Sentencia 10096 de noviembre 26 de 1997 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN LABORAL

PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES

LA COMPAÑERA PERMANENTE COMO BENEFICIARIA

EXTRACTOS: «Es indiscutible en este proceso —porque así lo asentó el fallador y no lo controvierte la impugnante—, que al menos durante los nueve años anteriores al deceso del asegurado Orlando Castaño, su esposa no convivió con él; que por el contrario, la demandante ostentó la condición de compañera permanente en dicho período, hasta el día de la muerte del compañero acaecida el 22 de mayo de 1993; que fruto de esta unión procrearon dos hijos, y que la actora es la única reclamante en este proceso de la cuota de la pensión de sobrevivientes respectiva.

Para absolver a la demandada del pago de la referida pensión consideró el Tribunal, que sólo falta el cónyuge sobreviviente por muerte real o presunta, nulidad del matrimonio civil o eclesiástico, divorcio del matrimonio civil y la separación legal y definitiva de cuerpos y de bienes; y como el occiso no estaba separado legalmente de cuerpos dedujo que la compañera permanente no tiene derecho a la “sustitución pensional”.

Debe acotarse en primer lugar, que la jurisprudencia de esta Sala ya ha precisado que para efectos de la susodicha pensión de sobrevivientes se entiende que no sólo falta el cónyuge en algunos de los eventos mencionados por el Tribunal, sino también cuando cesó definitivamente la convivencia entre los esposos mucho antes del fallecimiento de uno de ellos, salvo que el otro cónyuge se hubiere encontrado en imposibilidad de mantener la comunidad de vida matrimonial por el abandono del hogar del primero sin justa causa o por haberle impedido su acercamiento o compañía, que es precisamente la excepción contenida en el artículo 30 del Acuerdo 049 de 1990, aprobado par el decreto 758 del mismo año. Este criterio jurisprudencial halla respaldo en sentencia de la Corte Suprema del 13 de diciembre de 1994, en la que se expresó:

“...El derecho pretendido por la demandante está cabalmente tutelado por el ordenamiento jurídico al haber integrado con el pensionado un hogar durante 6 años, aunque no al amparo de un vínculo matrimonial, si fruto de la voluntad responsable de conformar una familia, en los términos del artículo 42 de la Constitución Política (...).

Y es necesario precisar que no sólo falta el cónyuge en los eventos de muerte, nulidad de matrimonio o divorcio de matrimonio civil, previstos con carácter enunciativo por el artículo 6º del Decreto 1160 de 1989, sino también en el caso gobernado por el artículo 7º ibídem, en que los cónyuges dejaron de cohabitar por circunstancias no imputables al pensionado fallecido, porque tal hipótesis está legalmente erigida como causal de pérdida del derecho, que entra a adquirirlo quien sí conformó una convivencia permanente con él en las postrimerías de su existencia y durante el lapso legal...”.

Dada la época del fallecimiento del asegurado (mayo de 1993), conforme al Acuerdo 049 de 1990, aprobado por el decreto 758 del mismo año, sería en principio beneficiario de la pensión de sobrevivientes el cónyuge; empero, al faltar éste, ostenta la titularidad de ese derecho el compañero o compañera permanente.

Como con acierto lo destaca la censora, no le incumbía a la demandante (única reclamante de la pensión), la carga de la prueba sobre los motivos de la no convivencia entre los esposos o sobre la extinción del derecho del cónyuge —que inclusive puede ignorar por completo, por ser precisamente ajena a la relación conyugal—, porque así se desprende de los artículos 27 y 30 del Acuerdo 049 de 1990, en armonía con los artículos 6º y 7º del Decreto 1160 de 1989 y 177 del Código de Procedimiento Civil.

No está por demás agregar, que el precepto aplicable (Ac. 049/90, art. 30, num. 1º), prescribe que el cónyuge pierde el derecho a la pensión de sobrevivientes cuando “...en el momento del deceso no hiciere vida en común con el causante, salvo que se hubiere encontrado en imposibilidad de hacerlo porque éste abandonó el hogar sin justa causa o le impidió su acercamiento o compañía. En este evento el cónyuge o compañera permanente del causante no tendrá derecho la pensión de sobreviviente” (subraya la Sala). Por tanto es lógico colegir que, a contrario sensu, en la primera hipótesis regulada por esta norma, en que la ausencia de convivencia entre cónyuges se origina en circunstancias distintas de las exceptuadas expresamente por el reglamento, sí le corresponderá el derecho al respectivo compañero permanente, único reclamante de la respectiva pensión.

Sobre el aspecto aquí debatido, esta Sala de la Corte ha precisado:

“La consideración conforme a la cual el Tribunal, fundado en la equidad, estimó que debía reconocer a la demandante la pensión de sobrevivientes, podría aparecer que desbordara en principio —como lo anota el instituto recurrente— el texto de la norma del reglamento relativo a la posibilidad de sustitución pensional a la compañera permanente. Pero ocurre que la regla de juicio sobre carga de la prueba (CPC, art. 177), aplicada al artículo 27 del citado acuerdo 049, no le asigna al compañero la prueba de la extinción del derecho del cónyuge. Y aunque la norma reconoce que la prerrogativa del derecho a recibir la pensión es, en primer lugar, del cónyuge sobreviviente, no le impone al compañero, como único reclamante de la pensión, la carga de demostrar el hecho extintivo para el acreedor prevaleciente, esto es, que ha ocurrido alguno de los casos de falta del cónyuge que la misma norma enumera.

De acuerdo con lo anterior, si la compañera permanente afirma en juicio, como presupuesto de su pretensión, que tuvo esa condición respecto del pensionado con quien dice haber hecho vida marital hasta la fecha del fallecimiento del causante, y sólo ella acude a reclamar o a demandar judicialmente la sustitución de la pensión, ni el obligado a pagarla ni el juez pueden exigirle que acredite un hecho que no le corresponde demostrar y que incluso puede ignorar totalmente, pues sería tanto como decir que el titular de un derecho debe probar, además de su existencia, que no se ha producido su extinción o modificación, o que no ha ocurrido algún hecho impeditivo de su nacimiento”.

En consecuencia, interpretó erróneamente el Tribunal las disposiciones enunciadas en el cargo, por lo que este prospera, sin que sea necesario estudiar los restantes por perseguir el mismo objetivo.

Son consideraciones de instancia:

Ya se anotó la indiscutible calidad de compañera permanente de la demandante, al mantener una unión por largos años con el asegurado Orlando Castaño, fruto de la cual se procreó a Jefferson Steele y Mishel Castaño Vélez de 7 y 5 años aproximadamente, convivencia que perduró hasta que se produjo la muerte del compañero.

De otra parte, no aparece demostrado que ante el instituto demandado se hubieran presentado otras personas a reclamar la sustitución pensional y menos que existiera controversia entre beneficiarios. Sólo la compañera concurrió y demostró con las pruebas correspondientes los fundamentos de su derecho, entre otros, el requisito de cotizaciones reglamentariamente exigido, por lo que no resulta atendible la negativa del lSS a pagar a la demandante el derecho pretendido.

Por todo lo anterior, se confirmará la sentencia de primera instancia».

(Sentencia de casación, noviembre 26 de 1997. Radicación 10.096. Magistrado Ponente: Dr. José Roberto Herrera Vergara).

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