Hacia una crítica de la racionalidad contable

Revista N° 3 Jul.-Sep. 2000

Henry Romero León 

Contador Público Universidad Nacional 

Preparado: junio de 2000 

Introducción

“El criticismo exige que el sujeto cognoscente verifique las condiciones de conocer de que, en principio, es capaz, antes de poder confiar en los conocimientos directamente obtenidos por él mismo.”  

J. Habermas. 

Como hombres tenemos la capacidad de conocer, pero en tanto conocedores, podemos comprender nuestra propia condición y así mismo saber que dicha capacidad nos es limitada. Si buscamos las razones, encontramos que ante todo somos sujetos históricos y somos hijos de nuestra época, solo vemos lo que esta nos permite, no más allá.

Si yo me concibo como hombre, entonces solo podré decir que “Sé lo que sé y lo que no sé”, por tanto no lo conocemos todo. Son muchas las razones que motivan una empresa como esta, pero la impotencia sobresale entre muchas, básicamente impotencia frente a los problemas que el hombre tiene y genera.

No obstante los límites del saber general, que lo hacen insuficiente para las soluciones o el tratamiento que se les debe dar para su control, los límites de una minúscula parte de ese saber general, se presentan aún más evidentes.

La contabilidad como una minúscula parte del saber, conduce con sus características a indagar por qué es así y no de otra forma. Parece no ser vista como las demás, es insuficiente para ser representativa en un problema tan complejo como lo es el del saber.

Si bien esto es cierto, también lo es que esa misma problemática del saber se ve reflejada dentro de la propia contabilidad. Se debe principalmente a que ha sido a lo largo de la historia, dependiente como todo, de su entorno ya sea económico, religioso o político; pero como saber puro depende solo de la capacidad del hombre para dar solución a sus problemas, no obstante esto se ve opacado por su propio contexto.

Tal vez se deba a su naturaleza y a sus características, no podemos exigirle nada más. Pero si exigimos algo, esto debe ser acorde con la misma naturaleza de la contabilidad, no más ni menos. Esto sería lo mínimo, pero el incumplimiento de este, nos obliga a preguntarnos por qué, cómo y para qué la contabilidad existe de tal modo, si realmente está haciendo justicia a su razón de ser o si es necesaria para el hombre en su tarea incesante de resolver problemas.

Ante todo es pertinente aclarar, que si somos libres de pensamiento nuestras ideas resultarán muy subversivas o poco creíbles, pero si nos atrevemos a decir lo que queremos con las propias ideas de nuestra época, nos haremos comprender y en la medida en que nuestro discurso esté lingüísticamente bien formado, es decir coherente tanto sintáctica como semánticamente, tendremos la posibilidad de ser reconocidos y legitimados frente a las dificultades que nos hacen despilfarrar nuestro tiempo. ¿Por qué censurar las ideas acaso el estado de represión en el que nos encontramos es tan intenso y severo?

Pensar y amar es lo único que podemos hacer libremente, diría Freud, pero ni siquiera esto ya lo podemos realizar. Nuestro pensamiento, o mejor el contenido, es inducido y el amor también; amamos a quien todo el mundo ama. Se forman prototipos, modelos a los cuales todas las personas deben seguir, se busca unidimensionalizar al hombre, como Marcuse nos recordara.

En el momento de reconocer esta situación, al igual que en psicoanálisis, llegará la emancipación de una patología que distorsiona el verdadero estado de nuestra consciencia. Este momento solo se presenta si nos atrevemos a indagar por los límites naturales de nuestra capacidad de saber y los límites artificiales que son los que la organización social, o mejor las estructuras sociales, nos imponen.

Es la ilustración —como “la salida del hombre de su condición de menor de edad de la cual él mismo es culpable. La minoría de edad es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la dirección de otro”(1). Por lo tanto depende de nosotros mismos salir de ella, sirviéndonos de nuestra propia capacidad con independencia; así lo único que podemos decir frente a esta impotencia es “¡ten valor de servirte de tu propio entendimiento! es pues la divisa de la ilustración”(2). Pero esta solo llega con el uso público de la razón que siempre es libre a diferencia del uso privado de la misma, que parece absorbernos en nuestra civilización—, la única que nos puede brindar la satisfacción de liberarnos, de emanciparnos de la dependencia.

Esta aparente libertad nos habilita para discernir lo que se pretende emprender. Una cosa es hablar de la contabilidad como objeto; y otra diferente es hablar del objeto de la contabilidad. Se diría entonces que hay una diferencia dentro-fuera, y sobre-de. Ante todo esto es una indagación sobre contabilidad, hablaremos desde fuera y sobre esta como objeto; por lo tanto ni esto es contabilidad, ni pretende serlo.

Esbozo filosófico

Para tal recorrido la filosofía es obligatoria, en tanto actitud del sujeto que intenta conocer, no solo en este sino en todos los demás; presente, pasado y futuro, aunque muchos lo obvien y muchos no lo sepan y no lo hagan expreso.

Siguiendo a Ferrater Mora(3) se han establecido tres formas de hacer filosofía, las cuales no son únicas, ni mucho menos definitivas.

Así las cosas, en la actividad filosófica podemos enfocarnos y examinar expresiones usadas y conceptos que son puestos a circular en las ciencias ya sean formales o factuales; igual que en la moral, la política, el arte y, por lo general en toda actividad humana con el propósito de:

Aclaración y dilucidación (analítica)

Crítica (crítica)

Revisión conceptual (revisionaria)

Parece ser, que lo que une a estas formas de hacer filosofía, es mayor que lo que las separa; por tal motivo es muy complejo abordar filosóficamente un objeto sin verlo casi de manera simultánea desde estas tres formas, estando casi ligadas las unas con las otras, pero no dependientes en sentido estricto, y mucho menos derivadas lógicamente, aunque sí interactúan.

“Crítica” como una de las palabras del título, tiene su razón de ser, ya que se presenta un estado de crisis en una parcela del saber, en nuestro caso el contable. Es un saber que tiene una función en su propio contexto, es útil para determinados propósitos que reflejan las relaciones entre hombres en la sociedad, ya sean jurídicas, económicas o de dominación. Este saber es subordinado, razonado tecnológicamente, o no tanto, en la técnica; y obedece a quien está interesado en representar una información, al interés que persigue quien la genera para ser susceptible de ser tenida en cuenta por la contabilidad. ¿Pero, por qué crisis? Se presenta en el sentido que como saber, no es autónomo e independiente, aunque desde una visión más amplia todo el saber está en crisis, está dominado y depende en la medida que se encuentre inmerso en un determinado contexto económico y político; este último es el que impone los fines y las directrices que debe seguir. Ya sea en sentido público o privado, el uso de la contabilidad está legitimando el estadio social en cualquier momento histórico. Es así un saber que refleja una información que representa unas relaciones sociales en cierto nivel, que es sujeto de comunicación, pero no las cuestiona, y por ende las legitima; la información que genera no es auténtica, está sistemáticamente distorsionada. Esta es la crisis en sentido práctico-político.

De igual forma hay una crisis que se refiere al ámbito conceptual, es la definición de su significado. Se entiende de muy diversas formas; hay quienes creen que es una ciencia, un arte, una técnica, una tecnología o cualquier otra cosa, he ahí el origen de la crisis. Se sobredimensiona por un lado o se subdimensiona por el otro, su lugar conceptual corresponde a un solo significado, independiente de quien lo esté pronunciando y del contexto en el que se haga. ¿Por qué? Es precisamente este asunto el problema generador de crisis en lo referido a lo conceptual. El concepto es indagado desde diferentes juegos lingüísticos, y se pretende imponer frente a los demás. El juego en apariencia más legitimo, el de la ciencia, se convierte en el refugio de quienes quieren ascender de status epistemológico a la contabilidad. Toda la argumentación conceptual que se hace obedece a la dinámica que presentan las ciencias duras. No significando que no pueda ser así, sino que si se juega un juego, que se juegue bien y teniendo presente todas las reglas del mismo. Esta es la crisis en sentido epistemológico-social.

En cuanto existen crisis, la crítica es inminente y la crítica siempre se debe hacer a la luz de alternativas, las cuales pretenden solucionar la crisis. En la contabilidad la crisis conceptual se presenta aún en lo que se ha denominado la racionalidad científica clásica y contemporánea, en este caso la alternativa no es la hermenéutica, pero con ella sí podemos comprender la crisis e interpretarla; para analizar, criticar y revisar de acuerdo con criterios claros que posibiliten un orden natural humano auténtico y no distorsionado.

Razón y racionalidad

La razón, siendo la facultad del hombre que le permite abordar los objetos, ya sea para intentar conocerlos, para emitir un juicio sobre ellos, o para actuar en relación con ellos, se erige como su característica más importante, la que lo diferencia de los demás animales, donde reside “la fuente del poder humano y la nobleza humana”(4), es la que separa al hombre de otras criaturas y lo acerca a los dioses. La razón es así, la capacidad del hombre en tanto tal, para conocer, actuar y evaluar, sobre él mismo y su entorno. De este modo se puede establecer que la razón le corresponde a todos y cada uno de los hombres, es una estructura innata, pero que simplemente opera sin el sentido semántico, requiere de contenido, pero no lo modifica, este solo le permite manifestarse. Entonces la razón se vincula a lo sintáctico, a lo puramente lógico.

Es en los contextos y plexos de sentido que se presenta la diversidad, pero no de la razón, sino de la racionalidad como calidad de lo racional, de lo fundado en la razón. Son la diversidad de significados los que hacen a la racionalidad variable y determinada, primero por la facultad de razón, y segundo por el entorno en el que se encuentra su desarrollo.

De esta forma vemos que es la racionalidad y no la razón la que varía, porque la razón no es del tipo que se pueda modificar, el concepto de razón es o no es, nada más. La racionalidad se concibe así como la forma en que los hombres utilizan esa capacidad, que da como resultado el entendimiento y la inteligencia, forma determinada, o mejor condicionada por el aquí y el ahora.

En este sentido llegamos a afirmar que la racionalidad no es un concepto que universalmente esté dado, fijo y validado, ya que hay tantas racionalidades como hombres hay, al que todos los hombres deban llegar a coincidir.

Así, la racionalidad se asume ya no como natural, obligatoria y perenne, que si es la razón, es vista como “un sistema de reglas, modelos y requisitos asociados a conjuntos de abstracciones y generalidades que, a su turno, son reflejo de normas convencionales que incluyen la obligatoriedad de regularidades, prohibiciones y retos”(5). Es inherente a los juegos lingüísticos, es decir con las particularidades de sentidos y significados en el uso del lenguaje, así, “cuando cambian los juegos de lenguaje cambian los conceptos y, con estos, los significados de las palabras”(6).

La racionalidad se inserta así en cada uno de los juegos de lenguaje, y obedece a las reglas y normas que este tiene establecidas, de tal modo que no es un concepto que se presente a priori, sino que depende del juego lingüístico desde el cual se esté ubicado. Ya no hay espacio para la pretensión de reducir todo a la racionalidad científica, porque este es precisamente un juego entre muchos. Ya no hay espacio para la violencia en el saber. Y no hay ninguna razón para pensar, que los juegos lingüísticos diferentes de la ciencia moderna sean más o menos racionales. Nos ubicamos entonces en el saber postmoderno, en donde se encuentra el reconocimiento y la posibilidad de la diferencia.

No obstante, se ha querido reducir lo racional a lo realizado lógicamente pero en esta forma prescriptiva de la lógica no se puede caer; porque si la lógica es así entonces depende de la razón, por lo tanto, solo sería descriptiva a pesar de ella misma. Entonces la postura que nos indica la calidad de lo racional en función de la lógica nos lleva a una circularidad viciosa, porque si lo lógico es el fundamento de lo racional, y si la lógica es descriptiva de la razón, o prescriptiva en tanto resultado de la autorreflexión del hombre, entonces, lo lógico es equivalente a una estructura racional, o simplemente “el perro persigue su propia cola”.

Como dictadora del pensamiento la razón es dialéctica por el carácter dinámico que este presenta. Si tomamos la lógica formal, que es estática, resulta demasiado rígida para el pensamiento, ya que es una estructura fija del mismo gobernada por la razón; pero este no es solo estructura, es significado, el cual es el que lo hace variable, la forma se llena de contenido, y este puede cambiar y se ajusta más al devenir de los objetos.

La razón como capacidad de conocer lo universal, o de intentar hacerlo, como la exigencia de conocer el porqué de las cosas, de su no “verdad” en las apariencias, es la que nos lleva incesantemente por las sendas de lo desconocido, y nos permite saber que podemos intentar conocer.

Ya Kant se vio en la tarea de indagar por los límites de la razón pura o a priori, nosotros no aspiramos a tan magna labor; pero sí buscar los límites de la racionalidad que se desarrolla dentro de un juego lingüístico.

Para tal efecto, es preciso aclarar que la racionalidad puede ser de tres formas, pero en realidad forman un todo indivisible, sistémico, pero aun así es posible identificarlas.

Según Rescher(7): “La racionalidad consiste en el uso apropiado de la razón para elegir de la mejor manera posible... se trata entonces de hacer deliberadamente lo mejor que uno puede con los medios a nuestra disposición y esforzarse por alcanzar los mejores resultados que uno puede esperar...”, lo que significa que esta concepción de racionalidad se relaciona con lo tecnológico o práctico, en cuanto es la búsqueda de los mejores fines con los medios disponibles, es pues una racionalidad de corte económico.

A partir de este punto, son la cognoscitiva, la práctica y evaluativa las formas en que la racionalidad se presenta; no desconociendo que al ser racionales a partir de esta visión estamos evaluando siempre, por lo tanto se reduce a dos formas ya clásicas, que son: la cognoscitiva o teórica y la práctica o tecnológica principalmente; y si seguimos revisando nuestra concepción, terminamos en ella misma, porque lo teórico o cognoscitivo son acciones del hombre, así sean mentales. Nos encontramos entonces con lo característico de las tres. Es de este modo como se indicó, una racionalidad pragmática o tecnológica.

Perspectiva

¿Por qué motivo el hombre debe aceptar este tipo de racionalidad? ¿Acaso es algo inherente a él? La racionalidad cognoscitiva o teórica “tiene que ver con el uso de razones poderosas para la aceptación de nuestras creencias... dar respuestas a nuestras preguntas de la mejor manera posible”(8). De igual forma la racionalidad práctica o tecnológica se refiere a la sustentación de nuestras acciones como guiadas por los mejores fines, o los que proporcionen mayor beneficio o sirvan mejor a las acciones, utilizando de la mejor manera posible los recursos que poseemos; y la racionalidad evaluativa se ocupa del estudio tanto de fines como de medios, concerniendo de este modo a la teórica y a la práctica.

Esta concepción como se puede ver es eminentemente normativa, mucho menos así la resistencia se puede desvanecer. Se habla de “mejor”, “beneficio”, “adecuado” y “evaluación”; ¿cómo aceptar algo así que está cargado de valores? La única forma sería un consenso sobre ellos, pero lo que se ha visto es que hay violencia en el discurso, lo que lo deslegitima.

Sería muy arriesgado reducir a la razón a un simple proceso de elección y evaluación de medios-fines. O acaso lo que se considera irracional desde esta perspectiva no es posible. En la misma vía ¿no es otra forma de racionalidad en cuanto a acción física o mental de hombres u otras especies? ¿Es peor, malo, inadecuado o no valorado? Nos restaría decir al respecto que:

— Muchos países y muchos pueblos vio Zaratustra; así descubrió el bien y el mal de muchos pueblos. Zaratustra no encontró poder más grande en la tierra que el bien y el mal.

