Sentencia 14576 de marzo 23 de 2004 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL

CODEUDOR SOLIDARIO QUE PAGA DEUDA DE OTRO CODEUDOR FALLECIDO

NO SE SUBROGA COMO BENEFICIARIO EN SEGURO DE VIDA GRUPO DEUDORES

Magistrado Ponente:

Dr. Silvio Fernando Trejos Bueno

Bogotá, D.C., veintitrés de marzo de dos mil cuatro.

Ref.: Expediente 14576

Decide la Corte el recurso de casación interpuesto por la parte demandada contra la sentencia adiada el 23 de junio de 1999, proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá en el proceso ordinario adelantado por Víctor Omar Hernández Mahecha contra la Compañía Suramericana de Seguros de Vida S.A.

I. El litigio

1. Reclama el demandante el pago del seguro de vida que solicitó Eleuterio Hernández, quien falleció en esta ciudad el 19 de abril de 1993, expedido mediante póliza de seguro de vida grupo deudores número 77030 por la compañía demandada; en tal virtud, solicita que se condene a la nombrada aseguradora a pagarle el valor del mismo, más intereses de mora a partir del 13 de junio de 1993 y hasta cuando se verifique el pago.

2. Para sustentar la pretensión referida, se adujeron los siguientes hechos:

a) Eleuterio Hernández y el demandante, padre e hijo respectivamente, suscribieron como deudores solidarios del Banco Industrial Colombiano un contrato de mutuo; en tal virtud, el primero adhirió al seguro de vida colectivo contratado con la Compañía Suramericana de Seguros Vida S.A., en el cual la entidad crediticia figuraba a la vez como tomadora y beneficiaria.

b) El asegurado se sometió a los trámites previstos para la adquisición del mencionado seguro y pagó las respectivas primas mensuales hasta cuando falleció, momento en el cual el banco reclamó el monto del seguro para cubrir la deuda insoluta, pero como el pago referido fue objetado, el demandante en su condición de codeudor solidario siguió pagándola, con lo cual pasó a ser beneficiario del seguro.

c) La compañía aseguradora le negó al banco el pago del seguro prevalida de que el asegurado “no había sido claro al manifestar su estado de salud al solicitar el crédito y diligenciar la solicitud de seguro, pues había omitido indicar que padecía hipertensión arterial alta, enfisema pulmonar obstructivo coronario y que era diabético”.

3. La compañía demandada se opuso a las pretensiones; negó la calidad de beneficiario del demandante respecto del seguro de vida; adujo que el asegurado obró con reticencia por no haber sido veraz en el informe dado en relación con su estado de salud al momento de contratar el seguro; planteó como excepciones de fondo las que denominó, “falta de legitimación en la causa por activa” por ser el Banco Industrial Colombiano el único beneficiario del mismo; “nulidad relativa del contrato de seguro” porque el asegurado no contestó las preguntas relacionadas con su estado de salud, lo que equivale “a contestar no, y esto constituye claramente una respuesta reticente”; “cobro de lo no debido”; “límite máximo del valor asegurado”; y, “la genérica”.

4. El juzgado de conocimiento encontró probada la excepción de falta de legitimación en la causa por activa y subsecuentemente profirió sentencia desestimatoria que la parte demandante recurrió en apelación con éxito, toda vez que el tribunal la revocó para, en su lugar, condenar a la compañía demandada a pagar el valor del seguro más intereses moratorios “vigentes en el momento del pago efectivo”, liquidados desde el 14 de junio de 1993.

II. Fundamentos del fallo impugnado

1. Inicialmente el tribunal se ocupó de verificar la legitimación en la causa por activa, puesto que por su ausencia el a quo dictó sentencia absolutoria; en ese sentido hace ver que el concepto referido a la relatividad del contrato de seguro orienta la definición de beneficiario del mismo “hacia aquel que naturalmente se beneficia de su contratación” y especialmente hacia quien fue calificado como tal en el referido vínculo, pero paralelamente deja abierta la posibilidad de que sean otras personas, no especificadas en el contrato, las que finalmente se beneficien del seguro, como ocurre en el presente caso.

