Necesidad de la nueva contabilidad ESA (económica-social y ambiental). Una aproximación

Revista Nº 70 Abr. Jun. 2017

Víctor Manuel Lang 

(Argentina) 

Contador Público Nacional. UNL-Argentina.

Máster en Administración y Dirección de Empresas. ITAE-España.

Integrante del Consejo Asesor del CECYT de la Federación Argentina de Profesionales de Ciencias Económicas.

Resumen

Los problemas socio-medioambientales derivados de la relación empresa socio-medioambiente y la concomitante participación de los gobiernos, son cada vez más frecuentes y de mayores dimensiones. Esto, unido a la creciente demanda de los usuarios de la información contable, sobre aspectos sociales y medioambientales relacionados con la empresa y con el entorno, va a suponer la necesidad para la misma de informar a terceros sobre la incidencia que su actividad provoca sobre este, y sobre la actitud adoptada por la empresa para evitar, reducir o en su caso reparar los daños causados.

Palabras clave:

Contabilidad económica, social y ambiental; Responsabilidad social ambiental empresarial; Usuarios de la información.

Contenido

Introducción

1. Sujeto o entidad

2. La propiedad, una cuestión mayor

3. Los usuarios de la información financiera

4. Responsabilidad social-ambiental-empresarial (RSAE) (ex RSE)

5. La información socio-ambiental y la contabilidad social ambiental

Conclusiones

Bibliografía

Introducción

Así como la rápida evolución de los negocios, la globalización y las TIC han ocasionado una nueva y creciente necesidad de mayor información por parte de los diferentes usuarios de las entidades en términos financieros y económicos. La creciente concienciación en torno al cuidado del medio ambiente está creando el mismo fenómeno con relación a este tipo de información.

En este sentido, las entidades, así como los profesionales de la contaduría pública, deben prepararse para responder a la creciente demanda de este tipo de información, la cual está siendo solicitada no solo por sus usuarios individuales (accionistas, clientes, empleados, etc.), sino por colectivos sociales, que en busca de un mayor bienestar común, ponen dentro de sus requerimientos de rendición de cuentas, aspectos sobre los efectos en el medio ambiente de la actividad económica de las diferentes entidades.

Por esta razón, será necesario la determinación de una nueva separación de elementos de los estados financieros, con el fin de determinar, activos, pasivos, ingresos, costos y gastos relacionados con el medioambiente.

En este escrito, partiendo de la determinación de la entidad que informa, siguiendo con una breve reflexión del concepto de propiedad y de las nuevas necesidades de información de tipo ambiental de los usuarios de esta, se determina de manera muy preliminar aún, la necesidad de la aplicación de una contabilidad que sea capaz de medir los beneficios y costos ambientales originados en las entidades que conforman la sociedad. Este campo de acción de la contabilidad, como ciencia social, deberá ser desarrollado en el futuro y con seguridad será fruto de nuevos escritos.

1. Sujeto o entidad

En el marco conceptual AECA 2003/4 se indica que: “La entidad contable, como sujeto emisor de información financiera, no coincide necesariamente con la personalidad jurídica. En consecuencia, una entidad contable puede ser un sujeto jurídicamente independiente o un conjunto de tales sujetos. (…) La entidad contable está constituida por un conjunto de factores de producción, en los que se concentran intereses de un amplio espectro de estamentos, entre los que se incluye la colectividad, globalmente considerada”.

La evolución de los conceptos de sujeto contable, entidad informativa o entidad contable, ha pasado desde una opción eminentemente mercantilista como es la de la propiedad legal, hacia una utilización de planteamientos económicos basados en el enfoque del fondo y de la entidad central (según la propuesta australiana). Así, la aparición de la hipótesis del sujeto o entidad contable en el mencionado marco conceptual supone una novedad, y es el primer tamiz para delimitar las transacciones que deben ser o no objeto de contabilización y, por lo tanto, determinar cuestiones fundamentales sobre los estados contables como: ¿Qué información deberán facilitar y quiénes van a ser sus usuarios?

