Sentencia 1991-07733/11162 de marzo 15 de 2001

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

Rad.: 76001-23-31-000-1991-7733-01(11162)

Consejero Ponente:

Dr. Alier Eduardo Hernández Enríquez

Actor: Gloria Inés Londoño Henao y otros

Demandado: Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC”.

Bogotá D.C., quince de marzo de dos mil uno.

Se decide el recurso de apelación interpuesto por la parte demandante y por el señor Agente del Ministerio Público en contra del fallo pronunciado por el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca, el 17 de febrero de 1995, por medio del cual resolvió lo siguiente:

“1) Declárase a la Corporación Autónoma Regional del Cauca CVC, administrativamente responsable por la muerte del señor Jaime Vásquez y las lesiones sufridas por el menor Jaime Antonio Vásquez Londoño, en hechos ocurridos el 4 de noviembre de 1989 en Sevilla (V).

“2) Como consecuencia de la declaración anterior, condénase a la CVC., a pagar los siguientes perjuicios:

a) Por la muerte de Jaime Vásquez se deberá pagar: Por perjuicios morales el equivalente en pesos a mil (1.000) gramos de oro al valor que tenga este metal a la fecha de ejecutoria de esta sentencia, para cada una de las siguientes personas: Gloria Inés Londoño Henao, Jaime Antonio Vásquez Londoño, Luis Eduardo Vásquez Londoño, Gloria Patricia Vásquez Londoño y Óscar Andrés Vásquez Londoño.

Por perjuicios materiales para la compañera Gloria Inés Londoño Henao, dos millones setecientos cincuenta y ocho mil ochocientos veintiocho con cuarenta ($ 2.758.828.40); para Óscar Andrés Vásquez Londoño dos millones setecientos cincuenta y ocho mil ochocientos veintiocho con cuarenta ($ 2.758.828.40); para Luis Eduardo Vásquez Londoño dos millones ciento sesenta y ocho mil cero ochenta y seis con sesenta ($ 2.168.086.60); para Gloria Patricia Vásquez Londoño dos millones quinientos treinta mil ochocientos trece ($ 2.530.813); para Jaime Antonio Vásquez Londoño dos millones doscientos noventa y ocho mil seiscientos cuarenta y dos con trece ($ 2.298.642.13). Suman estos perjuicios un total de doce millones quince mil ciento noventa y ocho con cincuenta y tres ($ 12.515.198.53).

b) Por las lesiones sufridas por el menor Jaime Vásquez Londoño deberá pagar:

Por perjuicios morales, el equivalente en pesos a mil (1.000) gramos de oro al valor que tenga este metal a la fecha de ejecutoria de esta sentencia, para Jaime Antonio Vásquez Londoño. El equivalente en pesos a quinientos (500) gramos de oro, al valor que tenga este metal a la fecha de ejecutoria de esta sentencia, para la señora Gloria Inés Londoño Henao. El equivalente en pesos a ciento cincuenta (150) gramos de oro al valor que tenga este metal a la fecha de ejecutoria de la sentencia, para cada una de las siguientes personas: Gloria Patricia Vásquez Londoño, Luis Eduardo Vásquez Londoño Y Óscar Andrés Vásquez Londoño.

Por perjuicios materiales, la suma de treinta y ocho millones doscientos dieciocho mil cero treinta y seis pesos con sesenta centavos ($ 38.218.036.60) para el menor lesionado Jaime Antonio Vásquez Londoño.

“3) Las sumas de dinero anterior, devengarán intereses comerciales durante los seis meses siguientes a la fecha de ejecutoria de esta sentencia y moratorios después de este término.

“4) Ordénase a la entidad demandada cumplir este fallo en los términos del art. 176 del CCA” (fls. 251 y 252, c. 1).

Antecedentes.

1. La demanda

En escrito presentado ante el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca, el 29 de octubre de 1991, por medio de apoderado, la señora Gloria Inés Londoño Henao obrando en nombre propio y en representación de los menores Jaime Antonio, Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño, formularon demanda contra el establecimiento público de carácter nacional denominado Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC”, en ejercicio de la acción de reparación directa consagrada en el art. 86 del C.C.A, para que se hicieran las siguientes declaraciones y condenas:

“1. DECLÁRESE que la Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC” es administrativamente responsable, de la totalidad de los daños y perjuicios que se les han ocasionado a los demandantes Gloria Inés Londoño Henao; Laura o Aura Elisa Vásquez Bolañoz; Jaime Antonio, Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño por la muerte de su compañero permanente, padre e hijo Jaime Vásquez, ocurrida el día 4 de noviembre de 1989, en el Municipio de Sevilla (Valle) como consecuencia directa de las lesiones sufridas al recibir una descarga eléctrica proveniente de una malla de propiedad de la “CVC”

“2. CONDÉNESE a la Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC”, como consecuencia de la declaración anterior, a indemnizar a los demandantes Gloria Inés Londoño Henao; Laura o Aura Elisa Vásquez Bolañoz; Jaime Antonio, Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño los perjuicios que se les han ocasionado por la muerte de su compañero permanente, padre e hijo Jaime Vásquez, así:

2.1. Morales

2.1.1. Sufridos por Gloria Inés Londoño Henao; Laura o Aura Elisa Vásquez Bolañoz; Jaime Antonio, Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño,

2.1.2 Causados por el dolor, la angustia, la congoja y la pena que sufren como consecuencia de la muerte de su compañero permanente, padre e hijo Jaime Vásquez.

2.1.3. Estimados en un mil gramos de oro fino para cada uno de los perjudicados, o sea un total de seis mil (6.000) gramos de oro-fino, que al precio de hoy valen $ 47.437.860.oo ($ 7.906.310. para cada damnificado), suma que deberá actualizarse de acuerdo con el precio de dicho metal a la fecha de ejecutoria de la sentencia (art. 106, código Penal).

2.2. Materiales de lucro Cesante.

2.2.1. Sufridos por Gloria Inés Londoño Henao; Jaime Antonio, Luis Eduardo, Gloria Patricia Y Óscar Andrés Vásquez Londoño.

2.2.2. Causados por la suspensión intempestiva y definitiva de la ayuda económica que periódicamente les suministraba su compañero permanente y padre Jaime Vásquez, la cual dejaron de recibir desde la muerte de este, momento a partir del cual se deben indemnizar estos perjuicios (art. 1615, Código Civil),

2.2.3 Estimados en un total de $ 6.662.667. ($ 827.544. por lucro cesante consolidado y $ 5.835.123. por lucro cesante futuro), junto con sus intereses legales liquidados desde el 4 de noviembre de 1989 hasta la fecha del pago efectivo de la condena, suma que deberá actualizarse en la debida oportunidad procesal con base en la variación porcentual de los índices nacionales de precios al consumidor para el nivel de ingresos bajos (obreros), entre los meses de noviembre de 1989 y el mes de la ejecutoria de la sentencia respectiva.

