Sentencia 1997-01091 de agosto 29 de 2014

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

Proceso: 050012331000-1997-01091-01 (29893)

Demandantes: Carmen Beatriz Díaz Duarte y otros

Demandada: Nación – Ministerio de Defensa – Ejército Nacional

Acción: Reparación directa.

Bogotá D.C., veintinueve de agosto de dos mil catorce.

EXTRACTOS: «IV. Consideraciones de la Sala

1. Presupuestos procesales de la acción.

1.1. Competencia y procedencia de la acción.

En relación con la competencia de esta corporación para desatar la controversia, se tiene que el proceso tiene vocación de doble instancia ya que la pretensión mayor individualmente considerada asciende a la suma de $244.971.363, valor que supera la cuantía mínima exigida para que un proceso tenga acceso a la misma(4), según los parámetros de competencia establecidos en el Decreto 597 de 1988, toda vez que el recurso de apelación fue interpuesto durante su vigencia.

La acción ejercitada es la procedente, toda vez que a través de ella se pretende imputar responsabilidad extracontractual a la demandada por la presunta falla del servicio en que aquella incurrió, al producirse la muerte de Carlos Abel Murcia Ayala a manos de un miembro del Ejército Nacional.

1.2. Caducidad de la acción.

Observa la Sala que no hay operancia de la misma, por cuanto los hechos en los que resultó muerto el sargento Murcia Ayala acaecieron el día 14 de septiembre de 1996 y la demanda fue presentada el 28 de abril de 1997 (fl. 40, cdno. ppal. 1), antes del vencimiento de los dos años de caducidad para impetrar la acción de reparación directa de que trata el numeral 8 del artículo 136 C.C.A.

1.3. Legitimación en la causa.

1.3.1. Demandantes.

En el proceso se demostró la relación de parentesco entre la víctima y los señores Ana Delina Ayala y Carlos Julio Murcia Castañeda, pues fue allegado el registro civil de nacimiento del fallecido Carlos Abel Murcia Ayala (fl. 9, cdno. ppal. 1) donde aquellos figuran como progenitores.

De igual forma, los demandantes Reynel Murcia Ayala (fl. 21, cdno. ppal. 1), Misael Murcia Ayala (fl. 22, cdno. ppal. 1), Julio César Murcia Rodríguez (fl. 23, cdno. ppal. 1), Luz Mary Murcia Torres (fl. 24, cdno. ppal. 1) y Mery Murcia Torres (fl. 25, cdno. ppal. 1) con los registros civiles de nacimiento aportados, acreditaron ser hermanos del extinto Carlos Abel Murcia Ayala.

Así mismo, la señora Carmen Beatriz Díaz Duarte, con el registro civil de matrimonio aportado (fl. 12, cdno. ppal. 1) acreditó ser la cónyuge supérstite del fallecido Carlos Abel Murcia Ayala, siendo hijos de aquel los demandantes Jessyca Alexandra (fl. 13, cdno. ppal. 1), Natalia Beatriz (fl. 14, cdno. ppal. 1) y Carlos Mauricio Murcia Díaz (fl. 15, cdno. ppal. 1), de conformidad con los registros civiles de nacimiento aportados.

Por su parte, en relación a los demandantes Lelio, José Faustino y Víctor Alfonso Murcia Ayala, observa la Sala que contrario a lo señalado por el a quo, sí acreditaron la calidad con la que comparecieron al proceso, toda vez que aportaron dentro de la oportunidad legal los registros civiles de nacimiento con los que acreditan su parentesco con el occiso.

En efecto, si bien con la demanda inicial los citados actores allegaron los registros civiles de nacimiento (fl. 18-21, cdno. ppal. 1) en los que no se especificó quienes eran sus progenitores, no lo es menos que en memorial del 18 de junio de 1997 (fl. 44, cdno. ppal. 1) y antes de que admitiera la demanda, el apoderado de los accionantes presentó una adición en la que nuevamente allegó los registros civiles de nacimiento de los señores Lelio, José Faustino y Víctor Alfonso Murcia Ayala (fl. 46-48, cdno. ppal. 1) y en los que se especificó que sus progenitores eran los señores Ana Delina Ayala y Carlos Julio Murcia Castañeda.

Los citados registros civiles de nacimiento fueron tenidos en cuenta como prueba (fl. 60, cdno. ppal. 1), y en la sentencia de primera instancia el a quo, al momento de analizar las pruebas, los mencionó como documentos probatorios (fl. 206-207, cdno. ppal. 2) sin hacer ninguna exclusión de los mismos.

Así las cosas, comoquiera que los actores Lelio, José Faustino y Víctor Alfonso Murcia Ayala, con los registros civiles de nacimiento aportados (fl. 9, 46-48, cdno. ppal. 1) acreditaron ser hermanos del fallecido Carlos Abel Murcia Ayala, se encuentran legitimados para comparecer al proceso, pues las relaciones de parentesco entre todos los citados demandantes y la víctima los legitima para demandar(5).

En consecuencia, será revocado el numeral primero la parte resolutiva de la sentencia impugnada, que declaró probada la excepción de falta de legitimación en la causa por activa de los actores Lelio, José Faustino y Víctor Alfonso Murcia Ayala, conforme a las razones citadas.

1.3.2. Demandada.

La Nación – Ministerio de Defensa – Ejército Nacional se encuentra legitimada como demandada, toda vez que se trató de la entidad a la que pertenecía el uniformado involucrado en los hechos del 14 de septiembre de 1996 y a quien los actores acusan de haber causado la muerte de Carlos Abel Murcia Ayala. La responsabilidad de la entidad, será analizada de fondo.

2. Problema jurídico.

Corresponde a la Sala determinar si en el presente caso la Nación – Ministerio de Defensa – Ejército Nacional es extracontractualmente responsable de la muerte de Carlos Abel Murcia Ayala o, si por el contrario, no se encuentra demostrada la responsabilidad de la entidad pública demandada por existir el hecho de la víctima como eximente de responsabilidad.

3. Cuestiones preliminares.

3.1. Advierte la Sala que los hechos aquí discutidos, también fueron objeto de atención por parte de esta Corporación dentro del proceso de reparación directa seguido por los familiares del soldado Carlos Giraldo Álzate, el que fue fallado en sentencia del 27 de febrero de 2013(6).

Sobre el particular, la Sala precisa que la decisión tomada en el proceso referido no hace tránsito a cosa juzgada para el asunto aquí debatido, pues no existe identidad de objeto y partes.

En efecto, mientras en la sentencia referida se estudió la responsabilidad de la Nación – Ministerio de Defensa – Ejército Nacional en relación al deceso de Carlos Giraldo Álzate, en el caso bajo estudio se analiza la responsabilidad de la entidad, pero respecto de la muerte de Carlos Abel Murcia Ayala.

3.2. En relación con los hechos de que trata el proceso, obran las pruebas aportadas por las partes y las allegadas por orden del a quo, sobre las que la Sala hace las siguientes precisiones:

3.2.1. Al plenario fueron aportados algunos documentos en copia simple, que podrán ser valorados por cuanto estuvieron a disposición de las partes y no fueron tachados de falsos. Al respecto, la Sección Tercera de esta Corporación en reciente fallo de unificación de jurisprudencia(7), consideró que las copias simples tendrán mérito probatorio, en virtud de los principios constitucionales de buena fe y lealtad procesal, en tanto se hayan surtido las etapas de contradicción y su veracidad no hubiere sido cuestionada a lo largo del proceso. Adujo la Sala, que una interpretación contraria implicaría afectar el acceso a la administración de justicia y la prevalencia del derecho sustancial sobre el procesal.

3.2.2. En el expediente obran las copias del proceso penal que se surtió por los hechos en los que perdió la vida el señor Carlos Abel Murcia Ayala (fl. 66-100, cdno. ppal. 1), las cuales fueron allegadas al plenario en copia auténtica por el Juzgado 20 de Instrucción Penal Militar, en respuesta al exhorto No. 139 del 14 de septiembre de 1999 (fl. 64, cdno. ppal. 1) y que serán apreciables sin limitación alguna, toda vez que las mismas fueron solicitadas por ambas partes (fl. 36 y 54, cdno. ppal. 1) y el traslado se produjo con el cumplimiento de los requisitos previstos al efecto por la ley(8).

4. Los elementos de la responsabilidad extracontractual.

4.1. Con el fin de abordar integralmente la problemática que supone el recurso de apelación interpuesto, la Sala analizará la demostración del daño, toda vez que se trata del primer elemento que debe dilucidarse para establecer la responsabilidad extracontractual del Estado(9), de manera que, resuelto el tema relativo a la afectación patrimonial de los actores que se alega en la demanda, se entrará a estudiar la imputación.

