Reflexiones en torno al concepto de delincuencia organizada y sobre algunas organizaciones criminales actuales

Revista Nº 21 Oct.-Dic. 2007

Roberto Andrés Ochoa Romero 

Doctor en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid 

Profesor investigador titular de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo 

(México) 

Introducción

Hoy vivimos en un mundo en el que la libre circulación de las personas y de los bienes se hace cada vez más común, por tanto, cada Estado posee particulares intereses fundamentales ligados a la conservación de la integridad de su territorio, a la defensa de su soberanía e instituciones y a la permanencia de su potencial económico y tecnológico.

Sin embargo, un cierto número de elementos delictivos específicos que, como veremos, casi siempre aparecen bajo estructuras organizadas de manera nacional o internacional, colisionan frontalmente con dichos intereses fundamentales y, en la mayoría de los casos, logran violentar la integridad institucional de muchos países. Este tipo de fenómenos delictivos organizados son, principalmente, las actividades de narcotráfico, terrorismo, tráfico de indocumentados, tráfico de órganos y agresiones al patrimonio económico —como el blanqueo de capitales—, entre otros muchos.

La delincuencia organizada es, sin lugar a dudas, uno de los problemas más graves por los que actualmente atraviesa la comunidad mundial, en atención a las gravísimas consecuencias que trae aparejadas en prácticamente todos los ámbitos de la vida en sociedad.

Se trata de un fenómeno delincuencial de carácter mayoritariamente trasnacional, que ha sido identificado en múltiples foros como todo un sistema económico paralelo y clandestino. Una de sus principales manifestaciones, el tráfico de drogas, genera por sí misma ingresos incalculables que facilitan a la organización la adquisición de elementos tecnológicos de punta en materia de comunicaciones y transportes. Por consiguiente, genera una potente capacidad adquisitiva que permite, incluso, conseguir los servicios de funcionarios corruptos que, desde puestos claves en las instituciones gubernamentales, permiten la consecución de los objetivos prioritarios de la organización.

Otras de las conductas típicas y antijurídicas que aparecen aunadas a la delincuencia organizada se refieren a actividades relacionadas con el comercio ilícito de armas, de corrupción de funcionarios —con la consecuente pérdida de seguridad jurídica—, así como la participación en conflictos de tipo político —como el caso del terrorismo—. Tales actividades representan una gravísima amenaza para la estabilidad de cualquier nación y, además, constituyen un ataque frontal a los mecanismos ordinarios de convivencia social de cualquier Estado democrático de derecho.

Por otro lado, y en lo que respecta a la búsqueda de una objetiva conceptualización de este fenómeno criminoso, vemos que han surgido múltiples propuestas que resultan mayoritariamente coincidentes en el hecho de que se trata de un acuerdo entre personas, dirigido a alcanzar un objetivo común, mediante la utilización de otros individuos de los que se valen para obtenerlo, desde luego, sin ningún respeto a los intereses sociales fundamentales.

No obstante, la conceptualización de este tan abominable fenómeno ha causado no pocos problemas en el campo de la doctrina jurídico-penal y procesal penal. Sin embargo, se ha podido establecer que el crimen organizado se presenta como un tipo de sociedad paralela que busca operar fuera del control del Estado y que involucra a un sinnúmero de delincuentes que trabajan dentro de estructuras tan complejas, ordenadas y disciplinadas como las de cualquier otra organización(1), las cuales están sujetas a reglas aplicadas con gran rigidez.

Este tipo de criminalidad se caracteriza también por la no impulsividad de sus acciones, que son más bien resultado de previsiones a corto, mediano y largo plazo, con el propósito de ganar control sobre diversos campos de la actividad delictiva y, de esta forma, aglomerar grandes cantidades de dinero que a la postre se verán traducidas en un importante poderío bélico y tecnológico.

En efecto, este fenómeno criminal representa un tipo de delincuencia de mucha mayor peligrosidad que la común. Y dicha peligrosidad se actualiza en atención a la confluencia de distintos factores como: contar con la participación de individuos de probada eficiencia que se encuentran especialmente colocados dentro de la estructura de la organización, poseer capacidad de impartir entrenamiento especializado a los nuevos integrantes, operar con medios tecnológicos de punta y actuar con una gran capacidad para el blanqueo de capitales mediante el acceso a información privilegiada. De esta forma, la capacidad de operación de la organización criminal rebasa, conforme al marco jurídico existente, la capacidad de reacción de los organismos gubernamentales encargados de su control y combate.

No olvidemos también que este tipo de criminalidad trae aparejada una dificultad extra en cuanto a su tratamiento, la cual se encuentra constituida por la constante evolución de la tecnología que tiene a su alcance, así como el perfeccionamiento y sofisticación de sus medios de operación y sistemas de organización, elementos que hacen día a día más complicada la tarea de las instituciones públicas encargadas de su combate(2).

Pues bien, vistas ya de manera muy somera las características que, en general, identifican al crimen organizado y lo diferencian de otras organizaciones o asociaciones criminosas, a continuación analizaremos el concepto actualmente dominante sobre dicho fenómeno, para dar paso, posteriormente, a una breve exposición sobre las organizaciones criminales internacionales más representativas.

1. Concepto de delincuencia organizada.

Actualmente, y como consecuencia de la globalización generalizada que experimenta la sociedad mundial, las fronteras se han abierto, las barreras comerciales internacionales son prácticamente inexistentes y la información se transmite rápidamente por todo el mundo a través de internet.

Desafortunadamente, la criminalidad organizada no ha sido ajena a tan acelerada evolución mundial(3). Este fenómeno delictivo ha venido evolucionando también de forma vertiginosa en los últimos años, a la par de la globalización económica y tecnológica, en atención a, sobre todo, sus propias necesidades de expansión y a las características que le son propias. En consecuencia, dicho fenómeno se ha apartado notablemente de la delincuencia convencional(4), provocando, por tanto, una acentuada preocupación por parte de todo Estado que busca alcanzar un mayor y mejor control y combate de tal fenómeno.

Como consecuencia de esta globalización generalizada, los negocios internacionales han florecido como también lo ha hecho la delincuencia organizada de corte trasnacional, que opera, como no podía ser de otra forma, por motivaciones claramente de tipo utilitario y en función de intereses fundamentalmente económicos(5). Al amparo de dichas organizaciones se han forjado y se siguen forjando grandes fortunas como resultado, sobre todo, de las actividades de tráfico de drogas, de promoción de la prostitución, de tráfico de armas de fuego y de un amplio catálogo de delitos transfronterizos.

Y es que todos los años, los grupos delincuentes organizados blanquean enormes sumas de dinero de procedencia ilícita, capital que, naturalmente, escapa del control jurídico-penal y hacendario del Estado; aunque hay que reconocer que hoy en día se están dando grandes pasos en el control de los denominados “paraísos fiscales”.

Esta problemática nos obliga a conocer —o cuando menos a intentar conocer— los elementos, alcances y métodos de funcionamiento del cáncer mundial que constituye el fenómeno de la delincuencia organizada, pues, de otra forma, inútil resultará cualquier esfuerzo tendente a su erradicación.

Pues bien, cuando se habla de delincuencia organizada no se hace referencia a un determinado delito o delitos perpetrados por una pluralidad de sujetos(6) —responsabilidad correspectiva, coautoría(7) o asociación delictuosa—, sino que, se alude más bien a una relación permanente de interdependencia entre los miembros de una organización criminal, que resulta directamente proporcional a una estructura jerárquica estricta, y a vínculos de coordinación e interconexión entre dichos miembros o, en un segundo plano, a relaciones entre diversas organizaciones del mismo o diferente corte criminal tendentes a la perpetración de alguno o algunos delitos en los que tienen particular injerencia.

Como podemos ver, existen muy particulares características que separan al crimen organizado de otras muchas manifestaciones criminales, por lo que, una vez identificados los rasgos más característicos del fenómeno, es indispensable conceptuarlo, pero también conceptualizarlo, esto es, forjar un concepto de delincuencia organizada, así como elaborar conceptos acerca del crimen organizado.

Así es, por lo que respecta a la construcción de un concepto estricto de delincuencia organizada, es importante tener en cuenta que se trata de una tarea que está rodeada de diversos elementos sumamente imprecisos y plagados de relativismos, lo cual plantea, sin ninguna duda, graves problemas de legalidad(8). En consecuencia, no han faltado quienes, incluso, se han decantado por la postura de la imposibilidad de conceptualización del fenómeno de la delincuencia organizada(9).

