Sentencia 1997-05452/16915 de enero 29 de 2009

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

Rad.: 73001-23-31-000-1997-05452-01(16915)

Actor: E. V. V. y otros

Demandado: Instituto de Seguros Sociales

Referencia: Acción de reparación directa

Consejera Ponente:

Dra. Ruth Stella Correa Palacio

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de enero de dos mil nueve (2009)

(Legis considera conveniente que los nombres y apellidos de las partes y los terceros sean remplazados por sus iniciales y sus datos por xxx, con el fin de proteger los derechos contemplados en el artículo 15 de la Constitución Política de Colombia)”.

Decide la Sala el recurso de apelación interpuesto por la parte demandante en contra de la sentencia proferida por el Tribunal Administrativo del Tolima, el 24 de mayo de 1999, mediante la cual negó las pretensiones formuladas en acción de reparación directa por los señores E. V. V. y otros, en contra del Instituto de Seguros Sociales, la cual será confirmada.

I. Antecedentes

1. Las pretensiones.

El 17 de julio de 1997, por intermedio de apoderado judicial y en ejercicio de la acción de reparación directa establecida en el artículo 86 del Código Contencioso Administrativo, los señores E. V. V., C. C. de V., L. G. M. del P., M. L. y C. V. C., formularon demanda en contra del Instituto de Seguros Sociales y de la empresa prestadora de salud EPS del Instituto de Seguros Sociales, con el fin de obtener la indemnización de perjuicios que sufrieron como consecuencia de las fallas en el servicio médico asistencial y hospitalario que se le prestó al señor E. V. C., entre el 14 de agosto y el 8 de noviembre de 1995.

A título de indemnización, los demandantes solicitaron el pago de una suma equivalente a 4.000 gramos de oro, por cada una de las fallas que imputan a la entidad demandada: (i) el diagnóstico equivocado; (ii) la ausencia de diagnóstico de la verdadera enfermedad padecida; (iii) el tratamiento médico inadecuado y discriminatorio; (iv) la muerte; (v) por la falsa certificación sobre su causa, y (vi) por daño a la vida de relación familiar, por la ausencia irremediable del hijo y hermano. Igualmente solicitaron que como elemento reparatorio se ordenara a los representantes legales del ISS y de la EPS del ISS dirigir una carta institucional a los demandantes ofreciendo excusas por las equivocaciones.

2. Fundamentos de hecho.

Los hechos relatados en la demanda son los siguientes:

a) El 14 de agosto de 1995, el señor E. V. C. fue llevado a la clínica del ISS de XXX, para una consulta por medicina general, con el fin de recibir el tratamiento médico adecuado a una enfermedad que se manifestaba con deposiciones mocosas y sanguinolentas, cólicos, fiebre y pérdida de peso. En esa oportunidad se le diagnosticó disentería aguda bacteriana y amibiana, pero el paciente, sin duda, padecía otra enfermedad en el sistema digestivo.

b) El paciente puso de presente que sostenía relaciones homosexuales desde hacía algún tiempo, por ese motivo se le ordenó la práctica del examen de Elisa para el SIDA o HIV. La primera prueba de Elisa resultó negativa y la segunda positiva, por lo que se ordenó la práctica de la prueba confirmatoria de Western Blot.

c) Desde ese momento, y sin ninguna certeza científica, el personal médico y paramédico del ISS empezó a tratar al señor V. de manera discriminatoria y poco profesional. Así, a pesar de que se ordenó la práctica al paciente de una rectosigmuendoscopia, no se le tomó dicho examen, bajo el pretexto de que el aparato se encontraba dañado, pero realmente, fue por el temor al contagio del VIH, omisión que impidió detectar oportunamente la causa de sus dolencias digestivas.

d) El señor V. fue dado de alta el 25 de agosto de 1995. Al egreso se registró como diagnóstico posible la infección del SIDA y se reiteró la orden del examen Western Blot. Sin tener aún certeza, dicho diagnostico le fue comunicado al paciente y a su familia, lo cual afectó su ánimo de manera grave, disminuyó sus sentimientos de autoestima y los deprimió y preocupó profundamente a todos.

e) El paciente permaneció en su casa pero sus dolencias se hicieron más graves, por lo que el 15 de septiembre ingresó por urgencias a la clínica del seguro y en la nota de enfermería se consignó que era un paciente altamente sospechoso de VIH y que faltaba solamente la prueba confirmatoria.

f) Nadie quería hacerse cargo del paciente en el ISS, éste permaneció varios días en urgencias, aislado en un lugar inapropiado denominado el “cafetín”, que constaba de una pequeña cocina, sin cama. Fue remitido a gastroenterología pero el médico responsable se negó a atenderlo, porque el paciente padecía de SIDA. Ante las protestas de su familia y la llamada de una abogada, finalmente se le brindó atención el 21 de septiembre siguiente, aunque tampoco se le practicaron las pruebas de rayos x ordenadas, por el prejuicio del personal en relación con la supuesta enfermedad del paciente.

g) El personal del ISS indujo al paciente a no luchar más por sobrevivir, a fin de no prolongar su vida y con ella su propio sufrimiento y el de su familia. Así inducido, el paciente entró en un profundo estado de depresión y dejó de ingerir alimentos para acelerar su muerte, la cual ocurrió el 8 de noviembre de 1995. En el registro civil de la defunción se certificó como causa del deceso: “inmunodeficiencia adquirida”, a pesar de que el paciente nunca contrajo dicha enfermedad, como se demostró con el resultado negativo de la prueba de Western Blot.

