Sentencia 1998-00693 de enero 26 de 2011

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

SUBSECCIÓN B

Ref. : Expediente 52001-23-31-000-1998-00693-01 (19397).

Consejera Ponente:

Dra. Ruth Stella Correa Palacio

Actor: Deyanira Duque Sierra y otros

Demandado: Nación - Ministerio de defensa Nacional - Policía Nacional.

Asunto: Acción de reparación directa.

Bogotá, D. C., veintiséis de enero de dos mil once.

EXTRACTOS: «II. Consideraciones de la Sala

1. Competencia.

La corporación es competente para conocer del asunto, en razón del recurso de, apelación interpuesto por las partes y el Ministerio Público, en un proceso con vocación de doble instancia ante esta corporación, dado que para el momento en el cual se propuso el recurso de apelación, la cuantía de la demanda alcanzaba aquella exigida para que en un proceso adelantado en ejercicio de la acción de reparación directa, tuviera segunda instancia ante esta corporación (D. 597/88)(1).

2. La demostración del daño.

2.1. Está demostrado en el proceso que el señor Álvaro David Benavides Duque, falleció el día 30 de octubre de 1996 por asfixia mecánica, según consta en las siguientes pruebas documentales:

¾ Copia auténtica del registro civil de defunción, en el cual se señaló como causa de la muerte “asfixia mecánica” (fl. 19, cdno. 1).

¾ Copia auténtica del acta del protocolo de necropsia (fls. 60 a 61, cdno. 1) en el cual se consignó lo siguiente:

“Conclusión: Estudiamos el cadáver de un hombre joven. “Mecanismo de muerte: Insuficiencia respiratoria. “Causa de muerte: Probable asfixia mecánica”.

¾Copia del acta de inspección del cadáver practicada por la Fiscalía General de la Nación - Seccional Pasto Unidad Tercera Especializada (fl. 12, cdno. 2) en la cual se indicó:

“Inspeccionado el cadáver presentaba a su nivel costal derecho dos huellas o marcas por elementos metálicos que fue lo que lo aprisionó, de igual manera se observan huellas en el lado costal izquierdo y en la espal

da a nivel de la columna lumbar tenía una excoriación, en la que se presume que el antes mencionado muere al parecer por obstrucción de las vías respiratorias”.

2.2. Igualmente, está acreditado que la muerte del señor Álvaro David Benavides Duque causó daños a la señora Deyanira Duque de Sierra, quien demostró ser su madre y a Cristina del Carmen Sierra Duque, Beatriz del Carmen Sierra duque y Carlos Alberto Sierra Duque quienes demostraron ser hermanos así como a las jóvenes Paola Andrea Benavides Rodríguez y Luisa María Benavides Pianada quienes acreditaron ser sus hijas, según se constata en las copias auténticas de los registros civiles de nacimiento de la víctima y de los demás demandantes (fls. 18 a 25, cdno. 1).

La demostración del parentesco en el primer y segundo grado de consanguinidad entre la víctima y los demandantes, unida a las reglas de la experiencia, permite inferir el dolor moral que estos sufrieron con la muerte de aquel.

2.3. En cuanto al señor Jaime Arturo Sierra Duque, quien en el proceso afirma tener la calidad de hermano de la víctima, encuentra la Sala que no se aportó original o copia auténtica de su registro civil de nacimiento al proceso con el cual se acredite dicho parentesco. Sin embargo, obra prueba testimonial respecto de la aflicción que el deceso del señor Benavides Duque le causó, pues hacían todos parte de una cariñosa familia, con lo cual se tienen acreditados los lazos de apoyo y solidaridad que los unían.

En efecto, la señora María del Carmen Castro (fl. 103, cdno.1), quien rindió su declaración en el trámite de este proceso, sostuvo:

“La madre del señor Álvaro David Benavides Duque, se llama Deyanira Duque, los hermanos de él se llaman Cristina, Beatriz, Carlos y Jaime, y los hijos de Álvaro David Benavides responden a los nombres de Paola y Luisa María quienes son menores de edad... Ellos desde que los conozco han sido muy unidos, ayudándose de unos a otros, y la muerte del señor Álvaro David les produjo un trauma tremendo ya que la muerte de un familiar es duro y hasta la fecha la madre como los hermanos e hijas del señor Álvaro David aún siguen sufriendo la muerte de él ya que él los ayudaba económicamente y a raíz de la muerte perdieron ese apoyo ...” (subrayas fuera del texto original).

En el mismo sentido declaró durante el proceso, la señora Melba Dolores Aguilar Gómez (fl. 104, cdno.1):

“Como dije anteriormente, la madre del señor Álvaro David Benavides Duque, responde al nombre de Deyanira Duque y los hermanos se llaman

Cristina, Beatriz, Carlos y Jaime, así como también las dos hijas de Álvaro David y que responden .a los nombres de Paola y Luisa María, quienes son menores de edad..Esa familia en todo tiempo ha sido muy unida ayudándose mutuamente tanto en tristezas corno alegrías, y cuando supieron de la muerte de él esto los afectó demasiado moralmente tanto a la madre como a los hermanos y a las dos niñas quienes hasta ahora viene sufriendo ya que perdieron la ayuda económica que les brindaba un ser querido, causándoles perjuicios de carácter moral dada la forma como él murió” (subrayas fuera del texto original).