4.2. El daño.

En el sub lite, el daño alegado por los actores se concretó en la muerte de Carlos Abel Murcia Ayala por varios disparos recibidos en su humanidad por arma de fuego, en hechos del 14 de septiembre de 1996 en el municipio de Yarumal – Antioquia. En ese orden, obran en el plenario los siguientes documentos:

  1. Acta de levantamiento de cadáver del 14 de septiembre de 1996, practicada al cuerpo sin vida del sargento viceprimero Carlos Abel Murcia Ayala (fl. 80-82, cdno. ppal. 1).
  2. Protocolo de necropsia No. UYA.NC.96.46 del 14 de septiembre de 1996 (fl. 94-95, cdno. ppal. 1) en el cual se señaló que en el cuerpo del fallecido Carlos Abel Murcia Ayala se encontró: “Múltiples fracturas óseas en las costillas, múltiples fracturas en bóveda craneana, destrucción de lóbulo superior y medio pulmón derecho y superior izquierdo, destrucción de masa encefálica, destrucción de tráquea, destrucción de todo el corazón, y la aorta ascendente, estallido de hígado lóbulo derecho, fractura de todos los dientes, fractura de cubito y radio derecho, desgarros musculares en el trayecto de los proyectiles. Conclusión: Por los anteriores hallazgos podemos conceptuar que el deceso de quien en vida respondía al nombre de Carlos Abel Murcia Ayala, fue consecuencia natural y directa de choque traumático secundario a múltiples lesiones en huesos, estallido de hígado, estallido de ambos pulmones, destrucción de masa encefálica, destrucción de corazón, estallido de hígado, fractura de los dientes, destrucción de aorta ascendente, producidas por proyectil de arma de fuego. Lesión de naturaleza esencialmente mortal”.
  3. Registro civil de defunción de Carlos Abel Murcia Ayala (fl. 10, cdno. ppal. 1), en el que se indicó como causa principal de su muerte un “shock traumático por heridas de fuego”.
  4. Informe por muerte del 22 de septiembre de 1996 (fl. 135, cdno. ppal. 1), por medio del cual se le comunicó al Teniente Coronel del Batallón Girardot de los hechos del 14 de septiembre de 1996 y en los que perdió la vida el suboficial Carlos Murcia Ayala.
 

Del análisis conjunto de las anteriores pruebas se desprende, el daño deprecado.

4.2. La imputación.

La parte demandante en el recurso de apelación manifestó que el Tribunal Administrativo de Antioquia, Risaralda, Caldas y Chocó – Sala de Descongestión se había equivocado en el régimen de imputación analizado, toda vez que la muerte del suboficial Murcia Ayala se había dado como consecuencia de la utilización de un arma de dotación oficial, por lo que el régimen a utilizar debía ser el objetivo.

Sobre el particular, la Sala advierte que la facultad que tiene el juez contencioso administrativo de aplicar determinado título de imputación varía de acuerdo a los hechos y pruebas allegadas al proceso, y no siempre que esté por medio la utilización de un arma de dotación oficial, el régimen será objetivo.

Sobre esto último, la Sección Tercera del Consejo de Estado en pleno señaló que así como la Constitución Política de 1991 no privilegió ningún régimen de responsabilidad extracontractual en particular, tampoco podía la jurisprudencia establecer un único título de imputación a aplicar a eventos que guarden ciertas semejanzas fácticas entre sí, ya que este puede variar en consideración a las circunstancias particulares acreditadas dentro del proceso y a los parámetros o criterios jurídicos que el juez estime relevantes dentro del marco de su argumentación(10), así:

En lo que se refiere al derecho de daños, como se dijo previamente, se observa que el modelo de responsabilidad estatal establecido en la Constitución de 1991 no privilegió ningún régimen en particular, sino que dejó en manos del juez la labor de definir, frente a cada caso concreto, la construcción de una motivación que consulte razones, tanto fácticas como jurídicas, que den sustento a la decisión que habrá de adoptar. Por ello, la jurisdicción contenciosa ha dado cabida a diversos “títulos de imputación” como una manera práctica de justificar y encuadrar la solución de los casos puestos a su consideración, desde una perspectiva constitucional y legal, sin que ello signifique que pueda entenderse que exista un mandato constitucional que imponga al juez la obligación de utilizar frente a determinadas situaciones fácticas un determinado y exclusivo título de imputación.

En consecuencia, el uso de tales títulos por parte del juez debe hallarse en consonancia con la realidad probatoria que se le ponga de presente en cada evento, de manera que la solución obtenida consulte realmente los principios constitucionales que rigen la materia de la responsabilidad extracontractual del Estado, tal y como se explicó previamente en esta sentencia.

La inconformidad del apelante único radica en el hecho de que el juez de primera instancia dictó una sentencia aplicando un régimen de imputación diferente al invocado por los demandantes, lo que considera vulneró su derecho a la defensa; al respecto y de conformidad con la jurisprudencia citada, encuentra la Sala que la actuación del a quo se produjo en ejercicio del principio iura novit curia, pues haciendo uso de sus facultades consideró que existían razones jurídicas y fácticas que justificaban la aplicación de un título diferente.

Así las cosas, esta corporación, luego de analizar el caso en concreto y las pruebas allegadas al expediente, determinará si le asiste responsabilidad a la accionada bajo la aplicación del título de imputación que se halle consonante con la realidad probatoria.

4.2.2. En ese orden, frente a la imputación del daño irrogado a los actores, de las pruebas allegadas al plenario, se tiene:

4.2.2.1. Para septiembre de 1996, Carlos Abel Murcia Ayala se desempeñaba como sargento viceprimero del Ejército Nacional, ejerciendo labores en la base militar de Mina Vieja en la jurisdicción del municipio de Yarumal – Antioquia, tal y como consta, entre otros, en el informe administrativo por muerte del 22 de septiembre de 1996 (fl. 135, cdno. ppal. 1) y la constancia del 17 de abril de 1997 (fl. 26, cdno. ppal. 1).

4.2.2.2. El día 14 de septiembre de 1996, aproximadamente a las 6:00 a.m., el referido suboficial le solicitó a tres soldados que estaban bajo su mando, y entre quienes se encontraba el joven Carlos Giraldo Álzate, procedieran arreglar la pista de inteligencia a fin de que la misma quedará lista para una revisión.

Lo anterior, según como fue relatado por el soldado John Jairo García Hoyos, quien en testimonio rendido el 16 de septiembre de 1996 ante el Juzgado Veinte de Instrucción Penal Militar, refirió (fl. 77-79, cdno. ppal. 1):

Nosotros nos levantamos normal a eso de las seis de la mañana y entonces nos levantamos y bajamos al sitio llamado el rancho, ahí se encontraba mi primero Murcia, él nos mandó a desayunar para que nos retiráramos hacer la pista de inteligencia que según ese día iban a pasar revista de segunda fase para tener todo preparado para la revista, nos mandó a los tres soldados del segundo pelotón de él, nos mandó a Giraldo al del problema, al muerto; a García Hoyos o sea yo, y a Cataño Vasquez que era el otro compañero y éramos los tres del pelotón de él que estábamos en inteligencia, a eso de las seis de la mañana estábamos ahí, él nos hizo pasar de primero al desayuno para que nos fuéramos a arreglar la pista porque estaba un poco atrasada para que estuviera lista cuando fuera mi capitán a la revista, entonces desayunamos y nos enviaron con mi cabo Guerra hacer la pista y nosotros nos retiramos hacer la pista, terminamos de hacer la pista a eso de las ocho y media o nueve más o menos (…).

4.2.2.3. Una vez terminaron de arreglar la pista de inteligencia, los tres soldados se presentaron ante el sargento Murcia Ayala, quien en ese momento se encontraba dando una instrucción a los demás soldados que pertenecían al grupo de inteligencia. El suboficial les ordenó que entraran a la fila y acto seguido les hizo algunas preguntas relativas a la instrucción que los soldados no pudieron contestar, razón por la cual les ordenó memorizar las respuestas.

El soldado José Julián Botet Tafur en testimonio que rindiera el 14 de septiembre de 1996 ante el Juzgado Veinte de Instrucción Penal Militar, señaló (fl. 77-79, cdno. ppal. 1):

Nosotros llegamos a la instrucción, llegamos tres soldados de cada pelotón, era instrucción de inteligencia, entonces faltaban los soldados del segundo pelotón que estaban arreglando la pista de inteligencia, los cuales eran Giraldo, Alzáte, Castaño Vásquez, y otro soldado que no me acuerdo el apellido, llegaron ellos tres a la instrucción con mi cabo Guerra, llegaron retrasados a la instrucción porque estaban arreglando la pista de inteligencia porque hoy teníamos revista de segunda fase, entonces llegaron ellos tres y mi cabo Guerra, pasaron a la instrucción, mi primero Murcia estaba haciéndonos unas preguntas sobre un folleto, que nos habían entregado ayer, en los cuales estaban los nombres de los cabecillas de las farc que delinquen en esta área, entonces después de hacernos las preguntas nos dieron diez minutos de descanso y después mi primero Murcia le preguntó al soldado Giraldo, que le hablara sobre el 18 frente de las farc, él no le contestó, entonces mi primero Murcia le dijo a otro soldado de los que estábamos en instrucción que le prestáramos el folleto a los del segundo pelotón para que se aprendiera los nombres y lo que íbamos a ver en la revista, entonces le entregaron la revista, el folleto para que se la aprendiera (…).

