Las reservas tácitas del modelo de valoración de las NIIF: ¿El camino hacia la comparabilidad?(1)

Revista Nº 25 Ene.-Mar. 2006

Francisco Javier Martínez García* 

Francisco Sousa Fernández** 

(España) 

* Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad 

** Profesor asociado de Economía Financiera y Contabilidad 

Universidad de Cantabria 

Introducción

El cuerpo de normas del IASB contempla la valoración obligatoria conforme al valor razonable para determinados instrumentos financieros, activos biológicos y existencias en empresas agrícolas; mientras que el inmovilizado material (propiedades, plata y equipo), los activos intangibles y las inversiones inmobiliarias pueden ser valorados al costo histórico o también al valor razonable.

Dado el anterior marco de opciones valorativas(2), nos planteamos como objetivo esencial de nuestro trabajo verificar que las mismas conducen a la aparición de reservas tácitas, que suponen una colisión con determinados elementos del itinerario lógico-deductivo del marco conceptual, y también implican inconsistencias entre las propias NIIF, con los consiguientes efectos sobre la comparabilidad real de la información financiera.

Aun teniendo en cuenta el importante avance en la armonización de la información financiera en la Unión Europea al haber adoptado esta las referidas normas para formular los estados financieros consolidados de las sociedades cotizadas(3), la anterior problemática supondrá cierto menoscabo en la tan pretendida comparabilidad. No obstante, entendemos que las inconsistencias y puntos débiles a los que hemos aludido, que se irán poniendo de relieve a lo largo de nuestro trabajo, podrían subsanarse a medio o largo plazo ante el proyecto de un marco conceptual común que han emprendido a finales del 2004 el FASB y el IASB, así como con la convergencia de los cuerpos normativos de ambos organismos que se espera alcanzar para el 2010.

1. El modelo híbrido de valoración en las NIIF: valor razonable/costo histórico

Al revisar el cuerpo normativo del IASB, con las modificaciones introducidas —en los años 2003 y 2004— en un elevado número de Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), tal como acabamos de indicar, nos encontramos ante un modelo de valoración alternativo aplicable a determinadas partidas del balance con claros atributos mixtos valor razonable/costo histórico.

El valor razonable es la cantidad por la que puede ser intercambiado un activo o cancelado un pasivo entre un comprador y un vendedor interesados y debidamente informados, en condiciones de independencia mutua (IASB, 2004, NIC 39: pfo. 9). Destacamos que en el marco conceptual del IASB (1989), no se contempla expresamente el valor razonable, pero del conjunto de criterios de valoración propuestos, podría asimilarse al valor neto realizable y al costo de reposición (Gonzalo 2003a: 10).

Del mismo modo, en otros marcos conceptuales, tampoco se recoge expresamente el criterio del fair value (valor razonable o, más genuinamente, fair market value “valor de mercado de la feria”), sino criterios que pueden ser asimilables a este, como current cost, current market value y net realizable (settlement) value en FASB (SFAC 5, 1984: pfos. 67.b, 67.c y 67.d); current price: exit value, entry value en ASAC (1987: pfo. 372); current cost y realisable —settlement— value en ICANZ (1993: pfos. 9.2.b y 9.2.c); replacement cost y realizable value en CICA (1996: pfos. 1000.54a y 1000.54.b); replacement cost y net realisable value en ASB (1999: pfo. 6.6); costo de reposición y valor de realización en AECA (1999: pfos. 9.3 y 9.4); o current cost y realisable (settlement) value en AASB (2004: pfos. 100.b y 100.d); que como fácilmente advertirá el lector nos encontramos ante valores corrientes para los activos y de liquidación para los pasivos.

Conforme al costo histórico, los activos se registran por la cantidad de tesorería y otras partidas líquidas pagadas, o por el valor razonable de la contrapartida entregada a cambio en el momento de la adquisición, y los pasivos se reflejan por el valor del producto recibido a cambio de incurrir en la deuda o, por las cantidades de tesorería y otras partidas líquidas que se espera pagar para satisfacer la obligación en el curso normal de la explotación (marco conceptual del IASB, 1989: pfo. 100)(4).

Queremos destacar que aparte de estos dos criterios de valoración, también las NIIF establecen otros para casos específicos, tales como el menor entre el costo histórico y el valor realizable neto para las existencias en la NIC 2 (Aibar, Blanco y Vera, 2003); el costo amortizado según el método del interés efectivo para activos financieros con vencimiento fijo en la NIC 39 (Gonzalo 2003b y Larriba 2003); el valor actual neto en los planes de pensiones en la NIC 19 (Amat y Crespo 2003); o el menor valor entre el importe en libros y el valor razonable menos los costos de venta para los activos no corrientes (o grupos enajenables de elementos), clasificados como mantenidos para la venta en la NIIF 5.

