Sentencia 1992-07518 de noviembre 8 de 2007

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

Radicación: 54001-23-31-000-1992-07518-01(14442)

Consejero Ponente:

Dr. Ramiro Saavedra Becerra

Actor: Juan Simón Pabón Mendoza

Demandado: Nación - Instituto de Seguros Sociales

Referencia: Acción de reparación directa

Bogotá, D.C., ocho de noviembre de dos mil siete.

Conoce la Sala del recurso de apelación interpuesto por la parte demandada contra la sentencia del veinte (20) de agosto de mil novecientos noventa y siete (1997), por medio de la cual el Tribunal Administrativo de Norte de Santander decidió:

“PRIMERO: DECLARAR AL INSTITUTO DE SEGUROS SOCIALES administrativamente responsable por el daño ocasionado al señor JUAN SIMÓN PABÓN MENDOZA, identificado con la cédula de ciudadanía 5.450.191 expedida en Gramalote, con ocasión de los hechos que afectaron su salud, y que le ocasionaron secuelas, conforme lo expuesto en la parte motiva de esta providencia.

SEGUNDO: CONDÉNASE AL INSTITUTO DE SEGUROS SOCIALES a pagar al señor JUAN SIMÓN PABÓN MENDOZA por concepto de PERJUICIOS MORALES la cantidad de QUINIENTOS (500) gramos de oro puro.

TERCERO: NIÉGASE las demás pretensiones de la demanda.

CUARTO: DEVOLVER la suma consignada para gastos del proceso efectuando los correspondientes descuentos por tal concepto, si los hubiese”.

Antecedentes procesales

1. La Demanda

Fue presentada por Juan Simón Pabón Mendoza el 4 de mayo de 1992, por intermedio de apoderado judicial en ejercicio de la acción de reparación directa prevista en el artículo 86 del Código Contencioso Administrativo, en calidad de víctima directa del perjuicio.

Pretensiones

PRIMERA: Que LA NACIÓN - INSTITUTO DE SEGUROS SOCIALES es civilmente responsable por el daño ocasionado al señor JUAN SIMÓN PABÓN MENDOZA identificado con la cédula de ciudadanía 5.450.191 expedida en Gramalote, por razón de los hechos que afectaron su salud y que se produjeron como consecuencia de actitud negligente de (sic) funcionario del Estado”.

SEGUNDA: Que para el resarcimiento del daño ocasionado, se le conceda al afectado señor JUAN SIMÓN PABÓN MENDOZA una pensión periódica de invalidez que conlleve prestación económica y por sobre todo asistencia médica, clínica y farmacéutica.

TERCERA: Que se condene al pago de perjuicios morales que se objetivan en cuantía equivalente al valor en pesos de mil (1.000) gramos de oro fino según cotización del Banco de la República”.

Hechos

“1. El señor JUAN SIMÓN PABÓN MENDOZA trabajaba al servicio de la señora JACINTA RAMÍREZ como ayudante de un camión repartidor de cerveza en la zona urbana de Cúcuta. Con ocasión de esa labor, sufrió un accidente de trabajo consistente en que se le vinieron sobre su cuerpo varias cajas de cerveza, lo cual produjo lesión en la región cervical o columna vertebral.

2. En razón de estar afiliado al Instituto de Seguros Sociales tuvo que someterse a periódica consulta externa, sin que nunca hubiera el tratamiento de rigor. Finalmente el día 3 de Abril de 1990 se logró internar en la clínica, habiéndola (sic) correspondido o asignado cama en la pieza 304, allí se le hicieron lo exámenes de laboratorio de rigor y posteriormente de rayos equis.

3. El día viernes 4 de Mayo del año 1990, fue llevado a la sala de radiología para someterlo a un examen de esta índole, acostándosele en forma fetal, para efecto de aplicarle una inyección, cumplido lo anterior, se le colocó sobre un planchón (aprox. 1.90 de alto por 1.00 de ancho) para la práctica del examen. El planchón empezó a levantar (sic) accionado por el señor MARIO NEUMANN, quien fue negligente en la observación y cuidado del paciente, por manera (sic) que al ser levantado el planchón en forma vertical, el paciente posiblemente desmayó y cayó pesadamente sobre el piso, produciéndosele heridas graves por la inserción de partículas de vidrio sobre el brazo derecho aproximadamente de unos veinte centímetros en una herida longitudinal en la que le fueron tomados puntos en la parte exterior del brazo, otra herida que le quedó como consecuencia una cicatriz superficial bastante pronunciada, así como otra en forma de ‘L’ sobre el antebrazo en una longitud aproximada de doce centímetros, otra herida en el antebrazo consistente en la toma de dos o tres puntos, así como la pérdida funcional del brazo para efecto del trabajo y la estética del brazo derecho que es el que presenta las heridas en mención.

4. Al paciente se le mantuvo hasta el día jueves 24 de mayo de 1990 en la Clínica y se le dio de alta para esa fecha estando absolutamente incapacitado para trabajar, habiéndosele ocasionado un daño grave en su salud de consecuencias permanentes y la incapacidad para trabajar”.

2. Actuación Procesal.

2.1. El Tribunal Administrativo de Norte de Santander admitió la demanda mediante auto de 8 de mayo de 1992 que fue notificado al ISS el 14 de mayo siguiente (fls. 8 y 9, cdno. ppal.).

2.2. El Instituto de Seguros Sociales Hospital, seccional del Norte de Santander, contestó la demanda en la oportunidad procesal correspondiente, mediante escrito en el que reconoció como ciertos algunos hechos, manifestó someterse a lo probado, argumentó que no existió “negligencia en la observación y cuidado del paciente”, por parte del Instituto de Seguros Sociales toda vez que no es cierta la forma en que el demandante relató los hechos y señaló que “(...) el señor Pabón no ha concurrido a los ejercicios fisioterapéuticos ordenados por el personal científico”, por lo que “el tratamiento no ha concluido” (fls. 27 y 28, cdno. ppal.).

3. La sentencia recurrida.

El Tribunal declaró la responsabilidad del Instituto de Seguros Sociales y lo condenó al pago del valor equivalente a 500 gramos de oro por concepto de los perjuicios morales que se derivaron de la afectación a la salud del demandante y de las secuelas que se le ocasionaron.

