frente al planteamiento de Smith con relación a la determinación del valor de cambio de los bienes apelando al factor trabajo, en cuanto a que el valor de cambio de un bien económico depende de la cantidad relativa de trabajo necesaria para producirlo, y no de la mayor o menor remuneración pagada por ese trabajo (Ricardo 1973: 19 y ss.).

b) Otro aporte importante de Ricardo es el concerniente a la contribución de los salarios materializados en activos o capital fijo, en la determinación del valor de cambio de los bienes, que le permite, además, clasificar en trabajo directamente necesario el relativo al capital circulante y trabajo indirectamente necesario el derivado del capital fijo (Ricardo 1973: 28-31).

La contabilidad, tanto en su nivel micro como en el de las macrocuentas reconoce la contribución del capital acumulado, en forma de depreciación, al proceso de producción de riqueza; mas no se hace referencia y diferencia, en tal reconocimiento, a la fuerza de trabajo acumulada en los bienes de capital. Un argumento para justificar tal conducta puede ser el que tal reconocimiento se debió haber hecho en el momento de contabilizar la fabricación del bien de capital que ahora se deprecia.

c) Un tercer aspecto de importancia en relación con la teoría del valor trabajo para la determinación del valor de cambio de los bienes lo constituye la alteración del primer criterio establecido por Ricardo y referenciado antes, en el literal a), relacionado con el valor relativo de los bienes, el cual está determinado por la cantidad relativa de trabajo necesaria para su producción. "El principio de que la cantidad de trabajo empleada en la producción de los bienes regula su valor relativo es modificado considerablemente por el uso de la maquinaria y otras formas de capital fijo (...). En una producción puede haber empleado muy poco capital circulante, es decir, el que se requiere para el sostenimiento de la industria; el capital estará en ella invertido con preferencia en maquinaria, útiles, edificios, etc., capital de un carácter relativamente fijo y duradero. En otra industria puede haberse invertido la misma cantidad de capital pero estar empleado, sobre todo, en el sostenimiento de la producción y muy poco invertido en utensilios, maquinaria y edificios. Un alza en los salarios tiene, por fuerza, que afectar de un modo desigual a las mercancías producidas en condiciones tan distintas (...). Además, un fabricante puede emplear la misma cantidad de capital fijo y de capital circulante que otro; pero las duraciones de sus capitales fijos pueden ser muy desiguales. Uno puede tener máquinas de vapor por valor de 10.000 libras y el otro, buques por el mismo valor"(3).

Lo anterior implica que el cálculo del valor de cambio de los bienes, en criterio de Ricardo, no solamente se realiza a partir del tiempo relativo de trabajo empleado en producir tal o cual mercancía, sino que debe tenerse en cuenta la relación existente entre capital circulante y capital fijo; la situación se vuelve más compleja, cuando en una rama de una industria específica, además de variar la proporción de capital circulante y de capital fijo entre empresas, varía la duración de los diversos elementos del capital fijo, lo que no permite establecer un valor de cambio unificado para los bienes producidos por esa rama industrial.

d) En cuarto término abordaremos el tema de la influencia de la variación del valor del dinero en el valor de las mercancías que se adquieren con él. Ricardo diferencia dos situaciones en este caso:

Una es la correspondiente a la variación de los salarios producida por la variación en el costo o valor del dinero, que como mercancía variable que es, a juicio de Ricardo, su valor puede variar (Ricardo 1973: 48 y ss.).

Otra situación es la relacionada con el cambio en los salarios debido a una alteración en la remuneración del trabajador, cuyo resultado produce una alteración en los beneficios o de la renta en relación inversa; si el salario sube, los beneficios y/o la renta bajan y viceversa.

Ricardo, que elabora la teoría del valor como teoría de los valores de cambio o precios, acepta que es el trabajo el determinante de estos valores y que la cantidad relativa de trabajo contenido regula los valores de cambio de los bienes. Su aporte radica en ampliar el criterio del trabajo contenido en el sistema capitalista, sistema social en el que se ha legitimado la acumulación del capital y la apropiación de la tierra. En tal sistema no todo el producto se atribuye al trabajo en forma de salario; una parte se remunera al propietario del capital, en forma de beneficio o ganancia, y otra al propietario de la tierra, en forma de renta.

El valor de cambio o precio de la fuerza de trabajo es tan variable como el de cualquier otra mercancía, por eso el precio del trabajo no puede ser tomado como unidad de medida para los valores de cambio de las demás mercancías. La unidad de medida se halla en la cantidad de trabajo y no en el valor de este. Esta situación genera una dificultad al criterio ricardiano del trabajo contenido, y es que teniendo dos bienes en cuya producción el trabajo y el capital, el trabajo actual y el pasado, entran en proporciones diferentes, si aumentan los salarios se afectará solamente el valor del trabajo actual y no el del trabajo pasado contenido en el capital, ya que este ha sido pagado con anterioridad. El aumento de salarios tendrá una influencia proporcionalmente mayor en aquel bien en el que se haya empleado en mayor medida, con respecto al capital, el trabajo actual, y la relación de intercambio se modificará a favor de dicho bien sin que la cantidad de trabajo empleada en la producción de ambos haya variado.

Si el precio del trabajo actual es distinto al del trabajo pasado incorporado en el capital, la relación de intercambio entre dos mercancías en que el trabajo actual y el pasado estén combinados en diversas proporciones no coincide con la relación entre las cantidades de trabajo incorporado. Ricardo supera esta dificultad introduciendo en su análisis la hipótesis, absolutamente irreal, de que el capital y el trabajo se combinan en las diversas producciones en proporciones idénticas. Estos problemas surgían de su afanosa búsqueda de una unidad de medida del valor. Pero el verdadero problema de la teoría ricardiana del valor no es el de la unidad de medida, sino el de la correspondencia entre los valores de cambio del mercado y la relación entre las cantidades de trabajo incorporado en las mercancías. El trabajo incorporado implica otra seria dificultad, pues el trabajo no es homogéneo y medirlo en términos de tiempo-trabajo, como hace Ricardo, significa desechar las diferencias profundas que existen entre las diversas clases de trabajo, por diversas causas, como el nivel científico-técnico o la experticia requeridos para realizarlo.