Esta diversidad de pautas de valoración —sin pretender con ello la completa uniformidad en los criterios para la elaboración de la información financiera—(5), añadido al hecho de que las NIIF contemplan, en algunos casos, la posibilidad de que la empresa pueda valorar determinados elementos conforme a su valor razonable o al costo histórico, conduce a una amalgama de prácticas valorativas, de la que se destaca la siguiente casuística:

— Elementos a valorar obligatoriamente conforme al valor razonable:

• Determinados instrumentos financieros (NIC 39).

• Activos biológicos y existencias en empresas agrícolas (NIC 41).

— Elementos a valorar facultativamente por la empresa a su costo histórico o al valor razonable:

• Inmovilizado material (NIC 16).

• Activos intangibles (NIC 38).

• Inmuebles y terrenos adquiridos con fines especulativos (inversiones inmobiliarias) (NIC 40).

Este panorama normativo, unido a la estrategia de cada empresa y a la política contable derivada de ella, podrá llevarnos esencialmente a las siguientes situaciones en la práctica:

— Empresas que presenten sus estados financieros conforme al valor razonable para todos aquellos elementos que las NIIF contemplen valorar según el mismo, ya sea como obligatorio o facultativo.

— Empresas que presenten sus estados financieros conforme al valor razonable en aquellos casos en los que este criterio sea obligatorio, y según el costo histórico cuando se pueda optar por él.

2. Las reservas tácitas en el modelo híbrido de valoración de las NIIF del IASB

En un principio parecía que la aplicación del fair value, que motivó la reforma de las Directivas Europeas de Contabilidad para hacerlas compatibles con las NIC 39, se circunscribiría a la valoración de determinadas partidas de índole financiera, pero, en la actualidad, las NIIF nos ofrecen una realidad bien distinta, dado que como acabamos de señalar, se aplica el mismo bien como obligatorio, o como alternativo al del costo histórico para un número significativo de elementos del balance.

El anterior panorama normativo conduce a que en los estados contables de las empresas que adopten el valor razonable, por ser obligatorio en unos casos y facultativo en otros, no aparecerán reservas tácitas(6), dado que de este modo habrán de contabilizarse los cambios en el valor de los activos y pasivos que se registren en el ejercicio junto con su correlativo traslado, según proceda, a una reserva por valor razonable, o a la cuenta de pérdidas y ganancias.

Sin embargo, aquellas empresas que elijan valorar conforme al costo histórico, en los casos en que evidentemente esté permitido por no encontrar un valor razonable fiable, o simplemente porque la empresa opte por este criterio en función de su estrategia, estaremos ante una situación de reservas tácitas, dado que como resulta obvio los cambios en el valor razonable de los activos y pasivos no quedarían revelados ni en el cuerpo principal del balance, ni en el del estado de resultados globales (Martínez y Sousa 2002), o en el estado de cambios en el patrimonio neto, ni en su formato alternativo, pudiendo tener cobertura informativa, si la empresa lo considera adecuado en determinados casos, dentro de la memoria.

En efecto, en la NIC 16, pfo. 79.d, se contempla que cuando la empresa opte por el costo histórico para valorar su inmovilizado material, se “aconseja” a esta que revele el valor razonable del mismo cuando presente una diferencia material con respecto al costo histórico, con lo que —evidentemente— estamos ante una facultad informativa para la empresa, que en ningún caso se verá compelida a reflejar una reserva expresa por este motivo.

Por otra parte, conforme con la NIC 40, pfo. 79.e, también si la empresa opta por el modelo del costo histórico para valorar las propiedades de inversión mantenidas con fines especulativos (inversiones inmobiliarias), habrá de ser revelado el valor razonable de estos elementos siempre que el mismo pudiese determinarse de forma fiable, pero tampoco se indica la obligatoriedad de reconocimiento de una reserva expresa que pudiera captar las posibles diferencias de revaluación.

No cabe duda de que con la incorporación del valor razonable, la información financiera gana en relevancia al aproximarse los estados contables a la realidad económico-financiera de la entidad (Pulido, 2000; Sousa 2001; García Benau y Zorio Grima 2002; y Andrés Suárez y Lorca Fernández 2002, entre otros), y se facilita de este modo la necesaria comparabilidad real en el tiempo y entre las empresas, pero al poder combinarse facultativamente este criterio con el costo histórico para las partidas del balance a las que nos venimos refiriendo, estamos ante un modelo contable no favorecedor en todos sus extremos de los necesarios comportamientos homogéneos en la elaboración de la información financiera.

