Sentencia 1998-02372 de junio 13 de 2013

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA

SUBSECCIÓN C

Rad.: 05001-23-31-000-1998-02372-01 (26.381)

Consejero ponente:

Dr. Enrique Gil Botero

Demandado: Nación-Ministerio de Defensa, Policía Nacional.

Asunto: acción de reparación directa.

Bogotá, D.C., trece de junio de dos mil trece.

EXTRACTOS: «II. CONSIDERACIONES

Corresponde a la Sala decidir el recurso de apelación interpuesto por la parte demandante, contra la sentencia del 25 de septiembre de 2003, proferida por el Tribunal Administrativo del Antioquia, en la que se negaron las súplicas de la demanda.

1. Previo a abordar el análisis indicado, debe precisarse que la copia simple que contiene la investigación adelantada con ocasión de la muerte de Walter Manuel Bolívar Guerra, puede ser valorada, toda vez que, los medios probatorios obrantes fueron solicitados como prueba traslada(sic) por la parte demandante, petición que fue coadyuvada por la contraparte, surtiéndose así el principio de contratación.

2. Al proceso, para el establecimiento de los hechos relevantes, se allegaron los siguientes medios probatorios:

2.1. Registro civil de defunción de Walter Manuel Bolívar Guerra, obrante a folio 9 del cuaderno del tribunal.

2.2. Acta del levantamiento de Walter Manuel Bolívar Guerra, en el que se señala fue encontrado en la vía del Paraje Cabuyal del municipio de Uramita —Antioquia— y que había fallecido de forma violenta por heridas causadas en la cabeza con dos impactos de bala de armas de fuego. —fl. 18 cdno. tribunal—

2.3. Informe de Necropsia Nº 001 practicada al cadáver de Walter Manuel Bolívar Guerra, el cual señala lo siguiente:

“Por lo expuesto conceptuamos que la muerte de quien vida respondía al nombre de WALTER BOLÍVAR GUERRA, fue consecuencia natural y directa de shock neurogénico, secundario a laceración cerebral, secundario a laceración cerebral, secundarias a TEC (sic) SEVERO, por heridas de arma de fuego de carga única (Nº de 2). Naturaleza de la lesión esencialmente mortal. En condiciones normales y a juzgar por el aspecto macroscópico de las vísceras, conceptuamos la supervivencia en 50 años más. A juzgar por los signos post morten y la hora de la necropsia (7 p.m.) el deceso pudo producirse entre dos (2) y cinco (5) horas antes.” —fls. 20 a 23 cdno. tribunal—

2.4. Informe Oficial del Comandante de la Estación de Policía de Uramita —Antioquia—, C.P., Otto Barahona Sánchez, realizado el 8 de febrero de 1997, en el que se reseñó:

“Siendo aproximadamente las 17:30 horas del día 7 de febrero del presente año, fue informado a este Comando de Policía por parte de la secretaría de Inspección municipal del municipio (sic), que en el sitio Paraje Cabuyal, distante del área urbana, se encontraba un muerto donde por parte del personal de la Policía adscrita a la unidad procedió a ir al lugar donde efectivamente allí al lado de la vía que de Uramita conduce al municipio de Cañasgordas y detrás de un muro de cemento se encontraba abaleado el joven WALTER MANUEL BOLÍVAR GUERRA, quien presentaba dos impactos de bala en la cabeza con orifico de salida; este caso y donde se pudo observar el hecho ocurrió en la vía ya que allí se encontró en el pavimento que estaba ensangrentado y posteriormente los homicidas lo arrojaron detrás de un muro de cemento que sirve de contención a la vía para que no se derrumbe; el lugar es un sitio despoblado donde no hay viviendas, solamente potreros y el Riosucio que baja hacia Uramita, por lo tanto en este hecho no existen personas presenciales del crimen o que den laguna(sic) pista sobre los posibles autores de este hecho ya que estos huyeron con rumbo desconocido. (…)” —fl. 19 cdno. tribunal).