Se afirma en la demanda que el hecho es imputable a la entidad demandada, a título de falla del servicio, por el mal diagnóstico y tratamiento inadecuado que recibió E. V. C. durante su estadía en la clínica del ISS en la ciudad de XXX y la falsa certificación de la causa de su muerte.

3. La oposición de la demandada.

El ISS se opuso a las pretensiones de la demanda. Adujo que el paciente recibió durante todo el curso de su enfermedad la atención médica general y especializada, hospitalaria, científica y farmacéutica, recomendada para el tipo de enfermedad que padecía, por lo que la demanda carecía de causa; que desde que se tuvo el resultado positivo en la prueba de Elisa se le suministró el tratamiento que el seguro permitía, sin que se le hubiera discriminado de ninguna manera por parte del personal médico y paramédico de la entidad, que, además, estaba debidamente instruido para tratar a los pacientes que padecían el VIH o el SIDA.

Agregó que desde su ingreso a la entidad médica se dispuso la hospitalización del paciente y se le inició el tratamiento con metronidazol y antibióticos, al haberse encontrado presencia de aminas e infección intestinal, pero que su respuesta no fue positiva, porque su sistema inmunológico se encontraba seriamente comprometido, razón por la cual se ordenó practicarle pruebas de Elisa y Western Blot, la primera resultó no reactiva y la segunda realizada una semana después arrojó un resultado positivo y la tercera dio negativa y toda su sintomatología indicaba que estaba afectado de SIDA, por lo cual se le brindó el tratamiento que la ciencia médica recomendaba para el momento. De tal manera que, en el evento que se hubiera incurrido en un error de diagnóstico, no hubo negligencia ni malicia alguna por parte de los médicos que lo trataron.

4. Llamamiento en garantía.

La entidad demandada llamó en garantía al médico internista J. P. R.; a los gastroenterólogos G. M. y G. A., y a los cirujanos P. J. G. y A. H. C., quienes estuvieron al servicio de la entidad durante el lapso comprendido entre el 14 de agosto de 1995 y el 8 de noviembre de 1995 y prestaron asistencia médica al señor E. V. C.

Mediante providencia de 24 de noviembre de 1997, el a quo dispuso citar a los llamados en garantía, quienes fueron notificados en legal forma tal como consta a folios 46 a 50 del cuaderno de llamamiento en garantía.

Dentro del término legal, mediante apoderado, los médicos llamados en garantía, a excepción del cirujano A. H. C. dieron respuesta oportuna a la demanda. Manifestaron que el diagnóstico de SIDA se hace bajo tres criterios: (i) el epidemiológico, que señala comportamientos de riesgos para adquirir la infección por VIH, como lo es la promiscuidad sexual; (ii) el clínico: los síntomas que hacen pensar en una infección por VIH son: pérdida de peso mayor o igual a 10 kilos; síndrome diarreico de más de un mes de evolución y fiebre de origen desconocido por más de 4 semanas, y (iii) el de laboratorio: los disponibles en Colombia para la época de los hechos eran las pruebas presuntivas como Elisa y confirmatorios, aunque no definitivos como el Western Blot, los cuales dan falsos negativos en el período de ventana o en estados terminales, porque en estos períodos hay poca producción de anticuerpos, y que en el caso del señor E. V. aunque la prueba de Western Blot arrojó un resultado negativo, los demás criterios eran conclusivos de que el paciente había contraído la enfermedad.

Agregaron que al paciente se le prestó una atención adecuada por parte del cuerpo médico y paramédico, el cual se hallaba debidamente preparado para atender pacientes sospechosos y realmente enfermos de SIDA; que no era cierto que se le hubiera dado un trato discriminatorio; que no había relación de causalidad entre este evento, el supuesto daño y la conducta de los llamados en garantía por culpa grave o dolo pues obraron con prudencia, diligencia y como peritos según sus especialidades y de acuerdo con los cánones de la medicina ya que esta profesión de acuerdo con lo dicho por la Corte Constitucional y el Consejo de Estado es de medio y no de resultado.

4.(sic) La sentencia recurrida.

Consideró el Tribunal que de acuerdo con la jurisprudencia, la responsabilidad médica de los entes estatales se regía por el régimen de falla presunta del servicio, pero que la obligación por la prestación de dichos servicios era de medio y no de resultado, por lo que tales entes se exoneraban de responsabilidad si acreditaban que la atención que se brindó al paciente fue oportuna, diligente, adecuada y cuidadosa, y que en el caso concreto, las pruebas que obraban en el expediente, en particular, el dictamen médico, acreditaban que el señor E. V. C. presentaba un cuadro clínico típico de SIDA, enfermedad en relación con la cual el personal médico y paramédico de la entidad le prestó atención oportuna y adecuada con la ciencia médica, y que si hubo dificultades se debió al deterioro físico y psicológico del enfermo, quien de ninguna manera fue discriminado, a pesar de su condición médica. En síntesis, que no existió falla en el servicio médico prestado al señor E. V. C., hasta su muerte sucedida el 8 de noviembre de 1995, la cual se produjo como consecuencia natural de la evolución endógena de la enfermedad, que no respondió al tratamiento que le fue suministrado, y que, por el contrario, la entidad demandada y los médicos llamados en garantía actuaron con diligencia y cuidado para aliviar el dolor y aumentar las expectativas de vida.

