Diálogos

Acelerar los efectos tributarios de las NIF tomó fuera de base a las personas jurídicas

Revista Nº 201 Mayo-Jun. 2017

Javier Nelson Rojas 

Entrevista a Diego Cubillos Pedraza 

Especial revista impuestos 

A pesar de que la Ley 1607 del 2012 definió un plazo de cuatro años para otorgarle alcance tributario a las Normas de Información Financiera (NIF) que han ido adoptando las empresas en Colombia, la reciente reforma tributaria lo aceleró. En consecuencia, tales normas comenzarán a tener significativo impacto fiscal a partir del 2017, aseguró Diego Cubillos Pedraza, socio de impuestos de Deloitte. En entrevista con la REVISTA IMPUESTOS habló de algunos de los principales efectos de esa reforma.

REVISTA IMPUESTOS: ¿Cómo han recibido los expertos en derecho tributario la reciente reforma tributaria? 

D. C.: Hay incertidumbre frente a los cambios que vienen, porque en materia de impuesto sobre la renta sí hubo una reforma estructural que modifica profundamente las bases gravables y las cambia totalmente. De unas normas locales pasamos ahora a procesos de conciliación desde la perspectiva de unas normas internacionales de contabilidad. Eso altera el panorama, cambia todo lo que las compañías y las personas han venido trabajando y proyectando; hoy se modifican los conceptos, que traían los contadores y los abogados tributaristas, en materia de contabilidad, como punto de partida para hacer las declaraciones de impuestos. Las entidades se encuentran a la espera de aclaraciones de varios temas que no quedaron claros y a la expectativa de los reglamentos e incluso de doctrina de la administración tributaria.

R. I.: ¿Cómo han reaccionado las empresas frente a esta reforma?  

D. C.: Están analizando los efectos tributarios y financieros de esta normativa. También la nueva carga administrativa que implica el control de estos ajustes, que indudablemente se debe hacer ahora en forma permanente.

Los procesos de conciliar las cifras contables con las de renta al final del año es tema del pasado. Los tratamientos especiales y los manejos técnicos de muchas partidas, hacen que se tenga que llevar un control permanente de las diferencias.

Aunque el famoso libro fiscal creado en la Ley 1607 del 2012 quedó derogado, en la práctica hoy cobra una mayor relevancia y necesidad.

Las diferencias en los tratamientos fiscales y contables de temas como la depreciación, la amortización, la determinación del costo de ventas y la moneda funcional, hacen que obligatoriamente se debe contar con un control multilibro o un libro fiscal en donde se puedan controlar las partidas que se van a incluir en la declaración de renta del año 2017. En conclusión, desde el mismo mes de enero del 2017, se debe pensar en el control de las diferencias, adicionalmente porque en materia de ingresos, estas también se deben considerar para la depuración del impuesto de industria y comercio.

R. I.: ¿Cuáles temas de la reforma tributaria han generado mayor expectativa?

D. C.: Realmente varios. El IVA, por los impactos económicos que trae; los temas de tributación internacional, por las expectativas que hay al respecto; en temas de procedimiento tributario hay también ajustes muy importantes; pero, creo que en materia de impuesto de renta se generaron los cambios más importantes y en consecuencia el que más ha generado expectativa e inquietud.

También, por el hecho de que ahora partamos de normas contables internacionales hace de este tema uno de los más complejos de la legislación tributaria.

R. I.: Pero hubo un programa de incorporación de las NIF en Colombia ¿Qué paso con él? 

D. C.: Sí. Realmente desde el 2009 con la Ley 1314 se definió todo un cronograma que luego la Ley 1607 del 2012 bajó al llamado Libro tributario y mencionó los cuatro años para medir impactos en materia fiscal.

De alguna forma las entidades contaban con este período que finalizaba el 31 de diciembre del 2017, para las entidades del grupo unos y tres, y el 31 de diciembre del 2018 para las entidades del grupo dos.