— Ninguno podría vivir sin valuar; pero si quiere conservarse, no debe valuar como su vecino.

— Muchas cosas que un pueblo llamaba buenas, eran para otros vergonzosas y despreciables; he ahí lo que yo he visto. Muchas cosas que acá las califican de malas, las adoran allá con el manto púrpura de los honores.

— Jamás un vecino ha comprendido la maldad del vecino(9).

No hay que preguntar ahora ¿qué se cree o acepta?, ¿qué hacer o realizar? Y ¿qué preferir o apreciar? sino más bien ¿cómo es? y ¿por qué es?, preguntas que reemplazan a la primera referente a la racionalidad cognoscitiva o teórica. Hacer y realizar en sustitución de la segunda relacionada con la racionalidad práctica o tecnológica, y paramos de contar. La evaluativa desaparece, al desaparecer su sombra de las dos anteriores. Por qué siempre escoger y buscar lo mejor, descartando todo lo demás, cuando los fines son tan diversos al igual que los medios para conseguirlos.

Si bien esto es cierto, no podemos caer en este mar de concepciones; se erige la única norma posible, la tolerancia necesaria para la convivencia y el respeto por la diferencia, si existe un terreno en el cual confluyen dos o más actores el discurso y la fuerza de la supervivencia los obliga a ponerse de acuerdo o a tolerar la violencia del otro.

La racionalidad técnico instrumental se levanta como un apéndice o una instancia de la tecnológica o pragmática, ocupándose de “establecer cuáles deben ser los medios si se acepta perseguir el fin determinado que ha sido planteado. Por tanto se trata de una racionalidad puramente instrumental, en el sentido de que se refiere a los instrumentos, pero no critica, no valora, ni tampoco elige fines”(10).

Nuestro mundo se rige así por la racionalidad tecnológica; pero sabemos que no solo puede ser así, sino de muchas otras formas. Tomando esto como fundamento nuestra crítica se presenta como: crítica, al sentido de racionalidad tecnológica, hacia los valores que se tienen para evaluar y elegir medios —recordando que la contabilidad en cuanto tal es acción e instrumento, por lo tanto le corresponde una racionalidad de carácter técnico—, si es que se puede hablar de elección, cuando vivimos en un sistema en donde todo nos es impuesto; y crítica al sentido tecnológico de la búsqueda de un fin, por el medio más legítimo, por la racionalidad científica clásica, sin reconocer la violencia que esto representa y los límites que posee.

Qué paradójico resulta que una crítica a la racionalidad fines-medios, los mejores, se haga teniéndola presente. Pero realmente son los mejores o peores, los adecuados o inadecuados, los buenos o malos. Solo hacemos, solo pensamos. Y solamente juzgamos en función de la supervivencia de la especie; a partir de lo cual la crítica se justifica ya que en tanto crítica implica comparación y alternativa. Pero si este no es el objeto de la especie, bienvenida es la antievaluación.

En este orden de ideas, la racionalidad instrumental, dirigida solo a seleccionar medios no teniendo nada que decir frente a los fines, es la que domina la técnica, siendo la principal forma de proceder de la contabilidad, tanto como saber y como medio para el logro de objetivos y fines específicos. Los decididores son los que fijan los objetivos y casi siempre los medios, que están diseñados para el logro de aquéllos. Situación que se intensificó más con el desarrollo de la economía de tipo capitalista. Así, la contabilidad como saber o como actividad, que están íntimamente conectadas, no critica, no valora, no cuestiona el telos de su actividad.

Autoconsciencia

Es necesario saber cómo opera y funciona la contabilidad para poderla criticar. Así en tanto técnica promueve, permite y ayuda a la legitimación del estadio social en el que se encuentra. Es una actividad que ha sido invadida por el sistema de dominación. Contribuye con la distorsión que se busca para el mantenimiento de unas relaciones de dominación.

De otro lado en lo que se ha denominado Teoría contable, parece no interpretarse de una manera coherente, en el sentido de vincularse el concepto teórico con científico, y esto trae mucha controversia; por lo tanto es pertinente una revisión conceptual. Ya que de teoría se puede hablar en cualquier nivel, porque nuestro lenguaje está lleno de términos teóricos. Por tanto hay teoría contable, pero ¿científica?

Igualmente, y en consecuencia de lo anterior, se ha venido utilizando toda una terminología proveniente de las ciencias naturales, para referirse a aspectos relacionados con la contabilidad, desconociendo su naturaleza y origen. No significando que estén vetados: pero sí se requiere de una mayor coherencia y rigurosidad para dicha utilización. Porque se pretende acceder a un estatuto científico solamente con el manejo de determinados lenguajes, no atendiendo al sentido original de los mismos.

Por fortuna nada permanece estático. La contabilidad necesita una reconstrucción, y esta surge en el momento de la autorreflexión, de la autocrítica y de la autoconsciencia. En esa medida puede romper las ataduras que le son impuestas buscando el reconocimiento de su situación, reflexionando sobre su función en el todo social, emancipándose de su pasado. Se entraría así en una instancia de avance con relación a su pasado, para esta misión tiene que valerse de la crítica tanto de los medios como de los fines, que utiliza y persigue. Así lo único que le puede suceder a la contabilidad es que cambie, no hay nada que se pueda hacer contra eso, llegará el momento de negarse a sí misma para luego transformarse, es esta la posibilidad que tiene. ¡Aprovechadla!

La contabilidad, en tanto información de algo intenta representar, y lo hace en alguna medida. Como información es estructurada lingüísticamente, hace parte de una comunicación que corresponde a un aquí y ahora, pudiéndose interpretar y mediante esto reconocer la situación que representa. ¿Quién se ocupa de esta tarea? Tal vez los historiadores y los hermenéutas. Pero por qué no los propios contables y contadores mediante la misma hermenéutica. También estos últimos tienen algo que decir frente al mundo que los determina y en especial al mundo social de la vida.

Así las cosas, un cambio en este sentido propende por una comunicación libre de distorsiones, necesaria para el logro del discurso y la argumentación por lo menos en una pequeña instancia de la sociedad, todo con el objeto de buscar una sociedad digna de llamarse humana.

1. El saber moderno y posmoderno

a) Positivismo

Estamos dispuestos a revisar la empresa científica en los tiempos modernos y postmodernos, que tienen una especial tipificación, y que demuestra en gran medida la problemática que se afronta en torno a ella en la actualidad.

“Los hechos que aparecen al sentido común como índice positivo de verdad son en realidad la negación de la verdad, de modo que esta solo puede establecerse por medio de su destrucción … Desde Hume hasta los positivistas lógicos de nuestros días, el principio de positivismo ha sido la autoridad final del hecho, y la observación de lo inmediatamente dado ha sido el método de verificación”(11).

Esto no es más que el problema del saber positivo, filosofía que encontró la confianza total en lo dado, en lo que nuestro sentido común puede aprender, y que está totalmente separado de la crítica, de la dialéctica que nos deja entrever una realidad diferente, por lo menos no tan negativa como la del sentido común o el entendimiento. El positivismo como filosofía del sentido común, confía ciegamente en los hechos que en definitiva no representan la realidad como esta es, y niega o “renuncia a las potencialidades reales de la humanidad, en favor de un mundo ajeno y falso”(12). De igual forma es lo que afirma Habermas(13) cuando dice que “el positivismo es eso: el renegar de la reflexión”, el abandono de la experiencia crítica y de reflexión frente al mundo que se nos da.

El positivismo es de corte empirista, solo podemos conocer lo que podemos experimentar y percibir con nuestros sentidos, no hay nada más cierto que esto, de ello no cabe duda, es la certeza sensible la que nos procura la verdad. Por esto todo conocimiento debe apoyarse en esta, porque los sujetos se fundamentan en ella y aseguran la intersubjetividad. Pero sobre todo “el positivismo no ve garantizada exclusivamente la certeza del conocimiento por el fundamento empírico, sino mucho más decisivamente por la certeza metódica. Mientras que la fiabilidad del conocimiento metafísico estaba fundada en la unidad y conexión de los entes en su conjunto, la fiabilidad del conocimiento científico se garantiza por la unidad de método(14)”. Con esto ya no es importante el qué, sino el cómo, siendo determinante para llegar a la certeza del conocer.

Así las cosas, hemos llegado a la era científica, en donde lo que caracteriza a la cultura es “el cientifismo [que] significa la fe de la ciencia en sí misma, o dicho de otra manera, el convencimiento que ya no se puede entender la ciencia como una forma de conocimiento posible sino que debemos identificar el conocimiento con la ciencia” (15).

A grandes rasgos el positivismo busca a través de sus diferentes manifestaciones como el positivismo lógico, la explicación causal y la aplicación del modelo nomológico-deductivo a la historia y en general a las ciencias sociales y humanas, como dice Mardones(16):

— El monismo metodológico: Los objetos de interés científico son diversos, pero solo hay una única forma que los pueda explicar científicamente.

— El modelo o canon de las ciencias exactas: El método positivo debe ser el de las ciencias físico-matemáticas, con el cual se mediría la cientificidad de todas las ciencias.

— La explicación causal como característica de la explicación científica: La ciencia ante todo responde a la pregunta de por qué ha sucedido un hecho, o sea, lo explica y responde a las cuestiones sobre las causas y los motivos de los hechos, es causalista.

— El interés dominador: El control y dominio de la naturaleza constituye el objetivo de dicho interés.

Con estos elementos “el positivismo científico va a pretender hacer ciencia social, histórica, económica,… siguiendo la tipificación ideal de la física ma-temática, acentuando la relevancia de las leyes generales para la explicación científica y tratando de subsumir bajo el mismo y único método a todo saber con pretensiones científicas”(17).

El panorama descrito nos deja en lo que suele llamarse el saber, o mejor el conocimiento en las sociedades industriales y culturas modernas, en donde su estatuto científico se da ya no a partir de los contenidos de ciertas ciencias, sino de la forma como se obtienen dichos contenidos, o sea, ya no importa el objeto como tal, sino el método con el que se aborda.

Así pues, en la cultura contemporánea la ciencia ha llegado a ser paradigma del saber: esto se advierte fácilmente si se considera que hoy día, en un ámbito de investigación, la calificación de cientificidad no viene ya asignada con base en sus contenidos…, sino con base en el modo en que estos contenidos son investigados y tratados. Si ello ha podido ocurrir es porque el carácter de cientificidad se le reconoce en la actualidad a un ámbito de investigación cuando esta ha conseguido dotarse de un método propio de indagación, y este método, aunque con frecuencia puede no estar plenamente explicitado de modo fidedigno..., puede al menos ser caracterizado con dos requisitos fundamentales: el rigor y la objetividad(18).

Todo lo que sea digno de llamarse ciencia debe tener un método que posibilite el rigor en los enunciados y su objetividad como dice Agazzi; el rigor científico consiste en que las afirmaciones se deben fundamentar en la comprobación de los datos, ya sea con un postulado factual en las ciencias empíricas o como postulado inicial en las formales; del otro lado las afirmaciones científicas deben justificarse “sobre la base de nexos lógicos explícitos que la vinculen deductivamente a otras proposiciones cuya justificación haya sido ya alcanzada”; lo que no sería más que una verificación indirecta al estilo de Carnap, pero en este caso es deducida o indirecta. En lo que a objetividad se refiere, no es otra cosa que la intersubjetividad que puede tener una afirmación, al igual que ser un discurso público y poseer el carácter independiente del sujeto, que actualmente ha, casi que, sustituido el requisito de verdad.

Empero, las condiciones del saber científico moderno, son muy posibles de realizar dentro de las ciencias formales y naturales, o por lo menos se cree eso, no así en las de carácter social, humano o de la cultura, porque sobre todo la independencia del sujeto se hace más difusa cuando existe “la pertenencia del investigador y la realidad investigada al mismo universo histórico: el mundo cultural e histórico del hombre. Se da, por tanto una unidad sujeto-objeto que permite la comprensión desde dentro de los fenómenos histórico-sociales y humanos”(19) condición translúcida que hace evidente la diferencia de objetos, y se convierte en un argumento en favor de la no unidad de método, un punto a favor de la diversidad metódica.

b) Intereses del conocimiento

Ahora bien, ¿es la ciencia dependiente del hombre?, indudablemente que sí, porque de lo contrario este escrito no tendría razón de ser; estamos frente a una actividad humana que tiene que ver con la experiencia y la razón, la cual “está imbricada inextricablemente con el interés. No hay conocimiento sin interés”(20). Como actividad humana debe tener una causa, motivo o interés que la haga existir, que le permita estar en las preocupaciones del hombre.

Es claro entonces que el interés puramente cognitivo es dudoso que exista, porque según Peirce(21) una cosa es la curiosidad innata en el hombre y otra muy distinta la finalidad que guía esa curiosidad, que no propiamente es la satisfacción de la misma, es pues en este sentido que entendemos el interés que lleva el conocimiento.

Partamos de la afirmación hecha por Marx(22), cuando hace referencia a los posibles trastornos que pueden suceder en la sociedad debido a su situación antagónica, y propone distinguir dos órdenes: Primero “la transformación material de las condiciones económicas de producción” que se realiza a partir de la rigurosidad de las ciencias naturales y segundo se presentan las formas ideológicas que son mediante las cuales los hombres se percatan del estado de cosas y asumen una posición frente a él; Habermas los define aún más y los clarifica, dice que:

toda sociedad debe su emancipación del sometimiento exterior a la naturaleza a los procesos de trabajo, es decir a la producción de saber técnicamente utilizable (incluida la transformación de las ciencias de la naturaleza en maquinaria); la emancipación de la coerción de la naturaleza interna se logra en la medida en que las instituciones detentadoras de la fuerza son sustituidas por una organización de la interacción social que solo esté vinculada a una comunicación libre de toda dominación. Y eso no sucede directamente y por causa de la actividad productiva, sino gracias a la actividad revolucionaria de las clases en lucha (incluida la actividad crítica de las ciencias reflexivas) (23).

Aquí ya es posible identificar claramente dos clases de ciencias: unas las naturales que producen saber técnicamente utilizable; las otras que son reflexivas y críticas que posibilitan la emancipación de la naturaleza interna, o lo que es lo mismo, de la dominación de unos sobre otros.

En este orden de ideas, la producción de saber técnicamente utilizable de las ciencias naturales, o como las llama Habermas “empírico-analíticas” están bajo la égida de la “acción instrumental”; de igual forma el saber que surge a partir de las ciencias reflexivas y críticas, se enmarca dentro del universo del lenguaje, de la comunicación, o mejor de la pragmática del lenguaje, en donde se hace necesario e inminente la aparición de la hermenéutica, como medio para la comunicación intersubjetiva que permita la interpretación, así hacen su aparición las ciencias hermenéuticas o histórico-hermenéuticas. Veamos ahora los intereses que subyacen a cada una de estas ciencias.