Mediante la valoración de los medios de prueba obrantes en el proceso, explicó que los mismos acreditan la existencia de un daño en la salud o en la integridad física del paciente, de manera directa y precisa como consecuencia de la herida padecida en su miembro superior derecho al caer sobre la vitrina que se encontraba en la sala de rayos equis del Instituto de Seguros Sociales, cuando se practicaba el examen radiológico.

Dijo el Tribunal:

“(...) como resultado del análisis probatorio efectuado respecto de la existencia del hecho y del daño, quedó establecido que en efecto las secuelas consistentes en la pérdida de la capacidad laboral del actor, tuvieron origen de manera precisa en la lesión padecida en su brazo derecho como consecuencia directa de las heridas sufridas al caerse en la sala de rayos X del ISS cuando se le practicaba un examen de radiología, al ser colocado en posición vertical y luego de habérsele inyectado un líquido de contraste”.

Con fundamento en lo anterior y en que la jurisprudencia ha desarrollado la tesis de la falla presunta, en ciertos casos relacionados con la prestación del servicio médico, el a quo dedujo que, en el presente caso, la entidad demandada no demostró haber actuado de forma diligente, haber cuidado de forma adecuada al paciente mientras se practicaba el examen de mielografía lumbar, como tampoco acreditó la configuración de una fuerza mayor o caso fortuito procedió a declarar la responsabilidad demandada. Afirmó:

“Respecto de la responsabilidad médica hospitalaria ha sido reiterada la jurisprudencia del Honorable Consejo de Estado Sección Tercera al considerar que la carga de la prueba acerca de la ausencia de la falla en el servicio médico incumbe en estos eventos a las entidades oficiales prestadoras del servicio médico, puesto que la existencia de falla en su contra se presume, lo cual implica que les corresponde demostrar que su conducta fue diligente y que el daño sufrido por la víctima no fue producto de inatención o de atención inadecuada.

Por su parte la entidad demanda (sic) absolutamente ningún esfuerzo probatorio realizó para demostrar lo contrario de estas aseveraciones, acreditando que, distinto a como se afirma, la entidad y sus funcionarios sí actuaron de manera diligente habiendo estado el paciente bien asistido mientras la práctica del examen de mielografía lumbar, y habiendo tomado dicha entidad hospitalaria las medidas previsoras o precautelativas del caso para impedir una situación como la acaecida.

Así mismo tampoco demostró, siendo suya la carga de la prueba de conformidad con el artículo 1604 inciso 3º del Código Civil, que la caída acaecida al paciente, causa del daño presentado en su miembro superior derecho, correspondiera o se debiera a fuerza mayor o caso fortuito, entendido en los términos en que estos eventos están definidos en el artículo 1º de la Ley 95 de 1890: ‘El imprevisto a que no es posible resistir’.

(...) Resulta evidente para la Sala que la situación en la que resultó lesionado en su brazo el actor en la sala de radiología del ISS, no hubiese ocurrido con una actuación prudente de la entidad demandada y del médico tratante del paciente, si se le lleva a la práctica de esos exámenes radiológicos acompañado de un Auxiliar de Enfermería o de otro funcionario asistente de Rayos X, que esté con él todo el tiempo que duren estos, o si al colocársele en posición vertical porque ello es indispensable, entonces se le sujeta debidamente, o si alrededor del lugar donde es puesto en posición de pie, se toman precauciones para impedir que en caso de ocurrir una caída, la cual como antes se anotó puede ser factible entratándose de enfermos, es decir, de personas con su salud debilitada, el paciente o los pacientes no se golpeen pues hay proyección con elementos indicados para el efecto, retirando además del sitio, los objetos corto punzantes que pueden ocasionar lesiones”.

Declaró la existencia de la falla del servicio generadora de la responsabilidad administrativa patrimonial, a cargo del establecimiento público demandado, procedió a reconocer el pago de los perjuicios morales objetivados y negó el otorgamiento de una pensión periódica en los siguientes términos: “(...) la Sala estima que a lo primeramente solicitado no es procedente accederse por cuanto la negativa a la solicitud de pensión de invalidez que corresponde, así haya sido dada la respuesta negativa por la administración en forma verbal o escrita, ella representa una decisión administrativa con efectos jurídicos, y constituyendo en consecuencia un acto administrativo”, que como tal debe ser atacado “a través de la acción de nulidad y restablecimiento del derecho consagrada en el artículo 85 del Código Contencioso Administrativo, pertinente para casos en que la persona se crea lesionada en un derecho amparado en una norma jurídica pudiendo pedir que se le declare la nulidad del acto administrativo y se le restablezca su derecho, (...)”.

De la providencia se apartó la Magistrada Josefina Ibarra para quien el daño se produjo por un caso fortuito. Afirmó que a la parte demandante le corresponde probar la falla del servicio, toda vez que “no siempre que se presenta una falla en el servicio relacionado con la salud, nos encontramos ante una falla médica que es…..la susceptible de la aplicación de la mencionada teoría, especialmente en los casos en los cuales el paciente, por estar inconsciente, no tiene ninguna posibilidad de saber si el médico ha puesto toda diligencia y cuidado en realizar los procedimientos adecuados a su patología, así como en aquellos casos, en que la dificultad para entender los términos científicos, tratamiento etc., para el común de las personas, hacen que sea más lógico que sea el propio médico quien demuestre que realizó los procedimientos adecuados” (fls. 82 a 96, cdno. ppal.).

4. El recurso de apelación.

Fue interpuesto por la parte demandada con el objeto de que se revoque la sentencia proferida por el Tribunal Administrativo del Norte de Santander y, en su lugar, se absuelva al Instituto de Seguros Sociales de todos los cargos que se le imputan.

Afirmó que el Tribunal omitió pronunciarse respecto de la situación jurídica de la Nación, entidad que también fue demandada con el Instituto de Seguros Sociales; adujo que le resulta extraño que “la Sala exija la demostración del caso fortuito, cuando por haber ocurrido el hecho en tal circunstancia, queda fuera del debate cualquier acreditación dado el suceso imprevisto y repentino y, así las cosas, no es dable presumir la falla del servicio, como tampoco es obligación legal para el Seguro demostrar que su conducta fue diligente y que no ocurrió como producto de inatención o atención inadecuada, ya que todo sobrevino dentro del marco de ‘un caso fortuito’ que no se pudo resistir y que no se podía prever”.