La consecuencia fundamental que se deriva de la diversidad de contenido que tiene el concepto del valor en Smith y en Ricardo es que, en el primero, el valor mide la riqueza del sistema y, en el segundo, el valor mide el costo. Mientras que en Smith es posible individualizar una teoría del valor distinta de la de los precios, en Ricardo ambas se fundamentan en una teoría única y los términos valor y precio se hacen en realidad intercambiables, se confunden. Ricardo entiende por valor el costo de producción, que según su interpretación es un costo del trabajo dada la reducción del capital al trabajo pasado (Pineda 1997).

La teoría del valor-utilidad es la contraparte de la teoría marxista del valor-trabajo. Surge de una reflexión de tipo sicológico y desde una perspectiva cuya intención es buscar una alternativa a la teoría del valor trabajo; ahincada esta, como lo hemos visto, en las entrañas del pensamiento clásico, cuya derivación, después del giro marxista, había servido de sostén y argumento a los movimientos reivindicativos sociales de los trabajadores y de las clases proletarias, que reclamaban mayor participación en el producto final de los procesos productivos, cuya repartición se hacía y se hace en aplicación de la perspectiva capitalista y, en consecuencia, como resultado de la observación de reglas inequitativas frente a la participación del trabajo.

Mientras que en la teoría del valor-trabajo el valor de las mercancías se expresa a través de su valor de cambio, la de la utilidad lo fundamenta en el valor de uso. De esta manera, una mercancía tendrá mayor o menor valor, según el uso que podamos hacer de ella, o, en otras palabras, de acuerdo con la utilidad que nos ofrezca (Dobb: 44 y ss.).

Ante todo había que eliminar la alternativa de que el valor estuviera fundado en el trabajo, y por el contrario, hacer ver al trabajo como una actividad separada del valor de los bienes satisfactores de las necesidades humanas y por lo tanto portadores de valor; ello constituía una meta en el empeño neoclásico. El trabajo no es la causa de la creación de valor, "en realidad el trabajo, lejos de crear valor lo destruye, ensancha la oferta, y más que crear escasez, la alivia. Lo que hace que las cosas sean escasas y caras no es la existencia y el trabajo de los albañiles, sino que notamos la molestia cuando no hay albañiles o cuando estos ponen pocos ladrillos. Es la falta y no la existencia de trabajo la que forma una de las numerosas causas de la limitación de la oferta que es esencial al valor" (Cannan: 164).

De esta manera, ante los ojos neoclásicos, los predecesores estaban equivocados, el valor no está en las cosas sino en el juicio de las personas que los utilizan. El valor es el resultado de un acto subjetivo de los seres humanos que pueden acceder a su utilización y, así, a la satisfacción de una necesidad.

Menger, uno de los teóricos creadores de esta corriente neoclásica del valor, señaló que un bien tiene valor si los humanos, al comportarse económicamente, se percatan de que la satisfacción de una de sus necesidades (o la mayor o menor intensidad de su satisfacción) depende de la capacidad que tienen para disponer del bien. La utilidad es la capacidad de una cosa para satisfacer necesidades humanas y es un requisito previo del carácter de los bienes (Eckelund y Hébert 1992: 343). Jevons, otro economista de esta línea, explica que aunque la utilidad es una cualidad de las cosas, no es cualidad inherente, siendo más bien circunstancia de las cosas que se desprenden de las necesidades humanas (Consuegra 2001: 63).

Dupuit, un ingeniero francés del siglo XIX, se distingue como el primer teórico que presenta una discusión sobre el concepto de la utilidad marginal, relacionándola con la demanda y con la formación de los precios con base en el costo marginal. Pudo demostrar que la utilidad que un individuo obtiene de una cantidad homogénea de bienes se determina por el uso al que se destinan las últimas unidades de esos bienes. Como consecuencia, señaló, la utilidad marginal de una determinada cantidad de un bien disminuye a medida que aumenta la cantidad. Estableció que todo consumidor atribuye una utilidad diferente al mismo objeto, según la cantidad que puede consumir. Sugirió que cada unidad de una mercancía tendría una utilidad diferente, porque las unidades adicionales permitirán la satisfacción de necesidades menos apremiantes, menos esenciales. La utilidad adicional derivada de las unidades adicionales de la misma mercancía debe disminuir (Eckelund y Hébert 1992: 316).

Las teorías del valor más aplicadas actualmente en economía (modelo único económico), y que ahora con el modelo NIC-NIIF se pretenden posicionar en contabilidad, son las derivadas del concepto del valor utilidad. En el caso de la teoría del valor de Menger, para que un bien sea un bien económico, este debe ser escaso y por ello tendrá valor de uso. Los bienes no económicos son aquellos que son útiles, como el aire o el agua, pero que al no ser escasos no tienen valor de uso y por ello no son bienes económicos. El valor de cambio está en directa relación con el valor de uso. Si una persona encuentra valor de uso en un bien económico, estará dispuesta a entregar más unidades de valor a cambio de tal bien. El consumidor se comporta económicamente, escogiendo los bienes en relación con el grado de satisfacción que le produzcan, según su urgencia. De aquí se deriva el concepto de equimarginalidad (Menger y Jevons), para el análisis de la maximización del bienestar: dados unos medios escasos (unidades monetarias), el individuo dispondrá sus diversos consumos de tal modo que las satisfacciones sean iguales en el margen, obteniendo al final la máxima satisfacción, que se mide en unidades de satisfacción que los individuos consumidores son capaces de ordenar (Eckelund y Hébert 1992: 343 y ss.).

A partir de esta concepción, el valor de una mercancía que ha sido fabricada en un proceso productivo no está relacionado con los costos directos y/o indirectos de fabricación. Toda la estructura de costeo ya no es necesaria para la determinación del precio de venta (como expresión del valor de cambio), puesto que es el consumidor, a partir de su apreciación subjetiva, dependiendo del valor de uso que le asigne al bien, quien determinará el valor de cambio.

Con esta metodología se resuelve el problema de índole reivindicativo expuesto por la clase trabajadora, sustentado en la teoría del valor-trabajo; simplemente el trabajo no produce valor. Y comienzan a resolverse otros problemas que surgen conforme ciertos bienes que no son el resultado de procesos productivos y se introducen como bienes-mercancías a los flujos de intercambio industrial y comercial: valoración de bienes intangibles (capacidad intelectual, experticia), valoración de bienes ambientales o culturales.

