“Hay que rescatar el ejercicio de un derecho laboral vivo”

Revista Nº 126 Nov.-Dic. 2004

Sin una relación estable entre empleadores y trabajadores será difícil que las empresas alcancen el nivel de competitividad que requieren para enfrentar los retos del comercio globalizado. 

Javier N. Rojas 

Especial para la Revista Actualidad Laboral 

Promover el ejercicio del derecho laboral encaminado a generar comunidades productivas estables es uno de los principales objetivos de la gestión del experto Julio César Carrillo, durante el tiempo que estará al frente de la gobernación del Colegio de Abogados Especializados en Derecho del Trabajo y Seguridad Social.

Carrillo considera que sin una relación estable entre empleadores y trabajadores será difícil que las empresas alcancen el nivel de competitividad que requieren para enfrentar los retos del comercio globalizado. En entrevista con ACTUALIDAD LABORAL, criticó el paternalismo que hace del Código Sustantivo del Trabajo un instrumento obsoleto y destacó la influencia humanizante de la jurisprudencia constitucional en materia laboral, entre otros tópicos.

“Generar sueños es construir futuro. Uno de esos sueños es reconstruir el contrato social. Pero este propósito escapa del alcance exclusivo de un Colegio de Abogados. Es una tarea conjunta de toda la sociedad civil”, señaló Carrillo.

Actualidad Laboral: ¿Por qué propuso un tiempo de reflexión social como gobernador del Colegio de Abogados del Trabajo?

Julio César Carrillo: Por considerar que las circunstancias mismas de los hombres y de las ciencias tienen tiempos y así como los hay para la acción también los debe haber para la reflexión. En los casos del derecho del trabajo y el de la seguridad social esa invitación tiene sustento en la coyuntura de la globalidad y de los tratados de libre comercio, lo que implica evaluar algunos aspectos sustanciales de la forma como se conciben las relaciones de trabajo en un mundo en competencia abierta.

A. L.: ¿Acaso lo social no ha sido un tema de preocupación permanente?

J. C. C.: El derecho del trabajo y la seguridad social han tenido siempre un contenido de naturaleza social, en términos de construir relaciones de trabajo en condiciones humanamente dignas. Sin embargo, la situación actual invita a redefinir el modo como el derecho del trabajo ha venido materializando ese propósito. Si cambia la manera como se van tejiendo las relaciones de trabajo, es importante pensar cómo se puede mantener vivo el mismo propósito, pero con eficiencia. Porque si seguimos con las normas que buscaban la equidad social hace un tiempo, en otras circunstancias, quizá más locales o de coyuntura menos azarosa que las actuales, algo diferente tiene que decir el derecho del trabajo hoy. Y antes de acometer acciones desesperadas o de tomar medidas transitorias de ajuste, conviene que examinemos si el derecho que tenemos actualmente cumple con ese propósito social.

A. L.: ¿Qué efectos espera de ese tiempo de reflexión?

J. C. C.: Aspiro a sembrar una semilla en torno a la inquietud de lo que es necesario rediseñar. También a crear una especial renovación de la sensibilidad que debemos tener quienes ejercemos el derecho laboral y de la seguridad social frente a unas condiciones abrumadoras de incremento de la pobreza y de dificultad para disminuir las tasas de desempleo.

A. L.: ¿Los laboralistas no habían reflexionado suficientemente sobre su compromiso social?

J. C. C.: No me atrevo a decir que no lo han hecho. Pero es sano realizarlo periódicamente, para que, independientemente de lo que cada uno piense, construyamos una conciencia colectiva respecto de lo que es necesario replantear como actitud en la relación de trabajo. Es increíble, pero en ocasiones se piensa que buscar mecanismos de cooperación que trasciendan la lógica de la confrontación entre capital y trabajo, sin perder la diversidad, resulta contrario a los fines del derecho laboral. Es como si un fabricante de elementos para la guerra piensa que su actividad se puede poner muy difícil si las personas hacen la paz. Solo comunidades productivas armónicas podrán enfrentar los riesgos que se derivan de una competencia económica universal con la oportunidad, la productividad y la competitividad que se necesitan.