2.5. Sobre las circunstancias de tiempo, modo y lugar, el declarante Elkin Darío David Giraldo, quien fue testigo presencial de los hechos, detalló lo siguiente:

“Nosotros LUIS FERNANDO LOPERA, WALTER y yo, salimos un día viernes siete de febrero de este año, a las ocho de la mañana, salimos en el camión mío un DODGE 300, placas TOA 175, de color azul, salimos hacia Frontino por un viaje de panela y de Frontino regresamos para Peque, como a las tres de la tarde, llegamos a Uramita, estamos tanquiando (sic) el carro en la bomba de SAMUEL BORJA, queda yendo para Medellín y nos recogieron dos tipos ahí, ya estábamos montados, ya íbamos a arrancar y nos dijeron “hágale pa arriba otra vez” a todos nos preguntaron los nombre(sic) y a Walter le reclamaron los documentos y lo tiraron al suelo, ahí en toda la carretera, a un kilómetro de la bomba, yo creo que es medio kilómetro, fue en toda la carretera, y le dieron un tiro al Mono, sin preguntarle nada, y me dijo “váyase” y el man que mató al mono, se montó conmigo y se vino para Uramita y se quedó en la bomba y el otro man se quedó allá donde lo mataron y el man que se montó dentro de la cabina y se devolvió para Uramita dejo “todos nos tenemos que morir así, ustedes no deben nada, él las debía, tarde o temprano las tenía que pagar, que siga mariquiando allá en Peque, que siga amenazando con guerrilla” eso todo, y antes de cogernos a nosotros habían cuatro policías, señalándonos a nosotros, y los tipos estaban con ellos, estaban en un negocio de un señor que le dicen “sancocho”, esos policías estuvieron trabajando aquí en Peque, del único que me acuerdo que es de apellido CHICA, a los otros los conozco pero de vista, no les sé el apellido, los policías están de civil y andaban en dos moticos, ochenta y cuando nos señalaron se fueron abriendo los policías y los tipos se dirigieron a nosotros, es que a nosotros nos cogieron fue parados y los policías cogieron como para Cañasgordas, pero en esa época trabajaban en Uramita. PREGUNTADO: ¿Conoció usted a los sujetos que lo abordaron en la estación de gasolina y que posteriormente le dieron muerte al joven Walter Manuel. CONTESTÓ: No los conocía, nunca los había visto, ninguno de los tres que íbamos conocíamos a esa gente. (…) PREGUNTADO: ¿Sabe usted quién es el autor intelectual de la muerte del joven Walter Manuel? CONTESTÓ: Yo pienso que eso viene de un alegato con dos policías que trabajaban aquí en Peque, el alegato fue como el veinte de enero de este año, me parece, el alegato sería, como digo, pues, el pelado era muy bulloso y los policías le llevaban la mala, el Agente de apellido POLO y el agente de apellido DIEZ, yo pienso que por eso lo mataron porque ese día lo amenazaron le dijeron “vos nos dás(sic) papaya mariconcito, vos salís de aquí” le pusieron los revólveres en la cabeza y le daban pata “vos salís de aquí tarde que temprano” y ese pelado nunca tenía problemas con nadie, solamente con esos policías, y eso que fue un alegato, inicialmente fue en el Trapiche, y el pelado se les voló y le cogió por esta calle de la casa de la cultura, y ahí fue donde le dijeron así que lo amenazaron y lo agarraron y le pusieron dos revólveres y lo amenazaron. PREGUNTADO: ¿Fue usted testigo presencial de los hechos que narra? CONTESTÓ: S[í], yo estaba ahí, no estaba con él en el Trapiche, sino que estaba en la plaza y estaba pillando el video. PREGUNTADO: ¿Qué otras personas fueron testigos del problema que acaba de mencionar? CONTESTÓ: El hermano CALUCHE, se llama CARLOS BOLÍVAR GUERRA, actualmente vive en Urabá, en Carepa, y para esa época estaba aquí en pueblo, cuando él se voló nosotros corrimos a ver y al ratico eso se llenó de gente y él también escuchó. PREGUNTADO: ¿Ha recibido usted amenazas por los hechos que aquí narra? CONTESTÓ: Lo único que sé es que los policías que trabajaban aquí ahora trabajan en Uramita, preguntan por m[í], a LUIS HIGUITA, que ahora conduce por m[í] el carro y Luis les contó a mis hermanas y ellas denunciaron esa amenaza a la Procuraduría”. —fls. 103 a 105 cdno. tribunal—

2.6. El declarante Luis Fernando Zapata, quién también estuvo con Walter Manuel Bolívar Guerra al tiempo de los hechos, relató lo siguiente:

