Sentencia 500131100031998070701 de julio 12 de 2005 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL

Exp.: C-0500131100031998-07-07-01

Magistrado Ponente:

Dr. Jaime Alberto Arrubla Paucar

Bogotá, D.C., doce de julio de dos mil cinco.

EXTRACTOS: «Consideraciones

1. En todos los cargos el recurrente enfrenta la conclusión del tribunal relativa a que la cláusula manuscrita en el testamento contenía un legado de género, pero que como no se determinó la cosa sobre que recaía ni se podía establecer la cantidad o cuota que le cabría a cada legatario en los títulos nuevos, dicha cláusula debía tenerse por no escrita.

2. En la sucesión por causa de muerte, el asignatario de una herencia o de una especie debe ser una persona cierta y determinada, para saber quién es, salvo los casos exceptuados. La misma regla cabe predicarse de la materia o contenido de la asignación, porque esto precisamente permite establecer a qué tiene derecho el asignatario.

Con relación a los legados o asignaciones a título singular, que es lo que interesa al caso, el artículo 1124 del Código Civil, exige que las especies sean “determinadas”, lo cual significa que no debe haber duda acerca de su género, calidad y cantidad; y si de “géneros y cantidades” se trata, igualmente que sean determinadas o que al menos “puedan serlo”.

El mismo precepto establece que si las asignaciones de género o cantidades son indeterminadas o indeterminables, deben tenerse por no escritas. Esto porque como desde antaño lo tiene explicado a la Corte, “faltando la determinación de la cosa asignada, faltaría el objeto de la asignación y no se podría saber cuál fuera la voluntad del testador” (1) .

Como el género se determina por la especie, es claro que dicho género puede ser ilimitado o limitado, según comprenda, con relación a la misma especie, clases distintas de cosas o a una sola clase de cosas. El primero es el que resulta indeterminable, porque comprendería cosas sin valor cierto. Así, legado un animal, la asignación podría cumplirse entregando uno cualquiera, como una mosca, lo que no ocurriría cuando es limitado, porque si se asigna un caballo necesariamente tendría que pagarse uno de esa clase.

En este último evento la indeterminación de la cosa estaría en relación con que dicho género sea más o menos general o comprensivo. “Así, legado de género es el de cien caballos; de género más limitado aun: cien caballos de carrera y todavía más: cien caballos de carrera de sangre inglesa” (2) . “En todos estos casos la determinación del objeto vale para la asignación, es decir, esta podrá y deberá cumplirse porque se halla determinada la cosa asignada” (3) .

3. Frente a lo anterior, es incuestionable que la cláusula adicional del testamento, sobre que si al fallecimiento de la testadora, “no existieren algunos o todos los títulos mencionados en la cláusula quinta que contiene el inventario, pero existieren otros nuevos, estos se repartirán como se dijo en el testamento”, contiene legados de género determinables, porque se refieren, dentro de los distintos bienes relacionados, inmueble, muebles y títulos, a la clase de estos últimos.

En el testamento se distinguen claramente dichos títulos del inmueble y de los muebles, no solo porque en ninguna parte la testadora designa el inmueble o los muebles como títulos, acepción con la que entre otras cosas no se identificarían, sino porque luego de relacionar el CDT de Alidadas S.A., los bonos de la Corporación Financiera S.A. y los dos CDT de Coltefinanciera S.A., siempre mencionó dichos títulos como “acciones, bonos y CDT”.

En efecto, una vez identificó los ocho legatarios de tales títulos, a cada uno le asignó determinada cantidad de dinero, cantidad que igualmente representó, al momento del pago, en un porcentaje, 11, 55% para unos y para otros el 5,76%, 5,77%, 3,75% y 1,16%, calculado sobre el “valor total de las acciones, bonos y CDT”, teniendo como base el “valor nominal y el valor de los bonos y CDT que figuran en los títulos”.

Por esto, instruyó al albacea para que al momento de hacer los pagos, tuviera en cuenta el “porcentaje que se menciona en cada asignación”, dado que tal porcentaje sería la “guía de repartición”, aclaración que la testadora consideró pertinente porque si moría “dentro de 10 años y si continúa el ritmo de inflación actual, $ 2.000.000 pueden equivaler a $ 2.000, mientras el valor de las acciones, bonos y CDT, pueden estar más o menos compensados con la inflación”. Desde luego que ningún porcentaje consignó cuando asignó el inmueble y los muebles.

En el “otro sí” del testamento la testadora manifestó que si al momento de morir no existían los anteriores títulos, pero existieren “otros nuevos, estos se repartirán como se dijo en el testamento”. Ahora, si a cada asignación le señaló un porcentaje del valor total de las “acciones, bonos y CDT”, es claro que la cantidad o cuota que a cada legatario le cabría en esos “otros nuevos” títulos que existieren a su muerte, perfectamente se encuentra determinada, porque el reparto de los mismos se tenía que hacer conforme a la prevista “guía de repartición”.