Planteó que la aplicación de la falla presunta del servicio no tiene relevancia alguna en el proceso en mención y manifestó, con sustento en lo afirmado en el salvamento de voto, que no resulta procedente tomar en cuenta el testimonio de la esposa del paciente, pues “no tiene la fiabilidad necesaria”, dado el grado de afinidad y los intereses en el resultado de la controversia. Concluyó con fundamento en lo expuesto por el señor agente del Ministerio Público, que deben negarse las pretensiones de la demanda porque no existió negligencia ni falla de la entidad demandada (fls. 102 a 103, cdno. ppal.).

5. Actuación en segunda instancia.

5.1. El recurso de apelación se admitió mediante providencia del 30 de enero de 1998 y por auto del 16 de febrero de 1998 se dispuso traslado para la presentación de alegatos y conceptos finales.

5.2. La parte demandante y el Ministerio Público guardaron silencio; en tanto que el Instituto de Seguros Sociales reiteró lo expuesto en anteriores oportunidades procesales. Explicó que no existió pronunciamiento alguno del Tribunal acerca de la situación jurídica de la Nación también demandada, pues no se absolvió ni condenó en la parte resolutiva de la sentencia, ni se le tomó en cuenta como parte procesal dentro del litigio; precisó que el Tribunal olvidó que no todo daño es consecuencia de una falla del servicio imputable a la entidad prestadora del servicio, porque esta puede exonerarse con la demostración de la concurrencia de una culpa exclusiva del agente, la culpa exclusiva de la víctima, la culpa de un tercero, la fuerza mayor o el caso fortuito, último evento que, afirmó, se configuró en el presente proceso, conforme lo expresó en su salvamento de voto la Magistrada María Josefina Ibarra Rodríguez.

También insistió en que en el caso sub judice no debió aplicarse la falla presunta del servicio pues la inversión de la carga de la prueba solo se restringe a eventos excepcionales, mas si en sus palabras “en materia médica los pacientes, hablando de una cirugía y no tener conciencia dentro de dicha maniobra no puede hablar nunca de una negligencia, impudencia u otros, del médico agente, etc. cuando se realiza dicha intervención”.

Respecto de las pruebas adujo que: “nunca debió de tener (sic) en cuenta para decisión de fondo los testimonios visibles en el plenario y que corresponden al demandante o su cónyuge, ya que estas son personas que tienen el mayor interés en el fallo condenatorio, y por otro lado el demandante al sufrir el desmayo, no estaba conciente para afirmar o infirmar tal procedimiento; y por el otro su cónyuge no estaba en plena capacidad de endilgar alguna responsabilidad al ISS o su agente por cuanto ella nunca pudo estar en el sitio del insuceso”.

Luego de resaltar el contenido del salvamento de voto señaló “(...) en ninguna parte del mundo y para efectos de la toma de placa de rayos X se permite el acceso a personas diferentes al técnico que las toma y con las debidas protecciones (pared de concreto reforzado de más de 20 cms de espesor, recubierto con placa de plomo de un (1) cms de espesor, peto de material plomaginado, guantes, careta, etc.) y es imposible que el paciente sea asistido por persona alguna debido al alto porcentaje de radiación”; respecto de la ausencia de correas en la sala de rayos X dijo “no lo comparto por cuanto este tipo de placas radiológicas, de conformidad con conceptos médicos visibles al plenario se toma en diferentes posiciones por lo cual se hace imposible sujetar al paciente con correas u otro tipo de protección”; en cuanto al efecto del contraste afirmó “nunca se demostró dentro del proceso que el medio de contraste (IOPAMILION) ‘PUDO HABER MERMADO SUS FUERZAS’, ya que según conceptos técnicos y médicos este tipo de fármaco no presenta efectos secundarios y ha debido tenerse en cuenta el testimonio visible a folio 40 del expediente rendido por el técnico que corrobora lo antes dicho”.

Adujo que “en cuanto a los medios de protección, a efecto que los pacientes no sufran daño alguno con ocurrencia de desmayos, mareos etc., sería casi imposible no contar con dichos elementos para el buen desempeño de sus funciones, en espera de que cualquier paciente sufra algún golpe con ellos ocasionándose daño. (...) lo mismo se podría predicar de una persona que sufra un desmayo o mareo dentro o fuera de la entidad prestadora del servicio y se golpea la cabeza contra el suelo, sufriendo una lesión cerebral, para posteriormente incoar una acción de reparación directa, frente a quien?”

Concluyó su réplica con el argumento de que el Tribunal sólo consideró pruebas hipotéticas, circunstanciales, así como indicios y presunciones sin cumplir con los requisitos impuestos en materia de plena prueba por el Código Contencioso Administrativo y el Código de procedimiento Civil (fls. 111 al 115, cdno. ppal.).

Consideraciones

Procede la Sala a resolver el recurso de apelación formulado por la parte actora, en juicio de dos instancias(1), con el objeto de que revoque la sentencia desestimatoria de las pretensiones que adoptó el Tribunal a quo.

La parte demandada i) pretende un pronunciamiento respecto de la responsabilidad que se le imputa a la Nación, ii) cuestiona la aplicación de la teoría de la falla presunta para resolver el caso concreto e iii) invoca la ocurrencia de un caso fortuito que, afirma, lo exime de responsabilidad.

1. Lo probado.

Mediante el análisis de las declaraciones y documentos obrantes en el expediente, la Sala encuentra demostrados los siguientes hechos.

— El día 30 de enero de 1989 se emitió un informe patronal de accidentes de trabajo por el Instituto de Seguros Sociales en el que se acreditó como ocupación habitual del señor Juan Simón Pabón Mendoza la de ayudante de camión, de 32 años de edad quien al descargar una caja de cerveza fue aprisionado por un cargador contra el chasis del carro sobre el cual trabajaba (fl. 23, cdno. 2 historia clínica copia auténtica).

— El 30 de abril de 1990 se rindió informe radiológico del paciente Juan Simón Pabón Mendoza en el que consta como diagnóstico clínico una hernia discal en la pierna derecha y también que se realizó una tomografía axial (ilegible) (fl. 30, cdno. 2 historia clínica copia auténtica).

— El 3 de mayo de 1990 se registró en las notas de evolución de enfermería la salida del paciente para rayos equis a la 1:45 para la práctica de una mielografía, y su reingreso a las 16: 45 con la siguiente anotación “ingresó paciente de rayos X con herida de brazo y antebrazo derecho con un vidrio al presentar hipotensión. Acompañado por el doctor Calderón”, posteriormente se anotó “19:00 termina cirugía, sale paciente a recuperación” (fl. 63, cdno. 2 historia clínica copia auténtica).