Sin embargo, vemos que se han alcanzado importantes avances y acuerdos en cuanto a los elementos de dicha concepción normativa, que han permitido, si se quiere medianamente, su conceptualización(10), de la cual dependerá en gran medida la eficacia de su control (11) . Y es que resulta incuestionable la conveniencia de que exista una definición de criminalidad organizada y, más aún, que sea recogida en una disposición legal(12), en atención a que, como refiere Zincani, el estudio de la criminalidad organizada encuentra su primer obstáculo en la definición de su objeto(13).

En efecto, para identificar una organización criminal que se corresponda con la estructura actual de la delincuencia organizada —quedando debidamente delimitada de la criminalidad común—, es necesario conocer sus más esenciales características, dentro de las cuales destacan: la forma de participación delictiva de los miembros de la organización; quién o quiénes la conforman; su temporalidad, así como su forma de organización. Así mismo, no pueden dejarse a un lado sus principales finalidades, sus objetivos primarios, la manera de expresarse delictivamente y su carácter territorial o extraterritorial, entre otras.

Por lo tanto, la configuración o integración de la organización, su estructura interna y jerárquica, la disciplina y el control establecidos tanto para el reclutamiento como para la ubicación de los individuos dentro de la organización, su finalidad, objetivos principales, el ámbito territorial donde actúa y lleva a cabo sus actividades delictivas son las principales características de este fenómeno, las mismas que se han buscado plasmar en la gran mayoría de las definiciones sugeridas sobre criminalidad organizada. Indudablemente, en algunos casos se han conseguido grandes avances que deberán ser adoptados por la comunidad internacional —v. gr. la Comunidad Europea—.

Ahora bien, la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional ha definido al grupo delictivo organizado en su artículo 2º inciso a), señalando que se trata de “un grupo estructurado de tres o más personas que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves o delitos tipificados con arreglo a la presente convención con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material”(14).

En dicho documento también se señala —artículo 2º, inciso b)— que debe entenderse por delito grave “la conducta que constituya un delito punible con una privación de libertad máxima de al menos cuatro años o con una pena más grave”(15).

En cuanto a la configuración o integración de estos grupos delincuentes organizados, se ha establecido que basta con la participación de tres o más personas en su estructura, tal y como lo señala el artículo 2º de la convención comentada. Dicha estructura ha sido utilizada para definir al fenómeno en la mayoría de los países.

En México se ha plasmado dicho concepto en el artículo 2º de la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada(16), que a la letra reza: “Cuando tres o más personas acuerden organizarse o se organicen para realizar, en forma permanente o reiterada, conductas que por sí o unidas a otras, tienen como fin o resultado cometer alguno o algunos de los delitos siguientes(17), serán sancionados por ese solo hecho, como miembros de la delincuencia organizada”.

A diferencia de lo que sucede en otras legislaciones penales, por ejemplo en España(18), la mencionada Ley Federal tipifica el fenómeno de la delincuencia organizada como delito autónomo(19), sujeto, en la práctica, a la comisión de alguno o algunos de los delitos que señala como numerus clausus el propio artículo 2º de dicha ley, y sancionándolo de acuerdo al delito cometido y a ciertas características del sujeto activo(20).

Ahora bien, por lo que respecta al carácter organizativo de este fenómeno criminal, se puede hablar del reparto de tareas o división del trabajo, actuación planificada, coordinación entre sus miembros, estabilidad y actuación de forma persistente(21), prolongada, reiterada e indefinida y que su estructura puede ser paralela o análoga a la de cualquier otra estructura social. Así lo ha establecido también la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional.

Este tipo de organizaciones, casi como cualquier otra, cuenta con una estructura jerárquica(22) bien definida. Existe una clara conciencia de dependencia, con diversos escalones o niveles —estructura piramidal—, que puede ser renovada cuando exista un vacío de poder producido por diversas causas, principalmente por fallecimiento o detención de cualquier miembro de la organización criminal, en especial el dirigente o “jefe”.

Las organizaciones criminales de este tipo, mantienen la cohesión entre sus miembros, mediante la utilización de normas no escritas de disciplina y control, verbigracia, la omertà o código del silencio, que implica un alto grado de solidaridad hacia el grupo. De esta forma, se ejerce una disciplina férrea hacia los integrantes de la organización, utilizando la violencia y el carácter secreto de normas estrictas, apoyadas en un sistema implacable de sanciones.

Estas organizaciones operan bajo un principio eficientemente desarrollado de división del trabajo, que comporta células que solo se relacionan entre sí a través de los mandos superiores. Cuentan, además, con posiciones perfectamente perfiladas con relación a las cualidades de sus miembros y, en caso de ser necesario, subcontratan servicios externos.

Sobre su finalidad, esta debe estar dirigida a obtener un alto poder, traducido en beneficios políticos y económicos, además de bienes y servicios; conquistar ese poder antagónico y paralelo al Estatal, es una finalidad que siempre está en el pensamiento de este tipo de delincuentes.

Algunos de los medios que utiliza el crimen organizado para conseguir sus objetivos son, entre los más importantes, la violencia(23) —muy característica de las mafias orientales—, la corrupción, el chantaje, el terror y la intimidación.

Respecto al ámbito territorial de su actuación, cabe mencionar que la organización puede operar de forma local, nacional o internacional, siendo el común denominador la trascendencia de las fronteras nacionales, pues toda organización tiende a expandirse, más aún en tratándose de organizaciones ilegales que buscan constantemente formas de operación más anónimas. El factor extraterritorial en este sentido, se ve favorecido por los actuales tiempos de globalización, en los que las fronteras son mucho más endebles, debido, entre otras cosas, a la liberalización del comercio a nivel mundial y a la constante expansión y promoción de actividades financieras y bursátiles a través de Internet.

Pues bien, en síntesis, y siguiendo a Martínez Bautista, podemos señalar como elementos de una organización criminal los siguientes(24): estructura organizativa compleja, gran coordinación entre sus miembros, sistema de funcionamiento propio, relaciones de dependencia y jerarquía entre sus miembros, actúan de forma permanente, su actividad se prolonga en el tiempo, su finalidad criminal es siempre homogénea, gozan de multiplicidad de medios comisivos, continuidad de la actividad delictiva y territorialidad indeterminada en su actuación.

Todos y cada uno de estos elementos permiten el propio objetivo primordial de dichas organizaciones criminales que, de acuerdo con Martínez Bautista, consiste en “la misma empresa u organización y su engrandecimiento. El medio es la ejecución de actos delictivos y el fin último no es otro que la conquista de parcelas de poder, más o menos amplias que determinen en un momento concreto que se definan unos auténticos contrapoderes económicos, antagónicos y paralelos a los legales”(25).

Finalmente, de acuerdo con lo anteriormente expuesto, es posible concluir que constituye delincuencia organizada: la actividad secreta llevada a cabo por tres o más personas, de manera organizada, estructurada y planificada con normas paralelas a las del Estado, dirigida a cometer uno o más delitos calificados como graves, de forma permanente o reiterada, con miras a adquirir toda clase de beneficios económicos, políticos y sociales, pudiendo tener carácter local, nacional o internacional, y provocando como consecuencia un perjuicio importante del sistema legal y de la propia sociedad(26).

1.1. El concepto contenido en el artículo 282bis.4 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal española.

Hasta hace relativamente poco tiempo, no se contaba en España con una disposición legal que proporcionara siquiera una pauta de lo que debía entenderse por delincuencia organizada, contrariamente a como venía sucediendo en otros países del mismo entorno. Y no fue sino hasta el año de 1999 cuando se introdujo legalmente el concepto de delincuencia organizada, muy medianamente si se quiere, pero que no obstante cumple con la función de cubrir el vacío interpretativo que imperaba al respecto.

Efectivamente, fue la Ley Orgánica 5/1999 del 13 de enero la que añadió en la Ley de Enjuiciamiento Criminal un artículo 282bis, conformado por cinco apartados dirigidos a regular la novedosa figura del agente encubierto. Pero dentro de estos cinco apartados, interesa en este momento reflexionar sobre el número 4.

El artículo 282bis.4 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal señala: “A los efectos señalados en el apartado 1 de este artículo, se considerará como delincuencia organizada la asociación de tres o más personas para realizar, de forma permanente o reiterada, conductas que tengan como fin cometer alguno o algunos de los delitos siguientes”(27):

Como podemos observar, el legislador español incluyó en la anterior “definición” solo algunos de los elementos configuradores del concepto general de delincuencia organizada: asociación de tres o más personas; realización permanente o reiterada de conductas y finalidad criminosa específica, lo cual resulta claramente insuficiente a efectos de justificar el mayor desvalor de la conducta(28).