5. Lo que se pretende con la apelación.

La parte demandante solicitó que se revocara la sentencia impugnada y, en su lugar, se accediera a las pretensiones de la demanda, porque:

(i) En realidad el paciente, conforme a la evidencia científica de la historia clínica, no padecía de SIDA, no había adquirido el VIH, a pesar de que el personal médico de la clínica así lo sostuvo y en la partida de defunción se certificó como causa de la muerte; pues la verdadera enfermedad por la que murió el señor V. no fue identificada por los médicos, ni fue tratada debido al prejuicio científico y moral de que el paciente tenía SIDA.

(ii) La sentencia impugnada se basó en un dictamen médico contradictorio porque aunque dice que la prueba más confiable para determinar el SIDA en el Western Blot, no explicó por qué si el señor V. no se encontraba en la ventana inmunológica el resultado de esa prueba, que se le practicó poco antes de su muerte, resultó negativo y, sin embargo, se insiste en sostener que el señor V. si estaba infectado con el virus del SIDA. Además, en el mismo dictamen se dice que “todas las personas infectadas deben tener una evaluación médica independiente del estado clínico de la enfermedad” y el cumplimiento de esta regla no aparece analizado en el presente caso frente a la afirmación hecha en la demanda de que al paciente no se le diagnosticó y trató la enfermedad que lo llevó a la muerte.

(iii) El dictamen pericial contradice las definiciones legales de los decretos 559 de 1991 y 1543 de 1997 sobre SIDA. El Decreto 559 de 1991 dice en el artículo 2º de las definiciones “Infectado: Individuo con prueba sexológica positiva específica para el VIH”; el Decreto 1543 de 1997, en su artículo 2º dice: “Infección por el VIH: Presencia del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (HIV) en el organismo de una persona, confirmado por prueba diagnóstica de laboratorio”, es decir, el diagnóstico médico tiene que basarse en las pruebas serológicas y de laboratorio.

(iv) Insistió en que se está frente a un doble caso de discriminación, primero por la condición de homosexual del señor V. y segundo por el prejuicio de que tenía SIDA, sin las evidencias científicas para ello, por lo anterior no se le brindó la atención integral necesaria evadiendo el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades que padecía, violentando su derecho a la salud y a la vida, contra la constitución y la ley.

(v) Concluye que el Instituto de Seguros Sociales no tiene explicación alguna para no haber diagnosticado y tratado al señor V. la enfermedad del colon que fue la que le causó enormes sufrimientos y finalmente lo llevó a la muerte.

6. Actuación en segunda instancia.

Del término concedido en esta instancia para presentar alegaciones no hicieron uso las partes ni el Ministerio Público.

II. Consideraciones de la Sala

La parte demandante afirma que el Instituto de Seguros Sociales es responsable de los daños sufridos por los demandantes por: (i) haber asumido sin razones científicas que el señor E. V. C. estaba enfermo de SIDA; (ii) haberlo tratado de manera discriminatoria al asumir que padecía esa enfermedad; (iii) no haberle diagnosticado al paciente la verdadera enfermedad que padecía; (iv) no haberle suministrado el tratamiento médico y hospitalario adecuado para la enfermedad que padecía y, que finalmente lo llevó a la muerte, y (v) haber incurrido en falsedad al certificar que la causa de la muerte del paciente fue el SIDA.

Considera la Sala que la entidad demandada no es patrimonialmente responsable del daño padecido por los demandantes como consecuencia de la enfermedad y muerte del señor E. V. C. porque no le es atribuible ninguna falla del servicio, que constituyera la causa de esos daños; por el contrario, lo que se acreditó en el expediente fue que la entidad hospitalaria a al cual acudió el paciente le brindó la atención médica que requirió y a la cual por la evolución natural de la enfermedad no respondió de manera positiva el paciente. Estas conclusiones se obtienen del siguiente análisis:

1. La prueba del daño.

1.1. Se trajo al proceso la copia auténtica del registro civil de defunción del señor E. V. C., en el cual consta que éste murió en XXX, XXX, el 8 de noviembre de 1995 a las 7:30, y se consignó como causa del deceso “inmunodeficiencia adquirida” (fl. 8, cdno. 1).

1.2. Los demandantes acreditaron ser los padres y las hermanas del fallecido, porque tanto en las copias auténticas del registro civil del nacimiento del señor E. V. C. y de la señora C. V. C., como en los certificados del registro civil del nacimiento de las señoras L. G. M. del P. y M. L. V. C. figuran como hijos de los señores E. V. V. y C. C. de V. (fls. 4-7, cdno. 1).

1.3. Que a una persona se le diagnostique que ha sido infectada por el virus del VIH, o que se encuentra en la fase terminal de la enfermedad del SIDA, así como que fallezca por esa causa, genera indudablemente al mismo enfermo y a sus parientes más cercanos un gran dolor, no sólo porque se tendrá certeza de que su expectativa de vida es reducida(1), sino por tratarse de una “enfermedad cultural”, que genera rechazo social y, por lo tanto, señalamiento y marginación por parte de quienes juzgan la enfermedad como consecuencia de su conducta inmoral o de quienes temen contagiarse del virus(2).

2. La ausencia de falla y nexo causal. 

Considera la Sala, con fundamento en las pruebas que obran en el expediente, que no se acreditaron las fallas médicas que se atribuyen a la entidad demandada; por el contrario, obra constancia de que el paciente fue atendido por distintos especialistas en las oportunidades que consultó y que permaneció hospitalizado, así como que de manera permanente recibió atención del personal paramédico y que se le suministraron las drogas prescritas para combatir la infección que lo atacó y aliviar el sufrimiento que la enfermedad le produjo en los últimos meses de su vida; que su estado clínico permitía a los médicos considerar, al margen del resultado de la prueba de laboratorio, que la enfermedad que lo condujo a la muerte fue el SIDA, sin que se hubiera demostrado, de ninguna manera que ese diagnóstico fue equivocado. 