Rememora, entonces, que para la época del fallecimiento del deudor asegurado, existía un saldo pendiente de la deuda de $19’138.412 “significándose con esto que el valor total del seguro estaba destinado a cubrir la parte respectiva de ese saldo”; por consiguiente, fue el banco acreedor a quien contractualmente se le asignó el carácter de beneficiario, pero dicho pago además le reporta beneficio al codeudor cuanto que lo libera de la misma obligación. En este caso el codeudor pagó la totalidad de la deuda mediante cuotas que siguió cubriendo luego de la muerte del tomador del seguro, lo que hace que el banco haya perdido interés en cobrar el seguro, derecho en el que se subroga el codeudor pagador quien, por ende, se halla legitimado para deducir en su favor el seguro pues pasó a ser beneficiario del mismo.

Hace, entonces, especial énfasis en el interés que le asiste al deudor solidario para que se le pague el seguro de vida en cuestión, “porque como codeudor tiene derecho a lograr que el valor de esa prestación se le aplique ''al monto no pagado de la deuda'' amparada de tal manera”, destacando, además, que la absoluta pasividad del banco para reclamar por el no pago del seguro, “no puede lesionar el derecho del codeudor, pues su condición de tal no lo puede convertir en solo un ente sin más capacidad jurídica que la de solucionar el crédito, porque ello iría contra todo derecho fundamental de la persona como sujeto de derechos”.

2. En cuanto a la reticencia por parte del tomador —argumento en el que apoya la defensa la nulidad relativa del contrato—, afirma el sentenciador que no se dio en este caso porque al momento de suscribir la respectiva póliza al deudor no se le exigió suministrar información sobre la totalidad de los aspectos del estado de salud que ahora echa de menos la parte demandada; tampoco ésta probó que dentro de los cinco años atrás, “el peticionario del seguro padecía o había sido tratado por cuestiones cardíacas, derrame cerebral, hipertensión, cáncer o epilepsia”, y aunque alega que la diabetes, a la cual se refiere el dictamen médico aportado a los autos, la sufría el tomador para el momento en que empezó a padecer la enfermedad que ocasionó su fallecimiento, no demostró cuál fue esa época, “pues los conceptos crónico y antecedentes no traduce un lapso determinado de tiempo; tampoco es indicativo de muchos años atrás”; todo para concluir que “no probó la demandada que si hubiera conocido que el peticionario del seguro padecía alguna de aquellas dolencias o que se encontraba en circunstancias semejantes, hubiera desistido de contratar o impuesto más onerosas condiciones”.

3. En relación con las restantes excepciones, aduce que la legitimación que encontró probada por parte del demandante, excluye los argumentos en que dichos medios se sustentan, pasando enseguida a referirse a los montos reclamados por el actor se ajustan a la ley.

III. Demanda de casación

Cuatro cargos plantea la censura en contra de la sentencia impugnada, todos con fundamento en la causal primera de casación, de los cuales se despachará únicamente el primero por estar llamado a prosperar.

Cargo primero:

1. Con fundamento en la causal primera del recurso de casación, por la vía directa, se acusa la sentencia de haber quebrantado los artículos 1666, 1667 e inciso 3º del 1668 del Código Civil y 1080 del Código de Comercio, por indebida aplicación, y los artículos 1506 y 1602 del Código Civil y 822, 1141, 1142, 1144, 1146 y 1147 del Código de Comercio, por falta de aplicación.

2. El error jurídico que endilga la censura al tribunal consiste en haber admitido como beneficiario del seguro al demandante por el simple hecho de ser codeudor del crédito que dio origen al seguro de vida, porque con dicho proceder omitió tener en cuenta que son partes en el contrato de seguro “tan solo el asegurador y el tomador” y, además, dejó de considerar que un contrato no aprovecha ni perjudica “sino a las personas que han participado en él”, creando derechos en favor de terceros únicamente en el evento previsto en el artículo 1506 del Código Civil.

Anota que un tercero puede verse favorecido por el contrato de seguro únicamente cuando ha sido designado por el tomador como beneficiario del mismo, y que si este ha guardado silencio sobre el punto, los beneficiarios serán su cónyuge y sus herederos; que el acreedor solo tiene derecho a recibir la parte del seguro de vida “igual al monto no pagado de la deuda”, toda vez que en este caso el saldo será entregado a sus restantes beneficiarios.

3. Anota el recurrente que la subrogación que encontró configurada el Tribunal no es dable en este evento porque las normas aplicadas con tal fin no corresponden al supuesto fáctico deducido por el sentenciador, toda vez que ellas “se refieren a la subrogación en los derechos del acreedor del deudor principal de dicho crédito (...), y en ningún caso a la subrogación en los derechos del acreedor como beneficiario a título oneroso del seguro contratado a favor de este acreedor para garantizarle con su valor el pago de la deuda contraída en su favor”.

