Mantenimiento del patrimonio: los equívocos de la investigación empírica en los Estados Unidos

Revista Nº 14 Abr.-Jun.

Valério Nepomuceno 

(Brasil) 

Graduado en Ciencias Contables –UDF, auditor independiente, investigador, miembro de IBRACON, miembro y Director Cultural de la Academia Brasileña de Ciencias Contables 

“Conceptos contables diferentes conducen a patrones diferentes y por esa razón la vacilación en la selección de los conceptos conduce a la vacilación de los patrones y la confusión de los conceptos conduce a la confusión de los patrones”. 

(T.A. Lee, 1980) 

“... La “crisis contable” está enraizada en las frecuentes tentativas de ocultar los verdaderos objetivos perseguidos”. 

(R. Mattetessich, p. 168, 1995) 

Solo conseguiremos comprender la lógica aplicada a las investigaciones empíricas estadounidenses si visualizamos, de forma crítica, alguno hechos relevantes ocurridos en las dos últimas décadas. Transformaciones muy importantes están en ebullición en el escenario contable USA, y comprenderlas críticamente, presupone la percepción a priori de lo que se ha denominado mantenimiento físico o financiero del capital (tema aún inédito en Brasil).

En este escrito, nos vamos a atener, básicamente, al análisis de las ideas en torno al mantenimiento físico del capital, propuestas por los norteamericanos en la década de los 80 como integrantes de una estructura conceptual (Davis Solomons, 1982 y otros). Luego de una breve contextualización histórica, discutiremos las posiciones empíricas de Robert Sterling (1982), de Carsberg (1982), de Revsine (1982), de Butterworth (1982), contrapropuestas a aquellas teorizadas por el brasileño A. Lopes de Sá (1992).

Contextualización de las estructuras conceptuales(1)

Además de la estructura conceptual contable elaborada por los norteamericanos, otros institutos contables internacionales también han intentado, por los caprichos de la modernidad siempre urgentes, seguir la misma lógica de la estructura conceptual de FASB (órgano de normatización contable de USA). La IASC (órgano responsable de la elaboración de normas contables internacionales), en 1989, prácticamente copió los modelos de FASB (Bernard Colasse, 2000). Poco después, Inglaterra también elaboraba su estructura bajo los mismos moldes, desencadenando así, en diversos países, todo un proceso de construcción de estructuras de conceptos para la elaboración de patrones de las normas contables, aún hoy en frenética discusión en todo el mundo”(2).

Además, otros países como Francia (Plan General de Comptabilité) y España (Plan General de Contabilidad) las cuales poseen contabilidades planificadas, están tratando de dar contornos estructurales a sus planes, dejando ciertas aperturas para la adecuación del justo valor (fair value), en caso de ser necesario. A pesar de ello, estos dos países mantienen intactos sus planes generales de contabilidad, los cuales fueron elaborados durante más de medio siglo de indagaciones científicas. Francia, por su parte, ha intentado asumir una postura frente a los destinos de los patrones contables europeos, y con pretensiones también junto a IASC; de esta forma ha tomado algunas medidas que como acciones económico-contables se mueven en dos flancos: 1) La conducción del proceso de consolidación de la moneda Euro, junto con Alemania; 2) El desempeño de cargos estratégicos dentro de IASC, visando también a la conducción del proceso de normatización contable internacional.

Sin embargo, las estructuras conceptuales poseen, en cada país, características muy propias, aunque la base lógica sea la misma. Las variaciones detectadas en las referidas estructuras conceptuales están orientadas hacia el aspecto conceptual interno de cómo conducir, de manera más o menos particularista, el mantenimiento del capital de empresa. Mantener el capital atado al mercado de las acciones ha dado el toque angular a cada estructura conceptual. Esta estructura resulta fundamental en la determinación de la política contable emprendida por los distintos países. Países como Francia, Alemania y España han sido comedidos en la implementación de cambios radicales, incluso porque el modelo contable de esos países, históricamente, sigue una política diferente de aquella inaugurada por los norteamericanos desde los años 20 del siglo pasado.

Uno de los puntos esenciales de esa estructura es la discusión de cómo se ha intentado mantener el capital frente a variaciones, oscilaciones o pérdidas. Y la fórmula que ha imperado hasta ahora es aquella que enfoca el mantenimiento financiero del capital (fundada en los principios del mercado de capitales). Sin embargo, el objetivo de mantener el capital frente a las fluctuaciones ha provocado cambios conceptuales profundos en la contabilidad, a partir de los años 80. El punto nervioso de estos cambios es el intento de substitución del “decadente” costo histórico por el costo corriente. Otro punto nodal es la revisión de las estructuras de información contable (demostraciones contables).

Los acuerdos de Bretton Woods y el inicio de la caída del costo histórico

Las transformaciones en el comportamiento de los cambios acabaron por alcanzar frontalmente una de las más tradicionales técnicas contables: el costo histórico. La flexibilización de los cambios en el escenario internacional provocó profundas alteraciones en la composición de la deuda de los países deudores, particularmente de los países en vías en desarrollo, alcanzando, además, en algunos casos, los costos de las transacciones comerciales internacionales. A partir de los años 70, el costo histórico pasa a ser visto como un instrumento decadente e ineficaz para los fines gerenciales. Y ello está ligado a los acuerdos de Bretton Woods, momento en que los Estados Unidos abandonan el patrón oro. En el sentir de Gonzalo Angulo, con cuyo parecer concordamos:

“En esencia, la crisis de la aplicación del costo histórico a los instrumentos contables, viene de los años 70 y en una consecuencia del abandono de las bandas estrechas de fluctuaciones entre las monedas, que se derivó en los acuerdos de Bretton Woods. A partir de esos acuerdos, los registros en moneda extranjera comenzaron a soportar una exposición muy fuerte al riesgo cambiario, de forma que no tardó en ganar adeptos la posición de que la mejor estimativa de los flujos de caja, derivados de los registros en divisas, sería como sucedía en los mercados muy desarrollados mundialmente, su valor en la fecha fijada del balance. El cambio de fecha se convirtió, a partir de entonces, en el valor razonable de todos los registros en moneda extranjera” (p. 243).

