Sentencia 11250 de marzo 2 de 2000 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

PERJUICIO FISIOLÓGICO

DEBE LLAMARSE PERJUICIO DE PLACER

EXTRACTOS: «El mal llamado perjuicio fisiológico se conoce en el derecho francés como perjuicio de placer (préjudice d''agrément), loss of amenity of the life (pérdida del placer de la vida) en el derecho anglosajón o daño a la vida de relación en el derecho italiano (1) .

(1) Algunos autores han sugerido llamar a este perjuicio préjudice de désagrément, perjuicio por desagrado. Cfr. Yvez Chartier citado por Javier Tamayo Jaramillo, De la Responsabilidad Civil, T. II, De los perjuicios y su indemnización. Bogotá, Edit. Temis, 1986. P. 147

La jurisprudencia francesa ha definido este particular tipo de daño tomando como marco de referencia la Resolución 75-7 del Comité de Ministros del Consejo de Europa relativo a la reparación de daños en caso de lesión corporal, adoptada el 14 de marzo de 1975, según la cual la víctima debe ser indemnizada de “diversos problemas y malestares tales como enfermedades, insomnios, sentimientos de inferioridad, una disminución de los placeres de la vida causada principalmente por la imposibilidad de dedicarse a ciertas actividades placenteras” (2) (se subraya).

(2) Max Le Roy. L''evaluation du préjudice corporel. Paris, Libraire de la Cour de Cassation, 1989. P. 66.

La indebida utilización del concepto fisiológico parece derivarse de una mala traducción e interpretación de la jurisprudencia francesa, la cual en una sentencia de la Corte de Casación del 5 de marzo de 1985 distinguió entre el daño derivado de la “privación de los placeres de una vida normal, distinto del perjuicio objetivo resultante de la incapacidad constatada” y los “problemas psicológicos que afectan las condiciones de trabajo o de existencia de la vida”. El perjuicio psicológico, de acuerdo con esta distinción, constituye un perjuicio corporal de carácter objetivo que se distingue esencialmente del perjuicio moral reparado bajo la denominación de perjuicio de placer (3) .

(3) Ibídem, p. 67.

Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que el adjetivo fisiológico que hace referencia a disfunciones orgánicas, no resulta adecuado para calificar el desarrollo de actividades esenciales y placenteras de la vida diaria (recreativas, culturales, deportivas, etc.).

El perjuicio de placer es un perjuicio extrapatrimonial que tiene una entidad propia, lo cual no permite confundirlo con el daño moral (pretium doloris o Schmerzgeld) o precio del dolor, especie también del daño extrapatrimonial, ni con el daño material (daño emergente y lucro cesante, art. 1613 del C.C.).

Si se trata de un perjuicio extrapatrimonial mal puede pues asimilársele, así sea de modo parcial al perjuicio material, especie del daño patrimonial que como lo ha definido la doctrina, es

“… cualquier bien exterior respecto al sujeto, que sea capaz de clasificarse en el orden de la riqueza material —y por esto mismo valorable, por su naturaleza y tradicionalmente, en dinero—, idóneo para satisfacer una necesidad económica. Los bienes comprendidos en la riqueza material pueden intercambiarse, tanto ellos como sus frutos, con otros bienes o con frutos de otros bienes; y en consecuencia, su utilidad está sometida a la comparación con otros valorada en relación con el dinero, que tiene por función la medida de las utilidades económicas.

En el lenguaje corriente e incluso en el empleado usualmente por los juristas, se habla de un “patrimonio de bienestar”, de un “patrimonio de belleza” y expresiones por el estilo; al mismo tiempo y en forma correlativa se emplea “daño patrimonial” para designar también el perjuicio que afecta al bienestar, a la belleza y, en general, a todos los bienes inherentes a la persona, en los que no pueden encontrarse los caracteres señalados pero que, en su conjunto, exceden al concepto de patrimonialidad. Se trata de una desviación del necesario rigor del lenguaje jurídico, que debe corresponder a una precisión conceptual y ser expresión de una realidad concreta. Atemperándose a tal rigor no puede llamarse a cualquier bien de que el hombre puede gozar bien patrimonialmente, sino tan solo a aquel que reúne los precisados caracteres de exterioridad, valorabilidad pecuniaria, y que responda a una necesidad económica. Éste, en el terreno jurídico, es su verdadero significado y de él, no puede despojarse. No pueden, por tanto, hacerse entrar en el ámbito patrimonial bienes internos de la persona, que contrasten con la posibilidad de una apreciación dineraria, desprovisto de una directa utilidad económica” (4) .