Surgen como consecuencia de la teoría del valor-utilidad metodologías como "costo del viaje" o "valor contingente", cada vez más utilizadas para resolver profundos problemas de valoración, desarrolladas desde la apreciación subjetiva del posible consumidor de tales bienes-mercancías. Se sustentan en estudios de mercado potencial o real, más o menos amplios, más o menos representativos. Con ello, la fijación del valor de cambio, a partir de la apreciación subjetiva del consumidor, no es inconveniente, pues un estudio sustentado en la metodología de encuestas resuelve el problema.

Estas metodologías se basan en las funciones de demanda hicksianas y marshallianas, construidas para los bienes que no pasan por el mercado. Estos enfoques suponen que la gente puede y hace comparaciones entre todos los bienes. A partir de aquí se pueden construir funciones de demanda para dichos bienes. Se supone que la gente valorará todos los bienes normales de la misma manera, o que los axiomas de preferencia del consumidor funcionan para todos los bienes normales (Aguilera y Alcántara 1994: 209).

En aplicación de la "teoría sicométrica" se construye esta vía técnica para establecer supuestos valores que serían adjudicados a bienes-mercancías que no pasan por el mercado, por lo que no tienen precio. Se utiliza una herramienta técnica derivada de la modalidad de encuesta, en la que se realizan preguntas con las que se fabricarán los precios indirectos de los bienes objeto de estudio. Algunas de las variables que influyen en este tipo de estudios, como en el del costo del viaje, son: tiempo que se dedicaría al viaje; costo de oportunidad; tiempo que se pierde en el trabajo; costo de desplazamiento, alimentación y hospedaje; seguridad; salubridad; novedad; confort; tiempo de desplazamiento como proporción del tiempo del viaje; calidad del hospedaje, de la alimentación y del vehículo para el desplazamiento, entre otros.

Desde la economía se pueden identificar tres tendencias en la formulación de la teoría del valor:

1) Teoría clásica (Smith-Ricardo): el valor es creado por la conjunción de factores, tierra, capital y trabajo. Ninguno de tales factores puede explicar individualmente la creación de valor como valor de cambio (criterio objetivo de valor).

2) Teoría del valor-trabajo, no abordada en este acápite por no estar vigente en nuestro entorno (Marx): el valor es creado por el trabajo humano socialmente necesario, acumulado en el producto, que tiene valor de uso y valor de cambio (criterio objetivo de valor).

3) Teoría neoclásica del valor-utilidad (Menger-Dupuit-Jevons): el valor es asignado a un bien a partir de su utilidad y escasez (valor de uso y valor de cambio) para un consumidor que obtiene unidades de satisfacción por su consumo (criterio subjetivo de valor).

2.2. La teoría del valor aplicada a la contabilidad y su presencia en el modelo NIC-NIIF

Hay diversas versiones de la teoría del valor o varias teorías del valor que podrían soportar los criterios valorativos adoptados en contabilidad, tanto en las operaciones de consolidación como en las normales de información de los hechos económicos objeto de estudio de esta área del conocimiento. Veamos, de manera sintética, aspectos de algunas de tales propuestas:

2.2.1. La valoración en la macrocontabilidad

En la contabilidad nacional se han establecido dos criterios para valorar los bienes producidos:

a) Costo de factores

b) Precios de mercado

Son dos bases de valoración similares a las utilizadas en microcontabilidad, identificadas como valor de reposición (costos de factores) y precios de mercado (valor de realización).

PIB = VAB

VABcf + (TI - U) = VABpm

Donde,

PIB: producto interno bruto

VAB: valor agregado bruto

VABcf: valor agregado bruto a costo de factores

VABpm: valor agregado bruto a precios de mercado

TI: impuestos indirectos

U: subsidios

En estas ecuaciones se puede establecer que la diferencia, en el modelo de macrocuentas, entre estas dos bases de valoración está constituida por los impuestos indirectos (TI) netos de subsidios (U): (TI - U), situación que no es coincidente con la mostrada en la microcontabilidad, en la que la diferencia entre el precio a costo de factores y el precio de mercado está explicada por la ganancia (beneficio) que realiza el propietario mayorista en su negocio de venta de bienes y servicios al propietario minorista. Esta circunstancia se explica porque el enfoque macro difiere del micro. En el primero, los componentes del valor agregado, tales como salarios, rentas y beneficios, se agrupan de forma equivalente. En el nivel microcontable, en buena parte de los entornos nacionales, incluido el colombiano, no se informa sobre el valor agregado empresarial mediante un estado específico. Se informa, mediante el estado de resultados, sobre la ganancia o beneficio como el resultante (magnitud diferente al valor agregado por la unidad empresarial) de la diferencia entre los ingresos por venta y los costos de producción y distribución. Varios de los componentes del valor agregado de la dimensión macrocontable se incluyen entre los costos de producción o distribución del proceso microcontable, como los salarios o los costos financieros, por lo que el dato de la ganancia tan solo es una parte del valor agregado empresarial.

2.2.2. La valoración en la microcontabilidad

En microcontabilidad o contabilidad de las organizaciones macroeconómicas o empresariales, se aplican los criterios 1 y 3 de la teoría del valor (teoría clásica y valor utilidad), anotados al final del acápite anterior, generalmente de manera combinada. Tal es el caso del modelo IASB y del que actualmente se aplica en Colombia (Col-GAAP). La diferencia radica en que, cuando se aplica el criterio subjetivo del valor de mercado, en el primero (modelo IASB) se afectan los resultados, en tanto que en Col-GAAP se recurre a cuentas de superávit patrimonial, cuando la operación transaccional no se ha realizado.

En la mayoría de los casos se valoran los bienes al costo de factores (salarios y rentas), valor de reposición, valor mercantil de entrada o costo histórico, mientras permanecen los bienes fabricados en poder de la empresa propietaria. Una vez se venden, la diferencia correspondiente al beneficio se contabiliza como ganancia (utilidad contable); la venta se realiza a precios de mercado de salida, que son fijados por mecanismos como el de la oferta y la demanda o por asignación de precios realizada por organismos reguladores (en Colombia, por ejemplo, el caso de los hidrocarburos). Aquí se estaría aplicando la teoría clásica para la fijación del precio de venta, pero se recurre a la neoclásica para explicar la demanda efectiva de los bienes en el mercado.