Muchas de ellas habían hecho grandes inversiones en tecnología y capacitación, para cumplir con los lineamientos establecidos en materia de cumplimiento fiscal. Ahora deben iniciar nuevamente este proceso de ajustes tecnológicos y de capacitación.

R. I.: ¿Cuál es el plan de contingencia para enfrentar esa situación?

D. C.: Las entidades deben analizar los impactos financieros y tributarios de estos ajustes que trajo la reforma tributaria. Considero que lo deben hacer desde ahora, los primeros meses del año, para que se implementen con tiempo los respectivos planes de acción en software, personal, capacitaciones, porque efectivamente intentar dar cumplimiento a estas obligaciones, iniciando el análisis al final del año, va a ser imposible de cumplir, dando origen a eventuales sanciones.

R. I.: ¿Esta situación plantea un desafío informático o uno contable y tributario?

D. C.: Los dos, porque, desde el punto de vista contable, las compañías ya están operando bajo normas internacionales, desde hace unos años. El tema nuevo es que desde el 2017, para efectos tributarios, las normas internacionales también van a tener impacto en materia tributaria. Antes no lo tenían y, por eso, seguíamos con unas normas paralelas. Ese es el ajuste que se está dando ahora.

R. I.: ¿Cuáles son los efectos tributarios de las NIF en las declaraciones de renta del 2017?

D. C.: Incluso, en materia del impuesto de industria y comercio (ICA), conforme a la reforma tributaria, se deben presentar efectos ya, en el caso de Bogotá, en marzo del 2017, y en el caso de algunos municipios, en donde el pago de ese impuesto es mensual, desde febrero del 2017, pues la Ley 1819 del 2016 determinó que, en la base gravable, correspondiente a los ingresos en materia de ICA, también se debe considerar la depuración que parte de las normas internacionales de contabilidad.

Por otro lado, en cuanto al impuesto sobre la renta que se va a declarar en el 2018, la reforma tributaria contempla unos ajustes. En temas de depreciación, de inventarios, de cargos diferidos, de intangibles, de componentes, se generan diferencias entre el tratamiento acorde con la norma contable internacional y el tratamiento tributario, las cuales se deben ir controlando periódicamente, casi a diario. Por ejemplo, el costo de ventas en las compañías es un aspecto que se tiene que controlar diariamente. Actualmente, aunque las normas fiscales parten de las normas internacionales de contabilidad, generan un proceso de conciliación y de diferencias, el cual implica que la contabilidad sea diferente a lo fiscal y que haya necesidad de controlar ese fenómeno periódicamente, porque, al final del año, resulta imposible hacer conciliaciones.

En materia de depreciación, que era una de las deducciones fijas con la que los contribuyentes contaban, se incluyeron varios ajustes que restringen de manera importante este derecho sobre el costo fiscal y en ocasiones anula la posibilidad de tomar esta deducción, principalmente, al introducirse el concepto de valor de salvamento o valor residual calculado sobre el valor razonable.

También en los temas de intangibles los cambios son grandes. El crédito mercantil o good will, originado desde el 2017 ya no es deducible. Hasta el 2016 existía la posibilidad de recuperar el costo de este intangible, vía amortización o pruebas de demérito, dependiendo el año de su origen.

Tampoco se puede contar ahora con el costo presunto del 30% en intangibles formados, por lo menos para los obligados a llevar contabilidad; aterrizando estos temas a la norma fiscal y tomándolos de las normas técnicas internacionales en materia contable.

El concepto de reconocimiento fiscal también cambió y pasamos de un criterio de causación a uno de devengo, que efectivamente es más amplio. El devengo no está atado a la formalidad del soporte o factura y, más bien, se centra en la esencia de la operación.

R. I.: ¿Qué puede comentar en relación con el llamado impuesto diferido?

D. C.: Este es un procedimiento contable donde se fusionan los temas tributarios y los temas financieros, y hoy cobra una gran relevancia considerando las normas contables internacionales y las normas fiscales locales.

