Sentencia 12772 de abril 27 de 2000 

• CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL

ACCESO CARNAL CON MENOR DE 14 AÑOS

POSIBILIDAD DE ERROR EN CUANTO A LA EDAD DE LA MENOR

EXTRACTOS: «El actor invoca la causal primera de casación, en la modalidad de violación indirecta de la ley sustancial, en razón de un “error de hecho en la interpretación de las pruebas aportadas al proceso”, yerro que impidió la aplicación del numeral 4º del artículo 40 del Código Penal.

Para sustentar la invocación que hace, el censor resalta que los juzgadores de primera y segunda instancia omitieron una debida valoración del dictamen médico legal, practicado a la víctima ocho (8) meses después del primer acto carnal, según el cual la ofendida revelaba una edad clínica aproximada de 15 años, lo cual significa que para el momento de esa primera relación sexual, y obviamente en las siguientes, la mujer ya había sobrepasado los 14 años de edad.

Explica el demandante que el tribunal se limitó a enunciar la mencionada prueba, sin hacer un análisis de sus alcances, actitud que entonces lo situó en un ostensible error de hecho por falso juicio de existencia.

(...).

Se discriminará el análisis, a partir de cada uno de los supuestos errores de hecho planteados. Así:

1. En relación con el dictamen médico-legal sobre la edad clínica de la víctima, el actor sostiene que el tribunal apenas lo enuncio pero no hizo un análisis ponderado del mismo, actitud que de ser cierta equivaldría a ignorarlo y como hipótesis fáctica cabría dentro del concepto de falso juicio de existencia. En verdad, apreciar un medio de prueba es inmiscuirse en su contenido, no simplemente relacionarlo con forma probatoria, pues sólo el acercamiento a sus declaraciones garantiza la instrumentalidad del mismo para obtener la certeza de los hechos. Por ello, si llegare a existir una aproximación al contenido declarativo de la prueba, así fuere con manifestaciones o juicios de valor arbitrarios o absurdos, la polémica se trasladaría del falso juicio de existencia al campo de los conceptos de falso juicio de identidad o del falso raciocinio.

2. Sin embargo, dentro de la hipótesis del falso juicio de existencia planteada por el demandante, conviene aclarar que el dictamen médico-legal en realidad no fue ignorado. Por el contrario, el tribunal lo trajo a colación en el siguiente análisis.

“En un plano estrictamente objetivo la defensa en apoyo de su planteamiento destaca el examen pericial como el medio más indicado para demostrar que la menor ostentaba una edad mayor a la que realmente tenía en el momento de los hechos, pues practicado el reconocimiento un año después, el certificado médico registra, además de una desfloración antigua, “una edad clínica aproximada de 16 años”, lo que permite deducir que un año anterior aparentaba 14 años cumplidos.

La acusación, para rebatir este argumento que se ha venido exponiendo a lo largo de toda la investigación, precisó de destacar que una vez que se inició la menor en la práctica sexual, a partir del mes de febrero y hasta octubre del mismo año tiempo durante el cual reconoce el mismo procesado que mantuvo relaciones erótico-sexuales con ella, ello incidió de manera directa en el desarrollo de sus caracteres sexuales secundarios, por razón del estímulo físico y hormonal, apreciación bien puesta en razón, que si bien no escapa de un todo al plano conjetural, tampoco la destruye la apreciación que se le opone, pues también ésta pertenece al mismo ámbito de las conjeturas, sin base científica en qué apoyarse comoquiera que el desarrollo físico y sicológico no es de una inalterable e inestable progresión”. (fls. 41 y 42. Lo destacado pertenece al texto original).

