¿Qué efectos tendría la ampliación de la licencia de maternidad en Colombia?

Revista Nº 192 Nov.-Dic. 2015

Javier N. Rojas 

Especial para la revista Actualidad Laboral 

Los temas relacionados con la vida laboral de la mujer en el mundo de hoy suelen suscitar controversia en todos los escenarios, especialmente en los políticos, como el Congreso de la República, donde una reciente propuesta, favorable a las mujeres trabajadoras, ha despertado la polémica.

Tatiana Cabello, congresista de la Cámara de Representantes comenta que el proyecto de ley presentado a esa corporación, por ella y por el senador Iván Duque, el cual pretende la extensión de la licencia de maternidad, en el país, de 14 a 18 semanas, “nace de una experiencia personal”.

Cabello tenía un hijo, hoy de cinco años, al momento de decidir ser congresista y esa experiencia como madre ya la había hecho reflexionar: “es muy poquito tiempo el que una mamá tiene para estar con su bebé. Entré al Congreso de la República embarazada, viví mi licencia de maternidad como congresista y desde que estaba en embarazo de mi segundo hijo empecé a estudiar cómo iba a presentar este proyecto de ley”.

“La experiencia más dolorosa de la maternidad fue que a los tres meses y medio, que dura la licencia de maternidad, tuve que destetar a mi bebé para venir a trabajar y ponerle biberón, leche de fórmula. Eso es muy duro, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que se debe amamantar a un hijo dos años y por lo menos se debe hacer, en exclusiva, los seis primeros meses de vida. Entonces, eso me puso a pensar que lo que hacemos en Colombia no está acorde con lo que dice la OMS”.

Anota que “el proyecto de ley busca que una mamá pueda pasar el mayor tiempo posible con el hijo, que lo lacte, pero también que Colombia se alinee con los estándares internacionales. El mundo va en sintonía con eso y nosotros tenemos tres meses y medio de licencia de maternidad. El proyecto busca ampliarlo a cuatro meses y medio, con la posibilidad de que se pueda llegar hasta los seis meses”.

“Lo primordial es que deben prevalecer los derechos de los niños, lo dice la Constitución. Aquí lo importante son los niños, su alimentación. En esos primeros seis meses de vida, la madre tiene que lactar al hijo, cumplir con el esquema de vacunación” y controlar la evolución de la talla y el peso del niño. “Pero acorde con eso, el cuerpo de la mujer también necesita adaptarse nuevamente. Después de un embarazo de nueve meses y del parto, no es que en tres meses la mujer ya esté perfecta”. Esos seis meses contribuyen “a que el cuerpo de la mujer vuelva a estar en forma y también el tiempo que comparte con el bebé y, obviamente, la lactancia materna”.

La Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) recomiendan “darle mínimo seis meses de lactancia materna, en exclusividad, al bebé. Esto crea niños más felices, con unos vínculos más fuertes con su familia y está demostrado científicamente que la lactancia y el contacto de los bebés con la familia hace que sean niños más sanos y más felices”.

La representante Cabello relata: “tuve que destetar a mi hijo, porque no era una mujer que diera mucha leche, si el bebé no la succiona. Tuve que dejarlo. Todas las mamás somos distintas. Hay unas que tienen mucha leche, pueden almacenarla y dejarle a su bebé los teteros. En mi caso no lo pude hacer. Hay unas que ni siquiera lo logran. Cada día que se gane para que el bebé crezca al lado de su mamá” contribuye a su felicidad y al crecimiento sano.

Con relación a la posibilidad de que la extensión de la licencia de maternidad pudiera acentuar la discriminación laboral de la mujer, Cabello no cree que eso llegue a ocurrir y considera tal riesgo consecuencia de “una posición demasiado machista”. Sostiene que el proyecto de ley no tiene el propósito de incentivar la discriminación de las mujeres en el mercado laboral y cuando esta se presenta es “una decisión de los empresarios”.

