Naturaleza jurídica de accidentes ocurridos en eventos deportivos

Revista N° 159 Mayo-Jun. 2010

Álvaro Diego Román Bustamante 

Asesor laboral y seguridad social 

Profesor universitario y máster en seguridad social 

Por regla general, un número importante de empresas organizan eventos deportivos para sus colaboradores, campeonatos internos, etc., en desarrollo de los cuales, se producen accidentes a los trabajadores que participan en ellos; sobre el particular se ha venido generando una polémica entre las administradoras de riesgos profesionales y las entidades promotoras de salud, respecto de la naturaleza jurídica de dichos eventos, ya que las primeras alegan que se trata de un evento común y las segundas de un accidente de carácter profesional. A continuación, algunas reflexiones con las que se pretende aportar elementos para una discusión:

Premisas acerca del desarrollo de las actividades deportivas en las empresas

1. Usualmente, las áreas de gestión humana organizan eventos deportivos, en desarrollo de una política integral de bienestar, desarrollo e integración de sus trabajadores.

Las empresas se encargan directamente de la organización logística de dichos eventos, o en ocasiones contratan a terceros para tal efecto.

2. Por regla general, la participación de los colaboradores, en las diferentes actividades deportivas, es libre y voluntaria.

3. La realización de dichas actividades, en la mayoría de los casos, no guarda ninguna relación con el trabajo o las funciones de los colaboradores participantes en dichos eventos.

4. Es claro que el hecho de participar en tales eventos deportivos, genera derechos, cargas y obligaciones al partícipe, pero única y exclusivamente en el marco de dichos eventos, v.gr. asistir a los partidos, realizar entrenamientos, etc., derechos y obligaciones completamente ajenos al campo de aplicación de la “subordinación laboral”, ya que el incumplimiento de las obligaciones adquiridas en el marco de estos eventos, no genera, en la mayoría de los casos, ningún tipo de consecuencia disciplinaria. Estos deberes y obligaciones, tienen que ver más con el cuidado de la salud de los participantes y con el sentido de responsabilidad que implica la participación en los mismos, frente al esfuerzo institucional en la organización de ellos.

5. La participación en dichos eventos se llevan a cabo por fuera de su jornada y usualmente por fuera del sitio de trabajo, en días no hábiles laboralmente.

6. Las empresas en la generalidad de los casos simplemente apoyan la organización logística de tales eventos deportivos.

Con estas premisas de carácter general (obviamente puede haber variaciones dependiendo del tipo de empresa) procedamos a examinar si los accidentes que se producen en el curso de estos eventos deportivos, podrían considerarse como profesionales.

I. Concepto y elementos del accidente de trabajo

a. Concepto accidente de trabajo. La definición de accidente de trabajo, consagrada en los artículos 9º y 10 del Decreto 1295 de 1994, fue declarada inexequible por la Corte Constitucional mediante Sentencia C-858 de 2006. En reemplazo de dicha definición se ha venido aplicando la Decisión 584 de la Comunidad Andina de Naciones, norma supranacional, que en términos generales consigna la misma definición del Decreto 1295 de 1994. Esta norma no hace referencia al accidente in tinere, ni al accidente de trabajo deportivo, contemplado en el artículo 10 del Decreto 1295 de 1994. Solo contamos con la definición de accidente de trabajo contenida en la Decisión 584 de 2004, que señala:

Accidente de trabajo. Es accidente de trabajo todo suceso repentino que sobrevenga por causa o con ocasión del trabajo, y que produzca en el trabajador una lesión orgánica, una perturbación funcional, una invalidez o la muerte. Es también accidente de trabajo aquel que se produce durante la ejecución de órdenes del empleador, o durante la ejecución de una labor bajo su autoridad, aun fuera del lugar y horas de trabajo. La legislación de cada país podrá definir lo que se considera accidente de trabajo respecto al que se produzca durante el traslado de sus trabajadores desde su residencia a los lugares de trabajo o viceversa”.

Esta es la definición con la que se cuenta actualmente; por tanto no es viable acudir a los criterios contemplados en el artículo 10 del Decreto 1295 de 1994, sobre accidentes de trabajo en eventos deportivos, dado que dicha norma no está vigente y no ha sido reproducida legislativamente.

