Incentivo al ahorro, ‘talón de Aquiles’ del sistema pensional colombiano

Revista Nº 148 Jul.-Ago. 2008

Javier N. Rojas 

“Si no se producen mejoras en la cobertura de los programas contributivos y en la adecuación de las prestaciones que reciben quienes están cubiertos por estos programas, los costos de financiar la seguridad de ingresos adecuados en la vejez tendrán que ser afrontados por los gobiernos de los países latinoamericanos”, advirtieron Ariel Pino y Dmitri Karasyov, funcionarios de la Asociación Internacional de la Seguridad Social, durante el Foro Mundial de la Seguridad Social, realizado en septiembre del 2007.

Con ese mensaje de alerta, los especialistas pusieron en evidencia que, luego de las reformas realizadas en los modelos de pensiones de Latinoamérica a lo largo de la década de los noventa, que impulsaron el surgimiento del esquema del ahorro individual administrado por firmas privadas, estas naciones siguen enfrentando problemas para ampliar la cobertura del sistema y para proporcionar prestaciones adecuadas a quienes ya tienen la edad de jubilación.

Mientras los expertos del mundo en seguridad social analizan esa inquietud sustancial, Colombia le sumó a esta, hace algunos meses, una coyuntura de rentabilidades negativas en los fondos privados de pensiones que alcanzó a crear cierta preocupación entre los trabajadores que cotizan de manera obligatoria parte de su salario a aquellos fondos.

Adriana Huertas, vicepresidente jurídica de la Asociación Colombiana de Administradoras de Fondos de Pensiones y de Cesantías (Asofondos), comenta que los países donde solo rige el modelo de prima media tienen crisis, al igual que aquellos en los que opera exclusivamente el sistema de ahorro y capitalización individual: la razón principal es que el éxito de un sistema de seguridad social depende de variables económicas exógenas.

A su vez, Óscar Martínez, director de estudios económicos de Asofondos, afirma que los dos sistemas son vulnerables a los ciclos económicos. Martínez sostiene que si existieran reservas de dinero en el sistema público de pensiones, estas tendrían la misma exposición a los cambios de las tasas de rentabilidad del mercado que han experimentado los fondos privados de pensiones.

“No es que no se deba sorprender quien cotiza al régimen de ahorro individual por las rentabilidades negativas, sino que tiene que pensar en cuál es la finalidad de esos recursos, que es el largo plazo”, anota Martínez. De otro lado, por ahora, el más largo plazo del cual se puede hablar en los fondos de pensiones es de 14 años, tiempo de existencia del modelo. “La tasa que el ahorrador debe mirar es si, en el largo plazo, esa rentabilidad es mala, y en esos 14 años la rentabilidad ha estado alrededor del 10% real (descontado el efecto de la inflación), una muy buena rentabilidad en cualquier parte del mundo”, apunta.

Según Sergio Pombo, asesor en seguridad social del Ministerio de la Protección Social (Minprotección), es la primera vez que se presenta rentabilidad negativa en los fondos privados de pensiones. Asevera que la pensión constituye un ahorro de 45 años y no de seis meses: “si una persona empieza a ahorrar a los 20 años, se pensiona a los 65 años. En el prolongado tiempo del ahorro pensional, esos cuatro meses de rentabilidad negativa no representan un impacto significativo. Hicimos mucho ruido con un hecho que no tenía efecto marcado, a no ser que esto fuera estructural y nos quedáramos en rentabilidades negativas”.

Riesgo de huída masiva

Pombo considera que, de haber seguido ese ruido, se habría podido iniciar un problema serio, porque “la gente se podría empezar a devolver al Seguro Social (ISS), donde no se garantiza una rentabilidad, sino un resultado”.

Cree que la percepción del público de una permanente rentabilidad negativa en los fondos privados puede erosionar la credibilidad de las administradoras de fondos de pensiones (AFP), lo que conduciría al traslado de numerosos colombianos al sistema público, “hecho que sería fatal para las finanzas públicas. Si todo el mundo que está en los fondos privados se devuelve al ISS, se quiebra la Nación”.

