Paradojas de las inmovilizaciones técnicas

Revista Nº 5 Ene.-Mar. 2001

Las colaboraciones publicadas no comprometen la responsabilidad de la revista. Las opiniones expresadas pertenecen exclusivamente a sus autores.

Antonio Lopes de Sá 

Doutor em Ciencias Contabels pela facultade Nacional de Ciencias Económicas da Universidade do Brasil Río de Janeiro. 

Presidente da Academia Brasileira de Ciencias contábeis. Reitor do Centro de Estados Superiores de Contabilidade do Conselho Regional de contabilidade Minas Gerais Brasil. Presidente do Instituto de Pesquisas Augusto Tomelin do Centro Universitario da UNA 

Si la empresa aplica capital para actualizar sus inmovilizaciones técnicas tiene condiciones de competir en el mercado; si la empresa inmoviliza capital, aumenta sus riesgos ante la velocidad con la que se modifican tecnológicamente los equipamientos y máquinas y puede entonces, en un corto espacio de tiempo, perder la capacidad competitiva; si crea fondos de actualización, aumenta sus costos y pierde condiciones de competir; si no aumenta los costos por esos fondos pierde la condición de obtener recursos para reequiparse. Esas son, hoy día, las grandes paradojas de las inmovilizaciones técnicas que consagran la necesidad de elaborar un estudio analítico de mayor amplitud.

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Los conceptos en las ciencias se alteran frente a las circunstancias que modifican los aspectos de observación y, en contabilidad, los tiempos actuales están reformando algunos de ellos.

Los conceptos se alteran con las épocas.

Los modelos que derivan de las teorías, emergidas de conjuntos conceptuales acaban también, como consecuencia, siendo alterados.

Los conceptos de Galileo Galilei sobre la relatividad serían, muchos siglos después, alterados por Albert Einstein y los de este último ya comienzan a ser, también, modificados por los físicos existentes.

Lo que Aristóteles había admitido sobre sus ciclos de la humanidad fue igualmente ampliado y reformado por los sociólogos.

En todos los ramos de las ciencias, ya sea de la naturaleza o del hombre, es natural que se alteren las concepciones como factor de progreso.

En 1688, Bernard Le Bovier de Fontenelle ya admitía que el progreso del conocimiento científico era ilimitado y que seguiría siempre en ritmo de constante perfeccionamiento.

Casi dos siglos antes que él, Maquiavelo proclamó el concepto moderno de evolución de la humanidad, a través del desarrollo patrimonial competente para dar sostenimiento al propio desarrollo intelectual.

Todo parece, pues, evolutivo en razón creciente, a pesar de que, repito, Aristóteles hubiese proclamado los ciclos con sus catastróficas implicaciones.

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Los elementos ambientales, externos, influyen sobre la riqueza; la evolución tecnológica de alta velocidad; la gran facilidad de las comunicaciones en red; la globalización de los mercados; la velocidad de los transportes, en suma, un conjunto prodigioso de cambios, también impone nuevos ángulos de observación de los fenómenos contables.

En mi Teoría general del conocimiento contable (Edición IPATUNA, Belo Horizonte, 1992), he clasificado tres grandes grupos de relaciones lógicas que influyen sobre la formación de los fenómenos, objetos de estudio de nuestra materia:

Esenciales o de naturaleza nuclear, que incluyen: la necesidad, la finalidad, los medios patrimoniales y la función de dichos medios;

Dimensionales o de aspectos de la percepción del fenómeno (causa, efecto, tiempo, espacio, calidad y cantidad);

Ambientales de los continentes de la riqueza, tales como las influencias administrativas, del personal, de los mercados, de la tecnología, de la política, de la sociedad y del medio ambiente, entre otros.

Para poder percibir plenamente los fenómenos contables, no podemos omitir las correlaciones que son de naturaleza ambiental.

Es exactamente aquí, en estas relaciones, dónde se sitúan los problemas que hoy día afectan gravemente las inmovilizaciones técnicas.

3

El avance tecnológico cambia los criterios de cantidad y calidad de las operaciones de las empresas y, con relativa rapidez, va desactualizando las inmovilizaciones técnicas o las de producción.

Hasta hace poco tiempo los descubrimientos científicos demoraban mucho para poder alcanzar las tecnologías o aplicaciones de esas conquistas del conocimiento.

Era común esperar 20 o hasta 30 años para que los descubrimientos, los inventos, se materializacen en las utilidades industriales, comerciales o de servicios.