Existe una tendencia cada vez más marcada, impulsada desde la contabilidad financiera, de valorar los productos al valor de mercado de entrada o salida (reposición o realización) o al valor presente neto, antes de comercializarlos, contabilizando la ganancia no realizada, antes del intercambio con el consumidor intermedio o final. Esta orientación estaría incluyendo el elemento beneficio como parte del valor de los productos antes de su realización, pero que ya existe incorporado en ellos. Esta modificación procedimental implica una revisión del criterio tradicional del devengo o realización de ingresos y costos, que requiere como condición para reconocer el ingreso o costo la realización de una transacción económica de intercambio, aspecto este que será base del examen que realizaremos al contenido del modelo NIC-NIIF, en la sección siguiente de este artículo.

En concordancia con lo anterior, y a instancias de las normas o estándares internacionales de contabilidad agenciadas por el IASB, está ganando terreno paulatinamente el criterio del valor razonable, definido como el importe por el cual puede ser intercambiado un activo entre un comprador y un vendedor debidamente informados, o puede ser cancelada una obligación entre un deudor y un acreedor con suficiente información, que realizan una transacción libre. Dada la tendencia dominante de imposición de las condiciones de libre mercado, esta alternativa de valoración tendrá amplio respaldo en el futuro de las relaciones económicas. Es otra versión de la valoración neoclásica, que se aplica con preferencia a bienes cuyo comercio no es tradicional en el mercado, sino que han sido desarrollados por avances tecnológico-técnicos, como los bienes intangibles o los activos financieros. Sin embargo, es una alternativa para casi todo tipo de bien que se intercambie en un mercado. Es decir que responde al criterio neoclásico del valor utilidad, pero según la definición, referido a la satisfacción de un comprador y un vendedor debidamente informados en una transacción libre (Álvarez y Gómez 2008).

"El modelo contable propulsado por IASB está concebido para preparar y revelar información financiera relativa a las actividades y situación financiera de las organizaciones empresariales con destino a los inversores financieros, quienes requieren de bases informativas contables comparables. De no ser así las decisiones se convierten en engorrosas y costosas. Por ello la solución es la de la homogenización de los sistemas contables nacionales en un gran sistema o modelo contable internacional y, ojalá, mundial. Alcanzar este objetivo es la misión del IASB.

(…).

Solo en el caso de que la empresa esté en la búsqueda de capital de inversión y quiera que sus acciones o títulos valores emitidos por ella se coticen en un mercado de valores, es pertinente valorar sus recursos al valor corriente, y ello con las debidas precauciones de cálculo sobre una base técnica confiable e intersubjetivamente sustentable. Sin embargo esto se puede lograr como una operación de conversión de cifras de estados financieros sin necesidad de cambiar el proceso contable base de la gestión interna empresarial" (Álvarez y Gómez 2008).

Teniendo en cuenta datos estadísticos sobre la población empresarial del país(4) y el escaso número de empresas que cotizan en la Bolsa de Colombia(5), no sería desacertado afirmar que la necesidad de la gran mayoría de las empresas, en lo que a información contable se refiere, no es la orientada a la búsqueda de capital de riesgo en el entorno internacional, ya que la inmensa mayoría de las empresas no cotiza en bolsa, sino la de información para: la gestión y el control empresarial, fijación de precios y control de costos, mantenimiento de capital y permanencia en el mercado, y decisiones de tipo fiscal, entre las principales.

Si estas afirmaciones son válidas, como lo ratifican las investigaciones realizadas por la Universidad del Quindío(6), la necesidad principal de las organizaciones en Colombia, en cuanto a la información contable, es su pertinencia para las decisiones de gestión-control de la producción y de las actividades financieras, y la determinación de bases tributarias.

2.2.3. Las bases valorativas al interior del modelo NIC-NIIF

Dos criterios básicos de valoración coexisten en el modelo contable NIC-NIIF: valoración al costo histórico y valoración al valor razonable. El primero, es el tradicional criterio valorativo soportado en la teoría clásica del valor, a partir de la cual reconoce el fenómeno de la agregación del valor en los procesos productivos, estableciendo la participación de los factores productivos capital financiero, recursos físicos y trabajo humano. Coherente con esta base de valoración se define el criterio del devengo, a partir del cual se reconoce una ganancia o una pérdida, siempre y cuando la transacción de intercambio entre comprador y vendedor se haya formalizado. La NIC 2, "Inventarios", es un buen ejemplo de la aplicación de esta base valorativa en el modelo de contabilidad emitido por IASB.

De forma concomitante con la base valorativa del costo histórico, el modelo NIC-NIIF alberga la del valor razonable, originada en la teoría neoclásica del valor. Si bien, esta base valorativa en algunos casos tiene un sustento fuerte, como ocurre cuando se exige como soporte de la valoración la presencia de un mercado activo, en la mayoría de los casos, la norma se refiere a la definición básica de valor razonable, entendido este como el precio determinado entre un comprador y un vendedor bien informados en una transacción libre. De manera complementaria habría que aclarar que la transacción no se requiere como condición sine qua non, sino tan solo la probabilidad de tal transacción, para que el efecto se registre en las cuentas. En este caso, el sustento teórico neoclásico no permite establecer que la valoración obedece a criterios subjetivos de los negociadores, en tanto que estos se dirigen a satisfacer sus apetencias y no propiamente a concluir una negociación fundamentada en criterios objetivos que les permitan juzgar la racionalidad de los precios.

El criterio del devengo aplicado en esta modalidad valorativa establece: a) la transacción no es requisito para registrar el resultado del intercambio, sino tan solo la probabilidad de que tal transacción se realice; b) fiabilidad de la medición y c) probabilidad de que los flujos dinerarios reviertan a la entidad negociadora.

De forma complementaria, cuando el valor razonable no se puede determinar con validez, a lo largo de la normativa NIC-NIIF se incluyen varias alternativas de remplazo, así: valor revaluado, valor neto realizable, valor en uso o valor específico, entre otros.

Como se podrá ratificar en el análisis que a continuación se realiza de la mayoría de los estándares del modelo en examen, no siempre que se contabiliza bajo la orientación del valor razonable se afectan resultados. No existe una pauta clara para proceder en este sentido. En algunos casos, la presunción de la ganancia o de la pérdida es plena, como en el caso de la NIC 41, agricultura; no lo es siempre en el caso de los instrumentos financieros, NIC 39, solo por citar dos de los casos que adelante se examinan.

