Luca Pacioli Hombre del Renacimiento

Revista Nº 10 Abr.-Jun. 2002

Antonio Lopes de Sá 

Doctor en Ciencias Contables, Facultad Nacional de Ciencias Económicas  

de la Universidad de Brasil, Río de Janeiro. 

Presidente de la Academia Brasilera de Ciencias Contables  

¿Pacioli o Paciolo?

Una duda que se presenta desde el inicio es si debemos decir Paciolo o Pacioli, cuando nos referimos al apellido del autor de la primera obra “impresa” que divulgó el proceso de las Partidas Dobles (1494), y que rompió una inercia de casi tres siglos en materia de literatura contable.

Encontramos el uso de los dos apellidos, ya bien aplicados o erróneamente referidos. Ambos, incluso por fidelidad a su origen, pueden ser usados, mas, para que sea adecuado su empleo se requiere la observancia de las particularidades relativas a las raíces idiomáticas. Esto porque, en verdad, lo que aconteció con la aparición de las dos designaciones, fue una peculiaridad del antiguo idioma italiano, hablado en la época de Paciolo, en Toscana (tierra del denominado padre de la lengua italiana, Dante Alighieri). El apellido conserva la letra “i” cuando se encuentra junto al nombre, por lo tanto al pronunciar nombre y apellidos juntos se usaba decir, por ejemplo: Michelangelo Buonarotti; en consecuencia también se decía Luca Pacioli. Cuando se pronunciaba solo el apellido se transformaba la “i” en “o” y entonces se decía: IL BUONAROTTO, en consecuencia también IL PACIOLO. Por tanto es correcto LUCA PACIOLI o también PACIOLO; no son apellidos diferentes sino formas de decir de un mismo apellido. En conclusión, existen referencias de que el nombre completo seria LUCA BARTOLOMEO PACIOLI, a lo que se agregaba DI BORGO DI SANSEPOLCRO.

Lugar de nacimiento y época de Paciolo

Luca Pacioli nació en el Borgo di Sansepolcro, un pueblo hoy apenas conocido como Sansepolcro, en la provincia de Arezzo, en la región de Toscana, en la parte central de Italia por el año de 1445.

Tendría aproximadamente 49 años, cuando se editó en Venecia su “Suma de aritmética, geometría, proporción y proporcionalidad” (en la cual se encuentra incorporado el tratado de computo y escrituración, enseñado la partida doble).

Sansepolcro se yergue en lo alto de una colina y aun hoy conserva sus aires medievales, el palacio, la catedral, algunas iglesias de la época, un seminario, incluso hoy un lugar que transpira la respetabilidad de los genios que abrigó y de los que allí nacieran (de entre ellos bastaría con citar además de Paciolo a Piero de la Francesca). En efecto, Paciolo fue coetáneo de Leonardo Da Vinci (1452-1514), Michelangelo (1475-1564), Maquiavelo, (1469-1527), Lorenzo El Magnifico (1449-1492), Savonarola (1452-1498), Piero della Francesca (1420-1492) y de muchas personalidades de una época de oro de la civilización mundial que resplandeció en Italia.

Cuando Luca nació, Cosme de Medici, ya banquero del Papa, era el señor de Florencia (1434-1464). Luca era muy joven cuando Lorenzo el Magnifico (1449-1492), sucediendo a Cosme asumió el poder en Florencia (1469).

También vivían en aquella época los magníficos Sandro Boticelli autor del famoso cuadro de la Primavera en 1477, Marsilio Ficilo, el gran filosofo que recuperó la imagen de Platón superando a Aristóteles (1433-1499) y el humanista y poeta Angiolo Poliziano (1454-1494).

Apenas salía Paciolo de la adolescencia cuando en Italia se inauguro la industria de la impresión por el proceso de Gutemberg (la primera obra impresa surgió en la Península en 1465, año en que por coincidencia venia al mundo Maquiavelo, y ya era adulto, cuando nació Rafael Sanzio (1483), el grande genio de la pintura; además había vivido la época de los grandes descubrimientos, o sea, la de Vasco de Gama (1469 – 1524), Cristóbal Colón (1451-1506), Américo Vespucio (1454-1512) y Pedro Álvarez Cabral (1460-1520).