Recordar que esta normativa señalaba que: “... No se consideran accidentes de trabajo: a) El que se produzca por la ejecución de actividades diferentes para las que fue contratado el trabajador, tales como labores recreativas, deportivas o culturales, incluidas las previstas en el artículo 21 de la Ley 50 de 1990, así se produzcan durante la jornada laboral, a menos que actúe por cuenta o en representación del empleador…(D. L. 1295/94, art. 10, lit. a)).

Esta expresión “por cuenta” desafortunada en mi sentir, estaba siendo interpretada y sigue siéndolo en el sentido de que cualquier apoyo del empleador a sus colaboradores, en eventos deportivos, aunque no conllevase ningún tipo de representación, siempre y cuando estuviera dentro la órbita de la subordinación laboral, determinaba clasificar como profesionales los accidentes ocurridos en dichos eventos.

Ahora, para dilucidar si un accidente producido en un evento deportivo es profesional o común, es menester analizar el alcance de la mencionada Decisión 584 de 2004 de la CAN, resultando entonces inoperante la discusión acerca del alcance que habría que dársele a la expresión “por cuenta”, la cual de todas maneras y en aras de cualquier discusión no tendría el alcance que le han pretendido otorgar, esto es, que la sola participación o patrocinio del empleador en estas actividades determine la calificación del accidente ocurrido en este contexto como profesional.

b. Elementos de la noción de accidente de trabajo. Según la definición actualmente vigente, un accidente solo podrá configurarse como laboral, cuando se demuestre la existencia de estos tres requisitos: (1) La ocurrencia de un suceso repentino; (2) Que ese hecho ocurra por causa o con ocasión del trabajo; y (3) Que el evento, acaecido por causa o con ocasión del trabajo, produzca en el trabajador una lesión orgánica, una perturbación funcional, la invalidez o la muerte. Los elementos anteriormente mencionados, deben estar presentes en cualquier acontecimiento que pretenda ser calificado como accidente de trabajo.

Un accidente ocurrido durante un evento deportivo se considera repentino, cuando acaece de pronto, de manera impensada, y no prevista, v.gr. una lesión ocasionada dentro de un campeonato deportivo, etc.

En relación con el segundo elemento, esto es, que el suceso repentino ocurra por causa o con ocasión del trabajo, cabría preguntarse: ¿Los eventos deportivos, o las actividades recreativas, culturales y artísticas que desarrollan los trabajadores de una empresa, con la aquiescencia expresa o tácita del empleador, con su patrocinio o respaldo total o parcial, dentro de la relación laboral, podrían enmarcarse dentro un concepto amplio de “trabajo”? ¿Podría entenderse que dichas actividades, aunque no forman parte de la labor contratada, ni hagan parte de las obligaciones contractuales, legales o reglamentarias, ni emanen de la esencia o la naturaleza del contrato de trabajo, hacen parte integral del concepto “trabajo” en sentido lato o genérico, al tener su causa en el contrato o relación laboral? ¿Se podrían entender acaso como trabajo en sentido genérico, un partido de fútbol en un campeonato amistoso entre colaboradores, o una representación teatral, o un concierto musical de los trabajadores que integran el coro de la entidad, solo por el hecho de que el empleador ofrezca un patrocinio, un respaldo económico a su trabajador?

La respuesta viene dada por: el ejercicio de parte del empleador en estas actividades, de cualquier género de autoridad o subordinación jurídica, y la creación por su parte de cualquier tipo de riesgo para sus trabajadores.

Es normal en la mayoría de las empresas, la existencia y promoción de una serie de actividades que hacen parte de variadas políticas de desarrollo y bienestar de sus trabajadores (teatro, música, deportes, etc.) actividades que no pueden confundirse con las labores para las cuales ha sido contratado el trabajador, es decir, aquellas que nada tienen que ver con el objeto del contrato laboral. Todas estas actividades recreativas, culturales, artísticas, como grupos de teatro, coros musicales, equipos deportivos, tienen su causa evidentemente en la relación de trabajo, pero en sentido estricto no puede afirmarse de ellas que “son trabajo”, sino simples actividades que complementan y estimulan el desarrollo armónico e integral de los trabajadores, en cuanto personas, en otras facetas no laborales de su personalidad; frente a ellas no dimanan los poderes propios de la “subordinación laboral”, como el disciplinario o sancionatorio, ya que tales actividades, por regla general son ejercidas de manera voluntaria, libre y espontánea por quien las realiza y su realización o abstención, no genera consecuencias jurídicas laborales adversas para el trabajador. Por su parte, el empleador no es el generador del “riesgo” en tales actividades, ni se está lucrando económicamente de las mismas.