Lo anterior, también fue señalado por el soldado John Jairo García Hoyos (fl. 77-79, cdno. ppal. 1) quien refirió:

Terminamos de hacer la pista a eso de las ocho y media o nueve más o menos, y nos dirigimos hacia donde estaba mi primero MURCIA dando la instrucción a los demás compañeros que estaban en el grupo de inteligencia que éramos como quince que estábamos recibiendo la instrucción de inteligencia, llegamos donde él y el soldado GIRALDO se le presentó lo que él le dijo fue mi primero permiso para hablar se presenta el soldado GIRALDO que se encontraba cumpliendo órdenes haciendo la pista de inteligencia sin ninguna novedad, mi primero le contestó bien pueda siga a la fila, entonces nosotros seguimos a la fila y mi primero MURCIA nos preguntó a los tres soldados del segundo pelotón sobre los frentes de la guerrilla que cooperan en ese lugar, me preguntó sobre una pregunta la cual no supe responderle, él me mandó hacer cinco yumbos porque no sabía y yo le dije como ordene mi primero hice los yumbos, después le preguntó al soldado GIRALDO sobre otra pregunta de los frentes la cual tampoco supo responderle, entonces también le dio la orden de hacer yumbos, ya eran diez yumbos al soldado GIRALDO, cumplida la orden de los dos soldados que nos mandó hacer yumbos le dimos la orden cumplida, entonces él ya no nos contestó, nos dijo ustedes los tres jóvenes del segundo se me quedan acá y los otros se pueden retirar, lo cual nos dio tres hojas con las respuestas de los grupos y los otros se retiraron, quedamos el soldado GIRALDO y yo acostados en la manga repasando las preguntas, ellos los otros soldados, mi primero MURCIA y mi cabo GUERRA se dirigieron hacia arriba y el soldado GIRALDO y yo nos quedamos acostados en la manga repasando las hojas (…).

4.2.2.4. Dado el calor que estaba haciendo, el sargento Murcia ordenó a los soldados que corrieran a un lugar con sombra que previamente les señaló, por lo que aquellos procedieron a cumplir la orden. Los soldados García y Giraldo no corrieron de la misma manera que sus demás compañeros, por lo que el sargento viceprimero Carlos Abel Murcia Ayala, utilizando la “peinilla y/o machete” con la que se había arreglado la pista de inteligencia procedió a seguirlos y apresurarlos golpeándolos con aquella. Al soldado García le propinó un planazo, mientras que a Carlos Giraldo Álzate lo vapuleó aproximadamente cinco veces por la espalda con la parte plana de la hoja metálica del machete.

El soldado John Jairo García Hoyos en declaración que rindiera el mismo día de los hechos ante el Juzgado Veinte de Instrucción Penal Militar, refirió que (fl. 77-79, cdno. ppal. 1):

Cuando mi primero MURCIA llegó arriba a un morrito que hay unos cuantos metros de donde estábamos, él nos llamó y nos dijo ustedes no la creen o que, muévanse que los estoy llamando, nosotros o sea GIRALDO y yo salimos de inmediato a donde se encontraba mi primero MURCIA, nosotros le dijimos que ordena mi primero y él nos contestó pasen a la fila que hace rato los estoy llamando y nosotros dijimos como ordene mi primero y arrancamos a la fila, llegamos a la fila entramos a donde él nos dijo que formáramos con los otros compañeros y él nos dijo, nos señaló un árbol que había a unos cuantos metros donde nosotros estábamos y nos dijo a todos, ¿ustedes ven ese palo de allá en ese alto? Nosotros le contestamos si mi primero, todos le contestamos, él nos dijo, mi primero nos dijo forman en hilera allá, salimos corriendo hacia donde él nos había dado la orden, cuando nosotros salimos corriendo nos volvió a llamar a los tres soldados del segundo pelotón a GIRALDO, CATAÑO VÁSQUEZ y a mí, él dijo los tres soldados del segundo pelotón, nosotros nos devolvimos, en el momento en que nosotros nos devolvimos y nos dirigimos hacia él mi primero MURCIA tenía el machete con que nosotros estábamos arreglando la pista de inteligencia que una vez terminada la pista se lo entregamos a él, cuando nosotros llegamos donde él, donde mi primero MURCIA nos dijo forman en hilera en el palo al trote mar, cuando nosotros salimos hacia abajo corriendo él salió atrás de nosotros corriendo, me pegó un planazo a mí y después se dirigió hacia GIRALDO, se fue detrás de él de GIRALDO y le pegó como cinco planazos en la espalda, GIRALDO se le salió donde él estaba porque mi sargento MURCIA estaba encima de él, de GIRALDO, cuando GIRALDO logró esquivarle a él que le estaba pegando, GIRALDO se le paró de frente y le cargó el fúsil y le dijo mi primero no me pegue, le repitió como en tres veces, mi primero no me pegue, no me pegue, mi primero MURCIA le dijo a mi cabo GUERRA de testigo, ustedes están de testigos que me cargó el fusil para que me pase un informe, el soldado GIRALDO volvió y le repitió mi primero no me pegue, en esos momento mi primero MURCIA le iba alzar la mano a él o iba a coger hacia abajo cuando él le volvió a cargar el fusil y ahí fue donde le empezó a disparar, el primer tiro fue como en el pecho y él cayó en el suelo boca abajo, nosotros los soldados que habíamos ahí nos abrimos a correr porque como había un campo despejado de pronto nos podía dar a nosotros, él le siguió disparando los impactos que después le pegó ya después que yo vi fue en la cabeza, cuando él dobló así le siguió dando en la cabeza, cuando terminó de dispararle GIRALDO se paró porque estaba inclinado disparándole a mi primero, y se paró miró hacia donde estaba mi primero, cogió el fúsil y volvió a cargar y se lo puso en la quijada, se lo puso y nos miró a nosotros donde estábamos porque en ese momento estaban los otros compañeros de nosotros gritando, lo mató, lo mató, dispárele, dispárele, mató a mi primero, mató a mi primero, dispárele, cuando GIRALDO nos miró y se arrodilló con el fusil puesto en la quijada, miró hacia arriba y disparó y cayó boca abajo, cuando él cayó llegó mi cabo CUERVO, mi dragoneante TENORIO y pues todos y ya llegaron todos y estaban todos dos ahí tirados y el pelado todavía respiraba, quedó herido, procedimos a voltearlo porque todavía estaba respirando y a quitarle el fúsil que lo tenía dentro de los pies, en medio de los pies, entonces ahí fue cuando dijeron que todavía estaba vivo y pidieron una cobija, dijeron todavía está vivo, todavía está vivo traigan una cobija y un soldado trajo una cobija, procedieron a montarlo sobre la cobija y a bajarlo a la vía dirección Yarumal y ahí paramos un taxi el cual no nos quiso llevar, paramos otro carro, una LUV roja la cual nos llevó hasta el hospital de Yarumal, llegamos hasta el hospital, pedimos una camilla, lo montamos a él y lo entraron y a eso de los cuatro o cinco minutos mandaron la ropa de él y dijeron que había fallecido (…) PREGUNTADO: Díganos que personas exactamente se encontraban en el momento de los hechos y a que distancia .CONTESTÓ: Pues cuando él le hizo el primer tiro a mi primero estaba mi cabo GUERRA por ahí a un metro porque ellos tres estaban ahí juntos, y yo estaba por ahí a unos 20 o 25 metros más o menos, CATAÑO VASQUEZ estaría por ahí a unos 30 metros más o menos, OSPINO ACUÑA que estaba por ahí a unos treinta y cinco metros más o menos, y ya los otros que estaban retirados que todos nos abrimos cuando él empezó a disparar (…) PREGUNTADO: Díganos si cuando el SV. MURCIA le pegó a usted con el machete lo golpeó duro y si era jugando. CONTESTÓ: No él no me alcanzo a mí sobre las cartucheras y se dirigió a GIRALDO y ahí fue que empezó el problema con él. PREGUNTADO: Recuerda usted cuantos disparos hizo el soldado GIRALDO ZAPATA. CONTESTÓ: No, no se pues así, él le pegó el primero y después le siguió disparando y yo me paralicé, eso fue de un momento a otro que no hubo tiempo de contarlos, yo me paralicé. PREGUNTADO: Cuando se hizo el primer disparo y que le pegó al suboficial, ¿este que hizo? CONTESTÓ: El doblo de una (sic) y cayó al suelo, cayó boca abajo, se quedó boca abajo, no dijo nada, lo último que él dijo fue cuando le dijo a mi cabo GUERRA que estaba de testigo que le había cargado el fúsil para que le pasaran un informe. PREGUNTADO: Según usted los otros disparos se los hizo por la espalda, CONTESTÓ: Pues no sé qué punto de vista se verá pero cuando el cayó, cayó boca abajo y tenía la cabeza volteada para un lado y GIRALDO siguió disparando (…) PREGUNTADO: El suboficial se encontraba armado. CONTESTÓ: No, él tenía el machete en las manos, eso era lo que tenía que con eso fue que le dio a GIRALDO (…) PREGUNTADO: El suboficial le pegó duro al soldado GIRALDO o fue pasito. CONTESTÓ: Creo que sí fue duro, para mi si fue duro porque no fue uno solo como a mí sino como cinco, si uno es charlando con la persona le hubiera pegado uno y mucho dos, pero un total de cinco, y se fue directamente donde él porque no le pegó al otro soldado a CATAÑO, sino me pegó a mí y se fue directamente donde GIRALDO. PREGUNTADO: Díganos porqué les pegó CONTESTÓ: Eso ni no lo tengo claro, no se los pensamientos de él porque nos dijo váyanse para allá y nosotros cogimos para allá, en ningún momento le dijimos a él no, no vamos a ir, sino que le dijimos como ordene mi primero y nos fuimos, dimos media vuelta y arrancamos hacia abajo con dirección a donde él nos había dicho, y después nos hizo devolver a los del segundo pelotón, y volvió a mandarnos que volviéramos y cogiéramos la misma dirección que nos había dicho antes y ahí fue que ocurrió lo que ya dije. PREGUNTADO: Díganos si tiene algo más que agregar, corregir o enmendar. CONTESTÓ: Que lo único que yo pienso es que uno de soldado todo un día para allá y para acá, un poco tensionado, agitado y todo eso, y llegar un superior a pegarle a uno sin razón como fue ese día, porque todo lo que mi primero nos dijo lo hicimos, creo que no es justo que una persona sin razón le pegue a uno, además ese día desde la mañana desde las seis estábamos arreglando la pista, cortando palos, haciendo una choza para la pista, estábamos cansados desde las seis de la mañana y mi sargento de una que no se mueven aquí y retiró a los otros y nosotros tres ahí sentados estudiando eso porque él no nos dejó retirar de ahí como a los otros que les dijo que se retiraran de diez a quince minutos y a nosotros nos dejó estudiando eso, y tal vez por eso estaba GIRALDO insolado, agitado, y a mí me consta que GIRALDO le dijo como en cuatro veces mi primero no me pegue, no me pegue y fue cuando mi primero alzó la mano no sé si para pegarle más a él o a proseguir – Negrillas fuera de texto-

El citado testigo señaló que una vez el sargento Murcia procedió a golpear al soldado Giraldo, este le dijo que no lo hiciera; sin embargo, el suboficial no atendió los ruegos de su subalterno, quien tomó su fúsil y procedió a disparar al sargento Murcia.