Bien es cierto que la comunidad contable, desde la irrupción del paradigma de utilidad en la década de los sesenta del siglo XX, se alejó de un modelo de información financiera rígido y unidireccional(7), pero otra cosa bien distinta es llevar la flexibilización hasta el extremo de que dentro de un conjunto de normas con vocación armonizadora en el ámbito internacional se pueda valorar un inmovilizado material, un activo intangible, o una propiedad inmobiliaria, por su valor razonable o su costo histórico, incidiendo en ello el hecho de que no se cuente con un valor razonable fiable que pueda ser determinado periódicamente, o lo que se nos antoja más problemático, en función de la política contable o a conveniencia de la entidad.

Gonzalo (2003a: 11), revela las dificultades que podría suponer la adopción de un modelo de valor razonable, al considerar los costos que conlleva el revisar continuamente el valor (como los costos de las tasaciones de los inmuebles), así como la tradición contable del país correspondiente; además de la incorporación de “volatilidad” a los resultados netos de las empresas, por causas que quedan fuera del control de las mismas, con lo que no es de esperar que haya una propensión muy marcada a utilizar este criterio valorativo a ultranza. Además, en relación con la posición española al respecto, el autor nos indica que en el Libro Blanco se “recomienda la adopción del valor razonable para los instrumentos financieros, pero se insiste en que una aplicación a otras partidas del balance de situación (por ejemplo, los inmovilizados o las propiedades inmobiliarias) no sería oportuna por el momento” (p. 24).

3. Inconsistencias entre el marco conceptual del IASB y las NIIF, y entre las propias NIIF

La problemática que acabamos de presentar lleva aparejadas inconsistencias entre el entramado lógico-deductivo del marco conceptual del IASB y su cuerpo de normas, así como inconsistencias también entre estas, que se analizan en los subepígrafes que siguen(8).

3.1. Aplicación limitada de los conceptos de gastos e ingresos

En el marco conceptual se definen los ingresos como incrementos en los beneficios económicos, producidos a lo largo del ejercicio contable, bajo la forma de entradas o incrementos de valor de los activos, o como decrementos de las obligaciones, que resultan en aumentos del patrimonio neto y no están relacionados con operaciones con la propiedad (pfo. 70.a). Para los gastos se adoptó una definición con base similar (pfo. 70.b).

Cuando una empresa opte por valorar al costo histórico, siendo alternativo al valor razonable, resulta obvio que no estaría reconociendo las variaciones en el valor de las partidas afectadas e incumpliría las definiciones de ingresos y gastos antes señaladas.

Así, una empresa, que de acuerdo —por ejemplo— con la NIC 40, opte por valorar un inmueble mantenido con fines especulativos conforme con el valor razonable —fair value model o modelo de revaluación—, registrará un aumento o disminución en el valor del mismo como un ingreso o gasto respectivamente, cumpliendo con las definiciones del marco conceptual. Sin embargo, otra compañía que, aun disponiendo de un valor razonable fiable, opte por valorar dicho activo al costo histórico —cost model—, ante un incremento o reducción del valor en el mismo, no procedería a reconocer ningún ingreso o gasto respectivamente, incumpliendo con la definición de estos y generando una reserva tácita.

3.2. Consideración del resultado global —comprehensive income— de forma limitada

En la NIC 1 se adopta un concepto de resultado total o global, que en lógica congruencia con su propia denominación, como ya se ha indicado, integra todos los cambios en el neto patrimonial, distintos de los procedentes de las operaciones con los propietarios, cuando estos actúen como tales.

En efecto, en su párrafo 98 se contempla que los cambios en los fondos propios en el ejercicio (o los incrementos y disminuciones en los activos netos), excluidas operaciones con los propietarios y sus correspondientes costos de transacción, representan el importe total de ingresos y gastos del período, incluyendo pérdidas y ganancias, bien se hayan reconocido en la cuenta de pérdidas y ganancias o directamente como cambios en el patrimonio neto. Así mismo, en el párrafo 99 se insiste que como es importante considerar todos los ítems de gasto e ingreso a la hora de evaluar los cambios en la posición financiera entre dos balances consecutivos, se hace obligatoria la presentación de un estado de cambios en el patrimonio neto que revele los gastos e ingresos totales de la entidad, incluyendo aquellos reconocidos directamente en cuentas del patrimonio.

No cabe duda de que con la existencia de reservas tácitas estamos lejos de cumplir con el anterior concepto de renta global o total, y el estado de cambios en el patrimonio —statement of changes in equity—, o su formato alternativo, el estado de ingresos y gastos reconocidos —statement of recognised income and expense—(9), nos informarían de un resultado parcial.