En similares términos obra la declaración del señor Lucio Alfredo Paz Madroñero (fl. 105, cdno.1).

La Sala reitera que “que en las acciones de reparación directa la legitimación en la causa por activa la tiene todo aquel que alega la condición de damnificado con el hecho que se imputa al demandado, la cual no deriva de su calidad de heredero, y es la condición de damnificado la que se debe acreditar en el curso del proceso para tener derecho a la indemnización que se reclama. Asunto distinto es que en los eventos de mayor gravedad, como los daños que se generan con la muerte, las lesiones corporales graves, o la privación injusta de la libertad, la jurisprudencia ha inferido el dolor moral, en relación con los parientes de grado más próximo a la víctima. En otros términos, no es la condición de pariente de la víctima la que da derecho a la indemnización por los perjuicios derivados del daño sufrido por esta; ese derecho se reconoce cuando se acredita la existencia del perjuicio que le ha causado al demandante el daño sufrido por la víctima directa; es solo que en los eventos de daños de mayor gravedad, que de la condición de pariente más próximo se infiere la existencia del daño, prueba inclinarla que puede ser desvirtuada con cualquier medio probatorio”(2).

3. Las circunstancias en las que se produjo la muerte del señor Benavides Duque.

Sobre las circunstancias en las que se produjo la muerte del señor Álvaro David Benavides Duque se valorarán los documentos que en copia auténtica fueron aportados al proceso así como los testimonios recibidos en el trámite del mismo.

Igualmente, se tendrán en cuenta las pruebas trasladadas de la investigación penal que por los hechos que dieron origen a este proceso, adelantó la Fiscalía General de la Nación - Fiscalía Cuarta Seccional, las cuales podrán ser valoradas comoquiera que fueron aportadas en copia auténtica y su incorporación al expediente fue solicitada por ambas partes.

El acervo probatorio así recaudado permite tener demostrados los siguientes hechos:

3.1. Que el señor Álvaro Benavides Duque, se encontraba retenido en la Permanente Central de la Policía Nacional en el municipio de Nariño Pasto desde día 26 de octubre de 1996, según se constata con de(sic) la minuta de vigilancia de dicho centro de reclusión (fl. 88 a 91, cdno.1).

3.2. Que el señor Benavides Duque, durante los días de reclusión presentó episodios de agresividad, alteración mental e incluso trató de hacerse daño, y como única medida frente a esa situación se le trasladó a la celda número 6 del Permanente, en la que se encontraba solo. De esa circunstancia dan cuenta las siguientes pruebas:

— La copia auténtica de la minuta de guardia de la Permanente Central de la Policía de Nariño, de 30 de octubre de 1996 (fl. 88 a 91, cdno. 1) en la que se indicó:

“Es de anotar que el occiso fue cambiado del calaboso (sic) # 8 al calaboso (sic) # 6 a las 00:30 horas para evitar que fuera golpeado en ese calaboso (sic), por las personas que se encontraba en ese calaboso (sic), por que (sic) no los dejaba dormir, por que (sic) daba golpes y gritos en el trayecto de la noche, el traslado de calabozo (sic) lo realizó el agente Gomes (sic) Narváez quien recibió el servicio de jefe caloboso (sic) para (4) cuarto turno”.

— El testimonio del agente Luis Alberto Moreno Gavilanes, durante el trámite del proceso penal (fl. 34, cdno.2), quien refirió:

“Efectivamente él en ese momento se encontraba solo, por que (sic) a eso de las doce y treinta de la noche, por requerimiento de los retenidos de la celda 8, se lo retiró de la celda 8, debido al comportamiento, ya que estaba actuando en forma irritada y perturbaba la tranquilada de los demás retenidos, para evitar que de pronto fuese golpeado por su comportamiento con el compañero de calabozo optamos por aislarlo y lo dejamos en la celda 6, en la que él se encontraba solo, al ser traslado de la celda 8 a la 6 el sujeto actuó de forma tranquila pero hablaba cosas incoerentes (sic), como el que era soldado del Batallón Colombia, le pedía dinero al compañero para tomar un bus y también manifestaba que tenía pacto con el diablo y que hoy venía por él, entonces a la celda 6 sin ninguna objección pero tran (sic) pronto entró en ella se cerró la puerta empezó a azotarla manifestando el contexto que anteriormente mencione y por varias oportunidades...”.

