Sentencia 1998-02604 de febrero 15 de 2012

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA – SUBSECCIÓN “B”

Rad.: 25000-23-26-000-1998-2604-01

Expediente: 21907

Consejero Ponente:

Dr. Danilo Rojas Betancourth

Actor: Alcides Cruz Baquero y otros

Demandado: Departamento de Cundinamarca y otros

Naturaleza: acción de reparación directa

Bogotá, D.C., 15 de febrero de 2012

EXTRACTOS: «Consideraciones

I. Competencia

9. La Sala es competente para decidir el asunto por tratarse del recurso de apelación presentado contra la sentencia proferida por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca en un proceso que, por su cuantía (fl. 8)(6) determinada al momento de la interposición de la demanda, tiene vocación de doble instancia. Se aplican en este punto las reglas anteriores a la entrada en vigencia de la Ley 446 de 1998.

II. Hechos probados

10. Con base en las pruebas recaudadas en el proceso contencioso administrativo, valoradas en su conjunto, se tienen como ciertas las siguientes circunstancias fácticas relevantes:

10.1. La señora Nidian Cruz Ausique —fallecida—, nació el 25 de agosto de 1960, era hija de los señores María del Carmen Ausique Cruz y Alcides Cruz Baquero(7), madre de Sindy Yuliana Cruz Cruz(8) y de la menor Nidia Lorena Pérez Cruz(9), y hermana de la señora Gladys Elsa Cruz Ausique. La niña Nidia Lorena Pérez Cruz fue procreada por la fallecida con el señor Pedro Higinio Pérez Cruz, de quien se dijo en una de las declaraciones juramentadas practicadas dentro del presente trámite contencioso, lo siguiente:

“Preguntado: Diga al despacho si para la época de la muerte de Nidian Cruz Ausique, ella tenía compañero permanente. Contestó: Pues el papá de la bebita que nació, pues Pedro, pero ella vivía con el papá y él en su casa, cada uno con los papás”(10).

10.2. La mencionada señora, quien ya había experimentado un trabajo de parto con cesárea en el año 1987(11), se embarazó en el mes de septiembre de 1997 aproximadamente(12), y a partir de ese momento se realizó exámenes prenatales así:

10.2.1. El 14 de noviembre de 1997 (fl. 14 cdno. de pruebas), se realizó una ecografía en la cual se encontró “...embrión único de buena vitalidad, biometría corresponde a 12 semanas, ninguna alteración...”, con líquido amniótico en cantidad normal. Los resultados de este examen están acompañados de las correspondientes imágenes (fl. 15).

10.2.2. El 5 de noviembre de 1997 acudió a una consulta médica general (fl. 28 del cdno. de pruebas, al respaldo) en el Centro de Salud de Pasca (Cundinamarca), en la cual refirió estar padeciendo malestar general “... con cuadro a 2 semanas de evolución... cefalea ocasional, epigastralgia... asociado al cuadro de amenorrea de 2 meses...”. Como antecedentes de la paciente, en la hoja de diagnóstico del examen médico se hizo referencia a la cesárea realizada a la paciente en el año 1987, debido al problema de “placenta previa” que había presentado en aquella época al momento del parto(13). El 14 de noviembre de 1997 tuvo nueva consulta en el centro asistencial de Pasca, en el que se dejó consignado que persistía la epigastralgia (fl. 29 al respaldo) y se ordenó la remisión al hospital “San Rafael” de Fusagasugá.

10.2.3. El 15 de enero de 1998 (fl. 19, cdno. de pruebas) se efectuó examen de sangre —hemoclasificación— con resultado grupo O RH positivo (+) y “... Cardiolipina (VDRL) no reactivo...”. El 2 de febrero del mismo año se llevó a cabo examen de “Toxoplasma IgG” (fl. 20), con hallazgo de un índice de 9.0, en cuya hoja de resultados se especifica que el resultado sería positivo para un índice mayor de 1.1., y negativo para uno menor de 0.9. Los exámenes antes mencionados fueron realizados en el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá(14).

10.2.4. El último control médico en el centro de salud de Pasca se llevó a cabo el 14 de abril de 1998 (fl. 30), en cuya hoja de diagnóstico se ordenó la remisión de la paciente al Hospital “San Rafael” de Fusagasugá, y se consignaron los siguientes datos:

Abril 14 de 1998

Edad 37 años Hora: 9 A.M.