Si analizáramos las revoluciones causadas con la imprenta y con el nuevo mundo, sumadas a los nuevos posicionamientos en el arte y en el pensamiento, es posible comprender lo que pasaba por la mente de un hombre de inteligencia. A todo esto se agrega, el captar que el tiempo de Paciolo fue aquel de los genios y de una expresiva metamorfosis histórica.

No solamente el descubrimiento, por los europeos, de las nuevas tierras, nuevos mercados y visiones, también se vio un grande ascenso musulmán que avalaría hasta preconceptos del clero.

La caída de Constantinopla en 1453, como conquista de Mahomed II, provocó el fin del milenario imperio romano, mostrando cambios políticos como el de la Paz de Lodi (1454), entre los Visconti (poderosos señores de Milán desde 1277) y Venecia (cuando ésta también perdía el predominio del Mediterráneo), la Conspiración de los Pazzi, intentando derrumbar a los Medicis que resultó en el asesinato de Ju-liano de Medici (1478) y el de la Conjura de los varones en Nápoles contra el Rey Fernando (1485).

Las influencias ambientales dictadas por eventos sociales, económicos, políticos, e intelectuales, tiene una gran influencia sobre la cultura y la época del renacimiento italianos y fue una de ellas la que enseñaría la ecléctica formación cultural de Luca (absorbida de Piero, Alberti, Da Vinci, y Rompiasi, especialmente).

Un hecho histórico curioso, incluso irónico, es el de que cuando nacía Paciolo el ducado de los Sforza entraba en crisis por una “magnificencia alérgica a cualquier preocupación con la contabilidad”, como escribiría Indro Montanelli, en obra de coautoría con Roberto Gervaso (La Italia de los siglos de oro, ediciones Rizzoli, Milano, 1967), salvándose por la intervención de los toscanos Medici (de la región del fraile, que no solamente eran banqueros sino que poseían excelentes controles contables).

La atmósfera cultural en la cual nace Paciolo contaba con el apoyo a la cultura fuertemente incentivada por Cosme de Medici (que se convierte en señor de Florencia en 1434 y hasta su muerte en 1464). Esa misma riqueza de los banqueros florentinos alimentó a Brunelleschi (que construyo la famosa cúpula de la catedral de Florencia, al lado de la cual existe su estatua de bronce), Donatello (el escultor más original del renacimiento italiano) Ghiberti (quien hizo la puerta del paraíso del Batisterio de Florencia), Boticelli (el eximio pintor de La primavera), Gozoli (famoso pintor de la cabalgata de los reyes), Filipo Lippi (pintor de cuadros notables en templos religiosos) Fray Angelico (famoso pintor con muchas producciones inclusive en el Vaticano, Pico della Mirándola (erudito dialéctico), Marcilio Ficino (gran filosofo), Alberti (arquitecto y humanista).

Los hombres de fortuna en Italia, especialmente en Toscana, hicieron efervecer la cultura de la región y crearon un ambiente favorable para la producción intelectual. Como escribieron Montaneli y Gerbaso, en la obra citada, refiriéndose a Cosme, el pueblo lo nominaba como “ídolo de toda la inteligencia”, “padre de la patria”, “protector de toda Italia”. La política de los Medici no se alteraría hasta finales del siglo XV y se admite que había sido su objetivo principal alimentar el milagro del Renacimiento.

Paciolo vivió una Italia de luchas, invasiones, pero de un fuerte tenor intelectual, con el renacimiento intenso de la filosofía platónica. Sucediendo a Cosme, Lorenzo el Magnífico, que fuera alumno de Marcilio Ficino, líder de una escuela “platónica” utilizó su poder en la continuidad de apoyo a la intelectualidad y esto obviamente consolidó de forma notoria la producción artística, filosófica y científica.

En ese clima de valoración cultural, muy pronto Paciolo fue educado en su ciudad natal por un emérito pintor y matemático: Piero della Francesca, (también nacido en el Borgo de Sansepolcro, donde incluso en nuestros días existe su casa, frente al campanario de San Francisco, lugar que emocionado visité en 1984), quien le enseñó álgebra, matemáticas y la divina proporción platónica.

