“Los TLC pueden ser una herramienta para fortalecer la soberanía y autonomía del país y no para debilitarlo”.

Revista Nº 41 Oct.-Dic. 2013

José Alejandro Abusaid 

Abogado, profesor y catedrático sobre temas de Derecho Internacional Privado.

La Revista Foro de Derecho Mercantil tuvo la oportunidad de entrevistar al doctor José Alejandro Abusaid y conocer sus apreciaciones acerca de los desafíos que enfrenta Colombia actualmente frente a la firma de diferentes Tratados de Libre Comercio. El doctor Abusaid Gómez es abogado egresado de la Universidad del Rosario en Colombia y abogado de la Universidad Nova Southeastern University (Florida, EE.UU.). Ha sido profesor de maestría de la Universidad Sergio Arboleda y de pregrado en Derecho Internacional Privado en la Universidad del Rosario, donde actualmente dicta la cátedra de Tratados de Libre Comercio.

Foro de Derecho Mercantil: De acuerdo con su criterio, ¿cuáles son los factores necesarios para que un TLC sea exitoso?

José Alejandro Abusaid: Los factores para que un TLC sea exitoso para un país son, que haya una buena negociación, y luego que haya un buen aprovechamiento. El tema de la negociación es controversial, y es sabido que en gran parte es político. Por esa razón pienso que en el caso de un TLC con un país poderoso como Estados Unidos o una unión poderosa como la europea, la negociación es una etapa importante, pero a veces es poco lo que podemos hacer al respecto. Por esa razón considero que lo más importante es hacer un muy buen aprovechamiento del tratado, cosa que no es fácil ni evidente. Hay un gran ruido alrededor de los tratados de libre comercio, pero es poco el conocimiento real de ellos. Es muy importante que los sectores público y empresarial en Colombia tengan acceso a los textos del acuerdo, los trabajen, formulen preguntas, los apropien y existan talleres muy prácticos de capacitación.

F.D.M.: Eventos como el pasado paro cafetero, las manifestaciones en el país en contra del TLC, como la realizada recientemente en Boyacá, demuestran que Colombia no está preparada para un TLC con EE. UU. ¿Cómo ve usted la situación actual dentro de este contexto?

J.A.A.: Es cierto, Colombia no está preparada para ningún TLC con ningún país desarrollado. Sin embargo, parece que Colombia como muchos otros países latinos no se ha caracterizado por ir adelante previendo situaciones y preparándose para el futuro, sino más bien reaccionando a última hora frente a situaciones que eran previsibles. Creo que la discusión de si Colombia está o no preparada perdió relevancia, porque para bien o para mal hemos asumido un gran número de compromisos internacionales al día de hoy. La pregunta relevante del momento es entonces, ¿Cómo vamos a poner al país a la altura de los compromisos adquiridos de manera que saquemos ventaja y no solo nos convirtamos en un mercado más para un país con mayor poder? Además, los paros de este año han dejado al descubierto que los grandes problemas del agro radican más en el precio de los insumos, en la falta de infraestructura y en las condiciones de los créditos agrícolas, que en la presencia de los TLC.

F.D.M.: Teniendo en cuenta lo anterior ¿tendrá el Gobierno colombiano que adoptar medidas de choque para proteger la industria nacional?

J.A.A.: Creo que más que proteccionismo debe haber una política de fortalecimiento. Es tarde para el proteccionismo después de estar legalmente vinculados con tantos países en acuerdos comerciales cuyo incumplimiento nos puede llevar a ser condenados por medio de costosos laudos arbitrales. Debe haber, en mi opinión, una política de Estado para el fortalecimiento de los sectores agrícola, industrial y servicios, por medio de políticas de largo plazo. De la misma manera debe haber una política orientada a sacar a Colombia del atraso monumental en infraestructura que aqueja al país y mina su competitividad. Ahora bien, hay que tener en cuenta que cualquier medida que se tome para el impulso de un sector económico, no puede caer en lo que en el lenguaje de los tratados equivale a un subsidio. Estos están proscritos por la OMC, y cada uno de los TLC modernos consagra los mismos principios. Hay grandes discusiones en cuanto a que en el marco de la OMC los países desarrollados han podido históricamente aplicar subsidios a sus sectores agrícolas, mientras que los países en vías de desarrollo están siempre bajo la lupa, y esa es precisamente la principal razón por la que la ronda de Doha no ha podido concluir. En todo caso, si cambiamos la mentalidad de una política de protección a una de fortalecimiento, estaremos yendo en la dirección correcta.

F.D.M.: ¿Qué pasaría si el país no es lo suficientemente competitivo para el TLC con EE. UU? ¿Qué ajustes se deberían hacer?