Ello es así porque en la cuenta de pérdidas y ganancias —income statement— (pfos. 78-95 y ejemplos ilustrativos de la guía para su implementación) quedarían integrados tanto los resultados realizados tradicionales como una parte de los resultados potenciales, y el resto de los beneficios y pérdidas en potencia que se hubieren reconocido en el patrimonio(10), se añadirían como elementos del resultado del ejercicio al formular el statement of changes in equity o en su alternativo statement of recognised income and expense, para conformar así el resultado global del período; pero, como resulta obvio, cuando las empresas hayan optado por el cost model para los inmovilizados materiales, los activos intangibles y las propiedades de inversión, las diferencias en el fair value no se reflejarían en dichos estados financieros, con lo que se vería afectado en su esencia el propio concepto de resultado global o integral.

Otros organismos emisores de normas, como el británico ASB en el FRS 3 (1992), el norteamericano FASB en su SFAS 130 (1997), o más recientemente el Banco de España en su Circular 4/2004 y el canadiense CICA en la section 1530 (2005) del CICA Handbook, establecen la revelación obligatoria por parte de las empresas del resultado global; pero si comparamos estas normas, estamos también ante un claro incumplimiento con el concepto de renta total. Sirva como prueba de ello el caso del SFAS 130 del FASB o la referida circular del Banco España, que no contemplan la partida de revaluaciones específicas conforme al valor razonable de los activos materiales de uso propio o de los intangibles(11).

3.3. Adopción incompleta del enfoque del excedente limpio —clean surplus—

El cuerpo normativo del IASB se alinea fundamentalmente con el enfoque clean surplus (excedente limpio)(12), consistente esencialmente en el traslado a resultados de los cambios en el valor razonable del ejercicio. Ello es así dado que el resultado del período capta todos los cambios en el valor de los activos y pasivos distintos de las operaciones con los propietarios, estén realizados o no, bien se reconozcan estos directamente en resultados “clean surplus puro”(13), o a través de cuentas de reservas para después ser incorporadas como elementos integrantes del resultado global del ejercicio “clean surplus matizado”(14).

Dentro del anterior debate, Cea (1994: 57), en su análisis crítico del excedente económico empresarial, considera que tanto la existencia de operaciones potenciales o sucesos aleatorios a la fecha de formulación de los estados financieros, no debería alterar la cifra de beneficios, debiendo tener estos hechos cobertura informativa en el balance o en la memoria.

Pero en línea con lo que venimos argumentando, el revelar solo en las notas el fair value cuando este se pueda determinar de forma fiable y se haya optado por el cost model, representa una alternativa de menor calidad que su reconocimiento en el balance y/o en la cuenta de resultados, a la vez que posiciona a las NIIF en ciertas situaciones en el enfoque dirty surplus (excedente sucio), consistente en reconocer en reservas la incidencia del fair value, o, como en el caso que nos ocupa, limitarse a informar sobre sus efectos en la memoria.

3.4. Inobservancia de los criterios de mantenimiento del capital

El actual modelo valorativo en las NIIF entra también en colisión con los criterios de mantenimiento del capital del marco conceptual (pfos. 102-110), porque ni el beneficio del período —profit for the period—, ni el resultado global —total recognised income and expense for the period o comprehensive income—, incorporarán de modo explícito el capital a mantener, dado que las diferencias en el valor razonable registradas en el ejercicio, en unos casos se llevarían a la cuenta de resultados y en otros a una reserva por valor razonable, y si la empresa optase por valorar al costo histórico cuando le esté permitido, como resulta evidente no se integrarían ni dentro del beneficio neto ni formarían parte tampoco del resultado total.

En línea con los anteriores planteamientos que revelan una situación de crisis en los criterios de mantenimiento del capital, Gonzalo (2000: 256-257) confirma que: “La práctica y la regulación contable parecen haber dado la espalda, no se sabe bien si temporal o definitivamente, a las restricciones de conducta que suponen el mantenimiento de un concepto determinado de capital”, con lo que según el autor, los viejos supuestos de mantenimiento del capital físico o financiero, están en trance de desaparecer debido a la creciente preocupación en el mundo financiero por los valores (razonables) de mercado, la ausencia de tasas de inflación considerables y la crisis del resultado realizado tradicional, claramente atacado por demasiadas pérdidas y ganancias potenciales que en aplicación de la prudencia se registraban directamente en el patrimonio.

3.5. Menoscabo de la comparabilidad de la información financiera

Por último, en el marco conceptual se indica que la comparabilidad es una de las características principales de la información financiera (pfo. 24), esgrimiendo —entre otras razones— que los usuarios deben ser capaces de comparar los estados financieros de empresas diferentes, y poder evaluar así su posición financiera, su actividad y sus flujos de tesorería, para lo cual se requiere consistencia en la medida y presentación de los estados financieros (pfo. 39), pero se advierte que la necesidad de comparabilidad no debe ser confundida con la mera uniformidad (pfo. 41).