Lo dicho en la demanda aparece confirmado sólo con el testimonio de la señora L. E. C. P. (fls. 183-186, cdno. 1), quien relató que su primo E. V. C. ingresó al servicio de urgencias del hospital como consecuencia de una hemorragia rectal y que se le practicaron dos pruebas para VIH, una de las cuales salió positiva y la otra negativa, por lo que se tuvo dudas sobre su padecimiento y que mientras tanto se le mantuvo aislado en una cafetería del servicio de urgencias y se le asignó un baño para su uso exclusivo; que la familia solicitó que se le asignara una habitación, pero que el médico M. del servicio de gastroenterología se negó a recibirlo en esa unidad, con el argumento de que se necesitaba la habitación para otros enfermos y no para muertos, por lo cual la familia debió recurrir al director regional del ISS y reclamar un trato digno para el paciente, gracias a lo cual se le asignó una habitación.

Agregó que la reacción del paciente frente al diagnóstico del SIDA fue desmoralizante para él, porque ni él ni su familia estaban preparados moral ni físicamente para asumir esa situación, ni existían los conocimientos científicos para combatirla, por lo que aquél perdió su deseo de vivir, dejó de recibir alimentos y hasta solicitó la eutanasia, a pesar de lo cual la ayuda sicológica que se le brindó fue muy precaria; que, además, la familia no había sido instruida sobre la forma de tratarlo para evitar un contagio.

Que su hermano le informó que la noticia de la causa de la muerte del señor E. V. se comunicó a través de medios masivos; que además, le constaba que la colostomía que había sido ordenada por el médico no se le practicó porque la persona encargada de practicar el examen se disgustó porque el paciente manchó de sangre la camilla.

Finalmente, manifestó que, a pesar de que para el día del fallecimiento se tenía conocimiento del resultado de la prueba de Western Blot era negativa, el médico que expidió el certificado de defunción señaló que la causa de la muerte había sido “desnutrición por SIDA”, razón por la cual en la funeraria se negaron a preparar el cadáver.

Pero, en contra de esas afirmaciones obran los demás medios de prueba, integrados por: (i) la copia auténtica de la historia clínica expedida por la gerente administrativa, pensiones y protección riesgos laborales del Instituto de Seguros Sociales, Seccional del Tolima, traída con la demanda y remitida luego a solicitud del a quo por la entidad (fls. 9-108, cdno. 1 y anexo); (ii) el testimonio de dos de las enfermeras que trataron al paciente, quienes, se advierte, no fueron llamadas en garantía y, por lo tanto, se considera que no tienen interés directo en el resultado del proceso, y (iii) el dictamen de dos médicos del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Seccional XXX, que se fundamentaron en la historia clínica y en literatura científica, pruebas que por su rigor científico, considera la Sala que desvirtúan lo que se afirma en la demanda. En efecto:

2.1. Consta en la historia clínica que el paciente llegó al servicio de urgencias de la Clínica del Instituto de Seguros Sociales, Seccional XXX, el 14 de agosto de 1995 y que al examen de ingreso presentó el siguiente cuadro clínico:

“De 3 días fiebre, dolor lumbar, dolor abdominal tipo cólico, deposiciones diarreicas líquidas, fétidas, con sangre abundante, pujo, tenesmo.

“AP: Estreñimiento crónico

Episodios similares desde hace 3 meses

Pérdida de peso +- 6.8 kg. en 3 meses

Homosexual”

(…).

“IDx: 1. E. D, crónica

Colitis ulcerativo?

Colitis amebiana?

Hemorroides ext-internas

2. DHT II III

3. HIV?”.

En esa oportunidad se dispuso hospitalización y se le medicaron líquidos venosos para hidratación (Ringer), B Hiescina y Dipirona, un cuadro hemático, coproscópico y valoración por médico de planta con resultados.

Ese mismo día fue valorado por el especialista de medicina interna, quien agregó a la orden del médico de urgencias, suministrarle metronidazol.

El 15 de agosto de 1995 fue valorado de nuevo por el internista, quien señaló que el paciente continuaba con “diarrea, pujo, tenesmo, moco, #+10 x día. Cólicos pospandial. Polidipsia”.

En las hojas de las órdenes médicas consta que el paciente fue valorado casi a diario por el internista, entre el 16 y el 25 de agosto de 1995, fecha en la cual se mantuvo la medicación para combatir la infección, restablecer los líquidos y calmantes, entre otros: trimetropin sulfa, buscapina, metronidazol, bromuro mioscina, plasil, amikacina y solución Hartman.

También figuran las anotaciones de las hojas de enfermería que demuestran que el paciente no mostró ninguna evolución a la mejoría; que por el contrario, se mantuvieron los mismos síntomas que presentó al ingresar al hospital, a pesar de la medicación.

El 25-08-95 el paciente fue dado de alta, con las siguientes órdenes del internista:

“1. Tomar nueva muestra para HIV x Elisa y para el Western Blot.

2. Salida hoy con igual tto. x 8 días más. Control x c. externa de astro con resultado de la rectosigmoidoscopia. Control conmigo en 30 días.

“Salida con indicaciones de dietista respecto alimentación a seguir a causa de probable HIV (2ª muestra Elisa reactiva)”.