A. L.: ¿En qué se diferencia el nuevo laboralista de un profesional de hace 20 años?

J. C. C.: El profesional actual tiene una actitud orientada a generar convivencia fecunda y no coexistencia estéril, con una visión universal, más permeable a lo interdisciplinario. Por virtud de la constitucionalización del derecho laboral tiene una idea más clara de lo que significa generar coordinación económica y equilibrio social. El profesional graduado hace 20 años está un poco más cómodo en relación con las circunstancias propias del manejo de lo laboral, en términos de ser parte contractual. Eso no es bueno ni malo. Con esa perspectiva se generaron grandes debates de sabios y juristas que crearon líneas de criterio importantes. Sin embargo, se trata de otra manera de ver la profesión; antes se invitaba a que la bondad del ejercicio estuviera relacionada con un adecuado manejo de la norma, en términos de formalidad bien diseñada. En el presente, hemos tenido que aprender que la forma no tiene toda la riqueza y la fuerza que en otro tiempo, y se hace necesario generar modos de ser y de actuar diferentes.

A. L.: ¿Qué considera obsoleto en el Código Sustantivo del Trabajo?

J. C. C.: Estar diseñado sobre el supuesto de que quien tiene el capital, la parte empleadora, es la que todo lo sabe, y que el trabajador es una especie de incompetente básico con quien no es posible construir de manera conjunta proyectos productivos estables. Es decir, estar sustentado en una cultura paternalista, que solo promueve pactos de supervivencia y no proyectos de cooperación.

A. L.: ¿Cuáles han sido los principales aportes de la Corte Constitucional al derecho del trabajo?

J. C. C.: Rescatar la concepción del hombre, la altura humana que requieren las relaciones de trabajo con respecto a la subordinación laboral, que significa recuperar el sentido de esta como una disponibilidad del trabajador respecto del empleador para desarrollar la actividad productiva materia del contrato, pero no en una estructura de vasallaje. De otro lado, descontaminar la aplicación de lo normativo de apariencias formales, con el fin de darle al concepto de la primacía de la realidad toda su fuerza. Es cierto que en ocasiones se han presentado decisiones descontextualizadas y sin apropiación técnica suficiente por parte de la misma Corte, pero no se puede desconocer que ha generado una invitación especial a recuperar en las relaciones de trabajo una altura humana efectiva.

A. L.: ¿Qué piensa de la tesis según la cual el derecho laboral puede ser sustituido por parte del derecho constitucional?

J. C. C.: El derecho constitucional es un importante apoyo en el ejercicio del derecho laboral. Pero tenemos problemas para generar un criterio coherente sobre el particular. Cuando los jueces de tutela, en ciertos momentos, empiezan a resolver materias del derecho laboral sin tener pleno conocimiento se crean incoherencias o desarmonías. Decidir con base en principios sin el contexto adecuado y sin entendimiento de lo legal específico puede llevar a incongruencias.

A. L.: ¿En qué consiste su tesis de rehacer el contrato social?

J. C. C.: Generar sueños es construir futuro. Uno de esos sueños es reconstruir el contrato social. Pero este propósito escapa del alcance exclusivo de un Colegio de Abogados. Es una tarea conjunta de toda la sociedad civil. El otro sueño es urdir tejido social a partir de lo cotidiano. Entonces se trata de la reconstrucción de este en las empresas, mediante la generación de comunidades empresariales estables, con el protagonismo de los laboralistas y en interdisciplinariedad con otras áreas que están trabajando en el mismo tema. Ello permitiría llegar con un Código Sustantivo del Trabajo vivo que cree conciencia conjunta entre empleadores y trabajadores y no sustentado solamente en una especie de fórmula para la simple coexistencia sin agresión.

A. L.: ¿Cuál es su opinión acerca del balance social de las empresas colombianas?

J. C. C.: Es uno de los elementos fundamentales para medir los alcances de una comunidad productiva con responsabilidad social. También aquí se debe insistir en que no es solo el cumplimiento de un requisito. Muchas empresas obtienen los certificados de calidad, pero no crean la cultura consecuente. Cuando se habla de balance social muchas veces se olvida que este debe referirse al grado de humanidad de un esfuerzo productivo; y no a un requisito, por ello tiene que partir del interior de la empresa misma, de la recuperación del sentido de humanidad en las relaciones, de la capacitación de las personas para restituirles su sentido de humanidad y, luego, sí proyectarse a la comunidad. No es hacer filantropía a modo de maquillaje, porque esta no tiene sentido sin una actitud coherente de vida dentro de las organizaciones.