Sentencia 1997-6508 de abril 28 de 2010 

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

Expediente: 18.785

Rad.: 50001233100019976508 01

Ref.: Apelación sentencia. Reparación directa

Consejero Ponente:

Dr. Mauricio Fajardo Gómez

Actor: Narciso Trujillo Cometa y otros

Demandado: Nación - Ministerio de Defensa - Ejército Nacional

La Sala procede a resolver el recurso de apelación interpuesto por la parte demandante contra la sentencia proferida por el Tribunal Administrativo del Meta el 30 de mayo de 2000, mediante la cual se denegaron las súplicas de la demanda.

Bogota, D.C., veintiocho de abril de dos mil diez.

EXTRACTOS: «II. Consideraciones

Corresponde a la Sala decidir el recurso de apelación interpuesto por la parte demandante contra la sentencia proferida por el Tribunal Administrativo del Meta el 30 de mayo del 2000, mediante la cual se denegaron las súplicas de la demanda.

Así pues, la Sala procederá a estudiar, de acuerdo con las pruebas obrantes en el proceso, si la entidad demandada es responsable por la muerte del senor Amín Trujillo Bustos.

El caso concreto

Dentro de la respectiva etapa procesal y con el Ileno de los requisitos legales se recaudaron en el proceso los siguientes elementos probatorios:

— Original del certificado de defunción del señor Amín Trujillo Bustos, expedido por el registrador municipal del municipio de San José del Guaviare, el cual indica que su muerte se produjo el 29 de noviembre de 1995, a causa de “shock neunénico”, como consecuencia de un disparo con arma de fuego (fl. 50, cdno. 1).

— A folio 163 del cuaderno 2 obra copia auténtica del acta de levantamiento del cadáver, practicada por el Instituto Nacional de Medicina Legal, seccional Guaviare, en la cual se dejó constancia que la muerte del senor Amín Trujillo Bustos se produjo el día 25 de noviembre de 1995, como consecuencia de “herida por arma de fuego en cráneo que comprometió globo ocular derecho, cráneo y cerebro”.

— A folio 290 del cuaderno 2, el jefe de personal del Batallón Joaquín París, certificó que el extinto soldado Amín Trujillo Bustos, para el 29 de noviembre de 1995, prestaba servicio militar obligatorio coma soldado regular en dicho bataIlón; igualmente, certificó que había sido incorporado el 4 de julio de 1995.

Mediante Oficio 190 de 19 de marzo de 1999, el comandante del Batallón de Infantería Joaquín París del Ejército Nacional, remitió copia autêntica de la investigación penal militar adelantada por la muerte del soldado Amín Trujillo Bustos, en el cual se recaudaron, entre otros, los siguientes elementos probatorios(2):

— A folio 230 del cuaderno 2, obra copia auténtica del Informe sobre los hechos acaecidos el 29 de noviembre de 1995, suscrito por el capitán Mario Fernández Ramírez del Batallón Joaquin París, en el cual se consignaron las circunstancias en las cuales ocurrió la muerte del soldado Amín Trujillo Bustos, asi:

“Aproximadamente a las 11:50 horas se terminó el ejercicio diurno de revista de segunda fase con excelentes resultados, felicitó a los soldados y todos estabamos contentos, inclusive el SL Trujillo Bustos, según manifestaron los soldados del cuarto pelotón.

“La orden que impartí una vez finalizó el ejercicio fue revisar el personal —material y verificar que los fusiles no estuvieran cargados. Luego se deberían alistar para el almuerzo y bano, los pelotones se dirigieron hacia la base y cada uno debería dejar una escuadra para recoger vainillas, me dirigí hacia el río sobre el sector del Buque y estar pendiente del baño del personal para que no ocurriera ningún incidente cuando me avisaron que se había matado un soldado, corrí hacia el sector de los hechos a verificar y ya lo traían hacia las piratas para evacuarlo y al averiguar qué estaba haciendo me manifestaron los suboficiales Juan y Osman que los tenían volteando (haciendo ejercicios) y los soldados manifestaron lo mismo y que el soldado Trujillo estaba muy cansado y que al parecer no podía realizar más ejercicio y el CS Osman Poveda le ordena al DG Sandoval que el SL Trujillo Bustos se debería colocar el equipo y se dirigieron hacia el sitio del cambuche y al dar la espalda el DG Sandoval, el SL Trujillo cargo el fusil, dijo no puedo más y se disparó”.

