Sentencia 11802 de febrero 19 de 1998 

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

Ref.: Exp. 11.802

Consejero Ponente:

Daniel Suárez Hernández

Santafé de Bogotá, D.C., febrero diecinueve de mil novecientos noventa y ocho.

(...).

II. Consideraciones de la Sala

La sentencia objeto de apelación será confirmada por las siguientes razones de hecho y de derecho que a continuación se exponen:

En cuanto al acreditamiento del daño antijurídico como presupuesto de la responsabilidad patrimonial de los antes demandados se tiene acreditado que el 8 de abril de 1991 ingresó al hospital la paciente para trabajo de parto, de resultas del cual y una vez remitida en la madrugada al hospital de la ciudad de Ibagué, se supo que la criatura que estaba por nacer había muerto en el vientre de la madre, de lo cual da cuenta el testimonio rendido por el profesional de la medicina Jaime Rengifo Agudelo obrante a folios 43 a 45 del cuaderno 2, que en lo pertinente se cita:

“El día 9 de abril de 1991, hacia las 8 de la mañana ingresó a sala de partos del hospital la paciente mencionada, remitida de Venadillo, dicha paciente de 29 años, G3 Para 1 P1 C1, AO con embarazo a término a quien se le había practicado cesárea hacía 9 años, y posteriormente parto vaginal aproximadamente 20 meses, el diagnóstico de remisión (sic) era el de parto prolongado, con movimientos fetales negativos y ruidos fetales negativos sospechando feto muerto o distocia de contracción, al examen de ingreso se encontró una paciente consciente con ruidos cardiacos bien timbrados y signos vitales tensión arterial de 120 x 90 temperatura 37.3 grados y pulso de 120 por minuto, abdomen con una altura uterina 29 centímetros sin auscultarse feto cardia al tacto vaginal cuello dilatado y borrado por completo presentación cefálica y gestación de menos 1 se hace una impresión diagnóstica de distocia de contracción, desproporción cefalofélpica y feto muerto, por lo cual se decide llevar a cesárea en donde se encuentra feto en cavidad abdominal parcialmente parte del bronco y miembros inferiores en cavidad abdominal, además se encontró un emoperitoneo (sic) de aproximadamente de unos 700 c3, además líquido amniótico como meconio, igual condición en cavidad uterina, además ruptura uterina al nivel del segmento transversal y anterior, ante esa situación se extrae producto de sexo femenino, muerto, se realiza limpieza de cavidad uterina y extracción de placenta, se corrige ruptura y se cierra útero por planos incluyendo peritoneo, previo al cierre del desgarro uterina se practicó legrado instrumental, entre los hallazgos intraoperatorios se descubrió que la placenta estaba desprendida...” (Cfr. fls. 43 y 44).

(...).

Dentro de la investigación disciplinaria adelantada por el Ministerio Público en relación con la conducta observada por la médica, vinculada al hospital, se profirió concepto médico, una vez analizadas las pruebas en aquella instancia, el que en lo pertinente y para el mejor entendimiento del presente asunto se transcribe:

“1. Como se puede observar se trataba en este caso de materna de 29 años con embarazo normal a término, en trabajo de parto, con antecedente de parto mediante cesárea, que fue recibida e internada en el hospital de Venadillo, donde estuvo a cargo de la médica, allí el trabajo de parto progresa algo lento pero dentro de parámetros normales, al parecer el progreso se da hasta producirse (según evaluación de la enfermera), el encajamiento de la presentación.

2. Es a partir del ingreso por segunda vez a la sala de partos del hospital de Venadillo, cuando a la señora Nélida se le practica amniotomía (ruptura de la bolsa amniótica) y se da lugar a la práctica de maniobras que buscaban forzar la salida del producto gestacional mediante fuerza aplicada por medio de presión sobre abdomen de esta paciente contra la mesa de partos, sirviéndose de instrumento del brazo y peso del celador del hospital, lo anterior a solicitud de la médica de cargo (negrilla fuera de texto).