Ciertamente, el impacto sobre el costo histórico fue grande debido a las oscilaciones del cambio, en especial para los sectores de las transacciones con el mercado externo. Así, la prioridad de las estructuras conceptuales, era intentar preservar las variaciones cambiarias, particularmente en relación con las ganancias por acción cuyo desfase generaba expectativas desfavorables. “... de esa forma, el antiguo problema de los rendimientos en acciones y otros títulos permaneció cubierto por uno mayor, dejando activo el camino para una forma de evaluación mucho más atada al mercado (el término inglés “marking to market” expresa muy bien esta tendencia” (Gonzalo Angulo, p. 244).

Se consolida así la tesis del mantenimiento del capital financiero, con mayor intensidad. Se ponía así en movimiento la idea de adaptar instrumentos contables basados puramente en el mercado. Pero, los profesionales de la contabilidad en Norteamérica aún conservaban la antigua práctica del costo histórico. Era necesario, entonces, para los Estados Unidos desviar el curso en torno al entendimiento que se daba al costo histórico, porque sus corporaciones necesitaban mejorar el perfil de las informaciones contables. Esto era crucial para atraer nuevos inversionistas, nuevos capitales y nuevas inversiones.

El mantenimiento del capital

Por esa razón, los institutos contables norteamericanos, por medio de algunos investigadores notorios, intentaron redimensionar sus visiones en torno a los conceptos contables derivados de argumentos puramente económicos. Los investigadores refugiaron entonces sus conceptos contables de riqueza y del resultado de la riqueza en ideas económicas preconizadas por Von Hayek (1941), Hicks (1939) Pigou, (1941) y otros economistas de mediados del siglo XX. En la década de los ochenta, muchos investigadores se basaron en la máxima de Hicks, según la cual:

“La renta de un ser humano [es] el valor máximo que éste puede consumir durante una semana y aún permanecer al final de la semana en una situación financiera tan buena como al inicio”.

Mientras tanto, las teorías defendidas por los economistas neoliberales se mostraron evasivas para el desenvolvimiento de reglas contables consistentes. Desde el punto de vista teórico, la sentencia Hicks prestaba un óptimo servicio, pero su exequibilidad en el campo de la contabilidad se mostraba ineficaz cuando la idea era demostrar el resultado contable con base en números estimados (valor razonable).

Así, mantener el capital pasó a ser la gran preocupación de los gerentes y propietarios, especialmente en momentos de crisis económicas. En aquellos casos en que el financiamiento del capital era realizado junto al sector bancario, las reglas ya eran previamente establecidas y no había lugar a discusión. Pero cuando el capital pertenecía a los inversionistas, las reglas ya no eran tan claras, pues dependían del desempeño de varios factores: mercado, políticas de gobiernos (factores exógenos), forma de cálculo de los dividendos, instrumentos gerenciales y contables adoptados (factores endógenos), y sobre todo, por la comprensión de lo que se entendía por mantener o remunerar el capital aplicado.

Incidencia de los factores éticos y culturales en el mantenimiento del capital

Aunque el frenesí reinante al interior de los institutos de normatización contable intenta desviar la atención de los aspectos relacionados con el mercado de acciones, con propuestas de reformulación de las bases conceptuales de la contabilidad, lo que se percibe en muchos países, cuyo éxito económico no está basado en el mercado de acciones, es el respeto a determinados factores éticos y culturales.

Los países tienen profundas divergencias en cuanto al entendimiento en torno a lo que deba considerarse como mantenimiento del capital. Algunos, como el Japón, por ejemplo, por razones culturales y éticas, estructuran su conceptualización a partir de un formalismo ético muy arraigado, aunque en el interior de las academias las opiniones divergentes ocurran. Otros, como consecuencia de ideas estructuradas, siguiendo principios pragmáticos, como los Estados Unidos, comprenden la importancia de interpretar el mantenimiento del capital, sea cual fuere (física o financiera), de acuerdo con los aspectos de la eficacia de la información para el mercado de acciones.

La dicotomía en torno al concepto de mantenimiento de capital conduce a resultados contables también dicotómicos (para desesperación de aquellos que ven la contabilidad como un ramo de la matemática o derivada de las ciencias exactas). La mayor dificultad, en principio, no está en la cantidad de moneda mantenida en caja, sino en la cantidad de moneda que se puede atribuir a los activos y pasivos de la empresa.

Con todo, antes de buscar un concepto razonable para el mantenimiento del capital, es necesario establecer cuál es su función: mantenimiento de las operaciones, generación de servicios potenciales, o ambas. Solamente a partir de su función, se puede pensar en su mantenimiento. En ese momento, lo que se constata en la realidad, es que el capital posee funciones diferentes de aquellas del período de la Revolución Industrial(3), en la medida en que los gerentes de las corporaciones están orientados hoy hacia la consecución de resultados financieros, no operacionales (servicios potenciales).

Por otro lado, esa no ha sido la preocupación central del gerente de una empresa con capital cerrado, porque él aún mantiene sus actividades orientadas hacia la operacionalización del proceso fabril, cuyo principio consagrado aún es la relación costo-beneficio. Por lo tanto se ha producido un cambio del enfoque entre generar riquezas por el proceso fabril o generar riquezas utilizando el proceso fabril para gerenciar valores potenciales (necesidad interna de generación de nuevos capitales, por medio de nuevos instrumentos financieros, como derivativos, swaps, hedges, etc.). Ésta puede ser una señal de desgaste de los modelos basados en estructuras verticalizadas y multidivididas, cuya escasez de capital para gerenciarlas, asociada la improductividad técnico administrativa, ha provocado la fatiga del modelo que, entonces, intenta una alternativa poco ortodoxa: el fraude contable.

Por esas razones, es posible comprender el concepto de mantenimiento del capital bajo dos aspectos básicos y distintos: 1) aquellos que se basan en principios éticos y valores culturales, cuyos instrumentos operativos son considerados como tradicionales, y 2) aquellos que se basan en fundamentos éticos pragmáticos, con fuerte contenido hedonista.

