Diálogos

“Multinacionales estarán forzadas a ser más conservadoras en sus planificaciones fiscales”

Revista Nº 199 Ene.-Feb. 2017

Javier Nelson Rojas 

Especial Revista Impuestos 

Las firmas transnacionales deben replantear sus estrategias de planeación fiscal, porque de acuerdo con el proyecto BEPS de la OCDE, que busca atacar la erosión de la base tributaria y el traslado de utilidades, algunas de sus operaciones podrían calificarse como carentes de genuina sustancia económica por la administración tributaria que las vigila en cada país, advierte MARCIAL GARCÍA, experto peruano en derecho tributario internacional, quien participó como conferencista en el V Congreso Colombiano de Tributación Internacional, organizado en noviembre del 2016, en Bogotá, por la Asociación Fiscal Internacional (IFA, por su sigla en inglés), capítulo Colombia, con el apoyo de Actualización Profesional (AP) Legis.

REVISTA IMPUESTOS: ¿La utilidad de la figura de precios de transferencia puede ser desplazada por medidas del proyecto BEPS que promueve la OCDE? 

Marcial García: No, porque cuatro de las quince medidas del plan BEPS (iniciativa para evitar la erosión de bases imponibles y el traslado de beneficios de las multinacionales) tienen que ver con precios de transferencia. Muchas de las administraciones tributarias temen que los precios de transferencia puedan ser utilizados para llevar utilidades a otros países. No hay que descalificar tales acciones por sí mismas, sino que se debe analizar la naturaleza, la sustancia económica de las operaciones, para determinar si estas transferencias se justifican.

R. I.: ¿Por qué han perdido eficacia los precios de transferencia? 

M. G.: A través de los años, las empresas multinacionales desarrollaron planeamientos tributarios, cada vez más sofisticados y agresivos, y se dieron cuenta de que valiéndose de las inconsistencias de los sistemas tributarios del mundo podían sacar provecho para pagar pocos impuestos o no pagarlos. Ha habido mucho abuso, es la realidad de las cosas. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en reconocimiento de que esto ha venido ocurriendo, ha salido al frente con el proyecto BEPS para evitar esas estrategias de planificación fiscal agresivas y abusivas en la aplicación de la ley.

R. I.: ¿Cuáles eran las debilidades de la figura de precios de transferencia antes del BEPS? 

M. G.: En general, el problema se suscita como consecuencia de la falta de coherencia entre los regímenes tributarios del mundo. Y la OCDE, en su creación, en la década del sesenta, estuvo muy enfocada a evitar situaciones de doble imposición internacional, es decir, a que las compañías pagaran impuestos dos veces sobre la misma renta. Y por eso se crea el modelo de convenio para evitar la doble imposición de la OCDE, en el cual las guías de precios de transferencia buscan impedirla. Pero, la OCDE está cambiando de paradigma y se ha enfocado en evitar situaciones de doble no imposición internacional. O sea, a pesar de que durante cincuenta años se enfocó en evitar que la doble imposición se convirtiera en una barrera para el comercio internacional, en general, y para el movimiento de inversiones y de personas, ahora se está enfocando en prevenir situaciones de abuso, en evitar que las compañías, artificialmente, puedan reducir su carga impositiva.

R. I.: ¿Antes de comenzar la aplicación de precios de transferencia se debieron armonizar las legislaciones tributarias del mundo en esa materia? 

M. G.: Es lo que está promoviendo la OCDE. En buena cuenta, está proponiendo reglas más claras, armonizadas y coherentes. Pero, las recomendaciones de la OCDE son solo recomendaciones. Esta no tiene potestad tributaria, no tiene la capacidad para crear normas en los países. Por lo tanto, estos cambios tienen que implantarse a través de reformas legislativas en cada uno de los países. En principio, están alineados los países del G20 (Grupo de los 20), los países de la OCDE, los países asociados para BEPS que están en camino a formar parte de la OCDE como Colombia, Perú y otros. Se busca evitar estas inconsistencias con la creación de regímenes tributarios que sean consistentes, coherentes, entre sí.

R. I.: Pero, ¿cómo generar presión en todos los países para que refinen esas normas sobre precios de transferencia? 

M. G.: Esas estrategias de las firmas multinacionales no afectan solamente a los países desarrollados, también a los países en vía de desarrollo. Y estos tienen que, como uno de los grandes retos, mejorar la recaudación a través de esos nuevos mecanismos para depender en menor medida de los precios de las materias primas. Nuestros países entran en crisis cada vez que los precios de estas se desploman. Estábamos en bonanza, por lo menos en Perú, hasta el 2011, crecíamos a tasas hasta del 10% al año. Los precios de las materias primas empiezan a caer a mediados del 2011 y ahora las tasas de crecimiento, no solamente en Perú, sino en toda la región, caen significativamente y la recaudación disminuye en la misma medida. Entonces, uno de los grandes retos de nuestros gobiernos es conseguir una mayor recaudación en el nuevo contexto internacional y esta propuesta de la OCDE va en línea con ese objetivo.

R. I.: ¿Cuándo se establecieron las normas sobre precios de transferencia en Perú?

M. G.: En el 2001, pero solo desde que se impusieron sanciones en el 2004, las compañías empezaron a cumplir con las obligaciones en la materia. Ya tenemos unos quince años con reglas al respecto.

R. I.: ¿Las sanciones resultan fundamentales para que se cumplan las normas? 

M. G.: Sí, en nuestros países. Entre el 2001 y el 2004, simplemente, hubo un desfase y nadie cumplió en ese periodo. Pero ahora sí. Y no solamente se debe a las sanciones, sino a que estas sean impuestas por la autoridad tributaria; si no hay fiscalizaciones, las compañías no tienen la sensación de riesgo y tampoco cumplen. Es parte de nuestra cultura, no solamente en Perú, sino en Latinoamérica, que el contribuyente debe recibir una sanción importante y, además, hacerle saber que le pueden llegar las autoridades tributarias. En Estados Unidos está muy mal visto, culturalmente, dejar de pagar impuestos. En nuestros países no. Y se puede pensar que, en esa nación, el Servicio de Rentas Internas (IRS, por su sigla en inglés) fiscaliza al cien por ciento a los contribuyentes y eso no es así. Allá un porcentaje muy pequeño de contribuyentes es fiscalizado. Pero, si detectan a algún evasor, es un problema grave. Esa cultura tributaria, por lo menos en el Perú, no la tenemos y esto tiene que trabajarse bastante.

R. I.: ¿Pero la evasión parecer ser un comportamiento universal? 

M. G.: Muchos de estos planeamientos, en realidad, vienen de países desarrollados. No puedo contar la cantidad de veces que me he opuesto (como consultor empresarial) a ciertas estrategias de planificación fiscal agresiva, diseñadas por estadounidenses. Uno puede manejar la legislación y se debe buscar la forma de que una empresa pague menos impuestos, pero en el marco de la ley. No se pueden hacer cosas que no se apeguen a esta. No se pueden diseñar estrategias que finalmente le den la vuelta a la ley. Y esto se ha venido haciendo por mucho tiempo. Es incorrecto, y ahora la corriente mundial se orienta a poner freno a este tipo de prácticas.