Las ciencias hermenéuticas están inmersas en las interacciones mediadas por el lenguaje ordinario, al igual que las ciencias empírico-analíticas lo están en la esfera funcional de la actividad instrumental. Unas y otras se dejan conducir por intereses cognoscitivos enraizados en los contextos vitales de la actividad comunicativa e instrumental. Mientras que los métodos empírico analíticos van dirigidos a poner al descubierto y aprehender la realidad desde el punto de vista trascendental de la posible manipulación técnica, la metodología hermenéutica tiende a asegurar la intersubjetividad de la comprensión de la comunicación lingüística ordinaria y en la acción bajo normas comunes. La comprensión hermenéutica se dirige por su estructura misma a garantizar, dentro de las tradiciones culturales, una posible autocomprensión orientadora de la acción de individuos o grupos, y una comprensión recíproca entre individuos y grupos, con tradiciones culturales distintas. Hace posible la forma de un consenso sin coerciones y el tipo de intersubjetividad discontinua, de la que depende la acción comunicativa... dado que esta condición es el presupuesto de la praxis, llamamos práctico al interés rector del conocimiento de las ciencias del espíritu. Se distingue del interés cognoscitivo técnico porque no está dirigido a aprehender una realidad objetivada, sino a salvaguardar la intersubjetividad de una comprensión, solo en cuyo horizonte puede la realidad aparecer como algo(24).

De esta forma se presentan dos tipos de ciencias, las empírico-analíticas que se enmarcan dentro de la acción instrumental y tienen un interés técnico; y las histórico-hermenéuticas enmarcadas en la acción comunicativa, con un interés práctico.

Además de estas, las ciencias de carácter crítico que propenden por la autorreflexión del sujeto, como lo sería la sociología representada en la teoría crítica y la filosofía, tienen un interés de liberación del sujeto de las ataduras que le impone la sociedad, de la represión ejercida sobre él y que necesita de un proceso emancipador.

Es preciso ahora que la propuesta anterior la tomemos solo en el sentido de la crítica al cientificismo, ya que este es la ideologización de y el dogma de la sociedad moderna, no involucrando a todas las esferas que conforman la sociedad, porque existen algunas que se sustraen a esto, y pensemos casi exclusivamente en las ciencias empírico-analíticas, que son las que en apariencia tienen un mayor grado de autonomía, pero que igualmente son las que más desarrollo aportan al dominio de la naturaleza y en menor grado al de la sociedad, porque bajo este nombre también se incluyen las ciencias sociales que tienen el carácter nomológico, propendiendo por la legitimación de sus principales promotores. Pero aun así a la que se dirige la crítica es a la ciencia aplicada. Y si involucramos a todas las esferas de la sociedad, nos estamos incluyendo y quedamos tipificados de acuerdo con lo anteriormente expuesto, no siendo precisamente nuestro interés el técnico o el práctico.

c) Postmodernidad

Por otro lado, Lyotard(25) se ubica en un nuevo problema, el de la legitimación del saber en las culturas postmodernas, las cuales son incrédulas frente a los metarrelatos que servían a la ciencia moderna como discursos de legitimación, como por ejemplo “la dialéctica del espíritu, la hermenéutica del sentido o la emancipación del sujeto”. Esta incredulidad se debe a la crisis de la filosofía metafísica y al ascenso de la empresa científica, al abandono de los metarrelatos como discursos de legitimación. Con este estado de cosas, en las culturas postmodernas, “los decididores intentan, sin embargo, adecuar esas nubes(26) de sociabilidad a matrices input-output, según una lógica que implica la conmensurabilidad de los elementos y la determinabilidad del todo. Nuestra vida se encuentra volcada por ellos hacia el incremento del poder. Su legitimación, tanto en materia de justicia como de verdad científica, sería optimizar las actuaciones del sistema, la eficacia” (27).

Acercándonos a un punto histórico-materialista afirmaríamos que “el saber cambia de estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran en la edad llamada postindustrial y las culturas en la edad llamada postmoderna”(28). Y aun agregaríamos que cambia significativamente en cualquier etapa social, porque todas y cada una se diferencian lo suficiente, como para poderlas abordar por separado, tienen sus propias características, tecnología diferente, relaciones económicas también particulares, que los decididores o dueños del poder manejan o manipulan para la conservación del dominio, así que el saber se convertirá en un instrumento para gobernar, pero no al mejor estilo griego buscado por Platón, sino reducido a razón instrumental.

Junto a Lyotard(29), la legitimación es el proceso donde los legisladores tienen la autoridad de promulgar una ley como norma. Esta puede ser científica y como tal está sometido a reglas y condiciones que lo califican como científico, y en este caso la legitimidad se centra en la autoridad para decidir qué es científico y qué no, a partir de lo cual será tenido en cuenta por la comunidad científica. Resultando peligroso, porque quien decide, tiene un poder, presentándose así un doble problema, la legitimación del saber y la de la decisión.

La principal dificultad es que no se sabe qué es el saber y esto será definido dentro de lo que hemos llamado juegos de lenguaje, que de acuerdo con la lógica de cada uno se legitimará a sí mismo, teniendo así un discurso de legitimación para cada uno de ellos, no existiendo la posibilidad de la conmensurabilidad, que de hecho constituiría un error, discursos que toman una dimensión más reducida que los grandes relatos, son pues relatos pequeños de tipo narrativo, es decir el tipo de saber no desarrollado discursivamente y que se diferencia de él, como popular o tradicional, opuesto al científico; permitiendo la pluralidad de juegos de lenguaje. De este modo “la ciencia postmoderna hace la teoría de su propia evolución como discontinua, catastrófica, no rectificable, paradójica. Cambia el sentido de la palabra saber, y dice cómo puede tener lugar ese cambio. Produce no lo conocido, sino lo desconocido. Y sugiere un modelo de legitimación que en absoluto es el de la mejor actuación, sino el de la diferencia comprendida como paralogía(30)(31)”.

En general el saber premoderno se legitimaba con metarrelatos de orden mítico o religioso; en la modernidad se centra en los discursos de racionalidad y filosofía positiva; y en la postmodernidad se busca la alternativa del disenso, por el contrario de la búsqueda de unidad y armonía de las dos épocas anteriores, la legitimación por la paralogía, por el todo vale, siempre y cuando surja de un juego lingüístico, en donde los interlocutores lo han discutido y aceptado. Con esto se “abre camino a una importante corriente de la postmodernidad: la ciencia juega su propio juego, no puede legitimar a los demás juegos de lenguaje. Por ejemplo, el de la prescripción se le escapa. Pero ante todo no puede legitimarse a sí misma como suponía la especulación”(32). Se abandona así la alternativa consensual habermasiana que intentaba el entendimiento o el ponerse de acuerdo en las reglas universalmente válidas para todos los juegos lingüísticos, a partir de la heterogeneidad de los mismos, partiendo de una pragmática universal que es la que posibilita al sujeto objetivar sus subjetividades.

Con esta situación, es adecuado en una sociedad en la que como dice Lyotard (ya citado), “los juegos de lenguaje son… El mínimo de relación exigido para que haya sociedad”, teniendo presente esto no se puede abandonar la alternativa del consenso a que estamos dispuestos en el ámbito de juego de lenguaje; que si bien existe un acuerdo al interior del juego como el resultado de diferentes caminos de socialización, no se debe apartar el que se puede lograr entre los juegos, aun existiendo la inconmensurabilidad. De lo que se trata es de poder entender el juego desde mi propia perspectiva, mas no traduciéndolo a la mía. En este sentido se impone ya no la legitimación de los juegos en sus reglas internas, sino más bien entre los diferentes juegos, y si dentro de cada uno de ellos se han llegado a establecer unos criterios de legitimación, ¿por qué no se podría llegar a unos desde todas las perspectivas, o por lo menos de las que estén implicadas en una problemática específica?, cuando así sucede para formar las reglas de los juegos particulares, pero en este caso sería en un nivel macro. Poniendo en claro que estas reglas o acuerdos a que se llegan, no son más que consensos parciales, porque las reglas de la postmodernidad ya no son las mismas de la modernidad. Además siempre cuando se habla de consenso, este es parcial, jamás definitivo, porque se iría en contra de la naturaleza cambiante y dinámica tanto del conocimiento como de la sociedad.

No se debe desconocer la importancia del planteamiento de Lyotard, en el sentido de constituirse en una evidencia de la dinámica que ha tenido el saber, pero de ninguna manera lanzarnos a esa aventura nihilista a la que se llegará si se toma muy en serio, o mejor muy ligeramente. Es en este panorama donde divergimos de Lyotard, porque nos muestra que tanto un juego como el otro no pueden ser unificados ni totalizados en un metadiscurso, y desde ahí se fundamenta para argumentar la crítica que hace al proyecto marxista y claramente a la Escuela de Francfort, pero independientemente de esta crítica, la necesidad social de convivir, nos obliga a pensar en unos mínimos de acuerdo, para que exista sociedad, y estos son los juegos de lenguaje. Pero la sociedad no es una unidad fragmentada como pareciera ser la postmoderna.

Si adherimos a Lyotard en esta aventura pesimista de la postmodernidad, desconoceríamos el carácter inequitativo, injusto, inhumano que domina la sociedad contemporánea, claro es, proviene de la modernidad, y estamos legitimando toda una situación, con un metarrelato llamado postmodernidad, porque si bien no legitima nada, está así mismo legitimando todo.

La problemática científica y de la sociedad en general estaría abocada a un nihilismo, a una legitimación de pequeños relatos particulares, para cada juego, no estableciéndose conmensurabilidad alguna; permitiendo la existencia de dichos problemas y aceptándolos, sin hacer nada al respecto, y sobre todo contribuyendo con más dificultades, en la medida de la existencia de variedad de reglas de juego lingüístico, que no precisamente se caracterizan por ser compatibles.

Es por tales razones que si bien no desconocemos el carácter de la cultura postmoderna, no compartimos el abandono total en el que se caería, partiendo de la descripción hecha. Porque como ya se dijo, son unas pautas mínimas las que posibilitan la coexistencia de los juegos, y la contribución que estos pueden hacer para solucionar la problemática proveniente de la modernidad. Esto no quiere decir que sea un metarrelato, simplemente es un juego más amplio que se puede construir. Esto es precisamente lo que nos motiva a continuar con la argumentación.

2. Crítica de la racionalidad contable

“Vosotros no sois águilas; por eso no habéis conocido el goce en el espanto del espíritu. El que no es ave no debe volar sobre abismos”. Nietzsche 

El origen del saber se puede comprender en varios sentidos, ya sea por la inquietud del hombre por la relación que mantiene con la naturaleza y por la que mantiene con otros de su misma especie, o porque simplemente el ser humano está condenado a realizar tal actividad. ¿Acaso podría desprenderse de ella?

Resulta de gran importancia saber que el hombre tiene una capacidad que lo diferencia de los demás animales, y lo hace diferente, esta es la que permite que yo escriba esto, y que usted lo lea e intente comprenderlo, con todo lo que implicaría una tarea así.

El hombre intenta saber su entorno, lo define y lo expresa como lo percibe. Pero percibir no es puramente sensual, sino también lo es en forma intuitiva, formal, iluminativa, imaginativa, etc. A partir de esto construye lo que él llama saber y lo diferencia con nombres. A alguno lo llama conocimiento, a otro religión, mito, leyendas, filosofía, creencias, sentido común, ciencia, etc.

Igualmente categoriza y jerarquiza esta identificación, que por alguna razón la que se apodera de la cúpula es el conocimiento científico, bien pudo haber sido otro. Dentro de este, se pueden identificar muchas especialidades, que son posibles por la diversidad de objetos. Cada una se ocupa de uno, intenta saberlo, aprehenderlo, explicarlo, comprenderlo o describirlo, todo con un interés, ya sea noético, práctico o técnico.

De este modo se aborda la naturaleza, se hace atendiendo a su dimensión física, química, biológica, etc., al igual que a los hombres, pero en este caso ya se tiene presente la relación hombre-hombre, que amplía los objetos aun más.

La ciencia existe en tanto existe hombre, no siendo así solo existiría la naturaleza sin el hombre y sería la misma. Lo que se hace por parte del hombre es crear cosas, entre ellas el conocimiento científico. Así pues, con su condición se detiene a pensar los diferentes objetos y los aprehende, para luego sistematizar lo que resulta de todo lo anterior y con posterioridad le da un nombre y lo impone a los demás.

Hay conocimiento científico que se refiere a los hechos, es decir a lo factual, en esta forma depende de la existencia del hombre, como conocimiento, mas no como hecho; en cuanto tal es independiente del mismo. Así las cosas, lo único que hace el hombre es impresionarse con lo que percibe y lo pone bajo sus formas y categorías, como dijera Kant.

De este modo tenemos que el conocimiento busca explicar los procesos que se suceden en sus objetos específicos, al igual que sus propiedades. Así, la ciencia natural describe lo que percibe y lo hace referido a su objeto. Cada uno de estos procesos y propiedades definen el campo de cada ciencia.

¿La contabilidad es un proceso natural? Hay autores que han sostenido esto, pero es pertinente aclararlo. Si bien es cierto que en la naturaleza existen, o mejor se comporta de una determinada forma, es decir que lo que llega a un lugar proviene de otro, porque algo no proviene de la nada. Lo que se aumenta en un lugar ha sido el resultado de la disminución en otro. Esto es un proceso general que muy posiblemente fue tomado en cuenta para el desarrollo de la partida doble, que en últimas es lo que representa. Igualmente no significa que sea un saber de carácter natural, porque no se ocupa de explicar objetos naturales en él, y mucho menos pretende hacerlo. Que exista una coincidencia en el proceso, no quiere decir que el uno equivalga al otro, solamente se ha imitado una vez más a la naturaleza, para propósitos diferentes de los originales.

Ante todo, el saber es humano, alguno se refiere a los hechos que percibe sensualmente en la naturaleza; otro tiene que ver con los hechos acaecidos entre hombres, con las relaciones que mantienen. La contabilidad en tanto saber no se ocupa del proceso natural antes descrito, sino lo utiliza, —si es que lo hace conscientemente, porque al parecer esta analogía se ha hecho a posteriori, demostrando que no hay una derivación directa del proceso natural—, para propósitos que tienen que ver con los hechos de carácter social. Es pues, un saber que se inserta en el ámbito de las relaciones del hombre con los de su misma especie.

a) La historia

No es de nuestro interés esbozar detalles sobre la historia y los documentos que se han encontrado con referencia a la actividad contable, solo nos ocuparemos de establecer vínculos que posibilitan y conducen a definir las principales características de dicha actividad a lo largo de la historia.

Hay una necesidad en el hombre que lo lleva a realizar una serie de actividades que la satisfacen. ¿Cuál es esta necesidad? Tal vez sea el control de las cosas, extender su limitada memoria; pero para qué saber las posesiones si no existe propiedad, y mucho menos privada.

Siempre se inicia la historia de la contabilidad con el presupuesto del comercio o de actividad económica, ligándolas directamente. En efecto hay razón, ya que si hay comercio hay actividad económica y por lo tanto propiedad privada, así no sea individual. Porque el comercio se entiende como el intercambio de mercancías, ya sea en forma de trueque o utilizando un medio universal válido para tal objeto, como lo es el dinero en forma de mercancía especial, o como simple medio. Lo económico se deriva en tanto actividad, de la satisfacción de una necesidad material humana, que no siempre es posible, obligándolo a decidir cuál es el uso que les da a sus medios para satisfacer esa necesidad, llevándolo al comercio. Son así estos elementos importantes para la necesidad auxiliar de controlar informativamente los medios que se tienen, o qué se hace con ellos, llámense riqueza, propiedad privada o colectiva.