2.2.4. Subsidiariamente, en el evento de que no existan bases suficientes para hacer la liquidación matemática de este perjuicio, el Tribunal por razones de equidad, fijará su cuantía en la cantidad de cuatro mil gramos oro-fino, valorados en pesos según el precio que dicho metal tenga a la fecha de ejecutoria de la sentencia, dándole así aplicación a los artículos 4º y 8º de la Ley 153 de 1887 y 107 del Código Penal.

“3) DECLÁRESE que la Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC” es administrativamente responsable, de la totalidad de los daños y perjuicios que se les han ocasionado a los demandantes Jaime Antonio Vásquez Londoño; Gloria Inés Londoño Henao; Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño por las lesiones físicas y síquicas del primero de ellos Jaime Antonio Vásquez Londoño, hijo y hermano de los otros demandantes, causadas por una descarga eléctrica, que sufrió al hacer contacto con una malla de propiedad de la “CVC.” que estaba electrificada con 400 voltios, hechos ocurridos el día 4 de noviembre de 1989 en el Municipio de Sevilla (Valle).

“4.) CONDÉNESE a la Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC.”, como consecuencia de la declaración anterior, a indemnizar a los demandantes Jaime Antonio Vásquez Londoño; Gloria Inés Londoño Henao; Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño los perjuicios que se les han ocasionado con las lesiones físicas y síquicas padecidas por el primero de ellos, Jaime Antonio Vásquez Londoño, así:

4.1. Morales

4.1.1 Sufridos por Gloria Inés Londoño Henao; Jaime Antonio; Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño,

4.1.2. Causados por el dolor, la angustia, la congoja y la pena que embarga no solo al lesionado enfermo, hospitalizado, incapacitado y traumatizado Jaime Antonio Vásquez Londoño, sino también a su madre y hermanos que lo roden (sic), lo tratan y padecen con él su mala suerte.

4.1.3. Estimados en un mil gramos de oro fino para cada uno de los perjudicados, o sea un total de seis mil (5.000) (sic) gramos de oro-fino, que al precio de hoy valen $ 39.531.550. ($ 7.906.310. para cada damnificado), suma que deberá actualizarse de acuerdo con el precio de dicho metal a la fecha de ejecutoria de la sentencia (art. 106, Código Penal).

4.2. Materiales de Lucro Cesante

4.2.1. Sufridos por Jaime Antonio Vásquez Londoño,

4.2.2. Causados por las lesiones físicas y la aparición de traumas síquicos y desórdenes biológicos factores que han dejado reducida su capacidad laboral futura permanentemente en un 80% desde la fecha en que cumpla su mayoría de edad (octubre 14 del 2001) momento a partir del cual se deben indemnizar estos perjuicios (art. 1615, Código Civil).

4.2.3. Estimados en un total de $ 111.969.628. por lucro cesante futuro), junto con sus intereses legales.

4.2.3. (sic) Subsidiariamente, en el evento de que no existan bases suficientes para hacer la liquidación matemática de este perjuicio, el Tribunal por razones de equidad, fijará su cuantía en la cantidad de cuatro mil gramos de oro-fino, valorados en pesos según el precio que dicho metal tenga a la fecha de ejecutoria de la sentencia, dándole así aplicación a los artículos 4º y 8º de la Ley 153 de 1887 y 107 del Código Penal.

“5) ORDÉNESE a la Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC” dar cumplimiento a la sentencia en los términos de los artículos 176 y 177 y178, del Código Contencioso Administrativo e imputar primero a intereses todo pago que haga” (fls. 13 a 18, c. 1).

2. Los hechos.

Los fundamentos fácticos de la petición fueron sintetizados por el Tribunal en los términos siguientes:

“Que la Corporación Autónoma Regional del Cauca CVC, posee en la calle 62 de la ciudad de Sevilla (v) unas dependencias en donde instaló trasformadores de alta tensión, para el suministro de energía eléctrica del sector. Que para separar sus instalaciones de los predios circunvecinos coloco una malla al rededor, malla que para el día 4 de noviembre de 1989 se encontraba energizada con más de 400 voltios.

“Que en las primeras horas de la tarde del 4 de noviembre de 1989, el señor Jaime Vásquez se dirigió en compañía de su pequeño hijo Jaime Antonio Vásquez Londoño a adquirir los alimentos necesarios y cuando regresaba a su hogar se desato un fuerte aguacero que los obligó a guarecerse en el alar del inmueble ubicado frente a la escuela “Armando Romero Lozano” en inmediaciones de la subestación de energía.

“Que mientras amainaba el temporal, el menor Jaime Antonio Vásquez Londoño rozó involuntariamente un cable que inexplicablemente estaba asido a la malla protectora de las instalaciones de la CVC, y que con tan mala suerte recibió una fuerte descarga eléctrica que le produjo gravísimas lesiones.

“Que el señor Jaime Vásquez al percatarse de la desgracia de su hijo acudió presuroso a prestarle el auxilio necesario y al tratar de retirarlo recibió una fuerte descarga que le cegó la vida.

“Que el menor Jaime Antonio Vásquez Londoño a consecuencia directa de la electrocución, perdió cuatro dedos de su mano derecha, le quedó el pulgar de la misma mano con secuelas de carácter permanente, sufrió severas quemaduras que le afectaron gravamente (sic) la pierna izquierda, la ingle y el pene, lesiones que le merecieron una serie de tratamientos y operaciones quirúrgicas llevadas a efecto en el Hospital Universitario del Valle.

“Que los hechos hasta aquí narrados constituyen una falta o falla en el servicio.

“Que el servicio de energía eléctrica en la ciudad de Sevilla lo presta la “Corporación Autónoma Regional del Cauca, CVC y por consiguiente las torres, líneas de conducción del fluido eléctrico y malla protectora son de su propiedad y es de incumbencia del administrador su mantenimiento, conservación, ubicación y reubicación de los mismos.

“Que en el diseño, planeamiento, construcción y mantenimiento de las líneas de energía que para la época de los hechos cruzaban la calle 62 y específicamente la casa ubicada frente a la escuela “Armando Romero Lozano”, no se les prestó la atención a las recomendaciones y normas técnicas sobre la conducción eléctrica en áreas pobladas o urbanas” (fls. 228 y 229, c. 1).

El apoderado de los actores desistió de sus pretensiones en favor de la señora Laura o Aura Elisa Vásquez.

La Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC” presentó un escrito en forma extemporánea, en el cual se opuso a las pretensiones de los actores.

3. Sentencia de primera instancia.

El Tribunal para tomar la decisión que se registró al comienzo estimó:

Es indiscutible y así quedó demostrado en el proceso, que la muerte del señor Jaime Vásquez y las lesiones de Jaime Antonio Vásquez Londoño, fue como consecuencia del contacto con la malla de la subestación que en el momento de los hechos estaba energizada, no habiéndose establecido cual fue el motivo para que se energizara dicha malla, pero lo cierto fue que esta fue la causante de la electrocución del señor Vásquez y de las lesiones de su hijo.