Paciente conocida consulta a control prenatal y refiere salida de líquido (hace 4 días) claro por la vagina moco niega actividad uterina y sangrado vaginal.

(...).

P/ Se remite a HSR Fusagasugá, valoración especializada.

10.3. Remitida al Hospital “San Rafael “de Fusagasugá(15), la paciente fue admitida en dicho centro asistencial a las 12:20 p.m.(16), e ingresada a la unidad de atención de urgencias “conciente y caminando”, donde se le canalizó para administrarle medicamentos y se ordenó su observación por parte de un médico especialista. A las 12:35 p.m. fue valorada por una médica ginecóloga, quien manifestó que la señora Nidian Cruz Ausique estaba en trabajo de parto con 9 centímetros de dilatación, y ordenó “pasarla a piso”. A la 1:00 p.m. la paciente fue recibida en la unidad de maternidad, en “regular estado general”, en trabajo de parto, y con contracciones fuertes y seguidas, situación en la cual se le administraron medicinas para propiciar el nacimiento de la bebe que llevaba en el vientre, no obstante lo cual no fue posible culminar esto último acto seguido, a la señora Cruz Ausique se le mantuvo en permanente observación para la realización de una posible cesárea(17).

10.4. En la historia clínica de la señora Nidian Cruz Ausique se aprecian otras observaciones del estado de salud de la paciente, a las 3 p.m. y a las 6 p.m. del 14 de abril de 1998 (fl. 78, cdno. pruebas), en donde consta que las condiciones de salud no han tenido una variación significativa. A las 7:40 p.m. del mismo día, se iniciaron los preparativos correspondientes para realizar cesárea a la paciente(18), y a las 8 p.m. se practicó un examen de sangre, sin resultados debido a lo acuoso de la muestra tomada. A las 8:30 p.m. se intentó remitir a la paciente a la unidad de cuidados intensivos, lo cual no fue posible por carencia de “ventiladores”. En todo caso, la señora Cruz Ausique fue conectada al ventilador de una de las salas de cirugía —Sala 1—, momento en el cual se midieron sus signos vitales con el hallazgo de que presentaba hipotensión 57/35, sangrado en regular cantidad, mareo e inquietud. A las 9:30 p.m. se le canalizó con catéter “subclavio” y se le tomaron muestras de laboratorio, cuyos resultados fueron recibidos a las 10 p.m. En los instantes posteriores, la salud de la paciente se siguió deteriorando hasta que entró en paro cardio-respiratorio y, posteriormente, falleció(19). Durante el procedimiento quirúrgico se logró extraer un bebé prematuro de sexo femenino, el cual fue llevado a incubadora(20). Las situaciones relacionadas con la cesárea practicada a la demandante, fueron narradas en el documento visible a folio 79 del cuaderno de pruebas, según el cual:

“Hallazgos:

1) Múltiples adherencias de epiplón a útero, vejiga elevada, anexos normales.

2) Placenta de cara anterior de inserción baja.

3) Várices

Complicaciones:

Sangrado abundante, paciente presenta hipotensión severa con bradicardia, se realiza reanimación lográndose una FC 140x sin recuperación de TA. Se decide pasar a la paciente a la UMI pero por no disposición de ventilador, monitor ni gases, se decide remitir a III nivel.

Procedimientos:

Bajo previa asepsia y antisepsia y con anestesia raquídea, se pasa sonda vesical, se realiza incisión infraumbilical hasta llegar a cavidad, se realiza incisión en media luna en segmento interior uterino obteniéndose abundante sangrado y feto vivo sexo femenino... fue llevada a pediatría.

Se extrae placenta con dificultad, se limpia útero, se cierra incisión uterina en 2 planos... se cierra pared por planos”.

