Seguridad social es la certeza de que la sociedad está libre de todo riesgo

Revista Nº 184 Jul.-Ago. 2014

Entrevista realizada por Javier N. Rojas 

a Samuel Arellano Vázquez 

Investigador mexicano del Centro Interamerican de Estudios de Seguridad Social 

En entrevista con ACTUALIDAD LABORAL, Arellano habla de los desafíos de Latinoamérica en este campo y de la situación actual de su país.

ACTUALIDAD LABORAL: En materia de seguridad social, ¿qué se puede aplicar hoy del industrial y pensador inglés Robert Owen?

Samuel Arellano Vázquez: Si se estudia la situación de los riesgos a los que hemos estado expuestos los seres humanos, en ciertas épocas de la historia, un referente siempre va a ser la Revolución Industrial y poco se habla sobre qué se hizo por los niños y por los adultos. Quienes trabajaban, realmente, en esas empresas, la mayoría, eran niños que estaban expuestos a una serie de accidentes y de enfermedades y no había ley que los protegiera. No había una limitación para aquello de contratar infantes. Era muy simple, cualquiera los podía contratar sin mayor problema. Robert Owen fue creando una teoría empírica. En un momento de reflexión, propone a los propios trabajadores (de una industria textilera en Inglaterra) que creen un fondo de ayuda en el que tuvieran reglas iguales: ganar lo mismo por una misma actividad, por consiguiente, estaban sujetos al mismo riesgo. No se podía pertenecer a ese grupo mutual, si no se cumplían esas condiciones. Eran, principalmente, para trabajadores obreros. Al estar sujetos al mismo riesgo, podían hacer uso de este fondo.

A. L.: ¿Qué tanta vigencia tiene hoy la mutualidad en el mundo?

S. A. V.: Muchísima, porque en ese momento se crea esa mutual con la condición de que iba a ser manejada y administrada por los propios trabajadores y, entonces, se hace una mutualidad sin fines de lucro, que es la mejor característica de este modelo.

A. L.: ¿Sobreviven figuras de esa naturaleza?

S. A. V.: Las mutualidades empezaron a florecer en Europa como viruela. Entonces, se llegó a tal punto que se formó el club de mutualidades en Bruselas (Bélgica). Pero, con el tiempo, se dijo: ¿por qué no invitar también a este club a las primeras instituciones de seguros sociales? En ese momento cambia su nombre por el de Asociación Internacional de Seguridad Social. Mutuales hay en todas partes del mundo, pero no son tan visibles como los seguros sociales. Sin embargo, en algún momento, se convirtieron en mutuales privadas. Entonces, en el mundo, hay mutuales con fines de lucro y sin él.

A. L.: ¿Las mutuales pueden formar parte del sistema de seguridad social de una nación en la actualidad?

S. A. V.: Sí y es un buen sistema. Afortunadamente, en la sociedad, tenemos esos instrumentos. No hay que apostar a un solo instrumento que podría ser el seguro social. Hay otros.

A. L.: ¿Los modelos referentes de seguridad social alemán y Atlántico pueden ser pilares al definir un sistema de seguridad social en una nación?

S. A. V.: Sí. Obviamente, los estudiosos prefieren el modelo inglés, porque ofrece la universalidad conforme a la cual cualquier persona que esté en ese país, automáticamente tiene derecho a la atención médica, aunque vaya de viaje. Tiene esa característica. En realidad, le dan al ser humano un trato como debe ser.

A. L.: ¿Y también incluyen la atención a las personas que están fuera de la economía formal?

S. A. V.: Sí. Allá no tienen esa situación como nosotros, que hablamos de la informalidad, de los trabajadores que no pagan seguridad social. Aquellas naciones no tienen ese conflicto, porque, al final de cuentas, el modelo es totalmente diferente. La manera de pensar fue, al inicio, diferente: decían que la gente paga, de todos modos, impuestos.

A. L.: ¿Hay naciones con modelos puros de seguridad social alemán o Atlántico?

S. A. V.: El Atlántico no lo he visto, pero hay países que tienen un modelo que se asemeja a este. Por ejemplo, Costa Rica es un país digno de admirar en América Latina, porque ofrece atención médica universal, inclusive para la población inmigrante y que está en el trabajo informal o, a veces, si no trabaja, de todos modos, tiene atención médica. De hecho, ese país vive una situación de mujeres nicaragüenses que se van allí a ser atendidas al momento del parto de manera gratuita. Entonces, los nicaragüenses, lo que no tienen en su país, van y lo obtienen en Costa Rica.