Respecto a si es oportuna la situación económica del país para convertir la iniciativa en ley, asegura que “Colombia nunca ha sido un país boyante. Entonces, ¿nunca lo vamos a hacer? He recibido algunos reparos de Fenalco (gremio de los comerciantes), los cuales están muy errados. Es una posición muy machista y hay que recordarles a los empresarios que la licencia de maternidad no la paga el empresario, la paga el sistema de salud. Sí hay unos costos para los empresarios, pero no son muchos. No puede haber un interés económico ni de partidos”.

Según Juan Sebastián Arango, asesor en asuntos regulatorios y legislativos de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), la iniciativa legislativa encaminada a ampliar la licencia de maternidad “debe ser una discusión amplia. A nadie le cabe en la cabeza controvertir la necesidad de una licencia de maternidad remunerada para garantizar los derechos, primero, de los menores y, en segundo lugar, el desarrollo profesional de las mujeres. Lo importante aquí es dónde está el punto intermedio entre el entorno económico y la satisfacción de esos derechos”.

“Una ampliación de la licencia de maternidad cuesta y es una verdad que nadie puede controvertir”. Dado que los recursos financieros saldrían del sistema de salud, se podría pensar que no implicarían costos para nadie. Pero, “eso no es cierto. El sistema de salud se nutre necesariamente de los impuestos, en particular del impuesto sobre la renta para la equidad (CREE) que pagan los empresarios. Y no hay que hacer un análisis muy extenso para saber que se necesita mucho más dinero para salud. Por eso, estas medidas deben ser miradas con un enfoque sobre el impacto en las finanzas del sector salud y como los recursos son finitos habría que preguntarse, ¿de dónde se recorta para cubrir esta ampliación?”, acota Arango.

Estimaciones del impacto

“Unos primeros cálculos de Fenalco indican que de los 22 millones de personas ocupadas en Colombia el 42% son mujeres, de esta fracción el 47% están empleadas formalmente. Eso significa que 4.3 millones de mujeres se encuentran cubiertas por el sistema de seguridad social. Por otra parte, en Colombia se presentan al año, según el DANE, un poco más de 682 mil nacimientos. Si uno toma la participación en el mercado laboral femenino y la contrasta con esta cifra de natalidad, significa que cerca de 135 mil mujeres que forman parte del sector formal están en embarazo”.

“Sobre esas 135 mil es que uno debe medir el costo al sistema de salud de la ampliación de la licencia de maternidad. Asumamos que todas esas mujeres se ganan el salario mínimo, la medida costaría 304 mil millones de pesos. Imagínese la magnitud del impacto si hiciéramos el cálculo con las diferencias salariales. Con este panorama habría que tomar una medida: subir el CREE para cubrirla o morderle estos recursos a otro gasto que tenga la salud. Las dos son desastrosas”, advierte Arango.

Precisa que “la mujer ha venido perdiendo participación en el mercado laboral formal. Según datos del DANE en el trimestre móvil julio-septiembre del 2015 las mujeres perdieron, comparado con el año pasado, 2,2% y peor aún la informalidad para ellas creció un 0,8%. Con estas cifras, lo que la regulación debe hacer es generar incentivos o disminuir asimetrías a la contratación de las mujeres y no medidas que puedan hacer que en una decisión de eficiencia económica se prefiera contratar hombres”.

“Colombia tiene una protección óptima en lo que tiene que ver con licencia de maternidad. Es cierto, hay países que pagan más semanas, pero reducen el nivel de ingreso durante esta etapa. Aquí hay que recordar que se paga al 100%. También hay países que pagan más semanas al 100%, pero con unos resultados nefastos. Ahí está el ejemplo chileno y la pérdida de participación de las mujeres en el mercado laboral”, argumenta Arango.

Y agrega: “lo otro es que la iniciativa presenta una confusión entre los conceptos de licencia de maternidad y el de crianza. Hay países que tienen licencias muy amplias divididas en dos conceptos: una inicial de maternidad enfocada a la lactancia y protección de los menores durante sus primeras semanas de desarrollo y otra denominada de crianza, que tiene dos características: es voluntaria y se paga solo un porcentaje del salario. En Italia, por ejemplo, es de 26 semanas y se paga el 30% del salario. En ese contexto, tenemos una protección que está en la media del número de semanas que se otorgan y que se paga de manera plena. No creo que haya condiciones en este momento para modificar la norma”. 

