Sentencia 14271 de septiembre 17 de 1998 

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN SEGUNDA

SUBSECCIÓN B

PROCESO DISCIPLINARIO

INICIADO A PARTIR DE UNA QUEJA ANÓNIMA

EXTRACTOS: «Se inició indagación preliminar como consecuencia de queja telefónica de carácter anónimo recibida en la oficina de investigaciones especiales contra miembros de la Aeronáutica Civil, siendo uno de ellos el libelista.

(...).

En este instante se pregunta la Sala: ¿qué significación puede tener el anónimo para efectos disciplinarios?

El anónimo, verbal o escrito, no ostenta valor probatorio alguno en el ámbito disciplinario, salvo que constituya elemento material de una infracción o que fundadamente se atribuya al disciplinado. Pero igualmente debe afirmarse que el carácter anónimo de una queja, si bien no ofrece indicios de credibilidad frente a la eventual imputación de cargos a un servidor público, de otro lado bien puede servir de referente oficioso para la iniciación de indagaciones preliminares por parte de la respectiva autoridad disciplinaria. Desde luego que, siendo el Estado el titular de la acción disciplinaria, en ejercicio de su poder oficioso debe atender a las señales que lo puedan alertar y conducir hacia el conocimiento de conductas tipificables en el espectro de las faltas disciplinarias. Por ello mismo, cuando quiera que se presente una queja anónima la respectiva autoridad disciplinaria deberá ordenar el adelantamiento de la correspondiente indagación preliminar en orden a establecer la veracidad de los hechos, sus autores y demás circunstancias que permitan establecer si se dan o no se dan los presupuestos básicos para abrir formal averiguación disciplinaria en contra del autor o autores. De suerte que al momento de determinar el mérito probatorio de la indagación preliminar es cuando efectivamente emerge la real trascendencia de la queja anónima, bien para archivar las diligencias surtidas, ora para abrir formal investigación, quedando claro sí, que en cualquier caso, la suerte procesal del imputado está ligada fundamentalmente a las probanzas recaudadas a partir de la indagación preliminar, que no al incierto valor probatorio de la queja anónima.

Frente a esta postura algunos replican poniendo de presente el carácter sospechoso del anónimo. Afirmación que debe examinarse desde varios ángulos, reconociendo de una parte que esta forma de acusación ha servido secularmente como herramienta útil a la realización de propósitos nobles e innobles, y que en el escenario de las perversiones sociales ha cabalgado con laxas ventajas en detrimento de la estima y respeto de la dignidad propia de sus víctimas.

Con todo, dados los altos intereses que informan los objetivos del control sobre la conducta oficial de los servidores públicos, en modo alguno podrían las autoridades disciplinarias escatimar esfuerzos para el debido esclarecimiento de los hechos puestos a su consideración, los cuales, llegado el caso, pueden tener como elemento precipitador de la acción oficiosa el siempre cuestionado anónimo.

Así mismo debe advertirse que la cobertura particular y concreta de cualquier queja (de quejoso conocido o anónima) no constituye camisa de fuerza dentro de las diligencias de indagación e investigación, toda vez que en el decurso de éstas pueden aparecer conductas conexas o sobrevinientes a las denunciadas, e incluso darse la circunstancia de una irrelevancia probatoria de las primeramente imputadas con la simultánea preeminencia de las subsiguientes. En otras palabras, la queja presentada por cualquier persona en modo alguno entraña un marco limitativo de la competencia constitucional y legal del funcionario investigador, quien en todo caso podrá y deberá ejercer sus poderes oficiosos en aras de la verdad procesal, teniendo siempre como norte obligado los fines del Estado y el ínsito respeto a los derechos y garantías de las personas».

(...).

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