— A folio 231 del cuaderno 2, obra declaración rendida en el proceso penal militar por el cabo segundo Juan Castañeda Alirio, en la cual informó:

“El día 29 de noviembre de 1995, una vez terminado el polígono, nos dirigimos hacia la base, constatamos el personal y armamento y pasamos revista de cada uno de los fusiles de los soldados para salir a baño, por faltas menores contra la disciplina yo ordené media hora de ejercicios, eran aproximadamente las 12:30 horas, se realizó la actividad de ejercicio en la cual el soldado Trujillo Bustos Amín manifestó que no podía realizar los ejercicios con los demás compañeros porque no podía, entonces ordené que no hiciera los ejercicios ordenados, sino que ordené al dragoneante Sandoval que le controlara ejercicios más suaves, siendo aproximadamente las 12.50 horas, ordené terminar la actividad. Posteriormente, el cabo segundo Osman Poveda Marco Aurelio ordenó sacar los elementos para aseo personal para el baño, en ese momento el soldado Trujillo Bustos se había ido con el con el DG Sandoval adelante hacia el sitio del cambuche y ahí fue cuando se presentaron los hechos, en el cual el soldado Trujillo Bustos cargo su fusil de dotación y se pegó un tiro. Preguntado: Diga al despacho en forma concreta cuál fue la orden dada por usted como comandante del pelotón encargado; asimismo el motivo o la causa por la cuál ordenó tales ejercicios? Contestó: la orden que di al pelotón fue media hora de volteo (ejercicios físicos) por la indisciplina constante del personal de soldados. Quiero aclarar que los ejercicios que se ordenaron fue de flexion de piernas, vueltas, saltarines. Usualmente son los medios correctivos que se utilizan para mantener la disciplina y obediencia por parte de los soldados. Preguntado: Diga si el soldado Trujillo Bustos Amín tenía algan tipo de problema personal o de familia? Contestó: Quiero aclarar que a mí como comandante directo de escuadra del soldado Trujillo Bustos, nunca me manifestó por ningun medio, ni escrito, ni verbal tener problemas de familia o personales, ni tampoco se escuchó nada sobre el particular. Preguntado: Diga si tuvo conocimiento de lo manifestado por el señor Trujillo para tomar la decisión de suicidarse? Contestó: Antes de los hechos no escuché nada, pero posteriormente los soldados comentan que días antes de los hechos el soldado Trujillo Bustos Amín comentó la decisión de atentar contra la vida de uno de los miembros de la compañía y luego de suicidarse. Preguntado: Diga cuál era el estado anímico del soldado para el día de los hechos? Contestó: El estado anímico del soldado era normal, aclaro que el temperamento era fuerte, porque siempre a las órdenes que se le impartían contestaba de forma renuente”.

— A folio 231 del cuaderno 2, obra declaración rendida en el proceso penal militar por el dragoneante René Sandoval Martínez, en la cual señaló:

“Ese día terminamos el polígono y nos dieron la orden de baño, hubo un momento en que yo me retiré y me di cuenta de que les estaban ordenando dar vueltas, entonces me pusieron a controlar que los demás soldados dieron vueltas, después los formaron en hilera y formaron tres grupos y los pusieron a hacer saltarines, tendidas y piernas por un buen rato, el soldado Trujillo no quería hacer más ejercicio y mi cabo Osman me dijo que controlara los saltarines y las piernas y yo le dije al soldado que hiciera saltarines y piernas, al rato el soldado se puso a llorar, entonces mi cabo Osman me Ilamó para un lado y me dijo vaya y le monta el equipo y para donde usted vaya él lo debe seguir, el soldado Trujillo Bustos, yo me fui para donde estaba este soldado, entonces este habia dejado el armamento aparte, yo lo llamé y le dije caballo nosotros así le deciamos, que cogiera las cartucheras y el fusil, las recogió, nos fuimos para el sitio donde estaban los equipos y el soldado venía llorando, yo le dije: que se monte el equipo, el dijo yo no aguantó más, yo no le dije nada, entonces yo me quedé mirando el pelotón y cuando en ese momento sonó la carga del fusil, yo volteé a mirar y vi cuando se disparó, eso fue lo sucedido. Preguntado: Diga cuál fue el motivo para que les ordenaran hacer ejercicios físicos por parte del comandante del pelotón? Contestó: Eso fue porque en la mañana los soldados no formaron como es, tenía que ser rápida y también porque se habían perdido unos guindos de una carpa; Preguntado: Diga cual fue el comportamiento del soldado Trujillo Bustos Amin? Contestó: Yo soy más antiguo y soy dragoneante y lo conocí desde cuando Ilegó al batallón, ese soldado era como nervioso, había veces que no obedecía y se disgustaba con los compañeros, el comportamiento era como variable.