El cumplimiento de este principio significa que la información presentada ha de ser elaborada con neutralidad e independencia de los intereses, a veces contrapuestos, de los usuarios de la información. En la evolución de los paradigmas contables, se produjo en los años treinta un cambio importante con la modificación del objetivo de la contabilidad pasando de presentar información no solo a la gerencia y acreedores sino también a los accionistas e inversores. Este cambio de objetivos supuso:

• El aumento de interés sobre la cuenta de pérdidas y ganancias, con la búsqueda de un concepto más uniforme del resultado, y la disminución de la importancia del balance como expresión del valor de la empresa al primar el principio de empresa en funcionamiento sobre el de empresa en liquidación.

• La necesidad de facilitar información financiera precisa mediante estados contables más completos y desarrollo de información complementaria.

Pero dentro de esta evolución se exige eliminar el concepto de la empresa como un sistema cerrado para pasar a considerarla como un sistema abierto que se relaciona mediante otro tipo de transacciones con su entorno físico. De no tener en cuenta lo anterior, no se tendrá consciencia de aquellos costos que la empresa no internaliza y transmite al exterior, es decir las denominadas externalidades. En este caso, los costos negativos de estas externalidades, normalmente son soportadas por la sociedad en su conjunto y no la propia entidad que los genera y debieran tenerse en cuenta para el correcto cálculo de los resultados empresariales. Por lo tanto, como propuesta, los efectos de este tipo de transacciones deberían tenerse en cuenta en el referido marco conceptual.

De lo anterior, al asumir al medio ambiente como un rasgo significativo del entorno, la entidad contable ha de considerarse como un sistema abierto, que internaliza las alteraciones del medio ambiente, de forma que la información que suministra satisfaga las necesidades de toda la colectividad globalmente entendida, con lo que el concepto de entidad ha de partir de la responsabilidad basada en el análisis del ciclo de vida completo de sus productos.

2. La propiedad, una cuestión mayor

El marco conceptual AECA 2003/4 establece que: “El marco económico en el que se desenvuelve la entidad económica responde al modelo de economía social de mercado, lo que implica: propiedad privada de los medios de producción, decisiones económicas dispersas, ánimo de lucro y limitaciones a los puntos anteriores, derivadas de la responsabilidad social de la entidad económica”.

Como ya hemos comentado, la producción y sus factores son puntos que interesan al análisis económico, las empresas están constituidas por elementos vinculados al factor trabajo y/o capital puestos al servicio de la función de producción y distribución de bienes y servicios, de la que obtendrá un resultado. Todos estos han sido catalogados como elementos patrimoniales de la empresa, por el vínculo jurídico de propiedad que les une a ella, su utilización implica un desgaste y una depreciación (pérdida) que es necesario tener en cuenta a la hora de determinar el resultado.

Hasta fechas recientes los conceptos de propiedad de los elementos y la depreciación de estos han ido unidos. El enfoque de la economía como un sistema cerrado y, por lo tanto, la falta de una visión global del sistema económico y la empresa perteneciente a dicho sistema, ha impedido contemplar otro tipo de elementos como el agua o el aire, que no son propiedad de la empresa, ni se utilizan de forma exclusiva ni excluyente, sino que son compartidos por el sistema económico general, y en consecuencia impide contemplar su consumo y su posible deterioro.

La teoría económica siempre ha configurado los derechos de propiedad sobre los recursos escasos, sobre todo lo que tenga valor. Los derechos de propiedad no se refieren a las relaciones entre el hombre y las cosas, sino más bien a las relaciones de conducta sancionadas entre las personas, que surgen de la existencia de recursos escasos y que conciernen a su uso.

Los derechos de propiedad son, por lo tanto, un instrumento propio de la sociedad, que hace que su titular goce del consentimiento de la comunidad en su actuación, pudiendo así prever lo que puede esperar en sus relaciones con otras personas.