10.5. En resumen, a la paciente Nidian Cruz Ausinque se le prestó la siguiente atención, según hoja manuscrita de “régimen de referencia y contrarreferencia” que se observa a folio 82 del cuaderno de pruebas:

“CC de 6 días de evolución de expulsión de líquido claro escaso no fétido, refiere haber tenido flujo durante todo el embarazo, IVU, estuvo tratada con macrodantina y óvulos. ANT: Steven-Johnson a los 13 años con afección ocular. QX: cesárea hace 10 años por placenta previa, y cirugías por pterigios. Tox (cocina con leña) planificación (-). GO: Menarquia 13 años, ciclos: 25x13, FUR: 8 de septiembre, FUP: 22 de octubre de 1987 FPP: 18 de junio de 1998, EG: 32 semanas... se observa edema en la pared abdominal... D: 5 cms. dilatable hasta 7 cms. durante la actividad uterina, B: de 90 a 100%, E: +1, membranas rotas.

Valora el ginecólogo de turno encontrando pelvis adecuada, cuello B 90% D+8cms, vértice +2, membranas íntegras, variedad D+8cms, vértice +2, membranas íntegras variedad occipito-izquierda-transversa, sangrado de cuello, plan: cesárea.

Se pasa paciente a salas a las 7+40 pm con IDX: 1) G2PiCiAoMo 2) EG 32 semanas 3) Dilatación estacionaria 4) Variedad de presentación transversa, 5) Cesárea anterior, 6) T de P prematuro, 7) IVU, 8) RPM, 9). Post-operatorio: IDEM.

Hallazgos:

1) Múltiples adherencias de epiplón a útero, vejiga elevada, anexos normales, placenta de cara anterior de inserción baja, várices.

2) Complicaciones: Sangrado abundante, paciente presenta hipotensión severa con bradicardia (FC 39 TA 50/19) se realiza reanimación farmacológica lográndose FC 140x sin recuperación de la tensión arterial. Se decide pasar a paciente a UMI, de donde la devuelven por no haber disposición de ventilador, ni de monitor, ni de gases arteriales.

3) Procedimientos: cesárea segmentaria, se obtuvo RN sexo femenino vivo con W:2000 T:46 PC:29 PI:29. Paciente requiere de unidad.

Nota: se observa cicatriz en brazo derecho, se piensa en posible venodisección anterior”.

10.6. En el testimonio de la señora Anatulia Cruz de Muñoz (fls. 124 y siguientes del cdno. de pruebas), quien fue la funcionaria del centro de salud de Pasca (Cundinamarca) que acompañó a la señora Nidian Cruz Ausique en el camino hacia el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá, se afirma que cuando la paciente ingresó al hospital demandado, se presentó una discusión entre los médicos tratantes, en los siguientes términos:

“... fui y la acompañé al hospital, y ella iba consciente íbamos hablando, de vez en cuando hacía trabajo de parto, luego llegamos al hospital e hice la gestión para que la recibieran en la sala de urgencias y ahí el médico la recibió y entró consiente y caminando por sí sola, llevando su carpeta y papeles, yo esperé afuera para ver qué iban a hacer con ella, y al ratico como a los diez minutos de haber entrado el médico salió y llamó a los camilleros y dijo que era un trabajo de parto expulsivo y que tenían que subirla de inmediato a la sala de partos, yo me subí con ella y la llevaron en una camilla, ayudé a empujarla, subimos al tercer piso y la pasaron a la sala de partos y no la volví a ver después, y me estuve otro momentito en la sala de espera y salió el médico furioso, era un interno, y me dijo que quién había dicho que era un expulsivo, que los expulsivos eran cuando los pelos estaban afuera, que eso se me quedó grabado y entonces yo le dije qué le van a hacer y dijo que la vamos a dejar en observación...” (fl. 125, cdno. de pruebas).

10.7. Una vez concluidos los procedimientos médicos realizados en la persona de la señora Nidian Cruz Ausique, el médico gineco-obstetra tratante solicitó que se realizara una necropsia al cadáver de la paciente(21). Sin embargo, en el expediente no reposa constancia de que al cuerpo de la señora Nidian Cruz Ausique se le haya realizado estudio post-mortem alguno(22).