“El que no se haya establecido cual fue el motivo de la energización de la malla, no le quita la responsabilidad a la entidad demandada, ya que esta está en la obligación de vigilar y mantener los bienes a su cuidado, no siendo excusa de que (sic) un particular haya pegado un alambre de púas a la malla de encerramiento de la subestación, pues es la CVC la que tenía que haberse dado cuenta de ello y evitar así cualquier posible accidente, porque lo cierto fue que el menor lesionado se prendió del alambre de púa que estaba prendido de la malla de la subestación e inmediatamente pasó la corriente y lo lesionó y causó la muerte del padre quien por tratar de desprenderlo quedó electrocutado.

“Para la Sala en el caso de autos no se desvirtuó la presunción de responsabilidad de la CVC, pues no se demostró ningún eximente de responsabilidad, y si se estableció que dicha entidad es la dueña de la subestación de energía de Sevilla y la encargada de prestar el servicio de energía eléctrica en dicha Municipalidad” (fls. 240 y 241, c. 1).

5. El recurso de apelación.

El señor Procurador Judicial 18 ante el tribunal Administrativo del Valle del Cauca interpuso recurso de alzada contra la anterior decisión por cuanto “Habiéndose demostrado la diligencia de la demandada en el mantenimiento de las redes y las instalaciones, forzoso es concluir que se trata de un caso fortuito o de fuerza mayor que exonera a la demandada de responsabilidad” (fls 225, 258 y 259, c . 1).

Igualmente, la parte actora solicitó que la sentencia se modifique parcialmente en los aspectos siguientes:

1. Se ordene que las sumas reconocidas por perjuicios materiales se actualicen a la fecha de ejecutoria de la sentencia de acuerdo con la variación de IPC, como lo dispone el art. 178 del CCA.

2. El derecho a la indemnización de Gloria Inés Londoño “va hasta el límite de la supervivencia del compañero muerto, y la llegada a la mayoría de edad de su último hijo no tiene nada que ver en la fijación de la cuantía de los perjuicios que se le han de indemnizar, pues con tal llegada a la mayoría de edad no se va a garantizar una estabilidad económica a la compañera sobreviviente, y el perjuicio causado es cierto y determinable”.

3. Se aumente la indemnización de los perjuicios morales a la madre y a los hermanos del lesionado Jaime Antonio Vásquez Londoño hasta mil y quinientos gramos de oro, respectivamente, debido a la gravedad de las lesiones que han producido angustia y aflicción a todo el grupo familiar, las que se extenderán por el resto de la vida probable del lesionado (fls. 262 a 267, c. 1).

6. Alegatos de conclusión.

La entidad demandada sostuvo que no tiene ninguna responsabilidad por los perjuicios que se le imputan, puesto que estos se produjeron por un caso fortuito. Con la inspección judicial y la prueba pericial se ha demostrado que en la subestación se cumplía con todos los requisitos de orden técnico, que, por lo tanto, no ofrecía ningún peligro para los residentes de la región, lo que impide aplicar la teoría del riesgo excepcional o del daño especial. Y concluyó:

“En la sentencia se dice que la malla estaba energizada al momento del accidente, sin que se hubiere probado tal hecho, máxime si se tiene en cuenta que el dictamen pericial indica que “la malla de encerramiento, las partes metálicas de los equipos y las estructuras de los soportes de los mismos, van conectadas a la malla puesta a tierra y normalmente no están energizados a ningún voltaje.” Más adelante indica (folio 15 de la sentencia) “el que no se haya establecido cual fue el motivo de la energización de la malla, no le quita la responsabilidad a la entidad demandada.”

“Continua la sentencia diciendo que el ente demandado no probó un eximente de responsabilidad y por lo tanto no desvirtuó la presunción de responsabilidad de la CVC.

“En caso de haber caído una descarga eléctrica sobre cualquier aparato metálico, como hace la entidad demandada para demostrar que ello así, si con el dictamen de los peritos y la inspección judicial logró probar que actuó en forma correcta, que tuvo el más mínimo de cuidado para la instalación de la malla y que la parte demandante no logró probar que la energía que le causó la muerte al señor Jaime Vásquez y heridas a su menor hijo provenían de la energía prestada por la CVC.

“Estamos frente a un punto crítico donde es imposible, según la exposición de motivos expuesta por el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca, demostrar que una entidad esta eximida de responsabilidad, si las pruebas por ella aportadas no tienen la validez que merecen.

“La entidad demandada actuó en forma diligente en el mantenimiento de las redes y de las instalaciones, por ello forzoso es concluir que se trata de un caso fortuito que exonera de responsabilidad” (fls. 294 y 295, c. 1).

La parte actora y el Ministerio Público guardaron silencio.

Consideraciones.

1. Legitimación en la causa y procedibilidad de la acción.

Sobre el interés para actuar, encuentra la Sala lo siguiente:

a) El menor Jaime Antonio Vásquez Londoño acreditó su condición de víctima directa del perjuicio recibido y se encuentra legalmente representado por su madre Gloria Inés Londoño Henao.

b) La señora Gloria Inés Londoño Henao ha demostrado su condición de damnificada porque fue la compañera permanente del fallecido Jaime Vásquez, de quien dependía y con quien convivió bajo el mismo techo hasta el día de su muerte. Ello se desprende de los testimonios rendidos por los señores Ramón de Jesús Hoyos Gómez, Martha Lucia Arias Patiño, Aleida Gonzalez de Ocampo, Luceny Castañeda Valencia, Rosalía Román Vanegas y María Rubinery Ramírez De Noguera quienes coinciden en afirmar que todas las personas que conocían a la Sra Gloria Inés Londoño y el Sr. a Jaime Vásquez los veían como a un matrimonio corriente (fls. 179 a 186, c. 3).

Igualmente, ha quedado demostrado que es la madre del menor lesionado Jaime Antonio Vásquez Londoño (fl. 5, c. 1).

c) Los menores Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño, han demostrado ser hijos extramatrimoniales del fallecido Jaime Vásquez y de la actora Gloria Inés Londoño Henao (quien los representa), como se desprende de sus registros civiles de nacimiento (fls. 6 a 8, c. 1).

En consecuencia, los demandantes están legitimados para actuar.

Los presupuestos procesales se encuentran reunidos y la acción de reparación directa no ha caducado, toda vez que la demanda se presentó el 29 de octubre de 1991 y los hechos sobre los cuales los actores fundan sus reclamaciones sucedieron el 4 de noviembre de 1989.

2. Existencia de daño.

Los actores solicitaron el reconocimiento de los siguientes perjuicios:

Por la muerte del señor Jaime Vásquez: a) Morales: causados por el dolor, la angustia, la congoja y la pena que sufren como consecuencia de su muerte; b) Materiales de lucro cesante: causados por la suspensión intempestiva y definitiva de la ayuda económica que periódicamente les suministraba.