El soldado John Jairo García Hoyos relata que una vez su compañero disparó y cegó la vida del suboficial, al darse cuenta de lo que había hecho, procedió a quitarse la suya, lo que en efecto hizo.

La narración que hace el soldado García Hoyos es consistente con las demás declaraciones de los testigos visuales de los hechos a saber: El cabo Miguel Guerra Vanegas, quien se encontraba aproximadamente a un metro de distancia; el soldado Ospina Acuña de quien dijo estaba a una distancia aproximada de treinta y cinco metros, y el soldado José Julián Tafur quien se encontraba un poco más retirado del grupo.

El cabo Miguel Guerra Vanegas, en declaración que rindiera ese mismo 14 de septiembre de 1996 ante el Juzgado Veinte de Instrucción Penal Militar, manifestó que (fl. 72-74, cdno. ppal. 1):

Nosotros, mi primero MURCIA y el cabo GUERRA, estábamos dando instrucción de inteligencia, entonces ya comenzaba a calentar el sol y dijo mi primero MURCIA busquemos un sitio donde haya sombra, y dijo a los soldados pueden retirarse diez minutos, entonces después de los diez minutos los mandó a formar, dijo formen la gente y después de tenerlos formados, entonces dijo formar debajo de ese árbol en hilera por pelotones, entonces de ahí todos los soldados arrancaron a correr al trote menos el soldado GARCIA y el soldado GIRALDO, ellos arrancaron caminando en un trote lento, entonces mi primero dijo GIRALDO póngase al trote, entonces luego dijo devolverse los dos y se devolvieron, luego dijo formar al trote allá, arranquen a ver, el uno arrancó al trote y el otro no, o sea GIRALDO. Mi primero tenía una peinilla, al uno a GARCÍA le pegó en la cola con la peinilla, en la cartuchera; y al otro le pegó en la espalda y en la cartuchera a GIRALDO, entonces el soldado le cargó el fusil y mi primero me dijo testigo mi cabo que me cargó el fusil. Entonces yo al ver que le cargó el fusil le grité no haga eso GIRALDO, entonces el soldado comenzó a dispararle hasta llegar cerquita y rematarlo en la cabeza, fue cuando me tiré a un abismo y el soldado GIRALDO se arrodilló y se pegó un tiro en la quijada por debajo, cuando yo salí de donde me tire, el soldado ya estaba muerto y mi primero destrozado. PREGUNTADO: ¿Díganos si el suboficial estaba armado, en caso afirmativo que arma portaba? CONTESTÓ: No estaba armado, en el momento ninguno de los dos portábamos armamento. PREGUNTADO: En qué posición se encontraba el suboficial cuando recibe el primer impacto. CONTESTÓ: Él estaba de pie, dijo testigo mi cabo que me cargo el fusil, se voltio a mirarme y en esas el soldado comenzó a darle impactos; el primero yo lo vi cuando él se tocó el pecho y se fue de medio lado y cayó al suelo boca abajo, y fue cuando el soldado GIRALDO se fue acercando disparando seguido, como apuntándole a la cabeza, pasó dos metros delante de él se arrodilló y se disparó con el arma. PREGUNTADO: Cuántos tiros el soldado GIRALDO le hizo al SV. MURCIA. CONTESTÓ: Aproximadamente como unos diez y nueve (sic) tiros uno a uno. PREGUNTADO: Sabe usted, ¿si con anterioridad el SV MURCIA había tenido problemas con el soldado GIRALDO? en caso afirmativo ¿de qué clase? CONTESTÓ: No había tenido problemas, incluso el día anterior ellos dos habían estado hablando y el SV. MURCIA lo había felicitado por haber pasado la pista. PREGUNTADO: Cómo explica usted, de acuerdo con su respuesta anterior ¿que el soldado GIRALDO le haya cargado el fusil al SV MUCRIA y lo haya matado? CONTESTÓ: El soldado tuvo que haber perdido el conocimiento en ese momentico (…) PREGUNTADO: Que clase de arma portaba el soldado GIRALDO. CONTESTÓ: Un fusil “AR” (…) PREGUNTADO: En algún momento, ustedes pensaron que el soldado GIRALDO cumpliera con disparar habiendo cargado el fusil, CONTESTÓ: Yo creía que era solo por tramar, porque yo le grite que no hiciera eso, cuando en menos de nada fue que empezó a tirar (…) PREGUNTADO: Como y por qué resultó muerto el soldado GIRALDO CONTESTÓ: Porque él se arrodillo y se pegó el tiro, se puso la trompetilla debajo de la barbilla. Negrillas fuera de texto

El referido testigo es conteste con la declaración dada por John Jairo García Hoyos al señalar que el sargento Murcia golpeó por la espalda al soldado Giraldo quien reaccionó disparando a su superior. De igual manera, el declarante señaló que entre el suboficial y el sargento no había enemistad anterior como para considerar que había otras razones por las cuales este último decidiera acabar con la vida de su superior.

El soldado Yaisino Ospina Acuña, al igual que los dos anteriores testigos, refirió que el sargento Murcia le asentó cerca de cinco planazos al soldado Giraldo, quien le disparó. Dijo el testigo (fl. 75-76, cdno. ppal. 1):

Bueno sacamos el grupito de inteligencia que siempre sacaban, éramos quince soldados, llegamos a los cambuches del segundo pelotón y nos formó mi primero MURCIA, nos estaba explicando cómo debíamos contestarle al Mayor que nos iba hacer la revista para responderle bien y de ahí nos mandó para el sitio que siempre formábamos, de ahí llegamos y nos comenzó a explicar ahí sobre inteligencia y sobre el grupo que operaba que delinquen en los municipios de por ahí, porque él nos dijo que no operaban sino que delinquen y nos siguió explicando sobre inteligencia y cómo se debía evacuar, después nos dio diez minutos de descanso para que descansáramos un rato, después otra vez nos reunió en el mismo sitio y estaba la temperatura muy alta y nos dijo vámonos para una parte que está más cerca y nos mandó a formar donde estaban los cambuches del quinto pelotón, entonces habían unos que no querían formar, entre ellos estaba el soldado GIRALDO, entonces había un arbolito como a cincuenta metros y nos mandó a formar por pelotones, al trote mar por pelotones el último de cada pelotón hacía yumbos, salimos todos corriendo y el soldado GIRALDO y García se quedaron atrás y él les dijo soldados ¿no les dije que al trote mar? Y siguieron corriendo despacio, entonces los mando a regresar otra vez de nuevo les dijo al trote mar y salieron con la misma pernicia (sic), salieron despacio y en esos momentos él tenía en las manos una macheta, el difunto MURCIA mi primero MURCIA y salió detrás de ellos para impulsarlos que corrieran y alcanzó primero al soldado GARCIA y le pegó, le pegó por la nalga y el soldado al ver que le pegó salió al trote como él le había dicho y después siguió detrás del soldado GIRALDO, lo alcanzó y le dio unos planazos le dio uno por la nalga y uno por la espalda, como cinco planazos le dio, el soldado GIRALDO se dio media vuelta y se dirigieron unas palabras entre ellos, entre mi primero MURCIA y él, yo no las oí porque estaba como a treinta y cinco metros, el soldado GIRALDO le cargó el fusil y mi primero dijo: los tengo de testigos a todos que me cargó el fusil, el soldado otra vez le descargo el fúsil y sacó el cartucho entonces otra vez lo cargo, mi primero fue a dar la vuelta cuando sonó el primer impacto, mi primero cayó al suelo y el soldado siguió disparándole y le fue disparando dándole la vuelta al cuerpo hasta pararse frente a su cabeza, le siguió disparando y al verlo que ya estaba muerto se abrió tres pasos, se arrodillo, se colocó la trompetilla del fusil en la barbilla, pensó un ratico con el fusil puesto cuando se oyó el disparo ahí cayó acurrucado y ahí él se quejaba, no decía nada de palabras, se quejaba nada más, cuando llegaron todos los cuadros y dijeron que pasó aquí que ha ocurrido y vieron al soldado que estaba vivo, buscaron una cobija tricolor lo sacaron a la carretera y de ahí no sé qué más al hospital quien lo llevaría, y el cuerpo de mi primero quedó ahí y de ahí nos abrieron a todos (…) PREGUNTADO: Díganos si entre el SV MURCIA y el SL. GIRALDO había existido algún tipo de problema. En caso afirmativo cual. CONTESTÓ: No sé, yo nunca los vi que tuvieran problemas, tampoco escuche comentar. PREGUNTADO: Recuerda usted cuantos disparos hizo el soldado GIRALDO ZAPATA. CONTESTÓ: Como unos quince disparos. PREGUNTADO: Los disparos fueron uno a uno o en ráfaga. CONTESTÓ: Uno a uno, uno tras de otro. (…) PREGUNTADO: Como era la forma de ser del soldado GIRALDO CONTESTÓ: Era un soldado callado, era con una paciencia como floja, caminaba con una paciencia y él un día antes habló con mi sargento que mi sargento le conoció una tía a él y charlaron como amigos, no se tenían bronca ni nada, lo mandaba hacer los yumbos cuando no se sabía la pregunta y el soldado los hacía – Negrillas fuera de texto-