En este orden de ideas por ejemplo, el accidente ocurrido a un ingeniero contratado para manejar los sistemas de información de la empresa, mientras actuaba en una obra de teatro del grupo de la empresa, no podría considerarse, en principio, profesional. O tampoco el accidente acaecido al abogado interno, en el curso de una presentación del grupo musical de la entidad, que esta patrocina. De igual manera tampoco serían laborales, los accidentes ocurridos en el transcurso de eventos deportivos, aunque estos hayan sido patrocinados u organizados parcial o totalmente por el empleador, por la simple y llana razón que estas actividades, no pueden considerarse como de “trabajo”; de esta manera, el suceso repentino no guarda ninguna relación de causalidad con el trabajo.

Ello es así, porque tales actividades, no forman parte del umbral de la relación de trabajo, no son objeto del contrato de trabajo, no pueden ser consideradas como trabajo, ni siquiera entendiendo este dentro de una concepción amplia y general; en efecto, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, por trabajo se entiende … aquel esfuerzo personal para la producción y comercialización de bienes y/o servicios con un fin económico, que origina un pago en dinero o cualquier otra forma de retribución. Es un proceso o etapa de una obra de un proyecto para la formación de un bien de capital. Labor, deber, relación y responsabilidad que debe realizarse para el logro de un fin determinado y por el cual se percibe una remuneración, es decir, trabajo es aquel esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza. Se mira como oposición al capital…”.

En términos de la actual ciencia económica, el trabajo es considerado como toda actividad humana que busca producir en conjunto con el capital y la tierra; el trabajo es un factor de producción, fuente de progreso y riqueza. A la luz de nuestra legislación laboral, el trabajo se define como toda actividad humana libre, ya sea material o intelectual, permanente o transitoria, que una persona natural ejecuta conscientemente al servicio de otra, y cualquiera que sea su finalidad, siempre que se efectúe en ejecución de un contrato de trabajo…” (CST, art. 5º).

En este orden de ideas, dentro de la definición del término “trabajo”, hay que señalar que este no se refiere exclusivamente a la obligación de realizar la labor prometida, sino que involucra todos aquellos aspectos inherentes, conexos, complementarios y accesorios al cumplimiento de la obligación laboral principal pactada, aspectos sin los cuales no podría llevarse a cabo dicha labor. Por ejemplo, el desplazamiento entre diferentes sitios de la empresa, o cualquier actividad de capacitación para el cabal cumplimiento de las funciones encomendadas, y en general, todas aquellas actividades que entren dentro del marco de la potestad subordinante. En este sentido, por supuesto, cabrían aquellas actividades extraordinarias exigibles en circunstancias excepcionales; las cuales, si bien no hacen parte usual del trabajo comprometido, sí están ligadas con este, de modo que son generadoras de riesgos profesionales.

Pero igualmente de otro lado, también hay que concluir que hay ciertas actividades que desarrollan los trabajadores subordinados al servicio de un empleador, que por su misma esencia no podrían catalogarse, ni lejanamente, como trabajo, ni asimilarse a labores conexas o accesorias a este, o de medio para su realización, o cuya ejecución tenga que ver con el objeto social del empleador; o que las mismas le generen directa o indirectamente un beneficio económico, razón primera y última del servicio contratado.

Dentro de estas se catalogarían las deportivas, recreativas, culturales, que como su nombre bien lo dice su finalidad no es propiamente la del beneficio del empleador, o la generación de riqueza para este, más bien le pueden ocasionar gastos, etc. Cosa bien distinta es que surjan a consecuencia de una relación laboral, pero ellas están por fuera del contexto de la subordinación del empleador, de su potestad, de su autoridad. Simplemente se ofrecen, como en el caso de la mayor parte de las empresas, como un beneficio a través de una política de bienestar de personal, pero en nada guardan relación con las labores contratadas.

