Sentencia 10385 de marzo 20 de 1997 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

ACCIDENTES DE TRÁNSITO

IMPRUDENCIA DEL PEATÓN

EXTRACTOS: «En sentir de la Sala, está plenamente acreditada la culpa exclusiva de la víctima como causa del daño.

Antes de sopesar las circunstancias fácticas que enmarcan el caso sub judice, la Sala, en primer lugar, hará una breve presentación de las reglas pertinentes sobre el uso de las vías públicas, para una mejor comprensión de la razón del fallo.

El artículo 109 del Decreto-Ley 1344 de 1970, estatuto nacional de tránsito modificado por el Decreto 1809 de 1990, estipula que toda persona que tome parte en el tránsito, como conductor o peatón, está en el deber de comportarse en forma que no perjudique a los demás y con conocimiento y cumplimiento de “las normas de tránsito” dictadas por la autoridad competente. La autopista está definida como una vía especial diseñada para “altas velocidades” y el paso peatonal a desnivel es el “puente o túnel diseñado especialmente para que los peatones atraviesan la vía”. (art. 2º).

En el sector urbano, la autopista tiene la mayor prelación de tránsito después de la vía férrea a términos del artículo 110 ibídem. Conforme con el artículo 130 de ese estatuto, en las vías de tres carriles como la comprometida en el sub examine el central se usa para desarrollar mayores velocidades a menos que exista expresa señal en contrario. Si bien la velocidad máxima será de 60 kilómetros por hora, la autoridad competente, según las condiciones de la vía o del tramo, puede señalar otra inferior o superior. Al peatón le está prohibido “invadir la zona destinada al tránsito de vehículos” (art. 123) y el cruce de las vías lo debe hacer conforme las normas de tránsito, vale decir: usando los pasos peatonales de nivel o desnivel o con el cuidado y la seguridad de tener vía libre (arts. 120, 121, 123). Los conductores, por su parte, deben respetar los cruces peatonales a nivel, las bermas y andenes o áreas destinadas para los peatones y disminuir la velocidad cerca de zonas escolares o de gran afluencia de peatones (art. 148). En términos generales, esas son las normas básicas que el ordenamiento ha dispuesto para el correcto y seguro uso de los espacios públicos llamados vías o calles, por parte de peatones y conductores. Como se verá, en el sub judice, el peatón no se sometió a ellas.

(...).

La Sala relieva la existencia del puente peatonal puesto al servicio de los usuarios de esa vía desde mayo de 1989, según constancia visible al folio 56. Los peatones tienen deberes y responsabilidades ineludibles al usar las vías públicas, también compartidas por automovilistas. Como se vio, a unos y otros el reglamento les impone reglas de uso de calles, avenidas y autopistas que no pueden soslayarse a la hora de definir la responsabilidad civil de los daños ocasionados por el mal uso de esos espacios públicos. En el sub judice, el actor, en aras de su seguridad, debió simplemente usar el puente peatonal para hacer el cruce de la autopista, puente que tenía a escasísimos metros de la peligrosa línea por donde se aventuró a pasar.

Cuando el peatón rehusa utilizar el puente diseñado específicamente para su seguridad y osa cruzar una congestiona autopista, es decir, el área de circulación de los vehículos, confiando en sus capacidades físicas para eludirlos, ejecuta una actividad peligrosa de la misma estirpe jurídica de la que en ese momento, están ejecutando los automovilistas. Ninguna presunción de responsabilidad puede aplicarse, en tal evento, para hallar al sujeto obligado a resarcir los daños. Cada parte queda obligada a demostrar el debido cuidado puesto en su operación y quien no lo pruebe cargará con la incertidumbre.

En el caso de autos, la imprudencia del peatón, es decir su falta de cuidado y diligencia al cruzar la autopista, consistente en abstenerse de usar el puente peatonal y arriesgarse a hacerlo a pie, en cierto grado de ebriedad, fueron la única y exclusiva causa del daño. La supuesta velocidad excesiva de la ambulancia, que en el expediente obra como un mero indicio, no contribuyo a la producción del accidente. La velocidad máxima autorizada en esa vía aparentemente era la de 60 km. por hora. A esa velocidad, menor a la que supuestamente iba la ambulancia, también el accidente se había producido si se tiene en cuenta que éste iba por el carril central y se halló sorpresivamente al peatón en trance de cruzar la calzada por área no permitida; y habiendo como había un puente peatonal ahí cerca, que le transmitía al conductor de la ambulancia la confianza de no toparse de repente con peatón alguno.

En el caso bajo estudio, ninguno de los hechos básicos propuestos como fundamento de las pretensiones fueron debidamente demostrados. La ambulancia hacía uso correcto de la vía y por lo mismo no puede predicarse falla alguna del servicio. La parte demandada, en cambio, demostró la culpa de la víctima en cuanto ésta, alicorada, usó en forma irreglamentaria e imprudente la autopista. El indicio de que el vehículo oficial iba a una velocidad superior a la permitida, no alcanza a configurar la hipótesis de la concurrencia de culpas porque dadas las circunstancias del caso, aunque hubiera ido en el límite recomendado, la aparición repentina de un peatón en el carril de velocidad de la autopista, resulta la real y única causa del accidente y no la velocidad del vehículo, general y obligatoriamente alta en ese tipo de vías.

En suma, muestra el asunto sub judice que no se dio el nexo causal que permita imputar a la administración la ocurrencia del hecho perjudicial».

(Sentencia de marzo 20 de 1997. Expediente 10.385. Consejero Ponente: Dr. Carlos Betancur Jaramillo).

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