Sentencia 13848 de abril 26 de 2000 

• CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN PENAL

UTILIZACIÓN DE PALABRAS SOECES

NO SIEMPRE CONSTITUYE COMPORTAMIENTO GRAVE E INJUSTO

EXTRACTOS: «Para la administración de justicia hay un vacío de credibilidad sobre lo que ocurrió en el instante en que salieron del “Bar Central”, que hubiere llevado a Germán de Jesús a agredir físicamente al enfadoso Flórez Loaiza. Pero los falladores estimaron acertadamente que no fue porque éste, minutos atrás en el mostrador del bar, le hubiera dicho “hijueputa”, expresión endémica cuyo primitivo origen literal, en cuya exacerbación se solaza el casacionista, ha ido cediendo para convertirse en una interjección muy utilizada popularmente, de variada connotación que, sin dejar de ser vulgar y en ocasiones ignominiosa, ya no puede generalizarse como constitutiva de un comportamiento de tanta gravedad e injusticia como el que pretende construir el censor, quien además da por demostrado, sin estarlo, que fue expresada delante de la esposa e hijos del acusado, en lo cual basa gran parte de su repetitivo argumento, que así resulta erigido sobre una suposición.

Se observa que el libelista sugiere presuntas reglas de experiencia, sobre las cuales trata de elaborar una especie de falso juicio de raciocinio, intentando resquebrajar las deducciones del juzgador. Pero, como acertadamente anota el Ministerio Público, no siempre que se profieren dicterios el comportamiento es grave e injusto, ni los ofendidos reaccionan iracundamente hasta atentar contra la integridad y aun la vida del insultante.

Cada situación debe ser estudiada en particular, pues no puede fijarse una pauta más o menos estable de reacción, que depende de múltiples variables, según la idiosincrasia y la tolerancia; los sentimientos reales de honor, dignidad y autoestima, o el deseo de aparentarlos; la formación moral, cultural, regional; la educación, el nivel social y económico; la oportunidad, el tono, la expresión corporal, etc.

En síntesis, ante las sólidas conclusiones a que arribó el fallador frente al caso concreto, el impugnante opuso su peculiar apreciación, pretendiendo que sea preferida por la Corte, lo cual no es admisible en casación por no constituir la simple discrepancia de pareceres un yerro en que haya incurrido la judicatura, ni trascender para que su corrección conlleve variar el fallo. Además, es sabido que la apreciación de los juzgadores viene acompañada de la doble presunción de acierto y legalidad que, en el caso bajo estudio, ni en mínima parte consigue desvirtuar el libelista».

(Sentencia de casación, abril 26 de 2000. Radicación 13.848. Magistrado Ponente: Dr. Nilson E. Pinilla Pinilla).

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