Sentencia 15704 de abril 24 de 2001 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN LABORAL

DESLEALTAD DEL TRABAJADOR

APROVECHAMIENTO DE LA CLIENTELA EN BENEFICIO PROPIO

EXTRACTOS: «El numeral 1º del artículo 58 del Código Sustantivo del Trabajo, consagra como obligación especial del trabajador “Realizar personalmente la labor, en los términos estipulados, observar los preceptos del reglamento y acatar y cumplir las órdenes”. El numeral 2º ibídem prohíbe a los trabajadores “comunicar con terceros, salvo autorización expresa, las informaciones que tenga sobre su trabajo, especialmente sobre las cosas que sean de naturaleza reservada”.

El deber de lealtad se inscribe como uno de los más trascendentales que tienen las partes en el contrato de trabajo tanto por su importancia intrínseca como porque él es el fundamento y presupuesto ineludible de muchas obligaciones especiales de los contratantes. En la ejecución del vinculo debe el empleador proceder con trasparencia, con la convicción sincera y fundada de un actuar conforme a derecho y prestar la colaboración al trabajador para evitarle perjuicios personales o económicos; y para el trabajador se manifiesta entre otros aspectos, en un proceder honrado y de buena fe; y aún más, sin sacrificar sus derechos o su dignidad, en el compromiso de procurar la realización de las acciones a su alcance para prevenir daños al empresario y en la prohibición correlativa de entrar en conflicto de intereses económicos con el empleador, en el sentido de no ejecutar indebida o maliciosamente actos que estén dentro del giro ordinario de los negocios de la empresa, causándole perjuicios a ella.

Considera la Sala que al ser inherente a la actividad bancaria el manejo de dineros y su producido, que le confían los clientes de la institución, debe existir una base mínima de garantía para que los depósitos de los ahorradores no se vean interferidos indebidamente por la acción de un trabajador que intente el retiro de los mismos de la entidad financiera para beneficio personal. Entonces, es claro que no resulta avenido a las obligaciones elementales de lealtad, ni al mandato legal, el aprovechamiento por parte del prestador del trabajo de sus funciones y del conocimiento que a través de ellas adquiere, de la capacidad económica de la clientela, para solicitarle préstamos en beneficio propio, haciendo competencia indebida a su empleador mediante el ofrecimiento al cliente de ventajas económicas superiores a las brindadas por la entidad crediticia. Y con mayor razón si previa utilización de ese proceder, de por sí censurable, incumple lo prometido y ocasiona no sólo un perjuicio económico a los usuarios de los servicios bancarios sino también a la imagen de la entidad para la que labora.

Es obvio que si el trabajador tenía como obligación la de conservar y restituir los dineros que le hubiesen sido facilitados en razón del cargo (numeral 3º del artículo 82 del RIT), debía evitar toda acción contraria a ese deber, y con mayor razón no podía intentar y obtener con ventaja personal el retiro de los ahorros de clientes mediante la maniobra de ofrecerles un rendimiento superior que el reconocido por su empleador.

La explicación del demandante sobre la realización de las transacciones aduciendo “amistad” no corresponde a la verdad que acreditan las pruebas porque tanto las declaraciones de los testigos como notas de reclamo que ellos enviaron al banco y que obran en el expediente, demuestran que la causa de los préstamos fue la relación cliente-empleado bancario y la promesa de pagar mejores intereses a los cubiertos por el banco, convirtiéndose de esta manera en competidor desleal de su propio empleador.

Lo manifestado está corroborado si se tiene en cuenta que el demandante tenia conocimiento de que el reglamento interno de trabajo (fls. 198 a 231), en los literales d y e del artículo 78 impone expresamente a los trabajadores como deberes generales “Guardar buena conducta en todo sentido y obrar con espíritu de leal colaboración en el orden moral y disciplina general de la empresa”, y “Ejecutar los trabajos que les confíen con honradez, buena voluntad y de la mejor manera posible”. Y el artículo 82 detalla entre las obligaciones especiales del trabajador la de ser celoso de la información reservada frente a terceros.

En este orden de ideas puede concluirse que en verdad el trabajador incurrió en las conductas endilgadas al momento del despido, sin que fuere menester que las mismas estuviesen expresamente contempladas como falta grave, dado que la actuación contraria de lealtad era su deber legal y reglamentario, el que quebrantó en grado de gravedad tal que indudablemente su reprochable actitud facultaba a su empleador para retirarlo del servicio por configurarse una justa causa para el despido, por lo que resulta vano pretender un reintegro y unas indemnizaciones por despido, cuando se sabe con certera que por lo dicho carecen de asidero. En consecuencia, quedan incólumes las absoluciones del tribunal atinentes a estas súplicas».

(Sentencia de casación, abril 24 de 2001. Radicación 15.704. Magistrado Ponente: Dr. José Roberto Herrera Vergara).

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