El 19 de septiembre de 1995, el señor V. C. consulta de nuevo por el servicio de urgencias por presentar:

“Paciente quien presenta disentería amebiana crónica, en tto. Presenta astenia, adinamia, malestar, rectorragia, tenesmo, deterioro, pérdida de peso. En estudio disentería, HIV (???)”.

(…)

Dx: 1. Colitis crónica ulcerativa

Disentería amebiana

2. HIV???”.

Para el 20 de septiembre de 1995 figura resultado de radiografía:

“Leves infiltrados intersticiales paracardíacos izquierdos de aspecto bronquítico. No hay zona de consolidación parenquimatosa. Silueta cardiventricular dentro de límites normales”.

Figuran, además, en la historia clínica, constancias de atención por psicología en varias oportunidades durante los días 25 de septiembre y 19 de octubre de 1995 en los que se afirma haberle brindado terapia de apoyo al paciente y a la familia.

El 30 de noviembre de 1995 se hizo el siguiente resumen de la historia clínica del paciente:

“Motivo de consulta: S.D.A.

Desnutrición

“Hallazgos físicos de importancia: Desnutrición severa, pérdida de peso, deshidratación, abscesos perianales.

“Evolución: Paciente que evoluciona con SIDA en fase terminal, con infección intestinal severa que cedía por tiempos cortos con medicación, con defensas muy bajas, con desnutrición paulatina, no toleraba vía oral.

“Diagnóstico: SIDA

Desnutrición severa

Abscesos perianales

S.D.A.

“Tratamiento: Bipiridina, metronidazol, micostantín, novalgina, bromazepan, curación 2 v/día.

“Incapacidad hospitalaria: Fallece por descompensación hemodinámica”.

2.2. Declaración de la enfermera A. de J. Z. E., enfermera del Instituto de Seguros Sociales (fls. 172 y 173, cdno. 1), quien manifestó conocer al paciente E. V. en el Seguro Social porque estuvo hospitalizado en el piso en el cual ella laboraba; que en el servicio de urgencias se informó que el paciente iba para ser tratado por gastroenterología, pero que el médico especialista G. M. manifestó que él conocía al paciente y que debía ser tratado por medicina interna, donde fue ubicado de inmediato en una habitación.

Señaló que el paciente ingresó en un estado de enfermedad muy avanzada. Describió una herida grande entre el recto y los testículos, los cuales tenía muy ulcerados, por los que salían constantemente materia fecal, pus, sangre y que también por la boca expelía pus; que padecía un dolor terrible que no le reducía ni con los analgésicos; además, señaló que era un señor muy agresivo, a quien se le trató oportunamente, con la intervención de varios especialistas. Destacó que la familia llegaba todos los días en las horas de la mañana a ultrajar al personal de enfermería y no podían disimular el fastidio que sentían por el paciente, a quien jamás se atrevieron a tocar, y que sólo lo veían desde la puerta de la habitación; que nunca quisieron quedarse a acompañarlo en las noches, al punto que al momento de su muerte no había ningún familiar; que, en cambio, la atención que se le brindó en el hospital por parte del personal médico y paramédico siempre fue solícita y oportuna.

En el mismo sentido declaró la enfermera I. A. G. A. (fl. 174, cdno. 1), quien manifestó que al ingreso, el paciente presentaba fístulas perianales, que drenaba bastante material purulento, fétido; que era agresivo en el trato; que a pesar de que ingresó al servicio con diagnóstico de SIDA, nunca se le rechazó y siempre se le brindó la atención que requería; rechazo que, en cambio, siempre percibieron en las dos mujeres que acudieron a la clínica, al parecer, la madre y la tía, quienes se limitaban a mirarlo desde la puerta de la habitación.

2.3. En el dictamen rendido por los médicos del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, se concluyó que el diagnóstico de la enfermedad padecida por el paciente no fue desacertado y que la atención que se le brindó no se aleja de las normas de atención establecidas para ese tipo de enfermedad. Textualmente, la conclusión del dictamen fue la siguiente:

“Se trata de un paciente de 43 años quien es conocido del ISS desde 1993, cuando se le diagnostica EPOC, consultor (sic) crónica por tos y hemoptisis, en esa época se realizaron diversos estudios de laboratorio y Rx para determinar etiología de su cuadro clínico fue valorado por neumología y otorrinolaringología, descartándose patología neoplásica, tuberculosis y SIDA. Se desconoce evolución del paciente, no se encontraron más consultas al ISS hasta el 14-08-95, cuando consulta por cuadro de diarrea crónica y pérdida de peso, se le realizan los estudios paraclínicos necesarios para su patología y recibe tratamiento médico adecuado. En esta hospitalización se le realiza prueba de Elisa el 23-08-95, la cual se reporta reactiva y se envía muestra para realizar prueba confirmatoria de Westerm Blot, la cual es confirmatoria y de alta especificidad y la que aún en la actualidad es la más utilizada. Reingresa el 19-09-95 con signos clínicos de SIDA en etapa terminal, con diarrea crónica de 3 meses de evolución, deshidratado, con desnutrición severa, candidiasis oral y absceso a nivel perianal, desde el momento de su ingreso se instaura el tratamiento médico por especialistas en medicina interna, gastroenterología, cirugía, nutrición y psicología, realizándosele los exámenes paraclínicos necesarios para determinar el estado clínico del paciente, de acuerdo a las patologías que presentaba y administrándosele los fármacos para estabilizar al paciente. Debido a su estado crítico debió ser hospitalizado en la UCI. En el protocolo de manejo del programa nacional de prevención y control de las Enfermedades de Transmisión Sexual ETS/SIDA no se recomienda el aislamiento del paciente ya que como se explicó, las patologías que presente el paciente inmunosuprimido generalmente son por patógenos adquiridos antes de la infección del VIH. Sin embargo, según la condición clínica del paciente, en ocasiones es necesario aislarlo con el fin de protegerlo de los gérmenes que puedan estar en el ambiente. Según historia clínica, el paciente fallece en síndrome de respiración orgánica múltiple secundario a inmunodepresión severa por infección del virus del SIDA (VIH).