Evidentemente, la existencia de reservas tácitas en unos casos, y expresas en otros, según la opción del sujeto emisor de los estados financieros, colisiona con la característica cualitativa primordial de comparabilidad propugnada en el marco conceptual, con lo que la exigencia de prácticas valorativas más homogéneas no representaría un tema de “mera uniformidad”, sino un aspecto sustantivo, de importante calado, con repercusiones claras en la comparabilidad real de los estados financieros.

En este sentido, Amat (2003: 46) señala que en el caso de que se consiga que todos los países apliquen las NIIF, “si estas no reducen la gran variedad de tratamientos alternativos admitidos seguirá habiendo diferencias contables entre las empresas”, por lo que considera necesario que el IASB minimice los mismos para que todas las empresas que apliquen las NIIF “hablen el mismo lenguaje contable”.

Por otra parte, Gonzalo (2003b: 11) confirma que resulta deseable cierta uniformidad, así como la reducción de alternativas, pero no se puede poner énfasis en estos factores para explicar el desarrollo de la información financiera, por lo que “la única forma de ver las NIIF, o cualquier otra norma contable, es como un exponente del complejo sistema de control empresarial, relacionado estrechamente con la estrategia que sigue la dirección, y más evolucionado en cuanto la entidad sea más grande, esté más diversificada o abarque más entidades o negocios individuales. En este sentido, las NIIF incorporan un nivel de racionalidad muy por encima de la rémora que suponen los supuestos defectos que algunos de sus detractores les atribuyen (la elevada opcionalidad en el tratamiento de algunas partidas, la subjetividad de los cálculos del valor razonable o la falta de formatos de presentación, por ejemplo)”.

En definitiva, después del análisis llevado a cabo en los anteriores subepígrafes, la existencia de reservas tácitas derivadas de la aplicación de las NIIF colisiona con los siguientes elementos de su propio marco conceptual:

• Características cualitativas: por la pérdida de comparabilidad real de la información financiera, sobre todo al realizar la comparación entre empresas.

• Criterios de mantenimiento del capital: por la inobservancia del concepto de capital a mantener; y

• Definiciones de los elementos de los estados financieros: al considerar en las normas los conceptos de ingresos y de gastos de forma limitada.

A lo anterior habrá que unir también la inconsistencia que se presenta entre las propias NIIF al aplicar de forma “limitada” el concepto de “resultado total o global” planteado en la NIC 1, que conlleva incorporar planteamientos alineados con el enfoque dirty surplus, cuando —como hemos visto— el posicionamiento general es a favor del enfoque clean surplus, con lo que estamos ante lagunas evidentes.

4. ¿El camino hacia la comparabilidad de la información financiera?

De esta falta de consistencia tanto entre las NIIF y el marco conceptual que les da cobertura, como entre las propias NIIF, nos parece de especial importancia aquellos aspectos que pudieran incidir en la comparabilidad real de la información financiera, ya que ante la diversidad de normas contables en el espacio europeo, la búsqueda de esa comparabilidad ha sido uno de los motivos esenciales, por no decir el principal, por el que la Unión Europea adoptó dicho cuerpo normativo para la presentación de los estados financieros consolidados de los grupos cotizados a partir del primero de enero del 2005(15).

Cañibano (2004: 26), a propósito de la diversidad contable internacional, nos señala que: “... Las diferencias que surgen entre una y otras varas de medir —la americana y las europeas, dependientes del Estado miembro correspondiente— causan cuando menos perplejidad entre la clase financiera local: los beneficios se trastocan en pérdidas, ciertas porciones del patrimonio desaparecen...”.

Así mismo, en García Benau (1994), Laínez y Callao (1998), Callao, Jarne y Laínez (1999), Giner, Mora y Arce (1999), Laínez (2001) y Martínez Conesa y Ortiz Martínez (2002), entre otros, contamos con investigaciones en contabilidad internacional que revelan un alto grado de diversidad contable. De igual modo, en el trabajo de Martínez y Sousa (2004) también se constatan diferencias significativas entre las normas de los países de la Europa Continental, FASB e IASB, al determinar tanto el resultado tradicional como el global, lo que como resulta evidente dificulta seriamente la comparabilidad de la información financiera en el panorama internacional; si bien Giner (2003: 16) indica que probablemente una de las prioridades del IASB es aumentar la convergencia con los USA GAAP, lo que ha condicionado los cambios que se han producido en las últimas normas aprobadas y constituirá un factor decisivo en las que se emitan en un futuro inmediato(16).