Roberto Borrás, director de regulación financiera del Ministerio de Hacienda, afirma que los datos históricos han demostrado que la rentabilidad de los fondos de pensiones ha sido positiva y muy superior, por ejemplo, a otros indicadores como la tasa de interés promedio del sistema financiero (DTF).

“El llamado es a una mayor confianza en el sistema, sobre todo a entender que es un ahorro de largo plazo y que así como en un periodo, muy amplio, se tuvo la apreciación de los títulos en los cuales estaban invertidos esos portafolios, hay unas coyunturas que son complejas, indeseables y, obviamente, preocupantes para los afiliados, para los administradores de los fondos y para el Gobierno, pero son situaciones que se presentan en los mercados, en donde hay una gestión de largo plazo”, sostiene Borrás.

A Clara Inés Guzmán, gerente de productos obligatorios de la administradora de fondos de pensiones y cesantías Skandia, le preocupa el hecho de que la gente comience tarde el ahorro pensional, por la dificultad para cumplir con la acumulación del capital suficiente para disfrutar de una pensión.

Guzmán expresa que en el esquema de pensión obligatoria, la cotización a la AFP está asociada al ingreso del trabajador. Por ejemplo, en el caso de una persona con salario integral de 10 millones de pesos, de ese monto, el 70% es la parte del salario y el 30% restante corresponde al componente prestacional, que comprende, entre otros, el pago a pensión, a cesantías y la prima.

En consecuencia, aunque la persona lleva un nivel de vida con base en esos 10 millones de pesos, el ahorro para pensiones es, en realidad, sobre el 70%, o sea siete millones de pesos, porque la ley obliga a cotizar en relación con lo que efectivamente constituye salario.

La amenaza

De ahí surge una preocupación general para las AFP que estas califican como “brecha pensional”. Dado que el ahorro se hace en función de ese 70% del ingreso, cuando alguien se va a pensionar, la mesada será en proporción a ese ahorro, de modo que se generará una diferencia. En el ejemplo, la diferencia es de tres millones de pesos. “Por eso es importante el ahorro complementario, que se realiza en los fondos de pensiones voluntarias”, acota Guzmán. Esa reflexión no aplica para quienes cotizan con base en el salario mínimo, porque no puede haber pensiones inferiores a este salario.

Guzmán aclara que todas las personas enfrentan una brecha pensional que varía en función de ciertos aspectos, como la dinámica del salario a lo largo de la vida laboral. Por ejemplo, cuando se trata de una persona que concluyó su formación profesional, en promedio, a los 24 años, se ubica en cierto punto inicial de la escala salarial. Luego, avanza a un momento que puede ser alrededor de los 40 años de edad, cuando llega a su tope salarial. Tras experimentar ese proceso de ascenso, llega a una etapa de estabilidad, porque arriba a su nivel profesional de madurez y los ascensos comienzan a ser mucho más complicados.

Explica que, en Colombia, se suele presentar que las personas hacia los 46 años afronten una caída en su ingreso, porque pueden ser despedidos al cumplir determinado ciclo en una compañía. Y, al reincorporarse al mercado laboral, lo hacen por una menor remuneración.

Así, factores como el nivel de ahorro real, cuando se trata de salarios integrales, y los altibajos salariales en el ciclo de la vida laboral conducen a la aparición de la brecha pensional. “Por eso, no es tan sencillo afirmar que esta puede surgir a partir de cierto monto de ingresos, como los dos salarios mínimos, pues cada historia laboral es un caso único”, anota Guzmán.

Considera que esa brecha puede crear una situación más difícil de manejar para aquellos trabajadores de salarios medios altos, aunque eso no significa que no se pueda presentar con los empleados que reciben ingresos equivalentes a tres salarios mínimos.

Insiste en que la causa principal de esa brecha es la diferencia entre lo que un trabajador está ahorrando realmente en el esquema de ahorro individual para pensiones y lo que efectivamente va a recibir como mesada de jubilación.

Cotización al detalle

Guzmán señala que una persona que gana, por ejemplo, un millón de pesos mensuales aporta el 16% para pensiones: una tercera parte le corresponde al trabajador y dos terceras partes al empleador.