Aunque el marco conceptual, al hablar de los rasgos que caracterizan a la economía social de mercado, menciona la propiedad privada con referencia solo a los medios de producción, si introducimos el medio ambiente dentro de la economía podemos encontrar otros tipos de propiedad que pueden asignarse perfectamente a los recursos naturales, así, además de la propiedad privada, donde se reconoce al que ostenta el derecho, la facultad de excluir a los demás miembros de una comunidad, están:

1. El acceso abierto. En el caso en que los recursos naturales son de acceso libre. El problema se plantea en la utilización de los recursos como el aire, el suelo, el mar, o el agua, ejemplos clásicos de bienes libres, que en la realidad actual constituyen recursos de propiedad común de un valor creciente cuyos problemas de asignación no puede resolver el mercado, al igual que la polución, ejemplo de externalidad, que tampoco es asimilado por los mecanismos de mercado.

2. La propiedad estatal. O la relacionada con aquellos bienes denominados como públicos puros. A estos bienes se les denomina no apropiables, por la posibilidad de todos los usuarios de utilizar la misma cantidad de ellos. La influencia en el medio dependerá de si el Estado aplica una lógica comercial, y vía concesión administrativa, lo cede a manos privadas o no.

3. Propiedad comunitaria o comunal. Se refiere a los recursos cuya propiedad no es detentada exclusivamente por un solo individuo, sino que lo es por un amplio número de ellos que mediante un conjunto de acuerdos proporcionan las reglas sobre su uso. Este derecho no se pierde si no se usa, ya que uno sigue siendo miembro de la comunidad.

3. Los usuarios de la información financiera

Un usuario de la información financiera es el agente con derecho de acceso al canal de información contable. Este derecho nace cuando las actividades de la entidad informativa afectan o pueden influir en el comportamiento del usuario potencial. Los objetivos de los usuarios se pueden clasificar en tres grupos:

• El objetivo de control: tanto de la entidad y la sociedad por su administración como de los responsables de la gestión de la empresa ante sus propietarios o socios.

• El objetivo de predicción: ligado al desarrollo de la financiación de la empresa y a la separación entre propietarios y dirección, así como para poder obtener una adecuada información para la toma de decisiones en la gestión empresarial.

• Los objetivos macroeconómicos: referidos al cálculo económico y control sectorial en los países de economía planificada.

En nuestra línea de razonamiento, antes de analizar los tipos de usuarios, su localización, necesidades, etc. posiblemente podamos comenzar preguntando:

¿Tiene derecho la sociedad de reclamar información sobre el impacto ambiental de una empresa?

Si la respuesta es positiva, el paso siguiente será determinar el papel que desempeña la información contable en esa rendición de cuentas. Quienes defienden que las empresas han de mostrar dicha información se basan en que todos los recursos naturales a los que les afecta el impacto medioambiental son de propiedad común, lo que significa que la sociedad en su conjunto tiene derechos de propiedad sobre dichos bienes y que aparte del impuesto a las ganancias o a sus beneficios tal como se conoce, al ser el medio ambiente, un bien de todos, las empresas descuidadas con su sociedad y medioambiente, debieran pagar otro impuesto como pago al deterioro socio-ambiental que se produjo.

Este impuesto tendría una tasa algo mayor que la del impuesto a las ganancias, la cual se aplicaría sobre el resultado negativo (pérdidas) del balance socio-ambiental de la empresa, con auditorías públicas periódicas técnico-contables. De tal manera que haya un equilibrio respecto de ambos resultados, con el fin de inducir a las empresas a cuidar el medio ambiente y que actúe como castigo para incentivar la reversión de pérdidas socio-medioambientales.

Para lo anterior, sería necesaria la elaboración de dos balances, uno estrictamente económico-financiero, el tradicional, y otro económico-financiero socio-ambiental. La consolidación de ambos mostrará el resultado final de la organización.

En el gráfico que se presenta a continuación se puede apreciar el comportamiento que deberían tener los impuestos de una sociedad relacionados con su actividad. Por ejemplo, en la situación A, se aprecia que la utilidad “tradicional” (Utilidad E) de la entidad es equivalente a la pérdida socio-ambiental (Pérdida SA). Ambas variables fueron el resultado del desarrollo de la actividad del ente.