Resulta obvio que la problemática que nos ocupa en nuestro trabajo se circunscribe a la diversidad contable que plantea internamente el cuerpo del IASB al contemplar las opciones valorativas, que evidentemente podrá provocar efectos de diversidad contable en el ámbito internacional, dependiendo de la alternativa por la que opte cada empresa o el organismo emisor correspondiente al incorporar las NIIF, como lo ha hecho recientemente el Banco de España en su Circular 4/2004, que ha optado por el cost model para valorar, entre otros, los activos materiales de uso propio (norma vigésima sexta) y los inmovilizados inmateriales (norma vigésima octava), con independencia de que en la memoria se haya de explicar la incidencia del valor razonable para elementos específicos.

La aplicación a partir del primero de enero del 2005 de las NIIF en todo el espacio de la Unión Europea para la formulación de los estados financieros consolidados de los grupos cotizados, así como su adopción por otros países, a buen seguro mejorará la comparabilidad real, pero aún quedan por salvar, entre otras posibles, las dificultades que hemos destacado a lo largo de nuestro trabajo al plantearse el fair value model y el cost model como alternativos para valorar partidas específicas del balance.

La anterior problemática, aun teniendo en cuenta los progresos conseguidos por el marco conceptual en la búsqueda de un soporte teórico para la regulación contable, nos lleva inevitablemente a reconsiderar determinados aspectos del mismo, y así seguir avanzando para disponer de un pronunciamiento que realmente suponga una auténtica cobertura a las normas.

Esta preocupación es compartida tanto por la doctrina contable como por los organismos emisores de normas, hasta el punto que el IASB y el FASB, principales organismos reguladores a escala mundial, han emprendido recientemente un proyecto conjunto que persigue como objetivo esencial desarrollar un marco conceptual común, en el que tomarán como punto de partida los pronunciamientos al respecto con que cuentan cada uno de ellos en la actualidad, y tras el necesario proceso de debate y discusión es previsible que se llegue a un documento integrador, incorporando las mejoras sobre aquellos puntos que presenten debilidades o inconsistencias.

En concreto, en el referido proyecto IASB (2004b) y FASB (2004b), incorporado a sus respectivas agendas en el otoño del 2004, ambos organismos han previsto elaborar en principio un marco de conceptos integrador aplicable a las empresas de negocios en el sector privado, para después en fases posteriores hacer extensivos dichos conceptos a otros sectores, empezando por las entidades privadas sin ánimo de lucro.

En lo que respecta a las empresas de negocios en el sector privado, el proyecto irá encaminado en un primer momento a buscar la convergencia de los marcos conceptuales de ambos organismos, para después procurar la mejora de aspectos particulares de los mismos: objetivos y características cualitativas de la información financiera, elementos de los estados financieros, reconocimiento y valoración; que a todas luces se hace necesaria, para salvar, entre otras inconsistencias, las que hemos analizado en nuestro trabajo.

Una vez lograda tanto la mejora como la convergencia, la prioridad irá dirigida a aquellos otros aspectos que pudieran reportar beneficios para ambos organismos reguladores a corto plazo, como podrían ser cuestiones comunes que afecten a sus proyectos de emisión de nuevas normas o a la revisión de las existentes.

En definitiva, el camino iniciado por ambos organismos hacia un marco conceptual común, unido al hecho de la tendencia a la convergencia de sus cuerpos normativos, presenta un horizonte esperanzador de cara a avanzar hacia una mayor comparabilidad real de la información financiera en el concierto mundial, tan demandada por los usuarios, en especial, por los inversores que operan en mercados internacionales, muchas veces desorientados y desinformados por la diversidad contable ante la que se encuentran.

Conclusiones

La coexistencia del fair value model y del cost model, planteada en el cuerpo normativo del IASB, convalidado ya prácticamente en su integridad por la Unión Europea a finales del 2004, conduce inevitablemente a la aparición de reservas tácitas en aquellos casos en los que las empresas estén facultadas para optar entre ambos criterios para valorar partidas específicas del balance.

Esta situación produce una colisión con determinados elementos de su propio marco conceptual e implica inconsistencias entre las propias NIIF, y los efectos que genera suponen una limitación de la comparabilidad real de la información financiera, sobre todo entre empresas.

Sin embargo, es de resaltar que precisamente la comparabilidad real de la información financiera se presentó como uno de los motivos esenciales, sino el que más, por los cuales la Unión Europea adoptó las referidas NIIF para formular los estados consolidados de los grupos cotizados a partir del primero de enero del 2005, con lo que en nuestra opinión están aún sin resolver las dificultades que plantean en los sistemas contables, las opciones, en especial, las valorativas.