— A folio 264 del cuaderno 2, obra declaración rendida en el proceso penal militar por el soldado José Israel Niño Barrera, en la cual manifestó:

“Pasó el polígono y mi cabo Juan dio la orden de recoger una carpa y se habían perdido unos amarres de la carpa, entonces mi cabo Osman siendo aproximadamente las 12:40 horas, nos puso a voltear, después mi cabo Juan nos formó para ir al baño, y los soldados hicieron la maña, y mi cabo Juan dijo que formaramos en hilera y nos mando a dar una vuelta al pelotón y en ese momento llegó mi cabo Osman cogió el mando del pelotón y los mando a voltear y dijo que sacaba el último para castigarlo, entonces siguió mandando a voltear a los soldados y el soldado Trujillo Bustos Amín se quedó con el DG Sandoval, porque mi cabo Osman le dijo a Sandoval que pusiera a voltear a Trujillo, ahí duraron como unos veinte minutos, le informó que el soldado Trujillo estaba rendido y el Cabo Osman le dijo móntele el equipo y ahí el soldado se puso a llorar por el cansancio y el calor bravo que hacía, el soldado se fue con Sandoval a traer el equipo, y el DG le dio la espalda a Trujillo y este cargo el fusil y cuando el DG Sandoval volteó a verlo se disparó, produciéndose la muerte inmediata. Preguntado: Diga si sabía que el soldado Trujillo tenía problemas personales o familiares, caso afirmativo en qué consistían. Contestó: No, nunca me enteré de que el soldado tuviera problemas. Preguntado: Diga qué trato recibió el soldado Trujillo Bustos Amín por parte de sus comandantes y compañeros durante el tiempo de permanencia en el cuartel? Contestó: Recibió buen trato por parte de todos.

— A folios 260 a 267 del cuaderno 2, se encuentran los testimonios rendidos en el proceso penal militar por los soldados Ricardo Soler Beltrán, José Vargas Mogollón y Rosemberg Velasco Callejas, los cuales coinciden con las anteriores declaraciones en señalar las circunstancias de modo, tiempo y lugar en las cuales ocurrió la muerte del soldado Amín Trujillo Bustos, así como también el buen trato recibido por parte de sus superiores y demás compañeros del batallón.

— A folios 279 a 284 del cuaderno 2, obra copia auténtica de la providencia fechada en febrero 16 de 1999, proferida por el Juzgado Once de Instrucción Penal Militar; en dicho proveido se decidió “Inhibirse de proseguir con las presentes diligencias. Los argumentos que condujeron a la instancia en comento para adoptar la referida decisión, fueron, en lo sustancial, los siguientes:

“Así las cosas, como quedaron planteadas, nos llevan a proferir auto inhibitorio, de conformidad con lo establecido en el artículo 555 del Código Penal Militar (...).

“Consideramos que la acción penal no puede iniciarse, toda vez que se reúnen en la misma persona fallecida, el hecho punible, por lo cual resulta ocioso continuar con las presentes diligencias, pues como quedó demostrado el hoy occiso tomó la determinación  de suicidarse, sin existir motivo externo o inducción  al suicidio.

Las pruebas anteriores dan cuenta de que en la tarde del 25 de noviembre de 1996, en el Batallón Joaquín París, del municipio de San José del Guaviare, murió el soldado regular Amín Trujillo Bustos, como consecuencia de un disparo que él mismo se propinó con el arma de fuego que le había sido suministrada como parte de su dotación  oficial.

En el presente caso, del examen detallado de las pruebas allegadas al proceso es posible establecer que existen suficientes elementos de convicción  para concluir que la muerte del soldado del Ejército Nacional fue ocasionada por causa de su propia y exclusiva culpa.