— El 17 de mayo de 1990 se realizó la remisión a fisiatría del señor Juan Simón Pabón Mendoza en la que se anotó como resumen de datos clínicos: “mielografía = una hernia incipiente L4/5 sin compresión radiación, durante al mielografía, (ilegible) y lesión muscular bíceps derecho y supuradores antebrazo derecho”. Se informó además que fue enviado a evaluación y fisioterapia (fl. 32, cdno. 2 historia clínica copia auténtica).

— El 30 de agosto de 1992 se realizó control al paciente en el que se observó “con mejoría notoria en movilidad arterial presentada áreas de movilidad tanto en hombro como en codo normales. Sin embargo, persiste actividad motora de musculatura de hombro y codo con atrofia parcial. Se espera conducta a seguir” (fl. 104, cdno. 2 historia clínica copia auténtica).

— El 3 de septiembre de 1990 el señor Juan Simón Pabón Mendoza acudió a consulta en la que se registró “paciente con secuelas de lesión de RSD al caer en RX sobre vidrio. Presenta pérdida de fuerza para flexionar el antebrazo y extender la muñeca. Se ordena terapia intensiva y revaloraré en un mes”. Similar anotación realizó neurocirugía el 21 de noviembre de 1990: “atrofia de bíceps derecho por lesión” (fls. 83 y 84, cdno. 2).

— El 19 de noviembre de 1990 el Instituto de Seguros Sociales remitió un memorando suscrito por el médico laboral al jefe de ortopedia en el que consta: “Esta oficina de acuerdo a su solicitud autoriza prórroga de incapacidad por 20 días al paciente Pabón Mendoza Juan Simón, con afiliación 905450191, a partir de la fecha en que cumplió los 180 días” (fl. 89, cdno. 2).

— El 6 de octubre de 1990 el médico fisiatra doctor Eduardo Benítez Maldonado anotó “paciente de 33 años de edad, quien sufrió una lesión en la región lateral externa media del brazo derecho posterior, en el cual ha presentado hipoestesia en el territorio músculo cutáneo, hipertrofia del músculo bíceps. Hiporeflexia biccipital derecha. Respecto al examen anterior se encuentra clínicamente que existe una contracción muscular del músculo bíceps (...) los hallazgos electro miográficos muestran una lesión severa del nervio músculo cutáneo derecho (...)” (fl. 88, cdno. 2).

En la misma fecha la Junta Médica Laboral registró lo siguiente:

“Paciente quien sufrió accidente hoy más o menos produciéndose herida de brazo derecho con compromiso de músculo cutáneo, presenta (ilegible)atrofia del bícep. El paciente tiene una pérdida de la capacidad laboral del 30% lo cual no le alcanzó para pensión por invalidez por enfermedad común. Se decide ofrecerle la posibilidad de cambio de actividad (ilegible) se cita a terapia ocupacional (...)” (fl. 104, historia clínica).

— El día 20 de octubre de 1992 se realizó la diligencia de recepción del testimonio de la señora Luz Marina Dulcey de Pabón, esposa del paciente, quien manifestó: “Él fue hospitalizado por una enfermedad que tenía en la columna, y él tenía un mes de hospitalizado cuando el 3 de mayo lo bajaron para hacerle una radiografía que le sacan en la columna para saber en que parte tenía las hernias para hacerle una operación, y a él lo inyectaron en la columna para poder sacar la radiografía, y el médico lo levantó y lo pusieron en ese aparato, en el que toman las placas y lo dejaron solo, MARIO tenía que estar pendiente mientras el médico le tomaba la radiografía, entonces MARIO se retiró y se fue a hablar con una enfermera, cuando él dijo que se sentía mareado, él llamó tres veces diciendo que se sentía mareado, y entonces MARIO no acudió, cuando sentimos fue el golpe cuando él cayó, que había una vitrina a un lado, donde metan gasa y eso, y el cuando cayó, cayó en la vitrina y la partió, y yo que estaba afuera sentí el golpe y traté de entrar, pero no me dejaron,(...)yo solo alcancé a verlo sangrando no más, entonces MARIO cerró la puerta y dijo que no había sido nada, que solo un poquito y lo taparon,(...) yo di la vuelta y vi que lo llevaban para cirugía, subí hasta el tercer piso donde lo tenían y a mi no me lo dejaron ver hasta que lo sacaron de cirugía a las 9 de la noche y a mí me habían dicho que era poquito pero cuando lo sacaron de cirugía vi que había sido de aquí para abajo (la declarante se señala debajo del hombro), (...) después yo esa noche no me pude quedar (...), al otro día que volvimos casi no lo reconocía a uno, de la sangre que botó(...), yo si lo aseguro porque estaba ahí y oí que avisó tres veces, pero como a uno no lo dejan entrar, (...) yo los vi cuando ellos lo acomodaron en el aparato, y después el doctor se fue para adentro, y MARIO se fue a hablar con una enfermera, entonces el quedó solo. Yo vi cuando se cayó, se fue de medio lado, yo estaba adentró y oí cuando el llamó tres veces le dice a MARIO que estaba mareado y el lo niega, que el no avisó” (fl. 34 a 35, cdno. ppal.).

— El día 21 de octubre de 1992 se practicó interrogatorio de parte al demandante Juan Simón Pabón Mendoza, quien afirmó:

“yo demando al Seguro Social por causas que sucedieron dentro de la misma clínica en la cual yo fui internado allá el 3 de abril y luego los exámenes que me tomaron fueron el 3 de mayo de1990, en el cual se me bajó a la sala de rayos x para hacerme un examen en la columna, en el cual, a mi me inyectaron luego me pararon, en ese momento el señor MARIO NEUMAN me comunicó que si me sentía enfermo al momento de pararme que le avisará a él, en el momento ocurrido no sentía nada simplemente como a los tres minutos sentí una reacción en el cerebro, en el cual el señor se había retirado del frente mío y en el cual me sentía un poco enfermo y lo llamé que me sentía enfermo, lo llame por tres veces, el señor no acudió en mi auxilio, el cual yo caí sobre una vitrina más o menos de uno con veinte, en el cual con los vidrios que se partieron se me incrustaron en el brazo, ocasionándome esta herida (el interrogado muestra el brazo derecho) en el momento de ocurrido el accidente el doctor Calderón que era el médico que me estaba haciendo el examen en ese momento, llegó hasta donde estaba mi persona y le comentó a MARIO que fue lo que pasó la respuesta de él fue que yo me había desmayado y que yo no le había avisado a él. Luego la esposa mía que estaba frente a la puerta, cuando sucedió el accidente, ella fue a entrar y no la dejaron, le cerraron la puerta, en el cual le dijeron que no había pasado nada, que simplemente me había cortado un poquito el hombro, en el momento el doctor RAMIRO le comentó a MARIO echémoslo rápido para urgencias que se está desangrando, en el cual fui internado a la cirugía hasta en el momento que me inyectaron y no supe más nada hasta la noche. Luego después de las 9 de la noche me vine a dar de cuenta (sic) yo que estaba con el brazo totalmente vendado, luego me dijo el médico que estuviera tranquilo que no había pasado mayor cosa, luego pasaron 8 días me miraron el brazo y me dijeron que me iba a demorar todavía porque estaba muy inflamado el brazo, luego me hacían mover el brazo fuertemente y al cual yo no podía mover el brazo porque me sentía impedido, y hasta la presente me han dicho los médicos allá que yo estaba bien, en el cual yo veo que el brazo se me está secando todavía más y he perdido parte de mi fuerza en el brazo derecho, luego el médico me citó en la junta laboral en el cual me dijeron que no me reconocían si no el 30%, que porque yo no tenía derecho a ninguna indemnización, (...) yo no puedo trabajar en ningún trabajo, porque no puedo usar el brazo y por la columna vertebral, (...) no se me hizo nada en la columna tampoco, hasta la presente he estado por ahí sin trabajo, por ahí haciendo en los jardines y haciendo trabajo de celaduría, no más” (fl. 37, cdno. ppal.).

Agregó el interrogado “(...) el Seguro Social me dijo que me iba a mandar para el Sena para que hiciera un curso de lo que yo quisiera, luego yo le consulté a los doctores que no era por no hacer el curso, si no que tenía que trabajar un poco o mucho que fuera, para el sustento de mis hijos, porque el Seguro no me iba a reconocer nada de eso, en el cual el Seguro me dijo que fuera haciendo el curso, el seguro no tenía nada que ver con el asunto ya, y hasta la presente no han solucionado el problema (...)” Señaló que quienes estaban con él en el momento de la lesión del brazo eran sus familiares “(...) ellos estaban en el momento de la visita, como también el señor DARÍO RODRÍGUEZ, quien también estaba internado en la misma pieza que yo, ellos bajaron con mi persona hasta la sala de rayos x hasta que pasara el examen, en ese momento estaba mi esposa, mi hermana, mi cuñado y el señor DARÍO RODRÍGUEZ (...)”. Sostuvo que en el momento de la toma de la radiografía se encontraban el médico RAMIRO CALDERÓN y el señor MARIO NEUMAN, “al frente había una enfermera del seguro y se puso a hablar con él”, del otro lado de la puerta que se encontraba entre abierta estaba su esposa (fls. 38 y 39, cdno. ppal.).

— El 23 de octubre de 1992 el señor José Mario Neumann Herrera(2), encargado de tomar placas en radiología, declaró: “(...)al paciente lo bajaron del piso a rayos x para practicarle un procedimiento que se llama Mielografía lumbar, se acostó en la mesa de rayos x el doctor DANILO CARLDERÓN procedió a hacerle una punción a nivel de la columna lumbar N4 N5 aproximadamente, le colocó un líquido que se llama IOPAMILION, me pidió el favor que le tomara las placas horizontales, proyección AP oblicuas y lateral, luego que salieron las placas él las miró, me pidió que parara al paciente, lo pusiera vertical, en el momento que estaba parado el paciente, yo le pregunté que si se sentía bien, él respondió que sí, eso lo hago con todos los pacientes que necesito colocarlos verticalmente, ya estaba completamente vertical, le tomé las proyecciones AP oblicua izquierda y oblicua derecha y procedí a tomar la lateral, cuando me dirigí al comando a hacer el disparo de rayos x, el paciente se desplomó cayendo hacía una vitrina que tiene un vidrio, cuando regresé que oí el escándalo lo encontré tirado en el suelo y se procedió a levantar y colocarlo en la camilla, yo le pregunté que le pasó por DIOS y me contestó que se le habían ido las luces, yo le pregunte que si se sentía bien y me dijo que sí, en donde se hubiera sentido mareado le hubiera dicho al doctor CALDERÓN que el paciente no responde y lógicamente el paciente no se para, lo paré porque se sentía bien. El doctor CALDERÓN procedió a llevarlo a cirugía a operarlo del brazo izquierdo (...)” (fl. 40, cdno. ppal.). Al preguntársele si dentro de los efectos normales de inyectar líquido para la toma de la radiografía estaban el adormecimiento, somnolencia o algún estado de inconciencia afirmó: “de acuerdo a los folletos que envía CHER en ningún momento especifica esa clase de reacción en los pacientes, y ente tantas Mielografías que yo he hecho ningún paciente se ha quejado de esta clase de reacción”. Indicó que lo posiblemente acontecido fue una baja de tensión, pues el paciente le dijo que se le fueron las luces. También afirmó que sus funciones en radiología consisten en ubicar al paciente en la mesa de rayos x y tomarle las placas o radiografías que le exija en ese momento el radiólogo, en este caso el neurólogo, indicó que la mesa de rayos x “tiene una base que queda aproximadamente a unos 5 centímetros del piso”. Agregó que las personas presentes al momento de la lesión eran únicamente el paciente y él “el personal tanto el auxiliar de rayos x, como los médicos deben estar por fuera de la cámara, en ese momento se está disparando rayos x que son nocivos para el ser humano, son radiaciones”; explicó que “en el momento que salía el paciente de la cámara de rayos x, en la puerta se encontraba una señora diciendo que era la esposa y me preguntó que le pasó, simplemente le dije ‘el señor se cayó y se cortó el brazo’ (...) obviamente la puerta se encontraba cerrada para evitar que otros pacientes entren y tengan que irradiarse innecesariamente”.