Cobra especial relevancia porque este cálculo puede definir si un período fiscal genera utilidad distribuible o pérdida del ejercicio, con efecto directo en los accionistas, en el cálculo de los dividendos gravados y en el mismo impuesto a los dividendos.

Aunque la reforma tributaria, por lo menos en los temas sustanciales “en principio”, empieza a aplicar en el 2017; para el impuesto diferido hay algunos temas que debemos considerar en el mismo año 2016, principalmente las tarifas de impuesto de renta aprobadas y que debemos considerar para aplicar a las diferencias temporales.

Digo “en principio” porque hay unos temas de aplicación del principio de favorabilidad que hoy debemos ver con detenimiento.

R. I.: ¿Tiene otra crítica con relación al impacto de la reforma tributaria en relación con las NIF?

D. C.: La Ley 1819 del 2016 solamente mencionó que las diferencias entre lo contable y lo fiscal se deben llevar en una conciliación. Pero vemos que la norma se quedó corta, porque esas diferencias no se pueden llevar únicamente en una conciliación, al final del año, sino que se requiere un ejercicio de detalle y una serie de elementos más complejos que una conciliación, situación que, prácticamente, conlleva a que el concepto de libro fiscal, que traíamos, siga vigente.

Otro aspecto es que no se consideraron las pymes ni sus normas técnicas especiales. En otros países, tienen estas entidades un tratamiento fiscal especial, debido a que no tienen el músculo financiero ni la complejidad operativa de las grandes compañías.

R. I.: ¿Qué se puede destacar de la reciente reforma tributaria en materia de depreciaciones?

D. C.: Como lo mencionamos, y aunque la norma fiscal trató de igualar los métodos y las vidas útiles de los activos en cuanto a lo que se hace en la contabilidad, existen algunos elementos que conducen a que esas diferencias se incrementen. Por ejemplo, para los activos nuevos que se compren a partir del 2017 tiene que hacerse un estudio técnico con el fin de determinar el valor residual o de salvamento y este no es depreciable. Entonces, ahí se van a disminuir las alícuotas de depreciación y, en consecuencia, aumenta la base gravable de impuestos.

R. I.: ¿Fue acertado incorporar los efectos fiscales de las NIF en la reciente reforma tributaria?

D. C.: Creo que tarde o temprano teníamos que hacerlo, considerando el modelo de conexión que utilizamos.

Sin embargo, pudo haberse hecho de otra forma y haber aceptado las sugerencias que varias entidades, incluso del mismo gobierno, sugirieron en su momento.

Esas sugerencias que no se consideraron son hoy los vacíos y las ventanas que pueden originar problemas.

R. I.: ¿Qué implicaciones tienen las NIF para las firmas multinacionales que operan en Colombia?

D. C.: Hay un tema grande que refuerza el asunto del libro fiscal y es el de la moneda funcional. Las compañías multinacionales tienen que hacer un test contable para establecer en cuál moneda van a registrar sus operaciones. Y, si mediante ese test se determina que la moneda funcional es una diferente al peso colombiano, tienen que registrar sus operaciones en esa otra moneda, incluso, a nivel transaccional. Esto lo establecen las normas internacionales de contabilidad. Ahora, la reforma tributaria señaló que para efectos tributarios la moneda en la que deben reportar las transacciones debe ser el peso colombiano. Eso obliga a que las compañías lleven dos contabilidades, una para propósitos financieros, con su moneda funcional, euro o dólar, y otra contabilidad llevada en pesos, a nivel transaccional. Aquí se habla de unos software llamados multimoneda, en los cuales las compañías van a tener que hacer una inversión grande para que, cada vez que se realice una operación, se registre tanto en su moneda funcional, diferente al peso, como en la moneda peso para efectos tributarios.