• Comunidad primitiva

Si bien en la comunidad primitiva podría ubicarse una forma de comunicación y escritura necesarias para la contabilidad, no así el comercio, porque este tipo de sociedad era totalmente comunitaria, subsistía mediante lo que la naturaleza le podía dar. Cuando fue cambiando y se dividió más claramente el trabajo, al igual que el avance en la satisfacción de sus necesidades materiales, creó la agricultura y la ganadería, en la medida que se volvió sedentario. El comercio surge como una necesidad frente a la imposibilidad de poseer todos los materiales de subsistencia, en especial metales para la elaboración de herramientas.

Lo destacable en este estadio es que tanto lo económico como lo contable se confunden, pero aun así se pueden diferenciar. En primer lugar lo económico, el hecho existe antes de llegar a reflejarse en el control que se haga de él. Lo contable se erige como lo realizable a partir de algo susceptible de ser contado, controlado, valuado, etc., a decir lo económico. En segundo lugar, lo económico es el hecho, y lo contable corresponde a la representación que se hace en la medida que es posible, de ese hecho, reflejarlo utilizando un lenguaje cuantitativo y cualitativo, para diferentes usos.

Abstrayendo el hecho económico casi que ni podría comprenderse la existencia de lo contable, porque qué sería susceptible de ser contabilizado, el pensamiento, los sentimientos, las sensaciones; resultaría interesante, pero lo cierto es que están ligados desde su origen.

El fundamento es pues, que existe una necesidad básica, la subsistencia. El hombre con su condición hace lo que puede para satisfacerla. Con ello llega a relacionarse económicamente y comercia; para lo cual le surge otra necesidad, esta es la de saber cómo utiliza sus recursos, es decir cómo los cambia, por qué y por cuánto lo hace. Todo con la ayuda de la contabilidad, esa técnica de representar mediante la escritura u otro medio, actividades que los hombres realizan con su propiedad ya sea colectiva o privada, en las relaciones que mantienen con los de su misma especie, en principio para la subsistencia, que como información para el futuro puede asignársele muy variados usos.

Desde los más antiguos documentos, se pueden identificar elementos que permiten establecer la existencia de la actividad contable, y por medio de ella la económica, con la presencia de la escritura, ya fuera jeroglífica, fonemática o ideográfica.

• Esclavismo y feudalismo

Con el surgimiento de la propiedad privada se hace aun más intensa la necesidad, para saber qué gasta o utiliza de su propiedad y qué recoge o recibe. Los excedentes de sus actividades se vuelven importantes, ya que representan recursos para ser utilizados con posterioridad, o para cesar en las actividades, porque ciertas necesidades pueden ser satisfechas con esos excedentes.

Otro elemento importante es la organización social. En general el reconocimiento de una autoridad, ya sea de origen mítico-religioso, como el resultado de la voluntad de los habitantes del territorio, como imposición por la fuerza, o por el poder económico que tiene un grupo dentro de una sociedad.

El Estado es el mecanismo como la sociedad institucionaliza esa forma de autoridad. La garantía de un orden que permita la subsistencia de sus habitantes, y quien los represente frente a otros. De este modo, el Estado requiere de ser mantenido por sus representados; esto se hace mediante imposiciones económicas, así hay un espacio para la contabilidad del Estado en tanto actor económico. La actividad contable se centró en el control estatal y en el comercio, teniendo un gran desarrollo en las ciudades y centros urbanos, focos de la actividad comercial.

No obstante las relaciones económicas en la edad antigua y en la edad media, caracterizadas por ser en su mayoría esclavistas y feudales, se referían en primera instancia a las obligaciones de los esclavos frente a sus dueños, como propiedad privada y como medios de producción; y con posterioridad a las de los siervos y señores, como resultado de la casi imposibilidad de controlar esas grandes extensiones de territorio con un gobierno centralizado. Lo contable es necesario para el mantenimiento de ese orden, era la herramienta principal para dominar la actividad comercial, y para el control de las obligaciones de los siervos y señores para con sus superiores respectivos.

De igual forma la actividad religiosa jugó un papel importante, ya que está infestada de compromisos materiales y económicos, que la hacen valerse de la contabilidad para el control de sus grandes tesoros terrenales que supuestamente lograrían unos celestiales similares.

La actividad bancaria, que data de épocas remotas en Grecia y Egipto, inicialmente fue desarrollada por los Estados, debido a la acumulación impositiva, y todas sus operaciones debían ser controladas, para esto se utilizó la contabilidad. Pero el monopolio de la banca por parte del Estado duró poco y se desarrolló libremente. Así, quienes pudieran fundar un banco para prestar dinero y cobrar intereses lo hacían. De esta forma ya se vislumbraban grandes familias poderosas económicamente. Cada nueva actividad que involucraba relaciones económicas, imponía retos y cambios a la contabilidad por la necesidad de reflejar y representar la realidad económica.

Con el gran auge del comercio en las ciudades y la organización de talleres en las mismas, para la construcción de herramientas e instrumentos para la agricultura, al igual que toda la actividad artesanal, terminó por la agremiación de unos y otros. Se convirtieron así en una fuerza capaz de negociar con los señores feudales, quienes pretendían dominar las ciudades al igual que a los feudos, controlar de la misma forma. Situación que se vio truncada, en tanto que “la vida de las ciudades era muy distinta de la vida de los feudos y habrían de crear nuevas formas”(33). Las ciudades exigirían de mayor autonomía y libertad para organizarse, ya que las prácticas feudales obstaculizaban las actividades comerciales.

• Capitalismo

Tanto gremios como corporaciones de comerciantes obtuvieron grandes logros, a pesar que “el control de las ciudades no fue cedido inmediatamente, sino poco a poco. Primero el señor vendió algunos de sus derechos sobre el burgo a sus residentes; después vendieron otros y la entrega continuó así, hasta que la ciudad prácticamente se hizo independiente”(34).

Lo destacable es el gran desarrollo del comercio como fuente de riqueza, en tanto actividad especulativa. La conformación de talleres artesanales, como el resultado del empleo del dinero en las ciudades que condujo al artesano a dedicarse por completo a su arte, pues con el dinero podría adquirir todos los variados bienes para suplir sus necesidades. Ya no producía para él solo, sino para toda la demanda de sus productos. Para ello tuvo que contratar a algunas personas quienes recibían a cambio un salario. Así, juntos trabajaban fabricando artículos para luego ellos mismos venderlos.

Los gremios mayores, es decir los artesanos dueños y organizados, controlaban las ciudades, las gobernaban, aunque se dijera que lo hacía el gobierno municipal. De este modo, “en la lucha para libertar a las ciudades de la opresión de sus señores feudales, cuando residían en ellas, ricos y pobres, comerciantes, patronos y obreros, habían unido sus fuerzas. Pero los frutos de la victoria fueron para las clases altas. Las bajas supieron más tarde que simplemente habían cambiado los amos; donde antes el gobierno estaba en manos del señor feudal, ahora estaba en manos de los más ricos burgueses”(35).

Estos últimos, aliados con los monarcas, en el sentido de cumplir sus obligaciones impositivas, lograron que los ingresos de los soberanos pudieran ser recaudados en dinero, y ya no en especie, como se realizaba en la etapa feudal posibilitando al rey mantener ejércitos permanentes para el control de sus territorios y ser más fuerte que sus señores feudales, quienes habían llegado a ser casi independientes. Necesariamente esto debía cambiar, por la creciente actividad comercial y su aseguramiento. Por la fuerte alianza que se entabló entre el rey y los habitantes de las ciudades se fortaleció el poder real y disminuyó el de los señores; lo que permitió la centralización del poder y el surgimiento de los Estados Nacionales, claro que no exclusivamente, ya que las causas de éstos fueron muy variadas y diversas.

Para los reyes era claro “que su poder dependía de sus finanzas. Y también que el dinero afluiría a sus arcas solo si el comercio y la industria prosperaban, por eso los reyes se preocuparon por el progreso comercial e industrial”(36), de ahí su alianza con las grandes ciudades comerciales.

El comercio dejó de ser una actividad puramente local, y se convirtió en actividad de habitantes de diversas naciones, es decir que los mercados ya no eran los mismos; eran grandes mercados en los cuales surgieron intermediarios en el proceso de producir bienes para el consumo. Antes el artesano dueño del taller producía y vendía al consumidor final; ahora este solo se encargaba de comprar materia prima que le traía un intermediario y producía bienes que le vendía a otro intermediario.

La industria y el comercio crecieron mucho, siendo central para los gobiernos de los Estados su estímulo, ya que con el desarrollo de éste se podrían aumentar las riquezas. Para lo cual libraron muchas guerras y conflictos que en muchas ocasiones eran disfrazadas con otros motivos. Al igual que el liberalismo económico profesado en Francia, contribuyeron para que los rezagos que quedaban del viejo sistema feudal acabaran, fue así como por influencia de muchos otros factores, como el religioso, el político, el social, etc., se llegó a cambiar por completo el sistema.

Fue el capital, en cuanto dinero o recursos utilizados para realizar transacciones que prometen rendir una ganancia o utilidad, el que se instauró como nuevo soberano, inicialmente en Europa y luego expandiéndose por todo el mundo hasta nuestros días. Siguen existiendo dominadores y dominados, lo único que ha variado en el tiempo es quien asume el papel de dominador.

• Interpretación

Esta aproximación al establecimiento de las relaciones entre lo económico y lo contable nos permiten destacar varios puntos, que son el objeto de nuestro brevísimo recorrido histórico.

La contabilidad, a medida que las condiciones del comercio y en general las económicas iban cambiando, también lo hacían, porque era el principal instrumento para ejercer control de toda la actividad comercial y económica, por los diferentes actores involucrados en este proceso.

Es sobresaliente el hecho que al convertirse el comercio en pilar de los gobiernos de los Estados, se legislaba para el fortalecimiento y expansión del mismo. Por lo tanto la contabilidad jugó un papel importantísimo para el Estado, en tanto recaudador de impuestos; igual sucederá con el control ejercido por los propietarios de los talleres artesanales, las pequeñas industrias, y con posterioridad los capitalistas. Continúa siendo una necesidad creada por la organización de la sociedad y en especial por su organización económica.

No es un secreto para nadie, surge de la mano de los hechos económicos, y es posterior a ellos, porque el hecho es presente, la contabilidad habla sobre el pasado, y a partir de ahí intenta comprenderse y verse en el futuro de una forma diferente.

A medida que el comercio lo requería, la contabilidad cambiaba; por esto los primeros escritores sobre el tema permanecieron o vivieron y trabajaron durante mucho tiempo en los grandes centros urbanos, surgidos con el comercio, a decir: Venecia, Florencia, Génova, etc. Así las cosas, como diría Vlaemminck(37) “la contabilidad es indudablemente una técnica auxiliar de la economía. Por lo tanto se expande y degenera al compás de la civilización económica en las diversas regiones y en las distintas épocas de su historia”.

Vemos entonces que lo que genera los cambios en la actividad contable es el cambio en la economía y en el comercio, principalmente en las empresas, a decir las organizaciones de personas para la realización de una actividad económica.

En todo este recorrido histórico, la contabilidad se ha mantenido, no ha desaparecido; solo muta o cambia para contribuir con la satisfacción de esa necesidad humana de tener información de sus actividades económicas, para controlarlas y hacerlas más fáciles de realizar. Como resultado de esto, la contabilidad representa unas actividades que reflejan el tipo de relaciones entre hombres, tanto jurídica como económicamente, es entonces la representación de una realidad social, y que si son fieles a ésta, se convierte en un elemento muy importante para la revisión del quehacer económico y social, ya que informa sobre el pasado con la mirada en el presente y en el futuro.

Es pues la interpretación de la contabilidad como informante histórico, el verdadero valor. Pero ¿de qué sirve interpretar algo si se está distorsionando?, igualmente cómo sabemos que está distorsionado. Lo sabremos si revisamos nuestro pasado, reflexionando sobre nuestra propia historia; así encontraremos que la contabilidad siempre estuvo en manos, o siempre sirvió a los intereses de quienes podían realizar transacciones económicas, llámese Estado, Iglesia, bancos, comerciantes, etc. No sin desconocer la utilización que pudiera tener en los pequeños círculos familiares. Ahora bien tuvo desarrollo en la medida que estos poderosos lo tenían.

De igual forma es de destacar que en los tiempos de Pacciolo era costumbre que “solo el contador y el dueño de la empresa tuvieran acceso al Giornale y al Quaderno;”(38) los dos libros más importantes de contabilidad, que equivalen al diario y al mayor; lo que claramente nos muestra el carácter de la información que se tenía en ellos. No era pública, como ahora se promulga, ¿por qué motivo?, tal vez se creía en el hecho que en tanto actividad privada o particular, la información generada a partir de ella también lo era.

No obstante, poco después con el apogeo del mercantilismo, la información contable era “requerida por los sectores sociales más importantes”(39), tomando un aire público que representaba el nuevo tipo de relaciones entre el Estado, la Iglesia, y sus dominados. Existía así una razón para no dar la información verdadera, se necesitaba distorsionar para mostrar una situación diferente.

b) El fruto de la discordia: el objeto

Ya podemos ver de lo que se ocupa la contabilidad. A lo largo de los tiempos ha sido información sobre las actividades económicas. Se dice, como consecuencia en la literatura contable, que el objeto de la contabilidad es la realidad económica. Pero ¿cuál es la realidad económica? Se puede entender como las actividades intersubjetivas que pretenden la satisfacción de una necesidad natural o artificial, mediante la utilización de recursos los cuales no son infinitos y tienen diferentes formas de ser aplicados.

¿Es realmente este su objeto de estudio? Si nos remitimos a la historia, la contabilidad ha brindado información sobre la realidad económica que ha sido utilizada para diferentes fines; pero se ocupa de representarla con técnicas propias y nunca se detiene a pensar y reflexionar sobre ese objeto, no se pregunta por qué es así y no de otra forma.

La contabilidad no se ocupa de un hecho concreto como las demás ramas del conocimiento; sino de representarlo en una forma de len-guaje que es susceptible de ser comprendido e interpretado, por una comunidad específica. A la contabilidad no le interesa por qué un hecho económico se presenta de determinada forma y para qué se hace así. Simplemente informa; y quien recibe esta información comprende e interpreta, y tal vez hasta cuestiones se formule. En fin no se ocupa de la realidad económica en sí, como acción de hombres, sino se interesa en ella en cuanto ávida de representación.

Se podría inferir en este punto que su objeto es la representación de la realidad económica, bien podría serlo, pero no lo ha sido. Igualmente podríamos preguntar por si la representación constituye un objeto de estudio. Puede serlo, la contabilidad se dedica en alguna medida a indagar por formas de representar esa realidad y construye instrumental que le permite hacerlo y que le viene dado por los fines que le imponen, así representa de determinada forma y nada más. Es más bien una de tantas formas de representar, y una de tantas otras de reflejar la realidad económica, ya que actualmente lo económico se ha diferenciado de lo contable y son utilizados otros instrumentos e información para el estudio del comportamiento y conducta de los agentes económicos. Lo contable ha sido reducido a lo empresarial, y su utilización se hace en ese sentido, tanto por parte del empresario, inversionistas, trabajadores y Estado. Siendo una información paralela a la puramente económica.

El objeto de la contabilidad se diluye y se pierde, no cabe la insistencia en la realidad económica, no la piensa ni la reflexiona, para luego dar información general y constante tentativamente de ella, no establece leyes ni regularidades, las representa como mejor puede en determinado momento. La que pretende buscar leyes y regularidades que le permitan formular teorías y predecir es la economía, aunque no lo logre.