Respecto del lugar donde se tomaron las radiografías afirmó: “la puerta que comunica al pasillo de patología está debidamente blindada con una lámina de plomo para evitar que la irradiación afecte a las personas que circulan por ese pasillo. En ese sitio no se encuentran sillas de espera y debido a la experiencia en el pasillo no se escucha nada de lo sucedido en la cámara, la puerta no tiene vidrios”. En cuanto a la vitrina que se encontraba en el lugar dijo que allí “se encuentran elementos que se utilizan para hacer procedimientos y asepsias como alcohol, gasas, jeringas, etc., en 17 años del servicio del seguro esa vitrina ha permanecido ahí” (fls. 40 a 42, cdno. ppal.).

— El 26 de octubre de 1992 rindió testimonio el señor Álvaro Enrique Rivera Moreno, quien afirmó ser médico, abogado, jefe de la Oficina de Planeación y Presidente del Comité de Claridad del Instituto de Seguros Sociales que afirmó conocer del accidente; explicó: “fui visitado por el señor Pabón, quien vino a solicitarme le colaborara para que se hiciera una junta médica que evaluara un accidente que él había sufrido de esa manera y por relato del mismo señor Pabón fue que me enteré del accidente que se le había presentado en la sección de rayos X, solicité a través de un escrito a la oficina de medicina laboral se emitiera el concepto sobre la incapacidad que presentaba el señor Pabón y al mismo tiempo pregunté porque motivo no se le había reubicado por intermedio de la empresa donde el laboraba, ya que revisando la historia había una nota del doctor EDUARDO BENÍTEZ quien así lo solicitaba. Medicina laboral me envió la incapacidad del 30% y donde al mismo tiempo se solicitaba que a través del SENA se le ayudara en capacitar al señor Pabón (...)”. Respecto del dictamen definitivo en el tratamiento del señor Pabón Mendoza dijo: “tuvo una lesión producida por una herida cortante que comprometió el músculo bíceps y tendones extensores del brazo, lo cual le limita para realizar funciones de estiramiento del miembro superior en un 30%, se le realizó corrección quirúrgica de las mencionadas lesiones y se le practicó rehabilitación por fisioterapia”. Señaló que ese 30% es una disminución en la capacidad laboral del paciente, que lo hace acreedor de una indemnización pues para alcanzar una pensión requiere una incapacidad mayor del 50% (fls. 46 y 47, cdno. ppal.).

— En la misma fecha declaró el señor Antonio José Llanes Cáceres, médico especialista en salud ocupacional y medicina laboral quien afirmó: “tengo conocimiento de que el paciente Pabón, quien venía padeciendo de una patología dolorosa en la columna, se encontraba en la sala de rayos X, tomándosele un estudio llamado mielografía que consiste en inyectarle un medio de contraste al canal cervical y tomarle radiografías para que ver que camino toma ese medio de contraste y así descartar la patología que se sospechaba del paciente que era una hernia de disco. En la toma que se hace de pie al paciente, ya que esto es un estudio dinámico, es decir no es en una sola posición, estando el paciente parado y acomodado para la toma de pie, mientras el técnico hacía el disparo en la cámara de protección que existe el paciente sufrió algún trastorno, ignoro de que tipo, y se desplomó con tan mala suerte que cayó sobre un estante o una vitrina, más bien y con los vidrios que rompió de la misma se lesionó en el brazo, cortándose el nervio que enerva el músculo bíceps. A pesar del tratamiento recibido para esa lesión en el mismo instituto, el nervio no se recuperó y el paciente presenta actualmente una atrofia de ese músculo. Este paciente fue a la oficina de salud ocupacional y medicina laboral a solicitar indemnización o mejor pensión, por las secuelas del accidente mencionado, sin embargo, analizado el caso encontró que el paciente no perdió su capacidad laboral total para hacerse acreedor de una pensión de invalidez, como invalido por enfermedad común, de acuerdo al régimen del seguro social”. Aseguró que el paciente ya terminó el tratamiento médico para su trauma y que de acuerdo a las tablas y a la evaluación hecha del paciente por la junta médico laboral el señor Juan Simón Pabón Mendoza tiene una pérdida de capacidad laboral que no llega al 20% pues parte de las funciones que hace el músculo, son hechas por otros músculos del brazo, como el tríceps, el deltoides, etc. (fl. 49, cdno. ppal.).

Respecto de la posibilidad que tiene el paciente de realizar el mismo trabajo o algún otro análogo que implique ejercicios, movimientos y fuerza en sus brazos señaló “(...) el paciente si tiene una pérdida de capacidad laboral parcial, lo cual en un momento dado, o mejor siempre le va a impedir realizar su labor habitual de la forma como lo venía haciendo, (...) quiero insistir que si se tratase de una secuela de un accidente de trabajo, el paciente tendría derecho mínimo a una indemnización, pero insisto que es un enfermedad común reglamentada por el Seguro con normas claras para el otorgamiento de esta pensión, ya que se trata de hecho imprevisto, como fue la caída de un paciente a quien se estaba practicaba (sic) un examen de los cuales se practican 8 a la semana, más o menos dos diarios, la actividad completa que él hacía no la puede realizar, porque tuvo una pérdida de capacidad parcial pero actividades análogas si hay muchas intelectuales, no necesariamente de fuerza (...), conductor del mismo vehículo, cobrador de la empresa, si existe, mensajero y muchas otras”.

A propósito de la lesión que obligó a la hospitalización del paciente Pabón Mendoza explicó: “el paciente fue hospitalizado para estudio por un problema de dolor de columna lumbar. Y para ello se le solicitó una mielografía como lo dije anteriormente (...) y si estoy mal la mielografía que se tomó a este paciente fue normal o sea que no se encontró hernia de disco, (...) para poder decir que pérdida de capacidad produce un dolor debe primero averiguarse la causa que lo produce”. Respecto de la existencia de una lesión permanente en el paciente por la enfermedad que provocó su hospitalización aseguró “(...) si existe realmente un daño o una patología orgánica que se haya encontrado en este paciente, lo que sé es que el reporte del examen practicado el día del accidente, o sea, una mielografía es normal, quiere decir que no presenta el paciente una hernia de disco intervertebral, que era lo que se estaba sospechando” (fls. 48 a 50, cdno. ppal.).