Los elementos mínimos descritos no hacen más que establecer un amplísimo supuesto de modalidad comisiva que roza la naturaleza de un acto preparatorio, punible, naturalmente, solo para aquellos casos en que así lo prevea el Código Penal español(29).

Por otro lado, vemos que en la citada descripción legal podrían subsumirse cualquiera de las modalidades de conducta contenidas en el artículo 515 del Código Penal español(30) —relativas a las asociaciones ilícitas—, diferenciándose, solamente, por el elemento cronológico —permanente o reiterada— de la conducta delictiva. Nos parecería sumamente lábil tratar de diferenciar las asociaciones ilícitas y la delincuencia organizada, solo en cuanto a la cantidad de integrantes de aquellas o de estas.

La relatividad propia de los elementos contenidos en el artículo 282bis.4 provoca un amplio abanico de posibilidades delictivas que podrían no encuadrar en el supuesto normativo y para las cuales no resultan operativas las medidas propuestas por dicha ley. Por eso, se hace necesaria y conveniente su especificidad.

No obstante, resulta plausible que, aunque con las salvedades mencionadas se haya optado por integrar legalmente un “concepto” de delincuencia organizada que, cuando menos, cubra los vacíos interpretativos provocados por aquellas disposiciones en las que se incluye el elemento normativo “organización criminal”, por ejemplo, las incorporadas al Código Penal español por virtud de la Ley Orgánica 7/2003 del 30 de junio, relativas al régimen de libertad condicional.

Finalmente, resta señalar que la modalidad criminal de delincuencia organizada se presentaría, de acuerdo con la redacción del propio artículo 282bis.4, solo en supuestos delictivos muy específicos —conditio sine qua non—, toda vez que el artículo 282bis.4 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal establece, al igual que el artículo 2º de la ley mexicana en materia de crimen organizado, un numerus clausus de delitos para los cuales aplica dicho régimen. Solución poco feliz, si se piensa en que se omiten, necesariamente, diversas conductas que aparecen generalmente anudadas a las actividades de la delincuencia organizada, verbigracia, cohecho de funcionarios públicos(31).

2. Distinción entre delincuencia organizada y delincuencia común.

Resulta de vital importancia diferenciar a las organizaciones criminales comunes —bandas y asociaciones que tengan como finalidad delinquir—, de la delincuencia organizada(32).

En efecto, tal diferenciación resulta indispensable en atención a que de ella depende la identificación y la correspondiente distinción, en cuanto a tratamiento penal y procesal penal(33), de cada una de tales organizaciones(34). Dicha delimitación puede llevarse a cabo mediante el análisis de la participación permanente o esporádica de sus miembros en el delito, de las características propias de los individuos que participan en la organización, del delito en sí mismo, del bien jurídico lesionado o puesto en peligro, así como por el estudio del modus operandi de la propia organización(35).

Al respecto resultan sumamente ilustrativas las observaciones de Anarte Borallo. El mencionado autor señala como las principales diferencias que imperan entre las bandas y la criminalidad organizada(36) las siguientes:

• En la delincuencia organizada, no es el autor el que determina primaria y fundamentalmente el delito(37), como sí ocurre en las bandas.

• El círculo de personas en las bandas suele ser reducido y asequible, de forma que las relaciones personales resultan muy importantes.

• Las bandas tienen una vida más breve que las organizaciones criminales, ya que estas últimas se establecen con independencia de la dirección, a cuyos cambios sobreviven —la organización perdura más allá de la vida de sus miembros—(38).

• La organización criminal cuenta con estructura, jerarquía, cohesión y estabilidad organizativas, además de sistemas de planificación y logísticas con que no cuentan las bandas.

A pesar de que en efecto se aprecian tales rasgos diferenciadores, existen opiniones tendentes a la determinación de la imposibilidad de distinguir entre la delincuencia organizada y las bandas delincuentes comunes, inclusive las juveniles, pues en la práctica, según tales corrientes, no hay elementos netamente objetivos que las distingan. Por ejemplo, en la opinión de García Ramírez “la asociación delictuosa satisface los extremos de la organización criminal”(39).

Desde otra perspectiva, Cuello Calón apunta que además de las asociaciones cuya ilicitud tiene como base la contraposición con la moral de la sociedad, pueden mencionarse otras organizaciones encaminadas a “cometer todo género de delitos, delitos contra la forma de gobierno, de rebelión, falsificación de moneda, delitos contra la salud pública, trata de mujeres, en una palabra, aquí está comprendido todo género de asociaciones criminales”(40).

En definitiva, existe toda una serie de rasgos diferenciadores que permiten la separación tanto de tratamiento jurídico-penal como de investigación y persecución policial entre la delincuencia organizada y la asociación delictuosa efímera. Rasgos que facilitan, sin ninguna duda, identificar el método de investigación y combate más adecuado para cada uno de estos fenómenos delictivos.

3. Criminalidad organizada y criminalidad organizada internacional.

Como se ha venido esbozando, existen grupos delincuentes organizados cuyo ámbito territorial es de tipo local o nacional, a la par de otros cuyo campo de operación es, fundamentalmente, de corte internacional. Estos últimos se identifican, sobre todo, con asociaciones criminales relacionadas con actividades propias del narcotráfico, la trata de blancas, el tráfico de personas o el blanqueo de capitales.

Aunque en ocasiones ambos sectores de la criminalidad organizada —nacional e internacional— operan en forma conjunta o mediante relaciones claramente diferenciadas de subordinación(41), es conveniente identificarlos.

Efectivamente, resulta de vital importancia identificar el ámbito territorial de operación de la delincuencia organizada, sobre todo en aras de paliar las dificultades persecutorias que representa la indeterminación del locus commissi delicti; tarea poco sencilla a pesar de la existencia de disposiciones de derecho interno en materia de ámbito espacial de validez de la ley penal.

Reconocer dicho elemento territorial permitirá emplear mecanismos más eficientes de identificación y desarticulación de la organización, así como la utilización de mejores técnicas de cooperación judicial y policial encaminadas a la detención y procesamiento de los responsables.

3.1. Criminalidad organizada y criminalidad profesional.

Por lo que respecta a las expresiones criminalidad organizada y criminalidad profesional, cabe mencionar, en principio, que no resultan términos excluyentes, sino que, por el contrario, no se le puede negar el carácter de profesional a la delincuencia organizada. No obstante, como señala Cressey, el uso recurrente y poco crítico de términos como “crimen organizado” y “crimen profesional”, obscurece la consideración de las características que pudieran diferenciarlos(42).

Sin embargo, cabe mencionar que la criminalidad profesional, stricto sensu, supone una inclinación delictiva de tipo unidireccional, esto es, sus exponentes se decantan principalmente por la comisión de delitos especializados —por ejemplo delitos patrimoniales—, pudiendo operar bajo parámetros de delincuencia organizada o de asociación delictiva. Se trata, en este caso, de un tipo de criminalidad caracterizada por el grado de cualificación ad hoc de los miembros de la organización criminal o banda(43).

En nuestra opinión, el término “criminalidad profesional” resulta anacrónico y poco adecuado para referirse a la delincuencia organizada, dada la realidad criminosa actual y las modernas organizaciones criminales en las cuales se enlistan sujetos ya de por sí profesionales del delito.

4. Diversas organizaciones criminales.

En los siguientes epígrafes se analizarán, sin ánimo de exhaustividad naturalmente, algunas de las características de las más importantes organizaciones criminales mundiales.

Como se verá, todos estos grupos delincuentes organizados poseen, si no todas, algunas de las características del fenómeno de la delincuencia organizada que han quedado señaladas ut supra(44), y cómo negarlo, pues la mayoría de estas organizaciones criminales han preparado el terreno para el surgimiento de otras organizaciones de igual o mayor peligrosidad.

Además, se expondrá cómo muchas de estas organizaciones coinciden en su modus operandi y en su también clara tendencia a la realización de actividades delictivas permanentes relacionadas, sobre todo, con delitos contra la salud, el terrorismo y el blanqueo de capitales.

4.1. La mafia.

Los historiadores no coinciden sobre los orígenes de la mafia(45). Algunos los remontan al siglo XVII; otros, a la época de Napoleón; algunos, al reino de las dos sicilias bajo el dominio de los Borbones, pero todos coinciden en el rol político que ha desempeñado la mafia, sobre todo, a partir de la integración de Sicilia al reino de Italia.

El Estado italiano permitió el crecimiento de la mafia como una consecuencia no deseada de la guerra contra el terrorismo —sobre todo el de las Brigadas Rojas—(46) de las décadas de los setenta y los ochenta, que hizo que los mejores hombres del Estado se dedicaran a este problema dejando el sector de la lucha contra la mafia prácticamente sin recursos(47).