Así las cosas, la contabilidad tiene como objeto representar unas actividades económicas, que le es exigido por quienes las realizan, lo que deja de ser objeto y se convierte en una función, una tarea que debe realizar para satisfacer una necesidad o solucionar un problema. Representar es un verbo, por lo tanto no es una cosa u objeto, es una acción y eso es la contabilidad. Pero todo lo que hace el hombre son acciones, hasta la misma filosofía, el propio pensar. No obstante se hace referencia a lo factual, es decir a los hechos. Si su objeto fuera de este tipo, estúdianse las acciones que los hombres realizan en contabilidad, la contabilidad misma, y esto no es posible.

c) El método

Otra característica importante para definir un área del conocimiento es el método que se utiliza para llegar a él, la forma que se sigue y los procedimientos que posibilitan llegar a un resultado específico. El método en contabilidad se ha esbozado por Calafell Castello(40) como un procedimiento esquematizado de manera sintética, formado por tres etapas o elementos específicos que sigue la contabilidad. Estos son: el sistema operativo instrumental que es el consistente en las entradas-procesos-salidas de información, se le da una categoría de técnico; de otro lado se propone simultáneamente un sistema científico correspondiente a la retroalimentación a partir de las salidas y el control, teniendo presente variables exógenas al proceso técnico y también un espacio tipológico de cuentas. Esta supuesta parte científica parte del resultado obtenido por la técnica EPS, evaluando únicamente el medio para luego retroalimentar, es decir contribuir con una nueva información a un nuevo proceso. No obstante lo que sí es totalmente independiente al proceso técnico es lo referente a las variables exógenas. Este es el elemento más importante y tiene que ver con los aspectos que afecta la salida del proceso, las repercusiones que tiene y las exigencias o demandas del medio en el que se encuentra inmerso, se diría entonces de los fines para los cuales se realiza, y en últimas este elemento es el que gobierna el modelo, es autónomo e independiente. Impone las reglas que se deben seguir y los requerimientos, al igual que todo el instrumental necesario para dar la información que el medio le demanda. ¿De dónde vienen éstas, quién las demanda y quién las elabora? La contabilidad llega hasta ese punto, solo las utiliza y con cierta información procesa y genera otra, luego se “contrasta” y se manipula para agregarse convenientemente con el mecanismo de retroalimentación (ver figura Nº 1).

 

Donde:

“I = ‘Inputs’ del sistema o entradas de información para procesar de las cuentas de Debe o Haber.

P = procesamiento de los inputs.

O = ‘outputs’ del sistema o salidas de la información procesada (no salidas de valores).

C = espacio topológico de cuentas para la captación y el control.

F - B = ‘feed - back’ o proceso de contraste de la información, y

R = variables exógenas del sistema (normas de medida, de valoración u otras reglas)”(41).

En primer término, un método no es científico, como ya se anotó en una sección anterior, por lo tanto no es una entidad que se juzgue así; más bien se obtienen o no conocimientos científicos a partir de él, que a la vez que se retroalimenta, se corrige. ¿Son científicos los resultados que se obtienen con ese método? Esta cuestión la revisaremos posteriormente. Por el momento, y de otro lado se afirma que “el subsistema científico o de observación e interpretación de la realidad necesita de un tipo o clase de lenguaje, que para el sistema informativo contable se basa en los principios y normas de la teoría y de las técnicas de la contabilidad”(42). Aparecen así una serie de instrumentos que son necesarios para la observación y la interpretación. Esto es cierto, pero igualmente en el esquema que nos proponen, se llega a unos resultados que no afectan en nada a este lenguaje compuesto de técnicas, normas, principios y teorías; situación comprometedora, en tanto no muestra la no circularidad. En este punto de análisis las teorías, principios y normas provienen de otra parte, no resulta de las salidas, ni las afecta.

De la misma forma, el circuito de información que se genera, se dice, puede ser interrumpido en cualquier punto, manipularse y agregarse convenientemente; todo esto se realiza con el mecanismo de feed-back o de retroalimentación como ya se anotó. Lo importante en este asunto es que la información se puede “manipular y agregar convenientemente”, ¿para qué?, tal vez para el logro del fin perseguido que jamás se juzga y se cuestiona desde dentro del sistema, solo se busca llegar a él. Estos fines son impuestos desde [R], y ¿cuáles fines son?, los de la sociedad, o los que el agente quiere y desea mostrar a la sociedad.

El sistema informativo contable o el plan de cuentas [C] proviene directamente de lo exógeno, de [R], así la realidad estará representada en la medida que [C] se lo permita. Con sus limitantes [C] está diseñada para que se logre el fin que se busca, no otra cosa. En cuanto nuestra civilización está gobernada por una racionalidad económica, tecnológica o pragmática, podremos decir que siempre se buscaran los medios más adecuados para mostrar una situación que permita el logro de los fines impuestos, que son los mejores que el agente busca.

De otra parte vemos que durante el proceso siempre se busca el logro de un fin. Nunca se cuestiona este, solo se controlan y corrigen los medios para llegar a él, se intenta encontrar los mejores medios para obtenerlo, es así como mediante [C] y su manipulación estos se consiguen.

Los elementos o aspectos que se destacan en el método contable, todos corresponden al subsistema técnico. El principio de dualidad, no es más que la partida doble representada en teoría de conjuntos. La medición contable, si bien se ubica fuera de este, se impone y opera en el subsistema técnico, esa es su función; las formas de representación, todas son procedimientos tendientes a manipular los datos y dar información, en general son instrumentos que ayudan a mejorar la información, pero en la medida que estos no se hagan independientes de los fines impuestos, no se logrará una información sobre la realidad muy confiable. Ya sea en forma matricial, convencional, sagital o de grafos, vectorial, siempre parten del principio de dualidad, o mejor de la partida doble(43). Y la agregación contable no es más que la forma como se presentan los resultados, es decir los estados contables.

El método contable, que no es apropiado para obtener conocimiento científico, porque en primer lugar no corresponde de acuerdo con el modelo a un proceso de desarrollo espiralado, o sea cíclico concéntrico. Así la práctica no repercute en las normas y las reglas, que están hechas para conseguir el fin, pero éste sí las determina, convirtiéndose en una cantidad de círculos similares, pero desligados. Con él no se llega ni siquiera a generalizaciones empíricas, no estudia comportamientos, solo conduce a la construcción o mejora de los medios con los cuales se logran los fines, por lo tanto no se ocupa de hechos sociales, ni mucho menos naturales, solo representa unas actividades; tampoco es de carácter formal, en cuanto es técnica de representación para el logro de un fin preestablecido, el cual no es cognitivo y sí práctico, en el sentido de servir para guiar una acción. Por lo tanto la disputa inducción-deducción, no cabría en este ámbito, ya que si es representación, esta no pretende establecer generalizaciones, mucho menos leyes, y así no fuera representación, ¿generalizaciones de qué? Acaso las actividades económicas se generalizan; claro es, pero esta es la tarea de la economía. Más bien y en este sentido si puede generalizar la contabilidad, es en la utilización de la misma; es decir generalizar el uso de las técnicas en determinados contextos. Esto es como una sociología contable, entendiendo por esto, que se observa cómo solucionan los problemas de información económica los hombres en sus condiciones particulares. Obviamente esto no es contabilidad y sí sociología, porque procedería como esta.

d) Ilusiones

Una de las principales preocupaciones de quienes se han dedicado a escribir y pensar en la contabilidad, ha sido principalmente el status epistemológico que esta tiene. Más con el corazón que con el pensamiento lógico, se llegan a afirmar argumentos que no son coherentes en la pragmática del lenguaje en el cual se están enmarcando. Este problema creemos identificarlo como de carácter epistemológico-social. Destacamos entonces que existe la preocupación por el status, que ha inducido a enfilar a la contabilidad en los desiderata de la ciencia occidental, es decir sistemática, metódica, y que con ella se pueda predecir o retrodecir y para ello debe ser legal, objetiva, rigurosa y neutral.

De este modo la ciencia moderna se convierte en la guía, en el paradigma del saber para todas aquellas áreas que se inquietan por tan importantes aspectos. La contabilidad apunta hacia allá, hacia ese oasis salvador que la hará sobrevivir, sin saber que es una ilusión, y que tal vez la lleve aún más lejos de las verdaderas fuentes vitales.

La ciencia ha sido cuestionada, su racionalidad, su método y su infalibilidad. Cuando la ciencia tiende hacia otros horizontes, la contabilidad llega tarde a su cita; aunque aún la racionalidad clásica tiene fuerte influencia, la racionalidad contemporánea toma un papel importante, y continúa llegando tarde. Es entonces la racionalidad hermenéutica como la que impedirá que se llene el espacio dejado por la epistemología, la que permitirá que la contabilidad se autoconciba y se inserte en un espacio que no es tan ambicioso como las pretensiones epistemológicas, pero que sí contribuirá con la emancipación y el proyecto de la ilustración, en cuanto ideas sustentadoras de una acción política para la conservación de la especie.

En el mismo sentido la contabilidad se encuentra en un aquí y ahora característico. Como ya comprendimos la contabilidad ha estado ligada históricamente con lo económico; que muy temprano dejó ver su carácter de dominio. Entonces se desarrolla en torno y con ella en el mismo sentido, sirve de este modo a quienes dominan. Se ubica este problema así en lo que entendemos como lo práctico-político.

Es una situación que repercute fuertemente en la sociedad. La contabilidad como instrumento de poder contribuye con la perpetuación del dominio ejercido entre hombres, en tanto actividad que sirve y está ligada con los dominadores, tanto políticos como económicos, que como vimos en el Estado moderno casi que se han fusionado. Cumple esta función porque es instrumento de información emitida por las entidades económicas y los Estados para comunicar. Pero ¿comunicar qué?, información económica [llámese estadística nacional, financiera, agregada, etc.], que está distorsionada, no en el sentido con que se conoce este concepto en el ámbito de la contabilidad, que se refiere a la distorsión generada por el cambio de poder adquisitivo de la unidad de medida que utiliza, sino en el sentido que muestra una información que está atravesada por la ideología y las formas como el sistema se legitima, a decir distorsión en el sentido habermasiano. Sus reglas y normas son diseñadas para el logro de un fin que se impone desde los dominadores y la lógica del sistema, para mantenerlo y contribuir con su perpetuación.

Las relaciones económico-jurídicas que rigen la sociedad no son expresas en la información que se emite, están implícitas y así se esconden, para no generar conflictos con relación a la injusticia e iniquidad que estas encarnan. En tanto información, la contabilidad se comunica a la sociedad y sirve como instrumento de legitimación e ideológico para el estadio social en el que se encuentre.

e) La crítica

El problema epistemológico-social se liga directamente con el práctico-político. El primero como gobernado por un prototipo de ciencia que Habermas ha identificado como empírico-analítica, en un orden de búsqueda instrumental, y aún influenciado por el positivismo, conduce a la contabilidad a asumirlo como canon. Repercute en el segundo de forma directa en el sentido de explicar y describir los objetos, sin cuestionar su estado presente, sin involucrarse práctico-políticamente en un proyecto que promueva la emancipación y el cambio, como la evaluación que se hace de un estadio social, con vistas en otro diferente; a pesar que mucha de la literatura contable se centre en tendencias supuestamente normativas y positivas, que una vez más son el reflejo de un debate que se dio dentro de la ciencia.

Al problema práctico-político podría objetársele que en las sociedades desarrolladas se ha tendido a neutralizar los elementos que pueden provocar crisis o desestabilizar el sistema, o en términos de Marcuse las nuevas formas de control; estos elementos son puestos a disposición de toda la sociedad, en tal sentido, que si son permitidos por el orden establecido, no están constituyendo peligros frente a su mantenimiento. Así mismo podría la contabilidad reflejar lo que en realidad sucede con las relaciones económico-jurídicas y no contribuir en nada con algún tipo de cambio. No obstante cumple con una función pequeña que la desliga del compromiso de sumisión que tiene frente a sus dominadores. Por lo menos, la hace más autónoma, más independiente, y de técnica pasaría a interrogarse por los fines que se persiguen con ella, asumiendo un papel tecnológico. Es por tales motivos que se justifica la superación de esos problemas.

Para criticar se requiere una alternativa, la cual se propone con la perspectiva de un análisis actual de su situación. Son los dos problemas vislumbrados los que proporcionan un punto sobre el cual iniciar. ¿Pero cómo se llega a ellos? En primera instancia mediante la indagación de sus límites desde una ubicación separada de la contabilidad. Luego la autoconsciencia, como el concebirse a sí misma, el captarse y saberse en su propia condición, posibilita la autorreflexión, el pensarse a sí misma, poderse cuestionar sobre su condición y sobre su negación. Inmediatamente puede autocriticarse en la medida de la existencia de los mismos problemas, y se hace solo cuando se incursiona en una nueva perspectiva de cómo deben ser las condiciones, porque ante todo éstas son creadas y artificiales, a pesar de las naturales, las que no se pueden cambiar.

Criticamos desde un mismo juego de lenguaje, porque como ya se dijo, desde afuera es un absurdo, siempre se encontraran inconsistencias y elementos generadores de crisis. Lo hacemos desde dentro de la ciencia que pretende tomar la contabilidad como guía. Así, estamos habilitados para decir que la contabilidad es sistemática en cuanto a medios técnicos para la consecución de unos fines impuestos, y es objetiva en tanto entendida intersubjetivamente y regulada bajo una racionalidad pragmática o tecnológica, descrita en un lenguaje cualitativo y cuantitativo que se ha logrado de igual forma. No es exacta y verificable de la realidad de que se ocupa, por lo menos en su parte semántica, porque sintácticamente lo es; no refleja en su construcción el verdadero sentido que tiene su lenguaje. Es doblemente falible, primero porque es una actividad que requiere del saber y conocer del hombre, que como es claro existen limitaciones al respecto, hay indeterminación, en cuanto conocimiento es dóxico; y segundo por constituirse en la creación del hombre como un instrumento para el logro de unos fines preestablecidos que perfectamente pueden ser invalidados por otros hombres cuyos objetivos o fines no sean los mismos.

La contabilidad es teórica, porque el lenguaje común, no especializado, se refiere a muchas entidades inobservables. Ahora bien, teórica en sentido científico no lo es, porque sus esquemas teóricos no obedecen a leyes generales de hechos definidos, y no son hipotético-conjeturales, porque no explican nada, solo representan como se les ha indicado, con su estructura preestablecida. Lo único que se verifica es que la información que representa sí ha sido elaborada de acuerdo con las normas que le competen.

Esta comparación parece absurda, porque se toman los requisitos de cientificidad físico-naturales y se le juzga a la contabilidad, no hay nada qué hacer, hay que ser implacables, si se involucran con un juego de lenguaje, como la ciencia, deben asumir todas sus reglas y racionalidad; si la comunidad de personas que se dedican a hacer y pensar la contabilidad, quieren jugar ese juego que se llama ciencia, deben aprender a jugarlo y a hacerlo bien, si no, no hay que arriesgarse a jugar, porque terminará engañada pensando que sabe jugar ajedrez cuando solo juega damas, y !creednos, hace el ridículo!

La contabilidad como representación que informa sobre actividades económicas, mediante la hermenéutica en tanto crítica ideológica, tenderá hacia ser auténtica, no servirá a los propósitos de legitimación del sistema y propenderá a reflejar la injusticia y la iniquidad que gobierna lo económico, todo para el único objetivo o fin que se debe imponer a los hombres, el mínimo, si así lo quiere la conservación de la especie.