— El testimonio rendido en el proceso penal, por el señor Jesús Hernán Pianda Castillo (fl. 8 a 9, cdno. 2), en el que se narró:

“Si lo conocía, lo conocí en el permanente, lo conocí hace como cinco días que nos encerraron entonces ahí lo conocí, nos llevaron el mismo día viernes porque los policías dicen que nos habíamos robado una llanta... él desde el día domingo estaba como algo malo, como a las 8 de la noche el día domingo le dio un ataque, los agentes lo sacaron un rato y de ahí lo volvieron a meter al calabozo de nuevo, de ahí se siguió sintiendo mal por que (sic) él decía que los espíritus se lo iban a llevar, entonces el agente el día lunes lo cambió del calabozo 9 al 8, conmigo y otros compañeros que no recuerdo el nombre. El día de ayer nos sacaron a la Fiscalía Tercera Local para indagarnos, y él iba corno tembloroso y el dijo que se sentía como algo enfermo, luego nos bajaron de la fiscalía al permanente y en el permanente todo el día estuvo molestando diciendo que decía que el diablo se lo iba a llevar, que vea el helicóptero, y le tapaba la cara al otro compañero cuando veía a la agente se nos tiraba a nosotros asustado, entonces nosotros le dijimos al agente corno a las doce de la noche que lo cambie de calabozo y el agente dentro (sic) y lo cambió y lo puso en el calabozo 6, ahí estaba solo, de ahí nos habíamos quedado dormidos nosotros y como a la una entró un teniente y nos dijo, si vieron lo que les (sic) pasó al compañero de ustedes y cuando salirnos a verlo, estaban los pies colgados salidos para afuera (sic), ya estaba muerto ...Preguntado: como era el comportamiento del Álvaro Benavides, durante el tiempo en que estuvo retenido con usted. Contestó: A lo primero estuvo bien, desde el domingo comenzó a desvariar, decía que el diablo se lo iba a llevar y cuando sentía algún ruido se nos tiraba asustado, el cogió dos cartones y se hizo una cruz y decía que eso era para salvarse de los espíritus, parecía que esta mas bien loco”.

— La declaración rendida en el proceso penal por el señor Fernando Cortez luna (fl. 10 a 11, cdno. 2), conforme a la cual:

“Antiayer (sic) por la mañana se sentí (sic) mal Álvaro Benavides, decía que lo saquen del Permanente porque el diablo lo estaba siguiendo, estaba en la celda nueve y lo sacaron de ahí tenía huellas de cortadas en el cuello en la muñeca .de las manos de ahí lo pasaron a la celda ocho, de ahí ya estaba más o menos, luego tipo más o menos 7:30 o 8:00 de la noche de ayer, empezó a temblar y decía que si habíamos visto pasar un elicóptero (sic), le pasaban comida y no quería recibir se ponía bravo y empezó a despedirse de todos y que porque a las 12 de la noche lo iban a venir a traer, como estaba molestando a los de la celda ocho y pisándoles, entonces lo cambiaron de celda a la seis, de ahí estábamos todos durmiendo y a la una cambió de turno, me levanté a orinar y ya estaba metido por dentro, pero ya estaba muerto y me dijeron que le ayude a bajar porque como estaba loco, pero al tocarlo ese man ya estaba tieso, entonces como ya estaba muerto lo dejaron ahí y se le practicó el levantamiento .. En la celda seis fue encerrado solo y porque en las otras celdas no lo admitían porque estaba todo corrido y molestaba mucho, entonces la seis era la única delda (sic) que no había nadie ahí lo pusieron... Esos cortes se los hizo el mismo, no sé con qué se los hizo pero salió de la celda nueve cortado, mejor dicho, cortado, cortado no, sino rasguñado ...el era alcohólico, pero toma alcohol puro, sobre drogas no sé decirle en el calabozo no dejaban entrar eso... En ningún momento nadie lo tocó, el trato que se le dio fue común y corriente y desde temprano él decía que estaba siendo perseguido por el diablo y que a las 12 de la noche lo iban a venir a traer y por eso se despedía y decía “ a las doce me voy”, no se sabía donde se iba además no recibía comida, también andaba buscando un pedazo de palo que para hacerse una cruz y como no encontró entonces hizo una cruz de un pedazo de cartón... El día viernes como a las 5:00 p.m., los primeros días estuvo normal, pero el día domingo comenzó a hacer esas locuras creo que debido a la falta de alcohol, no sé si era primera ez (sic) que estaba encalabozado. Preguntado: Díganos, en qué condiciones se encontraba Álvaro Benavides, anímicamente. Contestó: Estaba mal, todo el cuerpo le temblaba, no recibía comida, este cambio fue desde el día domingo para acá que no recibía comida y su comportamiento faro (sic), pero el día que entró fue normal, viernes y sábado y el domingo ya amaneció pidiendo que lo saquen que no aguantaba, que lo envíen para el Carmen o para otra parte pero que ahí no aguantaba estar”.

— El acta de inspección del cadáver (fl. 12 a 14, cdno. 2), en la que se indicó que, de conformidad con los testimonios recibidos durante la práctica de la diligencia, que el señor Benavides Duque, presentaba episodios de delirio, alteración mental e inclusive “le dio un ataque siendo atendido por los agentes de turno”.