Según observan Serge y Ripoll, “el término ‘mafia’ apareció por primera vez en un texto siciliano de 1658, pero es sobre todo en el siglo XIX que se vuelve una corriente en Italia”(48). Sin embargo, en opinión de Carlo Caranci(49), la mafia no se corresponde con una organización, ni con una sociedad secreta, sino que comprende un método, un sistema adecuado para vivir en la sociedad siciliana. No obstante, encontramos otros autores que efectivamente le reconocen la categoría de “organización” a la mafia(50), dentro de la cual existe un severo y protocolario rito de iniciación.

Una de las más connotadas actividades de los mafiosos italianos tiene su reflejo en aspectos político-electorales. En efecto, la mafia opera con la finalidad de cambiar votos y dinero por contratos en concursos públicos, tanto de obra como de adquisiciones, los mismos que les permiten llevar a cabo actividades lícitas que sirven en última instancia para el lavado de dinero —blanqueo de capitales—.

Paradójicamente, otra de las características que distinguen a la organización mafiosa del resto de organizaciones criminales que se le asemejan es que no emplea la violencia de manera ordinaria(51), sino como medio de coacción y en una escala reducida, siempre buscando no afectar amplios y fundamentales intereses sociales(52).

Por cuanto se refiere a las actividades principales de la mafia, cabe mencionar que hasta hace algunos años los grupos mafiosos se dedicaban a planear secuestros y a manejar la prostitución, lo que provocaba que fueran mal vistos dentro de la organización. Y no es sino en los últimos 25 años cuando se han dedicado al narcotráfico, fundamentalmente de heroína, la que transportan desde los países productores asiáticos hacia Estados Unidos(53).

4.2. La camorra.

Esta organización criminal opera principalmente en la zona italiana de Nápoles. Es un grupo delictivo que se distingue por ser mucho más violento que la mafia, debido, en parte, a que no tiene un órgano superior de gobierno como el de la mafia, capaz de controlar los enfrentamientos constantes entre los grupos que la componen(54).

En cuanto a sus principales actividades, se destacan la extorsión de manera sistemática(55), manejo de la prostitución, juegos ilegales de azar, contrabando de tabaco, secuestro de personas y, como nota común con el resto de organizaciones criminales de su categoría, por supuesto, el narcotráfico.

En forma similar a la mafia, la camorra también realiza operaciones a través del control territorial. Sin embargo, su forma de organización es, definitivamente, distinta(56).

Según refiere Sales(57), la camorra se presenta con una serie de características totalmente urbanas como el carácter de masa, la organización centralizada, la ostentación de la violencia y el dominio de la misma, así como una muy peculiar apariencia de sus partícipes; mientras que la mafia, a su vez, está ligada al latifundio y a su propia evolución, manteniendo por mucho tiempo el valor y las características rurales, tales como la discreción, el manejo del acto criminal y no la apariencia, así como la organización en familias y no en masa como en el caso de la camorra. Por lo que respecta a su presencia en el extranjero se sabe que opera por lo menos en 10 Estados de la Unión Americana y en otras partes del sur del continente americano.

Actualmente, y debido a una fractura que Sales denomina “de calidad”(58), la camorra napolitana está tratando de convertirse en una organización moderna y unificada —Nuova Camorra Organizzata, Nuova Famiglia— que presenta, entre otras, las siguientes características(59): a) una mayor extensión territorial; b) el carácter de masa; c) la centralización de la dirección; d) el monopolio de toda la actividad delincuencial pequeña y grande y e) el carácter ideológico de la organización —participación mayoritaria de jóvenes; uso acentuado de ritos de iniciación; el reconocimiento de la violencia como valor en sí; la atribución de valor social a las propias acciones, etc.—.

Empero, la camorra sigue teniendo fuertes y constantes rivalidades internas, debido, en gran medida, a que se trata de una organización estructurada de manera menos sólida que la mafia.

4.3. La N’Drangheta.

Andrangheta es una palabra que, además de difícil pronunciación, deriva del griego andragateo, que significa comportarse como hombre valiente. Tal definición comprende, aunque sea implícitamente, las características específicas de este tipo de organización que se encuentra sólidamente insertada en el tejido social y, además, refleja la visión del mundo en la sociedad que la circunda(60). Esta organización criminal opera principalmente en la zona de Calabria y, al igual que la camorra, es muy violenta en su actuar. Como no podía ser de otra forma, para este grupo delictivo también es importante el control reticular del territorio, el cual efectúa a través de las familias. De hecho, las luchas más violentas se producen precisamente por este dominio.

La N’Drangheta está integrada por diversos grupos o clanes que mantienen relaciones entre sí, sus miembros son reclutados por vínculos de parentesco, de afinidad o consanguinidad, lo que en principio supondría una mayor coordinación y cohesión dentro del grupo. Se calcula que bajo el nombre de N’Drangheta hay en la actualidad 86 organizaciones con 3.800 afiliados(61). Extorsiones, robos de ovejas y, delito típico y constante, el secuestro de personas, habían sido siempre el contenido fundamental de su actividad criminal durante más de un siglo.

Sin embargo, ya en los años ochenta, la N’Drangheta ha dado el salto natural hacia actividades empresariales ilícitas haciéndose con el control de los mercados y del sector de las construcciones, incursionando también en actividades relativas a tráfico de drogas y manejo de las concesiones de obras públicas.

Aunque la N’Drangheta siempre había mantenido contactos con el mundo de la política y el poder por razones de protección, solamente en los años ochenta empezó a manejar una sistemática explotación de los recursos públicos provenientes del gobierno central, hacia la región calabresa. Pero, si en otras épocas los representantes políticos estaban condicionados por la N’Drangheta, en los años ochenta los hombres de esta modalidad delictiva ascendieron a cargos públicos de todos los niveles, acercándose a los partidos del gobierno central, después de haber tenido vinculaciones claras con la extrema derecha.

Finalmente, como refiere Mario Caciagli, la N’Drangheta representa un modelo, un método, una cultura, una forma de comportamiento, en definitiva, un poder. Cada vez son menos los que están dispuestos a considerarla como una simple actividad criminal y de delincuencia(62) .

4.4. La ETA y la Terra Lliure.

A finales de la década de los setenta, España empezó a tener graves problemas con el terrorismo de corte independentista, destacando, particularmente, los movimientos de la ETA —Euskadi Ta Askatasuna— y el movimiento independentista catalán denominado Terra Lliure (63).

La ETA es una organización independentista que luchó con particular apoyo popular en las postrimerías del régimen del general Francisco Franco. Desde aquellas fechas y hasta nuestros días, sus bases han bajado, por fortuna, considerablemente.

Dicha organización se encuentra estructurada en dos frentes: “(...) uno político, ligado principalmente a un partido político llamado Herri Batasuna (HB), que ha llevado diputados a la Asamblea Nacional, y otro militar, que funciona con base en células o comandos de pocas personas que utilizan el terrorismo como arma de lucha política”(64). Sin embargo, recientemente, el Tribunal Supremo Español declaró la ilegalidad del mencionado partido político, aunque después la correspondiente sentencia fuera casada por el Tribunal Constitucional.

Las células con las que opera la ETA obtienen financiamiento por medio de la extorsión como sistema, con el “impuesto” que, organizando campañas periódicas para obtener fondos, exigen a ciertos empresarios vascos —coincidentemente con las actividades mafiosas de Italia—.

La razón de que la ETA haya sobrevivido tanto tiempo, se debe a los asentamientos que estableció en territorio francés, los cuales le han permitido contar con mayor fuerza estando lejos del yugo del gobierno español. Empero, a partir del ingreso de España a la Comunidad Europea, y particularmente a los acuerdos de Shengen de 1985, las autoridades francesas quitaron el apoyo que los vascos tenían en el país vasco-francés.

Existe una fundada presunción de que la ETA actúa en varios países, realizando secuestros para conseguir financiamientos y que durante muchos años tuvo importantes relaciones con otras bandas del terrorismo. Así mismo, se sabe que algunos de sus más importantes representantes han solicitado asilo en países del continente americano.

Por otro lado, además de “los golpes generados por la acción policiaca y el gobierno francés, la ETA sufrió algunos encuentros duros con los llamados ‘arrepentidos’(65), y ha intentado, en más de una ocasión, negociar su rendición con el gobierno español en Argelia, lo que no se ha podido llevar a cabo debido a los llamados delincuentes ligados a hechos de sangre”(66).

