Prueba del polígrafo: su fiabilidad depende en gran medida del profesionalismo y rigorismo con que se practique

Revista Nº 163 Ene.-Feb. 2011

Diana Giovanna Garzón Cadena 

Consultora legal laboral y en gestión del talento humano 

“Vamos muy bien en el proceso de selección, pero requerimos su autorización para practicarle un examen de polígrafo”. Esta afirmación es cada vez más frecuente dentro de los procesos de selección que se adelantan hoy en día. Este instrumento está teniendo múltiples usos y ha adquirido importancia en algunas áreas de recursos humanos dentro de sus procesos de selección de personal, para realizar estudios de seguridad, en evaluaciones periódicas a personal activo, y en investigaciones especiales que conllevan posibles conductas delictivas, entre otras. Pero realmente la pregunta que muchos nos hacemos es acerca de la fiabilidad del resultado de una prueba de polígrafo. Al respecto, según una entrevista concedida el 16 de diciembre del 2010 por el presidente de la Sociedad Colombiana de Poligrafistas, Carlos A. Boshell Norman, “esta prueba tiene una base de tipo científico, y cuando se aplica metodológicamente por un profesional, respetando los estándares de práctica, tiene una fiabilidad entre el 95% y el 98%”.

Es tal el interés que ha causado la Evaluación Forense de la Credibilidad con la práctica del polígrafo, que hoy está en boga la psicofisiología forense, disciplina a la cual se le atribuye la responsabilidad del desarrollo de programas de investigación sobre la aplicación del polígrafo en distintos campos, así como el desarrollo de nuevas técnicas de evaluación validadas por los resultados obtenidos en pruebas de laboratorio y casos reales.

Ahora bien, el uso del polígrafo ha incursionado cada vez más en todos los sectores económicos del país, como por ejemplo el de vigilancia y seguridad privada, en el que se ha convertido en una prueba que puede ser implementada dentro de los procesos de selección según la Resolución 2417 de 2008, de la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada, y la Resolución 1707 (nov. 2/2010), de la Dirección Nacional de Estupefacientes, pues las personas naturales interesadas en conformar el registro de elegibles de depositarios deberán autorizar expresa y voluntariamente someterse a este examen. Sin embargo, en opinión de muchos expertos, la fiabilidad de la prueba, mas no de la herramienta, depende en gran medida del profesionalismo y el rigorismo con que se practique.

La Resolución 2417 resolvió que “El operador que practique examen de polígrafo, no requiere autorización o credencial expedida por la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada. No obstante, la entidad, en ejercicio de sus funciones de vigilancia y control, podrá verificar que el operador del servicio cuente con título que lo acredite para tal fin”. Esto hace que adquiera mayor importancia el análisis de la acreditación de la persona que practica la prueba del polígrafo. Al respecto el señor Boshell nos respondió: “En este momento la profesión se trata como una especialización. Actualmente cursa en el Senado de la República un proyecto de ley que formalice legalmente la profesión de poligrafista. El control y vigilancia en Colombia lo ejerce la Sociedad Colombiana de Poligrafistas, que es una agremiación que reúne poligrafistas del sector privado y oficial. En Latinoamérica el control y vigilancia está a cargo de la Asociación Latinoamericana de Poligrafistas”.

De igual manera, el 27 de octubre de 2010 fue presentado el informe de ponencia para primer debate del Proyecto de Ley 62 de 2010, ante el presidente de la Comisión Primera de la Cámara de Representantes. Según esta, se regula el uso de la poligrafía como medio de prueba en los procesos penales; también modifica diversos artículos del Código de Procedimiento Penal cuyo objeto es determinar que la prueba de psicofisiología forense o poligrafía sea un elemento material probatorio, que además podrá ser utilizada para comprobar la veracidad de un testimonio o para solucionar contradicciones entre testimonios sobre un mismo hecho. De acuerdo a los comentarios de los ponentes: “En algunos países del mundo el polígrafo es utilizado como prueba judicial, tal es el caso de Panamá y Guatemala. En Estados Unidos se utiliza como prueba judicial bajo la figura de la estipulación probatoria, es decir, mediante acuerdo entre el fiscal y el defensor. Se admite, en los condados de Arizona, California, Delaware, Florida, Georgia, Idaho, Indiana, Iowa, Kansas, Nevada, New Jersey, North Carolina, Ohio, UTA(sic), Washington, y Wyoming, y en el Estado de Nuevo México es admitido plenamente como prueba judicial. También es admitido como prueba judicial en países de Sur África, Japón e Israel”.

Sobre el polígrafo como medio de prueba, ya se había pronunciado la Corte Suprema de Justicia en su Sala Penal, en sentencia de única instancia del 1º de agosto de 2008, dentro del proceso 26470 al señalar: “Nótese que de llegar a admitirse el polígrafo como un medio de prueba válido para conocer si una persona miente, su aplicabilidad no podría restringirse al acusado, pues cabría hacerlo con todos los testigos tanto de cargo como de descargo, con lo cual la función de apreciación del testimonio atribuida al funcionario judicial quedaría subordinada a los resultados del polígrafo. Bien podría objetarse a este planteamiento que el funcionario judicial es libre para separarse de ese diagnóstico, pero en ese caso su tarea ya no estaría enfocada en apreciar la prueba testimonial haciendo uso de las reglas que la ley le impone sino en examinar el rigor técnico con que se practicó el polígrafo para deducir si se aviene o no con su conclusión. En ese caso el juez o el fiscal antes que consultar las reglas de la sana crítica para argumentar sobre la credibilidad de un testigo tendría que dedicarse a determinar otros asuntos, tales como la pericia del examinador, las condiciones en que se realizó y demás aspectos concernientes a sus requerimientos técnicos, para extractar de ahí la inferencia a la que debía arribar por vía del uso de las reglas legales dispuestas para el efecto”. Sin embargo, ya se han expresado algunas opiniones distintas sobre el polígrafo, como la publicada por el noticiero RCN el 9 de octubre de 2010 sobre Jaime Arrubla, presidente (e) de la Corte Suprema de Justicia: “Yo creo que eso son ya tecnologías que aparecen y hay que aprovecharlas y uno no se tiene porqué resistir a ellas. Si no hay nada que ocultar no hay nada que temer”.

Según concepto reciente (rad. 229972) del Ministerio de la Protección Social, no existe disposición normativa laboral que autorice o prohíba de manera expresa a los empleadores para someter a los trabajadores a esta prueba, pero debe tenerse en cuenta el respeto a la dignidad personal contemplada en el numeral 5º del artículo 57 y numeral 9º del artículo 59 del Código Sustantivo del Trabajo, por lo cual la práctica de la prueba sin el consentimiento del trabajador podría desconocer dicho derecho.

En cuanto a los límites de la prueba del polígrafo, el señor Boshell nos dijo que “Desde el punto de vista de estandarización y control, todas las evaluaciones de poligrafía se filman, para que obren como prueba que a la persona se le garantizaron y respetaron sus derechos fundamentales. Nosotros tenemos restricciones. Por ejemplo, no podemos hacer preguntas sobre creencias religiosas, actividades o inclinaciones sexuales, opiniones sobre temas raciales, actividades o afinidades políticas, actividades o afiliaciones sindicales”. El examen de polígrafo seguirá incursionando en nuestra legislación y se continuarán abriendo debates en torno a si su práctica constituye acoso laboral, o si da lugar a discriminaciones de acceso al trabajo en razón de esta prueba.