3.3. Que el cuerpo de la víctima fue encontrado, el 30 de octubre de 1996 en la 'madrugada, en la ventana que se encuentra ubicada en la parte superior de la puerta de la celda número 6, boca arriba, con las extremidades inferiores hacia a fuera y atrapado en la misma a la altura del tórax, según se constata con las siguientes pruebas:

— Acta de levantamiento del cadáver (fls 3 a 4, cdno.2), en la cual consta:

“Inspección al sitio del cadáver: El cadáver fue encontrado suspendido en el orificio que forma el dintel y una avertura (sic) que se ha hecho para que las personas retenidas en su celda puedan tomar aire. Esta abertura mide 37 cms de alto, por 64 de ancho. La altura total de la puerta es de 1.97 de ancho y tiene 77 centímetros. Se trata de la celda 6 en orden de izquierda a derecha de las que se encuentran en el permanente central con el objeto de mantener a las personas retenidas a órdenes de las diferentes autoridades”.

¾ Acta de inspección del cadáver (fl. 12 a 14, cdno. 2):

“el cadáver fue encontrado en un orificio en forma de ventana en la puerta número seis que corresponde a la celda del mismo número, los cuales se encuentran ubicados y descritos en la correspondiente acta de levantamiento”.

¾ Informe presentado por el Comandante de la Primera Sección de Vigilancia de la Permanente Central de la Policía de Nariño al Mayor Comandante del Primer Distrito (fl. 87, cdno. 1):

“Me permito informar que el día de hoy siendo la 01:10 horas, momentos en que se efectuaba el correspondiente relevo en la permanente central y al constatar las novedades de los retenidos encontraron en la celda 6 el cuerpo sin vida del retenido de nombre Álvaro Benavides Duque, sindicado de hurto, y a órdenes de la Fiscalía Tercera Local; cuerpo que se encontraba en la ventana de la puerta de la celda, con las extremidades inferiores hacia fuera de la misma, por lo que se presume pretendía fugarse quedando aprisionado por la estrechez de la ventana”.

¾ Testimonio del agente Luis Alberto Moreno Gavilanes, (fl. 34, cdno. 2), en el que se indicó:

“El día 29 de octubre de 1996, fui designado a prestar mis servicios de vigilancia y seguridad en el Permante Central de esta ciudad y el turno que corresponde de las 19:00 horas hasta las 01:00 horas, el turno transcurría de forma normal, hasta el momento que llegó el personal de relevo, ellos se retardaron 10 minutos en llegar y a la hora que estaban cerciorándose (sic) los agentes Gómez y Rodríguez, sobre el listado de cada uno de los retenidos y verificando si se encontraban en las instalaciones, pudieron constatar y observar que el retenido que se encontraba en la celda 6, supuestamente quiso salir de ella por un orificio que queda en la ventana parte superior y quedó atorado, ellos abrieron la puerta y quisieron mirar qué era lo que sucedió, cuando encontraron al retenido no presentaba signos de vida, acudieron hasta la guardia parte delantera del permanente central y me informaron dicha novedad y fue cuando en compañía del agente Chamorro Estrada, nos trasladamos hasta la celda 6, y efectivamente de la puerta colgaba el cuerpo con las extremidades inferiores hacia afuera (sic), atazcado (sic) con calor corporal pero sin ningún signo de vida...”.

¾ Testimonio del agente José Francisco Gómez Narváez (fl. 36 a 37, cdno. 2), en el que se describió lo siguiente:

“como a la una de la mañana más o menos que fue la última revista que se pasó ya que estábamos esperando el relevo del personal del Permanente llegaron los compañeros a la una de la mañana, llegaron a la una y diez minutos de la mañana cuando comencé a entregarle el número de retenidos al agente Rodríguez Huelga Fernando comenzado por el calabozo de mujeres, el comenzó a llamarlas por ese lado no había ninguna novedad, cuando pasamos al otro lado de las celdas de los hombres, al abrir la puerta que conduce a las celdas, abre al lado derecho entonces nosotros entramos y hacia el lado izquierdo queda la primera celda, entonces el compañero comenzó a llamar lista, por ese lado no había ninguna novedad, cuando íbamos a llegar a la celda 2, le dije al compañero que me estaba recibiendo: “oiga compañero ve ese señor lo que hizo, se ha metido por la ventana de la celda” entonces nos trasladamos hasta la celda 6 en donde se encontraba el cuerpo del señor Álvaro, posteriormente me trasladé inmediatamente hasta la guardia a llamar a los otros dos compañeros para que vengan a ver lo que había pasado, entonces nosotros miramos a ver si se le podía salvar la vida al señor, todavía tenía calor corporal, pero ya signos vitales no tenía, se encontraba con las extremidades inferiores hacia fuera de la celda o sea boca arriba, para caer al patio de los detenidos, estaba aprisionado porque ese hueco no da para un cuerpo humano, es simplemente para la ventilación.