Piero nació entre 1410 y 1420 (no tenemos dato preciso de su fecha de nacimiento, dado que no son muchas las informaciones históricas sobre su vida), y se dedicó a diversos trabajos en su provincia (en Arezzo y Sansepolcro), se admite, desde 1455 hasta 1466. El célebre pintor e intelectual, en 1469 estuvo en la ciudad de Urbino, después de ejercer cargos públicos en Sansepolcro y aceptar encargos en Arezzo; Con posterioridad a 1470 parece haber dedicado la mayor parte de su tiempo a su ciudad natal (en ese período en que Piero della Francesca daba lecciones a Paciolo).

Actividades de Paciolo en Venecia - inicio de su actuación

El viaje de Paciolo a Venecia se debió al mercado de trabajo que allí existía y que faltaba en su ciudad de nacimiento; a los 20 años se empleó en casa de un próspero comerciante judío, Antonio Rompiasi, a cuyos hijos dedicaría una obra. Mientras tanto estudió en la Escuela de Domenico Bragantino un “lector público de matemáticas”, como en esa época se denominaba a los especialistas de área que poseían concesión para ejercer el magisterio.

No se sabe a ciencia cierta, la completa función de Luca en la casa comercial de Rompiasi, pero se admite que fue uno de los pedagogos de sus hijos, considerando los conocimientos de aritmética, religión y arte que ya traía de Sansepolcro.

Se admite que en aquella época Paciolo ya tenía conocimiento de la partida doble (conseguimos encontrar, junto con el profesor Marcelo Berti, ilustre docente de Historia de la Contabilidad en la Universidad de Pisa, en el Museo Cívico de Sansepolcro, documentos escritos en Partidas Dobles, desde la época en que Paciolo estaba en aquella ciudad y disfrutaba de amplia convivencia con la casa de los religiosos, quienes se empeñaban también en la educación del muy joven Luca).

Melis, considera que Paciolo adquirió la gran práctica sobre comercio en Venecia junto a Rompiasi, lo cual también justifica, en parte, haber dedicado su Tratado solamente al ramo comercial. Su trabajo en Venencia culminó con un libro sobre álgebra, concluido en 1470, Luca no era aún un Fraile.

La “Summa” fue el más importante de los 10 libros escritos por él (editada el 10 de noviembre de 1494) pero no fue el primer libro de Paciolo, pues a los 25 años, ya con un gran acervo cultural, produjo una obra, dentro de su gran vocación por los números y cálculos. De esa obra se tiene referencia, mas se perdió sin dejar prueba histórica; sabemos que existió porque Paciolo se refiere a ella en su “Summa”.

El paso por Roma – nuevos progresos culturales con Alberti

La inquietud cultural de Paciolo, naturalmente despertada en sus años mozos por Piero della Francesca en Sansepolcro, contribuyó a su atracción para absorber nuevas luces. Éstas, por influencia, provendrán de un gran ancestro que se identificaba grandemente con el pensamiento de Piero. Como escribe Alberto Busignani, biógrafo de aquel genial pintor y maestro, León Battista Alberti era un “espíritu afín” al de Piero (A. Busignani - Piero Della Francesca, p. 8, Ediciones Toray, Barcelona, 1968) y es muy probable que éste haya pasado a Paciolo su fuerte impresión sobre Alberti.

No es entonces ilógico que entre 1470 y 1471 (es imprecisa la referencia histórica) Luca se traslada a Roma y pasa a residir en la casa de León Battista Alberti, aunque no por mucho tiempo. Es entonces cuando se generan profundas influencias de los estudios de teología y de filosofía que encontraron un terreno fértil en la mente lógica de Paciolo, bien entrenada para la aritmética y el álgebra.

La aproximación, basada en los textos que el Alberti le transfiere, naturalmente despertaron su “conciencia religiosa” más profunda y esto conduciría al genial discípulo a ingresar en una Orden que tanta influencia ejercía en Italia, por la pureza de sus fundamentos.