No obstante lo anterior, el impuesto que el ente debe asumir por su resultado socio-ambiental, a pesar de ser un pérdida, es sustancialmente mayor al que resulta respecto de su utilidad “tradicional”.

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Siguiendo con el análisis de los usuarios de la información contable, estos se pueden clasificar en internos, o agentes que tienen el control sobre la información, y externos quienes solo poseen acceso limitado a esta. En los modelos anglosajones, se selecciona al inversor bursátil como representante de la demanda informativa.

El marco conceptual de AECA 2003/4, destaca que las necesidades de los propietarios de la entidad económica cubren muchas de las necesidades de otros usuarios, lo que indica una visión cercana a un concepto patrimonialista de la empresa, donde se destaca como usuarios a los accionistas presentes, los bancos, los gobiernos, o la propia dirección de la empresa. Pero en función de las características de cada entorno y de sus necesidades de información, esta se ha de adaptar a cada caso. Por ejemplo, la información que emite una pequeña empresa, no será la misma que la emitida por una de gran envergadura.

Sin embargo, como hay necesidades distintas según los usuarios que la requieran y que la información ha de confeccionarse teniendo esto en cuenta, es lógico que las formas de presentarla deban ser mucho más flexibles, como por ejemplo, mediante la adición de información complementaria a los estados financieros tradicionales como la referente a riesgos, intangibles, medio ambiente, etc. para así corregir las limitaciones que siempre presenta la información de cara al desarrollo de las necesidades de decisión de los usuarios debido a:

• Su carácter histórico que representa acontecimientos derivados de las actividades ya realizadas por la empresa.

• Presentar una visión muy condensada de la entidad.

• Su carácter eminentemente cuantitativo, faltando elementos cualitativos de todo tipo como puede ser la información social y medioambiental.

• O el retraso en ser presentada.

Teniendo en cuenta lo anterior, para el caso de la información medioambiental, a continuación se destacan las distintas razones que cada grupo de usuarios tendría para solicitarla:

— Los inversores actuales y potenciales que están concienciados con el problema socio-medioambiental, apuestan por industrias ecológicas por lo que quieren conocer si existen riesgos motivados por temas medioambientales que puedan afectar los rendimientos futuros de la sociedad y en consecuencia a la rentabilidad de su inversión. Por ejemplo, los “Principios Valdez” son planteados como requisitos previos por grupos de inversión internacionales, entre ellos están: la protección de la biosfera, el uso racional de recursos naturales y uso eficiente de la energía, la reducción y eliminación del desperdicio, la auditoría medioambiental anual, etc.

Las administraciones públicas, para conocer el cumplimiento de las normativas y la evolución en esta materia de los distintos sectores económicos que les permita tomar decisiones en cuanto a legislación, presupuestos, iniciativas, etc. En consecuencia, la exigencia de la administración gira en torno al cumplimiento de la normativa socio-medioambiental, a la información sobre emisiones, licencias y permisos, pagos de cánones, tasas e impuestos, o los estudios de impacto medioambiental entre otros. En materia fiscal las tasas, los cánones, multas y los impuestos, por uso, mal uso, deterioro, etc., buscan reducir, atenuar y revertir el impacto ambiental por el uso y mal uso de recursos naturales.

— Los competidores también son usuarios de todo tipo de información financiera y en este caso de información socio-medioambiental, para así comparar sus actividades con las de otras empresas, con el fin de mejorar su imagen de cara a los usuarios de sus productos o servicios y aumentar la ventaja competitiva de esta situación.

— Los clientes más concienciados en estos temas empiezan a exigir garantías de que la empresa adopta medidas elementales para evitar la degradación del entorno por la elaboración y/o utilización de sus productos y así para seguir siendo clientes, exigen el cumplimiento de las obligaciones socio-medioambientales.

— Los trabajadores más sensibilizados en sus condiciones de seguridad, calidad y salud, que pueden verse alterados por malas actuaciones por parte de la empresa.

— Los acreedores para ver si su cliente cumple con las normas que le corresponden y así evaluar riesgos de futuros impagos en los que puede incurrir la empresa por actuaciones negativas relacionadas con sus responsabilidades socio-medioambientales y las medidas que adopta para la reducción de estas.