“Conclusiones:

“1. El paciente E. V. C. presentó un cuadro clínico típico de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.

“2. El actuar médico y paramédico no se aleja de las normas de atención establecidas para este paciente”.

Estas pruebas permiten a la Sala concluir que:

1. Que al ingresar a la Clínica del Instituto de Seguros Sociales, Seccional XXX, el señor E. V. se hallaba en un estado crítico de salud, por presentar: diarrea con más de un año de evolución; un cuadro severo de desnutrición; pérdida de peso de 7 kilos en los últimos meses; ulceraciones perianales, con sangrado; astenia; adinamia; rectorragia; tenesmo; candidiasis oral; infiltrados intersticiales de aspecto bronquítico, con antecedentes de varios años atrás. Cabe señalar que en la historia clínica aparece reportado que el paciente consultó: el 30 de octubre de 1990 por presentar cuadro respiratorio con tos y expectoración; el 26 de junio de 1991 por disfonía y tos, que fue tratado con antibiótico; el 8 de julio de 1992 en la prueba de rayos x reportó infiltrados bronconeumónicos en base pulmonar derecha; el 23 de julio de 1992 consultó por esputo hemoptoico (expectoración con sangre), persistencia de tos, sin mejoría y que desde el 23 de noviembre de 1992 fue remitido a control por neumología y asistió durante varios meses a control con diagnóstico de EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica).

2. Desde el momento de su ingreso a la clínica, el paciente recibió medicación con antibióticos, antiamebianos, antiespasmódicos, antimicóticos, antiparasitarios, antivirales, además de antiácidos, líquidos endovenosos, que se le suministraron para la deshidratación, analgésicos para el dolor y antidepresivos y terapia de apoyo sicológico para aliviar la situación emocional del paciente y su familia, así como que le practicaron curaciones diarias con domeboro e iruxol en región perianal, según consta en la historia clínica y en el resumen que de la misma hicieron los peritos médicos del Instituto de Medicina Legal para rendir el dictamen.

3. Sin embargo, el paciente no respondió a ningún tratamiento, en particular al que se le suministró para las infecciones que presentaba. En las notas de enfermería se lee desde la fecha de la segunda hospitalización que el paciente evoluciona sin tolerar vía oral y con abundante salida de material purulento por recto y región perianal. El paciente falleció el 8 de noviembre de 1995.

4. La sintomatología que presentaba el paciente y el fracaso de la medicación que se le suministró llevaron a los médicos del servicio de urgencias, al internista y a los demás especialistas que lo trataron, a concluir un diagnóstico de SIDA, el cual, de acuerdo con el dictamen médico legal es “el resultado de la infección por el virus VIH y de la subsecuente incapacidad del organismo para combatir las infecciones ya que el virus causal afecta directamente esas células de defensa en la persona infectada, dejándola con especial susceptibilidad a padecer enfermedades causadas por bacterias, hongos, parásitos o por virus”.

Dicho diagnóstico guardaba conformidad con la descripción del cuadro clínico que se había hecho en relación con la enfermedad. Así, en el dictamen médico se señaló que las patologías más frecuentes que sufrían las personas afectadas de SIDA eran las siguientes:

“Diarrea crónica que se define como dos episodios de deposiciones líquidas por día por un período mayor de 30 días, la diarrea puede ser manifestación inicial de la infección. Puede llevar a la deshidratación y al desbalance de electrolitos, se acompaña generalmente de pérdida de peso. El manejo incluye mantener el estado de hidratación y corregir la pérdida de electrolitos, investigar la causa y manejo específico, uso de agentes antidiarreicos y suplementos nutricionales - dieta.

“Las infecciones respiratorias se manifiestan frecuentemente con fiebre, tos, con o sin expectoración, se sugiere realizar gram de esputo, cultivo y coloración para detectar TBC directo de esputo con KOH para descartar infección por hongos, además realizar radiografía de tórax, hemocultivo y si es necesario broncoscopia.

“Dermatitis infecciosa por virus, bacterias, hongos, frecuentemente los forúnculos y foliculitis que presentó este paciente a nivel anal y perianal e infecciones por hongos en boca y piel, siendo la candidiasis la infección más frecuente, sobre todo a nivel oral lengua, faringe e hipofaringe. También la forma esofágica, bronquial o pulmonar hacen el diagnóstico de SIDA. Puede presentarse también a nivel perianal o producir proctitis. El tratamiento se hace con antimicóticos de forma oral, en caso de no respuesta usar la vía venosa”(3).

Si se compara el cuadro clínico descrito por los médicos de acuerdo con la experiencia e investigación y las condiciones en las que se hallaba el paciente en la historia clínica, se concluye que no existen indicios que permitan inferir que dicho diagnóstico fue errado.

Además el paciente señaló, según la historia clínica hallarse expuesto a otro factor de riesgo asociado a su cuadro clínico que eran sus prácticas homosexuales, hecho que fue relatado en los hechos de la demanda.