Por su parte, la Terra Lliure es un movimiento independentista catalán que intentó actuar de manera parecida a la ETA. Su participación fue frustrada en diversos actos terroristas, ya que no dominaba las técnicas de la construcción y manejo de explosivos, por lo que en más de una ocasión murieron integrantes de la mencionada banda, durante los intentos de explosiones terroristas.

4.5. La Cosa Nostra americana.

La importante emigración que hubo hacia América a lo largo del siglo pasado no solo incluyó a personas, sino que, como es natural, con ellas acarreó cultura, costumbres e idiomas. Los métodos, usos y sistemas mafiosos no fueron la excepción(67). El modus operandi del mafioso americano es sumamente parecido al del original mafioso siciliano. Son perfectamente capaces de defender a su grupo, de extorsionar y explotar, incluso unos cuantos se han convertido en verdaderos hombres poderosos, instalando grupos delincuentes por todo el Estado norteamericano.

La prohibición del alcohol y la llamada Ley Seca, permitieron que por medio del submundo de la delincuencia urbana surgieran los grandes capos de esta nuova mafia(68).

El mafioso americano controla diversos sectores de la economía, de la política local, de las actividades culturales y deportivas, como si de un gobernante se tratara. El mafioso emigrante ha perdido el sentido de la función pública que lo legitima; a diferencia de los mafiosos italianos que invierten en el mercado legal, los emigrantes mafiosos invierten en el ilegal.

Como acertadamente han señalado algunos autores, “la Cosa Nostra americana es la organización criminal más fuerte de los Estados Unidos. Fue fundada como una derivación de la mafia siciliana, pero a partir de 1960 se independizó manteniendo, sin embargo, fuertes ligas con aquella organización italiana. De manera similar a la mafia, la Cosa Nostra americana está fuertemente estructurada en familias, que se dividen en células más pequeñas hasta llegar a grupos de 10 individuos llamados decenas”(69).

El esquema básico de funcionamiento de la Cosa Nostra es la extorsión y el control de sindicatos, así como el de ciertas actividades económicas como: transporte camionero, construcción, eliminación de desechos tóxicos(70) y distribución de alimentos. Igualmente opera mediante la incursión en importantes actividades de juegos de azar, como las carreras de caballos y los casinos, entre otras.

A diferencia de la mafia siciliana, para la que, como se ha dicho, el control del territorio es fundamental para el dominio político y la negociación, en Estados Unidos este problema no es tan importante, ya que en algunas ocasiones las familias de la Cosa Nostra comparten su zona, dedicándose conjuntamente a las siguientes actividades ilícitas: extorsión, juegos ilegales de azar, tráfico de drogas, lavado de dinero y prostitución.

Por último queda señalar que, además de la Cosa Nostra, en Estados Unidos existen otros grupos criminales que, si bien es cierto que en principio no se presentan bajo estructuras tan organizadas, como la mafia o la camorra, también representan un grave peligro para la sociedad y el Estado de derecho. Son pandillas que empiezan a delinquir muy jóvenes, algunas de ellas son los llamados Bloods o los Crips; están, por otro lado, las cuadrillas jamaiquinas, las de motociclistas y de otros grupos étnicos y regionales.

La mayoría de estas pandillas han crecido hasta convertirse en grandes organizaciones criminales que poseen fuertes contactos internacionales para, sobre todo, facilitar sus actividades de distribución de droga.

Por su parte, los grupos criminales japoneses están representados en Estados Unidos por la organización Yakuza(71), que es tal vez la más grande y antigua del mundo y cuyas operaciones son, básicamente, lavado de dinero e infiltración en negocios legítimos.

Cabe mencionar que, además de los anteriores, se tienen registrados nuevos grupos delincuentes asiáticos, como son los coreanos, laosianos, tailandeses y camboyanos, entre otros, que, si bien no están estructurados como los anteriores, son también extraordinariamente violentos y ejercen su poder a través del control territorial.

5. Consideraciones conclusivas.

Como hemos visto, resulta evidente que el fenómeno de la delincuencia organizada representa un conflicto multifacético que colisiona frontalmente con el régimen institucional de cualquier país. Se trata de un fenómeno delictivo con gran arraigo en ciertas partes del mundo, desde las cuales se controla la mayor parte de este tipo de actividades delictivas.

El narcotráfico, una de sus principales manifestaciones, constituye, en la mayoría de los casos, el mejor y más utilizado medio de subsistencia de las organizaciones criminales, pues arroja grandísimas ganancias que permiten que la organización delictiva pueda abarcar una mayor gama de actividades ilícitas o que, incluso, participe de negocios lícitos o incursione en el sistema político.

La capacidad bélica y tecnológica con que cuentan estas organizaciones criminales, reduce en gran medida la capacidad de reacción de las instituciones públicas encargadas de su persecución, las cuales no cuentan con medios y métodos de lucha lo suficientemente sofisticados para afrontar tan desarrollado fenómeno criminal.

En definitiva, la consolidación de este fenómeno criminal, inversamente proporcional a la capacidad de reacción del sistema gubernamental, permite la usurpación de las funciones estatales y la legitimación social de los grupos delincuentes organizados, implicando como consecuencia natural la utilización del gobierno en su propio beneficio.

Por otro lado, es conveniente señalar que han sido tanto la apertura comercial como la tecnológica las que han permitido, aunque solo sea indirectamente, que las organizaciones criminales tengan mayores medios de comisión delictivos. Los grandes avances en el campo de la informática y las telecomunicaciones permiten que las organizaciones criminales gocen de una mayor capacidad de anonimato en sus operaciones y dotan a la organización delictiva de más y mejores medios para la seguridad en el alcance de sus objetivos. De la misma manera, la organización aumenta su capacidad de detección de infiltraciones policíacas y actividades gubernamentales encaminadas a su erradicación.

Definitivamente, la sociedad mundial se encuentra perfectamente consciente de que la delincuencia organizada, sobre todo en su modalidad de delitos contra la salud, constituye un cáncer que, como fenómeno social, puede y debe ser erradicado. Con ese objeto, se han creado diversos dispositivos jurídicos que, al margen de sus implicaciones sustantivas, procesales y garantistas, permiten paliar las deficiencias investigativas en este ámbito.

Finalmente, no queda más que resaltar la extrema importancia que representa no solo la captura de los miembros de las distintas organizaciones criminales, sino que, sobre todo, resulta fundamental la desarticulación de la propia organización, ámbito en el cual se han dado incuestionables avances por virtud, por ejemplo, de la integración del artículo 2º de la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada en México y el numeral 282bis en la Ley de Enjuiciamiento Criminal española.

Haciendo énfasis, debemos decir que la lucha contra la delincuencia organizada nacional o internacional debe empezar, fundamentalmente, por fortalecer y dotar de mejores medios de actuación a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

(1) Como refiere Bueno Arus, la propia idea de organización ya implica la existencia de elementos como: estructura, jerarquía, representación, orden, legalidad, funciones, especialización y eficacia. Bueno Arus, F. La violencia organizada: etiología. En: Actualidad Penal, n.º 43, noviembre de 1990, p. 492.

(2) Efectivamente, en múltiples ocasiones ha sucedido que, cuando se cree haber descubierto el modus operandi de una organización criminal específica, sus miembros más destacados habrán ya ideado otro u otros aún más elaborados, teniendo en cuenta los factores determinantes del descubrimiento del anterior procedimiento operativo, lo que, naturalmente, complica de manera notable la identificación de la organización criminal y de sus agentes. Sin embargo, últimamente hemos sido testigos, por fortuna, de los grandes avances que en materia de lucha contra el crimen organizado han desarrollado los distintos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, sobre todo en materia de delitos informáticos —prostitución infantil—y relacionados con el sistema bancario que, anteriormente, representaban un irreductible campo de actuación delictiva.

(3) Efectivamente, como bien señala Blanco Cordero, “la moderna criminalidad no es ajena a los grandes procesos y cambios contemporáneos. La globalización de la economía es el factor más importante que ha influido en el desarrollo y expansión de la criminalidad a nivel mundial. Las grandes organizaciones criminales tienen una gran habilidad para aprovechar las ventajas que ofrece el nuevo espacio mundial, con la creación de zonas de libre comercio en algunas regiones del mundo, en las que se produce una permeabilización económica de las fronteras nacionales y se reducen los controles. La habilidad para utilizar las condiciones y recursos que ofrece el nuevo espacio mundial explica la extraordinaria expansión de las grandes organizaciones criminales, como las conocidas Cosa Nostra, Camorra, N’Drangheta, los Yakuzas japoneses y las Triadas chinas, los Carteles de Colombia y México, las organizaciones criminales rusas, turco-Kurdas o italoamericanas”. Blanco Cordero, I. Principales instrumentos internacionales (de Naciones Unidas y la Unión Europea) relativos al crimen organizado: la definición de la participación en una organización criminal y los problemas de aplicación de la Ley Penal en el espacio. En: Criminalidad Organizada. Reunión de la Sección Nacional Española preparatoria del XVI Congreso de la AIDP en Budapest, Almagro: 1999, pp. 19 y 20.