— Declaraciones de los señores de los señores Fernando Cortez Luna (fl. 10 a 11, cdno. 2) y Jesús Hernán Pianda Castillo (fls. 10 a 11, cdno. 2) quienes se encontraban privados de la libertad junto con la víctima al momento de su fallecimiento.

— Registro fotostático, anexo al acta del levantamiento del cadáver, en el cual cada una de las fotos de dicho registro viene acompañada de una explicación que da cuenta de la forma, en que se indicó, fue encontrado el cadáver del señor Benavides Duque (fls. 27 a 33, cdno. 2).

De conformidad con lo expuesto, se encuentra acreditado que el señor Benavides Duque falleció mientras se encontraba privado de la libertad en el centro de reclusión Permanente Central de la Policía Nacional de la ciudad de Pasto Nariño, cuando, por el estado de alteración mental en el que se encontraba, se introdujo por la ventana ubicada en la parte superior de la puerta de la celda número seis en la que se estaba aislado, quedó aprisionado en la misma, la cual produjo la muerte por asfixia.

4. Se acreditó que el daño es imputable a la entidad demandada a título de falla del servicio y no al hecho exclusivo de la víctima.

La entidad demanda pidió en el recurso de apelación, que se analizara la responsabilidad que le asistió a la víctima en la producción de los hechos para que en consecuencia, la sentencia sea revocada, toda vez que en el proceso sí está probado que su comportamiento fue el único causante del daño.

Sea lo primero señalar, que la Sala de tiempo atrás ha dejado sentado en qué circunstancias la conducta de la víctima puede exonerar totalmente de responsabilidad a la entidad demandada y en cuáles, por no ser totalmente ajeno a la administración tal comportamiento, dicha conducta implica una reducción en la condena impuesta:

“Ha considerado la Sala que para que la conducta de la víctima pueda exonerar de. responsabilidad a la entidad demandada, la misma debe ser causa determinante en la producción del daño y ajena a la administración.

En los eventos en los cuales la actuación de la víctima resulta ser la causa única, exclusiva o determinante del daño, carece de relevancia la valoración de su subjetividad. Si la causalidad constituye un aspecto objetivo, material de la responsabilidad, la labor del juez frente a un daño concreto debe limitarse a verificar si dicha conducta fue o no la causa eficiente del daño, sin que para ello importe establecer si al realizarla, su autor omitió el deber objetivo de cuidado que le era exigible, o si su intervención fue involuntaria. Por tal razón, resulta más preciso señalar que la causal de exoneración dé responsabilidad del demandado es el hecho de la víctima y no su culpa.

Ahora bien, cuando la intervención de la víctima incide en la causación del daño, pero no excluye la intervención causal del demandado, habrá lugar a la reducción de la indemnización establecida en el artículo 2357 del Código Civil, conforme al cual “La apreciación del daño está sujeta a reducción, si el que lo ha sufrido se expuso a él imprudentemente”.

Sin embargo, cabe advertir que esa noción culpabilista que se proyecta en dicha norma no puede ser trasladada al campo de la responsabilidad patrimonial del Estado, habida consideración de que el criterio de imputación que rige esa responsabilidad, en los términos del artículo 90 de la Constitución, se construye a partir de la verificación de la antijuridicidad del daño y del vínculo causal entre ese daño y la actuación u omisión de la administración.

Luego, si de la atribución de responsabilidad al Estado están ausentes, corno requisito para su estructuración, los criterios subjetivos de valoración de la conducta del autor, tales criterios no pueden ser exigidos cuando se pretenda reducir el valor de la indemnización por la intervención causal relevante de la propia víctima. En pocos términos: en el campo de la responsabilidad patrimonial del Estado la valoración objetiva de la intervención causal tanto de la Administración como de la propia víctima resultan suficientes para determinar si la causa del daño lo fue la actuación del ente demandado o de la víctima, con el fin de establecer si hay lugar a condenar a aquella o a absolverla por haberse producido una causal excluyente de responsabilidad, o si ambas concurrieron en la producción del daño y, entonces, reducir el valor de la indemnización en proporción directa a la mayor o menor contribución de la conducta de la víctima en su producción.

Por lo tanto, cuando se pretenda reducir el valor de la indemnización que deba pagar la entidad con fundamento en la intervención de la víctima en la causación del daño, habrá de tenerse en cuenta la relevancia de esa intervención en el resultado y no la intensidad de la culpa en la que aquella hubiera incurrido.

En pocos términos, cuando se produce un daño, debe establecerse si la actividad de la administración fue causa exclusiva y determinante en su producción, o si esa actividad fue causa eficiente pero concurrió con la actuación de la víctima, o si dicha actividad no fue más que una causa pasiva en la producción de aquél, porque la causa exclusiva y determinante del mismo fue la actuación de la propia víctima(3)”.