En efecto, el relato de los hechos realizado por los miembros del grupo de militares que estuvo presente cuando el soldado Trujillo Bustos murió resulta coherente entre sí y se encuentra corroborado con las demás probanzas del proceso, en el siguiente sentido:

Las declaraciones de los miembros del grupo de militares son coherentes entre sí cuando afirman que en la tarde del 25 de noviembre de 1995, luego de efectuar ejercicios de polígono y a causa de las constantes conductas de indisciplina por parte del grupo de soldados, el cabo segundo Osman Poveda ordenó la realización  de diversos ejercicios físicos; sin embargo, el soldado Amín Trujillo Bustos manifestó su incapacidad para realizar dicha actividad física, razón por la cual el mencionado cabo segundo ordenó al dragoneante Sandoval Martínez ponerse a cargo del soldado Trujillo Bustos para la realización de otro ejercicios físicos; luego de que el dragoneante le hubiera ordenado cargar el equipo de campaña, este de forma súbita y repentina cargo su fusil de dotación  y disparó contra su propia humanidad.

Ahora bien, dados los supuestos fácticos descritos, resulta necesario precisar el contenido y alcance de los parámetros en los cuales el Estado debe responder frente a casos como el presente, marco en el cual se le atribuye el daño causado por el suicidio de un soldado conscripto del Ejército Nacional.

Al respecto, esta Sala, en sentencia del 30 de septiembre del 2000(3), precisó:

“En este orden de ideas, para que surja el deber del Estado de reparar el daño causado por el suicidio de un recluso o un conscripto es necesario acreditar que por el trato que recibía en el establecimiento militar o carcelario fue inducido a tomar esa decisión, o bien que la persona sufría un trastorno psíquico o emoción al que hacía previsible el hecho y que a pesar de ser conocida esa circunstancia por las autoridades encargadas de su seguridad, no se le prestó ninguna atención  medica especializada, ni se tomó ninguna determinación tendiente a alejarlo de las situación es que le generaran un estado de mayor tensión o peligro.

En caso contrario, esto es, en el evento de que la decisión del soldado o retenido sea libre porque obedezca al ejercicio de su plena autonomía, o en el evento de que su perturbación o la necesidad de ayuda sicológica, por las especiales circunstancias del caso, no hubiera sido conocida por las autoridades encargadas de su protección, el hecho sería solo imputable a su autor por ser imprevisible e irresistible para la administración” (negrillas y subrayas adicionales).

Con fundamento en lo expuesto, en los antecedentes de la demanda narrados al inicio de esta providencia y en el acervo probatorio relacionado, es posible concluir que en el presente asunto no hay lugar a derivar responsabilidad alguna en contra del Estado, toda vez que, por un lado, ni los superiores ni los compañeros del batallón del soldado Amín Trujillo Bustos conocieron su intención  suicida, pues si bien el mencionado soldado había manifestado en alguna oportunidad la intención  de atentar contra la vida de uno de sus compañeros y luego de auto eliminarse, lo cierto es que tales afirmaciones solo adquirieron significación después de su muerte, pues antes del hecho estos actos no pasaron de ser simples y anodinas expresiones efectuadas bajo los efectos del agotamiento físico propio de la instrucción  militar; tampoco existe prueba acerca de que él hubiera intentado antes atentar seriamente contra su vida, ni mucho menos que con anterioridad hubiera exteriorizado algún tipo de conducta que hiciera posible prever la ocurrencia de tal hecho.

De otro lado, tampoco se encuentra acreditado que el soldado Trujillo Bustos hubiera sufrido maltrato y/o humillación  por parte de sus superiores o demás compañeros, en forma tal que ello hubiere podido incidir en la determinación  del soldado Amín Trujillo Bustos para atentar contra su vida, comoquiera que según lo probado en el proceso, tanto la exigencia física a la cual fue sometido, como el trato que en general recibió el mencionado soldado, fue el mismo brindado al resto de sus compañeros, el cual resulta acorde con las exigencias propias de la formación  militar y de manera alguna puede considerarse como abusivo a humillante.

Ahora bien, en relación  con la identificación  y previsibilidad de una persona potencialmente suicida, esta Sala, en providencia del 11 de abril del 2002(4), señaló:

“En segundo lugar, no se puede afirmar que la enfermedad que padecía la paciente no implicaba un riesgo de suicidio, como tampoco se puede afirmar que este se encuentra asociado únicamente a un tipo de enfermedad específica, como la depresión. Lo cierto es que el suicidio se origina en múltiples condición es que lo desencadenan, una de las cuales es la presencia de una enfermedad mental. Sobre el tema los expertos han señalado:

“Sobre la pregunta de si el suicidio es una enfermedad o un síntoma, los expertos han llegado a un consenso generalizado: el suicidio es un síntoma y no una enfermedad. Esto significa que el suicidio puede ser el resultado de un importante número de condiciones psicológicas y físicas, y que los intentos de suicidio pueden situarse en un punto intermedio en cualquier número de circunstancias.