“Nosotros íbamos para Frontino, Elkin y yo y el Mono Bolívar, salimos como a las nueve de la mañana, fuimos a Frontino, cargamos la panela, de allá salimos a las dos y media de la tarde, salimos para acá para el pueblo, apenas llegamos a Uramita era por ahí las cuatro de la tarde, llegamos a la Bomba de gasolina, de arriba, de SAMUEL BORJA, yo estaba tanquiando (sic) el carro ahí, yo tanquié (sic) el carro todo y me puse a amarrar la carpa atrás, yo le dije a Elkin que ya estaba listo el carro que nos viniéramos, y entonces cuando nos íbamos a venir se nos montaron en las puertas del carro, los manes, dos manes a lado y lado y nos dijeron que para dónde íbamos, Elkin le dijo que venía para Peque, y le dijeron que qué llevaba ahí, y él dijo que era un panela que él traía para acá, y le dijeron a Elkin David que volteara el carro para arriba, como para Medellín otra vez, cuando íbamos nos preguntaron el nombre apenas, en ese momento a ninguno les vimos arma(sic), entonces más arriba el Mono le dijo a uno de ellos que sentara en la cabina, le dijo “éntrese que aquí cabe” y entonces nos preguntó los nombres, que como nos llamábamos, Elkin le dijo el nombre, yo le dije el mío y el Mono le dijo el de él también, el muchacho ese solamente le pidió los papeles al Mono y entonces el Mono se los entregó, a nosotros no nos pidieron papeles, y más arriba nos hicieron tirar al piso, en la carretera, a un ladito del carro, en una obra que hay ahí, nosotros nos tendimos boca abajo todos tres, nos dijo que nos tiráramos al piso, nosotros nos tiramos y no les vimos el arma y entonces sentimos los tiros, yo escuché dos, era la muerte para él, lo cogieron y lo tiraron abajo para la cañada, después nos dijeron que nos paráramos que nos viniéramos, nos dijeron que no sabíamos nada y que si alguna cosa ya nos quedaban conociendo a nosotros, y entonces uno de ellos se vino con nosotros en la cabina y nos dijo que nosotros nos teníamos que morir todos, que el que nada debe nada teme, que el que las hacía las pagaba, y él se bajó en la bomba de Samuel Borja y el hombre se montó en una moto y se fue para arriba para donde estaba el otro y nos dijo que no sabíamos nada y que ya nos conocían a nosotros también, y ya nosotros nos vinimos callados de una para Peque, no paramos en ninguna parte, ni nada, vinimos a parar en juntas de Uramita. (…) PREGUNTADO: ¿En qué momento se percató usted de la presencia de los sujetos que le dieron muerte a Walter Manuel? CONTESTÓ: Ellos estaban tomando fresco al frente de la bomba, el dueño de eso es un man que le dicen “el Policía Sancocho”, estaban unos policías con ellos, habían tres, conocí a uno de apellido CHICA, lo reconocí por que estuvo trabajando aquí, estaba de civil, y los otros dos no les sé los apellidos, pero habían estado trabajando aquí también, si los veo los conozco, yo no supe si nos señalaron o que porque yo estaba arreglando la carpa y estaba dando la espalda, pero me imagino que si(sic). Yo en el momento que los vi, no los vi conversando juntos, pero s[í] estaban tomando fresco, en el mismo establecimiento, cuando los tipos abordaron los policías se fueron en dos ATT, cogieron para la salida de Medellín. (…)” —fls. 105 a 107 cdno. tribunal—

2.7. La declarante Ana María Moreno, residente del municipio de Peque (Antioquia), reseñó:

“PREGUNTADO: ¿Sabe usted si Walter Manuel tenía enemigos o problemas, en caso cierto con quién y por qué? CONTESTÓ: Pues de un problema que hubo por esta calle de la casa de la cultura con un Policía, que si lo veo sé quién es, no recuerdo el apellido, la fecha tampoco me acuerdo, sé que era antes de la muerte de Walter, lo cogieron y lo aporrearon, eran dos policías, uno es de apellido Polo, pero no me acuerdo del otro, no sé porque(sic) lo estaban aporreando, estaban de civil, armados, tenía arma pequeña yo escuché solamente la bulla, el mono gritaba y entonces yo salí a la puerta y en eso salió el agente Polo y entre él y otro lo cogieron, fue tanta la bulla que no me acuerdo que le decían, la esposa del Polo, era la que gritaba también, le decía a Polo que no se fuera para donde el Mono, que no se fuera para donde el mono, que lo dejara quieto, le daban patadas, y culatas que ellos dicen, le apuntaban el revólver y también vi que el policía que no me acuerdo del policía, mas debajo de la casa mía lo tiró al piso, le puso el revólver en la cabeza y en eso llegó Polo, y subieron con él, no sé para donde, y había un policía que estaba de turno en la esquina, bajó y aplacó como el problema, [e]se estaba de uniforme yo les dije que no le dejaran en la casa y ellos no quisieron y se lo llevaron para allá para la cárcel. (…)” —fls. 111 y 112 cdno. tribunal—

Posteriormente, el anterior testimonio fue ampliado en los siguientes términos:

“PREGUNTADA: Bajo juramento sírvase manifestar si usted tiene conocimiento de los hechos en los cuales resultó muerto el joven Walter Bolívar, caso cierto sírvase hacer un relato detallado de los hechos. RESPONDIÓ: Yo trabajaba en el hospital de Peque y por la tarde llegó el comentario de que había matado en Uramita, que le habían dado dos tiros y nada más. (…) PREGUNTADO: Usted tiene conocimiento de por qué le causaron la muerte. RESPONDIÓ: Él antes había tenido o mejor lo aporrearon unos policías de apellido POLO y DIEZ, ellos tuvieron un problema por la calle candelaria por la casa de la cultura, yo bajaba del Hospital de atender a un muchacho de nombre Ermilson Hernández que le habían pegado un tiro los mismo policías POLO y DIEZ y al llegar que la casa encontré que DIEZ estaba amenazando a Walter con un arma, pistola o revólver, apuntándole en la cabeza en el piso a Walter Manuel, luego se alió Polo lo cogió a patadas y a puño y conoló (sic) la rodilla en la espalda y Walter en el piso, le colocó la rodilla en la espalda y le apuntó con una pistola o revólver, la esposa de Polo empezó a gritar y abajó un policía uniformado y aplacó el problema (…) PREGUNTADO: Cuántos días antes de la muerte de Walter ocurrieron los hechos que usted ha relatado. RESPONDIÓ: Quince o veinte días. PREGUNTADO: Díganos si para ir al municipio de Frontino, Walter y sus acompañantes necesaria e indispensablemente tenían que pasar por Uramita y frente al comando de la Policía de esa localidad. RESPONDIÓ: Es la única vía que hay, obligatoriamente tiene usted que pasar por el comando, porque es la única vía. (…) PREGUNTADO: Sabe usted el motivo del problema que quince días antes tuvieron en Peque, Walter y los dos policías que usted mencionó. RESPONDIÓ: El punto del problema no lo sé porque el muchacho Walter era de un comportamiento ejemplar, pero también se comentaba que la esposa de Polo andaba en persecución sexual con él. (…)”. —fls. 64 a 65 cdno. tribunal—

3. Valoradas las pruebas, la Sala confirmará la decisión apelada, con fundamento en los siguientes planteamientos:

Se encuentra acreditada la existencia de un daño antijurídico, consistente en la muerte de Walter Manuel Bolívar Guerra, la cual, ni él ni sus familias estaban en la obligación de soportar, toda vez que el ordenamiento jurídico no se los imponía, comoquiera que la vida es un derecho fundamental inviolable conforme al lineamiento del artículo 11 de la Constitución.

En efecto, la antijuridicidad del daño va encaminada a que no sólo se constate la materialidad y certidumbre de una lesión a un bien o interés amparado por la ley, sino que, precisamente, se determine que la vulneración o afectación de ese derecho contravenga el ordenamiento jurídico, en tanto no exista el deber jurídico de tolerarlo. En el caso concreto, se tiene que el daño padecido por los demandantes, es antijurídico, puesto que, se trata de una afectación que el ordenamiento jurídico no los obliga a soportar.

Ahora bien, constada la existencia del daño antijurídico, la Sala aborda el análisis de imputación dirigido a establecer si el mismo deviene imputable a la administración pública.

La valoración del acervo probatorio indica que, si bien, agentes de la Policía Nacional pudieron tener participación en la muerte de Walter Manuel Bolívar Guerra, las razones que motivaron el asesinato se enmarcaban en la esfera de la vida privada de ellos, circunstancia que pone de presente la ausencia de un nexo con el servicio, lo que indefectiblemente obliga a arribar a un escenario de culpa personal del agente.

La jurisprudencia de esta corporación, en cuanto se refiere a la culpa personal del agente, ha señalado lo siguiente:

“(…) las actuaciones de los funcionarios sólo comprometen el patrimonio de las entidades públicas cuando las mismas tienen algún nexo o vínculo con el servicio público. La simple calidad de funcionario público que ostente el autor del hecho no vincula necesariamente al Estado, pues dicho funcionario puede actuar dentro de su ámbito privado separado por completo de toda actividad pública…”(1).

Así las cosas, para establecer los límites entre el nexo con el servicio y la culpa personal del agente, se deben analizar y valorar las particularidades de cada caso concreto, comoquiera que el vínculo instrumental, funcional, ocasional o espacial, por sí mismo no compromete, la responsabilidad patrimonial del Estado.

Lo anterior, en la medida que el test de conexidad establecido en la providencia del 17 de julio de 1990, expediente 5998, como se puntualizó por la Sala(2), no conduce inexorablemente a dar por acreditada la obligación de reparación en cabeza de la administración pública, ya que habrá que examinar en cada caso concreto la especificidad de las circunstancias en que se materializan los hechos.