(4) No fue sino hasta 1975 cuando por primera vez se trata el tema sobre delincuencia organizada, en el 5º Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Crimen y Tratamiento de los Delincuentes, bajo el título “El crimen como empresa lucrativa”. Dicho congreso fue celebrado en Ginebra del 1.º al 12 de septiembre de 1975. En los siguientes congresos de la ONU, se ha seguido tratando el fenómeno de la delincuencia organizada en diferentes aspectos, contemplándose desde la creación de mecanismos que permitan y faciliten la cooperación policial y judicial, hasta la elaboración de una Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal, con especial referencia a la delincuencia organizada y que pudiera encargarse de su combate.

(5) En el mismo sentido se pronuncia Blanco Cordero, cuando refiere que “la expansión de los mercados ilegales a nivel mundial ha influido profundamente en la estructura de las organizaciones criminales, de modo que estas tienen ahora una orientación empresarial y capitalista, trabajan según criterios económicos, esto es, con una planificación de sus actividades, orientadas por la demanda de bienes y servicios ilegales, con división del trabajo y con la finalidad de obtener ganancias”. Blanco Cordero, I. Principales instrumentos internacionales..., cit., p. 21.

(6) Martínez Bautista, S. La delincuencia organizada. En: Revista de Ciencias Criminológicas, Barcelona: 1994, p. 8. Al respecto, de forma por demás acertada, señala Choclán Montalvo que “el concepto de organización no puede ser equiparado al de simple coautoría, esto es, a la mera participación en el hecho de una pluralidad de personas que se distribuyen funcionalmente los respectivos cometidos. Debe poder ser apreciado un plus de contenido de injusto —mayor desvalor de acción o del resultado— con relación al tipo básico realizado por una pluralidad de personas. Desde este punto de vista, un elemento que denota una mayor intensidad de la voluntad criminal es la existencia de una planificación previa que diseñe la operación con precisión en cuanto a su alcance y que determine un reparto de roles entre los intervinientes de tal forma que se complete una estructura jerarquizada y, en consecuencia, con cometidos de los subordinados dependientes de la acción organizativa de otras personas que actúan como gestores, jefes o administradores de una ‘empresa criminal’. De este modo, la organización adquiere cierta autonomía con relación a las personas individuales que contribuyen mediante su aportación a la consecución del objeto de esa empresa delictiva”. Choclán Montalvo, J.A. La organización criminal. Tratamiento penal y procesal. Madrid: 2000, p. 8.

(7) Más detalladamente, véase Mezger, E. Tratado de derecho penal. T. II, Madrid: 1957, pp. 289 y ss.

(8) Choclán Montalvo, J.A. La organización criminal..., cit., p. 7.

(9) Anarte Borallo, E. Conjeturas sobre la criminalidad organizada. En: Delincuencia Organizada. Aspectos penales, procesales y criminológicos, Huelva: 1999, p. 20.

(10) Véase sobre la importancia de delimitar el concepto de crimen organizado, Insolera, G. Diritto penale e criminalità organizzata. Bolonia: 1996, pp. 36-42.

(11) Sin embargo, debe procederse con suma precaución en la elaboración de un concepto de tales magnitudes, en atención a que “la laxitud en su comprensión puede conducir a una desmesurada extensión del concepto, que podría llegar a incluir en su seno a toda manifestación de la delincuencia que exceda de la mera participación en el hecho de un solo individuo, desembocando en un concepto sin perfiles propios, que no coincide con el sociológico, y que puede generar graves problemas en el mantenimiento de las garantías constitucionales”. Delgado Martín, J. La criminalidad organizada. Barcelona: 2001, pp. 35 y 36.

(12) En efecto, como bien señala Delgado Martín, “como quiera que la lucha contra este tipo de criminalidad está justificando el empleo de medios extraordinarios, tanto de derecho penal material como procesales, que quiebran la aplicación de algunos de los principios del Estado de derecho, conviene que exista una definición concreta del fenómeno que se recoja en una disposición legal, para evitar la extensión desmesurada y descontrolada de aquellos medios”. Delgado Martín, J. El proceso penal ante la criminalidad organizada: el agente encubierto. En: Actualidad Penal, 1997, p. 3.

(13) Zincani, V. La criminalità organizzata. Strutture criminali e controllo sociale. Bolonia: 1989, p. 13.

(14) Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional —celebrada en Palermo, del 12 al 15 de diciembre de 2000—, visible en www.acnur.org/biblioteca/pdf/1292.pdf

(15) Ídem.

(16) Publicada el día 7 de noviembre del año 1996, en el Diario Oficial de la Federación de México.

(17) Tales delitos son: terrorismo, contra la salud, falsificación o alteración de moneda, operaciones con recursos de procedencia ilícita, acopio y tráfico de armas, tráfico de indocumentados, tráfico de órganos, asalto, secuestro, tráfico de menores, robo de vehículos y piratería —contra la propiedad intelectual—.

(18) Véase, artículo 282bis.4, Ley de Enjuiciamiento Criminal.

(19) Actualmente, los proyectos legislativos europeos se sitúan en la misma corriente y contemplan la posibilidad de tipificar el fenómeno de la delincuencia organizada como delito autónomo, esto es, sancionando penalmente la pertenencia o colaboración de un sujeto con una organización criminal.

(20) Véase, artículo 4º de la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada.

(21) En el mismo sentido, Caciagli, M. Clientelismo, corrupción y criminalidad organizada. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid: 1996, p. 93.

(22) Así también, Anarte Borallo, E., Conjeturas..., cit., p. 15.

(23) En esta misma dirección se pronuncia Delgado Martín, J. La criminalidad organizada..., cit., p. 26.

(24) Martínez Bautista, S. La delincuencia..., cit., p. 8. Cfr. Zincani, V. La criminalità organizzata..., cit., pp. 15-20.

(25) Martínez Bautista, S. La delincuencia..., cit., p. 8.

(26) Cfr. Barba Álvarez, R. La criminología en el estudio de la delincuencia organizada. En: Cuadernos de Política Criminal, n.º 75, 2001, p. 646.

(27) Los delitos a los que se refiere dicho apartado cuarto son: a) Delito de secuestro de personas previsto en los artículos 164 a 166 del Código Penal; b) Delitos relativos a la prostitución previstos en los artículos 187 a 189 del Código Penal; c) Delitos contra el patrimonio y contra el orden socioeconómico previstos en los artículos 237, 243, 244, 248 y 301 del Código Penal; d) Delitos contra los derechos de los trabajadores previstos en los artículos 312 y 313 del Código Penal; e) Delitos de tráfico de especies de flora o fauna amenazada previstos en los artículos 332 y 334 del Código Penal; f) Delito de tráfico de material nuclear y radiactivo previsto en el artículo 345 del Código Penal; g) Delitos contra la salud pública previstos en los artículos 368 a 373 del Código Penal; h) Delito de falsificación de moneda previsto en el artículo 386 del Código Penal; i) Delito de tráfico y depósito de armas, municiones o explosivos previsto en los artículos 566 a 568 del Código Penal; j) Delitos de terrorismo previstos en los artículos 571 a 578 del Código Penal; y k) Delitos contra el patrimonio histórico previstos en el artículo 2.1 e) de la Ley Orgánica 12/1995, de 12 de diciembre, de represión del contrabando.

(28) Al respecto como bien refiere Choclán Montalvo, en el artículo 282bis.4 “no se define lo que es la organización sino que se presume su concepto, pues la actuación de más de tres personas en grupo, que proyectan su actividad a una pluralidad de delitos más allá de una esporádica actuación, todavía no aclara en qué consiste el plus de desvalor que resulta de una actuación llevada a cabo por una empresa criminal. El legislador español debería aclarar qué se entiende por organización criminal, estableciendo las notas características de la estructura organizativa (de la asociación), pues el art. 282 bis 4) ofrece un concepto exageradamente amplio de delincuencia organizada, de difícil delimitación con la conspiración para delinquir y la coautoría, que, desde luego, no puede extrapolarse a la interpretación, necesariamente restrictiva, de los tipos penales”. Choclán Montalvo, J.A. La organización criminal..., cit., pp. 10 y 11.

(29) Véase, artículos 17 y 18 del Código Penal español.