2.3. Efecto del registro al valor razonable en resultados y patrimonio

En el cuadro 1 se presenta un análisis al utilizar algunos de los estándares relativos a los activos, pasivos, ingresos y gastos, en el modelo NIC-NIIF y sus efectos por la aplicación del criterio del devengo (base de acumulación). Aquí hay que advertir que el modelo NIC-NIIF usa dos criterios de devengo, uno basado en la teoría clásica del valor y otro basado en la teoría económica neoclásica del valor. Denominaremos a continuación como "criterio clásico del devengo" al criterio tradicional de devengo coherente con la teoría clásica del valor. Denominaremos "criterio neoclásico del devengo" al nuevo criterio de devengo coherente con la teoría neoclásica del valor. El criterio clásico se aplica cuando se reconoce el ingreso, costo o gasto, a partir de los hechos o transacciones realizados aplicando una base valorativa como la del costo histórico, como es el caso de los inventarios en el modelo analizado (NIC 2). El criterio neoclásico se aplica cuando se establece la base de valoración de los hechos a partir del criterio del valor razonable o de sus sustitutos (valor revaluado, valor neto realizable o valor en uso), es decir, cuando se recurre a los mecanismos subjetivos de valoración, desde la teoría de la demanda, sin requerir de la realización de una transacción económica formal, como en el caso de los productos agrícolas (NIC 41) o de buena parte de los instrumentos financieros. En este último caso, reiteramos, no se requiere de la realización de una transacción de intercambio para dar por realizado un ingreso, costo o gasto, sino que es suficiente la valoración, al valor razonable del activo o del pasivo, de acuerdo con las diversas metodologías o procedimientos valorativos aceptados dentro de la normativa NIC-NIIF.

 

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Fuente: elaboración propia.

Como conclusión de esta revisión analítica de la aplicación del criterio del valor razonable y sus símiles o sustitutos (valor revaluado, valor neto realizable, valor en uso, valor específico) en los estándares del modelo NIC-NIIF, se puede decir que, si bien el valor razonable no es el único criterio, pues prevalece el de la valoración al costo histórico, sí se debe concluir que la importancia de la nueva base de valoración es innegable y su efecto exige una consideración detenida por parte de los contables encargados de su aplicación y de los diversos usuarios de la información contable.

Al mantener la dicotomía valorativa, con las consecuencias contradictorias en los resultados y en lo relacionado con el mantenimiento del patrimonio, según puede observarse en el cuadro precedente, en el que se resaltaron los más notables contenidos relacionados con la valoración y sus efectos, no se puede concluir otra cosa que su impertinencia para el objetivo planteado por el modelo NIC-NIIF, como es el de suministrar valoraciones actualizadas a los usuarios financieros; pero, de otra parte, no puede ser más problemática la información cuando de los gestores empresariales se trata.

En el primer caso, una información de buena parte de los activos al valor de costo no les es útil, puesto que tal información debe ser reprocesada a efectos de análisis relacionados con los valores de mercado, que son los que tales usuarios buscan. En el segundo escenario, el de los gerentes no inversores, su interés está en la determinación de bases confiables para realizar los controles de costos y establecer precios rentables, que les garanticen la protección patrimonial y la continuidad de sus empresas; tampoco en este caso se alcanza el objetivo.

3. El criterio del valor razonable en revisión. ¿Por qué?

Muchas críticas ha recibido el IASB a propósito de la utilización de la base valorativa del "valor razonable", como criterio dominante dentro del modelo NIC-NIIF; comentarios adversos que ha aceptado y que han motivado una profunda reflexión frente al proceso valorativo adoptado por el modelo. Por ello el organismo regulatorio ha decidido adelantar un programa de revisión del criterio, con miras a emitir un estándar contable exclusivo sobre el tema valorativo, en el que además de establecer tal norma como único documento orientador del tema, establecerá de forma definitiva si la denominación de valor razonable se mantiene y si se escogerá la perspectiva de valor corriente de salida (IASB 2007b). A continuación se reproduce una parte del documento(7) publicado en la página web del IASB, en el que se hace referencia al programa de revisión del valor razonable y que contempla los siguientes escenarios, a saber: 1. Presentación de la agenda; 2. Planeación del proyecto; 3. Desarrollo y publicación de un documento de discusión; y 4. Desarrollo y publicación del documento borrador del estándar.

"Escenario 1: Presentación de la agenda

En septiembre de 2005 el consejo adicionó el proyecto de medición al valor razonable a su agenda para establecer una guía única que aplicaría en general a la medición al valor razonable requerida o permitida por IFRS. Adicionalmente el consejo observó que aunque las orientaciones para la medición al valor razonable han sido incluidas en las IFRS de manera no muy apropiada, a retazos, por muchos años, también reconoce que el valor razonable fue el atributo de medición más apropiado en una circunstancia dada. Como resultado la guía es dispersa a lo largo de muchos estándares, y por ello no siempre es consistente. Además la guía actual es incompleta ya que no establece ni un objetivo claro ni un robusto marco conceptual de medición. El consejo observa que esta circunstancia agrega una innecesaria complejidad a las IFRS, lo que contribuye a una práctica dispersa.

A través de este proyecto el IASB aspira a reemplazar este mosaico de guías para la aplicación del valor razonable, con una única guía que podría aplicarse en cualquier estándar que la requiera, en activos, pasivos o instrumentos de capital a ser medidos al valor razonable. Debido a que este proyecto se orienta de forma exclusiva a desarrollar una base conceptual para la medición al valor razonable, no se requerirán en el futuro nuevas formas de valoración razonable. Sin embargo, en orden a establecer un único estándar que provea una guía uniforme para cualquier valoración al valor razonable requerida por IFRS, se requerirá realizar las enmiendas necesarias a la guía actual. Tales enmiendas cambian de forma radical la orientación de medición al valor razonable de algunos estándares y su forma de interpretación y aplicación (...)".

En tal sentido, el IASB estableció un programa de trabajo con objetivos y escenarios, dirigido a producir el estándar, aproximadamente para el año 2010 (IASB 2009).

Los objetivos del consejo con este proyecto son:

a) Establecer una fuente única como guía para toda medición al valor razonable requerida o permitida en las IFRS existentes, reducir la complejidad y mejorar la consistencia en su aplicación.

b) Clarificar la definición del valor razonable y la guía relacionada en orden a lograr mayor claridad de comunicación y medición objetiva; y

c) Realizar revelaciones acerca del valor razonable, que permitan a los usuarios de estados financieros evaluar el alcance en el que está planteada la medición al valor razonable de activos y pasivos, y proveerlos de información acerca de los insumos usados en el cálculo de tales valores razonables.