“Sin embargo, existen algunos síntomas o conductas que suelen aparecer en el historial de las personas que intentan suicidarse o se suicidan. La depresión es el síntoma mencionado con mayor frecuencia. No obstante, el que un individuo sufra una depresión no significa que esté a punto de quitarse la vida. Ni todas las personas deprimidos son suicidas, ni todos los suicidas están necesariamente deprimidos (Cantor, 1987a).

“Aunque la depresión es el síntoma que se asocia con mayor frecuencia al suicidio, los factores significativos que sitúan a la persona en este riesgo están más relacionados con los cambios de conducta y cognitivos que con el diagnóstico de depresión.

“Qué induce a la gente a suicidarse en la actualidad? Ya hemos dicho que el suicidio es un síntoma y no una enfermedad, y puede ser una consecuencia de enfermedades psiquiátricas, físicas o de desequilibrios bioquímicos.

“Es evidente que la enfermedad psiquiátrica predispone al suicidio, aunque no se trata de una variable necesaria. Además, no se ha podido determinar con exactitud cuáles son las enfermedades psiquiátricas que predisponen al suicidio (Cantor, 1989b; Shaffer, 1989).

“Las psicopatologías más documentadas en relación con el suicidio son los trastornos afectivos (en particular la depresión), los trastornos de conducta y el abuso de sustancias psicoactivas. También se citan los rasgos de personalidad, como la impulsividad y la agresión, así como los trastornos antisocial y límite de la personalidad. Por otra parte, en un estudio reciente se aboga por los síntomas de ansiedad y angustia como los más claros indicadores de un potencial suicida (Weissman, Klerman, Markovitz y Ouellette, 1989).

“La literatura y el folclore nos induce a pensar que el suicidio aparece en los individuos deprimidos. Sin embargo, los estudios actuales rechazan esta idea e indican otras áreas de riesgo, como la ansiedad, el abuso de sustancias psicoactivas, los trastornos bioquímicos y neuroquímicos, y factores psicosociales, como la falta de apoyo, el estrés, la enfermedad crónica y la oportunidad.

“Además, la vulnerabilidad actual de un individuo ante el suicidio puede fluctuar de un día para otro. Esto hace que nos preguntemos si el suicidio es con frecuencia la consecuencia de la enfermedad mental o de extravagancias y tensiones de la vida, sean hormonales, bioquímicas o circunstanciales...

“En resumen, los factores que pueden conducir al suicidio o al intento de suicidio son diversos y no específicos. La lista de características bioquímicas, de conducta, psicológicas y sociales ligadas al suicidio, incluye:

• El alcohol y el abuso de sustancias psicoactivas;

• La enfermedad mental, con una fuerte controversia sobre la determinación  de la enfermedad más relacionada;

• Las conductas impulsivas y antisociales;

• El estrés severo, el sentimiento de culpabilidad o las pérdidas(5).

“(...).

“Cómo se puede reconocer el riesgo suicida? A pesar de que la investigación sobre suicidios ha mostrado múltiples factores de riesgo, para el terapeuta es extremadamente difícil valorar en qué medida el paciente presenta riesgo real de suicidio. Los factores expuestos en la tabla 18-1 se refieren a lo que incrementa el riesgo de suicidio. Cuando aparecen varios factores a la vez, es imprescindible prestar la máxima atención. Además, a lo largo de la terapia se debe comprobar de nuevo el riesgo de suicidio del paciente.

“Tabla 18-1. Factores que hay que valorar ante el riesgo de suicidio. “Indicios de suicidalidad en el comportamiento de la paciente:

“Avisos directos o indirectos de suicidio, como decir que ya no tiene ilusión por vivir o que solo es un carga para los demás.

“Intensa dedicación a rumiar el suicidio.

“Hacer planes de suicidio.

“Conocer a alguien o identificarse con alguien que ha consumado el suicidio

— indicios de suicidalidad: (...)

“— Sospechas clínicas de suicidalidad:

“Enfermedad médica crónica.

“Trastornos de personalidad.