3. Este tipo de maniobras no están indicadas en ese periodo del trabajo de parto y menos aún en un útero que presentaba cicatriz muscular por habérsele practicado herida quirúrgica con anterioridad (cesárea). Esta médica debería saber o conocer el grado de riesgo fetal y materno a que sometía a sus asistidos”.

(...).

El anterior concepto como se observó, hizo parte de la investigación disciplinaria que culminó con la destitución de la médico tratante por los hechos ocurridos en el caso concreto; contiene afirmaciones que comprometen la responsabilidad de los antes demandados, las cuales por lo demás en manera alguna fueron desvirtuadas o siquiera precisadas por parte de los demandados, pues en el expediente no obra prueba alguna en ese sentido producida a instancia de la parte demandada, lo cual amerita desde luego, en aplicación de la postura que de tiempo atrás a prohijado la Sala en el sentido de aplicar la presunción de culpa o presunción de falla, el tener por acreditado este elemento, ante la inactividad observada por los demandados, que eran los más llamados, según las reglas de experiencia, a desvirtuar dichas circunstancias, demostrativas no sólo del elemento subjetivo de la responsabilidad patrimonial deprecada, sino en el caso concreto, incluso, de la relación de causalidad entre la conducta imputada a los antes demandados y el daño producido en la persona de los demandantes como consecuencia de una prestación por completo deficiente e incluso inapropiada del servicio de salud a ellos encomendado, en la atención del parto de la señora.

Recuérdese que el campo de obstetricia ha dado lugar a discusiones dentro de la doctrina a propósito de si las obligaciones que surgen para los médicos tratantes en este campo de la medicina son de medio o de resultado y que al margen de la postura que se adopte sobre tan interesante punto, es lo cierto que es al médico a quien le incumbe demostrar que los eventuales riesgos que pueda comportar la atención de la parturienta, pueden exonerarlo en el caso concreto de la responsabilidad que se le endilga.

Sobre el punto la jurisprudencia foránea se ha referido en los siguientes términos:

“En lo que hace a la obligación médica en sí, considerar si la obligación es de medios o de resultado, es una cuestión que no puede determinarse en abstracto, sino que dependerá de las circunstancias particulares de cada caso. En la situación de las maternidades, es evidente que en principio, se está ante una obligación de resultado, puesto que un parto normal, no puede generar riesgos que no sean susceptibles de previsión y consiguiente control por parte de los médicos. Si ofrece dificultades creando una dosis de riesgos cuyo sorteo satisfactorio no puede ser garantizado por los médicos, está a cargo de ellos su demostración.

Es decir, son ellos los que tendrán que aportar a la causa, las características con que se presentaba el parto debido al estado general de la mujer o de la criatura, a los efectos de demostrar que lo único exigible eran medios y no resultados. Es decir, como principio, el hecho de ingresar en una clínica una mujer sana a los efectos de dar a la luz, torna a la entidad deudora de una obligación de resultado, salvo que demostrare los riesgos que en el caso concreto debióse afrontar y que impedían asegurar otra cosa que no fuera la máxima diligencia en el arte de la actividad profesional comprometida”(1).

(1) Cámara Civil y Comercial, Morón, Sala 2, 22-6-98, Argentina.

De lo que viene dicho y teniendo en cuenta que en el caso concreto ninguno de los demandados desplegó actividad probatoria alguna tendiente a desvirtuar la presunción de falla que en su contra existe, máxime si se tiene en cuenta que se trataba de la atención de un caso de maternidad, que en principio ha de suponerse, según las normas generales de experiencia ha de culminar satisfactoriamente, se han de tener por acreditados los elementos estructurales de la responsabilidad, a lo que debe agregarse que según las pruebas arriba analizadas en el caso concreto la conducta atribuida al hospital fue manifiestamente irregular, a un punto tal que, hasta el propio vigilante de dicho centro hospitalario, intervino bajo los auspicios de la médico tratante en las maniobras tendientes a procurar fuerza en el vientre de la frustrada madre, que según el dicho del médico que conceptuó en sede disciplinaria, es una conducta por completo inapropiada y contraindicada en el caso concreto, que seguramente trajo de consecuencia los resultados conocidos, por los cuales se demanda.

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