Mantenimiento del capital sobre bases ético-culturales

En los países donde predominan los valores ético-culturales existe la tendencia a determinar los principios contables privilegiando la base histórica de los valores. O sea que el mantenimiento del capital obedece a atributos normativos según el principio de la conservación de los recursos por medio del costo histórico. La base legal de estos países preserva el principio del conservadurismo (Schmalenbach, 1919). Esto puede ser explicado por medio de una lógica interna, si tenemos en consideración que esos países aún mantienen la forma legal de organización de sus empresas estructurada sobre el capital cerrado. Y esa forma de organización (capital cerrado) no requiere relevancia crucial en la discusión de las manifestaciones contables —como en el caso de aquellas empresas que poseen capital abierto. Aquellas que mantienen capital cerrado no estructuran sus actividades operacionales en el “gerenciamiento de los números” sino en la productividad empresarial.

Por lo menos tres países desarrollados pueden ser citados aquí como ejemplo de la adopción de bases ético-culturales en el mantenimiento del capital: Japón, donde la relevancia de las actividades de la empresa está en la producción, no en el resultado (para el accionista); Francia, que ha dado mucha importancia a los factores sociales en sus demostraciones contables (balance social), y Alemania, que también adopta una postura de empresa socialmente responsable.

Esas tres naciones, económicamente fuertes, se caracterizan por mantener aquello que ya es denominado por los norteamericanos como “contabilidad tradicional”, en contraposición a la “contabilidad avanzada” (dedicada al mercado accionario) pero ésta puede ser una visión equivocada.

La opción por el costo histórico (tradicional) o por el costo corriente no debe ser comprendida de forma tan simplista hasta el punto de considerarlas como falsas o verdaderas. Observamos que con mucha frecuencia algunas defensas muy pasionales rotulan esas posiciones como excluyentes: el costo histórico produce un “lucro falso” y el costo corriente produce un “lucro verdadero”. Quienes así piensan no tienen en consideración los atributos culturales y éticos internalizados en el seno de las naciones que motivan comportamientos adversos, así parezcan paradójicos. Cuando hay contabilidad económica, alegar que el costo histórico es falso porque oculta valores (reservas ocultas) es tan inconsistente cuanto afirmar que el costo del mercado es verdadero, porque este último, objetivamente también carece de precisión. Ambos son valores humanos que poseen connotaciones culturales diferentes. En contabilidad, es tan difícil afirmar que algo es falso o verdadero cuanto afirmar que valores éticos, antagónicos en dos pueblos, puedan ser clasificados de acuerdo con un criterio falso o verdadero. Lamentablemente muy pocos consiguen hacer este discernimiento.

Pero el predominio de conjuntos de conceptos contables, impuestos por los institutos que representan las principales naciones industrializadas puede forzar el curso de los principios ético-culturales hacia posiciones contables adversas e incomprensivas. Por ejemplo, la tentativa de acuerdo internacional en torno a la adopción del así llamado justo valor (fair value).

Mantenimiento del capital sobre bases pragmáticas

En aquellos países donde predomina esencialmente la praxis como elemento de conducta social (auto-reglamentación contable) y no las reglas ético-morales (Código comercial y otros instrumentos legales), ha habido una tendencia diferente en la percepción del mantenimiento del capital. La contabilidad, en ese caso, es definida como un subsistema de la economía y su papel principal es dar respuestas numéricas a los modelos económicos. Lo cual significa prescripción de normas contables por medio de las cuales las corporaciones puedan expresar su riqueza patrimonial. Y ese caso, solo puede ser traducido por resultados contables aparentemente uniformes. Compete entonces a la estructura conceptual, establecida por organismos de auto-reglamentación el papel normativo de información contable uniforme aunque a costa del auto-interés desmedido, como bien lo demuestra el modelo de la teoría de la agencia.

Esos países (anglo-americanos), por tanto, han priorizado sus discusiones estrictamente en el valor contable en cuanto referencia para el mantenimiento del capital, relegando al ostracismo los aspectos estructurales, operacionales y funcionales del capital, como, por ejemplo, los aspectos sociales de las demostraciones contables, o de divulgación de las responsabilidades ambientales de las corporaciones y, especialmente, los aspectos orientados hacia el gerenciamiento de la productividad operacional de las corporaciones.

Por otro lado, el modelo de estructura conceptual, que pretende mantener el capital de las corporaciones, ha sido duramente criticado, inclusive por aquellos que creían en él (David Solomons y otros), lo que ha provocado inquietudes entre los profesionales de la contabilidad. La justificación que se presentó inicialmente fue que ésta sería una fase transitoria que alcanzaría su perfeccionamiento a lo largo del tiempo. No creo que se trate apenas de un período de transición de un modo tradicional de contabilidad hacia otro avanzado, sino de una estructura arquitectada en el sentido de viabilizar un proyecto que ya se diseñaba en socorro de la fragilidad de todo un sistema económico, basado en megacorporaciones cuya fuente de financiamiento y de mantenimiento técnico-administrativo estaba dando señales de erosión(4). Johnson, Kaplan, Norton, Tony Tinker, Abraham Briloff, Rober Sterling, Richard Mattessich y muchos otros investigadores contables han alertado sobre la importancia de redireccionar los caminos contables de las megacorporaciones. La contabilidad ha sido rehén de esas grandes corporaciones. Y no se vislumbra una actitud en otra dirección porque la propia estructura conceptual se auto-alimenta en el sentido de nuevos conceptos re-definidores de un escenario en el cual el eje central es el valor. Y ese proceso de realimentación proclama ahora la idea del justo valor (fair value), como si los anteriores no lo fueran. (Resulta, por lo tanto, que el valor no produce riqueza, es apenas su expresión). Muchos alegan que, por causa de la miopía de la expresión valor, toda la estructura técnico administrativa de las corporaciones han perdido sus referencias operativas (Barlev e Haddad, 2001, p. 5) y que la salvación de todos los males sería el valor de mercado, lo que puede conducir a una miopía aún mayor. Por lo tanto, el núcleo de la cuestión está en el método científico adoptado para la elaboración de la estructura conceptual, cuya prioridad lógico conceptual es el valor contable.