A. L.: ¿Se podría hablar de algunos países como referente mundial en cuanto a modelo de seguridad social?

S. A. V.: No quisiera hablar de un modelo. Tendríamos que ver qué se entiende por seguridad social. Esta es algo mucho más amplio. Hoy constituye un problema mundial entender la seguridad social de una manera más integral, porque los seres humanos estamos sujetos a riesgos que van más allá de la atención médica o de obtener una pensión. Por ejemplo, qué pasaría si una persona queda desempleada.

A. L.: ¿Cómo llegar a esa nueva definición integral y universal?

S. A. V.: He revisado muchas conceptualizaciones en las que me di cuenta de que ni siquiera al hacer un coctel sale una buena definición. Entonces, en algún momento, ya desesperado, me acerqué al Diccionario de la Lengua Española. Como seguridad social es una palabra compuesta, la separe y primero vi qué era seguridad y esta viene de certeza. Y la palabra social se refiere a la sociedad, pero a la sociedad mundial, no a la de un país. Si con esos elementos se quiere formar una definición, podría salir algo así: la seguridad social es la certeza de que la sociedad está libre o exenta de todo riesgo, peligro o daño. Cuando uno la ve, desde ese punto de vista, se podría pensar que es como estar en el cielo. Y es cierto, es algo utópico. Pero qué importa que se vea como una utopía, si es lo que yo quiero para todos. La seguridad social es un fin en el que hay que ir hacia allá y para hacerlo se necesitan instrumentos y se tiene que buscar que estos sean realmente buenos.

A. L.: ¿Cómo ve la seguridad social en el continente americano?

S. A. V.: No existe. Lo que sí hay es una gran inseguridad social. También puedo asegurar que existen seguros sociales malos y no estamos haciendo nada por mejorarlos. No deberíamos estar hablando de seguridad social, sino de seguros sociales que sí son los culpables, porque, al final de cuentas, si no hay medicamentos, los responsables son los seguros sociales, pues administran recursos para ese fin. Si hay problemas, en cuanto a cirugías, los culpables son los seguros sociales y detrás está un director médico y ahí es donde se debe poner atención. El término seguridad social se ha empleado mal en el ámbito político; se manosea demasiado. En consecuencia, resulta muy fácil utilizarlo, porque es como culpar a alguien que no existe.

A. L.: ¿Cómo se puede materializar esa nueva visión de la seguridad social?

S. A. V.: Bajo una cultura de lo que es la seguridad social y la prevención, porque esta es lo que más falta. Es más barato prevenir que curar y todavía seguimos hablando de que el problema es el Gobierno. Apenas ahora nos hemos dado cuenta de que las pensiones cuestan y son muy caras. Entonces, hay que prever y tener una cultura del ahorro que no existe en los niños, en los jóvenes, inclusive, ni en los adultos. Los gobiernos también deben fomentarlo mediante salarios que brinden capacidad para hacerlo.

A. L.: ¿Los Estados tienen un papel fundamental en la formación de esa cultura?

S. A. V.: El Estado tiene una gran responsabilidad, pero no toda. Hay otros instrumentos. Mediante los seguros sociales, el Estado atiende los riesgos a los que estamos sujetos. También existen seguros privados que deben tener conciencia de su responsabilidad social, al igual que las familias y cada uno de los seres humanos, en forma independiente. Somos instrumentos de la seguridad social y debemos cuidarnos a nosotros mismos.

A. L.: ¿Sería como revitalizar, en el mundo, la filosofía del mutualismo?

S. A. V.: Hay que fomentar una cultura de amor y de respeto a la vida. Pero depende de cómo nos vayamos manejando en las diferentes etapas de la vida. Hoy, en las ciudades modernas, como Bogotá o México, las estadísticas evidencian que la mayoría de las muertes que ocurren entre los jóvenes son por accidentes de tránsito.

A. L.: ¿Qué parámetros debe tomar en cuenta una sociedad para construir ese modelo integral?

S. A. V.: Primero, tener un plan integral muy claro y no hacer de lado el tema de la corrupción. Ahí ha faltado hacer algo, como poner penas dobles o triples para quien incurra en corrupción en instituciones de seguros sociales públicos. Ha faltado eso para que haya mejor manejo de los recursos de estas organizaciones.

