Sentencia 14747 de junio 28 de 2005 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN CIVIL

Exp. 14747

Magistrado Ponente:

Dr. Jaime Alberto Arrubla Paucar

Bogotá, D.C., veintiocho de junio de dos mil cinco.

EXTRACTOS: «Consideraciones

1. Como lo que se controvierte en el cargo es la calificación de la fe posesoria del demandado, a la luz de la cual se resolvió sobre las prestaciones mutuas, bueno es memorar que para el tribunal no podía estar de buena fe en su posesión, porque la adquirió, junto con el derecho a unas mejoras, de quien no era propietario de la finca, luego si su título no es traslaticio de dominio sobre el bien, no puede presumirse su buena fe, porque únicamente frente a un título de esa naturaleza, o de carácter constitutivo, podía estar persuadido de haberlo adquirido legítimamente.

2. El recurrente fustiga ese raciocionio, porque en su criterio, pasa por alto que en los autos obra la escritura pública 6030 del 9 de noviembre de 1992, otorgada en la Notaría Primera del Círculo de Pereira, que, en cuanto comprueba el negocio jurídico del cual derivó el recurrente la posesión que ejerce sobre la finca objeto de la pretensión, que por lo demás, está libre de vicios, refleja una fe posesoria distinta de la predicada por el ad quem.

Reproche cuya sinrazón salta a la vista, porque el tribunal registró el origen contractual de la posesión ejercida por el demandado sobre el inmueble reivindicado, a tal punto que hubo de referirse al negocio jurídico del cual la derivó, para predicar que por no tener carácter traslaticio de dominio sobre el predio, no podía infundirle el convencimiento de una adquisición legítima de él, que es en lo que en definitiva consiste la buena fe, estado que por lo mismo no consideró factible presumir en el poseedor. Recuérdese que en ese sentido argumentó que al “...adquirir la posesión material del bien y el derecho a unas mejoras”, el demandado “...sabía que quien transfería esos derechos no era el propietario del inmueble, que le entregó unas mejoras plantadas en predio ajeno tal como consta en la escritura 6.030 de noviembre 9 de 1992. Así que no se puede hablar de buena fe porque no ha exhibido título traslaticio de dominio sobre el bien”, sin el cual no consideró viable presumirla, porque en ausencia de un título de esos caracteres, o de naturaleza constitutiva, “...no puede existir la conciencia de haber adquirido la cosa por los medio (sic) que autoriza la ley”.

Luego si la calificación que se controvierte no estuvo determinada por la inexistencia de título justificativo de la posesión del demandado, ni por su carácter vicioso, a nada conduce demostrar que “...es el resultado de una negociación que se sujeta a las normas sobre inmuebles —escritura pública—”, y que “...está libre de violencia y clandestinidad”, porque si ningún papel jugaron esas circunstancias en la determinación reprochada, así sean reales, no pueden servir de argumento para descalificarla.

Por supuesto que la suerte de la acusación no variaría en el caso de haberse encauzado contra sus reales bases, porque si el juicio impugnado hunde sus raíces en consideraciones de corte jurídico, puesto que en fin de cuentas atañen a la determinación de la naturaleza jurídica del negocio del cual emana la posesión del demandado, y a la definición del marco de aplicación de la presunción legal de buena fe, la vía por la que se propone es inapropiada para atacarlas.

En todo caso, debe rectificarse la tesis del tribunal en punto a la inoperancia de la presunción legal de buena fe, cuando falta un título constitutivo o traslaticio de dominio que de origen a la posesión, porque si bien en fallos de vieja data, como el citado por el sentenciador de segundo grado (G.J. T. LI, págs. 172 y 173), la Corte defendió ese criterio, de tiempo atrás modificó su juicio al respecto, y hoy por hoy tiene admitido que la ausencia de un título de los que originaria o derivativamente confieren el dominio sobre las cosas, no conspira necesariamente contra esa presunción, que por lo mismo, en ciertos casos obra también en favor del poseedor sin título, porque ocasiones hay en que a pesar de ello está de buena fe en su posesión, como ocurre, v. gr. cuando está amparada en un título aparente, hipótesis en la que la aniquilación de la apuntada presunción exige la prueba de un comportamiento reñido con esa regla general del bien obrar en la que tiene asiento, o dicho en otras palabras, de la mala fe con la que obró el poseedor. Así puede verse, entre otras, en sentencias del 16 de julio de 1931, G.J. T. XXXIX, pág. 185; 3 de junio de 1954, G.J. T. LXXVII, pág. 770; 28 de junio de 1956, G.J. T. LXXXIII, pág. 103; 25 de junio de 1996, 12 de agosto de 1997 y 25 de octubre de 2004.

3. El ataque, en consecuencia, no se abre paso.

Decisión

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO CASA la sentencia proferida el 9 de noviembre de 1999, por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pereira, en el proceso ordinario promovido por Jairo de Jesús Zuluaga Zuluaga contra el recurrente.

Sin costas, por la rectificación doctrinaria.

Notifíquese y cúmplase».

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