Hasta el momento ha prevalecido el juego peligroso de sobrevaloración de los resultados contables. Con eso, la fragilidad del sistema contable norteamericano basado en el gerenciamiento de los números, o de las “ganancias”, como del resto, toda la estructura, va sufriendo movimientos sísmicos que pueden conducir a situaciones inconfortables en el futuro próximo, como la desinversión, por ejemplo. Es sabido que el sector industrial norteamericano viene trabajando en rojo en los dos últimos años (2000/2001).

Mantenimiento del capital físico

Veamos por qué las propuestas pragmáticas en torno al mantenimiento del capital financiero o físico han generado tanta polémica entre los investigadores contables angloamericanos. Robert Sterling (1982) dice que:

“La diferencia básica entre capital financiero y físico es que el primero procura medir un atributo monetario (valor) y el último un atributo físico” (p. 4).

Resulta, con todo, que las dos propuestas parten de la premisa de que el capital debe ser corregido (medido por medio del costo corriente). La diferencia está en la destinación del resultado de valoración de los activos. Los que defienden el mantenimiento del capital físico encuentran que el resultado de la valoración debe ser incorporado al patrimonio; y aquellos que se casaron con el mantenimiento del capital financiero entienden que el resultado de la valoración debe ser destinado al resultado contable.

Los defensores del mantenimiento del capital físico entienden que el capital debe ser preservado en el tiempo, en términos de unidades físicas. Así, la firma, al pagar los dividendos de capital, debe hacerlo en manera tal que no reduzca la cantidad de unidades físicas de la empresa. Veamos el parágrafo 125, de la FAS 33 (FASB):

“La erosión del capital físico (o erosión de la capacidad operacional) puede ser considerada como la falla para conservar recursos financieros suficientes para adquirir activos necesarios y mantener la capacidad de la empresa, con el fin de proveer un constante abastecimiento de mercancías y de servicios. El concepto de erosión del capital físico puede estar ligado a un concepto de resultado distribuible, donde el resultado distribuible es definido como la cantidad de caja que puede ser distribuida sin reducir la capacidad operacional de la empresa (par. 124).

Los costos deben ser medidos por el costo corriente en el sentido de proveer el mantenimiento de la capacidad operacional. Se asume, por ejemplo, que el stock es comprado por $1.000 y vendido por $1.500, en el momento en que el costo corriente es de $1.200. Aunque el resultado costo histórico/dólar nominal sea de $500 (1.500 menos 1.000) la distribución puede ser limitada a $300 (1.500 menos 1.200) para mantener la capacidad operacional. Los costos son medidos por $1.200 en el sentido de proveer la reposición del stock por las ventas. Un aumento de $200 (1.200 menos 1.000) en costos corrientes no podría ser considerado como parte del resultado bajo el concepto que direcciona el mantenimiento de la capacidad operacional física” (énfasis destacado).

Es esa una de aquellas situaciones que nos hacen creer que cualquier análisis diferente es falso. Nada es tan convincente como una simple operación aritmética. No parece haber nada de errado en ese raciocinio aritmético: yo compré 1000 manzanas en $1000. Las vendo todas por $1.500, luego mi lucro fue de $500. Pero en el momento de mi venta las manzanas ya costaban $1.200. Si yo fuera a comprar la misma cantidad de manzanas nuevamente, faltarían $200. Si yo logré una ganancia de $500 no conseguiría hoy recomprar la misma cantidad de manzanas. Por esa razón, los defensores del capital físico afirmaron que el lucro de $500 es falso y el lucro verdadero es de $300.

Las pretendidas ventajas de la medición física del capital

Los proponentes de la medición del capital físico reivindican que la medición por medio de la cantidad física produce las siguientes ventajas:

— Auxilia en la política de los dividendos (reduce dividendos) en la medida en que retiene valores que deben ser conservados para la adquisición de la misma cantidad física de manzanas.

— Ayuda en las políticas tributarias reduciendo la tributación del impuesto de renta sobre el capital. Si, como observamos ya, las unidades de manzanas, equivalente a $200, son distribuidas como lucro (resultado), tendría incidencia en el impuesto sobre el capital, en la medida en que esos $200 pertenecen al capital físico;

— Restablece nuevas políticas de precios con base en el costo corriente. “Algunos argumentan que los precios de venta siguen paralelamente los costos corrientes (FAS 33, §117), por ejemplo hacen referencia a las posibilidades de que los precios de venta estén estrictamente relacionados a los costos corrientes. Otros argumentan que la gerencia debería establecer una política de precios de venta orientada bajo la base de los costos corrientes. La sugerencia es aplicar la tasa de markup al costo corriente una vez aplicado el costo histórico, en el sentido de ganar el mismo aumento en el capital físico, que no tendría ningún cambio en el precio de compra” (Sterling, p. 14).

— Adicionalmente a todo esto, se crea una cierta estabilidad en la información del resultado contable (teoría de la agencia), en la medida en que parte del lucro sería retenida en beneficio del flujo de capitales dentro de la corporación, maximizando el flujo de caja futuro.

Así, el capital físico parecía ser la solución de innumerables dificultades, por las cuales pasaban las corporaciones. Sus bases empíricas se esparcían por varios países como una respuesta innovadora a los problemas acarreados por el costo histórico, sobre todo porque esas bases empíricas habían sido incorporadas por las mismas declaraciones de FASB.

Robert Sterling (1982) en su trabajo de “exorcismo” de los mitos del capital físico, se dedicó a desmontar todos los argumentos a favor del capital físico. Su estudio fue tan efectivo que el propio FASB, en seguida tomó la iniciativa de revocar las FAS 33.

Los argumentos de Sterling, con todo son reducidos en la medida en que se limitan a revelar la imposibilidad de utilización del capital físico de manera universal. Él enumera varios casos en los que el referido método encuentra obstáculos pragmáticos e incluso, conflictos.