Tanto ideología como legitimaciones son elementos distorsionadores de la comunicación, de tal modo que contribuirá a partir de una emancipación lograda autoconsciente, autorreflexiva y autocríticamente con una emancipación social, si bien en una minúscula forma, pero lo hará, ya que como está diseñada, hace parte de un lenguaje distorsionado que sirve a propósitos ideológicos y de legitimación.

2.1. Contabilidad: razón instrumental

La racionalidad como referente de la utilización de la capacidad que tiene el hombre de ser racional, de tener razón, es un elemento que asume varias concepciones. No obstante hay una que surgió y ha sobresalido por diferentes motivos. La búsqueda de los fines más adecuados con los medios disponibles. Es una forma de racionalidad pragmática o tecnológica. Desde esta concepción se aborda en tres dimensiones que hacen un todo.

Cognoscitivamente en tanto acción que se realiza para creer o aceptar determinados enunciados; prácticamente como la decisión de elegir entre varias acciones para hacer o realizar de acuerdo con los fines y los medios, siempre se tiene un criterio económico; y finalmente la evaluación también se ve afectada por el criterio del más adecuado de los fines y medios. Tanto los unos como los otros se relacionan para poder operar, es decir, que la racionalidad cognoscitiva requiere la evaluativa y es una acción práctica, esta última necesita un sustento cognitivo y como racionalidad tecnológica evalúa medios y fines; y la evaluativa es acción y debe conocer los medios y los fines para poder evaluar.

Así las cosas, la racionalidad es sistémica en esta concepción, forma un todo que interactúa. Para fines heurísticos abordamos este aspecto en dos direcciones, obviando una que es la evaluativa, porque siempre se está realizando en las demás. Por tanto distinguimos la racionalidad cognoscitiva o teórica y la racionalidad práctica o tecnológica. La una dirigida a lo que debemos creer y la otra a lo que debemos hacer.

Se torna así normativa la concepción de la racionalidad. Lo que la hace vulnerable, quién impone que sea así, por qué se deben buscar siempre los mejores resultados con los medios más adecuados y menos costosos. Esta norma es demasiado violenta para la diversidad de concepciones del mundo, de juegos lingüísticos que se presentan en la actualidad. Por qué siempre evaluar, cuando no somos libres. Nuestros valores son eso, valores que son creados por la época y la cultura circundante, que determinan todo el sistema evaluativo de los hombres; pudiéndose así reducir a modelos nuestra conducta, como lo hace la economía.

Existen tantas formas de racionalidad como hombres hay, por qué proceder violentamente y descalificar a quienes no se identifican con determinada forma. ¿Acaso no son igualmente racionales, claro es, racionales no tecnológicamente? ¿Son por estos motivos peores, inadecuados, malos e irracionales?

Esta corta visión de la racionalidad y reduccionista, se ha impuesto en nuestra civilización. Pero esto no tiene por qué ser así. La racionalidad no se agota en la mecánica económica de ver el mundo. Es mucho más que eso.

En esta vía la racionalidad teorética toma otro rumbo y se concibe no evaluativamente, sino puramente cognitiva, su fin es el conocimiento puro, se caracteriza como “una “intención” explícita y exclusiva de conocer lo que es, de saber “cómo son las cosas” y “por qué son así”(44).

Por su parte la racionalidad práctica o tecnológica se centraría en los fines que persigue, pero “la intervención de la razón consiste justamente en plantear la pregunta sobre el “por qué” a propósito de los fines, y en eso consiste propiamente la naturaleza de la racionalidad práctica, pues se propone proporcionar el por qué del deber-ser(45). Esta situación conduce a establecer que la racionalidad teorética o cognoscitiva ya no está impregnada de evaluaciones, y no se tiene por qué cuestionar sobre los medios y los fines que debe perseguir, simplemente tiene el deseo de saber y conocer, no importa cuánto cueste y cuánto nos beneficie. He ahí otra forma de racionalidad.

Dentro de la racionalidad pragmática o tecnológica podemos identificar la técnica, que no es más que la evaluación de los medios para fines preestablecidos, se cuestiona sobre cuáles son los instrumentos más adecuados y menos costosos para obtener los fines. Es de este modo una racionalidad instrumental.

La contabilidad, por ser una forma de representación de una realidad económica, que no se cuestiona su fin y no lo autoconstruye, sino que le viene dado de su contexto económico, se adapta a él y asume únicamente la evaluación, la decisión de escoger no tan libremente los medios o instrumentos con los cuales llegar al logro de ese fin. Y podría agregarse aun que los propios medios están manipulados y diseñados para la consecución del objetivo establecido. Por estas razones que son suficientes, la contabilidad se inserta así en lo que se ha denominado razón instrumental. No es tecnológica o pragmática, porque no tiene acceso a cuestionar los fines o a evaluarlos, ni mucho menos elegirlos. Peor aún, no obedece a la racionalidad teorética, porque su objetivo no es conocer, sino mostrar lo que le piden mostrar.

a) Contabilidad e interés

En el contexto de la teoría habermasiana de los intereses rectores del conocimiento se puede ubicar también a la contabilidad en una dimensión instrumental. Para iniciar esta exploración recordemos que son tres tipos o clases de ciencias, a decir: las empírico-analíticas, las histórico-hermenéuticas y las crítico-sociales, todas con un interés que las domina; siendo así el técnico, el práctico y el emancipatorio respectivamente. El primero en la medida que forma parte de la acción racional con respecto a fines, juega el papel de dominio sobre la naturaleza y sobre todo lo que se diga llamar objeto, incluso el hombre mismo; el segundo tiene relación con el sustento de unas acciones tendientes a dirigir la conducta de los hombres, es de carácter político; y el tercero es pues, el resultado de la autorreflexión y autonomía en cuanto al conocimiento se refiere, no es un tipo de investigación que se dé en la realidad, hay que construirlo, va dirigido a la transformación de los marcos institucionales y de la destrucción de las ideologías que sirven al dominio.

Busca entonces “la organización de las relaciones sociales según el principio de que el valor de toda norma que implique consecuencias políticas ha de depender de un consenso brotado de una comunicación libre de violencia”(46), para este objetivo se sirve de la hermenéutica como crítica ideológica y de la historia como informadora del proceso de formación actual, así es autocrítica y autorreflexiva, tendiente a la emancipación de lo que le viene dado desde su pasado que es injusto e inequitativo. Las ciencias histórico-hermenéuticas enmarcadas en el interior de la acción comunicativa, son objeto de distorsión en la medida que no hay crítica, pero cuando llega ésta, lo que se busca es la liberación y la emancipación de las legitimaciones y la ideología que dominan, haciendo más “racional” la comunicación, es decir librándola de toda distorsión.

Veamos ahora que al desarrollarse las ciencias empírico-analíticas dentro de la acción instrumental, se convierten en instrumentos para dominar la naturaleza o al hombre, se genera un saber técnicamente utilizable. Se limita a la descripción de los procesos naturales, al establecimiento de leyes generales que permitirán la predicción y dominio de éstos. Este aspecto es fundamental para el esclarecimiento de la función de estas ciencias.

En primer lugar Habermas dice que se genera un saber técnicamente utilizable; entonces el fin de las ciencias empírico-analíticas no es buscar conocimiento o explicar y describir el mundo para que sea utilizado técnicamente, no, de ninguna manera, el único interés de la ciencia es cognoscitivo. No obstante, como ya se anotó, si quien hace ciencia pura también tiene que aplicarla, es otro problema, porque la investigación se hará con vistas en la consecución de los fines que pueden cuestionarse y cambiarse. Pero como esto no sucede, sino más bien los que financian las investigaciones imponen los fines, y de este modo sí se convierte en una acción puramente instrumental. Por tanto es una situación histórica y particular, lo que no nos habilitaría para dar un juicio definitivo; y en segundo lugar es instrumental si solo evalúa los medios para la consecución de fines dados, a decir el control eficiente de la realidad, pero si también elige racionalmente de acuerdo con unas reglas de preferencia y de máximas de decisión, se convierte en una acción racional con respecto a fines, o equivaldría a un tipo de racionalidad tecnológica.

Tenemos así una acción racional con respecto a fines y una acción comunicativa, la una tiene que ver con el dominio técnico del entorno natural y social, y la otra con las relaciones entre los hombres, la interacción simbólicamente mediada entre individuos, donde predominan la comunicación, la complementariedad y el consenso.

Ahora bien, ¿dónde se ubica la actividad contable? Si Habermas habla de ciencias en su categorización, y si hemos establecido que la contabilidad es una técnica, ¿en qué forma podemos vincular esto? La idea de determinar que el resultado de una investigación se utilice técnicamente, no significa que todo conocimiento técnico sea científico, por lo que no nos atrevemos a hacer afirmaciones tendientes a deducir lógicamente la cientificidad de la contabilidad valiéndonos de esta argumentación. Porque algunos han osado en hacerlo de la siguiente forma: si la contabilidad es técnica-instrumental, y el interés de la ciencia empírico-analítica es técnico-instrumental, entonces la contabilidad es una ciencia empírico-analítica, o podrían invertirse las dos primeras premisas, no obstante la conclusión sería falsa, porque no es consecuencia lógica de las premisas. En primer lugar, una premisa se refiere a lo que la contabilidad “es”, no a lo que ésta persigue, por lo tanto es técnica y es verdadera. En segundo lugar, la otra premisa se centra en afirmar qué es lo que persigue la ciencia empírico-analítica, no en lo que ésta es, que también es verdadera; pero es un silogismo falso, o sea un sofisma, porque la primera premisa, sobre la ciencia empírico-analítica, no incluye o no puede relacionarse con la segunda premisa, en tanto esta última no se puede incluir o derivar de la primera.

Si bien la técnica se sirve de la ciencia, no es la ciencia misma. La contabilidad es un saber instrumental que es utilizado para el logro de unos fines dados, que jamás cuestiona o critica. No es ciencia empírico-analítica, porque no es nomotética, no es histórico-hermenéutica y mucho menos tiene un interés práctico, porque no se ocupa de los hechos sociales o históricos, únicamente los representa en su forma económica, no los explica ni los comprende. En el mismo sentido no es crítico-social, porque es instrumental y técnica, no crítica, solo decide cuáles son los medios más adecuados para obtener el fin que le ponen en frente.

La ubicación que le podemos asignar no corresponde con la que Habermas identifica como acción instrumental, ya que ésta se entiende como dominadora de la naturaleza, y la contabilidad no se refiere nunca a la naturaleza, y no busca ese fin. Parece ajustarse a la acción estratégica como una actividad que pretende representar esas acciones, que no son más que las acciones sociales gobernadas por reglas de preferencia y máximas de decisión, que por cierto dominan la ciencia económica. Tenemos entonces que la contabilidad obedece a una racionalidad técnico-instrumental, y hace referencia a la acción estratégica, ya que “esta está ligada a normas consensuales (las “reglas del juego”) y tiene lugar en el plano de la intersubjetividad (los jugadores son sujetos capaces de seguir sus propias estrategias); pero la persecución calculada de los intereses individuales predomina sobre las consideraciones de reciprocidad”(47).

En esta situación, en lo que se denomina ARRF en sentido lato y AC en sentido lato, donde está la acción estratégica, el punto donde creemos ver a la contabilidad en su función, entendiendo su origen allí. Su importancia radica así en el carácter comunicativo que asume la contabilidad y la posibilidad que esto engendra.

No bastando con esto la contabilidad tiende a ver como su paradigma a la ciencia moderna, que ha privilegiado la razón que tiende a la búsqueda de los medios para conseguir unos objetivos dados... [que] no se cuestionan, son puestos téticamente o “decisionisticamente” por quienes controlan y pagan los servicios de la ciencia. La razón se reduce así a razón instrumental. Y su expresión más clara, la ciencia positivista, funciona, con el prestigio de sus éxitos tecnológicos y su realización en la teoría de la ciencia, como una ideología legitimadora de tal unidimensionalización de la razón(48).

La contabilidad es instrumental en tanto es gobernada por una racionalidad técnica, decide y evalúa sobre los medios únicamente. No satisfecha con esto pretende ascender de status epistemológico, mirando hacia un punto que igualmente está gobernado por una racionalidad técnica, como lo es la ciencia natural positivista. Con esto no queremos decir que pueda ser científica, de ninguna forma. Es pues necesario aclarar que se da un proceso igual, a decir, el técnico, pero con contenidos muy diferentes, en la contabilidad se representa técnicamente, en cambio en la ciencia se investiga el conocimiento con los medios más adecuados, es decir el método científico, para el logro de fines que se le dictan.

2.2. ¿Autonomía disciplinal?

Lo disciplinal lo podemos entender no como arte o ciencia, sino como un determinado campo del saber, con cierto grado de organización, en este contexto ubicamos a la contabilidad, que difiere de la actividad que realizan los hombres dedicados a la contabilidad; pero que no son excluyentes, ya que interactúan mutuamente.

La autonomía, como la capacidad de actuar y desarrollarse independientemente de la injerencia de otros, es como la entendemos. Pero es claro que el problema de la autonomía se ve reflejado en los dos tópicos que generan crisis dentro de la contabilidad. En el epistemológico-social y en el práctico-político.

a) Epistemológico-social

En lo puramente epistemológico, se reconocen según Agazzi(49) tres sentidos de autonomía en la ciencia. En el primero se busca la “independencia en los criterios de juicio”, o sea no aceptar juicios que pretendan definir qué es lo adecuado o inadecuado en un campo, teniendo presente categorías de otro; en un segundo se comprometería con una plena “independencia en la acción”, o sea que puede promover acciones que son validas en su área, pero que en otras no lo son; y finalmente se exige la no intervención desde fuera, por medio de “controles o limitaciones” a la libertad de acción. Es claro que en lo puramente cognoscitivo no se pueden imponer límites; pero en la utilización que se le da a ese conocimiento, necesariamente se deben hacer, porque de lo contrario se generarían conflictos fuertes entre uno y otro campo.

En esta vía son los medios y los fines los que deben limitarse de alguna forma, siempre y cuando no sea el puramente cognoscitivo, que como ya hemos visto es muy escaso en nuestra civilización científico-tecnológica.

En lo político que no se desliga de lo anterior, puede detectarse la autonomía en el sentido de no interferencia ideológica en la ciencia; es decir que se imponga una forma de validación y construcción de teorías que contribuya con la legitimación del sistema político-económico, que resultaría ser en términos de Habermas y Horkeimer, la razón instrumental, en donde ideológicamente se apoya la ciencia positiva tanto natural como social, todo con el objeto de no cuestionar su estadio, claro está que el natural es así mientras no se manipule; no obstante los desarrollos o avances en el conocimiento natural son utilizados socialmente de manera inequitativa e injusta, lo que obliga a llamar la atención sobre ello, aun más en el social, ya que tienden a contribuir con la neutralización de las contradicciones y manipular, para mantener un estado de dominación.

En lo que respecta a la contabilidad es mucho más evidente. La insistencia en asumir un nuevo papel en sentido epistemológico, la ha llevado a alienarse de su naturaleza, que ha ocurrido con la mayoría de ciencias sociales, debido a la dictadura de las ciencias físico-naturales.