“Abuso de medicamentos, drogas o alcohol.

“Síntomas sicóticos

“Conducta agresiva y falta de control de los impulsos.

“Desesperanza, sentimientos de culpa o pesimismo muy marcados. Baja autoestima.

“— Condiciónes interpersonales, ambientales y sociodemograficas de suicidalidad: (...)”(6).

Aplicado lo anterior al caso concreto, se puede deducir que la posibilidad de un suicidio no podía ser tan siquiera sospechada por los compañeros o superiores del soldado Trujillo Bustos, toda vez que —bueno es insistir en ello—, si bien el mencionado soldado manifestó en alguna oportunidad la intención  de atentar contra la vida de uno de sus compañeros y luego auto eliminarse, lo cierto es que tales afirmaciones solo adquirieron significación después de su muerte, pues antes del hecho estos actos no pasaron de ser simples y anodinas expresiones efectuadas bajo los efectos del agotamiento físico propio de la instrucción  militar, carentes de seriedad como para que fueren tenidas por la entidad demandada como una manifestación de voluntad firme, creíble y digna de generar medidas administrativas y/o médicas para evitar o conjurar su realización, por manera que a partir de esa sola circunstancia no resulta viable afirmar que existía una sintomatología indicativa probable de suicidio.

Tampoco se encuentra acreditado que el soldado hubiere recibido maltrato psicofísico alguno por parte de sus superiores y/o compañeros, ni mucho menos se puede sostener que el hecho de atentar contra su vida se hubiera encontrado asociado a un tipo de enfermedad específica, como la depresión u otra afectación  mental; ciertamente, no obra prueba alguna en el plenario que indique que el soldado Trujillo Bustos hubiere recibido algún tipo de tratamiento psicológico o que lo hubiere necesitado.

Así las cosas, se impone concluir que en el presente asunto, la decisión de suicidarse del soldado Amín Trujillo Bustos fue libre de presiones o injerencias de cualquier índole, efectuada en plena ejercicio de su propia autonomía; además, el suicidio del soldado no resultaba previsible para el grupo de militares que estaban cerca del lugar donde se encontraba este, dado que se trató de un evento súbito y repentino para dicho grupo de militares, a quienes no resultaría jurídicamente admisible exigirles lo imposible, esto es anticiparse al designio, personal e intempestivo del occiso.

Ahora bien, la cadena de sucesos que finalmente permitió el acceso al arma con la cual el soldado Trujillo Bustos atentó contra su vida no tiene relevancia jurídica para la Sala, pues con ello no se pretendió facilitarle la realización  del hecho y, por lo tanto, no es posible afirmar que se hubiere presentado una contribución o inducción al suicidio.

La actividad de los soldados y oficiales responsables del depósito de las armas solo fue una condición  mas dentro de la cadena causal que produjo el resultado jurídicamente relevante, pero al suprimirla hipotéticamente sigue siendo posible explicarlo. El asunto debe ser examinado con base en criterios de imputación y, por lo tanto, no fue la tenencia del arma en el momento del suicidio por parte del occiso la que explica el hecho, pues el soldado Trujillo Bustos fácilmente hubiera podido suicidarse con cualesquier otro tipo de artefacto o, inclusive, con cualquier otra arma, ora de fuego a incluso corto punzante de dotación oficial, a las cuales tenia acceso en forma permanente, dada su condición de soldado regular.

Lo expuesto fuerza concluir que se encuentra plenamente acreditada la configuración de la eximente de responsabilidad consistente en el hecho determinante y exclusivo de la víctima, el cual resulta imprevisible e irresistible para la administración, circunstancia que impide estructurar la imputación jurídica del daño causado en contra de la entidad pública demandada, elemento este indispensable para poder deducir responsabilidad extracontractual respecto del Estado.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, en Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley,

FALLA:

1. CONFÍRMASE la sentencia apelada, esto es, la proferida el 30 de mayo del 2000 por el Tribunal Administrativo del Meta, mediante la cual se denegaron las súplicas de la demanda.

2. Ejecutoriada esta providencia, DEVUÉLVASE el expediente al tribunal de origen para lo de su cargo.

Cópiese, notifíquese y cúmplase».

