“El derecho laboral es obsoleto”

Revista Nº 123 Mayo-Jun. 2004

El derecho del trabajo nació para asumir una función temporal, se desprendió como rama especializada del derecho civil y volverá a su origen. Y lo está haciendo.

Javier Rojas 

Especial para la Revista Actualidad Laboral 

Con 53 años en el ejercicio del derecho laboral y más de 30 años en la cátedra, Guillermo López Guerra es uno de los críticos más radicales de esta disciplina. Asegura que la especialización ya cumplió su ciclo y debe volver a su árbol de origen: el derecho civil.

En diálogo con ACTUALIDAD LABORAL, explicó por qué el derecho del trabajo ha estado supeditado al mercado, principal fuerza económica del mundo globalizado. A la vez, sostiene que la protección de los trabajadores está quedando en manos del derecho internacional y del derecho constitucional.

ACTUALIDAD LABORAL: ¿Qué antecedente marcó la evolución del derecho del trabajo en Colombia?

Guillermo López: Fueron dos episodios: primero, el de las bananeras, que narra mi amigo y compañero Gabriel García Márquez en su obra Cien años de soledad; y segundo, el conflicto obrero patronal del Río Magdalena. Ambos se desarrollaron en un sistema de trabajo en el que los terratenientes y grandes empresarios no tenían un concepto social de las necesidades y aspiraciones de sus trabajadores. Las relaciones entre el capital y el trabajo tenían el manejo de una subcultura, no se había desarrollado el concepto del respeto de los derechos laborales.

A. L.: ¿Qué otros antecedentes mundiales pudieron haber inspirado esos episodios?

G. L.: Ya teníamos las revoluciones en las hilanderías de Inglaterra, en donde los trabajadores se habían sublevado contra la máquina; los principios de la revolución francesa y las pragmáticas de los reyes españoles, especialmente la de Carlos V. También se conocía la revolución rusa. Esos principios irradiaron el mundo entero y dieron nacimiento a corrientes políticas y laborales, como el comunismo y el capitalismo.

A. L.: ¿Qué consecuencias legales se desprendieron de esas situaciones?

G. L.: Se empezaron a crear leyes sobre jornadas de trabajo, descansos e incluso sobre el derecho de huelga.

A. L.: ¿Cuál es su mayor aporte al derecho laboral colombiano?

G. L.: Le he aportado 53 años de ejercicio profesional con exclusividad: no he ejercido como civilista, ni penalista, ni canonista. Es más favorable la especialización, a pesar de la aridez profesional que produce, advertía Gregorio Marañón. Durante 28 años, dicté clases en la Universidad Nacional, de derecho del trabajo y de derecho sustancial y procesal. Por espacio de 16 años, dirigí el Instituto de Especialización de Derecho del Trabajo, y me han soportado en otras universidades. Así mismo, he participado en la mayoría de las reformas laborales, siempre en representación del sector empresarial, porque creo que sin las empresas, no hay trabajadores.

A. L.: ¿Hacia dónde debe evolucionar el derecho laboral colombiano?

G. L.: Es tal vez el tema que más he tratado en los últimos cinco años con grandes contradictores en los ámbitos nacional e internacional. Sostengo que esta disciplina especializada ya cumplió su razón de ser y su función. Así como no tendría sentido hablar de volver a las Cruzadas o a Doña Juana de Arco, el derecho laboral, después de 80 años, es obsoleto. He repetido que a esta rama solo le quedan 7 u 8 instituciones, como lo ha señalado la Organización Internacional del Trabajo. El derecho constitucional nacional y foráneo está cubriendo y amparando esa relación que todavía se llama derecho del trabajo. Los derechos fundamentales y los derechos humanos cubren completamente lo que debe ser la relación capital-trabajo.

A. L.: ¿Qué implicaciones tiene esa tesis frente a la situación colombiana?

G. L.: Más de 400 artículos del Código Sustantivo del Trabajo ya son fuente de conflicto y de incumplimiento de la protección social. El derecho internacional y el derecho constitucional han ido incorporando esas normas dispersas, que no necesariamente se cumplen. El derecho del trabajo nació para asumir una función temporal, se desprendió como rama especializada del derecho civil y, como lo decía algún autor, es un tronco que nació de un inmenso árbol, pero que no le ha quitado su sabia y volverá a su origen. Y lo está haciendo.

A. L.: ¿Cuál es la tesis de sus contradictores?

G. L.: Sostienen que la protección del trabajador, habida cuenta de su desigualdad económica, siempre tendrá necesidad de un reconocimiento expreso en la ley, es decir, la ley laboral.