Las inconsistencias y contradicciones del capital físico, presentadas por Sterling

El método de medición de capital, por medio de unidades de stock, por principio, no es falso, sino incompleto, inconsistente y, a veces, contradictorio. Ese método puede provocar, con el transcurso del tiempo, consecuencias nefastas para las actividades operacionales de la empresas por causa del control rígido de apenas una de las variables (cantidad). Sterling pone de presente varias inconsistencias del método:

— Substitución de unidades idénticas: el método es aplicable solamente a aquellos casos en los que la firma posee solamente unidades idénticas en su stock (existencias). Las unidades heterogéneas promueven la pérdida de referencia-medición del capital;

— Continuidad de los costos crecientes: el método no es aplicable cuando hay deflación o caída en los precios de los productos (incluso en época de inflación algunos precios caen). Cuando los precios declinan las mediciones de capital son contradictorias porque permiten a la firma mostrar un lucro cuando los propietarios tuvieron una pérdida;

— La compra y venta deben producirse en mercados diferentes: la compra y venta dentro del mismo mercado, como en el caso de las firmas que operen con activos financieros (acciones) crean situaciones anómalas. En general, cualquier firma que compra y vende en el mismo mercado siempre informará un lucro cero, en cantidades físicas, en sus cambios, por la razón obvia de que el precio de venta siempre se iguala al costo corriente de las unidades idénticas.

— Debe estar completamente investida en unidades físicas: el mantenimiento de moneda en caja también sufre la acción del poder de compra, o sea, la no compra de stock, por dejar el dinero en caja, también provoca deformación en la medición del capital físico.

Sterling aborda otros aspectos relacionados con las cantidades físicas, incluyendo situaciones de flujos físicos y futuros, flujos de caja, etc. Los casos estudiados por él no dejan duda sobre las innumerables deformaciones que la adopción del capital físico puede desencadenar en las actividades de las corporaciones. Lemke también llega a las mismas conclusiones:

“El concepto de capacidad física no puede lidiar con las dinámicas de los cambios de dirección y de tecnología de la firma” (p. 305). Además del trabajo de Sterling, otros estudios fueron elaborados por un grupo de autores [Bryan Carsberg (Inglaterra); Lawrence Revsine (USA); Alex Milburn (Canada); J.E. Butterwoth (USA); Ross Skinner (Canadá); William R. Scott (Inglaterra); Kenneth W. Lemke (USA); y otros]. Pero ninguno consiguió sin embargo, explicar los cuestionamientos levantados por Sterling, lo que prácticamente sepultó cualquier intento de aplicación, de manera amplia, del referido método.

Mantenimiento del capital financiero (valor monetario)

El mantenimiento físico del capital demostró ser inaplicable universalmente. Probó ser relativamente eficaz en aquellos casos en que la empresa optaba por el mantenimiento físico del capital, pero bajo determinadas condiciones. Entonces, los estudios se dirigieron hacia el mantenimiento financiero del capital (valor monetario). Aparentemente, avaluar el capital por medio de la corrección de los valores no implicaría mayores consecuencias para los aspectos operacionales internos de las corporaciones, como sí ocurría con el método anterior, visto que la variable adoptada ahora era independiente de las actividades operacionales de la empresa.

Las dos ultimas décadas (80/90) pueden ser consideradas como las “décadas de la experimentación del valor”. Los investigadores, influenciados por las políticas de los institutos contables han experimentado una infinidad de métodos de medición del capital financiero, además de aquellos preconizados por el FASB y otros comités.

Una cesta de números

Mantener el capital financiero de la corporación pasó a ser la prioridad para los investigadores. Inicialmente, algunos métodos utilizados pretendían mediciones genéricas, basadas en índices también genéricos. Estudios más elaborados llegaron a la conclusión de que items diferentes del activo y del pasivo deberían tener criterios diferentes de evaluación, llegando incluso a utilizar más de un criterio. Muchas veces las especificidades de esos criterios han conducido los métodos a perseguir el comportamiento de los flujos de caja, como referencia para los desfases financieros del capital. Una de las causas de ese desfase sería la disparidad temporal entre —entrada/salida – ingresos/gastos— (ocurrida entre el flujo de caja y el balance patrimonial). Alguno de los métodos de valoración del capital más preconizados son:

Modelos formales:

— Valor presente y valor de reposición.

— Valor de mercado.

— Valor realizado.

— Valor recuperable.

— Valor líquido realizable.

— Valor presente de flujo de caja futuro.

Modelos híbridos:

— Contabilidad en moneda constante.

— Valor para el negocio.

— Costo histórico reinterpretado.

Modelo alternativo:

— Valor justo (fair value), actualmente considerado como el substituto del costo histórico.

El costo histórico es la base para la construcción de casi todos los otros métodos de valoración del capital. Es el único valor registrado por la contabilidad. Todos los otros métodos derivan de él, excepto aquellos elaborados por medio de valores extraídos del propio mercado (fair value). El mayor pecado cometido por el costo histórico es su desfase de tiempo, haciendo no viable cualquier toma de decisión, cuando las tasas inflacionarias son elevadas; además de la cuestión cambiaria abordada anteriormente. Pero, en este tema es importante resaltar las palabras de Ijiri(5):

“La base del costo histórico no solamente tiene sus obvios significados como un método de valoración de activos, sino también otro significado oculto ... [esto es] el realce de los registros contables... [El] énfasis sobre la base del costo corriente y la introducción de análisis matemáticos ... por la época de 1955 ... tuvo un significado muy importante en la medida en que se abrió un nuevo campo para la contaduría ... [pero] el pensamiento contable mudó para “resaltar los reportes contables”, especialmente en 1966, cuando la Exposición sobre una Teoría Contable Básica (ASOBAT) fue publicada por la AAA”. (Apud: T. Tsumori, p. 202).

Tsumori ve el problema de la medición del capital en forma diferente. Considera este analista que el costo histórico es, incuestionablemente, fruto de las actividades operacionales, y que, por eso, debe ser mantenido. En contrapartida, según Tsumori, la valoración del capital ficcional o capital financiero —ampliación del crédito— especialmente, por medio de las bolsas de valores, debe basarse en criterios estimados (valores razonables) considerándose los servicios potenciales creados por el mercado de capitales. Pero Tsumori no presenta los caminos a seguir por la contabilidad.