El soldado José Julián Tafur, quien se encontraba un poco más alejado que los testigos precitados, señaló en la declaración que rindiera ante el Juzgado Veinte de Instrucción Penal Militar, que observó el momento en que suboficial golpeaba al soldado, quien reaccionó disparando al sargento, Indicó el testigo (fl. 69-71, cdno. ppal. 1):

Entonces empezó a calentar el sol, eso era más o menos las nueve y media y mi primero dijo este sol está calentando mucho, ahora la instrucción la vamos a ver por allá abajo donde estaba la otra sección del quinto, nosotros estábamos al lado de una sección del quinto pelotón, entonces mi primero dijo formar por pelotones, un soldado no me acuerdo el nombre tenía un machete en la mano entonces vino mi primero tomó el machete en la mano y nos tenía ahí formados, y nos dijo ven aquí aquel palito que se ve allá por la puntica del monte en la otra sección del quinto, ahí es donde vamos a dar la instrucción, ahí por lo que el sol estaba haciendo ya muy fuerte, entonces mandó a formar por pelotones allá abajo en hilera y el último hace cincuenta “yumbos”, como habíamos tres de cada pelotón, entonces yo llegue de primero forme primero, detrás de mí formó otro compañero del pelotón mío y formo el otro compañero, o sea formamos tres en hilera, entonces cuando llegamos allá abajo, eso quedaba en un bajito, yo oí la voz que mi primero dijo: GIRALDO PONGASE AL TROTE, entonces él iba trotando o un trote suave, y le dijo GIRALDO devuélvase que se ponga al trote, entonces siguió con el mismo trote ya casi todos los otros pelotones estaban formando en hilera donde había mandado mi primero, entonces mi primero se fue detrás de él, y cuando lo vio detrás salió a carrera mar GIRALDO, mi primero corrió a carrera mar a alcanzarlo, entonces el soldado al llegar por acá abajo se detuvo y mi primero cogió con la machetilla que tenía en la mano, le dio unos planazos por la espalda varios planazos, el soldado dio media vuelta y lo quedó mirando de frente y le cargó el fusil, mi primero no tenía fusil, al tiempo de cargar el fusil fue un cartucho a la recámara, entonces vino él, GIRALDO bajo la palanca del fúsil y la llevó hacia atrás y el cartucho que había ido a la recámara cayó al suelo, nosotros estábamos formando en hilera y nosotros estábamos a una distancia que no alcance a oír lo que dijo mi primero, entonces no sé si volvería a cargar o no y oprimió el dedo sobre el disparador y se oyeron varios impactos, uno a uno yo alcance a oír como seis y yo dije ¡huy mató a mi primero!; nosotros nos tiramos a tierra al oír los disparos y al ver que le había disparado y mi primero cayó al suelo. Después de que estaba mi primero ahí tirado en el suelo, GIRALDO quedó con el fusil terciado unos segundos, entonces con la vista recorrió hacia alrededor y al darse cuenta de lo que había hecho dio unos pasos, se puso de rodillas, colocando el fusil y colocándose la trompetilla en esta parte – el declarante se coloca la mano debajo de la barbilla- y oprimió el disparador, cayendo boca abajo (…) PREGUNTADO: ¿Por qué cree usted, que reaccionó GIRALDO de la forma que lo hizo matando al sargento MURCIA? Contestó: Yo creo quUna vez ocurrieron los anteriores hechos, los mismos fueron puestos en conocimiento en forma inmediata ante el Juzgado Veinte de Instrucción Penal Militar (fl. 67, cdno. ppal. 1), el que abrió de oficio investigación preliminar, para luego en resolución del 29 de octubre de 1997 decretar su archivo por muerte del investigado, así (fl. 98-100, cdno. ppal. 1):e por la forma en que lo golpeó con la machetilla – Negrilla fuera de texto-.

4.2.2.5. La necropsia practicada al cuerpo del extinto Carlos Abel Murcia Ayala, da cuenta de un total de diez orificios de entrada de proyectil de arma de fuego y que aquel murió luego de recibir múltiples lesiones en huesos, estallido de hígado, pulmones, aorta ascendente y destrucción de corazón y masa encefálica (fl. 94-95, cdno. ppal. 1).

4.2.2.6. Una vez ocurrieron los anteriores hechos, los mismos fueron puestos en conocimiento en forma inmediata ante el Juzgado Veinte de Instrucción Penal Militar (fl. 67, cdno. ppal. 1), el que abrió de oficio investigación preliminar, para luego en resolución del 29 de octubre de 1997 decretar su archivo por muerte del investigado, así (fl. 98-100, cdno. ppal. 1):

HECHOS

Cuentan las diligencias que estos tuvieron ocurrencia en la base militar de mina Vieja, Jurisdicción del Municipio de Yarumal, el 14 de septiembre de 1996 a eso de las 9:30 horas de la mañana, cuando el sargento le pegara con una peinilla al SL. CARLOS GIRALDO ZAPATA, quien procedió a cargar su fisil haciendo maniobras con la palanca y le disparó en repetidas ocasionadas al cuerpo del SV. CARLOS MURCIA AYALA, causándole la muerte en forma instantánea, luego al ver lo que había hecho se arrodilló y colocándose la trompetilla debajo de la barbilla se disparó causándose el mismo la muerte.

CONSIDERACIONES

(…) Con meridiana claridad se expresa el hecho de que quien le causa la muerte al SV. MURCIA fue el soldado GIRALDO, luego de que este suboficial le pegara con una peinilla por la espalda y en estas circunstancias, el soldado le dispara con el fusil causándole la muerte.

(…).

El mismo sargento Murcia provoca la ira del SL. GIRALDO cuando le pegó, con una peinilla, cuya hoja metálica era pequeña; el soldado ante estos golpes reaccionó en forma inesperada y cargó el fusil produciendo con el varias detonaciones dirigidas al suboficial a quien alcanzó en varias oportunidades, incluso cuando yacía en el suelo siguió disparando.

Todos los declarantes a quienes le damos credibilidad y a quienes se conoce estaban en el lugar de los hechos sindican de la muerte del suboficial al soldado GIRALDO ZAPATA, quien del mismo modo sin que nadie pudiera hacer nada, con el mismo fusil con que mató al sargento se quitó la vida.

(…).

En estas circunstancias, continuar con la investigación cuando se tiene que el SL. GIraldo Zapata Carlos, fue quien causó la muerte de su superior el SV. MURCIA y de que el sindicado también falleció después de haberle quitado la vida al suboficial, no tiene razón jurídica para proseguir.

De tal manera, que con el fallecimiento del inculpado la investigación penal no puede iniciarse, ni proseguirse ordenándose el archivo de las presentes diligencias, declarando que no existe mérito para abrir investigación penal por el fallecimiento del sindicado.

Ahora bien, en el recurso de apelación la parte demandante insistió que la muerte del suboficial era imputable a la entidad accionada, toda vez que no había ninguna razón para el deceso del sargento, quien falleció a manos de un soldado en medio de una instrucción militar.

Sobre el particular, la Sala encuentra que si bien en los hechos le asiste responsabilidad a la demandada, hay concurrencia de culpas, pues la actuación de la víctima coadyuvo al hecho dañoso, tal y como pasa a explicarse a continuación.

4.2.1. Sobre la responsabilidad de la Nación – Ministerio de Defensa – Ejército Nacional.

En relación con el régimen de responsabilidad aplicable por los daños causados a quienes hacen parte de las fuerzas militares, la jurisprudencia de esta Corporación ha señalado en varias ocasiones que dicho régimen varía, dependiendo de si el daño fue sufrido por un conscripto o por una persona que voluntariamente ejerce funciones de alto riesgo relacionadas con la defensa y seguridad del Estado, como es el caso, por ejemplo, de los militares y agentes de policía(11).

La diferenciación entre unos y otros se da, bajo el entendido que mientras los conscriptos son sometidos a los riesgos inherentes a la actividad militar en acatamiento de un mandato constitucional(12), los que prestan el servicio en forma voluntaria asumen todos y cada uno de los riesgos propios de la actividad militar.

Ahora bien, tratándose de estos últimos, el Estado responderá por el daño originado en la “conducta negligente e indiferente que deja al personal en una situación de indefensión”(13) o en un riesgo excepcional anormal, esto es, diferente al inherente al servicio(14), pues en caso contrario, esto es, cuando el daño se originó en un riesgo propio del servicio, el “afectado únicamente tendría derecho a recibir las indemnizaciones previstas en la ley especial para tales eventos; empero, tratándose de la materialización de un riesgo ajeno a la actividad de la administración, habría lugar a la indemnización plena, tanto para los terceros perjudicados como para la víctima directa”(15).