No dudamos de que el proyecto conjunto del IASB y el FASB tendente a mejorar los soportes teóricos actuales de la contabilidad y, así mismo, desarrollar un marco conceptual común, que dé auténtica cobertura a sus normas, así como la tendencia a la convergencia normativa de ambos organismos, contribuirán a despejar, entre otros, el interrogante planteado en nuestro trabajo, para de este modo encontrarnos ante una información financiera internacional realmente comparable para el usuario y, por ende, más relevante y de más calidad, a todas luces necesaria en un escenario económico mundial caracterizado por la globalización, en el que los usuarios, en especial los inversores, demandan aún más dosis de armonización contable para lograr una asignación más eficiente de los recursos en los mercados de capitales internacionales.

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(1) Este trabajo fue presentado como comunicación al XIII Congreso de la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas (AECA), “Armonización y Gobierno de la Diversidad”, celebrado en Oviedo, los días 22, 23 y 24 de septiembre del 2005 (CD Rom XIII Congreso AECA, AECA: Madrid).

(2) Amat (2003: 46) indica que el problema que tienen las NIIF es el de ofrecer más posibilidades de tratamientos alternativos que los que presenta la normativa española actual, con lo que es imprescindible que se reduzcan los mismos para avanzar hacia la comparabilidad internacional de la información financiera.

(3) Pueden consultarse los reglamentos (CE) n.º 1725/2003, 2086/2004, 2236/2004, 2237/2004 y 2238/2004 de la Comisión, que integran la denominada “plataforma estable” de normas, que las sociedades cotizadas de la Unión Europea deberán aplicar a sus cuentas consolidadas desde el 1.º de enero del 2005 (al momento de terminar este trabajo, todavía quedaban por homologar algunos preceptos de la controvertida NIC 39).

Así mismo, en la página web del ICAC: http://www.icac.mineco.es, está disponible el texto consolidado de las referidas NIIF homologadas por la Unión Europea (consulta realizada el día 26 de febrero del 2005).

(4) Aunque en el marco conceptual se señala que en los estados financieros se emplean diferentes bases de medida con diferentes grados y distintas combinaciones entre ellas, más adelante se indica que el criterio de valoración más comúnmente utilizado por las empresas al preparar sus estados financieros es el costo histórico (pfo. 101). A la luz de los comentarios vertidos en nuestro trabajo, el estado de la cuestión en la actualidad nos aleja bastante de estas posiciones, más acordes con tiempos pasados.

(5) Gonzalo (2003a: 9) señala que ninguno de los criterios valorativos tradicionalmente utilizados en la información contable conforme al marco conceptual (costo histórico, costo de reposición, valor neto realizable y valor actual neto), aplicado a todos los elementos de los estados financieros, satisface plenamente las necesidades de los usuarios, de tal modo que “es preciso escoger el que sea, en cada caso, más relevante y fiable”.

(6) Cañibano (1986: 181-ss.) en su obra Contabilidad. Análisis contable de la realidad económica, distingue entre reservas expresas y latentes; las primeras están reconocidas contablemente, mientras que las segundas no aparecen contabilizadas. A su vez, dentro de las reservas latentes, apoyándose en algunos autores, y atendiendo a la intencionalidad de las mismas, diferencia entre reservas tácitas y ocultas. De este modo, las primeras surgen cuando no se reconoce una variación en el valor de los activos y pasivos motivada por la inflación o los cambios en los precios específicos, mientras que las segundas están vinculadas a una clara intencionalidad de ocultación en los estados financieros.

Adoptamos en este trabajo la denominación de reservas tácitas, que evidentemente están asociadas a la estrategia de la empresa y, en consecuencia, a su política contable, dentro de las alternativas que plantea el modelo contable del IASB, que se entienden quedan desvinculadas de cualquier intento deliberado de ocultación por parte de la gerencia.

De igual forma, apoyándonos en el concepto de resultado total: “Cambios en el patrimonio neto distintos de los procedentes de las operaciones con los propietarios del mismo, cuando actúen como tales” (NIC 1, pfo. 8.c.ii), incluimos bajo la denominación de reservas tácitas todos aquellos cambios que afectan a la riqueza neta de la empresa en el ejercicio y no se contabilizan, tanto pudieran reconocerse en el patrimonio neto o en pérdidas y ganancias.

(7) Túa (2000: 190) establece que: “El paradigma de utilidad lanzó la lógica contable en otra dirección: es posible obtener tantos sistemas contables como se quiera, siempre que se supediten a diferentes objetivos. Y todos ellos igualmente útiles, con tal de que los satisfagan adecuadamente. Se abría así un planteamiento diferente: el de la lógica normativa”.