(30) “ART. 515.—Son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal consideración: 1.º Las que tengan por objeto cometer algún delito o, después de constituidas, promuevan su comisión. 2º Las bandas armadas, organizaciones o grupos terroristas. 3º Las que, aun teniendo por objeto un fin lícito, empleen medios violentos o de alteración o control de la personalidad para su consecución. 4º Las organizaciones de carácter paramilitar. 5º Las que promuevan la discriminación, el odio o la violencia contra personas, grupos o asociaciones por razón de su ideología, religión o creencias, la pertenencia de sus miembros o de alguno de ellos a una etnia, razón o nación, su sexo, orientación sexual, situación familiar, enfermedad o minusvalía, o inciten a ello. 6º Las que promuevan el tráfico ilegal de personas”.

(31) Véase, en este sentido, Choclán Montalvo, J.A. La organización criminal..., cit., p. 11.

(32) Al respecto resulta sumamente ilustrativa la clasificación que sobre “criminalidad organizada” realiza Zincani. Dicho autor señala que desde un punto de vista sistemático, el fenómeno de la criminalidad organizada puede ser clasificado en, al menos, cuatro diversas formas: “a) le associazioni criminali create essenzialmente per realizzare alcuni delitti; si tratta di associazioni temporanee destinate a sciogliersi dopo la realizzazione dei reati-fine; —associazioni per delinquere semplici—; b) le bande giovanili, le quali sono interessanti essenzialmente per lo studio delle subculture criminali e l’apprendimento delle tecniche di organizzazione e di commissione dei delitti, ma che costituiscono espressione di marginalità sociale; (bande giovanili); c) il comportamento della folla, in cui il momento organizzativo è secondario, e riguarda essenzialmente gruppi di persone che svolgono funzione di stimolo e di guida dei fenomeni e dei movimenti delle masse; —gruppi spontanei—; d) le organizzazioni criminali vere e proprie, nelle quali la struttura e il dato ‘organizzazione’ svolgono un ruolo preponderante e superiore a quello dei singoli appartenenti, in cui vanno ricomprese le ‘corporations’ relativamente agli abusi commessi nell’esercizio delle attività economiche; —associazioni mafiose—”. Zincani, V. La criminalità organizzata..., cit., pp. 14 y 15.

(33) En el mismo sentido se pronuncia Barba Álvarez, R. La criminología en el estudio de la delincuencia organizada..., cit., p. 646.

(34) En efecto, como claramente señala Cressey, resulta altamente necesario que, en general, los especialistas en análisis de organizaciones se den a la tarea de especificar lo que debe entenderse por “sofisticado” en relación con “crimen sofisticado”, lo que es “profesional” en relación con “crimen profesional”, lo que debe entenderse por “organizado” en relación con “crimen organizado” y lo que representa “planeado” en relación con “crímenes planeados” cometidos con impunidad. Cressey, D.R. Criminal Organization: Its elementary forms. Londres: 1972, p. 5. Y ello es necesario porque, como es evidente, la indeterminación de las características fundamentales y las formas más esenciales que caracterizan al crimen organizado provoca una mayor dificultad en el combate de dicho fenómeno, pues difícilmente podría hacerse frente a una realidad delictiva confusa e incorrectamente diferenciada de otros muchos fenómenos criminales de semejante operatividad.

(35) La delimitación de la delincuencia organizada, naturalmente, no resulta ajena a la propia idiosincrasia del país en el que se desarrolla, circunstancia que dificulta en gran medida la conceptualización genérica o, si se quiere, internacional, del mencionado fenómeno. Por ejemplo, en la experiencia británica, como señala Cressey, el problema del crimen organizado es diferente al problema en los Estados Unidos, Canadá, las Islas Bahamas y Sicilia. En esos países, dice Cressey, “criminal organizations are confederated, and ‘organized crime’ refers, vaguely, to the confederation or to some aspect of it. Britain’s problem is currently that of dealing with task forces of criminals organized for expeditions into the lucrative business of robbery, burglary, and extortion. In Britain ‘organized crime’refers, vaguely, to these task forces and to the skills of the criminals participating in them. The variable usage of the ‘organized crime’ concept has obscured the similarities and differences among confederated crime and task forces, and among other varieties of criminal organization”. Cressey, D.R. Criminal organization..., cit., pp. 1-2.

(36) Anarte Borallo, E., Conjeturas..., cit., pp. 21 y 22.

(37) Véase, en general sobre este fundamental aspecto la brillante exposición contenida en la obra de Roxin, C. Autoría y dominio del hecho en derecho penal. Traducción de la séptima edición alemana por Joaquín Cuello Contreras y José Luis Serrano González de Murillo, Madrid: 2000.

(38) La “fungibilidad” de los miembros de la organización criminal, posee una importante injerencia en el grado de seguridad o certeza de la comisión del delito. Efectivamente, cuando algún miembro de la delincuencia organizada evita voluntariamente la realización del delito, o es detenido por la policía, existen dentro de la organización otros partícipes que pueden terminar la ejecución. Esta característica de “fungibilidad” de los miembros, distingue también de manera clara a la delincuencia organizada y las bandas o asociaciones delictivas.

(39) García Ramírez, S. La delincuencia organizada. En: Criminalia, n.º 2, mayo-agosto, México: 1996, p. 144.

(40) Cuello Calón, E. Derecho penal. T. II, Barcelona: 1956, pp. 52 y 53.

(41) En el mismo sentido, véase Blanco Cordero, I. Principales instrumentos internacionales..., cit., pp. 21 y 22.

(42) Cressey, D.R. Criminal organization..., cit., p. 17. En el mismo sentido véase, Mcintosh, M. La organización del crimen. Traducción de Nicolás Grab, México: 1977, p. 10.

(43) En sentido contrario parece pronunciarse Mcintosh cuando señala que el término “profesional” se utiliza “simplemente porque resulta de uso más conveniente. No pretende aludir a un estatus social relativamente elevado, a un alto nivel de habilidad o de entrenamiento, ni a ninguna otra analogía con los profesionales legítimos o ‘doctos’. Tampoco pretende incluir en su definición ninguna característica organizativa de detalle referente a la división del trabajo o a la coordinación o estructura del hampa”. Sin embargo, esta misma autora parece dar un giro a su concepción del crimen profesional al señalar (p. 13) que “el crimen profesional se distingue así no por su escala, ni por su grado de torpeza o eficacia, sino por su diferenciación organizativa respecto de otras actividades”, con lo que parece identificar, a nuestro juicio indebidamente, “organización criminal” con “crimen profesional” —más adelante también en p. 14—. Mcintosh, M. La organización del crimen..., cit., pp. 13 y ss.

(44) Es poco probable que una organización criminal cumpla con todas y cada una de las características que para dicho fenómeno se han establecido en diversos instrumentos legales a nivel internacional. Como ya dijimos, resulta sumamente complicado establecer un concepto mundialmente válido de criminalidad organizada, dadas las tantísimas formas de expresión con que cuenta el fenómeno. Sin embargo, y dadas las constantes coincidencias, sobre todo operativas, que se aprecian entre diversas organizaciones criminales actuales, sí que es dable, como ya se ha señalado, establecer un concepto genérico de delincuencia organizada. En dicho concepto genérico, es donde vemos que coinciden la mayoría de las organizaciones criminales actuales.

(45) Véase en general sobre los orígenes de la mafia, Mercadante, V. Breve storia della mafia. Palermo: 1986; Catanzaro, R. Il delito come impresa. Storia sociale della mafia. Padova: 1988, pp. 83 y ss.

(46) La razón que al respecto esgrime Padovani es que, a pesar de los grandes episodios sangrientos rubricados por la mafia en los años setenta, “un manto de silencio cae rápidamente sobre el fenómeno mafioso: los años setenta son los del terrorismo. Todos los magistrados, o casi todos, lo más selecto de las fuerzas del orden, están comprometidos en la lucha contra las Brigadas Rojas y otras organizaciones terroristas. Pocas son las personas que se interesan por la mafia. Y es entonces cuando se produce el despegue del tráfico de estupefacientes y cuando la mafia se convierte en la poderosa organización criminal que es actualmente. En aquella época se cometió un grave error, precisamente cuando se habían reunido todas las condiciones necesarias para su comprender y combatir”. Padovani, M. Mafia. Barcelona: 1992, pp. 129 y 130.

(47) Véase, González Ruiz, S. La lucha contra el crimen organizado, la experiencia de Giovanni Falcone. Instituto Nacional de Ciencias Penales - Procuraduría General de la República, México: 1992, p. 25.

(48) Serge, A. / Ripoll, D. El combate contra el crimen organizado en Francia y en la Unión Europea. Procuraduría General de la República-Servicio de Cooperación Técnica Internacional de la Policía Francesa en México, México: 1996, p. 15.