Los eventos recreativos, por regla general, no pueden enmarcarse ni siquiera en sentido amplio, dentro del concepto “trabajo”, pese a que la realización de aquellos, tenga como génesis la vinculación laboral de la persona a un determinado empleador. En este sentido y en sana lógica, no podría entenderse que tales accidentes se producen por causa o con ocasión del trabajo. Pero, ¿qué ha de entenderse por causa o con ocasión del trabajo?

Según el Diccionario de la Real Academia, por causa se entiende: aquello que se considera como fundamento u origen de algo; es decir, cuando decimos que el accidente se produce por causa del trabajo se quiere significar que el mismo guarda una relación directa entre la actividad concreta para la cual fue contratado el colaborador y la lesión sufrida por este (C.E., Sent. ago. 21/97). Por “causa” del trabajo quiere decir, que las lesiones sufridas por el trabajador, tienen un origen directo, su fundamento, en la actividad para la cual fueron contratados.Se da una relación directa de causalidad entre el accidente y la labor desempeñada, v.gr. el mensajero a domicilio, que se cae de la bicicleta, o que es atropellado. El conductor de familia que se estrella; el operario de una máquina, en la que el trabajador al quedar enganchado pierde un miembro, etc. Así las cosas, es concluyente que en los accidentes deportivos no existe ninguna relación de causalidad entre las lesiones producidas y las labores contratadas.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, define ocasión como: “… oportunidad que se ofrece para ejecutar o conseguir algo. Causa o motivo porque se hace o acaece algo…”, es decir, el accidente ocurre “con ocasión” del trabajo, cuando este, es el que genera la oportunidad, la circunstancia para la ocurrencia del accidente. La sentencia arriba citada, lo concreta bien al señalar que “... un accidente “ocurre” con ocasióndel trabajo, cuando existe una relación indirecta entre los daños sufridos por el trabajador y el trabajo contratado. El trabajo, obra simplemente como una circunstancia para que aquel sobrevenga. Ocasión al efecto, vale tanto como motivo, oportunidad coyuntura…”.

Con la expresión “con ocasión”, se quiere significar todos aquellos accidentes que ocurren no solamente cuando el trabajador está dedicado a sus actividades normales, circunstancia en la que le pueden sobrevenir un accidente, no por causa de su trabajo, sino por la coyuntura de estar haciéndolo v.gr. los trabajadores que se encuentran en la cafetería de la empresa tomando un refrigerio de media mañana y explota una pipeta de gas en la cocina que les genera daño; el profesional contable a quien se le cae un lámpara en la cabeza generándole una fractura encefalocraneana, etc. En estos eventos, el accidente no ocurre a consecuencia de la labor que están ejecutando, sino que su labor es la ocasión, la oportunidad para que el accidente se haya concretado.

Pero adicionalmente, no solamente ha de entenderse que el accidente ocurre con “ocasión”, cuando se está en ejercicio estricto de la labor contratada, y en razón de dicha circunstancia acontece el insuceso como en el caso de los ejemplos mencionados, sino que además, han de incluirse todas aquellas actividades conexas, accesorias y complementarias, de medio, para realizar el trabajo contratado, así no sea su labor ordinaria, siempre y cuando exista alguna relación entre el evento generador del accidente y la actividad económica del empleador, v.gr. va a visitar a un compañero en otra oficina, ubicada en sede diferente del edificio y se accidenta; está subiendo o bajando las escale ras de su edificio, entrando o saliendo del mismo y le acontece el suceso repentino; se encuentra en “disponibilidad”, como en el caso de los vigilantes y otras profesiones que así lo exigen. En estos eventos, puede que el accidente sobrevenga sin que el colaborador esté realizando su labor habitual, pero, se encuentra dentro del marco de la subordinación jurídica, de suerte que su actividad guarda estrecha relación con el trabajo contratado en beneficio del empleador en lo que se refiere al ejercicio de su actividad económica.

