•Sentencia 11187 de junio 29 de 1999

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN PENAL

HOMICIDIO CULPOSO EN ACCIDENTES DE TRÁNSITO

EL CONCEPTO DE EXCESO DE VELOCIDAD

EXTRACTOS: «Es un hecho cierto que el tribunal al referirse a la culpabilidad del procesado, a título de culpa (por imprudencia y violación de los reglamentos) dedujo como factor generante de la misma el exceso de velocidad que infirió de la concurrencia de distintos elementos.

(...).

En este ejercicio de analizar los hechos y las circunstancias que los rodearon, para determinar el grado de responsabilidad del señor Martínez Sánchez, no se encuentra una inferencia absurda o que desconozca el sentido común del diario acontecer. Todo lo contrario, la misma aparece sensata y racional.

Lo que ocurre es que el libelista vincula impropiamente el concepto de exceso de velocidad con el de la velocidad mayor a 80 Km. por hora, sobre la base de que el hecho sucedió en vía rural y que tal es el promedio máximo autorizado en el Código Nacional de Tránsito. Por eso aduce que si bien es cierto que el peso del vehículo y la rudeza del material sobre el cual colisionó el campero, explican los daños sufridos, es “imposible inferir (de allí) el exceso de velocidad, esto es, su desplazamiento a más de ochenta kilómetros por hora”.

No repara entonces en que el concepto de exceso de velocidad viene deducido en la sentencia de segunda instancia no solo para oponerlo al de la velocidad “moderada que se dijo observaba el procesado” sino en relación con el “contexto espacial indicado en el croquis y mapas obrantes en el proceso”, para agregar, como fundamento del reproche, que tampoco la ausencia de señalización que alertara sobre el impreso a una curva lo “relevaba del deber de disminuir la velocidad” al abordarla.

Es que una mínima consideración de prudencia conduce a entender que los límites de velocidad, como máximos permitidos por la ley, no son autorizaciones que permitan ignorar criterios o factores que deben valorarse para definir la velocidad a que se marcha: la nocturnidad, la iluminación de la vía, su amplitud o estrechez, la proximidad de automotores que circulen en sentido contrario, la existencia de zonas pobladas o de vías adyacentes, son todos elementos que los artículos 109 y 138 del mismo Código de Tránsito,(1) y un razonable buen juicio, alertan como exigencias para la reducción de la velocidad. Y, por tanto, su ignorancia, revela falta de cuidado en la actividad de conducir.

(1) ART. 109.—Toda persona que tome parte en el tránsito como conductor o como peatón, deberá comportarse en forma que no incomode, perjudique o afecte a las demás y deberá conocer y cumplir las normas de tránsito que le sean aplicables, así como obedecer las indicaciones que le den las autoridades de tránsito. Además observará las señales de tránsito que determine el Instituto Nacional de Transporte y Tránsito.

ART. 138.—Los conductores deberán disminuir la velocidad en los siguientes casos:

1. En los lugares de concentración de personas. 2. Cuando se reduzcan las condiciones de visibilidad. 3. Cuando transiten cerca de las aceras. 4. Cuando se corra el riesgo de salpicar a peatones o edificaciones. 5. Cuando las señales de tránsito así lo ordenen.

PAR.—En los casos anteriores, la velocidad máxima permitida será de treinta (30) kilómetro por hora.

Ni los reglamentos, ni las señalizaciones del tráfico, son siempre suficientes como para predicarse agotados en ellos la medida del deber de cuidado. Esta clase de actividad está enfrentando de manera constante múltiples circunstancias peligrosas para los bienes jurídicos, que deben poderse sortear. Precisamente por ello es riesgosa y exige desarrollar ciertas habilidades y un actuar que considere, como regla indeclinable, que nada que incremente dicho riesgo es jurídicamente permitido. De ahí que, se repita, el debate acá no pueda circunscribirse en la línea en que lo propone el recurrente (el tope de los 80 Kms. por hora) sino de cara a las condiciones del momento; la nocturnidad, la deficiente iluminación, la circunstancia de tratarse de un festivo, que aumentaba el volumen del tráfico vehicular, la curvatura de la vía, la presencia de vehículos circulando en sentido contrario, son todos factores que conducen a la Corte a avalar la inferencia del tribunal en torno a que la velocidad era excesiva para ese momento y que fue la misma, y no otra, la causal del descontrol del campero y, subsiguientemente, del resultado dañoso que con ello se produjo».

(Sentencia de casación, junio 29 de 1999. Radicación 11.187. Magistrado Ponente: Dr. Carlos E. Mejía Escobar).

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