(4) ADRIANO DE CUPIS, El Daño. Barcelona, Edit. Bosch, 1975. P. 121 y 122.

De ahí que no sea exacto considerar como perjuicio de placer el deterioro o destrucción de instrumentos como gafas, prótesis, sillas de ruedas, bastones, muletas, etc., mediante las cuales algunas personas suplen sus deficiencias orgánicas (5) , ya que no hay duda que aquí se trataría de un perjuicio material bajo la modalidad de daño emergente, en cuanto la víctima tendrá que efectuar una erogación para sustituir el elemento perdido.

(5) CAROLINA ARCINIEGAS PARGA y ANDRÉS MOLINA OCHOA. El perjuicio extrapatrimonial: El daño moral y el daño fisiológico. Revista Temas Jurídicos, Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Santafé de Bogotá, D.C., Nº 9, p. 154.

Así mismo, tampoco constituye perjuicio de placer el caso en que la víctima, “a pesar de no presentar ninguna anomalía orgánica, a causa de la depresión en que se ve sumergido no puede realizar las actividades normales de la vida” (6) , perjuicio que debe entenderse indemnizado bajo el rubro de lucro cesante (ganancia o provecho frustrado) a fin de evitar la resurrección del fantasma del daño moral objetivado, concepto en el que la jurisprudencia buscó englobar en el pasado las llamadas repercusiones objetivas del daño moral (7) .

(6) Ibídem

(7) TAMAYO JARAMILLO, op. cit., p. 157 y ss.

La Sala considera que en el presente caso puede hablarse de la existencia de perjuicio fisiológico, ya que se encuentra plenamente acreditada la disminución del pleno goce de la existencia por el hecho de que la lesión sufrida por las víctimas afectó el desarrollo de actividades placenteras de la vida diaria, como la práctica de actividades recreativas y deportivas(*).

(*) Según el dictamen médico acogido por la Sala en esta sentencia, “el señor Hernán Egberto Peralta Garzón presenta limitación parcial para completar arcos de movilidad en cuello de pie y pie izquierdo, lo cual afecta parcialmente su capacidad de desplazamiento rápido así como su capacidad para realizar actividades que requieran movilidad corporal total”, y se le determinó, por consiguiente, que la pérdida de su capacidad laboral fue del 20%. En relación con el señor Luis Vitelmo Reyes Morales el mismo dictamen médico conceptuó que su pérdida de la capacidad laboral fue del 45% porque “presenta limitación parcial para completar arcos de movilidad en cadera y rodilla izquierda, así como disminución en la fuerza de extensión de rodilla. Esto le limita parcialmente el realizar actividades que requieran movilidad corporal total o empleo de la fuerza de los miembros inferiores” (N. del D.).

Si bien los demandantes no formularon de manera expresa una pretensión indemnizatoria con relación al llamado perjuicio fisiológico, la Sala considera que debe ordenarse su reparación, teniendo en cuenta las secuelas sufridas por las víctimas del accidente y la obligación establecida en el artículo 16 de la Ley 446 de 1998 de reparar el daño de manera integral y equitativa (8) . En consecuencia, dada la magnitud del perjuicio, la Sala reconocerá el equivalente a doscientos cincuenta gramos oro para Vitelmo Reyes y a ciento cincuenta gramos oro para Hernán Peralta».

(8) Similares consideraciones ha realizado la Sala en sentencias del 18 de febrero de 1999, Exp. 12.210 y 3 de mayo de 1999, Exp. 11.169.

(Sentencia de marzo 2 de 2000. Expediente 11.250. Consejero Ponente: Dr. Ricardo Hoyos Duque).

_____________________________________________