Nótese de lo dicho, que el concepto amplio de trabajo, sí guarda estricta relación con el propósito o beneficio económico del empleador. En este sentido, las actividades recreacionales (deportivas, culturales, etc.), no puede predicarse este nexo causal, ya que ellas no son en beneficio directo del empresario, sino del colaborador.

Por otro lado, hay que ser claros en el hecho de que si en cualquiera de estas actividades el empleador fuera quien impusiese las condiciones de acceso a las mismas, otorgara su patrocinio y ofreciera su organización íntegra, encuadrándolas dentro del marco de la subordinación laboral, elevándolas al más mínimo nivel de obligación o deber para sus colaboradores, derivando cualquier tipo de consecuencia disciplinaria por su incumplimiento, indiscutiblemente que el empleador estaría generando un riesgo, por el cual debe responder, a través del sistema de riesgos profesionales, obviamente si cumple con su obligación de afiliación y pago de aportes al mismo, de lo contrario será él directamente responsable de cubrir el infortunio.

Así las cosas, los accidentes derivados de actividades deportivas, culturales y recreativas serán profesionales, cuando ellas se ejecuten por orden del empleador, en su representación, ya que aquí entrarían dentro de la órbita de la subordinación jurídica y del riesgo creado.

A propósito del “riesgo creado”, vale la pena mencionar que la consagración de la seguridad social como un servicio público de carácter obligatorio, el legislador en materia de riesgos profesionales, incursionó en la teoría universal o mayoritariamente acogida de la presunción de responsabilidad del patrono por el riesgo creado con su empresa, descartando el concepto de culpa.

La teoría del riesgo profesional o de la responsabilidad objetiva consiste en que toda actividad implica para quien la ejecuta o contribuya a ejecutarla, un determinado género de riesgos de los cuales se deriva una presunción de responsabilidad a cargo de quien crea dicha actividad o se beneficia de ella, en este caso el empleador.

Esta teoría del riesgo creado, se desarrolló en la Ley 100 de 1993, en especial el Decreto 1295 de 1994, normativa que introdujo modificaciones sustanciales a las disposiciones del Código Sustantivo del Trabajo en el capítulo II sobre “Accidentes de trabajo y enfermedades profesionales”, tanto en lo que atañe a las definiciones de enfermedad profesional y accidente de trabajo, como en lo relacionado con las obligaciones del empleador.

La Corte Suprema, en sentencia del 19 de febrero de 2002, a raíz del terremoto de Armenia, en el caso de un trabajador en comisión que se encontraba desarrollando actividades laborales en dicha ciudad, delimitó este concepto de la siguiente manera, estableciendo la teoría del riesgo creado y la responsabilidad objetiva, que no da lugar a eximentes; en efecto:

La aplicación de la teoría del riesgo profesional o responsabilidad objetiva en cierto sentido hizo a un lado la noción de culpa del empleador, que por ello dejó de ser indispensable para comprometer o no la responsabilidad del mismo, de donde surgió, como lógica consecuencia de esa teoría, la obligación de reparar el daño ocasionado por el riesgo profesional, aunque mediara el hecho del trabajador (salvo el doloso o gravemente culposo), el hecho de un tercero o la fuerza mayor; y el legislador tarifó el resarcimiento del daño. Por eso ahora, si el accidente ocurre por causa o con ocasión del trabajo, aunque ese acontecimiento corresponda a un imprevisto o suceso repentino al que es imposible resistir, el empleador, aun así, queda comprometido en su responsabilidad”.

¡Ojo! aquí lo importante es que el hecho repentino ocurra por causa o con ocasión del trabajo, caso en el cual se genera el riesgo profesional y la responsabilidad objetiva, sin lugar a exoneración de la misma.

Como analizamos los accidentes en eventos deportivos o recreativos, por regla general no guardan ninguna relación con la actividad económica del empleador, no hacen parte de la órbita del trabajo, y por tanto no podrían catalogarse como profesionales, ya que dentro de la teoría del riesgo creado acabada de mencionar, no es el empleador quien crea el riesgo, es el colaborador quien de manera libre, voluntaria y espontáneamente se somete a él.