J.A.A.: Siempre se puede echar mano de las medidas de salvaguardia comercial en el caso de los bienes específicamente. Las medidas de salvaguardia están diseñadas para que un país que ve que un sector de su industria está siendo o va a ser inminentemente afectado por los mismos bienes o bienes sustitutos del otro país, suba los aranceles a dichos productos aun en contra de lo pactado en el acuerdo. Sin embargo, así como el país que aplica la medida cierra una puerta, debe abrir otra por medio de algo llamado medida compensatoria de efecto equivalente. Por medio de esta, el país que la aplica debe abrir la puerta a un mercado que compense al país afectado por la medida, que tenga un valor similar al mercado que se ha restringido. Finalmente, las medidas de salvaguardia tienen un plazo máximo en el tiempo, al cabo del cual se deben desmontar. Es decir, la medida de salvaguardia es una tregua temporal para que un sector se modernice y se vuelva competitivo, y finalmente se pueda enfrentar al mercado internacional.

F.D.M.: ¿Qué ejemplos conoce usted de TLC exitosos en otros países de Latinoamérica? ¿En el mundo?

J.A.A.: Las estadísticas siempre aguantan todo. Lo cierto es que al parecer México tuvo una gran mejoría en términos económicos luego de la entrada en vigencia del Nafta, y estadísticas similares se pueden encontrar sobre los demás países que ya están operando con los acuerdos comerciales firmados con países desarrollados. Luego de eso vienen todos los cuestionamientos que se le pueden hacer a una estadística. Lo cierto es que a veces hay que buscar el enemigo más adentro que afuera. Tal vez los TLC en países latinoamericanos no han ofrecido beneficios a la población en general, debido a la gran inequidad y falta de oportunidades que reina en nuestros países.

F.D.M.: ¿Cómo ve comercialmente a nuestro país en las próximas décadas?

J.A.A.: Pienso que si no tomamos medidas muy drásticas en materia de infraestructura y transformación productiva, estamos forzados a convertirnos en un destino de inversión de otras economías, y en mercados de expansión para estas. Sin embargo, si hacemos algo al respecto, pienso que Colombia podría convertirse en un jugador estratégico de la economía mundial. Nuestra posición geográfica es inmejorable, nuestra mano de obra es más calificada que la de muchos países de la región, tenemos en las manos la posibilidad de expandir las fronteras agrícola, minera y petrolera (ojalá lo hagamos responsablemente), y nuestra industria es fuerte al menos con respecto a la de muchos países de la región. Colombia ha sido históricamente un país con una clase industrial aguerrida, pujante, que no ha contado con subsidios ni incentivos y ha encontrado la forma de sobrevivir. Creo que si se implementaran las políticas de estado correctas, podríamos realmente llegar lejos.

F.D.M.: Existe un auge por suscribir TLC con diferentes países. ¿Es esto bueno para la economía, para el comercio, para el país?

J.A.A.: Es una buena pregunta. Aunque estoy de acuerdo en que Colombia necesita entrar en la era de los TLC para hacer parte del juego del siglo XXI, también pienso que entrar en un TLC debe ser el resultado de un estudio de complementariedad de las economías de los países que lo suscribirían. Hay TLC que se negocian más por razones políticas que económicas, como los de EE. UU. y la U. E., pero más allá de estos, pienso que todos los demás deberían suscribirse solo si hay estudios serios que comprueben que las economías de los países que entran en el juego son complementarias y puede haber beneficios mutuos. Por ejemplo, es importante destacar que mientras el TLC con los Estados Unidos fue sujeto de constantes críticas y escrutinio por parte de los diferentes sectores de interés, un TLC con un país tan poderoso como Corea del Sur ha pasado más bien desapercibido.

F.D.M.: Se podría afirmar que ¿pasamos de un Estado proteccionista a uno de libre inversión?

J.A.A.: Definitivamente estamos saliendo de la era del proteccionismo. Ahora bien, inversión es uno solo de los capítulos que algunos de los TLC consagran. Yo diría más bien, estamos pasando a un estado de libre comercio e inversión.

F.D.M.: ¿Qué podemos esperar de todas estas integraciones económicas?

J.A.A.: Puede sonar contradictorio, pero pienso que entrar en todas estas “integraciones económicas” puede ser una herramienta para fortalecer la soberanía y autonomía del país, y no para debilitarlas como frecuentemente se sostiene. Si hay un TLC con un país poderoso, tenemos una posición débil debido a que nuestras exportaciones, inversiones, etc., estarán íntimamente ligadas a lo que suceda con las relaciones con ese país. Por el contrario, si tenemos varios (un número prudente y estudiado) TLC con países fuertes de economías complementarias, nuestros productos, servicios e inversiones pueden tener no solo uno sino varios destinos. De esta manera podemos asegurar que nuestra economía no está hipotecada a un poderoso para quien nuestro mercado tiene un peso específico pequeño, sino que más bien tenemos un abanico de opciones para diversificar nuestros riesgos de comercio internacional.

Entrevista realizada por José Andrés Prada Gaviria, director de Foro de Derecho Mercantil Revista Internacional, (ago. 23 de 2013)