(2) En relación con los testimonios allegados con el mencionado oficio, resulta pertinente hacer referencia a las consideraciones expuestas por esta Sala en sentencias del 18 de septiembre de 1997 (Exp. 9.666) y del 29 de enero de 2009 (Exp. 16.975):

“Conforme a lo anterior, se tiene que los testimonios practicados en un proceso diferente de aquel en el que se pretende su valoracien solo pueden ser tenidos en cuenta por el juzgador cuando son trasladados en copia autentica, y siempre que hayan sido practicados con audiencia de la parte contra la cual se aducen, o cuando, sin cumplir este último requisito, son ratificados en el nuevo proceso, siguiendo el procedimiento previsto en el articulo 229 del Código de Procedimiento Civil si no se dan estas condiciones, las pruebas aludidas no podrán apreciarse validamente (...).

"Debe anotarse, adicionalmente, que en los eventos en quo el traslado de los testimonios rendidos dentro de otro proceso es solicitado por ambas partes, la Sala ha considerado que dichas pruebas pueden ser tenidas en cuenta en el proceso contencioso administrativo, aun cuando hayan sido practicadas sin su citación o intervención en el proceso original y no hayan sido ratificados en el contencioso administrativo considerando que, en tales casos, resulta contrario a la lealtad procesal que una de las partes solicite que la prueba haga parte del acervo probatorio y, en el evento de resultar desfavorable a sus intereses, invoque las formalidades legales para su admisión".

Las indagatorias rendidas en el proceso penal no serán valoradas en esta instancia, pues las mismas no se practican bajo la gravedad de juramento. Al respecto, la Sala ha sostenido:

"En relacien con la indagatoria... practicada dentro de un proceso penal, debe tenerse en cuenta, adicionalmente, que no puede ser trasladada a un proceso administrativo, ya que no puede valorarse, en ningún caso, como prueba testimonial ni someterse a ratificaciín. En efecto, si bien se trata de una declaracian rendida por un tercero, que no se identifica con la entidad estatal que tiene la calidad de parte dentro del proceso administrativo, no cumple los requisites del testimonio, porque no se rinde bajo juramento. Así las cosas, siempre que se quiera hacer valer la declaración dentro de este tipo de procesos, debe ordenarse la práctica de su testimonio". Ver sentencias del 18 de septiembre de 1997, expediente 9666 y del 8 de febrero de 2001, Expediente 13.254.

(3) Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 30 de septiembre del 2000, Expediente 13.329, M.P. Ricardo Hoyos Duque, tesis jurisprudencial reiterada recientemente en las sentencias proferidas el 8 de julio de 2009, Expediente 17.410 y 17.527.

(4) Consejo de Estado, Sección  Tercera, sentencia del 11 de abril del 2002, Expediente 13.122, M.P. Alier Hernández Enríquez.

(5) Cita en el texto de la providencia parcialmente transcrita: “Pamela C. Cantor, Síntomas, prevención y tratamiento del intento de suicidio”, en Benjamin B. Wolman, Geroge Stricker, Trastornos depresivos, hechos, teorías y métodos de tratamiento, Barcelona, Áncora S.A., 1993, pag. 197 y ss. En el mismo sentido se ha señalado lo siguiente: “El gran cuidado y temor que hay que tener con el síndrome depresivo son las ideas de suicidio que suelen llevar al individuo a las conductas suicidas, al intento de suicidio. Cualquier medida preventiva ante un paciente que ha cometido un intento de suicidio, es poca. Tanto el intento de suicidio como el suicidio mismo no son propiamente entidades diagnósticas, es un hecho existencial con profundas repercusiones personales y familiares. Las entidades o situaciones con que se asocia frecuentemente el suicidio son: depresión, adolescente en crisis, alcoholismo, demencias, crisis conyugales, intoxicación por drogas, psicosis esquizofrénicas y afectivas, violaciones sexuales, enfermedades graves y terminantes. Es posible valorar el riesgo suicida en pacientes con ideas de autoagresión si se tiene en cuenta los siguientes parámetros: (...) Enfermedad psiquiátrica. Se incrementa en la psicosis y en las depresiones. En César E. Sánchez V. “Urgencias”, en Ricardo José Toro G., Luis Eduardo Yepes R., Fundamentos de Medicina - Psiquiatría, Medellín, corporación  para investigación es biológicas, tercera edición, 1997, página 391”.

(6) “Elizabeth Schramm, Psicoterapia personal, de las depresiones y otros trastornos psíquicos, Barcelona, Editorial Masson S.A., 1998, páginas 247 y ss.”. Ibídem.