En la literatura contable se hacen afirmaciones en torno a conceptos que fueron desarrollados con miras en una problemática ajena a la de la contabilidad. Por ejemplo se insiste en el paradigma de la utilidad, en el programa de investigación formalizado, etc., no atendiendo al sentido original de estas formulaciones. Toma prestado un lenguaje y se lo impone, sin ni siquiera entenderlo y comprenderlo. Es como cuando un niño le pide prestado un juguete a otro para destruirlo. Obviamente el juguete no tiene esa finalidad, antes de tomarlo prestado se debe saber para qué es y no jugar a lo que se quiera, no manipularlo para que se ajuste a lo que se quiere jugar, porque dejaría de ser ese juguete original.

Es muy difícil en el campo del saber afirmar la autonomía de un área específica, más aún sabiendo que cada vez hay una mayor interdisciplinariedad. No es que los lenguajes científicos estén vetados para ser utilizados, solo se requiere de una comprensión de ellos, y si se asumen, que se haga en toda su dimensión, o si no que se haga explícita la mutación.

La contextualización y el uso del lenguaje, como la pragmática del mismo, constituyen lo que se ha identificado como juego de lenguaje. Es nuestra civilización una aglomeración de muchos de estos juegos. Uno de ellos es la ciencia natural. Tiene su propio lenguaje y sus propias reglas de juego. Imposibilitándose la conmensurabilidad entre los diferentes juegos. Así las ciencias naturales no podrían compararse con las sociales, como ya se indicó; en tanto sus objetos no son de la misma “naturaleza”. Igual sucede con la contabilidad, que pretende formular paradigmas y programas de investigación, cuando estas son teorías legitimadas por toda una comunidad científica, y que son el resultado de la investigación de hipótesis de un objeto definido, sobre la tentativa de conocer cómo es ese objeto, que provienen de leyes bien confirmadas o no falseadas hasta ese momento. Y cuando ni siquiera estudia un objeto, sino más bien representa unas actividades, su fin no es conocer cómo es, sino representar cómo es, y no busca regularidades. Es claro que la contabilidad tiene unas reglas propias de juego diferentes, es un juego diferente al de la ciencia.

Se evidencia una falta de autonomía en el ámbito epistemológico, como el resultado de un estado psicológico de la sociedad de personas, dedicadas a pensar y a hacer contabilidad, es difícil asumir el papel de cisne en un mundo de patos.

Podemos ver de esta manera la intromisión de la ideología científica en muchos campos del saber, quien no lo siga será condenado, la contabilidad también es víctima de ello. Por fortuna el saber ha tomado otros rumbos, aunque algunos no se hayan percatado de tal viraje.

b) Práctico-político

En cuanto al problema práctico-político, mucho menos existe una autonomía, porque si su desarrollo es técnico-instrumental, los fines son dados y debe sujetarse a ellos, y sus medios que aparentemente son libres y se pueden evaluar vienen también impuestos por el adecuado logro de los fines.

El sistema busca mantener su estado de dominación mediante las legitimaciones y la ideología, con ellas invade los mundos de la vida, los violenta distorsionando la comunicación, los domina, los doble-ga e invade, en una palabra los coloniza como dice Habermas.

El sistema como la cada vez más estrecha relación entre el Estado y la economía lucha por su subsistencia. Utiliza la ideología para lograrlo y en esta tarea es que la contabilidad se ve afectada. La ideología es la racionalidad pragmático-tecnológica o económica, que sustenta toda la normatividad referente a cómo realizar la actividad contable, peor aún, es una racionalidad económica capitalista. Los principios y las normas que la rigen, obedecen a ella, sus medios están diseñados para dirigirse a la realización óptima de los fines que se le exigen en los principios y que el sistema necesita, a decir impositivos, de productividad, eficiencia, de beneficios “sociales”, etc.

A la contabilidad se le da todo, primero la ideología económico-capitalista, que también la ciencia comparte, con esto se garantiza la elaboración de medios y fines que responderán a esta perspectiva, y también se le da una regulación en cuanto a las acciones que deben asumir.

En esta ausencia de autonomía, no es lícito involucrar la moral, ya que ésta también le viene dada, y se reduce al cumplimiento de normas y principios que guían el quehacer. Se actúa moralmente bien si la acción se ciñe a los principios y normas que la regulan, no hay espacio para preguntarse por qué se debe actuar así y no de otra forma. Es una muestra más del plano en el que se desarrolla. La ética no encuentra una aplicación en el estado actual de la contabilidad, esta se da externamente. La crítica y el análisis de la moral están por fuera de la contabilidad, no le compete, pero sí la afecta y la determina en alguna forma. Ya hemos dicho que la moral debe existir en nuestra civilización, con valores que tiendan hacia el mantenimiento de la sociedad, que aseguren la justicia y la equidad o por lo menos tiendan hacia allá.

Como es claro en las sociedades modernas aún distan mucho de lograr esto, y si bien lo pretenden y promulgan, la fuerza de la historia no permite que se haga realidad. Igualmente esta fuerza, que no es más que la del sistema económico-político, distorsiona la comunicación para que la moral aparezca como la más adecuada, y a la vez sirva para su mantenimiento. Por ejemplo se dice en una norma de contabilidad que la información que se emita debe ser confiable, y es así cuando es neutral y verificable, en la medida que represente fielmente los hechos económicos. Si bien la información contable puede ser eso y mucho más, solo sirve para mostrar lo que los agentes económicos transan y cómo lo hacen. Con neutral se refieren a que debe ser independiente de quien se va a beneficiar de ella, cuando se sabe que la norma está diseñada para representar costos y beneficios, una racionalidad económica y también capitalista. Se le exige al contador que cumpla con las disposiciones profesionales promulgadas por el Estado y por las instituciones que tienen este tipo de funciones. Le piden que actúe, no que discuta.

Estas normas del actuar, no son pues del tipo propuesto por Habermas, como la construcción consensualizada de una moral, que nosotros creemos va dirigida a la conservación de la especie; lograda con una comunicación no distorsionada y no manipulada, que dista mucho de ser la que se promulga como equitativa y justa, cuando detrás de ella se esconden las más grandes aberraciones de las cuales es víctima la civilización. La norma moral que se impone para que se tenga presente en el comportamiento de los contadores es únicamente que se ajuste a las normas técnicas de su quehacer.

Son así tres criterios para tenerlos presentes en la construcción de un sistema moral, que aunque existe ya, no los garantiza. Son la justicia, la equidad y la libertad, que son los necesarios para la convivencia y la supervivencia de la especie. No hay garantías en el logro de estos, porque se hace un corte horizontal en el tiempo, es decir se ve la situación social sincrónicamente y se establecen los principios. Ahora bien, se debe ver cuál es la dinámica en el tiempo, para informarnos de cómo se ha llegado al momento presente y así construir una moral que los garantice.

En las actividades contables no existe un cuestionamiento de los principios morales, no tiene por qué haberlo, es una técnica; no obstante puede hacer, si se libera de esa obligatoriedad que se le ha impuesto; puede construir sus normas y principios técnicos, para contribuir con la “racionalización”(50) de la comunicación, es decir informar sobre el tipo inequitativo, injusto y dominado de las relaciones económicas presentes en la civilización actual. Esta autonomía se logra con la autoconsciencia, autorreflexión y autocrítica.

3. Posibilidad contable

“Existe una relación definida entre lo dado y lo posible. Posible es únicamente aquello que se puede derivar del contenido mismo de lo real”. Marcuse

Lo posible es en función de lo real, así lo real no sea lo verdadero, lo justo, o peor no sea realidad. Es entonces la negación de algo lo único posible. Enterarnos de lo real es el punto sobre el cual podemos criticar a la luz de alternativas. Hemos visto que la contabilidad está gobernada por el carácter técnico e instrumental. No se inquieta por los fines que pretende conseguir, solo le son dados y busca únicamente los medios más adecuados para dichos fines. Así, es técnica y no tecnología. Es esta la consciencia que se debe tener, la realidad que nos es dada. Los fines u objetivos de la contabilidad son extrínsecos y vienen impuestos por los decididores de la sociedad, por quienes tienen el poder de decidir qué es adecuado y qué no, el sistema invade y condiciona.

El saber moderno como ávido de legitimidad, la encuentra en los metarrelatos, pero al cambiar la sociedad a un estadio postindustrial y la cultura tornarse postmoderna, estos relatos han sido abandonados.

Nos ubicamos así en una sociedad con un lenguaje formado por muchos juegos lingüísticos, los cuales deben buscar su legitimidad.

La ciencia como uno de ellos lo intenta, pero fracasa, ya que una ciencia que no ha encontrado su legitimidad no es una ciencia auténtica, desciende al rango más bajo, al de la ideología o el de instrumento del poder, si el discurso que debía legitimarla aparece en sí mismo como referido a un saber precientífico, al mismo título que un “ vulgar” relato. Lo que no deja de producirse si se vuelven contra él las reglas de juego de la ciencia que ese saber denuncia como empírica(51).

Es entonces la ciencia un juego que no puede legitimarse a sí mismo, y mucho menos legitimar a los demás, como se cree en la contabilidad, el saber científico no se encuentra en condiciones de poder “saber y hacer saber lo que es el verdadero saber sin recurrir al otro saber, el relato, que para él es el no-saber...”(52) La contabilidad pretende legitimarse con la ciencia, pero no es consciente de la deslegitimación que esta tiene, y si la tiene es ideología e instrumento de poder de acuerdo con sus reglas de juego.

El principal problema que subyace es la necesidad de legitimación del saber, tanto científico como narrativo, al cual pertenece la contabilidad. El incremento del poder se erige como la forma de legitimidad que gobierna a la sociedad y los diversos juegos que la componen. La ciencia tiende así a legitimarse por la eficacia, al igual que el derecho y la técnica”; por la performatividad, la mejor relación input/output. Lo que es el reflejo de la racionalidad tecnológica. Se legitima entonces por los resultados como cualquier sistema político.

Lo performativo legitima el saber, pero lo convierte en un instrumento de legitimación, a su vez del sistema económico-político que domina. La contabilidad está legitimada por el discurso del más eficiente, ya sea en las investigaciones que se hagan en ella o en la enseñanza de la misma. Pero como juego diferente a los demás, no puede jugar a la ciencia, en tanto ésta persigue qué es lo verdadero y lo falso, tampoco jugar al juego prescriptivo. Determinar qué es lo justo e injusto. Se encuentra en el técnico, en lo que es eficiente e ineficiente para unos propósitos.

Todas estas legitimaciones le vienen dadas externamente y de hecho todas operan así. La propuesta es romper ese esquema y legitimarse mediante el proyecto ilustrativo que es lo mínimo que se puede pedir a cualquier saber, y que aunque es un metarrelato, no puede abandonarse porque aún no se ha agotado, los problemas de la modernidad no han sido solucionados, y la contabilidad tiene su papel en esto, porque es víctima de los problemas práctico-político y epistemológico-social.

a) La propuesta

El propender por una información mínima de un aspecto de la realidad, no con el objeto de definir lo que es verdadero o no, sino representa como la encuentra, lo que se haga con ella no le compete. Contribuye de este modo con una comunicación libre de dominio, con fines ilustrativos, que creemos los únicos que se deben buscar, en cuanto mayor pertinencia para la convivencia y la conservación de la especie.

La dinámica postmoderna ayuda a esta misión, en cuanto legitima por medio de la paralogía, como el pequeño relato, la construcción de discursos de legitimación de acuerdo con cada juego y con las reglas del mismo, no grandes relatos, metarrelatos que trasciendan los límites de la diversidad de juegos, esto nos permite reflexionar sobre la condición de la contabilidad y sus dos problemas.

El problema epistemológico-social se refiere a la inquietud, o al afán de asumir un estatuto científico, que tiene raíces sociales, por ser un campo del saber relegado y discriminado, al igual que muchos otros, por su carácter técnico. Lo que muestra la hegemonía, o la situación moderna de ver a la ciencia, esta no es más que con la veneración que se le rinde a la verdad absoluta proveniente de la racionalidad clásica, como ya se indicó. La sociedad de personas dedicadas a la contabilidad se esfuerzan una y otra vez por la asimilación de la epistemología, por la explicación y establecimiento de los fundamentos que la conviertan de técnica a ciencia, propósito que afecta el ego de los integrantes de dicha sociedad.

Se deben tranquilizar los ánimos, no hay jerarquías en la postmodernidad, se debe exigir el respeto y la no violencia en la heterogeneidad de los juegos, y creemos ver a la contabilidad como uno de tantos. Ya no hay motivos para pretender ser conmensurables, ya que esto es muy difícil de lograr; es pues la búsqueda del consenso, pero no como un fin, sino como un tramo del camino que se recorre en la construcción de mínimos de acuerdo, éstos serán la justicia, la equidad y la libertad, que aunque ideales se buscan y se legitiman en cuanto permiten básicamente la existencia.

Para ese consenso, para la argumentación en torno a él, es pertinente la hermenéutica, pero no como la juzga Lyotard, un metarrelato, sino como la solución tentativa a la heterogeneidad de juegos lingüísticos, una alternativa a las formas de racionalidad clásica y contemporánea, que condujeron a la modernidad y a la postmodernidad respectivamente, y como un elemento para la crítica ideológica en función de racionalizar la comunicación en sentido habermasiano. La hermenéutica se erige como la alternativa a dos formas de racionalidad, en tanto la una es absoluta, irrefutable, positiva, etc., y la otra es hipotético-deductiva, conjetural y no pone a juicio sus fines o hipótesis, que no están justificados pero que en realidad se asumen así. Ambas se rechazan porque la primera “a pesar de ser sumamente fuerte desde el punto de vista epistemológico, es decir, riquísima en contenido informativo, es sumamente débil desde el punto de vista lógico o de la resistencia a la refutación, pues constantemente es desmentida por la experiencia común del carácter finito, problemático e imprevisible no solo de la condición humana sino de la historia en general e incluso... del mismo ser”(53); y la segunda por ser formal y “deja por fuera de sí las cosas más importantes, es decir, no solo los valores, o si se prefiere, los fines, el mundo de la ética en el cual... introduce problemas siempre nuevos, sino también... sus propias premisas, es decir las hipótesis, que dependen de elecciones al fin de cuentas irracionales”(54).

La hermenéutica vista así, y además como la propone Rorty(55), la esperanza que la violencia de la conmensurabilidad promulgada por la epistemología, y esta misma se apoderen de nuevo del saber. Al morir la epistemología, o mejor la gnoseología, en tanto indagación por las formas de conocer, heredada de Kant y Platón, ya no hay razón para seguirla, porque constituye un asunto de la ciencia predictiva y que pretende la cognición. Es lo que permitirá que no volvamos a la epistemología, la que no dejará que el pasado violento vuelva a suceder.

La contabilidad miraba hacia la epistemología como lo máximo, pero ahora que ésta ha sido destronada, tendrá que mirar hacia otro lugar, así la comunidad de personas dedicadas a ella no se hayan percatado de esto, ese lugar es la hermenéutica, como interpretación de muchas otras interpretaciones, porque no hay hechos que se representen para ser interpretados, con fines ilustrativos y de crítica ideológica, además para la construcción de terrenos comunes, que solo irán dirigidos a la conservación de la especie.

Ya no hay exigencias de métodos obligatorios, que siempre se viola, y esquemas de racionalidad que como dice Feyerabend tienen éxito, pero también muchas veces fallan, ya que lo irracional resulta ser tan solo otra forma de racionalidad.

No se debe entender esto como un alineamiento en la moda, de ninguna manera, es la emancipación de dos dominadores que la han asechado y que la han gobernado por mucho tiempo. La hermenéutica vista así es una buena defensa frente a esos enanos disfrazados de gigantes.