Aún no se emite el estándar específico, cuyo borrador fue presentado por el IASB para discusión pública hasta septiembre de 2009(8), de tal manera que los procesos que hoy por hoy se están adelantando en diversos escenarios nacionales, Colombia entre ellos, no tienen una pauta clara en este capital sentido; lo cual es por demás preocupante, pues si la institución responsable del modelo dice que la base valorativa está cuestionada y aún no se tiene claro cuál será en definitiva su ruta, no parece que sea el mejor momento ni la mejor recomendación su adopción.

Es pertinente reconocer que el IASB está revisando de forma permanente el contenido del modelo contable, ajustándolo a las dinámicas circunstancias que caracterizan el ambiente económico-financiero mundial, por lo que son de esperar constantes modificaciones en su contenido. Si realizáramos un rápido inventario de los documentos borradores que actualmente están en proceso, podremos contar alrededor de 14, más los 21 documentos ya aprobados, que reforman los estándares y que deben ser aplicados en el presente año y en el 2010 (Barroso 2009). Esto sin contar las múltiples revisiones normativas que entraron en vigencia desde el año 2005, cuando se supone que se adoptó la "plataforma estable" del modelo NIC-NIIF.

Tal cantidad de reformas, revisiones, correcciones, observaciones, comentarios, etc., que han afectado el contenido de los estándares, a partir del 2005, cuando fueron sometidos a una reorientación general, han convertido el modelo contable en un artefacto de alta complejidad técnica, que exige profundos replanteamientos en las estructuras informativas empresariales, en los procedimientos profesionales contables, en los procesos educativos, en las estructuras regulatorias de los países que adoptan o adaptan el modelo, entre otras consecuencias.

Por ello, la temática de la normativa contable, en general, y específicamente de los efectos de la valoración al valor razonable ha sido objeto de trámite en importantes y recientes foros, tales como la Conferencia de las Naciones Unidas y el G20.

Las Naciones Unidas, en su conferencia sobre la crisis financiera y económica mundial y sus efectos en el desarrollo, celebrada en junio 24 y 25 de 2009, en New York, abordó el tema de la complejidad de las normas de contabilidad, la necesidad de más orientación sobre su aplicación práctica, especialmente en esferas como la valoración de los instrumentos financieros, la adecuación de las normas internacionales de contabilidad a las pequeñas y medianas empresas y varias otras importantes cuestiones técnicas, por ejemplo, la medición del valor razonable(9).

Por su parte, en la reunión del G-20, en su declaración de fecha 2 de abril de 2009, el grupo acordó que para fines de 2009 los órganos de normalización contable debían adoptar medidas para reducir la complejidad de las normas contables en lo que respecta a los instrumentos financieros; potenciar el reconocimiento contable de las provisiones para fallidos, mediante la incorporación de un espectro más amplio de información crediticia; mejorar las normas contables en relación con el aprovisionamiento, el riesgo de firma y la incertidumbre de la valoración; conseguir claridad y coherencia en la aplicación de las normas de valoración a nivel internacional en colaboración con los supervisores y realizar avances importantes en pos de un conjunto único de normas contables mundiales de gran calidad(10).

De todas formas, la orientación del modelo está trazada en la vía de ser coherente con el sistema económico del libre mercado, lo que permite otear el panorama regulatorio futuro, en la vía de mantener el valor razonable como alternativa valorativa fundamental del modelo contable. Por ello, reflexionar sobre los posibles efectos de su aplicación en la economía empresarial es del todo pertinente.

En este sentido, es interesante referirnos a la experiencia de España en el proceso de adopción-adaptación de la normativa IASB dentro de su modelo regulatorio contable. España adoptó el modelo NIC-NIIF mediante la Ley 16/2007, de 4 de julio, con lo que se reforma y adapta la legislación mercantil en materia contable para su armonización internacional con base en la normativa de la Unión Europea. Pero su decisión de adopción de la normativa NIC-NIIF solo cobija de forma obligatoria a las empresas cotizantes en mercados de valores y si consolidan su información contable con otros entes, es decir, si pertenecen a grupos empresariales.

De otra parte, aunque España adopta el modelo NIC-NIIF para las empresas pertenecientes a grupo y a la vez cotizantes en bolsa, establece ciertos criterios restrictivos frente a lo dispuesto en algunas NIC-NIIF. Por ejemplo:

a) Cuando se trata del fondo de comercio o crédito mercantil adquirido y se distribuyen ganancias a los accionistas, su valor debe ser respaldado por una reserva equivalente a la cuantía potencial que se debería haber amortizado de ese activo, ya que la normativa internacional NIIF 3 no prescribe tal amortización(11).

b) En el caso de ajustes al valor razonable de instrumentos financieros mantenidos para la venta o en la valorización de los instrumentos de cobertura, el valor de los ajustes debe ser llevado al patrimonio y mantenido en esta cuenta hasta que la entidad disponga del instrumento financiero o de cobertura(12).

Lo anterior nos indica que cuando se examina de forma detenida el modelo NIC-NIIF y sus posibles efectos en la economía empresarial, específicamente en el mantenimiento del patrimonio, deben tomarse decisiones adicionales a las contempladas dentro de tal normativa internacional, si se aspira a evitar descapitalizaciones y otros efectos nocivos, como resultado de la aplicación del "valor justo" y de su coexistencia con la base del costo histórico.

Además, en este agitado mundo de la internacionalización y de la globalización económica, ha habido muchos eventos de carácter económico-financiero, en los que la contabilidad y su participación a partir de las mediciones al valor razonable ha jugado su papel, pero cuyo examen clarificador aun no se realiza. Muchas preguntas podrían hacerse y la mayoría de ellas se quedarán sin repuesta.

¿Qué responsabilidad le cabe a la práctica del valor razonable en los múltiples escándalos financieros que asolaron la economía a finales del siglo pasado y a comienzos de este? ¿Con qué interés se recomienda o se impone por poderosos organismos como el Banco Mundial o el FMI la práctica del valor razonable en los países bajo su égida?(13) ¿Por qué hoy, cuando la economía en general está en recesión, algunos de sus más encarnados defensores comienzan a pedir cambios en las reglas de juego contables, en contra de la aplicación del valor razonable?(14).