Ese porcentaje se descompone así: del 13% inicial, 11,5% pasa a la cuenta de ahorro individual del trabajador. Eso es lo que va a engrosar el capital de pensión, y el 1,5% va a un mecanismo llamado fondo de garantía de pensión mínima, que protege al trabajador y a todos los que están en el sistema de ahorro individual, con el fin de otorgar, al menos, ese monto de pensión, si el trabajador no alcanza a completar el ahorro suficiente para pensionarse. Con el 3% restante de aquel 16% original se pagan los seguros previsionales que protegen al afiliado frente a dos contingencias: la de morir prematuramente o la de invalidez. En el primer caso, es la familia la que puede recibir esa pensión.

“La industria de pensiones en lo concerniente al régimen de ahorro individual es muy joven en Colombia. Pero si se mira un modelo como el chileno, se encuentra que el ideal es que una persona pueda tener un periodo de 25 años de ahorro de cotizaciones al sistema privado de pensiones”, señala Guzmán.

Destaca que hoy las personas se quieren retirar más jóvenes de la vida laboral, quieren pensionarse a la menor edad posible y con un buen nivel de ingreso: “la gente no quiere esperar hasta los 65 años para pensionarse, inclusive hay clientes que no quieren trabajar más allá de los 55 años”.

En materia de pensiones, se ha formulado la teoría de los tres pilares que nació de las reflexiones de la Organización Internacional del Trabajo y del Banco Mundial: un pilar de pensiones asistenciales que se deben otorgar a aquellas personas que no alcanzan a cumplir con el ahorro suficiente ni con el tiempo determinado. El segundo es el de la pensión contributiva, donde se ubica el modelo colombiano de pensión obligatoria, en el que aportan conjuntamente empleadores y trabajadores. Y el tercero, de convenciones complementarias, en el que figuran los fondos voluntarios de pensiones.

Guzmán comenta que, en el país, existen los tres mecanismos. Una persona puede ahorrar solamente en el contributivo y va a tener una pensión en proporción al ahorro. Pero lo que establece la ley es que si el trabajador quiere mejorar ese ingreso futuro, puede ahorrar en ese mecanismo complementario o voluntario.

“Si un hombre de 42 años de edad, casado con una mujer cinco años menor, quisiera pensionarse hoy con un salario mínimo, necesitaría más o menos 130 millones de pesos de capital en la cuenta individual de pensiones”, anota Guzmán. En un ejercicio hipotético actuarial de esta naturaleza, la persona que lo quiera lograr, puede trazarse metas de ahorro en el modelo privado, de acuerdo con su ingreso, para acumular el capital más temprano.

Estímulo al ahorro voluntario

Para incentivar el ahorro complementario de los trabajadores, la ley ha establecido que hasta un tope de 30% del salario que se destine a ahorro pensional de manera voluntaria estará exento de los impuestos que aplican sobre los ingresos laborales, de modo que el Estado los está invitando a ahorrar en el largo plazo y cualquier porcentaje adicional al obligatorio que se destine a ese propósito podrá acrecentar ese capital, sostiene Guzmán.

Martínez, de Asofondos, precisa que, en este momento, los fondos de pensiones obligatorias del país suman aproximadamente 54 billones pesos, de los cuales 28 billones de pesos constituyen el cúmulo de los aportes de los trabajadores cotizantes del sistema de ahorro individual y los otros 26 billones de pesos han sido rendimientos para esos mismos afiliados, es decir que, con la labor de las AFP, por cada peso que han aportado los cotizantes de pensiones, los rendimientos han sido cercanos a los 92 centavos.

Huertas, vicepresidenta de Asofondos, expresa que los problemas en materia de cobertura no dependen del régimen de ahorro individual, pues se trata de dificultades del sistema de pensiones en general. “Querría ver en dónde un régimen de prima media, salvo que todo sea subsidiado, ha logrado una cobertura del 100%. Eso no existe. O un régimen de ahorro individual que logre una cobertura del 100%”, anota. Si esto ocurre, es porque se reciben subsidios. Insiste en que los inconvenientes que afectan al modelo de pensiones tienen origen en el entorno macroeconómico.