A. L.: ¿La informalidad laboral ha sido impedimento para crear el modelo de seguridad social que imagina?

S. A. V.: La informalidad llegó para quedarse. Hay que aceptarlo y trabajar por otro lado. No sé si Colombia tiene la carrera de actuario. De hecho es un problema de muchos países y una nación que no dispone de actuarios bien formados, con experiencia en seguridad social, enfrenta una situación muy difícil. Es un problema mundial y de América Latina. En México, por ejemplo, sí tenemos diferentes universidades que brindan la carrera de actuario. Pero pasa algo muy curioso, al actuario le presentan tres opciones, cuando está estudiando la carrera: seguros privados, finanzas o seguridad social. El 99,9% de los alumnos se va a los seguros privados y a finanzas, porque les pagan bien. Al proponerles que se vayan a estudiar seguridad social responden que no, porque lo ven como burocracia, corrupción y, además, no pagan bien. Entonces, el gran problema que tenemos en América Latina es que los actuarios, con experiencia en seguridad social, se cuentan con las manos y, a lo mejor, con una sola mano. Una acción inmediata es que los países cuenten con esta especialidad.

A. L.: Pero, ¿cómo lograr que los trabajadores informales tengan acceso a seguridad social?

S. A. V.: Existen varias teorías. Una de ellas propone crear un impuesto a la seguridad social y que todos los ciudadanos lo paguen dentro del consumo, porque así nadie se escapa. Estando en la formalidad o la informalidad todos pagamos. Si el trabajar informal que compra en el supermercado está pagando igual que una persona con trabajo formal, también puede tener el derecho a la seguridad social.

A. L.: ¿Qué se financiaría con esos recursos?

S. A. V.: Podríamos pensar, inclusive, que el día de mañana todo el mundo pueda tener acceso a una pensión. Imaginemos una pensión universal que, a determinada edad de la gente, esté garantizada, aunque sea modesta. Pero, al final de cuentas, no se deja a la población en desamparo.

A. L.: ¿Cómo pueden ser menos vulnerables los países, en materia de seguridad social, cuando sobrevienen crisis económicas?

S. A. V.: Si no mejoramos en aprovechar los recursos, nuestras economías no van a crecer como debería ser y no se van a desarrollar. Estos son dos conceptos diferentes. Una cosa es crecer y otra desarrollarse. El desarrollo da la pauta para mejorar y nosotros no vemos esa situación. En el discurso, siempre nos dicen que está creciendo el producto interno bruto (PIB). Pero, al final de cuentas, vemos que a pesar del crecimiento no mejora el salario o no vemos que mejoren otras cosas. Entonces es ideal que los países se preocupen más por el desarrollo que por el crecimiento.

A. L.: ¿Cómo ve el panorama de México en cuanto a pensiones?

S. A. V.: Es muy triste. Realmente, los escenarios no son muy halagadores, porque en todos los países que nos hemos ido por el modelo de las cuentas individuales, primero, ya no hay un sistema solidario y, segundo, las condiciones del mercado financiero no son las más adecuadas. Por ejemplo, en México hay menos de 200 empresas que cotizan en bolsa, y estas las podemos reducir a 40 familias. Esas familias se ponen de acuerdo y son las que manejan la bolsa. Es muy diferente la bolsa de Nueva York, donde hay más de 60.000 empresas que cotizan allí. O sea, nuestros países todavía no están a ese nivel como para decir que pueden manejar cuentas individuales y que ese dinero se va a incrementar. Para México, podría ser un sueño que tuviéramos el sistema de Costa Rica, que es de capitalización colectiva. Tienen un sistema mixto que también es de capitalización individual, pero muy pequeño.

A. L.: Y en materia de salud, ¿qué puede decir?

S. A. V.: Hay grandes retos. Como tenemos una pobreza muy grande, tendríamos que apuntar a lo que se conoce como las enfermedades de la pobreza. Pensamos que cuando hablamos de enfermedades es igual para todos y no. Hay enfermedades exclusivas de la pobreza. Y por qué se han creado estas, porque el pobre no tiene dinero para pagar los medicamentos, y los laboratorios dicen que no van a crear un medicamento para alguien que no lo paga. Por ejemplo, el mal de Chagas ahora es un problema mundial.