Para el caso de autos, el suboficial Carlos Abel Murcia Ayala se hallaba ejerciendo actividades propias del servicio militar, toda vez que se encontraba dando una instrucción; sin embargo, en medio de la misma fue atacado por un soldado quien, luego de haber sido sometido a un correctivo inadecuado por parte de su superior, reaccionó en forma desproporcionada y cegado por la ira descargó el proveedor de su fúsil en la humanidad del suboficial, acabando con su vida.

El hecho de que el sargento Murcia Ayala ingresara voluntariamente al Ejército Nacional, en ningún momento implicaba que asumía como riesgo propio el tener que defenderse de los demás miembros de dicha fuerza militar y, menos aún tener que soportar una agresión contra su vida e integridad personal.

La conducta del soldado no dio lugar a que el agredido pudiera defenderse, pues tal y como lo relatan los testigos, fue tan intempestiva por lo que tampoco ninguno de los presentes en el momento de los hechos alcanzó a reaccionar.

La reacción del soldado, quien también se encontraba ejerciendo funciones propias de la actividad castrense, fue abiertamente desproporcionada al castigo recibido, de tal forma que su actuación comprometió la responsabilidad de la administración, en tanto la misma se dio por causa y razón del servicio, y no había ninguna justificación razonable para que acabara con la vida de su superior. El hecho de que aquel hubiera maltratado al soldado, no facultaba a este para tomar su arma de dotación y atentar fatalmente contra el suboficial con el que se encontraba en desacuerdo, pues a todas luces hay una grave falta de proporcionalidad entre la agresión y el medio utilizado para contenerla. Así las cosas, se declarara la responsabilidad de la entidad demandada con fundamento en el título de imputación de falla en el servicio, toda vez que se encuentra demostrado que el daño se produjo como consecuencia de la conducta ilegal y reprochable de un agente de la administración en hechos ocurridos en el lugar y en el momento en que se prestaba el servicio y haciendo uso de un arma de dotación oficial.

4.2.2. El hecho de la víctima.

Aunque no deja de ser desconocido para la Sala que el soldado Carlos Giraldo Zapata se extralimitó en su reacción frente al suboficial Carlos Abel Murcia Ayala, no es menos cierto que la actuación de ambos fue desmedida; sin embargo, existe un mayor compromiso de la víctima en tanto que con su conducta dio lugar al hecho dañoso.

En efecto, de las pruebas allegadas al proceso se tiene que el sargento Murcia Ayala era el superior del soldado Zapata y, por ende, aunque le era dable exigirle al soldado el cumplimiento de las órdenes impartidas por la potestad que tenía, en ningún momento dicha autoridad lo acreditaba para brindarle un trato degradante a su subalterno.

Ciertamente, según se desprende de las declaraciones de los soldados, testigos presenciales de los hechos, la conducta del soldado Giraldo debió ser corregida por su superior a través de mecanismos que resultaran proporcionales, necesarios y razonables a la renuencia del joven a cumplir con los ejercicios castrenses ordenados.

El Decreto 85 de 1989, contentivo del Reglamento del Régimen Disciplinario de las Fuerzas Militares, entre otras disposiciones, establece:

ART. 27.—Todo superior tiene la obligación de conocer y estimular los esfuerzos de sus subalternos para mantener el espíritu de trabajo y el deseo de superación.

El superior que no procura observar y conocer a sus subalternos comete frecuentes y graves injusticias.

ART. 28.—Es inaceptable en el superior disculparse con las omisiones, descuidos o excesos de los subalternos, o con la escasez de recursos para el cumplimiento de los deberes, cuando la obtención de los mismos se encuentre a su alcance.

ART. 29.—Los superiores tienen la obligación de servir de ejemplo y guía a sus subalternos, estimular sus sentimientos de honor, dignidad, lealtad y abnegación; fomentar su iniciativa y responsabilidad y mantenerse permanentemente preocupados por su bienestar. Deben además inspirar en el personal confianza y respeto y guardarles deferencias que se deben a personas con las cuales se comparten responsabilidades inherentes a la profesión militar.

ART. 30.—Es deber del personal al servicio de las Fuerzas Militares, cualquiera sea su jerarquía, asumir las responsabilidades del cargo que desempeña y, en situaciones imprevistas, tomar las acciones que correspondan a cada caso y siempre según las normas de la dignidad y el honor.

ART. 31.—La negligencia y el desinterés en el cumplimiento de las obligaciones, indican poco valor militar. Subestimar la profesión, demostrar despreocupación por la propia preparación, reducir la actividad del servicio a lo estrictamente necesario, llegar tarde a los actos del servicio, dar excusas infundadas, denotan carencia de espíritu militar y de personalidad.

ART. 32.—El personal no debe perder de vista que el único medio de hacerse prestigio y a la estimación de superiores y subalternos es el de cumplir exactamente sus deberes, acreditar su interés por el servicio, poseer honrada ambición y mostrar deseo de ser empleado en las situaciones de mayor responsabilidad y peligro, para dar a conocer sus condiciones de lealtad, valor, preparación y constancia.

El acudir a la agresión física de forma desproporcionada e injustificada conllevó a que el suboficial se expusiera a un alto riesgo; en efecto, confió de manera imprudente en que el soldado no iba reaccionar al trato dispensado(16), por lo cual se sintió legitimado para maltratar a su subalterno armado, sin preveer en las posibles consecuencias.

Se insiste, aunque la reacción del soldado fue desmedida y contraria a derecho, la misma fue producto del trato humillante brindado por el comportamiento irregular del superior quien imprudentemente se expuso a un riesgo al utilizar métodos de castigo y corrección que a todas luces incumplen los mandatos de la Constitución y la ley.

Por consiguiente, comoquiera que hubo una mayor participación de la víctima en el hecho dañoso, la condena impuesta a la entidad accionada se reducirá en un 70%, al haber concurrencia de culpas.

En consecuencia, se revocará la providencia impugnada para, en su lugar, condenar en perjuicios a la demandada, haciendo la reducción señalada.

5. Indemnización de perjuicios(17). 

5.1. Perjuicio moral.

Los actores solicitaron el reconocimiento de 1.500 gramos oro para la esposa, padres e hijos del fallecido Carlos Abel Murcia Ayala, y 1.000 gramos oro para sus hermanos, por concepto del perjuicio moral causado por la pérdida de su familiar.

Al respecto, debe decirse que la jurisprudencia de la Sala ha señalado que en los eventos en los que una persona fallece o sufre una lesión y esta es imputable al Estado, se desencadena a cargo de este la indemnización de perjuicios morales, de tal manera que las personas que se sientan perjudicadas por dicha situación y hagan parte del núcleo familiar más cercano, pueden reclamar la indemnización de estos perjuicios acreditando el parentesco con la víctima directa del daño, pues este se convierte en un indicio suficiente para tener por demostrado el perjuicio moral sufrido, siempre que no hubieren pruebas que indiquen o demuestren lo contrario.

En relación a la cuantía de la indemnización de este perjuicio inmaterial, debe recordarse que, de conformidad con lo expresado en sentencia del 6 de septiembre de 2001, esta corporación abandonó el criterio según el cual se estimaba procedente la aplicación analógica del artículo 106 del Código Penal de 1980, para establecer el valor de la condena por concepto de perjuicios morales; se ha considerado, en efecto, que la valoración de dicho perjuicio debe ser hecha por el juzgador, en cada caso, según su prudente juicio y se ha sugerido la imposición de condenas por la suma de dinero equivalente a 100 salarios mínimos legales mensuales, en los eventos en que aquél se presente en su mayor grado de intensidad(18).

En ese orden de ideas, atendiendo el grado de parentesco entre los demandantes con el fallecido Carlos Abel Murcia Ayala, así como el dolor y el perjuicio moral que su muerte causó en aquellos, tal y como lo relataron los testigos Pablo Sanabria (fl. 116-117, cdno. ppal. 1), Ciro Antonio Forero Gordillo (fl. 117-118, cdno. ppal. 1), Roselia del Carmen Salamanca de Tavera (fl. 124-125, cdno. ppal. 1), María Ludivia Herrera de Rojas (fl. 126-127, cdno. ppal. 1), Esperanza Aza Vargas (fl. 127-128, cdno. ppal. 1) y Carmen Yaneth Rodríguez Aguilar (fl. 129-130, cdno. ppal. 1) en declaraciones que rindieran al interior de este proceso, se condenará a la Nación – Ministerio de Defensa – Ejército Nacional a pagar a cada uno de actores, luego de la deducción correspondiente por existir concurrencia de culpas, las siguientes sumas de dinero:

  1. Para los señores Ana Delina Ayala de Murcia y Carlos Julio Murcia Castañeda, padres del occiso; así como para la señora Carmen Beatriz Díaz Duarte y sus hijos Jessyca Alexandra, Natalia Beatriz y Carlos Mauricio Murcia Díaz, en su calidad de cónyuge supérstite e hijos del fallecido, la suma, para cada uno de ellos, de 30 salarios mínimos legales mensuales vigentes a la fecha de ejecutoria de la sentencia de segunda instancia.
  2. Para los señores Lelio, José Faustino, Reynel, Víctor Alfonso y Misael Murcia Ayala, así como Julio César Murcia Rodríguez, Luz Mary Murcia Torres y Mery Murcia Torres, en su calidad de hermanos del occiso, la suma de 15 salarios mínimos legales mensuales vigentes a la fecha de ejecutoria de la sentencia de segunda instancia, para cada uno de ellos.
 