— Las compañías de seguro. Por lo general las pólizas de cobertura de la contaminación se refieren a contaminación accidental, súbita, imprevisible y no intencionada, por lo que habría que informar sobre las instalaciones y sustancias utilizadas, la existencia de auditoría medioambiental previa e informes de impacto o el cumplimiento de la legislación socio-medioambiental.

— Los consumidores que aunque tienen poco control sobre la empresa, pueden presionarla en cuanto a la calidad y la cantidad, o sobre la localización de la empresa, etc. pero cada vez más desean conocer el comportamiento socio-medioambiental del producto llegándose a crear nichos de mercado.

— La Banca, que puede exigir a las empresas determinada información para la evaluación de riesgos socio-medioambientales, como parte del análisis de los riesgos rutinarios que se realizan para la concesión de préstamos, garantía de créditos (suelos contaminados), etc. En esta línea está el manifiesto “La Banca y el Medio Ambiente” firmado en 1992.

— Las asociaciones y el público en general que desean conocer la rentabilidad de una industria, así como el impacto de su actividad en el entorno, o la incidencia de la entidad económica en su bienestar o en el desarrollo económico del entorno, o si satisface su responsabilidad social.

De lo anterior se podrían extraer varias conclusiones.

La primera, es la confirmación de la dificultad que se plantea al situar a la contabilidad dentro de las ciencias sociales y, por lo tanto, el problema de la cuantificación y modelización de las distintas hipótesis que se presentan en su ámbito por la dificultad de contrastar los resultados sobre un modelo previo.

Una segunda conclusión sería el constante cambio a que está sometida la contabilidad como ciencia social que es, lo que fácilmente es comprobable en el análisis de su evolución histórica. Esta demuestra que no hay una única visión de lo que es un sistema contable, sino que hay multitud de sistemas porque están sujetos, no a leyes inmutables y predecibles como en una ciencia exacta, sino que como ciencia social está sujeta a una evolución constante en función de su propio entorno, evolución nunca terminada por lo que el objeto de la contabilidad o la contabilidad misma como ciencia es un tema nunca zanjado.

Y por último, al igual que comprobamos que en la relación de la economía con el medio ambiente este había sido olvidado en el estudio clásico de la economía; tampoco ha entrado como tal, en el estudio de la ciencia contable ya que no ha formado parte de las características que definen el entorno económico donde se desarrolla el sistema contable, como una variable concreta, debido fundamentalmente al mismo problema, a la confusión entre el concepto del valor y el precio y, por lo tanto, la monetarización de todos los bienes y si no es posible hacerlo es que no le incumbe a la economía y tampoco a la contabilidad.

4. Responsabilidad social-ambiental- empresarial (RSAE) (ex RSE)

Si pasamos al análisis del marco conceptual de la AECA (Asociación Española de Contabilidad y Administración), la primera conclusión para resaltar sería la aparición del concepto de responsabilidad social, es decir, se acepta de forma contundente que la actuación de las empresas tiene un límite. Su ética de comportamiento debe ser tan importante como su actuación económica, pero debería especificarse en el mencionado marco que esta responsabilidad social afecta a tres áreas: su comportamiento con el entorno físico, sus relaciones con la comunidad, y con los recursos humanos que utiliza.

Por lo tanto la definición de responsabilidad social debería estar matizada y explicada de manera que se introduzcan conceptos que vayan a la búsqueda de entender la actividad empresarial como una actividad que se va a desarrollar en un sistema abierto, es decir, lo que recibe de la sociedad y del medio natural debe ser reintegrado en tales condiciones que la naturaleza pueda insertarlo de nuevo en el sistema, y asumir que dentro de su responsabilidad social toda actividad que daña de forma irremediable el medio ambiente debe ser eliminada.

Entre estos conceptos para incluir el primero, sería la definición del entorno físico, al ser este el lugar donde se desarrolla cualquier actividad económica y sabiendo que el problema socio-medioambiental generado por esta tiene dos características básicas: atemporal y universal; es decir, se da en cualquier momento del tiempo y con mayor o menor gravedad en cualquier parte del mundo.