Por su parte, insiste la representante Tatiana Cabello, deben prevalecer “los intereses del niño y las empresas tienen un compromiso de responsabilidad social que debería ir de la mano” con la propuesta de ampliar la licencia de maternidad. “Los costos no son muchos, porque lo que se deja de pagar a la persona que se va de licencia, eso mismo se utiliza para pagar al reemplazo” y aclara, inclusive, que “muchas veces al reemplazo se le paga menos que al trabajador titular”. Además, “no todos los cargos necesitan entrenamiento” cuando se contrata a alguien para reemplazar a una trabajadora que va a salir de licencia de maternidad.

Según Cabello, el proyecto de ley, además de aumentar a 18 semanas la licencia de maternidad, brinda la posibilidad de que esta llegue a ser de seis meses, es decir, de 24 semanas, situación en la cual la trabajadora puede acordar con el empleador, por ejemplo, que le permita a la madre realizar las funciones de su cargo mediante teletrabajo o en un horario flexible. “Eso depende de cómo lo negocie con el empleador. La única condición que el empleador le puede poner a la empleada para certificarle y darle hasta las 24 semanas” es que el pediatra de la empresa promotora de salud (EPS) a la que está afiliada certifique que “el niño está cumpliendo con los controles de talla y peso y con el esquema de vacunación”.

Frente a la expectativa de que la mayoría de las madres aspirarán a tener las 24 semanas de licencia de maternidad, la congresista sostiene que será “una decisión muy personal de cada mamá. No todas querrán eso. Es una decisión de libertad para la mamá”. Aunque cree que “la gran mayoría sí” buscará los seis meses de licencia. “Yo sería feliz y lo confieso”, si eso ocurriera. Asimismo, considera que el proyecto ha tenido buena acogida entre las diferentes corrientes políticas del Congreso de la República, razón por la cual espera que se convierta en ley, en el 2016.

Juan Carlos Guataquí, economista e investigador de la Universidad del Rosario, no ve “probable que se convierta en ley” la propuesta de ampliar la licencia de maternidad de 14 a 18 semanas y piensa que los empleadores “la perciben como una sobrecarga”. A pesar de que la licencia de maternidad sea financiada por el sistema de salud, “el empleador se priva de un puesto de trabajo. Un empleador no va a contratar seis meses a alguien para reemplazar a una mujer que está en licencia de maternidad”, acota.

Según Guataquí parece usual que los empresarios no reemplacen “a una empleada que sale de licencia de maternidad”, pues hay evidencia de que “a los empresarios no les gusta la rotación, porque es difícil conseguir la gente, capacitarla, darle dotación” y las licencias de maternidad implican rotación de personal.

“En el escenario político de una economía tripartita (Estado, empleadores y trabajadores), de una democracia representativa, no veo que el Congreso de la República vaya a aprobar esa ley y menos viniendo del partido de la oposición”, comenta el catedrático Guataquí.

Repercusiones negativas

Ahora, de llegar a ser aprobada la ley, “mi hipótesis es que los efectos serían totalmente opuestos a los deseados”. Se debe tener en cuenta que “podría estimular la natalidad. Una cosa es la discriminación teórica y otra cuando se mira cómo maneja una empresa sus casos específicos. Primero, si una mujer tiene un cargo formal y ve que hay un apoyo a la posibilidad de su maternidad, mejor, incluso, que el de antes, se sentiría incentivada a tener hijos. Nacerían más hijos. Ese sería el primer efecto demográfico”.

En cuanto a otras consecuencias, la ampliación de la licencia de maternidad conllevaría a “empeorar las condiciones laborales globales de las mujeres. La informalidad en la vinculación laboral se incrementaría, porque, en términos comparativos, un empleador considera que una mujer con potencial reproductivo es más costosa”.