Alberti era escultor, pintor, músico, filósofo, en fin, un hombre bien afinado con la cultura polimorfa, es decir, un hombre del Renacimiento (1404-1472) y de su autoría, famosísima en la historia del arte, es la fachada de la Iglesia de Santa Maria Nova y del Palacio Ruc-cellai, ambos en Florencia (tierra de nacimiento de Alberti). Paciolo encontró aquel genio ya en el fin de su vida, con gran madurez intelectual y con competencia para ejercer la fuerte influencia que, de hecho, tuvo en plena vitalidad porque, en Roma, ejecutaba las obras del Palacio Venecia.

Otros estudiosos, sin embargo, atribuyen la mayor religiosidad de Paciolo al hecho de que ya dos hermanos suyos habían ingresado a la Orden de los Franciscanos (en el Borgo di Sansepolcro, donde el Santo toscano era objeto de devoción con grande elocuencia y una Iglesia ya era dedicada a él en la villa).

Fray Luca Pacioli de la orden de los franciscanos y el magisterio

La fe por San Francisco, en la ciudad de Paciolo, parece haberse iniciado en el siglo XIII, por el año 1285, introducida por un fraile llamado Tommaso da Spello que allí llegó con el objeto de construir la primera iglesia en un terreno donado por la comunidad (de este antiguo templo hoy solo existen restos de la fachada).

Con la fe consolidada en el Santo de Asís, con los hermanos que habían ingresado a la orden, con el suporte de teología recibido del Alberti, no podía ser otra la decisión de Paciolo, sino la de hacerse fraile, lo cual efectivamente ocurrió a su regreso de Roma, en 1471 (Menores de San Francisco). Otros autores admiten su ingreso a la Orden solamente por el año de 1494 (J. Vlaemminck). El entonces fraile Luca Bartolomeo Pacioli del Borgo di Sansepolcro parece haber vestido el hábito en su propia tierra natal, según Melis (Federigo Melis, Historia de la Contabilidad, p. 620, editor Zuffi, Bolonia, 1950).

Pocos años después, dicta lecciones de matemáticas en Perugia (ciudad cercana de Asís donde se encontraba el principal convento de la Orden Franciscana) probablemente de 1475 a 1480, reafirmándose en el magisterio. En esta ciudad escribe su segundo libro, un segundo volumen, aun sobre álgebra.

Al prestigio de la Orden, a la respetabilidad del hábito, Paciolo agregaba su imagen de Maestro y se consolidaba como un escritor; de otra parte, la vocación para la enseñanza siempre fue algo natural e irresistible en Luca. Su obra manuscrita de 1478, de Perugia (Tractatus Matematicus ad discípulos perusinos) se conserva en la biblioteca del Vaticano bajo el Nº 3.129 e incluye aritmética, geometría, álgebra, cambios, monedas etc. y Lamouroux admite que puede haber sido el embrión de la “Summa” (F. Martin Lamourox - Contabilidad, p. 302, ed. Caja de Ahorros, Salamanca, 1989).

La permanencia de Paciolo en Perugia no es bien precisa (Melis admite de 1475 a 1478 y Lamouroux hasta 148O, así como otros prefieren declararla incierta), mas, allí estuvo dando lecciones y produjo un manuscrito que contenía temas de álgebra y de cálculos mercantiles, semejante en algunos puntos a los de la “Summa”. El profesor Mario Mari, en recientes investigaciones que elaboró, afirma que la actividad en el magisterio, en Perugia, fue de octubre de 1477 a junio de 1480.

Otros veinte años de andanzas y la producción de la “Summa”

De Perugia el fraile se trasladó a Venecia, nuevamente, donde permaneció poco tiempo, viajando y estableciéndose en Zara (cerca de Venecia pero ya en territorios de lo que fuera Yugoslavia).

No se conoce el motivo de la transferencia, pero es en Zara que él escribió su tercer libro de Matemáticas, también perdido, en 1481. Solo sabemos de la existencia de tal libro, por la referencia que le hace Paciolo en su SUMMA, cuando afirma que en él había tratado levemente el asunto que ahora estaba por desarrollar (en la Summa) con mayor profundidad. De Zara, regresa a Toscana, esta vez a Florencia y luego a Perugia. Luego va a Roma, para enseñar.