En el caso norteamericano, ese cesto de números-índices duró poco tiempo, siendo revocada por las SFAS 82/1984 y SFAS 89/1986, las cuales suprimieron completamente la información relacionada con los cambios de precio (valor corriente) por medio de índices.

Valor presente: opción por el camino financiero y la admisión del fair value

Sin opción para una cesta de números, el FASB, consciente de la creciente importancia del valorpresente (present value) como herramienta útil para la toma de decisiones, comenzó a desarrollar una estructura básica común para la utilización de valores presentes y estimativas de los flujos de caja futuros, apoyada en la medición contable(6). Ese proyecto culminó con la Declaración de Conceptos Nº 7 —Utilización de la información sobre flujos de caja y valor presente en la medición contable, publicada en el 2000. En esta declaración, el áncora de la valoración de activos y pasivos pasa del número índice hacia el valor de mercado, o sea: el justo valor (fair value). Se puede considerar ese período como aun “mantenedor de la política de gerenciamiento por números” pero bajo una forma más sofisticada con la introducción del flujo de caja futuro (descontado).

¿Por qué el cambio radical del número-índice por el valor de mercado?

¿Por qué los norteamericanos cambiaron radicalmente de contabilidad a nivel de precios por la contabilidad en valores presentes? ¿Por qué ellos influenciaron luego muchos países con la corrección del número-índice, abandonaron la contabilidad a nivel general de precio (general price level accounting), o la contabilidad direccionada para la inflación, y adoptaron un nuevo sistema contable, exclusivamente para las fluctuaciones del flujo de caja futuro?

Por varias razones. La primera, porque la inflación en los años 90, se enfrió, cambiando nuevamente la agenda de la investigación; la segunda, porque ellos estaban convencidos de que los índices eran el resultado de medidas que no representaban cosa alguna en términos de valores y nunca alcanzaría un consenso en torno a un índice; la tercera, porque ya se estaban haciendo presión los estudios dirigidos a aquello que estaba estrangulando las corporaciones: la escasez de recursos financieros y la privación de valores (deprival value) en los informes, motivada por los nuevos flujos de capitales, como los derivativos, swaps, etc. El resultado tradicional realizado, según G. Angulo, perderá buena parte de su atractivo como medida del excedente empresarial (p. 253), motivando, así, la elaboración de nuevos instrumentos contables más realistas; y la cuarta, porque los estudios promovidos por varios investigadores anglo-americanos en torno al capital físico y al capital financiero concluirían que el mejor camino sería el capital financiero, pero por medio de valores establecidos por el propio mercado. Nada más realista e incontestable que el valor de mercado.

En realidad, los estudios se orientaron en el sentido de respaldar las normas contables de los FASB, relativas al resultado total (comprehensive Income), como instrumento de corrección de los desfases (pérdidas y ganancias) del capital no realizado, o realizable, por medio del cual sería posible registrar las variaciones nominales del dólar (poder de compra), sin alterar el resultado operacional de la firma.

Por otro lado, los investigadores tenían conciencia de las dificultades de implementar un nuevo modelo de resultados. Carsberg (1982) llegó a sugerir que: “dos resultados podrían ser reconocidos —el resultado total y el resultado de las ganancias— uno definido en relación con el mantenimiento del capital, y el otro en relación con el mantenimiento físico del capital” (p. 64). Pero su sugerencia no fue llevada adelante. Revsine (1982) demostró mayor escepticismo en cuanto a la valoración del capital por cualquiera de las formas, siempre que se hubiese optado por el mantenimiento físico del capital:

“...concluyó que el mantenimiento de ganancias realizables constituye una señal extremamente ambigua. Si las firman alcanzan o no la prosperidad financiera cuando la entrada de costo corriente aumenta, depende de lo que acontezca con los precios futuros [.... Porque, en los escenarios de entradas (costo)/salida (venta), diferentes cambios pueden ocurrir en el mundo real; exactamente la misma señal —mantenimiento de las ganancias realizables— puede significar cosas profundamente diferentes para firmas diferentes e incluso dentro de la misma firma, en puntos diferentes en el tiempo” (p. 92).

La sensibilidad científica de Revsine parece haber vislumbrado la complejidad de las relaciones funcionales de la producción. Pero permaneció apenas en la sensibilidad, no procurando investigar esas relaciones desde el punto de vista teórico. Eso sería hecho por A. Lopes de Sá, diez años más tarde (1992).

Flujo de caja futuro descontado: una base controvertida del valor presente

Butterworth (1982) también se muestra bastante escéptico en cuanto a las bases científicas para la implementación de un instrumento contable regulador del capital de las corporaciones, cuyos fundamentos se apoyen en la previsión de la cantidad futura de moneda disponible (flujo de caja futuro). Es más de lo que Revsine hace, pues profundiza sus posiciones acerca de la incoherencia de los modelos empíricos propuestos por los institutos contables, basados en una sola variable. Pero, él tampoco consiguió inferir un tipo de construcción teórico-contable. Sus reflexiones se hacen en el sentido de que el primer instrumento imaginado como capaz de representar la prosperidad es el flujo de caja futuro (garantía de prosperidad) y que eso es inconsistente sin unas bases científicas. Butterworth, agrega que:

“... En la medida en que no está claro cómo éstos [los flujos de caja futuros] deberían ser previstos, ni por quién, ni cómo ellos podrían ser descontados, entonces, un sustituto de segunda clase debe ser encontrado para tal efecto. En seguida [el contador] adopta una falacia fatal, aparentemente, como consecuencia de algún pensamiento contable genial, que considera que los valores corrientes de los activos son adecuados para la previsión de los flujos de caja futuros. La falacia surge porque los flujos de caja futuros son una función de todos los factores de producción [resalto] y no exactamente del factor activo de capital al cual tienden los analistas. La habilidad de una firma de generar flujos de caja futuros depende de sus contratos laborales, de la cualidad de sus relaciones con esa mano de obra, de sus experiencias gerenciales, de su supremacía tecnológica, de su capacidad de investigación, de sus recursos de investigación y desarrollo, de sus influencias sobre los mercados [...]. Todos estos factores, juntamente con los regímenes de precios que prevalecen en períodos futuros, juegan parte en la determinación de los flujos de caja futuros [...].