Al concebirse a sí misma como en realidad es, puede negarse, en cuanto única posibilidad. Cambiar, dejar de ser lo que es, es lo único que le puede pasar a la contabilidad, y solamente es construible, en la medida de la autoconsciencia, la autorreflexión y la autocrítica; ya que esta justificación, y más que esto la legitimación “no puede venir de otra parte que de su práctica lingüística y de su interacción comunicacional”(56).

No obstante la posibilidad que tiene este consenso o esta intercomunicación, de ser objeto de manipulación como una nueva forma de control, es sostenido por muchos, aunque no muy claramente, ya que la experiencia del diálogo, si bien presupone a los hombres como inteligencias cognoscentes y voluntades libres, capaces de construir un acuerdo; también encarna el autoconocimiento del devenir histórico, estableciendo su situación actual, autorreflexiva y con la crítica a la ideología y a las formas en que se legitima el sistema, no hay espacio para el consenso en cuanto momento de la discusión, y es “manipulado por el sistema como uno de sus componentes en vistas a mantener y mejorar sus actuaciones... objeto de procedimientos administrativos... No vale más que como medio para el verdadero fin, el que legitima el sistema, el poder”(57). De este modo el consenso es un estadio de la comunicación libre de dominio, posterior a la crítica ideológica y a las legitimaciones, el punto neural es la crítica.

Glosario

A posteriori: Cualquier enunciado que se fundamente en la experiencia. Relación a la experiencia.

A priori: Todo enunciado que es independiente de la experiencia. Anterior a toda experiencia.

Acción comunicativa: Es una interacción mediada por el lenguaje. Orientada por normas entre dos o más sujetos, que vinculan y definen expectativas de comportamiento recíproco.

Acción estratégica: La que tiende a la consecución de un fin u objetivo utilizando los medios disponibles de una forma racional y adecuada, donde dos o más individuos se coordinan para el logro del fin.

Acción instrumental: La que se dirige individualmente hacia la persecución calculada de un interés propio.

Acción racional con respecto a fines: Es la que busca con determinados medios, que son los más adecuados, un fin específico. Puede ser instrumental o estratégica.

Apariencia: Lo que se aparece y se manifiesta a los sentidos.

Autoconsciencia: Tener consciencia de sí mismo, de su existencia o condición. Saberse a sí mismo.

Autocrítica: Revisión a sí mismo, buscando problemas e intentar darle solución.

Autorreflexión: Reflexionar o pensar sobre sí mismo para poder comprender y descubrir lo que se es.

Cíclico concéntrico: Un proceso que es circular pero no vicioso. Es decir que inicia en un lugar pero no termina en el mismo. Implica siempre un avance, un cambio.

Ciencia aplicada: Conocimiento utilizado para buscar fines prácticos. Aplicación de los conocimientos científicos.

Ciencia factual: Parte del conocimiento científico que estudia hechos concretos de la realidad. Es experimental y objetiva.

Ciencia formal: Parte del conocimiento científico que estudia entes ideales, construidos por el mismo sujeto, formas en la mente humana. No se refieren a nada que esté en la realidad.

Ciencia pura: Conocimiento guiado únicamente por un interés teórico, cognoscitivo o intrínseco, es decir por el saber mismo.

Cientifismo: Ideologización de la ciencia, creer que ésta es la única forma válida con la que el hombre puede conocer.

Cognoscitivo: Referente a la actividad de la razón para aprehender un conocimiento.

Consenso: Punto común al que se llega mediante el diálogo intersubjetivo de una forma racional y razonable, que jamás es definitivo, siempre es abierto.

Decididores: Nombre con el que se identifica a todos los hombres que ostentan el poder y toman decisiones que afectan a un grupo, país, comunidad, etc.

Deducción: Procedimiento inferencial o conclusivo que va de lo universal a conclusiones que se derivan de éste.

Denotativo: Un enunciado que se refiera a algo real y lo describe tal como es mediante el lenguaje.

Descripción: Hacer uso del lenguaje para referirse únicamente a cómo los objetos se presentan a los sentidos.

Dialéctica: Todo proceso que tiene un movimiento en estadios que se superan unos a otros para obtener un progreso.

Distorsión sistemática: Término habermasiano que identifica una perturbación, no autenticidad, ocultamiento y desviación en la comunicación de un sistema político.

Dóxico: Referente a opiniones y perspectivas particulares.

Enunciados: Punto a partir del cual se fundamenta una aspiración a conocer un objeto.

Epistemología: Rama de la filosofía que estudia a la ciencia propiamente dicha y al conocimiento científico.

Generalización empírica: Generalización que se hace después de realizar algunas observaciones, destacando conjunciones entre los hechos que son particulares y pretenden ser constantes.

Gnoseología: Parte de la filosofía que estudia el conocimiento en general. Teoría del conocimiento.

Hermenéutica: Ciencia universal de la interpretación y la comprensión o entendimiento crítico y objetivo del sentido o significado de textos y contextos.

Heurística: Arte de crear e inventar para promover la investigación hacia el conocimiento.

Hipotético-deductivo: Método de la ciencia que consiste en deducir o inferir, a partir de hipótesis o supuestos, consecuencias con la ayuda de teorías auxiliares.

Ideología: Conjunto de ideas y doctrinas que sustentan una postura política o filosófica, que no permite variación.

Ilustración: Es la búsqueda de emancipación de una condición. Servirse de la razón para organizar la sociedad, estructurar la moral y buscar la justicia y la verdad.

Inducción: Proceso de descubrir y formular enunciados o leyes a partir de observaciones o experiencias particulares. Va de lo particular a lo general.

Inconmensurabilidad: Carácter de lo que no puede ser medido con ningún patrón preestablecido. No comparable.

Juego lingüístico: Todo conjunto de palabras y expresiones del lenguaje ligadas a las acciones, con reglas, racionalidad y lógica propias; y hacen parte de una forma de vida frente al mundo.

Legitimación: Todo proceso de ideas y acciones que busca el reconocimiento de la mayoría con medios, que no siempre son legítimos.

Ley: Cualquier relación constante y objetiva de la naturaleza que no admite excepciones.

Lógica: Disciplina que tiene por objeto determinar las formas válidas del discurso como medios seguros para llegar a la verdad.

Lógica formal: Lógica que se ocupa de la corrección de los discursos o enunciados de conformidad con reglas para encontrar la coherencia y la sistematicidad.

Metafísica: Postura filosófica que busca conocer o cree en la existencia de un mundo diferente al que se manifiesta a los sentidos, que es independiente del hombre.

Metarrelato: Discurso o filosofía que sustenta la actividad humana en un sentido total y pretende servirle de legitimación.

Modernidad: Período histórico y del conocimiento en el que se busca la justicia, la verdad y la libertad con el uso de la razón o con un sustituto objetivo y universal al que todos convergen y aceptan.

Narrativo: Es una forma de saber legitimante que admite una pluralidad de juegos de lenguaje y que no solo se limita a enunciados denotativos, sino también a prescriptivos, interrogativos, valorativos, etc.

Nihilismo: Entiéndase como el estado del hombre, ocasionado por la pérdida de un referente considerado válido y único. Es el desconocimiento de cualquier autoridad, llámese verdad, gobierno o moral.

Noético: Se refiere al pensar objetivo, al interés por conocer. Tiene que ver con la intelección pura.

Nomológico: Equivale a una fórmula que enuncia una legalidad, es decir, expresa una regularidad bien contrastada con la realidad.

Nuevas formas de control: Término propio de Marcuse para designar que en las sociedades industriales se han institucionalizado algunos derechos que promovían la crítica y la resistencia frente al sistema; por tal hecho se han convertido en parte del mismo, lo que anula sus premisas.

Objetividad: Carácter de un discurso público como independiente del sujeto, del hombre que lo pronuncia. De igual forma refleja la intersubjetividad, el consenso logrado dialécticamente.

Paradigma: En sentido general es un modelo o ejemplo que sirve como patrón o norma para seguir.

Performatividad: Lo que tiene que ver con el desempeño y la ejecución, tendiente a la eficiencia en cualquier proceso.

Perspectiva: Consideración justificada desde un punto de vista contextualizado y particular.

Positivismo lógico: Tendencia filosófica que afirma la validez de los enunciados científicos únicamente por su sometimiento a la lógica y la verificación empírica.

Postindustrial: Tipo de sociedad que ha superado una etapa de industrialización y se ha tornado informatizada y tecnologizada, afectando todas las instancias sociales, en especial el saber.

Postmodernidad: Según Lyotard el estado social y cultural de una sociedad postindustrial, en donde hay incredulidad frente a los metarrelatos.

Práctica: Acción o experiencia mediante la cual el hombre intenta transformar lo real.

Pragmática universal: En Habermas es la parte del lenguaje que se ejecuta, el habla propiamente dicho, y que es objeto de revisión en tanto elemento clave de la problemática social.

Prescripción: Sentencia según la cual se debe hacer algo de tal o cual forma, para considerarse válido, justo, etc.

Racionalidad:Calidad de lo fundado en la razón, que se moldea de acuerdo con el contexto y particularidad.

Racionalidad clásica: En la física clásica, la de Galileo y Newton, se cree y se piensa de esta forma; es absoluta, matemática, axiomática-deductiva. Va de los principios a las consecuencias, de las causas a los efectos, de los fundamentos a los diferentes eventos. Moderna.

Racionalidad contemporánea: La que promueve la física relativista y cuántica. Menos fuerte, no tan absoluta, más crítica, hipotética, conjetural, provisional y parcial. Postmoderna.

Racionalidad instrumental: Forma típica de la técnica que pregunta por los medios más adecuados, pero no se interroga por los fines que persigue su actividad.

Razón: Capacidad o facultad humana que le permite acercarse a lo esencial de las cosas y que proporciona principios para entender los objetos.

Semántico: Se refiere al significado o sentido de los signos y los objetos que designan.

Sincrónico: Significa aquello que ocurre al mismo tiempo, es decir, en el tiempo y no a través del tiempo, en un momento determinado.

Sintáctico: Lo que tiene que ver con el estudio de exclusivo de los signos lingüísticos y sus relaciones sin importar su significado.

Técnica: Acumulación de procesos operativos cuya función es realizar productos y su principal meta es hacer algo, buscando siempre un fin útil; sin saber por qué se hacen así y no de otra forma, o sea se limita a los medios para el logro del fin.

Tecnología: Dimensión ulterior de la técnica por el cual se llega a un operar eficaz, que conoce las razones de su eficacia, sabe el cómo y el porqué de los resultados alcanzados, valiéndose del saber teórico.

Unidimensionalizar: En Marcuse es la estandarización del comportamiento en una sociedad, para poder ejercer un dominio. Imposición de unas ideas que limitan al hombre y lo ubican en un estadio legitimador.

Verificación indirecta: Según Carnap R. todo proceso que pretende verificar un enunciado que no afirma una percepción actual, mediante otro enunciado que sí ha sido verificado y que se relaciona con el anterior.

Bibliografía

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(1) Kant, Emannuel. Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración? En: Argumentos Nº 14- 15. Traducción de Rubén Jaramillo, p. 29

(2) Ibíd.

(3) Ferrater Mora, José. Cambio de marcha de la filosofía. p.151.

(4) Rescher, Nicholas. La racionalidad. p. 244.

(5) Peña, Ivan. Wittgenstein y la crítica a la racionalidad. p. 192.

(6) Wittgenstein, Ludwing. Sobre la certeza. En: Ibíd., p. 208.

(7) Rescher, Nicholas. Op. cit., p. 15.

(8) Ibíd., p. 64.

(9) Nietzsche Fredrich. Así hablaba Zaratustra. Primera parte. p. 50.

(10) Agazzi, Evandro. El bien, el mal y la ciencia. Las dimensiones éticas de la empresa científico-tecnológica. p. 211.

(11) Marcuse, Herbert. Razón y revolución. p. 32.

(12) Ibíd., p. 115.

(13) Habermas, Jürgen. Conocimiento e interés. p. 9.

(14) Habermas, Jürgen. Op. cit., p. 82.

(15) Ibíd., p. 13.

(16) Mardones, J. M. Filosofía de las ciencias humanas y sociales. p. 29.

(17) Ibíd., p. 30.

(18) Agazzi, Evandro. Op. cit., pp. 34 - 35.

(19) Mardones, J. M. Op. cit., p. 31.

(20) Mardones, J. M. Op. cit., p. 47.

(21) Peirce, Ch. Collected Papers. En: Ibíd., p. 142.

(22) Marx, Karl. Contribución a la crítica de la economía política. Prólogo a la edición de 1859. p. 4.

(23) Habermas, J. Op. cit., p. 62.

(24) Ibíd., pp. 182 - 183.

(25) Lyotard, J. F. La condición postmoderna. p. 9.

(26) Lo que se entiende por nubes, en Lyotard, son cada uno de los elementos lingüísticos narrativos que se presentan en la sociedad “vehicula consigo valencias pragmáticas si generis“ son los “juegos de lenguaje diferentes, la heterogeneidad de los elementos”. Ibíd., p. 10.

(27) Ibíd., p. 10.

(28) Ibíd., p. 13. Se entendería por postindustrial, la era en la que la sociedad entra cuando el gran avance de las técnicas y las tecnologías es más importante que los mismos fines; y el redespliegue del capitalismo liberal avanzado, tras el repliegue por la protección keynesiana.

(29) Ibíd., p. 23.

(30) Ibíd., p. 109. Nota 211. “no ha sido posible en el marco de este estudio analizar la forma que toma el regreso del relato a los discursos de legitimación. Tales como: la sistemática abierta, la localidad, el antimétodo, y en general, todo lo que nosotros reagrupamos aquí bajo el nombre de paralogía”.

(31) Ibíd., p. 108.

(32) Ibíd., p. 77.

(33) Huberman, Leo. Los bienes terrenales del hombre. p. 31.

(34) Ibíd., p. 34.

(35) Ibíd., p. 68.

(36) Ibíd., p. 75.

(37) Vlaemminck, Joseph. Historia y doctrinas de la contabilidad. Prefacio.

(38) Gertz Manero, Federico. Origen y evolución de la contabilidad. p. 91.

(39) Ibíd., p. 94.

(40) Calafell Castello, A. En: Cañibano Calvo, Leandro. Teoría actual de la contabilidad. pp. 61 y ss.

(41) Cfr. Cañibano, Leandro. Op. cit., y Requena, J. M. Epistemología de la contabilidad como teoría científica.

(42) Requena, J. M. Op. cit., p. 152.

(43) Para ver en detalle cada una de éstas. Cfr. Cañibano Calvo, L. Op. cit., y Ballestero, Enrique. Teoría y estructura de la nueva contabilidad.

(44) Agazzi, Evandro. Op. cit., p. 205.

(45) Ibíd., p. 211.

(46) Habermas, Jürgen. CI. p. 279.

(47) Mc Carthy, Thomas. Op. cit., p. 50.

(48) Mardones, J. M. Op. cit., p. 39.

(49) Agazzi, E. Op. cit., pp. 19 - 20.

(50) En el sentido que Habermas propone.

(51) Lyotard, J. F. La condición postmoderna. p.74.

(52) Ibíd., p. 59.

(53) Berti, Enrico. Op. cit., p. 35.

(54) Ibíd., p. 36.

(55) Rorty, Richard. Op. cit., pp. 287 - 322.

(56) Lyotard, J. F. Op. cit., p. 78.

(57) Ibíd, pp. 109-110