De 1490 a 1494, aun en el magisterio, da lecciones en Nápoles y en Pádua. Regresa a Florencia y, finalmente, se traslada a Venecia para revisar su obra “Summa de aritmética, geometría, proporciones y proporcionalidades” (que se admite, concluiría en Perugia, en 1487).

Parece no haber duda de que la “Summa” haya sido producida y concluida en la segunda mitad de la década de 8O del siglo XV (por lo tanto, 200 años después de que el sistema de las partidas dobles ya estaba consolidado en Italia. El documento más antiguo de partida doble en Italia, data de la última década del siglo XIII).

El tiempo que transcurrió entre la conclusión de la voluminosa obra y su edición, de aproximadamente siete años, no debe causar extrañeza si se tienen en consideración las condiciones de la época y la preferencia que los editores tenían por libros de mejor aceptación en el mercado (La Biblia, obras de latín clásico, etc.); también debe considerarse el alto costo de las ediciones (muchas pérdidas y tirajes pequeños) lo cual no estimulaba la creación de un gran fondo editorial (por cuestiones de movimiento de capital).

El famoso libro de Paciolo (cuya reproducción del original poseo), además de voluminoso, tienen bastantes diseños, fórmulas y arte gráfica (las letras iniciales de parágrafos y las distinciones son diseñadas artísticamente y consta que fueron de factura de Leonardo). El editor Pagano de “Paganini”, imprimió la “Summa” y esta vio la luz el 10 de noviembre de 1494.

Paciolo y Leonardo Da Vinci

Paciolo se hizo amigo de Leonardo da Vinci, uno de los mayores genios de la humanidad (1452-1519) y figura impar del Renacimiento. Hay constancia de que partieron ambos para Milán, en1482, bajo la custodia y protección de Ludovico Sforza (1451-1508), poderoso Conde de una Familia de rara importancia (el castillo donde vivía en Milano, se encuentra prácticamente intacto incluso hoy, y constituye motivo de atracción turística).

La rama de los Sforza se inició con Muzio Attendolo (1369-1424) y tenía en Ludovico, apodado, “El Moro”, (1451-1508) a uno de sus exponentes. El Duque valorizó mucho las artes y las técnicas y por ello “invirtió” en los dos sabios (Da Vinci y Paciolo) y los atrajo a Milano.

De 1496 a 1499, ambos genios permanecieron en aquella ciudad hasta la época de la invasión por los franceses (que produjo la fuga del Duque). Perdido el apoyo de Ludovico por la circunstancia desastrosa de la guerra Paciolo regresó a Venecia.

En Milán, durante su permanencia, el fraile enseñó matemáticas en la Corte y hay constancia de que enseñó a da Vinci las nociones de las “divinas proporciones”. Tales “proporciones” como las difunde Paciolo, son el resultado de comparaciones armónicas, o sea que se admiten como divinas cuando en un segmento de recta dividido en partes desiguales, la parte menor está para la mayor así como la mayor está para el todo.

Se admite, inclusive, que la famosa “Última Cena” de Leonardo, iniciada en 1495 y concluida en 1497, (tan reproducida y conocida), pintada en la pared del Convento de Santa Maria delle Grazie, había tenido como inspiración las divinas proporciones que Paciolo tanto defendía (el fraile en esa época ya había editado su famosa “Summa”).

Guido afirma incluso que Leonardo solo se interesó por los números y por la geometría superior, después de su convivencia con Luca. Lamouroux escribe que Paciolo solo se conoció con Da Vinci en Milano (F. Martin Lamouroux, Contabilidad, p. 302, Salamanca, 1989) y el interrogante del encuentro de los dos permanece en esta forma en opiniones divididas, pero es inequívoco que se hicieron amigos y trabajaron juntos.