El segundo concepto que sería necesario definir sería la inclusión entre los rasgos que definen el entorno a las externalidades, es decir, los problemas originados por la contaminación, el agotamiento de recursos naturales, etc. que pasaremos a las generaciones futuras y en consecuencia debería, y eso sí es cultural, empezar a establecer criterios de definición y de información acordes con una nueva ética que se corresponda con el respeto que debemos al entorno natural donde nos movemos.

Otra conclusión importante es la necesidad de reelaborar el concepto de objeto económico como consecuencia de la existencia de las externalidades que pueden entenderse como intercambios de la empresa con su entorno, dado que si se cumple con la característica de la economía ortodoxa los clasifica de ser algo susceptible de intercambio.

En cuanto a los usuarios de la información financiera, el marco conceptual de AECA introduce al público en general y a la colectividad globalmente considerada, lo que es aceptable ya que el impacto medioambiental afecta a los recursos naturales que son de propiedad común y en consecuencia queda ligada que la relación entre contabilidad y ecología surge de la consideración que se hace respecto de los derechos de propiedad de estos bienes que se deterioran.

En relación con las características cualitativas de la información financiera definidas en el mencionado marco, son perfectamente aplicables al problema medioambiental puesto que si establecemos que existen múltiples usuarios de la información financiera, entendida esta como un todo donde se incluyen las especificaciones socio-medioambientales de la actividad de la empresa, se ha de suponer que la información estrictamente socio-medioambiental ha de cumplir, al menos, los mismos requisitos, que se le exige a la información financiera general: la relevancia, comprensibilidad, comparabilidad, fiabilidad y oportunidad.

Por lo tanto, es necesario la inclusión del medio ambiente como elemento esencial para el cumplimiento del corolario de toda información financiera que es la imagen fiel, para lo que se necesita:

• Que el ordenamiento jurídico sea flexible (dominio del fondo sobre la forma), ya que muchos hechos medioambientales solo pueden ser reflejados, en un primer momento, como información cualitativa.

• Una profesión con la formación técnica y ética necesaria para el adecuado ejercicio del criterio personal en la aplicación flexible de la regulación. Hay que introducir el medio ambiente como un contenido teórico que se imparta en los distintos niveles educativos para así conseguir un cuerpo de profesionales que asuma la ética socio-medioambiental como parte importante en su formación técnica.

• Un conjunto de principios y normas de contabilidad que sea congruente con el entorno económico y social en el que opera el sistema contable y con las necesidades informativas de los usuarios. El medio ambiente forma parte de dicho entorno y afecta las necesidades de muchos usuarios.

Es necesario que los organismos con responsabilidades procedan a efectuar una definición de las diferentes partidas (gastos, ingresos, activos y pasivos socio-medioambientales) que permita su separación en el balance de situación y en la cuenta de resultados, obteniendo así la información necesaria sobre la cuantía de estas inversiones y su comparación con ejercicios anteriores. El plan general de contabilidad, considero que es la herramienta más directa y práctica para la homogeneización de la información que permita que esta sea uniforme y en consecuencia comparable.

5. La información socio-ambiental y la contabilidad social ambiental

Hasta fechas recientes, el usuario de información contable interesado en conocer cómo el resultado socio-medioambiental de la empresa podría afectar la situación económica y financiera debía confiar exclusivamente en la información voluntaria que dichas empresas suministraban. La casi inexistencia, hasta ahora, de normas explícitas hace que la información socio-medioambiental que interesa a los distintos usuarios de la información financiera sea inadecuada o poco fiable. A los inversores esta información les es útil para conocer la política ambiental de la entidad en la que poseen la inversión y comprobar si incurren en riesgos futuros que puedan afectar a su rentabilidad; a las autoridades por el cumplimiento de las distintas normativas; a la sociedad en general por la calidad de los productos que consume o simplemente por comprobar la protección hacia el medio natural que nos rodea, etc.