Así las cosas, los legados de género contenidos en la cláusula adicional del testamento no solo eran determinables, sino ciertos respecto de la cantidad o cuota de cada legatario. Empero, como el tribunal concluyó que la anotada disposición debía tenerse por no escrita, por ser indeterminables e inciertos los legados, esto pone de presente que el error de hecho que en todos los cargos se denuncia en la apreciación del testamento, incluida su cláusula adicional, existe, porque si no lo comete habría comprobado, en los términos de la norma citada, la eficacia de la cláusula adicional.

4. Siendo eficaz, entonces, la disposición en cuestión, esto habilita el análisis del resto de la acusación, la cual pendía, como era apenas lógico, del resultado anterior, acusación que en realidad se reduce a establecer el significado de títulos “nuevos” contenida en la cláusula adicional del testamento y a determinar si los títulos que se relacionan en la demanda, todos o algunos de ellos, tenían la categoría de “nuevos”.

Es regla de principio que en la inteligencia y efecto de un testamento hay que hacer prevalecer la voluntad del testador claramente manifestada y que solo cuando las palabras utilizadas para expresar esa voluntad dejan duda acerca de su verdadera intención, es necesario escudriñar esa voluntad, dirigiéndola más a la sustancia de las disposiciones (4) .

4.1. Sostiene el recurrente que en el testamento aparece claro el propósito de la testadora de que sus bienes se repartieran en la sucesión testada y no en la intestada, porque al decir que al “momento” de otorgar dicha memoria era propietaria de los bienes que inventarió, es de entender que esos bienes eran los “únicos” que constituían su patrimonio; y porque si la causante no mencionó a las demandadas como herederas de remanentes, lo que normalmente hubiera hecho si existieran, le habría bastado el silencio para afirmar su voluntad de que todo lo nuevo fuera para sus sobrinas.

Como entre esos bienes no se encontraban los títulos que se relacionaron en la demanda, incluidas las acciones de Bavaria S.A. y de Valores Bavaria S.A., todo lo cual también se inventarió en el proceso de sucesión de la causante María Cristina Moreno Calle o Moreno de Henao, el recurrente concluye que necesariamente calificaban como “nuevos” para los efectos de la cláusula adicional del testamento.

El tribunal afirmó que la expresión títulos nuevos a que se refería dicha cláusula, debía remitirse a los que no existían al momento de otorgarse el testamento, porque la intención de la testadora había sido legar únicamente los bienes que había especificado. Esto significa que el sentenciador consideró que la sucesión era mixta, testada en los bienes y títulos relacionados en esa cláusula, así como en los títulos que aparecieran posteriormente, e intestada en los demás bienes, incluidos los títulos, que no obstante existían al momento del testamento no fueron inventariados en este.

Confrontada la interpretación anterior con la que propone el recurrente en los cargos primero y tercero, claramente se advierte que la del tribunal no es arbitraria. Si bien al “momento” del testamento la testadora manifestó que era propietaria de los bienes que inventarió, de ahí no podía seguirse, fatalmente, que como eran los “únicos” bienes que constituían su patrimonio, su voluntad se orientó a que todo su haber tenía que repartirse en la sucesión testada.

Lo anterior porque si en la demanda también se solicitó que se declararan como “intestados” ciertos bienes, la cama de hospital con motor eléctrico, la cuenta de ahorros, la silla reclinable y la silla de ruedas, esto debilita la tesis sobre que la ley del testamento era la única que regía la repartición del patrimonio de la causante. Si los citados bienes no los inventarió la testadora en su memoria, necesariamente debía seguirse que no era cierto que su único patrimonio lo constituía el inventario del testamento, salvo claro está que los bienes intestados hayan sido adquiridos después de otorgado, pero en ninguna parte del proceso esto fue planteado.

El recurrente afirma que si la testadora no asignó los remanentes, lo que normalmente hubiere hecho si existieran, debía entenderse que los bienes que inventarió en el testamento constituían su único patrimonio, y que, por lo tanto, la sucesión era exclusivamente testada. Interpretación que tampoco puede ser cierta, porque si la causante quería repartir todos los bienes a su entera voluntad, habría tenido que asignar esos remanentes, pero como no lo hizo, esto indicaba que existían otros bienes, como se constata en la pretensión segunda, y que la sucesión era testada e intestada.

Desde luego que el silencio de la testadora sobre la asignación de remanentes de ninguna manera conduce a concluir que la sucesión era testamentaria, porque con o sin asignación, las demandadas recogerían esos remanentes, dado que amén de legatarias, también son herederas, como en efecto así se les reconoció en el proceso de sucesión. Por lo tanto, como en las demandadas las calidades de herederas abintestato y testamentarias son compatibles, lo relativo a que “bastaba el silencio” para considerarlas herederas de los remanentes, ninguna consecuencia práctica traería.