5.2. Perjuicio material.

Por concepto de perjuicios materiales(19), en la modalidad de lucro cesante, los actores solicitaron a favor de la esposa e hijos del fallecido Carlos Abel Murcia Ayala, el pago de las sumas de dinero que dejaron de percibir desde el momento en que se produjo su deceso –14 de septiembre de 1996- hasta la edad probable de vida de aquel(20).

En el sub judice, con los testimonios de Roselia del Carmen Salamanca de Tavera (fl. 124-125, cdno. ppal. 1), María Ludivia Herrera de Rojas (fl. 126-127, cdno. ppal. 1) y Carmen Yaneth Rodríguez Aguilar (fl. 129-130, cdno. ppal. 1)(21) se establece la dependencia económica que tenía la señora Carmen Beatriz Díaz Duarte y sus hijos Jessyca Alexandra, Natalia Beatriz y Carlos Mauricio Murcia Díaz con el fallecido Carlos Abel Murcia Ayala, por lo que se encuentra probado la existencia del daño material en la modalidad de lucro cesante.

Ahora bien, está demostrado que el señor Carlos Abel Murcia Ayala para el momento de su deceso, fungía como sargento viceprimero del Ejército Nacional, por lo cual devengaba un sueldo básico de trescientos veinticuatro mil ciento noventa pesos ($324.190), de conformidad con la constancia del 17 de abril de 1997 visible en folio 26 del cuaderno principal(22).

Por su parte, aunque no se indicó cuanto recibía en total por las prestaciones a las que tenía derecho, se aplicará la presunción de que percibía un 25% por dicho concepto, para un valor de $405.237 de los cuales se restará el 25% que se presume la víctima destinaba para su propia subsistencia, para un total de $303.928

Aplicando la fórmula utilizada para actualizar la renta, se tiene que la renta actualizada (Ra) es igual a la renta histórica (suma devengada por la víctima) multiplicada por el índice de precios al consumidor del mes anterior a la sentencia proferida por la Sala, dividido por el índice de precios al consumidor vigente en el mes en el cual ocurrieron los hechos.

S1997-01091 A
 

Del anterior valor se resta el 70% correspondiente a la participación de la víctima para un total de $288.543, suma que se dividirá en dos para calcular el lucro cesante de los demandantes: Un 50% para calcular el lucro cesante a indemnizar a favor de la esposa de la víctima (para un total de $144.271) y el 50% restante se dividirá en partes iguales para calcular el lucro cesante a favor de los hijos del occiso, esto es, $48.090 para cada uno de los tres hijos de la víctima.

5.2.1. Lucro cesante a favor de la señora Carmen Beatriz Díaz Duarte

Indemnización debida

Comprende el período transcurrido desde la fecha de los hechos, 14 de septiembre de 1996, hasta la fecha de esta sentencia, para un total de 215,5 meses. Aplicando la fórmula, se tiene lo siguiente:

S1997-01091 B
 

Indemnización futura

Comprende el período transcurrido desde el día siguiente de esta sentencia, hasta la vida probable de la víctima(23). De conformidad con las tablas de supervivencia(24) se estimó la vida probable de aquel en 41.47 años, para un total de 497,64 meses, teniendo en cuenta que la víctima tenía 35 años de edad cuando falleció, según su registro civil de nacimiento (fl. 9, cdno. ppal.).

A los 497,64 meses deberá restársele 215,5 meses, los cuales ya fueron indemnizados, para un total de 282,14 meses. Aplicando la fórmula, se tiene:

S1997-01091 C 1
 

Sumados los valores de la indemnización debida y futura se obtiene un valor total de $76.861.581 por concepto de daño material en la modalidad de lucro cesante a favor de la señora Carmen Beatriz Díaz Duarte.

5.2.2. Lucro cesante a favor de Jessyca Alexandra Murcia Díaz.

Para el momento del deceso de su progenitor la demandante Jessyca Alexandra Murcia Díaz contaba con cinco años de edad (nació el 9 de enero de 1991 de conformidad con el registro civil de nacimiento aportado, f. 13, cdno. ppal. 1) y comoquiera que no fue desvirtuada la presunción de que todo hijo soltero que vive con sus padres depende económicamente de aquellos hasta la edad de 25 años, la indemnización a favor de la actora comprenderá dos periodos: El lucro cesante consolidado comprendido desde la fecha de los hechos hasta la fecha de esta sentencia (215,5 meses), y el lucro cesante futuro comprendido desde el día siguiente en que se profiere esta providencia, hasta el 9 de enero de 2016, fecha en que la actora cumplirá 25 años de edad (16,37 meses).

Indemnización debida

S1997-01091 D
 

Indemnización futura

S1997-01091 hh
 

Sumados los valores de la indemnización debida y futura se obtiene un valor total de $19.005.624 por concepto de daño material en la modalidad de lucro cesante a favor de la joven Jessyca Alexandra Murcia Díaz.

5.2.3. Lucro cesante a favor de Natalia Beatriz Murcia Díaz.

La demandante Natalia Beatriz Murcia Díaz contaba con tres años de edad al momento del fallecimiento de su padre(25) y, comoquiera que no fue desvirtuada la presunción de que todo hijo soltero que vive con sus progenitores depende económicamente de aquellos hasta la edad de 25 años, la indemnización a favor de la actora comprenderá dos periodos: El lucro cesante consolidado comprendido desde la fecha de los hechos hasta la fecha de esta sentencia (215,5 meses), y el lucro cesante futuro comprendido desde el día siguiente en que se profiere esta providencia, hasta el 20 de octubre de 2017, fecha en que la actora cumplirá 25 años de edad (37,73 meses).

Indemnización debida

S1997-01091 E
 

Indemnización futura

S1997-01091 FF
 

Sumados los valores de la indemnización debida y futura se obtiene un valor total de $19.904.621 por concepto de daño material en la modalidad de lucro cesante a favor de la joven Natalia Beatriz Murcia Díaz.

5.2.4. Lucro cesante a favor de Carlos Mauricio Murcia Díaz.

Para el momento del deceso de su padre, Carlos Mauricio Murcia Díaz contaba un mes y quince días de nacido(26) por lo que dependía de sus padres. Ahora bien, como no fue desvirtuada la presunción de que todo hijo soltero que vive con sus padres depende económicamente de aquellos hasta la edad de 25 años, la indemnización a favor del actor comprenderá dos periodos: El lucro cesante consolidado comprendido desde la fecha de los hechos hasta la fecha de esta sentencia (215,5 meses), y el lucro cesante futuro comprendido desde el día siguiente en que se profiere esta providencia, hasta el 1 de agosto de 2021, fecha en que el demandante cumplirá 25 años de edad (83,1 meses).

Indemnización debida

S1997-01091 E
 

Indemnización futura

S1997-01091 G
 

Sumados los valores de la indemnización debida y futura se obtiene un valor total de $21.531.130 por concepto de daño material en la modalidad de lucro cesante a favor de Carlos Mauricio Murcia Díaz.

6. Costas.

Finalmente, toda vez que para el momento en que se profiere este fallo, el artículo 55 de la Ley 446 de 1998 indica que sólo hay lugar a la imposición de costas cuando alguna de las partes haya actuado temerariamente y, en el sub lite, ninguna procedió de esa forma, no habrá lugar a imponerlas.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, en Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley,

FALLA:

1. REVOCAR la sentencia del 9 de agosto de 2004 proferida por el Tribunal Administrativo de Antioquia, Risaralda, Caldas y Chocó – Sala de Descongestión, por la cual se negaron las pretensiones de la demanda.

2. DECLARAR la responsabilidad patrimonial de la Nación – Ministerio de Defensa – Ejército Nacional por los daños patrimoniales y morales sufridos por los demandantes, Ana Delina Ayala de Murcia, Carlos Julio Murcia Castañeda, Lelio, José Faustino, Reynel, Víctor Alfonso y Misael Murcia Ayala, Julio César Murcia Rodríguez, Luz Mary y Mery Murcia Rodríguez, Carmen Beatriz Díaz Duarte y Jessyca Alexandra, Natalia Beatriz y Carlos Mauricio Murcia Díaz con ocasión de la muerte del señor Carlos Abel Murcia Ayala en hechos del 14 de septiembre de 1996.

3. CONDENAR como consecuencia de la anterior declaración a la Nación – Ministerio de Defensa – Ejército Nacional, a indemnizar a los actores los siguientes perjuicios:

  1. Para los demandantes Ana Delina Ayala de Murcia, Carlos Julio Murcia Castañeda, Carmen Beatriz Díaz Duarte, Jessyca Alexandra Murcia Díaz, Natalia Beatriz Murcia Díaz y Carlos Mauricio Murcia Díaz, la suma de 30 salarios mínimos legales mensuales vigentes a la fecha de ejecutoria de la sentencia de segunda instancia, para cada uno de ellos.
  2. Para los señores Lelio Murcia Ayala, José Faustino Murcia Ayala, Reynel Murcia Ayala, Víctor Alfonso Murcia Ayala, Misael Murcia Ayala, Julio César Murcia Rodríguez, Luz Mary Murcia Torres y Mery Murcia Torre, la suma de 15 salarios mínimos legales mensuales vigentes a la fecha de ejecutoria de la sentencia de segunda instancia, para cada uno de ellos.
  3. A la señora Carmen Beatriz Díaz Duarte la suma de $76.861.581 por concepto de perjuicio material en la modalidad de lucro cesante
  4. A la demandante Jessyca Alexandra Murcia Díaz la suma de $19.005.624 por concepto de perjuicio material en la modalidad de lucro cesante.
  5. A la actora Natalia Beatriz Murcia Díaz la suma de $19.904.621 por concepto de perjuicio material en la modalidad de lucro cesante.
  6. Al accionante Carlos Mauricio Murcia Díaz la suma de $21.531.130 por concepto de perjuicio material en la modalidad de lucro cesante.
 