Asegura Ángelo Guido en su obra sobre el mito de Da Vinci (referido en la bibliografía) que este ya había esbozado el diseño de la Cena (en efecto hay proyectos en la Academia de Venecia y en el Castillo de Windsor, actualmente) pero después los modificó para adaptarlos de acuerdo con las enseñanzas de Paciolo.

Admite Guido que en la misma época en que Leonardo pintaba la Cena, Paciolo escribía otro de sus libros “Las Divinas Proporciones”, inspirado en las ideas de Platón (de la obra “El Timeo”) y de Euclides. De hecho, por las ilustraciones de tal obra (cuya reproducción integral poseo en mi biblioteca) se puede percibir en las Figuras geométricas, ya sea en las sólidas, o en los bosquejos, la fijación de los pertinentes “Puntos de equilibrio”.

Luego en el Prólogo del referido libro, Paciolo destaca el nombre de Leonardo como “ilustre arquitecto e ingeniero” y agrega: “compatriota nuestro, florentino”.

El fraile concluyó la obra en 1498 y la dedicó a su protector Ludovico Sforza (editada en Venecia por el mismo editor de la “Summa”). La “Summa”, de 1494, fue dedicada a “Guido Ubaldo Duca d’Urbino” poseo, inclusive, un cuadro, copiado del original de Jacopo di Barbarí, con Paciolo enseñando al Duque de Urbino cuyo original está en el Museo del Banco de Nápoles, en Capodimonti, Nápoles).

Tal era la amistad que Da Vinci tenía a Paciolo que en 1499, luego de la fuga de Ludovico, con éste se retira de Milán, viajando juntos. Rápidamente pasan por Mantua y Venecia para, después residir juntos en Florencia. La admiración de Paciolo por Leonardo era tal, que a él hace muchas referencias calurosas y elogiosas en otra obra que comenzó a escribir cuando estaba en Milán: “De Viribus Quantitatis” (y que se encuentra, en su original, en la Biblioteca de la universidad de Bolonia).

El “De Viribus” fue una obra que tendía a estimular el gusto por los números y por ello está plena de “juegos” y “curiosidades” matemáticas, siendo de conocimiento popular e incluyendo formas de establecer sofismas a través de cálculos , pero no fue editada.

Toda hace creer que Leonardo y Paciolo se separaron y solo se reencontraron en Roma, en 1514, cuando León X convidó al fraile para dictar lecciones (y cuando él ya había pasado por Venecia, Perugia, Florencia y el Borgo di San Sepolcro). Escribe Marinoni que el encuentro se dio en una época en que “Leonardo ya estaba envejecido y en decadencia” (Augusto Marinoni - “De Divina Proportione”, p. 6, ed. Pizzi, Milano, 1982), o sea, poco antes que se trasladara a Amboise, en el Valle del Loire, donde falleció, en 1519. En “Clos Lucée” está enterrado (me conmoví profundamente cuando vi personalmente la simpleza del túmulo de tan grande hombre, con una lápida no menos sencilla en una modesta capilla del Castillo de Amboise).

Hoy se admite que la muerte Paciolo, con margen de seguridad, ocurrió en 1517 (varios autores consideran que el deceso del fraile ocurrió en 1515), conforme los estudios idóneos del reverendo Ivano Ricci, bibliotecario, de Sansepolcro, del Museo Cívico; y su sepultura se levantó en aquel sitio en la Iglesia de San Giovanni D’Afra.

El encuentro de los dos exponentes, en Roma, fue así, una despedida sin retorno, pero quedó inequívoca para la historia, la identidad intelectual que establecieron.

En memoria de su ilustre hijo, a finales del siglo pasado, la comunidad levantó una estatua de bronce a Luca la cual hoy adorna un destacado lugar de su pueblo natal.

Los dos grandes amigos que el destino unió deberán, sin embargo separase geográficamente en sus lechos de muerte: el túmulo de Leonardo está en Amboise, Francia y el de Paciolo en Sansepolcro, Italia.

Los últimos años de Paciolo

La vocación del fraile, según Aloe y Valle, no parece haber sido monástica, pues viajó frecuentemente. Durante su estadía en Florencia, con Da Vinci, Paciolo enseño en las Universidades de Pisa y de Bolonia (entre 1500 y 1507). En 1501, en Florencia, contó con la protección del prestigioso Cardenal Soderini. Existen pruebas documentales de estos pasajes, inclusive recibos de salarios de magisterio firmados por Luca.