Toda la extensión del proceso por la cual la firma obtiene ganancias económicas, puede ser atribuido a todos los factores arriba mencionados, no exactamente a uno de ellos [resalto]. La existencia de relaciones, tanto teóricas cuanto empíricas entre los precios de activos de capital y los flujos de caja futuros es, en la mejor de las hipótesis, extremadamente tenue y no se sustenta convincentemente. Cualquiera puede conjeturar, en ese punto, a qué se debió que los contadores escogieron usar los activos de capital como una base principal para la determinación del resultado contable, en vez de usar tantos otros factores ya referidos, que son, por razones obvias, igual o más importantes en innumerables situaciones específicas” (pp. 106-7).

La lucidez científica de Butterworth es digna de referencia, así los institutos contables estadounidenses, conforme lo previera Butterworth, hayan mantenido sus posiciones exactamente en torno a un único “factor”: el flujo de caja futuro descontado. Las reflexiones de Butterworth pueden ser fortificadas con otras, cuyo tenor científico posee indefectiblemente, mayor consistencia lógica. Veamos:

Sistematización de las impropiedades en la utilización de métodos empíricos sin los fundamentos teóricos

Inicialmente recordemos las palabras de Sterling que, así su silencio frente a tal inconsistencia científica suene como “me lavo las manos”, pueden contribuir a elucidar la falacia de modelos empíricos. En todas las situaciones estudiadas, él consiguió detectar problemas en la aplicación práctica de la medición del capital físico de manera universal. Sterling, entonces, concluyó que:

“El problema básico es que todo puede ser manipulado. Cuando medimos los atributos monetarios, enfrentamos problemas si los activos son no monetarios. i.e. físicos en la forma. Cuando medimos atributos físicos enfrentamos problemas si los activos son no físicos, i.e. monetarios en la forma. Las mediciones físicas (UEC) no resuelven los problemas de medición, sino que substituyen un tipo de problema por otro. Las mediciones físicas no evitan el problema del índice de precios, ellas lo ocultan” (p. 33).

En efecto, en ese aspecto, Sterling estaba en lo correcto: “cualquier cosa puede ser manipulada”. Por ejemplo, buscar un resultado contable que agrade al mercado, negligenciando la complejidad inherente a la actividad de producir bienes y servicios. Basta que todos se convenzan de que aquel resultado es verdadero. El convencimiento de todos se transforma en norma, después en mito, pero no en ciencia. Es posible que el mercado se mantenga sobre esas bases, pero al final, el resultado contable es una construcción, una imaginación. En esta forma, puede ser reconstruido bajo cualquier principio, inclusive bajo el principio-pilar exclusivo del valor justo. Y por medio de este principio re-elaborar toda la estructura contable.

Pero, desde el punto de vista universal, compete a los científicos de la contabilidad verificar si la existencia de una única variable, o un valor (justo), aislado, univalente, esteriliza otras concepciones más amplias y más fecundas bajo la óptica de la función del capital. Es el caso por ejemplo de la teoría de las funciones sistemáticas del patrimonio, elaborada por A. Lopes de Sá (1992), cuando sistematiza el complejo de variables implicado en la actividad de producir. Reexaminemos el modelo de mantenimiento del capital, establecido por medio de la variable cantidad, aplicando los conceptos teóricos de Lopes de Sá. Sterling ya había demostrado la inaplicabilidad del método de mantenimiento físico del capital, de manera empírica (test de contraevidencia), analicemos ahora el mismo método pero a partir de una teoría científica.

Cantidad física y dimensionalidad de las funciones sistemáticas(7)

Si estamos hablando de mantenimiento del capital, entonces, aplicando las tesis de Lopes de Sá, estamos hablando de un “medio patrimonial” (capital) y de una “necesidad” (mantenimiento).

La tesis defendida por los investigadores norteamericanos es que el mantenimiento del capital presupone el mantenimiento de una cantidad física de unidades. Por tanto, la variable cantidad física es el centro que gobierna la prosperidad de las empresas. Pero, de acuerdo con la teoría de Lopes de Sá, lo que gobierna la prosperidad de las empresas es la eficacia de sus funciones sistemáticas, las cuales son autónomas e interactivas. O sea, es necesario que los medios (capital) sean funcionales lo bastante para atender las necesidades (mantenimiento), que poseen finalidades específicas, de acuerdo con las siguientes dimensiones: tiempo, espacio, cantidad , calidad, causa y efecto.

Esas seis variables dimensionales, que Butterworth intentó esbozar empíricamente y que Lopes de Sá teorizó, son los fundamentos teóricos indisociables de las relaciones interactivas de los medios (capital), de las necesidades (mantenimiento) y de las funciones entre ambos (equilibrio interactuante entre capital y mantenimiento). En ese ángulo teórico, las investigaciones empíricas se tornan más complejas de lo que podrían imaginar muchos investigadores contables. En realidad, la magnitud del problema en torno al capital y su mantenimiento ha sido tratado con una negligencia tosca y comprometedora, en la medida en que otras variables fundamentales, además de la cantidad, son despreciadas en el análisis del comportamiento de los flujos interactivos entre el capital y su mantenimiento.

¿Sería posible desarrollar investigaciones empíricas, como en el caso norteamericano, basándose solamente en una de esas variables citadas antes (espacio, tiempo, calidad, cantidad, causa, efecto)? Imagino que sí, pero el resultado sería aberrante, como de hecho lo fue, en ese caso. Alguien podrá desarrollar investigaciones empíricas basándose solamente en la variable calidad, o solamente en la variable espacio, o solamente por medio de las variables causa-efecto, pero todas serían inconsistentes, incluso aberrantes, como se probó en el caso del uso de la sola la variable cantidad.