Por las lesiones físicas y síquicas ocasionadas a Jaime Antonio Vásquez Londoño: a) Morales: “Causados por el dolor, la angustia, la congoja y la pena que embarga no solo al lesionado enfermo, hospitalizado, incapacitado y traumatizado Jaime Antonio Vásquez Londoño, sino también a su madre y hermanos que lo roden (sic), lo tratan y padecen con él su mala suerte.” b) Materiales de lucro cesante: sufridos por el propio lesionado, “causados por las lesiones físicas y la aparición de traumas síquicos y desórdenes biológicos factores que han dejado reducida su capacidad laboral futura permanentemente en un 80% desde la fecha en que cumpla su mayoría de edad”.

El daño reclamado se encuadra dentro de la noción de daño antijurídico establecido por la jurisprudencia de la Corporación y, por lo tanto, podría ser objeto de indemnización siempre y cuando se demuestre su existencia y su imputación a las entidades públicas demandadas.

3. La imputabilidad del daño.

3.1. El art. 90, inc. 1º de la Carta Política, exige —en orden a deducir la responsabilidad patrimonial del Estado—, que los daños antijurídicos sean “causados por la acción o la omisión de las autoridades públicas“, con lo cual se refiere al fenómeno de la imputabilidad, tanto fáctica como jurídica.

De allí que elemento indispensable —aunque no siempre suficiente— para la imputación, es el nexo causal entre el hecho causante del daño y el daño mismo, de modo que este sea el efecto del primero.

En este sentido, la imputación del daño al Estado depende, en este caso, de que su causación obedezca a la acción o a la omisión de las autoridades públicas, en desarrollo del servicio público o en nexo con él, excluyendo la conducta personal del servidor público que, sin conexión con el servicio, causa un daño.

3.2. El caso sub-judice. 

Consta en el proceso lo siguiente:

a) La Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC” es propietaria de la subestación de energía eléctrica ubicada en la calle 62, frente a la Escuela Armando Romero Lozano, barrio El Brasil, del casco urbano del Municipio de Sevilla (Valle) (fls. 3 a 5, c. 4).

b) Se encuentra demostrado que el día 4 de noviembre de 1989, siendo aproximadamente la una y meda de la tarde, el señor Jaime Vásquez y su hijo Jaime Antonio Vásquez Londoño se dirigían a su casa de habitación situada en el barrio El Brasil de Sevilla (Valle), cuando se desató un fuerte aguacero que los obligó a refugiarse bajo el alero de una casa (calle 62 Nº 47-65) colindante a la subestación de energía eléctrica, antes referida; mientras se guarnecían de la lluvia, el niño Jaime Antonio (seis años de edad) tocó una cerca de alambre que iba desde la esquina de la mencionada vivienda a una malla de protección de la subestación recibiendo una fuerte descarga eléctrica; su padre trató de separarlo, pero igualmente recibió una fuerte descarga eléctrica que le produjo su muerte casi en forma instantánea así como lesiones al menor.

Merece especial atención la declaración del señor Agustín Merino por ser testigo directo de los hechos, quien dijo:

“Fue un día sábado y hace mucho tiempo, él venía con el mercado, yo lo alcancé a él, estaba lloviznando, nos escampamos en el Taita, es una fama y granero, después de que escampó un poco le dije sigamos el camino y yendo en la escuela Armando Romero volvió y arreció la llovisna (sic) pegamos la carrera y nos escampamos en una casa que está cerca a la subestación, entonces nos entramos ahí a escamparnos, cuando nos pusimos en orden, el niño Jaime quedó cerca a la malla, enseguida quedó don Jaime Vásquez, enseguida quedó Luis Eduardo, más enseguida quedó el hijo mío que se llama Cesar Augusto, y por último quedó mi persona en esas en niño le hecho (sic) mano al alambre, el niño Jaime, y entonces de ver que quedó pegado ahí entonces el papá le hecho (sic) mano cuando fue fuerte el jalón que le hecho (sic) lo tiro hacia adentro de entre el alambre y la malla, se quebraron dos estacones de guadua y en ese momento de ver eso me agarré a gritar que nos socorrieran, entonces salió don Carlos N., que es de la defensa civil, entonces me preguntó que qué pasaba, entonces yo les dije que estaba el finado caído ahí, salió él y corrió para el CAI de la Policía a pedir auxilio cuando bajaba otro señor con un alicate y un martillo, entonces él se puso a cortarle los alambres de la malla, entonces llegó otro muchacho, le quitó el alicate y dijo la Policía que no vaya a cometer ningún error, entonces él insistió y cortó los alambres, entonces alzaron al niño, lo hecharon (sic) en un jeep, se lo llevaron para el Hospital y yo dije que el finado Jaime Vásquez estaba vivo, que rápido también los llevaran al hospital y entonces lo hecharon (sic) en un carro y se lo llevaron para el Hospital y de ahí yo cogí al niño mío Cesar Augusto y fuimos a avisarle a la señora, entonces (sic) ella de inmediato viniera a ver, después más tarde bajé para el Hospital y pregunté por Jaime Vásquez y el niño, me dijeron que el papá estaba muerto y el niño estaba a salvo, hasta ahí” “El niño quedó quemado, como primera medida la mano derecha, perdió varios dedos y tiene varias operaciones”. (fls. 164 rev. y 165, c. 3).

Igualmente, tiene importancia probatoria la declaración del joven Cesar Augusto Merino Londoño, hijo del anterior testigo, quien confirmó lo dicho por su padre y, al ser interrogado sobre la procedencia de la descarga eléctrica, precisó:

“Ella venía de la planta eléctrica, dos alambres de púas encerraban un pedacito de tierra al ladito de la casita, y ahí no había ninguna señal de peligro. Los alambres estaban pegados de la malla grande. De la malla grande salían dos hilos de alambres de púas y pegados a estos estaban las mallitas pequeñas que no alcanzaba a llegar al andén, quedaba una pequeña abertura entre el andén y un estacón de guadua que sostenía el alambre de púas” (fl. 170, c. 3).

Por su parte, el señor José Virgilio Álzate Baena, vecino del lugar, dijo que un mes y medio antes del accidente pudo observar que la malla estaba electrificada. Al respecto dijo: “(...) porque cuando llovía chispiaba (sic) donde terminaba la malla o sea en el suelo, inclusive que esa malla tenía un aviso que decía peligro “Alto voltaje” ese aviso estaba a todo el frente, en toda la entrada, por la calle 62.” (fl. 164, c. 3).