En 1508, en Veneza, Paciolo dictó una aula magna con ocasión de la apertura de un curso en la Iglesia de San Bartolomé del Rialto, tratando de la geometría euclidiana (libro V de Euclides) y de las Proporciones; en la misma época revisó, para su editor, las “Divinas Proporciones” (que saldrían en 1509) y la edición latina de los “Elementos”.

En 1510 fue nombrado “Comisario” del Convento franciscano de Sansepolcro y allí permaneció hasta que León X lo llamara a Roma (cuando se reencontró con Da Vinci), en agosto de 1514.

Todo nos prueba que las actividades finales de Paciolo fueron tan intensas como durante toda su existencia, la cual cumplió dividiéndose entre sus misiones predilectas, como Profesor y Escritor, o sea, las de un genio de la difusión cultural.

La cultura que consiguió acumular, probablemente por su acceso a los libros más preciosos que leyó (como los de la biblioteca del Duque de Urbino) junto con la influencia de Piero, Alberti, Da Vinci, principalmente, él procuró siempre trasmitirla en sus obras (10 libros) y en sus lecciones.

Sabiendo conquistar amistades, como revela el famoso historiógrafo Prof. Esteban Hernández Esteve (en su introducción al libro De las cuentas y escrituras), se relacionó con los nobles y todos los papas de su tiempo, siempre en el sentido de valorizarse culturalmente y de transferir cultura.

A medio milenio de la Summa - una consagración mundial

Ha transcurrido medio milenio de la edición de la “Summa” y el mundo entero reverenció al genio italiano en una Convención Internacional. El lugar del encuentro fue un palacio, el Centro Zitelle, en la isla donde vivió Antonio Rompiasi y en cuya casa Paciolo dio lecciones para los descendientes de aquel comerciante, en la isla Judaica, en Venecia.

Varias entidades patrocinaron el monumental encuentro, entre ellas: la Sociedad Italiana de Historia de la Contabilidad (a la cual tengo el honor de pertenecer, como miembro honorario), el Consejo Nacional de Doctores en Comercio y el Consejo de los Contadores y Peritos Comerciales de Italia. Se desarrolló los días 9 a 12 de abril de 1994, con una serie de festividades y conmemoraciones. Se presentaron al evento varios trabajos, provenientes da Alemania, Japón, España, Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos, Índia, Inglaterra y Bélgica, y fueron seleccionados 44 de ellos para su publicación. La edición se produjo bajo la coordinación de una comisión científica, compuesta por los más eminentes profesores, doctores e historiógrafos, de las Universidades mas famosas de Italia, entre los cuales se encontraban los eméritos intelectuales Carlo Antinori, Giuseppe Catturi, Giuseppe Bruni, Umberto Bertini, Antônio Amaduzzi, Maurizio Fanni, Rosella Ferraris, W. Santorelli y Giuseppe Bernoni. La edición fue hecha por la IPSOA, en 1995 y contiene 484 páginas.

Italia, en homenaje a su ilustre hijo, con la ocasión, acuñó una moneda con la esfinge de Luca y estampó un sello postal (ambos en mi colección), y se facilitó así mismo a los participantes una visita a Sansepolcro (tierra natal del fraile).

Tuve el honor de representar a Brasil en el encuentro, inclusive llevando trabajo de indagación sobre la vida del ilustre personaje homenajeado. Se encontraban en el evento, representantes de Brasil, Japón, Rusia, Estados Unidos, Inglaterra, Australia, Alemania, Portugal, España, Francia, y Canadá, en suma de todos los continentes.

El fraile italiano Luca Pacioli es un icono de nuestra historia, no solo porque logró la primera obra impresa donde incluyó su Tratado sobre Escrituración por Partidas Dobles, sino, especialmente, por haber roto una inercia y haber hecho conocido uno de los más importantes criterios de registro que toda la historia de la humanidad haya conocido.

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