4. Adicionalmente, no es factible, a juicio del censor, configurar mora en el pago del seguro por parte de la aseguradora, “toda vez que quien ahora reclama el pago del seguro no es el verdadero acreedor de la compañía aseguradora”.

IV. Consideraciones de la Corte

1. El reconocimiento de legitimación en la causa por activa para efectos de reclamar como beneficiario el seguro de vida de que trata el presente litigio, lo sustenta el tribunal en dos argumentos sucesivos:

El primero, estriba en que el demandante participó como deudor solidario de la obligación respecto de la cual el otro codeudor se adhirió al seguro de vida de grupo en el que se incluyó como beneficiario a la entidad acreedora, a su vez tomadora y aquí demandada, por el saldo de la deuda a su cargo, y siendo inferior este o no habiéndolo en favor de los beneficiarios legales en forma total o parcial, según fuere el caso; y el segundo, se finca en que como en tal condición el actor fue quien en últimas pagó la obligación solidaria, se subroga en los derechos de la acreedora inicial, por cuyo efecto se le transmite la posición de beneficiario del mencionado seguro quedando habilitado para exigir a la aseguradora el monto del mismo ante el fallecimiento del deudor asegurado.

2. Esa calidad de subrogatario que el sentenciador reconoce en cabeza del actor, es lo que precisamente cuestiona la censura porque a su juicio esa figura jurídica no es aplicable al seguro de vida para efectos de transferir la condición de beneficiario, toda vez que de permitirse, asevera, se extenderían los efectos del contrato de seguro celebrado entre ciertas y determinadas personas, a quien no tuvo ninguna injerencia en el mismo.

3. A fin de desatar tal enfrentamiento de tesis en el plano estrictamente jurídico, precisa dejar sentadas las siguientes premisas:

1) El artículo 1579 del Código Civil ciertamente consagra que el deudor solidario que ha pagado la deuda “queda subrogado en la acción del acreedor con todos sus privilegios y seguridades, pero limitada respecto de cada uno de los codeudores a la parte o cuota que tenga este codeudor en la deuda”, y si el negocio para el cual ha sido contraída la obligación solidaria, concernía solamente alguno o algunos de los otros deudores solidarios, serán estos responsables entre sí, según las partes o cuotas que le correspondan en la deuda, y los otros codeudores serán considerados como fiadores.

2) En esa misma dirección apunta el artículo 1668 del Código Civil cuando consagra la subrogación por ministerio de la ley, entre otros casos, “del que paga una deuda a que se halla obligado solidaria o subsidiariamente”, caso en el cual al solvens, quien pasa a ser nuevo acreedor, se le traspasan “todos los derechos, acciones y privilegios, prendas e hipotecas del antiguo, así contra el deudor principal como contra cualquiera terceros, obligados solidaria y subsidiariamente a la deuda” (subrayas fuera de texto).

3) Traducen las normas citadas la presencia del fenómeno de la subrogación, o sea la transmisión de los derechos del acreedor, en favor del codeudor solidario que paga, pero siempre y cuando los mismos sean inherentes a la obligación: ya contra los demás codeudores bajo las previsiones del artículo 1579 citado, o ya contra terceros, pero a condición de que unos u otros sean garantes de la obligación satisfecha al acreedor antiguo, o sea por estar vinculados a ellas por medio de la solidaridad o de la fianza. Esa limitación del alcance de la subrogación excluye por consiguiente que, por efectos de la subrogación legal, el deudor solidario pueda hacer valer otros derechos que el acreedor originario pudiera ejercer o haber ejercido en contra de terceros cuyas propias obligaciones no dimanan de su participación como garantes del pago de la deuda satisfecha por él.

Vale decir que teniendo derechos el acreedor inicial contra terceros derivados de relaciones contractuales autónomas que, por serlo, no son inherentes al crédito, o que aun relacionadas con estos no suponen una garantía de pago de los mismos, a ellos no se extienden los efectos de la subrogación.

4. Sirven las precedentes conclusiones de orden jurídico para verificar, en contra de la tesis del tribunal, que por el pago que realizó el demandante en su condición de codeudor solidario, los efectos de la subrogación en los derechos del acreedor antiguo no alcanzan para otorgarle la calidad de beneficiario del seguro de vida de deudores tomado por el acreedor inicial.