Obran otros testimonios que ratifican el hecho según el cual la descarga eléctrica provino de la subestación de energía. Martha Lucia Arias Patiño, vecina del sector, declaró:

“Eso fue el 4 de noviembre de 1989 y como yo trabajaba en una fritanga que hay por la pista, yo venía a trabajar y era como la una y media de la tarde, estaba lloviendo yo me arrime a una tienda que queda en una esquina, la tienda no tiene nombre y queda donde empieza la carretera para subir al barrio La Inmaculada; más arriba de donde yo estaba se encontraban unos amigos míos, estaba el finado Jaime y un cuñado de la señora de él, con dos niños, entre ellos el accidentado y otro, cuando de un momento a otro hubo una explosión dura y se fue la luz, entonces cuando yo volví a mirar la gente corría donde estaban el señor y el niñito; los dos parecían muertos y llegó un señor con un alicate y otro le dijo páselo que yo corto los alambres, en ese momento llegaron dos policías y dijeron que no se acercara nadie (....).

“Preguntada: Ud., antes dijo que un señor había cortado los cables, a que cables se refiere? “Contestó: A unos cables que estaban pegados a la malla de la casa, esos cables que estaban pegados de la malla grande los transformadores. Esos son cables de alambre”. Preguntada: Ud. se dio cuenta si la explosión que oyó era un rayo? Contestó: “No era un rayo, eso fue la explosión en los transformadores porque eso hechó un chispero”. (fls. 178 rev. y 179, c. 3).

Igualmente, Aleida Gonzalez de Ocampo dijo:

“Eso fue un accidente el día sábado, después de las doce del día, estaba lloviendo y yo estaba en mi casa que queda a menos de una cuadra donde pasó el accidente, y sentí una explosión muy dura, entonces yo también corrí a asomarme; entonces yo cuando me asome, el niño estaba allí y el señor, el accidente fue en la planta de los motores, ahí había como un cerco que sostenía una malla, entonces el niño se pegó de ahí, entonces el papá salió a despegar el niño y él se quedó pegado ahí cuando despegó el niño, entonces la gente corría y llamaron a los agentes, después llegó un señor con un alicate, entonces un muchacho llamado Germán le quitó el alicate a ese señor y cortó el alambre, entonces levantaron a los señores y se los llevaron para el hospital (...).

“Preguntada: Ud., recuerda si el día del accidente y el momento, había alguna tempestad eléctrica? Contestó: “Si estaba lloviendo pero no había tempestad”. Preguntada: Ud., sabe u oyó decir si la explosión que Ud., mencionó antes, había sido un rayo que le había caído a don Jaime Vásquez y al niño? Contestó: “La explosión fue el niño (sic) se arrimó primero ahí, cuando eso fue la explosión cuando se agarró de una cuerda” (fls. 179 rev. y 180, c. 3).

c) En el acta de necropsia del señor Jaime Vásquez, el Médico Legista de la Oficina Departamental de Medicina Legal de Sevilla (Valle) conceptuó:

“Impresión diagnóstica

“Presenta grandes lesiones de quemaduras de segundo y tercer grado en diferentes partes del cuerpo ocasionadas por alta tensión en su descarga que lesionó gravemente órganos tan vitales como el cerebro, los pulmones, el corazón y los intestinos causando su deceso inmediato.

Comentario.

“Por los anteriores hallazgos conceptúo que el deceso de, Jaime Vásquez, se debió como consecuencia directa de una descarga eléctrica de alta tensión sobre su cuerpo causando un paro cardiaco respiratorio inmediato debido a las lesiones en corazón, pulmones, estómago e intestinos.” (fl. 12, c. 3).

d) Según el concepto médico pericial, el menor Jaime Antonio Vásquez Londoño presenta las siguientes lesiones y secuelas:

“Pérdida de artejos 2º y 3º de la mano derecha y deformidad por quemaduras cicatrizadas de tercer grado en el pulgar correspondiente como también en los 4º y 5º dedos de dicha mano, todo esto ocasionó pérdida de la capacidad funcional de la mano derecha, siendo este un hecho irreversible.

“En el tercio distal del miembro sup. derecho y en la región carpiana correspondiente existe compromiso músculo-tendinoso y neural difuso que impide la flexión y extensión del carpo y la rotación adecuada de la mano.

“Todas estas lesiones ocasionan incapacidad futura.

“Se observa depresión ósea del tercio discal del radio derecho secundaria a necrosis ósea resuelta.

“Todas las anteriores secuelas de quemadura de tercer grado antigua cicatrizada ocasionan en el antebrazo y mano derecha deformidad estética permanente.

“Además de las anteriores lesiones, se observan las siguientes: Queloides cicatrizales en:

“1. Hombro derecho, codo derecho, articulación metacarpofalángica índice izquierdo.

“2. Queloides cicatrizales en: tercio ½ muslo izquierdo, tercio próximal de región pretibial izquierda, tercio ½ cara anterolateral muslo derecho y cresta iliaca anterior derecha.

“3. Pérdida 5º dedo del pie derecho.

“4. Cicatriz y retracción de tejido en zona de implantación superior del pene.

“Todas las anteriores ocasionan secuelas estéticas permanentes, debiéndose hacer una anotación especial con respecto a la cicatriz supra peneana.

“La secuela funcional que pueda quedar de la cicatriz supra peneana no es posible establecerla en el momento ya que debe esperarse que el menor alcance edad para el desempeño sexual, aunque en la actualidad esta lesión ha generado un conflicto emocional evidente por expresiones del niño en el sentido de no querer vivir en la vida adulta cuando tenga que asumir el rol sexual de hecho el menor desde ahora requiere apoyo profesional especializado, el cual tiene que prorrogarse hasta la adolescencia como mínimo.

“Se observó también cicatriz post quirúrgica abdominal relacionada con el evento de la quemadura y la cual también deja secuela estética permanente.

“En resumen todas las secuelas funcionales y estéticas descritas son de carácter permanente, reiterando que dejamos diferido nuestro concepto con relación a la futura capacidad de desempeño sexual.

“En cuanto al tiempo de reparación física de las lesiones estas tardaron un tiempo de aprox. 6 meses en cicatrizar totalmente, la intensidad y duración del dolor no es mensurable, teniéndose en cuenta que este es un signo subjetivo incuantificable, pero sí podemos decir que en cuanto a cualificación el dolor por quemadura de cualquier índole es de los peores que puede experimentar cualquier ser humano” (fls. 50 y 51, c. 5).

e) Según concepto pericial la subestación de energía se encuentra rodeada por una malla de encerramiento que impide el acceso de personas o animales al sitio en donde se encuentran los equipos; además, existe “una malla de puesta a tierra” que “es un sistema que proporciona seguridad contra choques eléctricos tanto a los equipos como a las personas. Consiste en elementos metálicos entrecruzados que conforman una malla dispuesta horizontalmente bajo tierra en el área de los equipos y estructuras de una subestación” (fl. 335, c. 3).