Martínez señala que Latinoamérica presenta rezagos en cobertura. “Colombia, en especial, tiene serios problemas de informalidad. Es un lastre del mercado laboral, una circunstancia de la economía que afecta a todos los sectores”.

Según Huertas, es poco lo que los administradores de pensiones pueden hacer frente a esa informalidad laboral. Sin embargo, han comenzado a diseñar unas políticas encaminadas a afiliar a los trabajadores independientes. Algunas AFP se han dedicado a trabajar en ese segmento. Por otro lado, dice que el país está comenzando a ver propuestas de microfinanzas, de microseguros y, en ese contexto, hay que comenzar a ver el trabajo desde el punto de vista social y económico, a fin de facilitar el acceso de esos trabajadores independientes a las administradoras de fondos de pensiones, a pesar de que es un empeño difícil.

Huertas recuerda que el problema de hace algunas semanas con la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes a la Seguridad Social (Pila) refleja los inconvenientes de los trabajadores independientes para hacer, a la vez, aportes a salud y a pensiones. “A pesar de que las AFP hacen esfuerzos por diseñar estrategias para llegarles a esos segmentos, la realidad es dura: no tienen para pagar pensiones”.

Opciones de riesgo

Según Borrás, del ministerio de Hacienda, las estadísticas han demostrado la rentabilidad histórica de los fondos y que los gestores de ese portafolio son profesionales y buscan minimizar la pérdida. No obstante, “hay un punto en el cual no lo pueden hacer, pero ahí entran a responder por el evento de la rentabilidad mínima”. Además, en ese contexto, es importante el proyecto de ley de reforma financiera que se tramita en el Congreso, en donde se establece la figura de multifondos, que permite enfrentar esas coyunturas. “Le estamos dando a los administradores de los fondos, pero sobre todo a los afiliados, unas flexibilidades de inversión que atiendan mejor los niveles de edad y de riesgo, que mitigan de mejor forma esas pérdidas de valor que se dan en los mercados”.

En la medida en que se llega a cierto punto, anota Borrás, es razonable entrar en esa reflexión de los multifondos. Antes de abordar esa coyuntura de pérdida de valor en el mercado financiero, Colombia se había encaminado a llevar su régimen de administración de los recursos pensionales de ahorro individual al esquema de multifondos, porque “consideraba que era el paso siguiente que debía dar ese niño que es un adulto joven”.

Borrás precisa que el objetivo fundamental del esquema es aumentar la rentabilidad esperada para los afiliados del régimen de ahorro individual, de manera que se pueda propiciar el acceso a las prestaciones adecuadas. En ese camino, se atienden dificultades de coyuntura como las que se están presentando. El propósito de largo plazo es maximizar el retorno de ese ahorro con la gestión óptima de tales recursos, lo cual se logra, aun frente a coyunturas desfavorables de corto plazo, cuando se tiene la oportunidad de administrar portafolios mejor clasificados.

 

Agudeza financiera del afiliado

Borrás asevera que el esquema de multifondos exige una cultura financiera mucho más robusta por parte del cotizante del sistema de ahorro individual, porque la decisión ya no es solo escoger entre el ISS y determinada AFP, sino que, además, implica analizar, en el caso de la AFP seleccionada, la conveniencia de poner su ahorro pensional en el fondo de mayor, media o baja tolerancia al riesgo que se deriva del mercado de papeles valores en términos de rentabilidad. “Pero Colombia no le debe tener miedo a eso. El Gobierno tiene la convicción profunda de que este planteamiento de multifondos va a consolidar el régimen de ahorro individual de pensiones”.

Borrás explica que los detalles de la operación de los fondos de mayor, media y menor tolerancia al riesgo se fijarán mediante un decreto, tras lo cual se establecerán las proporciones que tendrá cada uno en inversiones de renta fija y de renta variable, entre las que figuran las acciones de las empresas.

Huertas se manifiesta a favor del esquema de multifondos, porque, en últimas, “va a beneficiar a los afiliados y a maximizar sus recursos pensionales. Los afiliados al régimen de ahorro individual van a tener la posibilidad, según su perfil de riesgo, de vincularse a una serie de portafolios, con la expectativa de obtener mayores rentabilidades”.