4. Las cantidades liquidadas a favor de los actores devengarán intereses comerciales moratorios después de la ejecutoria de la presente sentencia.

5. Para dar cumplimiento a los artículos 176 y 177 del Código Contencioso Administrativo, expídanse copias auténticas de esta sentencia, con constancia de ejecutoria, con destino a las partes y por intermedio de sus apoderados (art. 115 del Código de Procedimiento Civil y 37 del Decreto 359 de 1995).

6. Sin condena en costas.

7. El Tribunal librará las comunicaciones necesarias para el cumplimiento de este fallo, de acuerdo con lo previsto en los artículos 177 del Código Contencioso Administrativo y 362 del Código de Procedimiento Civil.

Cópiese, notifíquese y cúmplase».

1 Cabe decir que en la demanda se señalaban como actores a los señores Jairo Ayala Quiroga y Humberto Ayala Serrano; empero, mediante memorial visible en folio 43 del cuaderno principal, el apoderado de los demandantes solicitó no se tuviera a los dos mencionados como demandantes. Lo anterior, fue aceptado por el Tribunal Administrativo de Antioquia en auto del 16 de julio de 1997 (f. 49, cdno. ppal. 1).

2 El agente del Ministerio Público guardó silencio durante esta etapa procesal.

3 La parte demandante y el agente del Ministerio Público guardaron silencio durante esta etapa procesal.

4 El 28 de abril de 1997, fecha en que se presentó la demanda, la cuantía para que un proceso iniciado en ejercicio de la acción de reparación directa fuera conocido en segunda instancia por esta Corporación era de $13.460.000 —artículos 129 y 132 del Código Contencioso Administrativo subrogados por el Decreto 597 de 1988— y la mayor de las pretensiones de la demanda fue estimada en la suma de $244.971.363, por concepto de lucro cesante futuro; esto es, en el momento de presentación de la demanda la mayor pretensión superaba la cuantía fijada por el Decreto 597 de 1988.

5 No debe confundirse la legitimación en la causa para demandar con el derecho a obtener una reparación integral, en caso de que se pruebe la responsabilidad de la administración, pues, una persona puede estar legitimada para demandar pero al no demostrar la existencia de un daño, no procede ninguna indemnización a su favor.
Por otra parte, la jurisprudencia de la Sección ha inferido la existencia del perjuicio moral para los familiares de un fallecido dada la situación de congoja y dolor que su muerte causa; sin embargo, tal inferencia no cobija todos los grados de parentesco. Así, tratándose del primer grado de afinidad en línea ascendente, debe probarse la existencia del daño.

6 Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección C, Sentencia del 27 de febrero de 2013. Exp. 24.799. C.P. Enrique Gil Botero.

7 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 28 de agosto de 2013, exp. 25022, M.P. Enrique Gil Botero.

8 Dentro de estas copias obran las declaraciones bajo la gravedad de juramento realizadas por miembros del ejército que fueron testigos visuales de los hechos del 14 de septiembre de 1996, que serán tenidas en cuenta como prueba.

9 HENAO, Juan Carlos. El daño, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 1998, pág. 37.

10 Consejo de Estado, S.C.A., Sección Tercera, Sala Plena, sentencia de 19 de abril de 2012, exp. 21515, C.P. Hernán Andrade Rincón, reiterada en la sentencia de 23 de agosto de 2012, exp. 23219, C.P. Hernán Andrade Rincón.

11 Ver, Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección A, Sentencia del 16 de septiembre de 2013, Exp. 31499, C.P. Calos Alberto Zambrano Becerra.

12 “La jurisprudencia ha sostenido que habrá lugar a indemnizar el daño causado a un soldado conscripto, es decir, a quien se vincula al Ejercito Nacional en cumplimiento de la obligación prevista en el artículo 216 de la C.P., cuando el hecho objeto de reproche sea consecuencia de: (i) el desconocimiento del principio de igualdad ante las cargas públicas; (ii) el sometimiento del soldado conscripto a un riesgo superior al normal, o (iii) una actuación u omisión de las autoridades que irrogue perjuicios. De este modo, se entiende que el Estado, frente a los conscriptos y reclusos, adquiere no sólo una posición de garante al doblegar, en ambos casos, su voluntad y disponer de su libertad individual para un fin determinado, sino que, de igual manera, entra en una relación de especial sujeciónque lo hace sujeto responsable de los posibles daños que puedan padecer aquéllos” Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección B, Sentencia del 28 de junio de 2012. Exp. 24.362, C.P. Stella Conto Díaz del Castillo

13 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 26 de febrero de 2009, Exp. 31824. C.P Enrique Gil Botero, y sentencia del 19 de agosto de 2004. Exp. 15971. C.P Ramiro Saavedra Becerra.

14 Concretamente, diferente o mayor al que deben afrontar quienes se encuentran en las mismas condiciones.

15 Consejo de Estado, Sección Tercera, Sentencia del 19 de agosto de 2011, Exp. No. 19439. C.P. Stella Conto Díaz del Castillo.

16 De conformidad con el informe de necropsia, el soldado presentaba dos laceraciones en la zona lumbar y aunque no se especificó si las mismas eran recientes, de conformidad con los testigos visuales del hecho, aquellas fueron producto de los golpes que el suboficial le propinó al soldado.

17 Cabe decir que la indemnización aquí otorgada, es distinta de la indemnización a forfait que ampara a los miembros de los organismos de seguridad del Estado por los riesgos a los que se encuentran sometidos, en razón de su vinculación laboral, máxime si se considera que la indemnización aquí reconocida deviene de la reparación por los perjuicios causados en razón de la producción de un daño antijurídico.

18 Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, sentencia del 6 de septiembre de 2001, expediente 13.232-15.646, actor: Belén González y otros – William Alberto González y otra.

19 Los demandantes no hicieron ninguna solicitud por perjuicios materiales en la modalidad de daño emergente.

20 Los actores concretamente señalaron que la indemnización abarcaba dos momentos, una que denominaron lucro cesante consolidado que abarca desde la fecha de la muerte hasta la presentación de la demanda, y otra que denominaron lucro cesante futuro comprendido desde la presentación de la demanda hasta la edad probable de vida de la víctima directa.

21 Roselia del Carmen Salamanca Tavera, refirió: “Ellos se casaron y duraron viviendo en la casa del papá durante mucho tiempo porque como era militar entonces lo tenían en Cimitarra, que lo tenían en otro lado, lo trasladaban y ella se quedó con los papás hasta que él tuvo un puesto más estable y se fueron a vivir a Chiquinquirá y de Chiquinquirá lo trasladaron para Medellín y ahí sí pues nos veíamos con Beatriz cuando venía (…) Ella estaba recién mejorada del niño, del tercero, le habían hecho cesárea y estaba allá en Medellín, ella estaba en dieta (…) Vivían ambos y ella [Carmen Beatriz Díaz] dependía de él.
María Ludivia Herrera de Rojas, manifestó: “El señor Carlos Abel Murcia yo lo conocí cuando iba hacerle la visita a Beatriz Díaz, ellos estaban de novios e hicieron matrimonio y nos invitaron al matrimonio (...), del matrimonio hubo tres hijos, la niña mayor que se llama Jessica, luego Natalia y el niño que se llama Carlos. PREGUNTADO: ¿Qué le pasó a Carlos Abel? CONTESTÓ: Pues lo trasladaron para Medellín porque trabajaba con el ejército y de dos horas de Medellín a donde él estaba por allá lo mataron. PREGUNTADO: ¿Con quién vivía Carmen Beatriz y sus hijos cuando mataron a Carlos Abel? CONTESTÓ: Ellos vivían en Medellín”.
Carmen Yaneth Rodríguez Aguilar manifestó en relación a la demandante Carmen Beatriz Díaz que: “En la parte afectiva fue muy duro para ella porque se encontró completamente sola, ella se deprimió demasiado, ella vivía sola en Medellín, se regresó hacia Bucaramanga donde se encontraban sus padres que le sirvieron de mucho apoyo moral para ella seguir adelante con sus hijos y la amistad mía desde la infancia, apoyándola moralmente, y económicamente quedó desprotegida porque ella dependía de él”.

22 En la referida constancia se indica que para septiembre de 1996 fueron cancelados a favor del sargento un total de $696.436; empero, en ningún momento se especificó si dicha suma de dinero correspondía a unos ingresos mensuales, sólo se indicó que como sueldo básico el suboficial percibía $324.190.

23 De conformidad con los registros civiles de nacimiento allegados al plenario, al momento de los hechos el señor Carlos Abel Murcia Ayala contaba con 35 años de edad (nació el 27 de agosto de 1961; fl. 9, cdno. ppal. 1), mientras que su esposa, la señora Carmen Beatriz Díaz Duarte contaba con 29 años de edad (nació el 15 de julio de 1967; fl. 11, cdno. ppal. 1); de tal forma que se toma la expectativa de vida del occiso, al ser este de mayor edad.

24 Resolución 497 de 1997 de la Superintendencia Bancaria.

25 Nació el 20 de octubre de 1992 de conformidad con el registro civil de nacimiento aportado, fl. 14, cdno. ppal. 1.

26 Nació el 1º de agosto de 1996, de conformidad con el registro civil de nacimiento aportado (f. 15, cdno. ppal. 1).