Hoy día, en la era de la electrónica, en algunos ramos, esas innovaciones nos llegan en pocos meses o semanas, en ciertos sectores de actividades.

Máquinas que producían 100 unidades por hora, por ejemplo, pasan rápidamente a tener capacidad para 200, después para 300 y hasta para 1.000 unidades, transformando en obsoletas las que antes eran productivas.

Es ese fenómeno, el de pérdida de la capacidad funcional, que surge de forma relevante en nuestros días y que amenaza los capitales en sus equilibrios.

Como la cantidad producida reduce el costo unitario y la calidad despierta más interés por parte del consumidor, si la empresa se conforma con tener lucros compatibles con la actualización podrá sobrevivir sin grandes dificultades. Sin embargo, no es esto lo que se viene observando en muchos casos.

En realidad, muchas pierden sus mercados por mantener precios incompatibles con la competencia o porque no presentan productos de una calidad tal que pueda superar las deficiencias de los precios.

La “globalización de los mercados” tiende, entonces, a favorecer a los países donde las empresas están más capitalizadas y donde las actualizaciones son protegidas por los gobiernos o, si no, facilitadas por la solidez del capital propio de dichas organizaciones empresariales.

Tal realidad se resalta a través del análisis contable, a través de las correlaciones entre inversiones en inmovilizaciones, riesgos de dichas inversiones y resultados obtenidos ante tales fenómenos, todo en función de la estructura de los capitales propios y del costo de los financiamientos.

Si un país tiene costos bancarios altos, si tiene impuestos pesados y una burocracia fiscal acentuada, si no tiene incentivos para actualizar su capital inmovilizado, no tiene, entonces, muchas oportunidades de competir, dentro de un criterio de globalización, ya que tiende a afinarse cambialmente o a endeudarse en altos niveles.

Como la calidad y cantidad de productos influyen en la actuación en los mercados y como éstas dependen de la actualización de las inmovilizaciones técnicas obsoletas, la cuestión se encuentra en establecer una rigurosa vigilancia al trazar los flujos específicos, para poder prever tales ocurrencias.

Pienso que las empresas que deban integrar mercados comunes necesitan estar preparadas para enfrentar las paradojas de las inmovilizaciones técnicas y para ello la ciencia contable puede colaborar bastante.

4

Hoy día, las super y subinversiones en inmovilizaciones técnicas, no se limitan más al aspecto cuantitativo sino, deforma relevante, a la cuestión cualitativa.

El análisis contable, hasta hace poco tiempo, consideraba que la aplicación en medios patrimoniales ociosos era una “superinversión”.

Contrariamente, consideraba que las aplicaciones insatisfactorias de capitales ante la estructura operacional y sus giros eran “subinversiones”.

Ambos estados caracterizan desequilibrios de la masa patrimonial.

Además, el único aspecto analizado era el cuantitativo es decir, se establecían relaciones con los resultados, con los volúmenes de capital propio, con la liquidez, pero siempre de forma apenas “cuantitativa”.

Masi trató así el asunto en su “Dinámica patrimonial”, y también de esta forma lo traté yo en mi “Curso superior de análisis de balances”, en dos volúmenes, editado por Atlas, hace más de 30 años (1966) y fue tratado igual, algunos años después, por la selección contable de Argentina.

En esa época recomendábamos que se establecieran las siguientes correlaciones:

1. Ventas e inmovilizaciones técnicas;

2. Capital propio e inmovilizaciones técnicas;

3. Inmovilizaciones técnicas y activo total;

4. Capital fijo y capital circulante;

5. Lucro bruto e inmovilizaciones técnicas;

6. Elementos del sistema de liquidez;

7. Débitos de financiamientos e inmovilizaciones técnicas;

8. Capital líquido de operaciones e inmovilizaciones;

Concluimos que las superinversiones se caracterizaban por:

a) Ventas que no acompañaban proporcionalmente los aumentos de las aplicaciones en las inmovilizaciones;

b) Absorción, en una alta dosis, del capital propio, haciendo que la empresa girase casi exclusivamente basada en el capital de terceros (deudas);

c) Aumento de deudas a largo plazo;

d) Participación excesiva de las inmovilizaciones frente al total del activo;

d) Lucros brutos que no acompañaban el volumen mayor de las inversiones en inmovilizaciones;

f) Disminución de las disponibilidades y reducción del cuociente de liquidez, como consecuencia;

g) Reducción del capital circulante operacional ante la desviación para el capital fijo;

h) Elevación de las cuotas de depreciación y de los gastos de mantenimiento y conservación de máquinas y equipamientos;

i) Capacidad ociosa de máquinas y equipamientos, etc.