Así mismo, ha dicho la Sala que para que el hecho de la víctima pueda ser considerado como causal excluyente de responsabilidad, debe ser imprevisible e irresistible para la administración:

“El hecho de la víctima, como causa extraña y exclusiva del daño, impone la prueba de que se trató de un acontecimiento que le era imprevisible e irresistible a quien lo invoca, en el entendido de que cuando el suceso es previsible o resistible para él, se revela una falla del servicio, como quiera que teniendo el deber de precaución y de protección derivado de la creación del riesgo, no previno o resistió el suceso pudiendo hacerlo”(4).

En reiteración de la jurisprudencia citada, la Sala encuentra acreditada la responsabilidad patrimonial del Estado a título de falla del servicio, comoquiera que se probó en el proceso la falta de vigilancia y cuidado debidos a efectos de evitar que la víctima se hiciera daño, dado el estado mental en el que se encontraba.

Para la entidad demandada no era imprevisible la conducta asumida por la víctima, comoquiera que los agentes encargados de la vigilancia del centro de reclusión tenían pleno conocimiento de su comportamiento frenético, según lo sostienen los propios reclusos y los mismos guardianes quienes coincidieron en afirmar que el señor Benavides Duque, luego de dos días de privado de la libertad, presentó comportamientos delirantes y de persecución e incluso trató de maltratarse a sí mismo y desde el domingo 28 y el lunes 29 de octubre de 1996, fecha en que fue llevado a la Fiscalía, no recibió ningún tipo de alimento, estaba tembloroso y visiblemente afectado.

Tampoco resulta irresistible el comportamiento asumido por la víctima, comoquiera que, según se indicó, al tener pleno conocimiento de dicha circunstancia, las autoridades que tenía a cargo su cuidado debieron además de no aislarlo en una celda, actitud asumida no con la finalidad de garantizar su seguridad sino de evitar que continuara perturbando a sus compañeros de confinamiento, tomar las medidas protectoras del caso a fin de evitar que la alteración mental en la que se encontraba la víctima pusiera en riesgo su vida.

En efecto, la circunstancia psíquica expresada por la víctima durante varios de los días de privación de la libertad, —estuvo retenido desde el viernes 26 hasta el 30 de octubre de 2006, tiempo suficiente para que las autoridades policivas percibieran el estado en el que se encontraba—, exigían medidas protectivas adicionales a la simple determinación de aislarlo en una celda vacía, en la cual por el estado mental del señor Benavides Duque, era evidente que podía causarse daño, en un intento no de escapar a la acción de la autoridad, sino como respuesta a los delirios y alucinaciones que padecía.

Es pertinente señalar que en relación con las personas que se encuentran privadas de la libertad, quienes deben soportar no solo la limitación en el ejercicio de sus derechos y libertades, el Estado asume la obligación de brindarles la protección que requieran, para lo cual debe cumplir con las obligaciones de custodia y vigilancia, que permiten garantizar la seguridad de los internos, no solo de las agresiones provenientes de terceros, sino de ellos mismos, máxime cuando es evidente su comportamiento perturbado y sicótico, ante el cual deben tomarse las medidas que sean pertinentes para evitar la causación de daños en su vida o integridad física.

En relación con el tema de los daños que aquellos que se encuentran privados de la libertad y pueden lesionarse por el estado de alteración metal en el que se encuentran esta Sala, en providencia de 30 de noviembre de 2000, expuso:

En este orden de ideas, para que surja el deber del Estado de reparar el daño causado por el suicidio de un recluso o un conscripto es necesario acreditar que por el trato que recibía en el establecimiento militar o carcelario fue inducido a, tornar esa decisión, o bien que la persona sufría un trastorno síquico o emocional que hacía previsible el hecho y que a pesar de ser conocida esa circunstancia por las autoridades encargadas de su seguridad, no se le prestó ninguna atención médica especializada, ni se tomó ninguna determinación tendiente a alejarlo de las situaciones que le generaran un estado de mayor tensión o peligro”(5).

Es pertinente señalar, en relación con los argumentos de la defensa, que en el sub lite no está acreditado que la muerte se haya producido por suicidio; las pruebas ponen de presente que la conducta asumida por la víctima no estuvo encaminada a tomar la decisión de quitarse la vida, sino a evadirse de la celda en la que se encontraba recluido, situación que compelía a la demandada, por virtud de la especial relación en la que se encontraba el detenido frente a ella, a brindarle especial vigilancia con la finalidad de alejarlo de las situaciones que le generaran un estado de peligro ante el cual, por su condición mental, pudiera causarse daño. Por lo expuesto, vale decir que el hecho de que en la muerte hubiera mediado la actitud asumida por la víctima al introducirse en el espacio reducido de la ventana de la puerta de la celda en la que se encontraba, no configura la eximente de responsabilidad alegada por la entidad demandada, por cuanto la misma no fue la causa eficiente del daño, en tanto que por las circunstancias de alteración mental en las que se encontraba, le correspondía a sus guardianes evitar que con su comportamiento, mientras se encontraba recluido y bajo su protección, se causara daño, razón por la cual se incumplieron por parte del Estado los deberes de custodia y seguridad frente a los reclusos para garantizar su vida, honra e integridad física (C. P., art. 2º).