Guataquí sostiene que “una medida bien intencionada, en ocasiones, puede llevar a consecuencias indeseadas. Colombia no es un país nórdico donde la responsabilidad social venda, donde los empresarios”, mayoritariamente, se inclinen por los esquemas de responsabilidad social. Sería ideal que esta filosofía hubiese permeado a todas las empresas del país y que aceptaran la ampliación de la licencia de maternidad, porque “el beneficio social es mejor que el costo. Con lo que nos cuesta el sistema de seguridad social, extender la licencia de maternidad, en términos del bienestar de los niños, sería mejor. Me parecería maravilloso. Pero no creo en el altruismo de la sociedad, sobre todo en el de los empresarios”.

Para el investigador “una mujer que termina con seis meses de licencia de maternidad, tiene un empleo extremadamente formal”, es decir, muy estable. “El tipo de mujer que lograría negociar esas condiciones laborales (una licencia de maternidad de 24 semanas) es la minoría” en Colombia.

Anota Guataquí que desde la perspectiva de las empresas, “en igualdad de condiciones, una mujer es más costosa que un hombre” por el aspecto de la maternidad. Dado que ese parece ser el escenario de toma de decisiones empresariales, se puede deducir que “una mujer tenga menos probabilidad de conseguir un empleo que un hombre”, porque el empleador debe contemplar la posibilidad de que la mujer salga, en un determinado tiempo, con licencia de maternidad.

Iván Arenas, presidente de la junta directiva de ACRIP Nacional, gremio de los ejecutivos de gestión humana del país, asevera que “el espíritu del proyecto de ley es muy bueno”, pero manifiesta preocupación por los costos laborales adicionales que ocasionarían la ampliación de la licencia de maternidad y que contribuirían a hacer más pesada la carga impositiva de las empresas. Existe el riesgo de que esa iniciativa no sea sostenible a largo plazo y “en cierta forma es un arma de doble filo para la misma trabajadora”.

“La EPS paga la licencia de maternidad, pero no las prestaciones sociales” correspondientes a las 14 semanas actuales de la licencia y las prestaciones que se ocasionarán por las semanas en que se podría aumentar tal licencia también quedarían a cargo del empresario, al igual que las prestaciones sociales de la persona que se contrataría para reemplazar a la madre.

Por otro lado, recalca que se generaría un importante costo vinculado con la productividad. “Una persona que ya conoce muy bien su cargo mantiene la misma productividad” en la empresa, mientras que eso no ocurre con una persona nueva que llega a desempeñar aquel cargo.

“La curva de aprendizaje tiene un costo para la organización” que implica la contratación del reemplazante con antelación a la fecha en que saldrá de licencia la madre trabajadora. “Si la licencia es por 18 semanas, el empresario tendría que contratar a una persona dos o tres semanas antes” a fin de entrenarla, tiempo durante el cual tendría que seguir pagando el salario de la madre y el del reemplazante con todas las prestaciones de ley.

Respecto a la toma de decisión de una empresa de reemplazar o no a una trabajadora durante el periodo que se va de licencia de maternidad, Arenas asegura que eso depende de la importancia que las funciones de su cargo tengan en relación con la productividad de la organización. Desde esta perspectiva, “si es un cargo que no amerita el reemplazo, pues lógicamente es un costo que se va a ahorrar el empresario. Pero si el cargo amerita el reemplazo y es indispensable (en términos de productividad), pues hay que hacerlo”. Descarta que la actitud general de los empresarios colombianos sea la preferencia por no contratar el reemplazante para una trabajadora que salga a licencia de maternidad.

“Esta ley podría terminar perjudicando a la misma mujer. Pero, desde el punto de vista filosófico, estoy muy de acuerdo con la misma. Es importantísimo que la mujer cuide a su hijo durante los seis primeros meses, la lactancia. El problema es la situación económica del país que estamos viviendo. El empresario en Colombia no resiste más carga, ni más costos”, asevera el directivo de ACRIP Nacional. “Así mejore la economía, pues la carga impositiva del empresario siempre va a ser la misma y la más alta. Tendríamos que pensar en cómo se le ayuda a que baje esa carga impositiva” para crear un entorno empresarial más favorable a iniciativas como la ampliación de la licencia de maternidad.