A. L.: ¿Cómo los controvierte?

G. L.: Afirmo que esa ley laboral está subsumida por los derechos laborales y constitucionales y por la protección del trabajador en las leyes y códigos universales. Los trabajadores en Colombia demandan ante la Corte Constitucional, por el expedito sistema de las tutelas, la aplicación de todos estos principios, para lo cual no invocan el Código Sustantivo del Trabajo, sino la Constitución Política y los convenios y recomendaciones de la OIT. No pierden el tiempo manoseando ese código. El artículo 53 de la Constitución Política contiene toda la protección imaginable.

A. L.: ¿Esa visión legal tiene algún fundamento en el derecho anglosajón?

G. L.: No hay inspiración en el derecho anglosajón, que es consuetudinario, de repetición de casos y soluciones. Es que las normas constitucionales y supranacionales, emanadas de organismos internacionales, de las comunidades geográficas y de los tratados bilaterales, trilaterales y multilaterales tienen más cobertura que la norma doméstica.

A. L.: ¿Qué opinión le merece la última reforma laboral?

G. L.: Tomé parte en muchos de los antecedentes académicos y gubernamentales que dieron lugar a estas leyes. Integré la comisión que las precedió y que se convirtió en la Ley 50 de 1990. Puedo ser considerado parte interesada, pero tratando de no serlo las defiendo, porque comparativamente con numerosas legislaciones de otros países, nosotros estábamos atrasados y seguimos estándolo. El gran error en que hemos incurrido frente a estas reformas, como en la anterior al año 90, es creer que al otro día generan empleo. Las leyes crean un clima para la inversión y esta es la que genera empleo. Si eso no fuera así, todos los gobernantes dictarían una ley que dijera “créase empleo” y solucionado el problema. Son leyes de anticipación, más que de solución de problemas vigentes.

A. L.: ¿Cree que la legislación colombiana laboral es favorable al clima de negocios?

G. L.: Suelo poner en mis desordenadas disquisiciones un ejemplo: cuando el capital quiere invertir en Colombia pregunta: ¿es cierto que hay un contrato de trabajo que dura más que el contrato de matrimonio?, ¿es verdad que en una empresa puede haber 5, 6 ó más sindicatos?, ¿es cierto que para poder cerrar una empresa por razones técnicas o económicas demostradas se debe esperar tres y más años para que no haya un solo trabajador, así lleve el mismo tiempo sin producción?

A. L.: ¿Qué ajustes requiere la normativa laboral?

G. L.: Más que una reforma inmediata en lo estrictamente laboral hay que pensar en una nueva reforma pensional, pero ir mucho más lejos y ser realistas. Una población joven, con pocas fuentes de trabajo, no puede responder por las pensiones de jubilación de quienes ya están viejos. Las cotizaciones que tenemos hoy son altas, pero insuficientes. Aquí la edad cronológica ha aumentado, pero la edad laboral sigue estacionada. Las estadísticas de vida probable superan los topes sobre jubilación y vejez. Se está viviendo más y se están jubilando más temprano.

A. L.: ¿Cómo lograr que las regulaciones laborales no lleguen tardíamente a la economía y al comercio?

G. L.: Para que eso no ocurra, hay que aceptar una de mis antipáticas tesis: no es el derecho del trabajo el que maneja la economía de los países, es la economía la que regula el derecho del trabajo. Soy de la escuela peyorativamente denominada de los “economicistas laborales”. Lo anterior es tan cierto, que no he visto ningún renglón ni opúsculo, ni trabajo serio sobre la presencia de la legislación laboral en el tratado de libre comercio (TLC) con EE UU. Si el derecho del trabajo fuera tan importante, ya se estaría hablando de normativa laboral.

A. L.: ¿Esa supremacía de la economía es susceptible de cambio?

G. L.: Desde hace 50 años existe la idea de proteger a los trabajadores migrantes, de extenderles la seguridad social de un país a otro y sumarle los tiempos trabajados para pensiones de jubilación. Sobre eso existen muy buenos escritos, pero en la práctica no se ha logrado. Desgraciadamente, son las leyes del mercado las que predominan. Pero, en defensa de mi idea, y de Colombia y su legislación, esta desatención a las normas laborales no es patrimonio nuestro. Lo mismo pasó en la Comunidad Económica Europea, en el tratado de Mercosur y también se encontrará en todos los acuerdos bilaterales y trilaterales.

A. L.: ¿Cómo conciliar el derecho laboral con el proceso de internacionalización económica?

G. L.: Es difícil y linda con lo imposible. Somos diferentes en lo económico, en lo cultural y en el desarrollo individual de cada país. Nunca ha sido fácil sumar manzanas con árboles. Ese es el secreto de los acuerdos.