•Sentencia 11569 de abril 21 de 1999

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN LABORAL

DESPIDO DEL TRABAJADOR

POR INGERIR LICOR EN EL SITIO DE TRABAJO

EXTRACTOS: «Observa la Sala que el tribunal partió del supuesto fáctico de que los síntomas de embriaguez que exhibía el trabajador demandante, no se daban al momento de presentarse al trabajo para iniciar labores, sino por haber consumido licor dentro del lugar de trabajo y en horas en que debía laborar. Pero al interpretar el numeral segundo del artículo 60 del código sustantivo de esta especialidad, distinguió entre la presentación al sitio de trabajo ebrio y la embriaguez generada por el alicoramiento durante la jornada de trabajo, para sostener que sólo la primera conducta está tipificada como prohibición.

Este entendimiento de la sentencia impugnada debe sopesarse frente al espíritu del legislador al consagrar como prohibición expresa al trabajador “presentarse al trabajo en estado de embriaguez” (CST, art. 60, num. 2º). Para lo cual no sólo debe escudriñarse la literalidad de tal preceptiva, sino también su razón de ser, los bienes jurídicos tutelados con ella y su imperiosa concordancia con el contexto de las prohibiciones tipificadas en el mencionado artículo.

El fundamento verdadero de la prohibición en cita es la exigencia que hace el legislador al trabajador de prestar el servicio en condiciones aptas que reflejen el pleno uso de sus facultades psíquicas, intelectivas o físicas, sin que factores imputables a su propia conducta alteren, aminoren o enerven su normal capacidad de trabajo.

De tiempo atrás ha aprobado la jurisprudencia nacional la máxima de que el rigor de la tipicidad penal no es aplicable en lo disciplinario ni en lo laboral. De ahí por qué en el análisis de las conductas legalmente prohibidas o que constituyen justa causa se admite una alguna amplitud mínima, sin llegar a laxitud.

Entonces, resulta descaminado, frente a la pura ratio legis, restringir el susodicho impedimento normativo al evento de ingresar el trabajador al sitio de trabajo en estado de ebriedad o bajo los efectos de sustancias estupefacientes o drogas enervantes, porque tanto en tal hipótesis como cuando acaece la perturbación sensitiva por ingestión en el sitio y jornada laboral, hay un inocultable efecto en los reflejos físicos, en la voluntad, y en general en la capacidad ordinaria de trabajo, que es el bien jurídico prioritariamente amparado por el precepto, además de que una persona en ese estado en el ámbito laboral puede representar un peligro para sí y para los compañeros de labor.

La mengua de las facultades plenas para desarrollar la tarea en las condiciones convenidas, originada en causas imputables al trabajador, atenta además contra el deber de prestar óptimamente el servicio, lesiona la disciplina del establecimiento, da un mal ejemplo a los demás trabajadores y puede comportar riesgos de seguridad industrial, por lo que no puede recortarse el alcance de la prohibición legal al inicio de las actividades diarias, como lo hizo equivocadamente el tribunal, por cuanto en el otro evento descrito, esto es, cuando la borrachera se provoca durante la jornada de trabajo, no solamente tiene un impacto similar en el ámbito laboral, sino, desde luego, conlleva un agravio aún mayor a los valores jurídicamente protegidos, en la medida en que el dedicar el tiempo propio de la prestación del servicio a menesteres ínsitamente proscritos y ajenos a ella, adicionalmente infringe el deber de realizar la labor en los términos estipulados.

Un examen de conjunto del artículo 60 del Código Sustantivo del Trabajo permite colegir sin dificultad que cada una de las hipótesis prohibitivas del texto legal guarda íntima correspondencia con el sitio de trabajo, para evitar que se convierta en escenario de conductas injustificadas, apartadas del objeto principal del contrato u ofensivas de la disciplina o moralidad de la comunidad laboral. Obviamente, la del numeral segundo, por su misma naturaleza cobija desde el comienzo de la jornada, aun cuando la embriaguez se haya producido antes, si se mantiene hasta ese instante. La auténtica finalidad de la preceptiva es preservar un trabajo digno en condiciones plenamente aptas y conscientes.

Por ello, el sentido natural y lógico del precepto aplicable, imposibilita aceptar el diferente tratamiento a dos conductas idénticas —al menos igualmente censurables como lo admitió el propio fallador al estimar incompatible el reintegro—, pues de ser así se llegaría al extremo absurdo de que la segunda, razonablemente más reprobable, quedaría impune so pretexto exegético de no estar contemplada, cuando lo cierto es que sí lo está por imponerlo su cabal sentido y la razón de ser del numeral en comento, en total armonía con el contexto de las prohibiciones enlistadas en el artículo referenciado y con los valores que ampara.

En síntesis, es atinado el reproche del casacionista al tribunal por haber impartido una hermenéutica errónea al numeral 2º del artículo 60 del código, pues como lo anotó, si presentarse embriagado al trabajo es conducta prohibida, con la misma razón es laboralmente punible, en idéntica forma, el hecho de ingerir licor en el recinto de la empresa y mostrar así síntomas propios de ebriedad, porque lo que la ley proscribe es la embriaguez del trabajador que anule o perturbe su capacidad de laborar, siendo circunstancia meramente adjetiva que el dicho trabajador haya ingerido licor hasta embriagarse fuera del recinto de la empresa o en el interior de ella —lo que resulta más grave aún por el abandono transitorio del servicio, en vez de trabajar— porque de todos modos se produce la ineptitud para laborar.

No sobra aclarar, que lo dicho es predicable a las conductas atrás descritas, desplegadas por un trabajador en relación a su actividad laboral ordinaria, y no dentro del marco de excepciones como podrían serlo los eventos sociales o las situaciones personales al margen de deberes laborales.

En consecuencia, se casará el fallo acusado en cuanto “confirmó y modificó” el de primer grado y condenó en su lugar al pago de la indemnización por despido indexada y a las costas de la primera instancia a cargo de la demandada.

En sede de instancia, se observa además, que Jorge Osorio y Óscar Restrepo, fueron testigos presenciales del estado de embriaguez del demandante el día 6 de agosto de 1996 y de las artimañas utilizadas para ocultar su conducta, apartada del deber de prestar el servicio convenido en plena aptitud, se concluye que los hechos relatados por la empresaria en la carta de terminación del contrato son graves y por tanto, contemplados legalmente como justa causa de despido con arreglo al numeral 6º del literal a del artículo 7º del Decreto 2351 de 1965, en concordancia con el numeral 2º del artículo 84 del reglamento interno de trabajo. Por ende se revocará la sentencia del juez de primera instancia, y en su lugar se absolverá a la demandada de todas las pretensiones de la demanda».

(Sentencia de casación, abril 21 de 1999. Radicación 11.569, Magistrado Ponente: Dr. José Roberto Herrera Vergara).

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