Por lo expuesto la Sala revocará la sentencia de primera instancia, para en su lugar condenar la indemnización plena de los perjuicios causados a los demandantes.

5. Liquidación de perjuicios:

5.1. Daño moral:

Los demandantes acreditaron el perjuicio moral que sufrieron con la muerte del señor Álvaro David Benavides Duque, por lo tanto, se condenará al pago de indemnización por este concepto.

Se solicitó en la demanda una indemnización equivalente a 2.000 gramos de oro en favor de cada uno de los demandantes y en la sentencia de primera instancia, a título de indemnización por perjuicios morales, se condenó al pago del equivalente en pesos a 600 gramos de oro para la madre y cada una de las hijas de la víctima y a 200 gramos de oro para cada uno de su humanos, condena que no es plena por cuanto el tribunal encontró que el hecho de la víctima constituía una concausa en la producción del daño antijurídico.

De conformidad con las consideraciones a que arribó la Sala, en tanto la no prosperidad del eximente de responsabilidad y como quiera que la sentencia apelada fue apelada por ambas partes, lo cual amplia la competencia del ad quem a la revisión de todos los aspectos de la sentencia recurrida, se reconocerá la indemnización plena por los daños sufridos por los demandantes con la muerte del señor Benavides Duque.

Así las cosas se condenará a pagar por concepto de perjuicios morales la suma equivalente a 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes a favor de la señora Deyanira Duque de Sierra y para cada una de las jóvenes Paola Andrea Benavides Rodríguez y Luisa María Benavides Pianada, y a 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes a favor de cada una de las siguientes personas: Cristina del Carmen Sierra Duque, Beatriz del Carmen Sierra Duque, Carlos Alberto Sierra Duque y Jaime Arturo Sierra Duque.

6.2.(sic) Daño material.

6.2.1.(sic) Daño emergente:

En la sentencia de primera instancia se negó la condena por este concepto comoquiera que no se demostraron durante el trámite del proceso, decisión con la cual la Sala encuentra que le asiste razón a la sentencia de primera instancia, como quieraque en la parte actora a quien correspondía la carga de demostrar la configuración dicho perjuicio, no allegó al proceso las pruebas que permitieran concluir que, como consecuencia de la muerte del señor Álvaro David Benavides Duque, le correspondió a alguno de los demandantes con su patrimonio, realizar algún tipo de gasto o egreso o que haya sufrido un deterioro o reducción en su patrimonio por la pérdida de los activos que lo componen, razón por la cual la Sala negará la pretensión formulada, en el sentido de que le sean reconocidos esta clase de perjuicios.

5.2.2. Lucro cesante:

En el sub examine, la parte demandante solicitó que se condenara por perjuicios materiales en la modalidad de lucro cesante. En la sentencia de primera instancia, se condenó en abstracto a favor de las hijas de la víctima, comoquiera que en el proceso no se demostró el monto al cual ascendían los ingresos del señor Benavides Duque.

Respecto de la actividad económica de la víctima obran las declaraciones de María del Carmen Castro (fl. 103, cdno. 1), Melaba Dolores Aguilar Gómez (fl. 104, cdno. 1) y Lucio Alfredo Paz Madroñero (fl 105, cdno. 1), en las cuales se indicó que el señor Benavides Duque, se desempeñaba como comerciante.

Lo anterior le permite afirmar a la Sala que, en el proceso se demostró que la víctima desempeñaba una actividad licita por la que recibía unos ingresos, y si bien no existe prueba del salario mensual que percibía, se presume que por lo menos recibía el salario legal mínimo, razón por la cual se revocará la condena en abstracto contenida en la sentencia de primera instancia a favor de las hijas de la víctima y se liquidará el monto correspondiente por este perjuicio.

Para determinar la renta, se tendrá en cuenta el salario que la víctima percibía, esto es, la suma de $ 535.600(6), incrementado en el 25% por concepto de prestaciones sociales, lo que arroja la suma de $ 669.500. De esa suma se descuenta el 25% que la Sala infiere que el productor de la renta dedicaba a su propio sostenimiento, dado que su remuneración la compartía con sus dos hijas. Así las cosas, la suma que sirve de base a la liquidación, corresponde a $ 502.125, la cual divida en partes iguales arroja un resultado de $ 251.062, que corresponderá a la base de liquidación de la indemnización.

— Período a indemnizar:

Para Paola Andrea Benavides Rodríguez: hasta el 6 de agosto de 2010, fecha en la cual cumplió los 25 años de edad; para Luisa María Benavides Pianada, hasta el 2 de septiembre del 2017, fecha en la cual cumplirá los 25 años.

— Paola Andrea Benavides Rodríguez:

Indemnización debida o consolidada.

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Donde:

S = Es la indemnización a obtener.