Ciertamente hay un deudor que paga y por esa razón se da la subrogación en los derechos del acreedor satisfecho, pero no alcanza la misma para que se le trasmitan los derechos como beneficiario del seguro de vida deudores contra la aseguradora —tercero para el caso—, pues no solo se trata de una relación autónoma en la que identifica plenamente los sujetos vinculados que no incluyen al actor, sino que aunque de algún modo haya estado conectada con el crédito satisfecho, no supone la presencia de la aseguradora como garante del pago de la obligación, esto es, cuanto que no se le puede calificar de tercero que se haya obligado solidaria o subsidiariamente como lo exige el artículo 1670 del Código Civil; en otros términos, la aseguradora no se comprometió a pagar la deuda como si fuera deudor en igual grado o en el caso de que el deudor asegurado no lo hiciera.

5. En esas circunstancias, el contrato sobre el que versa el presente litigio corresponde a un seguro de vida grupo deudores, en lugar de un seguro de crédito; y siendo así, el acreedor beneficiario del mismo queda habilitado para hacerlo efectivo, pero en principio sin menoscabo del derecho que también le asiste de solicitar o exigir el pago de la deuda, el cual se vincula dicho seguro, contra los otros codeudores solidarios si los hay, dándose margen para que en caso de que uno de estos efectúe el pago pueda hacer las exigencias pertinentes frente a los herederos del deudor solidario fallecido y asegurado, antes que sustituir al acreedor mismo en el contrato.

6. Por consiguiente, en las circunstancias especiales que ofrece este caso, en el que se verifica que el acreedor beneficiario del seguro quiso hacer efectivo este para aplicarlo a la deuda, mas no obtuvo el resultado positivo por causas ajenas a su voluntad, cuanto fue la aseguradora quien propuso una objeción que determinó en últimas que el otro deudor solidario procediera a efectuar el pago de la deuda; y en el que, además, median las relaciones internas de la solidaridad entre quien hizo ese pago y los herederos del otro codeudor, los que por causa de la extinción de la obligación pasaban a ser beneficiarios del seguro; debe concluirse que no hay lugar a que el demandante pueda tomar para sí igual título, beneficiario, por vía de la subrogación.

Y tanto más se reafirma lo anterior, para este caso concreto, si se tiene en cuenta que precisamente por efectos de la solidaridad pasiva, bien podía el banco aun haber exigido el pago al codeudor sobreviviente —ante la dificultad de cobro del seguro—, y efectuándolo el requerido quedaba extinguida la deuda para todos los deudores solidarios, sin más, con la consecuencia de que se afirmaba el derecho de los beneficiarios adicionales respecto del seguro de vida y sin perjuicio de los efectos de la subrogación contra ellos como herederos del deudor fallecido, quien era, según las evidencias, el interesado en la deuda.

7. Puesto que de acuerdo con lo discurrido se descubre el yerro jurídico en que incurrió el sentenciador por haber otorgado al demandante la condición de beneficiario como efecto del pago con subrogación, basta ello para casar el fallo recurrido, en cuyo lugar, en la sentencia sustitutiva que a continuación se profiere con fundamento en las mismas consideraciones precedentes, se confirmará la sentencia absolutoria dictada por el a quo, con fundamento en la ausencia de legitimación en la causa por activa, puesto que el demandante no ostenta el carácter de beneficiario del seguro de vida como lo alegó desde la demanda.

V. Decisión

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, CASA la sentencia proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá el 23 de junio de 1999, dentro del proceso de la referencia, y en sede de instancia,

RESUELVE:

1. CONFIRMAR la sentencia proferida por el Juzgado 28 Civil del Circuito de esta ciudad, el 22 de mayo de 1997, por la cual declaró probada la excepción de falta de legitimación en la causa por activa y negó las pretensiones de la demanda.

2. CONDENAR en costas de segunda instancia al demandante, las cuales se tasarán en su oportunidad.

No hay lugar a costas en el recurso de casación dada su prosperidad.

Cópiese, notifíquese y devuélvase.

Manuel Isidro Ardila Velásquez—Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo—Pedro Octavio Munar Cadena—José Fernando Ramírez Gómez—Silvio Fernando Trejos Bueno—César Julio Valencia Copete—Edgardo Villamil Portilla. 

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