Advierte que habrá unos límites: “los afiliados que estén muy cerca de pensionarse no accederían al fondo de riesgo. La gente joven es el perfil más adecuado para el de alto riesgo, por ejemplo, desde los 18 hasta los 40 ó 45 años, e incluso más. Los que están arriba de los 50 años, se van al fondo conservador, porque si se llega a perder, como es de largo plazo, no van a tener tiempo para recuperar la pérdida, mientras que un joven sí. La elección está a cargo del afiliado, pero la ley, específicamente, va a tratar de consagrar algunos límites para proteger al afiliado”.

Huertas aclara que la comisión de aporte está, en promedio, en 1,45%, pero “toda no esta destinada a premiar a la AFP en su gestión fiduciaria; con esa plata tiene que financiar la operación del negocio, que es muy compleja. Si se está haciendo una gestión eficiente por cada peso del afiliado, y lo está multiplicando, por ejemplo, por 10 pesos, es un buen incentivo reconocerle un porcentaje de esa rentabilidad a la AFP”, señala.

Pombo advierte que, en el esquema público, que ha sido administrado por el ISS, solamente entre el 51% y el 56% de quienes cotizan alcanzan la meta de jubilarse desde 1965 hasta hoy, situación que se ha dado independientemente de la existencia de los fondos privados. De otro lado, anota que el 62% de los afiliados al sistema de seguridad social colombiano ganan un salario mínimo mensual. De ese porcentaje, solo quienes logren cumplir con los requisitos de ley “van a salir pensionados con un salario mínimo”.

Para aspirar a ganarse un salario mínimo de pensión cotizando el 16% de este y ahorrando en su cuenta pensional el 11,5%, una persona tendría que cotizar alrededor de 48 años, comenta Pombo. A los pensionados más viejos que hoy reciben un salario mínimo de pensión es posible que el Estado les haya subsidiado cerca del 96% de esa mesada, es decir que esos jubilados apenas pudieron cotizar el 4% de los recursos necesarios para recibir ese pago actual.

Porcentajes de desconcierto

Pombo expresa que el promedio general del subsidio pensional en el país es del 57%. Comenta que quien comenzó ese ahorro el día en que se incrementó la cotización para pensiones a 16% del salario, probablemente “va a tener un subsidio del 20%, con cargo a los contribuyentes colombianos de impuestos. Por eso, desconcierta que la pensión mínima sea tan alta”.

Y continúa: “es absurdo cotizar apenas 20 años; es una linda teoría de 1936. En Colombia, actualmente, una mujer de 60 años tiene una expectativa de vida de 22 años. Cuando se hicieron las normas de pensiones, en la década de los cuarenta, la expectativa de vida de esa mujer era de 5 años. Hoy, una persona ahorra durante 20 años y se le paga pensión por otros 20 más, dada su expectativa de vida. Pero si esta muere, se le sigue pagando al cónyuge, que vive otros 15 años más. Es decir que ahorra 20 años en pensiones y se pagan 35 años de mesadas, sumadas las vidas del afiliado y del cónyuge”.

La consultora en seguridad social y estudios actuariales Loredana Helmsdorff califica como inconveniente para el sistema pensional que a una persona se le ahorre durante apenas 20 años el 11,5% de su salario, para que, al momento de jubilación, se le reconozca entre el 50% y el 70% del salario base como pensión por un tiempo prolongado. Cree que la alternativa pasa por modificar la tabla de mortalidad, o sea “disminuir la probabilidad de muerte, porque la gente vive más; entonces, tiene que ahorrar más y punto”. Precisa que, en algunos países, ya se ahorra durante 40 años para obtener la pensión.

Helmsdorff advierte sobre las dificultades financieras que creará al sistema de pensiones en general: que a las personas con salario mínimo se les vaya a otorgar una pensión equivalente al 100% de ese ingreso, porque cerca del 72% de la población trabajadora colombiana recibe hoy ese nivel de remuneración y tal obligación pensional deberá ser atendida, en el futuro, por un promedio de 25 años, lo cual significará una gran carga.