Parece que este tema en contabilidad está por desarrollarse. No se puede pasar con la cabeza abajo frente a tantos resultados poco claros desde la perspectiva valorativa, en los que la contabilidad, los contadores y los auditores han fungido como actores responsables de la información, y no poner en claro el papel desempeñado por cada uno. Estamos en mora de hacerlo. Y en nuestro país, ad portas de la adopción del controversial modelo, deberíamos empeñarnos en una tarea investigativa de las realidades de los países en los que este modelo ya ha sido adoptado, y en estudiar empíricamente sus posibles efectos en la gestión empresarial, en la gestión tributaria, en los mercados financieros, etc., antes de tomar una decisión tan trascendental.

4. La contradicción valorativa del modelo NIC-NIIF

En este punto del artículo ya se ha puesto en claro el indiscutible compromiso del modelo NIC-NIIF con la perspectiva valorativa neoclásica, en abierto apoyo a la economía de libre mercado. En tal circunstancia, es necesario, antes de terminar estos planteamientos, cerrar con una reflexión conclusiva relacionada con el objetivo planteado en el proceso de formulación del nuevo modelo contable, cual es el de soportar eficientemente las decisiones de los usuarios inversores y analizar, así sea someramente, su alcance.

En el cuadro 1 se puede constatar la presencia de las dos orientaciones del devengo como resultado de la aplicación de la dicotomía valorativa: valor de costo histórico realizado y valor de mercado probable. Lo que llama la atención de tal presencia es la carencia de justificación lógica para el mantenimiento de la base valorativa del costo, si lo que interesa al objetivo del modelo es la información actualizada, no importa si ella está fundada en una base probabilística (la del valor razonable).

¿Cuál es la justificación para mantener la base valorativa del costo para los inventarios y la base del valor razonable para los productos agrícolas? ¿Qué los hace diferentes? Los dos tienen costos, tienen procesos, se les debe establecer un precio de venta. Por lógica de negocio deben producir ganancia. Así también en el caso de la propiedad, planta y equipo y las propiedades de inversión. O en el caso de las inversiones, cuyas características, acordes con el objetivo del modelo, a la hora de la valoración con perspectivas de negocio bursátil, no son ofrecer una valoración referida al costo sino al valor actual de realización, de tal forma que sea esta tasación actualizada la que se refleje en el valor de la acción. Si se está en el terreno de la inversión bursátil, las entidades empresariales se están mirando bajo la óptica de la comercialización de sus acciones, que son pequeñas partes de su patrimonio, por lo que se requiere una valoración, para tales efectos, concordante con sus valores de mercado y no con sus costos históricos.

En este sentido no debería mantenerse la base del costo. Todo debería valorarse de acuerdo al mercado, con base en las técnicas más sofisticadas y seguras, pero concordantes con los precios actuales.

La única razón por la que se explicaría la presencia dicotómica de las bases valorativas es la de presentar el modelo NIC-NIIF como un modelo útil tanto para la gestión empresarial como para las decisiones dentro de los mercados bursátiles, con lo que se afecta la transparencia, tanto del modelo como del proceso de argumentación, con vías a su justificación y aceptación en los diversos entornos nacionales, que es lo que está ocurriendo. En los documentos de presentación y de fundamentación del modelo pleno NIC-NIIF, dirigidos a las denominadas empresas de interés público, no se ha aclarado este punto suficientemente. En el documento borrador emitido para las pymes por el IASB (2007c), en los acápites FC 31 y 32, sí se establece con claridad este importante aspecto, que se ratifica en los acápites 49 a 54 del documento definitivo emitido por IASB en julio de 2009 (IASB 2009b).

"FC31-Los propietarios que son gerentes utilizan los estados financieros de las pyme para muchos propósitos. Sin embargo, la propuesta de NIIF para las pyme no tiene por objetivo el suministro de información para los propietarios que son gerentes para ayudarles a tomar decisiones de gestión. Los gerentes pueden obtener cualquier información que necesiten para gestionar su negocio (Lo mismo es válido para las NIIF completas). No obstante, los estados financieros con propósito general a menudo también servirán las necesidades de la gerencia proporcionando una mejor comprensión de la posición financiera, el rendimiento y los flujos de efectivo de la entidad. 

FC32-Las pyme a menudo producen estados financieros solo para el uso de los propietarios que son gerentes, o para información fiscal o para el cumplimiento de otros propósitos reguladores no relacionados con el registro de títulos valores. Los estados financieros producidos únicamente para los citados propósitos no son estados financieros con propósito general. 

(…). 

Por qué la determinación del resultado fiscal y la determinación del resultado distribuible no son objetivos específicos de la NIIF para las pymes(15) 

FC49-Las NIIF están diseñadas para ser aplicadas en los estados financieros con propósito de información general y en otras informaciones financieras de todas las entidades con ánimo de lucro. Los estados financieros con propósito de información general se dirigen hacia las necesidades de información comunes de un amplio espectro de usuarios, por ejemplo accionistas, acreedores, empleados y público en general. Los estados financieros con propósito de información general son aquellos que pretenden atender las necesidades de usuarios que no están en condiciones de exigir informes a la medida de sus necesidades específicas de información. Los estados financieros con propósito de información general suministran información sobre la situación financiera, el rendimiento y los flujos de efectivo de una entidad. 

FC50-La determinación del resultado fiscal requiere estados financieros con propósitos de información especial diseñados para cumplir con las leyes y regulaciones fiscales de una determinada jurisdicción. De forma similar, el resultado distribuible de una entidad está definido por las leyes y regulaciones del país u otra jurisdicción en la que esté domiciliada. 

FC51-Las autoridades fiscales a menudo también son usuarios externos importantes de los estados financieros de las pymes. Casi siempre, las autoridades fiscales tienen el poder de demandar cualquier información que necesiten para cumplir con su evaluación fiscal legal y su obligación de recaudar. Las autoridades fiscales a menudo consideran los estados financieros como el punto de partida para determinar las ganancias fiscales, y algunas cuentan con políticas para minimizar los ajustes al resultado contable con el propósito de determinar las ganancias fiscales. No obstante, las normas contables globales para las pymes no pueden tratar la información fiscal en jurisdicciones individuales. Pero el resultado determinado de conformidad con la NIIF para las pymes puede servir como punto de partida para determinar la ganancia fiscal en una determinada jurisdicción a través de una conciliación que sea desarrollada fácilmente a nivel nacional. 

FC52-Una conciliación similar puede desarrollarse para ajustar el resultado medido por la NIIF para las pymes con el resultado distribuible según las leyes y regulaciones nacionales. 