Además esta falta de normativa hace que la comparabilidad, característica importante de la información financiera, entre empresas, sea casi imposible entre otras razones porque si no se definen conceptos que sean iguales para todos no se puede unificar la información. Ofrecer una información adecuada con definiciones y conceptos comunes para todos es un factor que aumenta la transparencia, permitiendo la comparabilidad y coherencia de la información presentada.

Como ya hemos visto, la propuesta del marco conceptual incluye dentro del concepto de la responsabilidad social de las empresas, el responder a las demandas de información de los diferentes grupos de stakeholders, y plantea la exigencia a las características cualitativas de la información así:

• La relevancia se entiende en términos de la contribución de la información financiera a la formación de la opinión de los stakeholders y

• La fiabilidad que insiste en la importancia del fondo sobre la forma, la descripción válida de los hechos con la ausencia de sesgos y la integridad.

A su vez, el incremento de las demandas informativas, tanto del exterior a la entidad como del interior para su gestión, son producto de las nuevas responsabilidades sociales que han de afrontar las empresas. Como consecuencia de estas demandas las empresas han ido elaborando una serie de informaciones para cubrirlas, tales como: información sobre los empleados, la comunidad social, sus implicaciones con el medioambiente, etc. Por ejemplo, el cuestionario GRI.

Este conjunto de informaciones es la denominada contabilidad social o contabilidad de base social.

Conclusiones

Lo hasta aquí expuesto, nos permite arribar a las siguientes conclusiones:

Los problemas socio-medioambientales derivados de la relación empresa socio-medioambiente y la concomitante participación de los gobiernos, son cada vez más frecuentes y de mayores dimensiones. Esto, unido a la creciente demanda de los usuarios de la información contable, sobre aspectos sociales y medioambientales relacionados con la empresa y con el entorno, va a suponer la necesidad para la misma de informar a terceros sobre la incidencia que su actividad provoca sobre este, y sobre la actitud adoptada por la empresa para evitar, reducir o en su caso reparar los daños causados.

La propuesta del procedimiento diseñado consta de aspectos y elementos que permiten, metodológicamente, establecer las particularidades y aspectos esenciales asociados al registro contable de las variables socio-medioambientales para cada tipo de empresas, las ONG y estados públicos.

La incorporación de nuevas cuentas y subcuentas permitirá identificar, de forma rápida y precisa, las variables socio-medioambientales en la empresa que se analice, aspecto este que le aporta un nuevo valor a la información contable.

Derivado del procedimiento se obtienen una serie de particularidades asociadas al registro y tratamiento contable, y se destaca: la necesidad de separar los ingresos, gastos y costos socio-medioambientales de los operacionales, los activos y la creación de provisiones por pasivos con fines socio-medioambientales. Este panorama da lugar a la creación de la Nueva Contabilidad ESA (económica social-ambiental).

Por todo lo dicho, se puede afirmar que estamos ante un ámbito de investigación, actividad profesional y docente, con un presente y un futuro prometedor y excitante que contará y facilitará la contribución de la contabilidad como ciencia social, abarcativa, y de los contadores en particular a un desarrollo en el que armonicen todos los resultados del ente: económicos, sociales y ambientales, de tal manera que las empresas muestren su resultados totales, no únicamente respecto de la utilidad económica para sus dueños y propietarios, sino también el resultado integral de estas para la sociedad en su conjunto. De tal forma, ver la viabilidad económico-socioambiental de las empresas desde el punto de vista de la sociedad en su conjunto y de sus propietarios en particular. Al mismo tiempo, hasta que ello ocurra, establecer por ejemplo el mencionado impuesto a las pérdidas socio-ambientales para decidir sobre el interés social y la existencia y desarrollo de las empresas.

Estas cuestiones, en muchos casos tendrán que ser parte de estudios multidisciplinarios, de las legislaciones de los países y serán necesarias como accionar mundial en cuanto a la lucha por la preservación del medio ambiente del planeta, la vida humana y de otras especies, y de la importancia de actuar de manera decidida y urgente a favor de dicho objetivo y combatir el cambio climático, fenómeno que constituye una de las mayores amenazas para el futuro de la humanidad.

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