5. Es cierto que ese criterio médico no pudo ser confirmado con la prueba de Western Blot, que arrojó un resultado negativo. Sin embargo, en la prueba de Elisa para VIH practicada el 23 de agosto de 1995 se reportó como reactiva. No obstante, en el dictamen médico legal se señaló que dicha prueba, a pesar de su especificidad y factibilidad puede reportar falsos negativos y que, además, era una prueba en relación con la cual no se habían establecido valores convencionales. Se dijo en el dictamen:

“El Western Blot es la prueba más aceptada internacionalmente por ser la más específica y de mayor factibilidad. Esta prueba permite la detección de anticuerpos individuales contra todas las proteínas del virus, separándolos por sus pesos moleculares. Se interpreta como positivo cuando existe, por lo menos reacción antígeno-anticuerpo contra por lo menos una proteína de por lo menos uno de los tres genes, el resultado se leerá como inconcluyente (sic), también pueden ocurrir falsos negativos y aún no se han establecido valores convencionales para la prueba. Ya se usaba en 1985. En la actualidad no existe una prueba que permita el diagnóstico inequívoco por laboratorio del SIDA, incluyendo los estudios de anticuerpos anti-HIV e incluso el aislamiento del virus”(4).

6. Todo esto sin dejar de advertir que, de conformidad con lo previsto en el artículo 3º del Decreto 559 de 1991, vigente al momento de los hechos(5), el diagnóstico de dicha enfermedad constituye un acto propio de la medicina, mientras que las pruebas de laboratorio son de apoyo de ese acto médico, pero no las pruebas conclusivas del diagnóstico de la enfermedad. 

7. El hecho de que los médicos hubieran puesto en conocimiento del paciente y de la familia el diagnóstico al que habían llegado, no permite imputar a la entidad los daños morales sufridos por ellos como consecuencia de esa información, que llevaron inclusive al paciente a pedir la eutanasia, porque ese era un deber legal que le asistía no sólo por el propio bien del paciente, con el fin de que se le mantuviera alejado al máximo de los focos de infecciones y se le suministraran los cuidados necesarios para hacer menos grave su situación, sino por el bien de las personas que debían atenderlo tanto en la clínica como en su propia casa. El Decreto 559 vigente a la fecha de los hechos establecía:

“ART. 33.—Por razones de carácter sanitario, cuando la persona tenga la condición de infectado asintomático, el médico tratante, en los casos que considere la existencia de peligro inminente de contagio, podrá informar de su estado de salud al cónyuge, compañero permanente o pareja sexual permanente, para su respectivo estudio diagnóstico, previo consentimiento informado de éstos. Así mismo, cuando el médico lo considere pertinente les informará a las personas que estén expuestas al riesgo, para que asuman las medidas de protección correspondientes”.

“ART. 34.—En cumplimiento del artículo 18 de la Ley 23 de 1981, cuando la condición del paciente infectado por el HIV sea grave por cualquier causa, el médico tiene la obligación de comunicar la situación a sus familiares o allegados”.

En síntesis, a juicio de la Sala, la entidad demandada le suministró al paciente, de manera permanente, la atención médica y paramédica que requirió, dado que fue valorado por distintos especialistas: internistas, gastroenterólogos, psicólogos y el personal de enfermería le suministró los medicamentos prescritos por los médicos, de acuerdo con los desarrollos de la ciencia médica para esos momentos y con los protocolos que habían sido adoptados en las clínicas en relación con la enfermedad, los cuales, de acuerdo con el Subgerente Servicios de Salud de la Clínica del ISS, en respuesta al oficio del a quo (fls. 96-97, cdno. 3), eran los siguientes:

“Para el segundo semestre de 1995 no se tenía, en esta clínica, un programa debidamente protocolizado para la atención integral de los enfermos afectados por el VIH/SIDA.

“Los pacientes en quienes se sospechaba la presencia de la infección eran inicialmente valorados por los especialistas en medicina interna en los servicios donde el usuario consulta o a donde hubiera sido remitido por otro nivel de atención; estos servicios eran (y siguen siendo) urgencias y consulta externa especializada.

“Los pacientes eran manejados en forma individual; se les hospitalizaba si el estado de salud lo ameritaba o se trataba en forma ambulatoria; en todos los casos, la atención que se le brindaba era la más integral posible de acuerdo con la tecnología y los recursos disponibles y en tal atención participaban profesionales de la medicina especializada y general, de enfermería, sicólogos, trabajadores sociales y terapistas, quienes brindaban sus servicios sin lineamientos o parámetros de un programa específico.

“Sólo hasta mediados de 1997 se institucionalizó en el ISS (en todo el país) el programa para la atención de pacientes infectados por el VIH. Este programa está debidamente protocolizado y comprende actividades que van desde la promoción y prevención hasta el manejo clínico con los últimos adelantos tecnológicos y farmacológicos…”. 

No desconoce la Sala el dolor moral que debieron sufrir tanto el paciente como su madre y hermanas por la enfermedad y muerte del señor E. V. C., acrecentado por la connotación de “enfermedad cultural” del SIDA, por lo que resulta comprensible que ese diagnóstico generara para ellos una actitud de rechazo razonable, y que insistieran en su exigencia de que el diagnóstico fuera indubitable, en tanto estuviera confirmado con las pruebas de laboratorio. Sin embargo, a juicio de la Sala, la ausencia de dicha confirmación no puede calificarse como una falla en la prestación del servicio médico, dado que, como se expuso, el resultado negativo de la prueba tenía su justificación científica y lo relevante era el criterio del médico, que en este caso fue unánime entre los especialistas, en razón de las graves manifestaciones clínicas de la enfermedad. 