(49) Caranci, C. La mafia. En: Cuadernos de Historia 16, n.º 287, Madrid: 1985, p. 4. Paradójicamente, el término de mafia nada tiene que ver con el que actualmente conocemos o con lo que, también actualmente, nos representamos. Dicho término tiene su origen en Sicilia y significa belleza, orgullo, gracia, perfección.

(50) Por ejemplo, Padovani, M. Mafia..., cit., pp. 119-120. Esta autora reconoce que se trata de una organización en repetidas ocasiones.

(51) Véase, Gambetta, D. La mafia siciliana. Un’industria della protezione privata. Turín: 1992, pp. 41 y ss.

(52) Véase al respecto, González Ruiz, S. / López Portillo, E. Apuntes sobre el combate al crimen organizado en diversos países. En: Revista Mexicana de Justicia, Nueva Época, n.º 2, México: 1998, p. 15. Sin embargo, más recientemente, la mafia comenzó una campaña violenta terrorífica que provocó, entre otras cosas, la deserción de varios cientos de mafiosos. Más ampliamente véase, Sterling, C. El mundo en poder de las mafias. La amenaza de la nueva red mundial del crimen organizado. Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera, Barcelona: 1996, pp. 67 y ss.

(53) González Ruiz, S. / López Portillo, E. Apuntes..., cit., p. 15.

(54) Ibídem.

(55) En este sentido cabe mencionar que los términos “camorra” y “extorsión” han sido considerados sinónimos, en atención a que, como señala Sales, el término “camorra” se ha referido más a una actividad que a una organización delincuencial. Sales, I. La camorra le camorre. Roma: 1988, p. 29.

(56) A pesar de que la mafia y la camorra presentan rasgos característicos similares, su forma de organización se encuentra claramente diferenciada, fundamentalmente, por su origen. En efecto, como refiere Sales, “la camorra è stata innanzitutto un fenomeno criminale urbano, la mafia, invece, ha avuto un lungo insediamento nelle campagne. Si può dire che l’evoluzione dei due distinti fenomeni criminali abbia preso strade opposte: la camorra nasce in città e poi via via si diffonde anche oltre la città di Napoli e nelle campagne, soprattutto all’inizio del Novecento. La mafia, invece, nasce come fatto rurale e successivamente si diffonde nelle cità, in particolare a Palermo nel secondo dopoguerra. I due fenomini portano, nel loro modo di manifestarsi e di organizzarsi, le diverse radici in cui nascono e si sviluppano. Sono segnati fortemente dal luogo della loro nascita”. Sales, I., La camorra le camorre..., cit., p. 41. Cfr. Catanzaro, R. Il delito come impresa..., cit., pp. 20 y ss.

(57) Sales, I. La camorra le camorre, cit., p. 41.

(58) Ídem, p. 142.

(59) Véase ampliamente, Sales, I. La camorra le camorre..., cit., pp. 145 y 146.

(60) Falcone, G. La lucha contra el crimen organizado, la experiencia de Giovanni Falcone. Primera conferencia, Instituto Nacional de Ciencias Penales-Procuraduría General de la República, México: 1992, p. 36.

(61) Caciagli, M. Clientelismo..., cit., p. 99.

(62) Ibídem.

(63) González Ruiz, S. / López Portillo, E. Apuntes..., cit., p. 33.

(64) Ídem, p. 33 y 34.

(65) No obstante el poco significativo avance en la lucha contra el terrorismo que ha reportado el uso y mal uso de los denominados arrepentidos, en España la figura ha adquirido carta de naturaleza en la legislación penal sustantiva, en la que su tipificación, además, se ha ampliado a supuestos delictivos relacionados con actividades de tráfico ilícito de drogas y estupefacientes (C.P. español, art. 376). Sin embargo, el problema fundamental que conlleva la aplicación de dicha figura tiene su reflejo, fundamentalmente, en sede procesal penal, en la que se le ha querido dotar de una inimaginable capacidad probatoria. En efecto, como correctamente señala Quintanar Díez, “continúa siendo repudiable la forzosa elevación del arrepentido a la categoría de fuente probatoria, además de cargo, y decisiva, por sus siempre negativas repercusiones en el derecho a la presunción de inocencia consagrado en el artículo 24.2 de nuestra Constitución”. Quintanar Díez, M. La justicia penal y los denominados “arrepentidos”. Madrid: 1996, p. 310. De cualquier forma, entendemos que aquellos encuentros que tuvo la ETA con algunos arrepentidos se dieron con anterioridad a la entrada en vigor del nuevo Código Penal español de 1995, y a la luz de lo que disponía el artículo 57 bis b) del Código Penal anterior, que sujetaba la aplicación de la exención de la pena o la rebaja de la misma hasta en dos grados, a la condición de que no se le imputara al arrepentido en concepto de autor alguno o algunos de los denominados “delitos de sangre”. A partir de la vigencia del Código Penal de 1995, no se ha registrado ninguna actuación de este tipo.

(66) González Ruiz, S. / López Portillo, E. Apuntes..., cit., pp. 33 y 34.

(67) En efecto, en el caso italiano señala Mercadante, “la più forte ondata di emigranti italiani risulta quella del 1913, in cui furono 900.000 gli italiani che lasciarono la loro terra. Fra di essi, come s’è detto, 150.000 circa erano siciliani, la maggior parte trasferitisi nel Nord America”. Y tal fenómeno inmigrante, señala Mercadante, se debió, fundamentalmente, a dos factores: “Il primo è la richiesta notevole di manodopera che parte da un grosso paese che s’avviava ad una vasta, rapida industrializzazione e la cui classe dirigente intendeva inflazionare la domanda di lavoro per pagare meno gli operai, mediante la massiccia immissiore nel mercato di manodopera, disponible a tutto pur di sopravvivere”; y el segundo factor: “è la profonda crisi del Sud dell’Italia voluta da una classe dirigente non disponibile a cambiare nulla delle condizioni di miseria e di disoccupazione in cui versavano i nostri lavoratori”. En el caso de los mafiosos, dice el mismo autor: “ma, oltre ai braccianti, emigrano negli USA anche diversi piccoli mafiosi, che, non trovando spazi in Sicilia (per via che questi erano occupati tutti dalla grossa mafia), come i cadetti del mondo cavalleresco, cui nulla era dovuto dal genitore perchè non primogeniti, preferirono tentare di portare nel nuovo mondo le tecniche che ben conoscevano, correndo una grossa avventura, piuttosto che restare in Sicilia, aspettando la grazia di essere contattati da un mafioso più potente per entrare fra la schiera dei capi. Altri piccoli mafiosi erano invitati, non certamente in modi gentili, dalla polizia italiana a togliersi dai piedi ed a cercare fortona nel paese dove andavano in molti”. Mercadante, V. Breve storia della mafia..., cit., pp. 46 y 47.

(68) Sobre el nacimiento de la nuova mafia véase, Mercadante, V. Breve storia della mafia..., cit., pp. 70-76.

(69) González Ruiz, S. / López Portillo, E. Apuntes..., cit., p. 21. Actualmente, la Cosa Nostra americana pasa, afortunadamente por lo demás, por un muy mal momento ya que, como apunta Sterling, la mayor parte de sus jefes supremos se encuentra en la cárcel. Además, señala la misma autora, “los jóvenes sucesores carecen de experiencia, alardean en exceso, exhiben su ambición sin tomar precauciones, varias generaciones los separan de la antigua cultura mafiosa y carecen de memoria histórica. Son indisciplinados, el humus que los mantiene —la comunidad italoamericana— se deja arrastrar por la corriente de la vida americana. Van perdiendo el dominio de las calles porque pagan a terceros para que monten los tinglados. Su valor se debilita, como parece indicar el hecho de que maten menos que algunos de sus rivales más violentos y sanguinarios, que no cesan de multiplicarse. Por otra parte, se matan entre ellos con más frecuencia que en épocas anteriores”. Aunque, reconoce también esta autora, que según datos del FBI —Federal Boureau of Investigations— la Cosa Nostra sigue siendo la organización criminal más peligrosa de Estados Unidos. Sterling, C. El mundo en poder de las mafias..., cit., pp. 135 y 136.

(70) Véase sobre la problemática general entre crimen organizado y desechos tóxicos en los Estados Unidos, Block, A.A. Perspectives on Organizing Crime. Essays in Opposition, Dordrecht: 1991, pp. 91 y ss.

(71) Véase en general sobre la organización Yakuza o Boryukudan, Sterling, C. El mundo en poder de las mafias..., cit., pp. 147-151.