Los peritos manifestaron que por el hecho de estar la malla de encerramiento eléctricamente conectada a la malla de puesta a tierra, no puede ocasionar lesiones personales. “Para que esto último ocurra se requiere que la malla de encerramiento entrara en contacto con un circuito energizado caído por accidente o por una descarga atmosférica.” Y precisaron:

“6. Sí puede existir un momento ocasional en que se causen graves lesiones personales al tocar la malla de encerramiento; una descarga atmosférica, un circuito energizado caído sobre la malla de encerramiento, unas condiciones de humedad alta en el medio ambiente. Cada uno de estos anteriores hechos desfavorables a la suma de ellos, pueden convertirse en causas de accidente al tocar una persona dicha malla de encerramiento.

“Una malla de encerramiento apropiadamente conectada a la malla de puesta a tierra en condiciones de buen funcionamiento, reduce en gran porcentaje las posibilidades de un accidente, pero no se puede garantizar que nadie recibirá un choque eléctrico, o puede ser dañado o fulminado en el caso probable de unas condiciones desfavorables como las descritas anteriormente” (fls. 335 rev. y 336, c. 3). Destaca la Sala.

En la ampliación del dictamen los peritos manifestaron:

“6.5. La lluvia que se desató al momento de los hechos, en nada contribuyó a la elevación del voltaje en la malla.

“6.6. En la colocación de la malla, no hubo error, imprevisiones ni imprecisiones, tampoco en la extensión de las redes, en la prevención de accidentes por parte de la Corporación Autónoma Regional del Cauca CVC a la fecha del peritazgo y a la fecha de ocurrencia de los hechos.

“El error fue de la señora propietaria del inmueble, contiguo a la sub estación, que pegó a la malla de encerramiento un alambre de PUA, para que no se entraran los dueños de lo ajeno, sin permiso de la CVC” (fl. 358, c. 3).

Con fundamento en las anteriores pruebas, la Sala llega a las siguientes conclusiones:

Riesgo excepcional como título de imputación del daño.

Sostiene el señor Agente del Ministerio Público, al sustentar el recurso de alzada, que se ha demostrado en el proceso la diligencia de la entidad pública demandada en el mantenimiento de las redes y las instalaciones de energía eléctrica, por lo que “forzoso es concluir que se trata de un caso fortuito o de fuerza mayor que exonera a la demandada de responsabilidad”.

En primer término, es preciso afirmar que cuando el Estado, en cumplimiento de sus deberes y fines constitucionales y legales de servir a la comunidad y promover la prosperidad general, construye una obra o presta un servicio público utilizando recursos o medios que por su propia naturaleza generan un peligro eventual o un riesgo excepcional para la vida, la integridad o los bienes de los asociados, está llamado a responder por los daños que se produzcan cuando dicho peligro o riesgo se realice, por cuanto de no hacerlo estaría imponiendo a las víctimas, en forma ilegítima, una carga que vulneraría el principio constitucional de igualdad frente a las cargas públicas que están llamados a soportar todos los administrados, como contraprestación por los beneficios que les reporta la prestación de los servicios públicos. 

En estos casos la actuación del Estado se encuentra enmarcada dentro de la legalidad y no existe reproche en su conducta administrativa; es decir, es una típica responsabilidad sin falta o responsabilidad objetiva frente a la cual la administración solamente puede exonerarse si demuestra que el daño se produjo por fuerza mayor o culpa exclusiva y determinante de la víctima. 

En el caso sub judice, está demostrado que la entidad pública demandada es propietaria de una subestación de energía eléctrica, la cual se encuentra ubicada en el sector urbano de la población de Sevilla (Valle). La sola existencia de esta subestación de energía crea, por sí sola, un riesgo excepcional o un peligro eventual a los moradores del lugar. 

Tal como se determinó pericialmente, si bien la instalación y funcionamiento de la subestación cumplía con las normas técnicas de seguridad exigidas para equipos potencialmente peligrosos por el alto voltaje de la corriente eléctrica, no puede descartarse que en cualquier momento se produjera alguna situación que alterase las condiciones de seguridad para las personas y sus bienes. Es decir, que pese a la observancia estricta de las medidas de seguridad, en esta clase de equipos siempre existe la posibilidad que produzcan daños imputables a la estructura misma de la cosa o a su actividad o funcionamiento. Se trata entonces de un caso fortuito, que puede ser desconocido, pero si previsible e interno a la actividad, por lo cual no es causa exonerativa de responsabilidad. Al respecto los señores peritos conceptuaron: 

Sí puede existir un momento ocasional en que se causen graves lesiones personales al tocar la malla de encerramiento; una descarga atmosférica, un circuito energizado caído sobre la malla de encerramiento, unas condiciones de humedad alta en el medio ambiente. Cada uno de estos anteriores hechos desfavorables a la suma de ellos, pueden convertirse en causas de accidente al tocar una persona dicha malla de encerramiento (se subraya).

En proceso existe prueba suficiente que la muerte del señor Jaime Vásquez y las lesiones recibidas por el niño Jaime Antonio Vásquez Londoño, se produjeron por haber recibido una fuerte descarga eléctrica proveniente de la precitada subestación de energía. Si bien no se logró esclarecer cuál fue la causa por la cual la malla de encerramiento de la subestación se encontraba energizada con un altísimo voltaje, el hecho cierto y no desvirtuado por la parte demandada, es que los daños antijurídicos reclamados no se produjeron por una circunstancia de fuerza mayor, que es una causa externa a la administración, sino que su origen directo se encuentra en la existencia de una actividad que por su propia naturaleza es riesgosa o peligrosa para los moradores del lugar.

No altera el juicio de responsabilidad en contra de la entidad demandada, que un tercero hubiere colocado un cable asido a la malla de encerramiento de la subestación y dirigido a un costado de su vivienda, en orden a impedir el tránsito por la zona de colindancia con el fin de proteger sus bienes, y a través del cual los lesionados recibieron la descarga eléctrica, pues este hecho no era en ningún momento imprevisible ni irresistible para la administración, toda vez que desde la vía pública era perfectamente visible y detectable. Lo cierto es que los daños se produjeron no por la existencia misma de dicho cable, sino por la descarga eléctrica que provino de la subestación de energía, la cual por sí sola representaba un peligro eventual.

En consecuencia, los daños antijurídicos producidos son imputables a la entidad demandada, quien creó el estado de riesgo en ejercicio de sus funciones públicas y en beneficio de la comunidad, por lo cual está llamada a indemnizarlos, razón por la cual no es atendible la inconformidad del señor Agente del Ministerio Público contra el fallo de primer grado, el que será confirmado pero por los motivos antes expuestos, con las modificaciones que a continuación se expresan.

4. Liquidación de perjuicios.

4.1. Morales.

El Sr. Jaime Vásquez convivía con la Sra Gloria Inés Londoño, su compañera permanente y madre de Jaime Antonio Vásquez Londoño, Luis Eduardo Vásquez Londoño, Gloria Patricia Vásquez Londoño y Oscar Andrés Vásquez Londoño, quienes vivían bajo el mismo techo de sus padres. Así se desprende de lo dicho por sus vecinos Martha Lucía Arias Patiño (fl 179 c 3), Aleida González de Ocampo (fl 180 c 3), Ramón de Jesús Hoyos Gómez (fl 182 c 3), Luceny Castañeda Valencia (fl 183 c 3), Rosalía Román Vanegas (fl 185 c 3) y María Rubinery Ramírez (fl 186 c 3).