Arenas se inclina a pensar que “no tuvo una implicación negativa el aumento en dos semanas de la licencia de maternidad para la mujer”, al pasar de 12 semanas a 14, por efecto de la Ley 1468 del 2011. Pero advierte que la idea de aumentarla a 24 semanas, sí causa preocupación al empresario y tal cambio en la norma “terminaría perjudicando la contratación de la mujer”. Además, considera inconveniente e inoportuno el momento económico para proponer la extensión de la licencia, de ocho a 15 días, para los padres vinculados laboralmente a las empresas cuando nace un hijo suyo, pues también implicarían mayores costos laborales para los empleadores.

Visión social

Ana Isabel Arenas, economista y consultora independiente en temas de género, sostiene que “la maternidad es una función social, no es individual. Las mujeres son las que pueden parir, pero cuando nace el niño, no es solo problema de qué pasa con él, también es importante qué pasa con las mujeres en esa relación. Se necesita no solo tiempo para reponer el cuerpo, sino para crear esa relación, porque cambia la vida de las mujeres”.

Adicionalmente, “hay que mirar cómo se quita toda la responsabilidad solo de las mujeres y se redistribuye con los hombres” a fin de aminorarle peso a la tesis empresarial de que la maternidad encarece los costos de los empleadores. Anota que en el régimen de Islandia, “recién nace el bebé son tres meses para la madre (de licencia) y después tres meses para el padre, y se ve muy feo si no los toma, y tres meses más que se pueden distribuir entre padre y madre”. Así pierde fuerza la idea de que la “maternidad encarece al sistema por las mujeres”.

La investigadora cree que sí se requiere ampliar la licencia de maternidad, porque se necesita más tiempo para desarrollar esa relación entre los padres y su hijo recién nacido. Sostiene que es apremiante redistribuir las cargas del hogar entre el hombre y la mujer, razón por la cual se muestra a favor de “ampliar la licencia de paternidad de los hombres. Ellos también tienen derecho a tener un tiempo mayor para acostumbrarse a esa nueva persona, a participar directamente de la crianza”.

“En la medida en que hay unas mejores condiciones para las mujeres, a la larga, eso se revierte” a las empresas y a la sociedad, en general. “Las empresas tienen que hacer parte del desarrollo. Los sectores que toman parte de este son el Estado, el mercado, la familia y la sociedad civil. Entonces, en el mercado, sean las empresas públicas o privadas, hay que dejar esa” reticencia frente a las medidas de alcance social, pues “parece que ellas no tuvieran que tener costos; son las que más se benefician con el bienestar de una buena crianza” de los hijos de los trabajadores.

Ana Isabel Arenas asevera que “la maternidad no solamente hay que reconocerla porque se está en el mercado laboral, porque se gana un salario. Las mujeres desempleadas, las mujeres jefas de hogar desempleadas, las mujeres pobres desempleadas, por qué no tienen derecho a vivir una maternidad que les permita estar tranquilas; son mujeres que no ganan un peso, porque no han conseguido trabajo. Además, a las mujeres que se han dedicado a la crianza, al trabajo del hogar, tampoco se les reconoce nada y ellas están reproduciendo la fuerza de trabajo” sin el pleno apoyo del Estado.

La especialista en temas de mujer manifiesta que la sociedad es contradictoria. “Vive culpabilizando a las mujeres” al advertirles que si no le dan leche materna a los bebés, por lo menos durante seis meses, ellos pueden tener problemas de desarrollo físico o cognitivo, “pero no es coherente con el tiempo que pueden tomarse” para esa actividad si trabajan. “Y tener lactarios es importante, pero no es lo mismo. Pido coherencia en los mensajes que se dan: sea buena mamá, dedíquese a su hijo, pero usted tiene que ir a trabajar”.