Esta posición la corrobora el artículo 8º del Decreto 1295 de 1994, el cual se encuentra vigente, cuando señala con claridad que “…Son riesgos profesionales el accidente que se produce como consecuencia directa del trabajo o labor desempeñada, y la enfermedad que haya sido catalogada como profesional por el Gobierno Nacional”.

Para finalizar habría que decir que si se pretendiese interpretar con base en la definición de accidente de trabajo que venimos comentando, que señala en uno de sus apartes que “...Es también accidente de trabajo aquel que se produce durante la ejecución de una labor bajo su autoridad, aun fuera del lugar y horas de trabajo…”, la ejecución de actividades recreativas, específicamente las deportivas, como “labores bajo la autoridad del empleador, prestadas por fuera del lugar de trabajo y horario laboral” tal interpretación no sería de recibo ya que en sentido estrictamente etimológico el vocablo labor, según la definición del diccionario es sinónimo de trabajo, labor se entiende como la acción de trabajar, y los eventos deportivos, según se ha explicado hasta la saciedad no son trabajo; esta hipótesis dentro de un contexto coherente y racional corresponde a labores prestadas en comisión de los trabajadores, dentro de un esquema de subordinación.

II. Conclusiones

En primer lugar, existe el criterio por parte del Ministerio de la Protección Social, de considerar que cuando el empleador patrocina, paga o respalda de cualquier forma los eventos deportivos, por ejemplo, financiando uniformes, pagando el desplazamiento de los jugadores, etc., se está frente a un evento de carácter profesional en caso de accidente. Si no se demuestra ninguna intervención del empleador en dichos eventos, el accidente sería de origen común; considera dicha entidad gubernamental, que la participación del empleador en la forma señalada está generando un riesgo, razón por la cual se cataloga como profesional el evento que ocurra, concepto no vinculante que respeto pero no comparto. En efecto:

Por las razones expuestas, no podría concluirse que los eventos ocurridos en actividades recreativas, específicamente en programaciones deportivas, puedan considerarse laborales, ya que se ofrecen conforme al derecho de esparcimiento que dentro de las políticas de bienestar, derecho discrecional, de libre ejercicio se hacen por parte de cada colaborador. No existe obligación laboral para el trabajador que decida participar en estos eventos deportivos; se trata de un acto voluntario; por supuesto, que una vez ejercido libremente este derecho, lo natural es el cumplimiento del compromiso adquirido, obligante no en cuanto al trabajo con la empresa se refiere, sino dentro del evento deportivo.

En este orden de ideas, si no existe la orden de vincularse a los eventos deportivos, ni asistir a los mismos, ni se tienen consecuencias desde el punto de vista disciplinario, el incumplimiento puede generar consecuencias desde el punto de vista de participación futura en dichas actividades, asunto que no guarda ninguna relación con el incumplimiento de las obligaciones laborales. En otras palabras no existe nexo causal entre la ocurrencia de un accidente durante uno de estos eventos deportivos y el trabajo, sino una mera casualidad. No pueden considerarse como de trabajo para efectos de la calificación jurídica laboral del hecho, ya que no se trata de actividades propias o inherentes a las labores convenidas.

Dichas actividades están por fuera de la “subordinación jurídica”, no se ha generado riesgo a los trabajadores, ya que se trata de actividades voluntarias, generalmente por fuera de la jornada y sitio de trabajo. Es decir, los accidentes ocurridos a los colaboradores en este tipo de actividades, ocurren por fuera de un deber u obligación laboral; se dan dentro del marco legítimo y absolutamente discrecional del ejercicio de sus derechos recreacionales. No puede señalarse que ocurren por causa o con ocasión del trabajo.

Pero además, debe señalarse, que la obligación que tienen los empleadores de brindar seguridad y protección en el ambiente donde deba cumplir el trabajador sus obligaciones laborales (CST, arts. 56 y 57), no comprende en principio otros ámbitos, como aquellos en los cuales, los trabajadores ejercitan libremente sus derechos recreacionales; si tales actividades se llevan a cabo por fuera de la empresa, hay que agregar que el desplazamiento a estos lugares corre por cuenta y riesgo de los trabajadores, con base en compromisos adquiridos con sus compañeros, no con el empleador.