Por otra parte, el hecho relevante de la edad aparente de la víctima, como ingrediente de exculpación pretextado por el procesado, lo manejó el juzgador no a partir de la estimación aislada del dictamen forense, sino en su interdependencia con otros medios de prueba y conforme con la valoración conjunta que presentó del siguiente modo: “... Lo cierto es que miradas las circunstancias que rodearon el ingreso de la joven estudiante al empleo ofrecido por el profesional V..., éstas son indicativas de que la mujer I..., dice la verdad cuando manifiesta que frente a la solicitud de éste para que le buscara una muchacha que se dedicara al servicio doméstico de su vivienda, le respondió que tenía una hija estudiante que aunque era menor de edad le podía servir para esos menesteres, pues sólo era medio tiempo y aquél sin reparo alguno aceptó la propuesta. La joven estudiante, en todo momento desmiente que le hubiera informado a su patrono una supuesta edad. Pero también el conocimiento que tenía el justiciable de la edad real de su empleada, se desprende del hecho circunstancial que surge de su propia declaración y conforme al cual en los primeros meses sólo mantuvo contactos eróticos con la menor distintos de la penetración, y cuanto ésta se retiró a (sic) sus labores, insistió en que regresara al trabajo y sólo en esta última ocasión se atrevió a mantener el acceso carnal con ella, lo cual a su vez desvirtúa que ya la hubiere encontrado desflorada, pues si este era el estado que presentaba la menor, ninguna explicación encontraría la versión de que en un comienzo no se hubiera percatado de ella tratándose de un hombre profesional y experimentado en las relaciones de este tipo” (fls. 42 y 44. El resalto se hace en el texto).

Ahora bien, no puede perderse de vista que el examen médico-legal cuestionado, que señala a la víctima una “edad clínica aproximada de quince años”, se hace con base en el desarrollo dentario y el sistema piloso axilar, que en todo caso son parámetros estimativos y no exactos y, de cualquier manera, requieren no sólo los conocimientos especializados del forense sino también la observación minuciosa unida por el preconcepto médico, elementos que obviamente estaban ausentes en las profanas percepciones del acusado (fl. 68, cdno. p.pal.).

De este modo, si bien al examen del científico, acompañado de las pruebas clínicas mencionadas, la joven revelaba una edad aproximada de 15 años a la fecha del mismo (30 de enero de 1995) o de 14 años para la época de los hechos (4 de febrero de 1994); no es menos cierto que a la vista del lego en la ciencia forense son más elocuentes la contextura delgada, el busto pequeño y la cara delgada, caracteres físicos de la ofendida que fueron destacados por la juez de primera instancia en la audiencia pública, con el fin de poner en evidencia la mentira y la exageración tendenciosa del procesado (fls. 208 y 251), quien siempre adujo que la menor era una mujer corporalmente “muy formada” y que inclusive tenía senos y otros atributos físicos superiores a los de su novia y hoy esposa G..., como si hiciese referencia a persona distinta de la ofendida (fl. 47).

Es que si se trata de establecer la posibilidad del error de tipo en la apreciación del procesado, debe partirse de una confrontación llana entre la edad real de la víctima a la fecha de los hechos (menor de 14 años), que se conoce por medio de la copia del registro civil de nacimiento (fl. 11), y la pura apariencia externa de sus rasgos físicos en la esfera del profano y no del científico, pues es en el lugar de aquél que debe situarse el juzgador para una precisión justa de la pretendida equivocación en el desarrollo de su conciencia del hecho ilícito Una cosa es la edad revelada por los signos y exámenes clínicos que sólo maneja el médico forense (y por ello antes está oculta), y otra puede ser la edad aparente que se ensaya o piensa de acuerdo con rasgos físicos accesibles a cualquier observador lego.

Por la misma razón, no puede afirmarse que el fallador con su criterio personal sustituyó caprichosamente el concepto científico pues ambas observaciones son útiles en la medida del objeto pretendido, ya que si no se contara con el registro civil de nacimiento de la víctima, asaz relevante sería el dictamen médico legal no sólo para establecer la edad clínica de la misma, sino también en orden a concretar la verosimilitud de una apariencia supuestamente sufrida por el victimario».

(Sentencia de casación, abril 27 de 2000. Radicación 12.772. Magistrado Ponente: Dr. Jorge Aníbal Gómez Gallego).

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