De acuerdo con lo que ha sostenido esta Sala(1) en el sentido de que las pruebas del parentesco, en la mayor parte de los casos, pueden ser indicios suficientes para establecer la existencia de relaciones afectivas y, en consecuencia, del sufrimiento por el daño causado a un pariente, se puede concluir que:

Con fundamento en los indicios —constituidos por las pruebas del parentesco que obran en el expediente— puede presumirse que, por una parte, entre el Sr Vásquez y sus hijos, existían fuertes lazos de afecto, y, por otra, que la muerte de aquel produjo sufrimiento a estos.

Respecto de la Sra Gloria Inés Londoño, puede decirse algo similar, pues ella fue su compañera permanente y la madre de sus cuatro hijos, lo cual da lugar a la formación de una vida común sobre la base de relaciones de afecto, y que, a su vez, es indicio suficiente para tener por cierto el dolor que causó, en la mencionada señora, el fallecimiento del Sr. Vásquez.

En lo atinente a las lesiones sufridas por el menor Jaime Antonio Vásquez, la Sala encuentra que, entre hermanos, y entre la madre y los hijos, según las reglas de la experiencia, es presumible la existencia de relaciones afectivas y, por lo tanto, del dolor y la angustia que les produce el padecimiento de cualquiera de ellos.

Todo lo anterior permite concluir que, en efecto, los demandantes tienen derecho a recibir la indemnización por los perjuicios morales que les reconoció el a quo. Más no sobra aclarar que la tasación de tales perjuicios se hace conforme al saber del juzgador en cada caso. En el presente, la Sala encuentra que, atendidas las circunstancias que rodearon la ocurrencia del siniestro, es adecuado el cálculo que hizo el Tribunal, razón por la cual no accederá a la petición formulada por los actores de incrementar la indemnización a la madre y a los hermanos del lesionado Jaime Antonio Vásquez Londoño.

4.1. Materiales.

De los testimonios que se rindieron en el proceso, puede concluirse que el sr. Vásquez sostenía económicamente a su familia. En efecto Aleida González de Ocampo, en su testimonio, afirmó expresamente que el sr. Vásquez sostenía a la señora y a sus hijos (fl180). Por otra parte, Rosalía Román Vanegas (fl185) afirmó que después de la muerte del s. Vásquez, Gloria Inés Londoño quedó en muy mala situación económica. También, de lo dicho por Lucency Castañeda Valencia (fl18), puede deducirse la que la familia Vásquez Londoño dependía económicamente del Sr. Vásquez, pues ella afirmó que después de la muerte de este, su familia quedó desamparada, que Gloria Inés Londoño tuvo que conseguir con qué sostener a sus hijos trabajando en casas de familia y lavando ropa, y que, antes, mientras vivió su compañero, nunca tuvo que asumir esa obligación. Por su parte Ramón de Jesús Hoyos Gómez manifestó que el Sr Jaime Vásquez llevaba a su casa lo que se ganaba, y que, después de su muerte, la familia quedó en muy malas condiciones, pues la Sra Gloria Inés no tenía quien le ayudara (fl 182).

Lo anterior permite concluir que los demandantes sufrieron un perjuicio material con la muerte del Sr. Jaime Vásquez, pues era él quién respondía económicamente por sus hijos y por su compañera permanente, y, consecuentemente, su ausencia los dejó sin sustento.

Por otra parte, le asiste razón en su protesta a la parte actora con relación a la indemnización por perjuicios materiales reconocida en favor de la señora Gloria Inés Londoño por la muerte de su compañero permanente Jaime Vásquez, puesto que, siendo ella la menor de los dos, tal como consta en el expediente (fls 5-8 c 1), tiene derecho a ser indemnizada hasta el límite de supervivencia de su compañero muerto y no hasta cuando su hijo menor cumpla los 18 años de edad; de lo contrario no se estaría garantizando su estabilidad económica ante una circunstancia eventual e incierta de que su hijo menor tenga, en el futuro, posibilidades reales de apoyar a su madre. Lo cierto es que independientemente de la existencia de sus hijos, la señora GLORIA INES LONDOÑO tiene derecho a ser legalmente indemnizada por los perjuicios materiales sufridos como consecuencia de la muerte de quien fue su compañero permanente.

Por otra parte, tal como lo solicitan los actores, las condenas por perjuicios materiales se actualizarán aplicando la fórmula prevista por el a quo, teniendo en cuenta que el índice inicial será el que regía en noviembre de 1989, de 15.63 (124.27 x 0.1258146) y el índice final el de la fecha de esta sentencia de 118.78.

Bases para la liquidación:

Salario: tal como lo estimó el a quo, la suma que se tomará como base para la liquidación será $ 32.559,60 (Decreto 2662 de 1988), que era el salario mínimo legal para el año de 1989, del cual se descuenta un 25%, que se presume que el fallecido destinaba a atender a su propia subsistencia; el 75% restante ($ 24.419.70) se dividirá entre los demandantes en cinco partes iguales, como lo estimó el Tribunal, decisión frente a la cual la parte actora no expresó su inconformidad, la cual quedará así:

V.P. = 24.419,7 x 118.78

15.63

V.P. = 185.577

Para cada uno de los actores: $ 37.115.40. (en partes iguales).

a) Para la compañera sobreviviente: el día de los hechos el señor Jaime Vásquez tenía 34 años, según consta en el registro civil de nacimiento (fl. 4, c. 1), por lo cual, según las tablas de mortalidad adoptadas por la Superintendencia Bancaria, su expectativa de sobrevivencia era de 40.51 años o 486 meses.

La indemnización a que tiene derecho comprende dos períodos: uno vencido o consolidado, que se cuenta desde la fecha en que ocurrieron los hechos hasta el presente, para un total de 134 meses y el otro, futuro o anticipado, corre desde la presente fecha hasta el fin de la vida probable del referido fallecido, para un total de 352 meses, de lo cual resulta:

Indemnización vencida o consolidada:

S1991-1
 

Indemnización futura o anticipada:

S1991-2
 

Sumados los valores de la indemnización vencida y futura dan un resultado de $ 13.255.169.

b) Para Jaime Antonio Vásquez Londoño: menor de edad en el momento del in suceso (sic) (tenía 6 años), por lo cual solamente se le reconocerá una indemnización por perjuicios materiales hasta el momento en que cumpla la mayoría de edad, es decir, por 143 meses.