Cualquier investigación empírica que no tome en consideración todas las seis variables dimensionales estará condenada al fracaso, o será falacia, porque ellas son partes substanciales e indisociables de las relaciones entre el capital y su mantenimiento. La ausencia de cualquiera de ellas implica negligenciar el mundo real de las relaciones de producción (factores de producción, a los cuales hiciera referencia Butterworth).

Por esa razón, considerar apenas la variable cantidad, significa conducir la empresa a la ineficacia, a la rigidez operacional, o sea, a resultados insatisfactorios que precisamente la propia variable cantidad, aisladamente, en solitario, pretendía evitar.

Conclusión

Creemos haber puesto en evidencia, por medio de la teoría de las funciones sistemáticas, no la falsedad, sino la inconsistencia universal de la investigación empírica sobre el mantenimiento físico del capital , basado en una única variable, argumento que ya fuera puesto en duda por medio de instrumentos contraevidentes (test empíricos de Sterling).

La evidencia prueba su inconsistencia universal pero no deroga la posibilidad de su utilización en espacios culturales delimitados. Por ejemplo, algún Estado puede resolver adoptar el mantenimiento físico del capital como convicción ético pragmática, soportando por lo tanto la carga del desequilibrio que tal modelo empírico puede acarrear (por ejemplo, la situación actual de las bolsas de valores). Frente a la falla del modelo, nuevos mecanismos empíricos han sido introducidos en el sentido de recuperar, temporalmente, la credibilidad perdida.

Una sociedad, como en el caso norteamericano, que aplica más de la mitad de sus recursos en acciones, desconoce las fallas del modelo y no posee instrumentos de comparación y para constatar información, tampoco tiene el adecuado conocimiento para tomar decisiones sobre sus inversiones en escenarios cuyos modelos empíricos están en crisis. La sociedad cree que el modelo utilizado es saludable y seguro. Mientras tanto, cuando el modelo falla, esa misma sociedad se encuentra desempleada y sin ahorros, pues éstos ya fueron transferidos por aquellos que sí tenían conocimiento de las fallas.

Por otro lado, compete a los otros Estados, por medio de la ciencia de la contabilidad, aceptar o no el referido modelo empírico. Pero, el hecho es que no siempre la contabilidad científica es quien determina la legitimidad de los modelos empíricos, sino las propias corporaciones, influenciadas por los procesos económicos que también influencian a la sociedad.

El equívoco de la investigación empírica, en el caso norteamericano, parece no explicable por la ausencia de cuerpo teórico de conocimiento científico de contabilidad, por medio del cual ella debería trabajar independientemente de modelos económicos, en busca de seguridad para el inversionista (sociedad). La ausencia de ese cuerpo teórico está sobrecargada de conocimientos no contables o económicos, que establecen el ritmo de las investigaciones contables bajo la óptica de modelos económicos (subsistemas contables), actualmente fijados en interés de las megacorporaciones.

Por esa razón, al compás de la pirotecnia y de la perfumería de los resultados contables, la decisión de utilizar el costo histórico o corriente (físico o financiero) aún está atada a fuertes factores culturales y económicos, hasta que se alcance algo que sea realmente aplicable de manera irrestricta y universal – como las partidas dobles.

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(1) La estructura conceptual es un instrumento de la filosofía de las ciencias para la construcción de la realidad, imaginado por Imre Lakatos, con base en su “metodología de programas de investigación científica”, conocida como MRSP-Methodology of Scientific Research Programs. Lakatos se basa en Thomas Kuhn (1962) para afirmar que el crecimiento del conocimiento científico se encuentra yuxtapuesto a los programas de investigación que conducen a una cierta continuidad de la estructura conceptual. FASB adoptó el mismo instrumento para elaborar una propuesta conceptual contable.

(2) Corporaciones bajo moldes similares a aquellas norteamericanas, fueron creadas en el mundo entero y fundadas bajo los mismos principios contables y orientadas por los mismos conglomerados de auditoría (big five), lo que nos lleva a creer que otros escándalos financieros pueden eclosionar en diversos países. Es el caso, por ejemplo de la Vivendi Universal francesa, del ramo de las telecomunicaciones que, desde finales del 2001, viene ocultando pérdidas del orden de los dos billones de euros y que está orientada por la misma empresa de auditoría que continúa robando en el mundo de las finanzas: la Arthur Andersen.

(3) En la Revolución Industrial, la producción de bienes y servicios atendía tan solo el retorno lucrativo en relación con el capital aplicado a producirlos.

(4) El número de fusiones empresariales ha caído a los niveles más bajos de la década. “Comparadas con el PIB, las fusiones han sufrido el mayor retroceso desde que se comenzó a decidir con los dados en los años 70 [...]. Algunos especialistas están preocupados con una amenaza aún mayor: que las grandes fusiones estén quedando fuera de moda y que el negocio de las fusiones podría estar enfrentando un cambio fundamental [...]. Algunas de las principales fusiones de los años 90 comenzaron a mostrar sus lados negativos. La AOL Time Warner, JDS Uniphased Corp. y la Vivendi Universal, asumieron encargos de billones de dólares para revertir la caída del valor de los activos que adquirieron en el auge de sus cotizaciones” (The Wall Street Journal, por Robert Frank, 22/06/2002; apud: “Las fusiones en su peor momento desde los 70 en Estados Unidos”, INFOAECA,

Noticiero de Finanzas, 96, 27/06/2002.

(5) Ijiri tuvo que alterar su trayectoria de investigación de cuño visiblemente matemático, por causa de la relevancia dada a los informes contables. Muchos investigadores tuvieron que alterar sus conductas de investigación para acompañar las políticas introducidas por los institutos contables.

(6) Miller y Bahnson (1996, pp. 94, 96 y 98) citan defectos en la aplicación del valor presente en siete pronunciamientos previos) (apud: Zeff, p. 82).

(7) Para una mejor comprensión de los argumentos aquí presentados, recomendamos la lectura de la obra de Lopes de Sá: “Teoría General del Conocimiento Contables”, IPAT-UNA, 1992.