Quizás para poder implantar medidas como la licencia de maternidad de 18 semanas se podría reflexionar en el país sobre “cómo logramos un equilibrio fiscal para el desarrollo pensando en la humanidad, en las personas, y no cómo les bajamos derechos para tener un equilibrio fiscal. Este es un instrumento de igualdad, no de desigualdad”, asegura la investigadora Arenas.

Reconoce que entre las causas de discriminación laboral de la mujer, en Colombia, la maternidad ocupa lugar destacado. “La ideología patriarcal es todavía el factor general. Es decir, seguimos pensando, en cierto sentido, que el hombre es proveedor y que la mujer complementa el salario del hogar. Y eso ya es mentira en un país donde más del 30% de las jefaturas de hogar es femenina, o sea que es la mujer quien aporta el mayor ingreso o casi el total de este; en un país donde los salarios han disminuido tanto que se necesitan dos salarios, en general, en los hogares, para tener un nivel de vida aceptable. Entonces, seguir pensando que las mujeres no tienen la misma necesidad y por lo tanto tampoco tienen los mismos derechos para acceder al trabajo” que los hombres resulta un desatino.

Por su parte, Nelcy Paredes, vicepresidente operativa y financiera de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (Acemi) explica que “el Sistema General de Seguridad Social en Salud cubre, además de las prestaciones en salud, un subsidio monetario a las mujeres durante el periodo de licencia de maternidad (14 semanas). También se ha establecido este subsidio a los padres pero por un tiempo menor (8 días)”.

Agrega que “este subsidio lo paga el Fondo de Solidaridad y Garantía (Fosyga) aunque el trámite para su reconocimiento y giro se realice a través de las empresas promotoras de salud (EPS). En este caso la EPS recibe de los empleadores o trabajadores independientes el certificado de la licencia, evalúa el cumplimiento de los requisitos para ser beneficiario del subsidio, definidos por el Gobierno y, de ser pertinente, gira al empleador o trabajador independiente el monto que corresponda. Una vez girado, la EPS procede a solicitar al Fosyga el reembolso de los recursos”.

“Es necesario recordar que el subsidio que otorga el sistema equivale al 100% del ingreso base de cotización con el cual se cotiza al sistema. Adicionalmente para tener derecho al 100% se requiere haber cotizado como mínimo por un periodo igual al del embarazo. En caso contrario el sistema solo reconoce una proporción igual al periodo cotizado”.

De acuerdo con Paredes, en relación con la eventual extensión de la licencia de maternidad a 18 semanas, “el impacto financiero para la EPS solo estaría representado en el mayor aporte que tendría que pagar para garantizar las cotizaciones a salud y pensión que se causan durante ese mayor periodo. Por la extensión del subsidio principal no asume ningún riesgo. Actualmente el Fosyga paga al año cerca de 500.000 millones de pesos en este subsidio. La extensión a 18 podría costarle al sistema alrededor de 180 mil millones de pesos”.

Paredes explica que “las implicaciones de la extensión a 18 semanas y la posibilidad de extenderla a 24 semanas es de orden financiero para el sistema. Este subsidio se financia con los aportes por cotización que realizamos todos los trabajadores afiliados al sistema. Por tanto en la medida en que se aumente el beneficio habrá menos recursos para pagar las prestaciones médicas o se tendría que evaluar la posibilidad de aumentar las cotizaciones. El régimen contributivo solo se financia con los aportes de empleadores y trabajadores que hoy está en el 12,5% del ingreso base de cotización y con ellos debemos financiar el plan obligatorio de salud (POS) y los subsidios monetarios en caso de licencia de maternidad y de incapacidad por una enfermedad no laboral. Desde el 2014, en algunos casos, parte de las cotizaciones se financia con recursos de presupuesto nacional (CREE) que sustituyeron el aporte del empleador”.

A pesar del agitado panorama legislativo que vive en el Congreso de la República, se espera que la propuesta de ampliar la licencia de maternidad ponga sobre la palestra la importancia de que el país reflexione acerca de fórmulas encaminadas a buscar una verdadera equidad entre hombres y mujeres en el mercado laboral y en la sociedad, en general.

AL192P11
AL192P11