— El 1º de febrero de 1993 la División Departamental del Trabajo Social del Ministerio de Trabajo y seguridad Social dictaminó, respecto de las secuelas presentes en el miembro superior derecho del señor Pabón, lo siguiente: “a) Atrofia muscular del tríceps por lesión del nervio músculo-cutáneo derecho. b) disminución de los movimientos de pronación y supinación del antebrazo derecho con pérdida de fuerza en la mano ídem. En consecuencia, de acuerdo a la tabla de avaluación de incapacidades del Código del Trabajo, Grupo Brazo, Numeral 113 (30%) y Grupo Antebrazo, Numeral 153 (20%), le corresponde una disminución de la capacidad laboral del 50%” (fl. 69, cdno. ppal. documento original).

2. Análisis de la Sala.

Está claramente probado el daño invocado por la parte actora, consistente en la herida de brazo y antebrazo derecho del señor Juan Simón Pabón Mendoza (fl. 63, cdno. 2); que traduce en “una lesión en la región lateral externa media del brazo derecho posterior, en el cual ha presentado hipoestesia en el territorio músculo cutáneo, hipertrofia del músculo bíceps. Hiporeflexia biccipital derecha”, que clínicamente “existe una contracción muscular del músculo bícep” (fl. 88 concordante con fl. 32, cdno. 2).

Se acreditó también que el señor Pabón presenta “secuelas de lesión de RSD al caer en RX sobre vidrio” (fls. 83 y 84, cdno. 2), que al ser evaluado por la junta médico laboral del ISS el 6 de octubre de 1990 presentó “una pérdida de la capacidad laboral del 30%” (fl. 104, cdno. 2), que fue calificada el 1º de febrero de 1993 por la División Departamental del Trabajo Social del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social como “una disminución de la capacidad laboral del 50%” (fl. 69, cdno. ppal.).

Mediante declaración del único testigo presencial, señor José Mario Neumann Herrera vinculado al Instituto de Seguros Sociales, Seccional Norte de Santander, se comprobó que la lesión del señor Pabón se produjo cuando el ISS le practicaba un examen de radiología en sus instalaciones. Se acreditó que, para tomar las placas radiológicas, el paciente fue inyectado con un medio de contraste luego de lo cual se le pidió ubicarse de pie frente a la máquina, instante en el que perdió el equilibrio, cayó contra una vitrina ubicada en lugar y se cortó el brazo.

Por medio de la valoración de los hechos indicativos de las circunstancias modales y espaciales que determinaron el accidente, la Sala deduce que el daño es imputable al ISS porque no adoptó las medidas necesarias para prevenir y evitar los previsibles efectos que, la inyección de un medio de contraste, podrían causar en el organismo del señor Pabón Mendoza. 

En efecto, la posible alteración del organismo con líquido de contraste, impone la evaluación previa del paciente, su cuidado durante el período siguiente a la inyección del medio de contraste y su seguimiento posterior. De acuerdo con lo expuesto por la doctrina médica(3) “los medios de contraste radiológicos (MCR) son sustancias químicas de moléculas complejas que, inyectadas dentro del torrente sanguíneo, aumentan la densidad de vasos y de tejidos, permitiendo que contrasten de esta forma con las estructuras vecinas”.

La inyección de medios de contraste radiológico puede generar reacciones adversas en el paciente, que pueden ser leves, moderadas o graves: “la irrupción en la circulación por vía endovenosa de una sustancia extraña al cuerpo humano, no siempre es totalmente inocua y puede producir reacciones no deseadas o inesperadas, cuyos mecanismos no están lo suficientemente aclarados. Cuando estas reacciones generan manifestaciones clínicas, se consideran como reacciones adversas. Desde el comienzo se han informado distintas y variadas reacciones, algunas de las cuales conllevan expresiones similares a las de origen alérgico, justificando que la Alergología desempeñe un papel de importancia como especialidad clínica en el estudio de sus causas y prevenciones”(4).

Las alteraciones derivadas de la inyección de medios de contraste radiológico no son, como lo expuso el técnico del ISS que tomó las placas al señor Pabón, anormales o infrecuentes, pues según la doctrina consultada “existe una gran diversidad en las publicaciones sobre la incidencia de reacciones adversas. Generalmente en ellas no se mencionan las reacciones leves, que son muy comunes y consideradas como ‘reacciones no deseadas esperadas’. Debe advertirse a los pacientes, aclarando que pasan rápidamente y no requieren tratamiento. Las cifras publicadas varían entre el 20 y el 60% del total de los pacientes que reciben inyección endovenosa. En cuanto a las reacciones moderadas, el índice varía entre el 0,2 y el 0,6%. Los decesos relatados en las grandes series publicadas por autores tales como Shehadi, Fisher y Katayama varían entre 1 en 100.000 y 1 en 1.000.000”(5).

En el caso concreto se registró en la historia clínica que el señor Pabón fue atendido por la herida de brazo y antebrazo causada con un vidrio “al presentar hipotensión” (fl. 63 anverso, cdno. 2). Así también, el técnico en radiología que estaba con el paciente, declaró ante esta jurisdicción que el paciente perdió las luces lo que, explicó, “pudo ocurrir por una baja de tensión”. Y esta situación, según lo expuesto por la doctrina médica, es una reacción adversa a la inyección de un medio de contraste radiológico calificada como grave.

Se considera también que, si la práctica de exámenes radiológicos supone la realización de procedimientos que pueden causar alteraciones a los pacientes —como la inyección de medio de contraste— resulta muy imprudente ubicar una vitrina de vidrio en el lugar inmediato al aparato de rayos X. Por estas circunstancias la Sala encuentra que la lesión padecida por el señor Pabón Mendoza no se produjo por la mala suerte, como lo afirmó el doctor Antonio José Llanes(6), es un efecto del incumplimiento de las cargas de diligencia y cuidado asumidas por el ISS para con sus pacientes. Dicho en otras palabras, ubicar una vitrina de vidrio en el mismo lugar en el que se ubican pacientes, que muchas veces están débiles o enfermos, se traduce en una verdadera negligencia. 