El lector habrá advertido fácilmente que no estamos sino ante la contabilidad como ciencia multiparadigmática. Pueden consultarse, al respecto, AAA (1977), Túa (1983), y Cañibano y Gonzalo (1997) y Belkaoui (2004), entre otros.

Larrán (2003: 33), al reflexionar sobre el carácter científico y el valor de la investigación empírica en contabilidad, nos confirma que: “... no existe aún una teoría general contable, existe un cúmulo de teorías y metodologías importadas de otras disciplinas, muchas veces contradictorias”.

(8) Antes de considerar el actual cuerpo de las NIIF, Bellostas (1998) analizó la consistencia de la estructura del marco conceptual del FASB, de la propuesta del ICAEW y del paquete informativo del ICAS, y concluyó que estos pronunciamientos adolecen de ciertas imprecisiones, deficiencias e inconsistencias, que, por otra parte, no invalidan los progresos conseguidos por estos organismos en la búsqueda de un soporte para la regulación contable. Así mismo, entre otros, los trabajos de Mozes (1998), Page y Sapira (1999) y Newberry (2003) también revelan puntos débiles e incoherencias internas en el propio marco conceptual.

(9) Ambos aparecen regulados en los párrafos 96-101 de la NIC 1, y como ejemplos ilustrativos en la guía para su implementación. Por otra parte, queremos señalar que el estado de ingresos y gastos reconocidos, dada la denominación de su bottom line: Total recognised income and expense for the period, también podríamos denominarlo estado de resultados totales o globales, en línea con lo que plantea el FASB en el SFAS 130 o el ASB en el FRS 3.

(10) Destacamos los relacionados con algunas revaluaciones de inmovilizados materiales (NIC 16, pfos. 39 y 40) e inmateriales (NIC 38, pfos. 85 y 86), determinadas diferencias de conversión de moneda extranjera (NIC 21, pfos. 30, 32 y 39), inversiones financieras disponibles para la venta —avalaible-for-sale investments— (NIC 39, párr 55.b), instrumentos de cobertura de flujos de caja —cash flow hedges— (NIC 39, pfo. 95.a) y coberturas de la inversión neta en un negocio extranjero (NIC 39, pfo. 102.a); deduciendo los impuestos corrientes y diferidos, cuando proceda.

(11) Algunos de estos organismos emisores de normas, conscientes de la diversidad de formatos para la presentación tanto del resultado tradicional como del global, y de las discrepancias en los elementos a incluir en los mismos, desarrollaron trabajos en el seno del ya extinto G4+1, tendentes a unificar posturas al respecto en el panorama internacional (FASB 1998; e IASC 1999), llegando a conclusiones que no se vieron concretadas aún en normas. No obstante lo anterior, al día de hoy, el FASB (2004a) y el IASB (2004a), y este último con el ASB (2004), cuentan con proyectos comunes tendentes a consensuar estados de resultados globales armonizados en el ámbito internacional.

(12) Para profundizar en el debate clean surplus versus dirty surplus, resulta de interés, entre otros, la consulta de Feltham y Ohlson (1995), la antología de Brief y Peasnell (1996), García-Ayuso y Monterrey (1998), o el trabajo más reciente de Mattessich (2002).

(13) Al revisar el actual cuerpo normativo del IASB nos encontramos básicamente con los siguientes tratamientos que hemos denominado “clean surplus puro”: (NIC 8, pfo. 36), (NIC 11, pfo. 36); (NIC 16, pfos. 39 y 40, que también contemplan “clean surplus matizado”); (NIC 21, pfos. 28, 30 y 32, incluyendo también estos dos últimos párrafos “clean surplus matizado”); (NIC 29, pfo. 9); (NIC 38, pfos. 85 y 86, contemplando también “clean surplus matizado”); (NIC 39, pfos. 55.a, 55.b, incluyendo este último también “clean surplus matizado”, 67, 89.a, 89.b, 93, 95.b, 97, 98.a, 100, 101.c, 102.b); (NIC 40, pfo. 35) y (NIC 41, pfos. 26 y 28).

(14) En nota 9 ya han quedado reflejados tratamientos que hemos querido denominar “clean surplus matizado”.

(15) En efecto, ya en el Consejo Europeo de Lisboa se reconocía que para impulsar la realización de un mercado único de valores se hacía necesaria una urgente actuación en el ámbito de la información financiera, que aumentase la comparabilidad real de los estados contables, de cara a beneficiar tanto a las propias entidades económicas como a los inversores (COM 2000: 359 final).

(16) El ICAC (2005: 3) en su documento “Armonización contable”, nos informa del reciente acuerdo al que llegaron el IASB y el FASB, por el que se pretende alcanzar la convergencia de sus cuerpos normativos para el año 2010.