Esto último confirma que la expresión títulos “nuevos” no admitía la interpretación de “distinto” o “diferente”, como se sostiene en el cargo segundo, porque si bien “nuevo” también tiene esa significación, según el Diccionario de la Lengua Española, la definición no aplica para establecer si un bien es nuevo, sino que se utiliza para denotar algo “diferente o distinto de lo que antes había o se tenía aprendido”.

Además, porque si la asignación a título singular se entendía revocada por la “enajenación de las especies legadas, en todo o en parte, por acto entre vivos” (C.C., art. 1193-2), el hecho de que la testadora haya dispuesto de las especies legadas, no podía interpretarse que como la expresión títulos “nuevos” del “otro sí” del testamento preveía que los legados dejarían de existir, el legado comprendía los títulos que existiendo al momento de dicho acto, la testadora no los relacionó, o que los legados tenían que pagarse con los títulos no inventariados, bajo el prurito de que la causante quiso que los legatarios participaran por igual en el total de los títulos.

4.2. El error de hecho en la apreciación de los inventarios y avalúos, denunciado en los cargos primero y tercero, existe, porque de su contenido no podía concluirse, como lo hizo el tribunal, que los títulos de las acciones “Bavaria S.A.” y “Valores Bavaria S.A.”, no tenían la connotación de nuevos, dado que la testadora no los asignó, “pese a que existían en su patrimonio, no solo en el instante de testar, sino también al momento de fallecer'', pues si el sentenciador tuvo en cuenta para ese propósito el valor de cada acción para la “última vigencia fiscal en vida de la causante”, según se afirmó en dicha acta, no percató, sin embargo, que el testamento se otorgó en una vigencia fiscal anterior, en el entendido claro está que la “última vigencia fiscal” a que hacía referencia correspondía al año de la muerte de la testadora.

Lo anterior, empero, no es suficiente para casar la sentencia recurrida en casación, porque, en adición, el tribunal concluyó que el demandante tampoco había demostrado, “como era su deber hacerlo (CPC, art. 177), que los aludidos títulos tuviesen la calidad de nuevos, en los términos indicados por la nombrada causante en su testamento”. En ninguno de los cargos el censor pone de presente que contrario a lo que arribó el tribunal, en el proceso sí existían elementos de juicio para concluir que todos los títulos o algunos de ellos, incluidas las precitadas acciones, fueron expedidos después del testamento, argumento que por estar amparado por la presunción de acierto, sería suficiente para mantener en pie la sentencia.

4.3. Por último, no es cierto que el tribunal haya concluido que encontrado un título que no tenía la connotación de nuevo, los restantes títulos, de rebote, tampoco lo eran, como se sostiene en el resto de la acusación. El tribunal, desde luego, tuvo que ver que el demandante había solicitado que sobre cada título se hiciera la declaración de testado, porque lo relativo a que no podía hacerlo se fundamentó en algo totalmente distinto, como es que una decisión en ese sentido “eventualmente comprometería a personas que no fueron parte en el proceso, en el caso de surgir nuevos herederos de la causante, no reconocidos en la causa mortuoria”.

No debe olvidarse, en efecto, que la causante también instituyó como legatarios a la Fundación Pro-débiles Auditivos, al Seminario Conciliar de Medellín, a la Parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Buenos Aires, a los Misioneros Combrosianos, al Asilo de Ancianos de San Juan de Niquitao y Amparo del Socorro Arbeláez Zapata, ninguno de los cuales fue demandado ni citado. Por supuesto que si no era necesario vincular a los anteriores al proceso para resolver sobre cada título en particular, al recurrente le incumbía combatir dicho argumento, pero como no lo hizo, lo Corte no puede investigar de oficio si es o no acertada la decisión, dado el carácter estricto y dispositivo del recurso de casación.

5. Así las cosas, ninguno de los cargos se abre paso, porque el éxito del recurso no solo pendía que se confirmara la existencia del “otro sí'' del testamento, sino que las demás acusaciones también salieran avante.

Decisión

Por lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO CASA la sentencia de 10 de agosto de 2001, proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, Sala de Familia, en el proceso ordinario de Carlos Eduardo Hoyos Henao, como albacea testamentario de la sucesión de María Cristina Moreno Calle o Moreno de Henao, contra Eugenia de Jesús y María Gabriela Mejía Moreno.

Las costas del recurso corren a cargo de la parte demandante recurrente. Tásense.

Cópiese, notifíquese y devuélvase el expediente al tribunal de origen».

(1) Sentencia de 10 de noviembre de 1922, XXIX-304.

(2) Carrisoza Pardo, Hernando. Las sucesiones. Ediciones Lerner, 4ª edición, pág. 330.

(3) Claro Solar, Luis. Explicaciones de derecho civil chileno y comparado. T. XIV-358.

(4) Cfr. G.J., T. L-105 y sentencia de 30 de noviembre de 1983, sin publicar oficialmente.

_____________________________