Ra = Es la renta o ingreso mensual que equivale a $ 251.062

i= Interés puro o técnico: 0.004867

n= Número de meses que comprende el período indemnizable: desde el día de ocurrencia del hecho (oct. 30/96) hasta la fecha en que cumplió los veinticinco años de edad, esto es, 165.02 meses.

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S= $ 63'357.304

Total lucro cesante a favor de la joven Paola Andrea Benavides Rodríguez: $ 63'357.304

— Luisa María Benavides Pianada:

Indemnización debida o consolidada.

Formulili.JPG

Donde:

S = Es la indemnización a obtener.

Ra = Es la renta o ingreso mensual que equivale a $ 251.062

i= Interés puro o técnico: 0.004867

n= Número de meses que comprende el período indemnizable: desde el día de ocurrencia del hecho (oct. 30/96) hasta la fecha de la sentencia, esto es, 170.08 meses.

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S= $ 66'216.085

Indemnización futura.

Que abarca desde la fecha de esta sentencia hasta la fecha en la cual Luisa María Benavides Pianada cumplirá los 25 años de edad esto es el 2 de septiembre del 2017.

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S = $ 16.498.360.

Total lucro cesante a favor de la joven Luisa María Benavides Pianada:

$ 66'216.085 + $ 16'498.360.= $82'714.445

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

FALLA:

MODIFÍCASE la sentencia de 6 de octubre de 2000, proferida por el Tribunal Administrativo de Nariño, la cual quedará así:

1. Declárase a la Nación - Ministerio de Defensa - Policía Nacional patrimonialmente responsable de la muerte del señor Álvaro David Benavides Duque, con ocasión de los hechos ocurridos el día 30 de octubre de 1.996 en las instalaciones de reclusión del Permanente Central de Pasto - Nariño.

2. Condénase a la Nación, Ministerio de Defensa - Policía Nacional, a pagar a favor de la joven Paola Andrea Benavides Rodríguez por concepto de perjuicios morales la suma equivalente de 100 smlmv y por concepto de perjuicios materiales en la modalidad de lucro cesante la suma de sesenta y tres millones trescientos cincuenta y siete mil trescientos cuatro pesos ($ 63'357.304).

3. Condénase a la Nación, Ministerio de Defensa - Policía Nacional, a pagar a favor de la joven Luisa María Benavides Pianada por concepto de perjuicios morales la suma equivalente de 100 smlmv y por concepto de perjuicios materiales en la modalidad de lucro cesante la suma de ochenta y dos millones setecientos catorce mil cuatrocientos cuarenta y cinco pesos ($ 82'714.445).

4: Condénase a la Nación, Ministerio de Defensa - Policía Nacional, a pagar por concepto de perjuicios morales, la suma equivalente a 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes a favor de la señora Deyanira Duque de Sierra y de 50 salarios .mínimos legales mensuales vigentes a favor de cada una de las siguientes personas: Cristina del Carmen Sierra Duque, Beatriz del Carmen Sierra Duque, Carlos Alberto Sierra Duque y Jaime Arturo Sierra Duque.

5. La Nación - Ministerio de Defensa - Policía Nacional, dará cumplimiento a lo dispuesto en este fallo, dentro de los términos indicados en los artículos 176 y 177 del CCA.

6. Ejecutoriada esta providencia, devuélvase el expediente al tribunal de origen.

Cópiese, notifíquese, cúmplase y devuélvase.

(1) La cuantía para que un proceso, iniciado en ejercicio de la acción de reparación directa en el año de 1998, tuviera vocación de segunda instancia ante esta corporación era de 18.850.000 y la mayor de las pretensiones asciende a la suma 26.000.000, solicitados como daño moral, a favor de cada uno de los demandantes.

(2) Consejo de Estado, SCA, Sección Tercera, Sentencia de abril 26 de 2006, Expediente 14908, C.P. Ruth Stella Correa.

(3) Sentencia de 26 de mayo de 2010. Expediente 19043. M.P. Ruth Stella Correa Palacio.

(4) Consejo de Estado, SCA, Sección Tercera, Sentencia de agosto 30 de 2007, Expediente 15635, C.P. Ramiro Saavedra. Ver sentencias proferidas el 30 de noviembre de 2000, Expediente 13329; el 12 de abril de 2002, Expediente 13122; el 4 de marzo de 2004, Expediente 14340; el 15 de diciembre de 2004, Expediente 14250; el 20 de octubre de 2005, Expediente 15854.

(5) Consejo de Estado. Sección Tercera. Expediente 13329. Ver entre otras sentencias en las que se le exige al Estado especial protección frente a las personas que están bajo su custodia y protección y presentan alteraciones mentales que los llevan a causarse daño, las proferidas el 23 de mayo de 1994, Expediente 7616 y el 11 de abril de 2002, Expediente 13122.

(6) Se toma el salario mensual vigente a esta fecha, por ser mayor que el salario indexado vigente para la época de la ocurrencia de los hechos (oct. 30/96).