En consecuencia, como no se advierte ninguna falla médica y mucho menos que la misma hubiera sido causa de los daños sufridos por los demandantes como consecuencia de la enfermedad y muerte del señor E. V. C., se confirmará la sentencia impugnada.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

FALLA:

CONFÍRMASE la sentencia recurrida, esto es, la proferida por el Tribunal Administrativo del Tolima, el 24 de mayo de 1999.

Cópiese, notifíquese, cúmplase y devuélvase.

Magistrados: Myriam Guerrero de Escobar, presidente de la Sala.—Ruth Stella Correa Palacio.—Mauricio Fajardo Gómez.—Enrique Gil Botero.—Ramiro Saavedra Becerra.

1 En sentencia de 29 de enero de 2004, exp. 18.273, dijo la Sala: “… es lo común, lo esperable y comprensible, que los seres humanos sientan tristeza, depresión, angustia, miedo y otras afectaciones de los sentimientos, cuando ven disminuidas su salud y sus facultades físicas, especialmente cuando la lesión sufrida es de una gravedad tal que, como en este caso, supone el padecimiento de una enfermedad progresiva e incurable, que necesariamente reducirá, en gran medida, la expectativa de sobrevivencia”.

2 Como lo señaló la Corte Constitucional en Sentencia T-271 de 1995, citada en extenso por la parte demandante en la apelación, que a su vez citó apartes del estudio elaborado por doctor O. M. R.: “El SIDA hace parte de aquellas enfermedades que han dejado de ser patologías exclusivamente biológicas y se transforman en enfermedades culturales. Cuando ese hecho acontece, aparecen las significaciones y las simbolizaciones paracientíficas de la enfermedad y comienza a ser percibida por los individuos como una representación imaginaria, que está configurada por las clasificaciones mentales colectivas, que definen los parámetros de lo moral, lo inmoral, lo verdadero, lo justo, lo terrible, lo religioso, lo obsceno, lo sagrado, lo profano, etc. El SIDA, entendido como una enfermedad cultural, produce múltiples metáforas políticas, psicológicas y sociológicas, que son las que generan y perpetúan la discriminación contra los infectados y los enfermos”.

3 En la literatura médica se describe el cuadro clínico de SIDA con una sintomatología idéntica a la que padecía el señor E. V. Así, desde 1987, el Center For Desease Control para el SIDA, de Atlanta, Estados Unidos, incluye 5 grupos de enfermedades, entre las que se encuentran varias de las que padecía el señor V. C.: disentería amebiana persistente, infección por hongos, diarrea crónica de más de un mes, enfermedades oportunistas, como infiltrados intersticiales de aspecto bronquítico.

4 No debe perderse de vista que dicha prueba puede arrojar falsos negativos, en los periodos de ventana inmunológica o en los estados terminales del SIDA, por la baja producción de anticuerpos en esos períodos de la enfermedad, según aparece reportado en los estudios científicos que se han adelantado en el país y en el exterior. Por ejemplo en: Abigail Sorto Meza, MPH. Seroprevalencia del VIH/sida en mujeres embarazadas ingresadas al Hospital Bertha Calderon Roque, tesis para optar al título de especialista en ginecología y obstetricia. Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, marzo de 2008. en http://www.minsa.gob.ni/bns/monografias.pdf concluye: “Los falsos negativos pueden ocurrir por una infección reciente o en estados terminales del SIDA. Se ha estimado en 1 por cada 250.000 (…) se han estimado en 1 por cada 250.000 pruebas. Es preciso recordar que la mayoría de los WB disponibles comercialmente, contienen en sus bandas antígenos del VIH-1, lo cual tiene implicaciones en la sensibilidad de la prueba y en la interpretación del resultado, especialmente si desconocemos la prevalencia del VIH-2 en la región”.

De igual manera, se llega a esa conclusión en la investigación adelantada por Alvaro Hoyos Orrego y otros. Falso negativo en la prueba de Western Blot en un paciente con el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Revista Infectio, volumen 7-3, 2003, en http://www.revistainfectio.org/site/Portals/0/volumen-7-3.pdf: “Con las pruebas convencionales del Western Blot puede presentarse un resultado falso negativo, ya que éstas no contienen ciertas proteínas del VIH-1 grupo O. Otra causa podría ser el deterioro inmunológico avanzado en un paciente con el SIDA, que afecte la inmunidad de tipo humoral, disminuyendo la respuesta y producción de anticuerpos contra diferentes tipos de antígenos, entre ellos los del VIH. Igualmente, en pacientes con un estado terminal del SIDA y gran cantidad de antígeno viral circulante, los anticuerpos contra uno o varios componentes virales pueden ser ligados por éste (efecto prozono) y no ser detectados. Los defectos en las pruebas diagnósticas pueden causar falsos negativos como vencimiento en el lote de la casa comercial, degradación de los reactivos por mala conservación, contaminación de reactivos y defectos de fabricación”.

5 El Decreto 559 de 1991, “Por el cual se reglamentan parcialmente las leyes 9 ª de 1979 y 10 de 1990, en cuanto a la prevención, control y vigilancia de las enfermedades transmisibles, especialmente lo relacionado con la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana, HIV, y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, SIDA, y se dictan otras disposiciones sobre la materia”, fue derogado por el Decreto 1543 de 1997, que igualmente estableció: “Teniendo en cuenta los criterios clínicos, epidemiológicos y de laboratorio, el diagnóstico de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), el Síndrome de inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) y las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) es un acto propio del ejercicio de la medicina”.