Ahora bien, en cuanto se refiere a los daños ocasionados por miembros de la fuerza pública, la jurisprudencia ha precisado, entre otros aspectos, lo siguiente:

“Para determinar cuándo el hecho tiene o no vínculo con el servicio se debe examinar la situación concreta para establecer si el funcionario actuó frente a la víctima prevalido de su condición de autoridad pública, es decir, que lo que importa examinar no es la intencionalidad del sujeto, su motivación interna sino la exteriorización de su comportamiento. En otros términos lo que importa para atribuir al Estado, por ejemplo, el hecho de un policía que agrede a una persona es establecer “si a los ojos de la víctima aquel comportamiento lesivo del policía nacional aparecía como derivado de un poder público, si quiera en la vertiente del funcionamiento anormal de un servicio público”. En el caso sub judice se acreditó que el arma utilizada por el agente no era de dotación oficial; se desconoce la motivación del hecho, por lo tanto, no puede afirmarse que el agente inculpado actuó frente a la víctima prevalido de su condición…”(3).

Como se aprecia, en cada asunto específico se requiere estudiar las circunstancias de tiempo, modo y lugar que rodearon los acontecimientos puesto que, a partir de ellas será que se define en qué casos en presencia de una culpa personal del agente o ante a un daño imputable al Estado.

En el caso sub examine, es menester destacar que el daño tuvo origen en el ámbito privado, personal y por lo tanto aislado por completo del servicio, puesto que, de manera independiente a la condición de agentes de la policía, es claro que los motivos están enmarcados en la esfera privada de uno de los agentes que participaron en la comisión del punible, lo cual no permite establecer ningún tipo de nexo o vínculo funcional o instrumental con el servicio.

A diferencia de lo argüido por el recurrente apoyado en los argumentos del salvamento de voto, no pude imputarse el daño a la Policía Nacional, toda vez que este fue el resultado de un comportamiento irregular, y alejado de los deberes de los agentes de Policía. Por lo tanto, desde ningún ángulo puede atribuirse el daño en cabeza de la administración pública, este tuvo su génesis en la culpa personal del agente.

En consecuencia, el daño deviene imputable única y exclusivamente a los agentes de apellidos Polo y Diez, motivo por el cual frente a la administración pública se encuentra demostrada la causa extraña, consistente en el hecho de un tercero, ya que la lesión a los bienes jurídicos de los demandantes se dio a partir de una culpa personal de los agentes estatales, quienes actuando por fuera del servicio tuvieron participación en los hechos en que se atentó contra la humanidad de Walter Manuel Bolívar Guerra.

Contrario a lo precisado por el impugnante, no resulta admisible construir la imputación fáctica y jurídica del daño contra el Estado, a partir del supuesto incumplimiento de los deberes de la administración pública, al haber permitido que el agente, por fuera del servicio, hubiese violado el ordenamiento jurídico, ya que la Fuerza Pública, en general, no es responsable por los daños o lesiones que irrogan sus agentes cuando estos actúan de manera ajena o aislada al servicio, sin ningún tipo de motivación por el cargo o empleo público del cual están investidos, o cuando no se presenta una ocasionalidad con la prestación del mismo. Lo anterior, en tanto no se puede reconducir la falla del servicio para entenderla en términos absolutos, toda vez que nadie se encuentra obligado a lo imposible; por ende, cuando el daño es causado por agentes o servidores públicos, sin que medie vínculo o nexo con el servicio, definido este en cada caso concreto, el mismo no puede ser imputable a la organización estatal.

Como corolario de lo anterior, se impone la confirmación de la sentencia apelada.

En mérito de lo expuesto, El Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Subsección C, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley,

FALLA:

1. CONFÍRMASE la sentencia del 25 de septiembre de 2003, proferida por el Tribunal Administrativo de Antioquia, mediante la cual se negaron las pretensiones de la demanda.

2. Ejecutoriada esta providencia, por secretaría, devuélvase el expediente al tribunal de origen.

Cópiese, notifíquese y cúmplase.

Magistrados: Jaime Orlando Santofimio Gamboa, presidente de la Sala—Olga Mélida Valle de De la Hoz—Enrique Gil Botero.

1 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 5 de diciembre de 2005, expediente 15914, C.P. Ruth Stella Correa Palacio.

2 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 1º de octubre de 2008, expediente 17.896, C.P. Ruth Stella Correa Palacio.

3 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 14 de junio de 2001, expediente 13303, C.P. Ricardo Hoyos Duque.