Cabe igualmente agregar que, aún el evento de que no fuese posible considerar que el desmayo del señor Pabón se produjo a consecuencia de la inyección del medio de contraste radiológico, cabe igualmente inferir la falla del ISS, por no precaver el desmayo y la peligrosidad derivada de ubicar una vitrina de vidrio en el preciso lugar donde se toman las placas, si se tiene en cuenta que el mareo o desmayo por hipotensión, como que el que padeció el demandante, pudo ser de naturaleza ortostática que, según lo expuesto por la doctrina, puede ocurrir cuando una persona “se pone de pie después de haber estado sentada”. Toda vez que “una gran cantidad de sangre se acumula en las piernas impidiendo que la cantidad normal de sangre regrese al corazón, lo que da como consecuencia que tampoco sea posible que una cantidad adecuada de sangre salga del corazón para circular hacia el cuerpo, principalmente al cerebro. Con esto se produce una disminución momentánea del flujo sanguíneo al cerebro y la persona se desmaya”(7).

Como el señor Pabón fue inyectado con el medio de contraste en una camilla, se le practicaron placas mientras estuvo acostado y luego se le pidió que se levantara, bien pudo ocurrir que su desmayo fuese el efecto de una hipotensión ortostática. Evento claramente previsible para la entidad demandada, que le imponía el deber de adoptar mecanismos de protección del paciente.

Tolo lo expuesto precedentemente también resulta suficiente para descartar la ocurrencia de una causa extraña que invocó la entidad demandada, toda vez que el daño provino claramente de las indicadas falencias en que incurrió el ISS. 

La causa extraña, según lo expuesto ampliamente por la jurisprudencia y la doctrina, impone la prueba de la ocurrencia de un evento imprevisible e irresistible para el sujeto que la invoca —en este caso para el ISS— y si el desmayo o mareo que presentó el paciente Pabón Mendoza, como se explicó, era previsible, resulta claramente improcedente deducir la ocurrencia de un hecho de la víctima o por un caso fortuito, como determinante del daño.  

Cabe igualmente advertir que el caso fortuito no es generalmente aceptado como un evento que permita considerar que el daño no deriva de la falla del Estado, porque al tratarse de un acontecimiento inherente e interno a la actividad de la administración que causó el daño, su ocurrencia conduce, por el contrario, a inferir un proceder defectuoso o anómalo de la Administración. Se precisa además que dentro del régimen objetivo de responsabilidad, el caso fortuito ha dicho la Sala “proviene de la estructura de la actividad de aquél, y puede ser desconocido, permanecer oculto, y en la forma que ha sido definido, no constituye una verdadera causa extraña, con virtualidad para suprimir la imputabilidad del daño”(8).

Se advierte finalmente que no procede un pronunciamiento respecto de la responsabilidad de la Nación, como lo pide el ISS al sustentar su impugnación, porque si bien la demanda se dirigió contra esta, la misma no contiene razones de hecho ni de derecho que sustenten la imputación.

3. Decisión.

Con fundamento en todo lo anterior la Sala confirmará la sentencia apelada, por medio de la cual se declaró la responsabilidad patrimonial del Estado por el daño causado a Juan Simón Pabón Mendoza.

Se advierte además que la condena impuesta por concepto de perjuicios morales, que no fue cuestionada por el recurrente, será confirmada con la precisión de que la condena se tasará en salarios mínimos legales mensuales, en aplicación de las pautas jurisprudenciales adoptadas a partir de la sentencia proferida el 6 de septiembre de 2001, en la que se afirmó: “la Sala fijará el quantum de las respectivas condenas, en moneda legal colombiana, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 178 del Código Contencioso Administrativo. Considerando que el salario mensual en Colombia se fija atendiendo fundamentalmente la variación del índice de precios al consumidor, se considera que el valor del perjuicio moral, en los casos en que éste cobre su mayor intensidad, puede fijarse en la suma equivalente a cien (100) salarios mínimos legales mensuales, que en la fecha de la sentencia corresponda (…)”(9).

Como el valor dispuesto por el Tribunal para el demandante es el equivalente en pesos a quinientos gramos de oro, habrá de considerarse que corresponde a 50 salarios mínimos legales mensuales, si se tiene en cuenta que traduce en la mitad del máximo valor acogido por la jurisprudencia, para la fecha de la sentencia apelada(10).

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

FALLA:

1. CONFÍRMASE la sentencia proferida por el Tribunal Administrativo de Norte de Santander el 20 de agosto de 1997.

2. Téngase como valor de la condena impuesta por concepto de perjuicios morales el correspondiente a cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales, a favor de JUAN SIMÓN PABÓN MENDOZA, de conformidad con lo expuesto en la parte motiva de esta providencia.

Cópiese, notifíquese y cúmplase.

Magistrados: Mauricio Fajardo Gómez, Presidente—Ruth Stella Correa Palacio—Enrique Gil Botero—Ramiro Saavedra Becerra.

1 La pretensión mayor se formuló por concepto de perjuicio moral por el equivalente en pesos a 1000 gramos de oro que, para la fecha de presentación de la demanda, 4 de mayo de 1992, corresponde a $ 7’265.840, suma que supera la exigida a esa fecha para que un proceso fuese de mayor cuantía, esto es, $ 6’860.000.

2 El Instituto de Seguros Sociales Seccional Norte de Santander celebró contrato de trabajo con el señor José Mario Neumann Herrera por término indefinido para cumplir con las funciones propias del cargo de técnico de servicios asistenciales radiología, 8 horas, clase II, grado 17, servicios de apoyo (fl. 1 al 207, cdno. 3 de pbas., copia auténtica).

3 REACCIONES ADVERSAS A MEDIOS DE CONTRASTE RADIOLÓGICOS: CRITERIOS Y CONDUCTAS. Posición Oficial Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica y Sociedad Argentina de Radiología. VOLUMEN 32 • Número 3 • Agosto-Octubre • Año 2001. www.archivos.alergia.org.ar/32001/32%203%20G.pdf del 23 de octubre de 2007.

4 Posición Oficial Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica y Sociedad Argentina de Radiología. Op. cit.

5 Posición Oficial Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica y Sociedad Argentina de Radiología. Op. cit.

6 (Fl. 49, cdno. ppal.).

7 Wikipedia® página del 14 de octubre de 1997. (http://es.wikipedia.org/wiki/Hipotensi%C3%B3n_ortost%C3%A1tica).

8 Sentencia proferida el 16 de marzo de 2000, expediente 11.670.

9 Sección Tercera del Consejo de Estado. Expedientes Acumulados 13.232 y 15.646. Actores: Belén González y otros - William Alberto González y otra.

10 Así se ha pronunciado la Sala, entre otras, en sentencia proferida el 27 de noviembre de 2006, expediente 19.306.