Tales diagnósticos eran los que, en esa época, nos parecían más evidentes y totalmente coherentes con el momento.

Nuestra obra (Edición Atlas) analizó cada uno de esos diagnósticos, en detalle y con ejemplos, y se adecuó a la década del 60 (cuando se escribió)

Después del transcurso de todos estos años, la revolución procesada en el campo de la informática y la modificación substancial en muchas industrias de mecánica fina, terminaron por agregarle a todas esas características, las condiciones de obsolescencia, o sea, comenzó a ser considerada, también, como superinversión, todo aquello que no puede atender las necesidades que la empresa tiene ante su mercado.

Ociosidad y obsolescencia no significan lo mismo y por ello, fue necesario determinar ineficaz a la inversión que no puede enfrentar los problemas de cantidad (disminución de costos) y calidad (satisfacción de los clientes).

El concepto cualitativo ha predominado tanto que hoy día ya no solo es muy importante observar “cuánto se invierte”, sino también “qué función se obtiene de lo invertido ante la eficacia”.

Una vez más, mi teoría de las funciones sistemáticas del patrimonio se confirma en lo que se refiere a su axioma básico y que pertenece a la eficacia como anulación de la necesidad de las células sociales (haciendas):

Ea <==> (Pn = 0)

Se confirma, también, nuestra proposición lógica de que la eficacia es relativa en cada sistema y que la eficacia absoluta solamente puede derivarse de la suma de la eficacia en todos los sistemas iguales.

Esta es la razón por la cual la actualización, como necesidad del sistema de los resultados, no puede operarse con demasiados sacrificios de los sistemas de estabilidad, liquidez, economías, etc.

La consideración debe ser holística y lo cualitativo de la eficacia debe ser armónico.

Le compete al contador trazar los modelos de comportamiento para que este objetivo sea logrado.

Por ello, las subinversiones (como expresión menor que lo necesario) se vincula, de hecho, ante las nuevas relaciones ambientales, a la competitividad como competencia para la satisfacción de la clientela y al sostenimiento de los niveles de ventas.

En mi obra indicada caractericé a la subinversión cuando hubiese:

a) Paralización del crecimiento u oscilaciones descendientes del sistema financiero;

b) Tendencia para la disminución del lucro bruto por la elevación de los costos de la mano de obra y el desajuste de las máquinas;

c) Debilitamiento del sistema patrimonial por falta de capacidad para reponer los bienes (alta de los precios sin condiciones de que el capital propio acompañe dicho aumento);

d) Insuficiencia de capital propio dificultando inversiones;

e) Deficiencias en la organización de la producción;

f) Aumento de la demanda sin posibilidades de efectuar los suministros.

La insuficiencia de aplicar en inmovilizaciones técnicas, entretanto, también encuentra, hoy día, otras líneas de opciones que no eran aún expresivas cuando elaboramos nuestra obra.

5

Como las inmovilizaciones técnicas ejercen una influencia directa sobre los costos, la paradoja, en pauta, también los afecta, modificando la metodología analítica.

Las inmovilizaciones técnicas ejercen influencias directas sobre varios elementos de los costos.

Básicamente, resultan en los tributos de mantenimiento, conservación, depreciación. amortización, seguros, reparación, controles, etc.

Tradicionalmente hemos enfocado así el asunto.

Sin embargo, actualmente, hay que conocer el límite que pueden alcanzar por la urgencia en actualizar los equipamientos y, según el caso, seguir caminos opcionales que ahora se consagran y que pueden, incluso, recibir la atención de los poderes tributarios como protección a las actividades.

Básicamente, lo que se busca es:

1. Transferir las inmovilizaciones técnicas para terceros;

2. Realizar una depreciación acelerada;

3. Transferir los riesgos de actualización.

Estas son las principales maneras que el mercado acepta y que se están transformando en una práctica provechosa para las empresas que desean minimizar los riesgos de la imposibilidad propia de actualizarse, compatible con las velocidades de los cambios tecnológicos.

En análisis contable, por lo tanto, no se basca medir apenas los límites de inversiones sino también los de los riesgos que puedan afectarlos ante los fenómenos derivados del progreso de la ciencia y sus aplicaciones inmediatas en el campo industrial.

Se busca eximir a la empresa del costo que las inmovilizaciones provocan pero, también, del riesgo que involucran, frente a su pérdida de funcionalidad eficaz, por la obsolescencia.