Un asesor en temas de seguridad social que pidió no ser identificado señaló que, en el futuro, en el régimen de ahorro individual, se verá que solamente con 20 años de ahorro a la tasa neta de 11,5% del ingreso mensual de un afiliado, se va a acumular entre el 30% y el 50% del promedio de los ingresos percibidos durante la historia laboral.

Este experto asegura que únicamente en aquellos casos en que se empiece a cotizar pensiones a los 20 años, con un ingreso mensual considerable, si ese trabajador logra mantenerse 12 años en el sistema de ahorro individual, va a acumular el 70% de ese ingreso. “Va referido a la edad de inicio, porque esa plata que entró ahí va a estar 45 años en un fondo de ahorro, quieta. Pero si se empieza a cotizar a los 32 años, se pierden los 10 mejores años, y si se comienza a los 40 años, ni hablar”.

Y continuó: “muchas personas van a llegar a la edad de jubilación y les van a decir: ‘vengan por su 35%’ y se va a producir una frustración grande. Llevan 15 años, algunos de ellos, y son 42 años de cotización; en 25 años, se enfrentarán a esa realidad. Cuando llegue el momento de jubilación de esos cuatro millones de cotizantes de hoy, van a recibir, en promedio, pensiones del 50% ó 55% del salario percibido durante los últimos años de trabajo”.

Sobre esta perspectiva pesimista, Guzmán, de Asofondos, considera que la pensión adecuada, justa y equitativa es la que representa lo que un trabajador ahorró realmente para ese fin, pues “adecuadas no eran las pensiones millonarias que se reconocían en el ISS”. Cree que los colombianos tienen que redefinir este concepto: “una pensión adecuada no es la que tiene en cuenta el salario de los dos últimos años ni la que reconocía 14 ó 16 mesadas al año, financieramente insostenibles”.

Huertas explica: “por la composición de nuestros afiliados, habrá algunos que logren acumular lo suficiente y otros que no, para alcanzar la pensión. Pero eso no ha sido ajeno a la Ley 100 de 1993 ni a las políticas de Gobierno, y para evitar que los afiliados que no logren acumular lo suficiente queden desprotegidos, se han creado unos mecanismos”.

Huertas piensa que el fondo de garantía de pensión mínima va a ser suficiente para atender tales situaciones. Asofondos no ha planteado la opción de aumentar la tasa de cotización para pensiones, con el objeto de enfrentar eventualidades, pero el gremio ha propuesto analizar si convendría replantear los aportes parafiscales, con el objeto de destinar mayores recursos al ahorro pensional de los colombianos.

La Acolfutpro, ¿un cambio trascendental en materia laboral?
La asesora laboral externa de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro) Alma Clara García asegura que la mejor alternativa para crear un ambiente laboral menos proclive a los conflictos entre dirigentes del fútbol y jugadores es el acuerdo de voluntades mediante la negociación colectiva.
Precisa que es la figura adecuada para una “actividad plagada de especificidades imposibles de subsumir en las normas legales vigentes y que no debe caer en una regulación jurídica exhaustiva y asfixiante, incompatible con la dinámica del deporte”.
Señala que las recomendaciones del Comité de Libertad Sindical de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) representan una oportunidad para que se unifiquen criterios, normas y procedimientos a nivel laboral, “mediante la suscripción de un pacto colectivo”. Advierte que el país está frente a la posibilidad de recurrir a la herramienta más importante para lograr la formalización del fútbol en Colombia.
García cree que el reconocimiento de Acolfutpro como organización profesional de trabajadores por parte de la OIT, “no solo desdibuja la frontera del derecho de asociación, confinada otrora a los sindicatos, sino que, en este caso específico, abre la posibilidad de que dicho derecho fundamental se ejerza libremente fuera de la órbita del registro como sindicato ante el Estado”.
Destaca, además, que la recomendación de la OIT al Gobierno para que tome medidas con el fin de garantizar el derecho de negociación colectiva entre los futbolistas y la organización de empleadores que represente a los clubes deportivos “extiende aquella figura en Colombia a la negociación por rama de actividad (económica), de tan difícil desarrollo en el país”.