La indemnización a que tiene derecho comprende dos períodos: uno vencido o consolidado, que se cuenta desde la fecha en que ocurrieron los hechos hasta el presente, para un total de 134 meses y el otro, futuro o anticipado, corre desde la presente fecha hasta el día en que cumpla la mayoría de edad (9 meses), de lo cual resulta:

Indemnización vencida o consolidada:

S1991-3
 

Indemnización futura o anticipada:

S1991-4
 

Sumados los valores de la indemnización vencida y futura dan un resultado de $ 7.321.629.

c) Para Luis Eduardo Vásquez Londoño: menor de edad en el momento del in suceso (tenía 7 años), por lo cual solamente se le reconocerá una indemnización por perjuicios materiales desde la fecha en que ocurrieron los hechos hasta el día en que cumplió la mayoría de edad (noviembre 1º de 2000), es decir, por 132 meses.

Indemnización vencida o consolidada:

S1991-5
 

d) Para Gloria Patricia Vásquez Londoño: menor de edad en el momento del in suceso (tenía 4 años y 2 meses), por lo cual solamente le reconocerá una indemnización por perjuicios materiales hasta el momento en que cumpla la mayoría de edad, es decir, por 166 meses.

La indemnización a que tiene derecho comprende dos períodos: uno vencido o consolidado, que se cuenta desde la fecha en que ocurrieron los hechos hasta el presente, para un total de 134 meses y el otro, futuro o anticipado, corre desde la presente fecha hasta cuando cumpla la mayoría de edad, para un total de 32 meses, de lo cual resulta:

Indemnización vencida o consolidada:

S1991-6
 

Indemnización futura o anticipada:

S1991-7
 

Sumados los valores de la indemnización vencida y futura dan un resultado de $ 8’104.022.

e) Para Óscar Andrés Vásquez Londoño: menor de edad en el momento del in suceso (tenía 2 años y 2 meses), por lo cual solamente le reconocerá una indemnización por perjuicios materiales hasta el momento en que cumpla la mayoría de edad, es decir, por 190 meses.

La indemnización a que tiene derecho comprende dos períodos: uno vencido o consolidado, que se cuenta desde la fecha en que ocurrieron los hechos hasta el presente, para un total de 134 meses y el otro, futuro o anticipado, corre desde la presente fecha hasta cuando cumpla la mayoría de edad, para un total de 56 meses, de lo cual resulta:

Indemnización vencida o consolidada:

S1991-8
 

Indemnización futura o anticipada:

S1991-9
 

Sumados los valores de la indemnización vencida y futura dan un resultado de $ 8’831.012.

f) Indemnización por perjuicios materiales para Jaime Antonio Vásquez Londoño como directo lesionado:

Según el concepto médico pericial el menor Jaime Antonio Vásquez Londoño “tendrá una incapacidad laboral futura cercana al 60%” (fl. 59, c. 5), por lo cual, tal como lo estimó el Tribunal, teniendo en cuenta esa proporción será indemnizado por perjuicios materiales en la especie de lucro cesante, los cuales se liquidarán con base en el salario mínimo del presente año (por cuanto en octubre 14 de los corrientes cumplirá 18 años de edad) y hasta su vida probable, que según las tablas de mortalidad del ISS (fl. 41, c. 3) es de 57.82 años o sea 683.84 meses.

Como el salario mínimo legal vigente en este año es de $ 286.000 (Decreto 2579 de 2000), de este monto se toma el 60% que fue la pérdida de la capacidad laboral o sea $ 171.600.

Indemnización futura o anticipada:

S1991-10
 

Resumen indemnizatorio.

BeneficiarioTotal
Gloria Inés Londoño Henao13’255.169.
Jaime Antonio Vásquez Londoño41’376.274.
Luis Eduardo Vásquez Londoño6’849.315.
Gloria Patricia Vásquez Londoño8’104.022.
Óscar Andrés Vásquez Londoño8’831.012.

Desde la ejecutoria de este fallo, las sumas concretadas por perjuicios tanto morales como materiales, devengarán los intereses tal como lo dispuso el a quo, decisión que no fue materia de controversia por los apelantes.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

FALLA

MODIFÍCASE el numeral segundo de la sentencia proferida por el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca, el 17 de febrero de 1995, el cual quedará así:

2. Condénase a la Corporación Autónoma Regional del Cauca “CVC”, a pagar las sumas de dinero, que a continuación se relacionan, como responsable patrimonial de la muerte del señor Jaime Vásquez y de las lesiones sufridas por el menor Jaime Antonio Vásquez Londoño, de conformidad con la parte motiva de esta providencia, así:

a) Por la muerte del señor Jaime Vásquez:

Por concepto de perjuicios morales a los señores Gloria Inés Londoño Henao, Jaime Antonio, Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño, la suma equivalente en pesos colombianos a mil (1000) gramos de oro fino a cada uno de ellos. Estas cantidades se liquidarán de conformidad con la certificación expedida por el Banco de la República para la fecha de ejecutoria de esta providencia.

Por concepto de perjuicios materiales en favor de: Gloria Inés Londoño Henao, la suma de trece millones doscientos cincuenta y cinco mil ciento sesenta y nueve pesos m/c ($ 13.255.169); a Jaime Antonio Vásquez Londoño, la suma de siete millones trescientos veintiun mil seiscientos veintinueve pesos m/c ($ 7.321.629,oo); a Luis Eduardo Vásquez Londoño, la suma de seis millones ochocientos cuarenta y nueve mil trescientos quince pesos m/c ($ 6’849.315); a Gloria Patricia Vásquez Londoño, la suma de ocho millones ciento cuatro mil veintidós pesos m/c ($ 8’104.022,oo); y a Óscar Andrés Vásquez Londoño, la suma de ocho millones ochocientos treinta y un mil doce pesos m/c ($ 8’831.012).

b) Por las lesiones sufridas por el menor Jaime Antonio Vásquez Londoño:

Por concepto de perjuicios morales al lesionado Jaime Antonio Vásquez Londoño, la suma equivalente en pesos colombianos a mil (1000) gramos de oro fino; a la señora Gloria Inés Londoño Henao, la suma equivalente en pesos colombianos a quinientos (500) gramos de oro fino; y a los señores Luis Eduardo, Gloria Patricia y Óscar Andrés Vásquez Londoño, la suma equivalente en pesos colombianos a ciento cincuenta (150) gramos de oro fino a cada uno de ellos. Estas cantidades se liquidarán de conformidad con la certificación expedida por el Banco de la República para la fecha de ejecutoria de esta providencia.

Por concepto de perjuicios materiales en favor de Jaime Antonio Vásquez Londoño, la suma de treinta y cuatro millones cincuenta y cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco pesos m/c ($ 34’054.645).

CONFÍRMASE en todo lo demás.

Cópiese, notifíquese y cúmplase.

Magistrados: Alier E. Hernández Enríquez, presidente de la Sección—María Elena Giraldo GómezJesús M. Carrillo BallesterosRicardo Hoyos DuqueGermán Rodríguez Villamizar.

1 Entre otras, Sentencia proferida por la Sección tercera del Consejo de Estado dentro del expediente 11.766.