Por tanto, tercer zar la recaudación mercantil, las franquicias, Ias concesiones, en suma, a través de una gran variedad de modalidades se intenta darle a la empresa la protección contra esa paradójica situación que las inmovilizaciones técnicas han comenzado a presentar.

El cambio en la metodología, el análisis de los fenómenos contables con relación al capital fijo, se expresa, modernamente, por la importancia de la dimensión cualitativa, de la naturaleza del medio patrimonial, ante su capacidad de atender las necesidades del mercado para garantizar la eficacia interna.

Se han alterado las observaciones de los estados de equilibrio del capital por la funcionalidad y también las del aumento del riesgo, por la importancia dada al estudio del sistema de invulnerabilidad, en lo que se refiere a la protección contra la obsolescencia.

Entiendo que los costos han dejado de ser preocupación apenas como aplicaciones de capital para presentarse como elementos incapaces de producir la receta esperada si la calidad de las inmovilizaciones técnicas no alcanza cantidades que los minimicen y calidad que satisfaga la clientela de los productos.

Todo esto confirma, elocuentemente, mi teoría de las funciones sistemáticas del patrimonio, en sus clasificaciones de las relaciones lógicas que serán estudiadas al analizar el fenómeno patrimonial, dejando los aspectos monoculares en que dichos asuntos, tradicionalmente, tenían importancia apenas por el valor o expresión cuantitativa.

La importancia no radica en el costo, aisladamente, sino en la probabilidad que favorece la obtención de la receta, y además, me parece que un análisis unilateral de los costos sin que se respeten las correlaciones del fenómeno de la receta no es válido.

Todo esto se encuadra perfectamente dentro de la gran utilidad que representa el efectuar un análisis sistemático y no apenas de una parte de un elemento o de un sistema (según mi teoría, el costo es apenas un medio dentro de un sistema donde la receta es la necesidad).

Lo paradójico de las inmovilizaciones, el cómo se refleja en la inversión y en el sistema de los resultados, sugiere que debemos prestar mucha atención en las empresas y hacer un amplio análisis de los estados de desequilibrio del capital, con el objetivo de economizar, es decir, lograr la vitalidad y la sobrevivencia de la actividad.

6

Como la prosperidad depende de la constancia de la eficacia y ésta de la capacidad competitiva, la tendencia es que las empresas que mantengan actualizados sus procesos de producción, independientemente de que tengan o no inmovilizaciones técnicas, serán prósperas.

La nueva realidad ambiental nos demuestra que las inmovilizaciones técnicas pueden, o no, dar lugar a alternativas para que existan dentro del patrimonio como algo de “posesión plena o disponibilidad absoluta”.

Ahora, la cuestión no está más en ser dueño de lo que se usa sino que se use: esto es lo que, para ser eficaz, más importa a los fines empresariales, como criterio de conveniencia en la gestión patrimonial.

Esta es la razón por la cual los alquileres mercantiles se proliferan (leasing), el tercer sector se consolida y así por delante...

La cuestión es asegurar la prosperidad, o sea, mantener los niveles de eficacia permanente.

En este caso, lo que importa no es la riqueza como plena disponibilidad financiera sino como funcionalidad productora de la eficacia permanente y ésta es la influencia básica que se siente, hoy día, ante las paradojas de las inmovilizaciones técnicas.

El empresario busca, básicamente, al transferirle a terceros las responsabilidades de actualización, al alquilar sus bienes, atenuar sus riesgos sin que esto llegue a afectar tanto los costos, frente a la posibilidad de disponer de una mayor cantidad de elementos para componer su producción.

Es obvio que no todos los casos se resuelven en las mismas condiciones y que hay empresas con condiciones de actualizar sus inmovilizaciones técnicas sin desequilibrarse momentáneamente, pero, queda claro que existe una preocupación que debe ser enfrentada con una alta dosis de sabiduría científica contable.

También considero correcto el teorema que enuncio en mi teoría de la prosperidad:

Si el aumento de la masa patrimonial no deriva en el aumento de la calidad de las funciones, por la cual se obtiene el aumento de la eficacia, crece la riqueza, pero no crece la prosperidad. 

Queremos. al formular tal teorema. expresar que la prosperidad no es un concepto que pueda derivarse apenas como consecuencia del simple crecimiento de la masa patrimonial.

Esto permite elaborar un teorema derivado:

El aumento de función que no implique en el aumento de la eficacia anula la prosperidad o deja de producirla.

O sea, no basta con adquirir bienes, es imprescindible que éstos tengan la capacidad de satisfacer plenamente las necesidades de las células sociales (haciendas).

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