Por qué la NIIF para las pymes no tiene como objetivo el suministro de información a los propietarios que son administradores para ayudarles a tomar decisiones de gestión(16) 

FC53-Los propietarios que son administradores utilizan los estados financieros de las pymes para muchos propósitos. Sin embargo, la NIIF para las pymes no tiene por objetivo el suministro de información a los propietarios que son administradores para ayudarles a tomar decisiones de gestión. Los administradores pueden obtener cualquier información que necesiten para gestionar su negocio (Lo mismo es válido para las NIIF completas)(17). No obstante, los estados financieros con propósito de información general a menudo también servirán las necesidades de la administración proporcionando una mejor comprensión de la situación financiera, el rendimiento y los flujos de efectivo de la entidad. 

FC54-Las pymes a menudo producen estados financieros solo para uso de los propietarios que son administradores, o para información fiscal o para el cumplimiento de otros propósitos reguladores no relacionados con el registro de títulos valores. Los estados financieros producidos únicamente para los citados propósitos no son estados financieros con propósito de información general". 

Por lo anterior, no se puede concluir otra cosa distinta que el modelo NIC-NIIF adolece de una conformación dicotómica, contradictoria en la perspectiva del devengo, que le resta racionalidad y por lo tanto utilidad para su aplicación en las decisiones de los usuarios inversores y, por supuesto, tampoco lo acredita para ser recomendada su adopción para usuarios que están esperando una herramienta que soporte su gestión empresarial. 

5. Consideraciones finales

Con este artículo nos propusimos establecer la presencia dicotómica, por ser contradictoria a los fines de su propósito, de las dos bases valorativas, y, concomitantemente, la aplicación simultánea de los dos criterios del devengo, uno sustentado en la orientación clásica y el otro en la neoclásica del valor.

Con el fin de suministrar algunas bases teóricas que consideramos útiles en las discusiones de tipo teórico y técnico que los contables debemos adelantar, se incluyeron ciertas consideraciones relacionadas con la medición contable. Así mismo, hemos realizado una referencia sintética a los criterios básicos que sustentan las aplicaciones valorativas en la contabilidad, fundados en la teoría económica del valor.

Al hacer un repaso analítico de los acápites pertinentes de los estándares del modelo, hemos comprobado su orientación dicotómica y los posibles efectos problemáticos para los usuarios que los apliquen, cualquiera sea la perspectiva de su práctica.

Hemos concluido, esperamos que de forma convincente, que el modelo NIC-NIIF contiene en su seno dos bases de valoración contradictorias, así como dos criterios opuestos de devengo, con los que su condición de modelo racional de valoración frente a cualquier objetivo se ve comprometida.

Finalmente no nos queda otra consideración que invitar a los estudiosos del tema al desarrollo de investigaciones que iluminen los espacios de nuestro interés académico-profesional, al debate público de sus conclusiones y a la expresión permanente de los puntos de vista fundamentados y racionalmente argumentados, única base sobre la que deberíamos apuntalar nuevas propuestas, antes de adoptarlas en nuestra práctica social.

Bibliografía

AGUILERA y ALCÁNTARA. (1994) De la economía ambiental a la economía ecológica. Barcelona: Ed Icaria.

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(1) El IASB actualmente desarrolla un estudio que pretende homogenizar el criterio del valor razonable. Entre las perspectivas en discusión aparecen las opciones de valor de entrada y valor de salida para ser consideradas como orientación definitiva del valor razonable.

(2) En este escrito se identifica valor con el numeral que indica el precio establecido por el mercado. Así mismo afirmamos que la contabilidad, al no haber incursionado en los procesos de medición, más allá de la clasificación ordinal, recoge y explica, a partir de las teorías del valor de la economía, el criterio de valor económico de los procesos productivos que reconoce, mide, clasifica y comunica.

(3) Ricardo anota en otra parte de su trabajo que las máquinas de vapor generalmente duran más que los buques. Algo similar al criterio actual de depreciar en un tiempo mayor la maquinaria y equipo, que los vehículos.

(4) El 98,4% de las empresas son Mipymes según datos incluidos en el libro 2019 Visión Colombia, Presidencia de la República, Departamento Nacional de Planeación y Ed. Planeta, 2005, p. 76.

(5) A la fecha de esta publicación, no más de 30 empresas mantienen cotización diaria en la Bolsa de Colombia.

(6) El Programa de Contaduría Pública de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad del Quindío, Armenia, viene desarrollando desde 2005, en convenio con el Consejo Técnico de la Contaduría Pública, un proceso investigativo de caracterización de la información contable, importancia de tal información en la gestión empresarial e impacto de la posible adopción del modelo NIC-NIIF, en empresas de todos los sectores productivos del departamento del Quindío. A la fecha se han terminado más de 30 proyectos de investigación, cuyos resultados permiten afirmar lo anotado.

(7) IASB, Discussion Paper on fair value measurements. Board Member speaking engagements Eastman Hilary, Jordan Jane, Copyright International Accounting Standards Committee Foundation. Terms and Conditions, Sitemap. La parte del documento citado del IASB, fue traducido por Harold Álvarez A. Por tal circunstancia el autor de la traducción asume la responsabilidad de cualquier imprecisión del texto citado.

(8) El documento borrador del estándar sobre valor razonable efectivamente fue publicado por el IASB en mayo de 2009 y estuvo en circulación hasta el mes de septiembre, plazo otorgado por el Consejo para recibir observaciones antes de la emisión del estándar.

(9) Naciones Unidas, Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, TD/B/C. II/ISAR/53. 20 de agosto de 2009.

(10) Ídem.

(11) Ley 16/2007, de 4 de julio, de reforma y adaptación de la legislación mercantil en materia contable para su armonización internacional con base en la normativa de la Unión Europea. España, Julio de 2007. BOE num. 160. Jueves 5 julio 2007, p. 29019.

(12) Ídem.

(13) Ver Informe sobre Observancia de Códigos y Normas, Componente de Contabilidad y Auditoría, ROSC para Colombia. Banco Mundial, 2003.

(14) La cruzada de los bancos por ganar una batalla contable. The Wall Street Journal Américas. Inserto en el diario Portafolio, Junio 6-7 de 2009.

(15) El subrayado de los subtítulos del texto citado no es del original.

(16) IASB 2009b.

(17) El resaltado en negrilla no es del documento original.