10.8. El fallecimiento de la señora Nidian Cruz Ausique sucedió de forma inesperada, en la medida en que por parte de su círculo familiar cercano se tenía la impresión de que el desarrollo de su embarazo sería normal y de que culminaría sin complicaciones(23). El suceso de la muerte de su pariente, implicó una situación de dolor para los padres de la fallecida —señores María del Carmen Ausique Cruz y Alcides Cruz Baquero—, quienes sienten gran tristeza cuando visitan a su nieta nacida el 14 de abril de 1998. Sindy Yuliana Cruz Cruz, hija mayor de la difunta, también experimentó una situación de gran sufrimiento con la muerte de su madre, según lo relató la testigo Fanny Pérez Cruz:

... los primeros que supimos del fallecimiento fuimos nosotros porque llegaron a avisarle fue a Pedro... pues a mi me comentaba que la niña dizque estaba inconsolable lo mismo que todos, pero sobre todo la niña Cindy. Pues yo le pregunté a ella que cómo se sentía después de perder la mamita y ella me decía que ella se sentía triste pero que sentía que la mamita la acompañaba y que iba detrás de ella... como yo tengo la niña y los abuelitos y la niña van a visitarla, la niña cada ocho días y los abuelitos por ahí cada quince días, cuando van abrazan a la niña y aún por ejemplo la abuelita llora y al abuelito se le nota la tristeza y él la llama Nidiecita y la mayoría de nosotros le decíamos es Lorena... (Fl. 142 cdno de pruebas).

10.9. La señora Nidian Cruz Ausique era ama de casa y, ocasionalmente, se desempeñaba como “ecónoma” del centro comunitario de Pasca, trabajo por el cual se le pagaba una suma de 3 000 pesos diarios(24).

III. Problema jurídico

11. Para emitir una decisión de mérito en el proceso de la referencia, la Sala deberá verificar si están probados los elementos que estructuran la responsabilidad en cabeza del Estado, labor en la cual tendrá que dar solución a los siguientes interrogantes:

11.1. Es necesario determinar si, con las pruebas arrimadas al expediente, es posible afirmar que el Hospital ESE “San Rafael” de Fusagasugá incurrió en una falla en la prestación del servicio médico asistencial, por el hecho de que después de que falleciera la señora Nidian Cruz Ausique no se le practicó un estudio de necropsia a su cadáver, no obstante que el mismo había sido solicitado por el médico ginecobstetra que atendió a la fallecida pariente de los demandantes el 14 de abril de 1998. Frente a dicha cuestión, el tribunal de primera instancia se limitó a manifestar que tal situación no implicaba que estuviera acreditada la falla del servicio, y consideró que la atención dispensada por el hospital demandado fue adecuada para afrontar la sintomatología que la paciente exhibía al momento de la urgencia, con lo que se desvirtuó la presunción de falla que existía en contra de la entidad accionada.

11.2. Del mismo modo, para estudiar si existió un defecto en la prestación del servicio médico asistencial es necesario verificar, con base en las pruebas arrimadas al proceso, si la atención dispensada a la señora Nidian Cruz Ausique fue apropiada, diligente, oportuna, y acorde con los recursos tecnológicos y humanos con los que contaba el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá el día 14 de abril de 1998. En este punto deberá estimarse si el hecho de que no se hubiera practicado un estudio de necropsia al cadáver de la paciente, es indicativo de que la atención médica no fue adecuadamente prestada por el personal médico tratante, y si ese indicio es suficiente para imputar responsabilidad a la entidad demandada, a título de falla del servicio.

11.3. Establecido lo anterior, en caso de que llegara a concluirse que existió una falla en la prestación del servicio médico por parte de la entidad demandada, la Sala tendrá que determinar si el defecto en la prestación del servicio fue la causa de la muerte de la señora Nidian Cruz Ausique, que es lo que sostienen los demandantes, o si, por el contrario, ese deceso se produjo como consecuencia de las complicaciones en la salud de la paciente, las cuales no son atribuibles a defecto alguno en la atención dispensada por el centro hospitalario demandado.

11.4. No se estudiará el tema relacionado con la legitimación en la causa por pasiva del departamento de Cundinamarca, en la medida en que el tribunal a quo consideró al respecto que “... para la época de presentación de la demanda el Hospital San Rafael de Fusagasugá se transformó en una empresa social del Estado constituida como categoría especial de entidad pública descentralizada del orden departamental, por lo tanto no resulta procedente vincular al departamento de Cundinamarca en calidad de demandado...” (fl. 127); aspecto que no fue materia del recurso de apelación interpuesto por la parte demandante.

IV. Análisis de la Sala

12. De conformidad con los hechos probados, la Sala tiene por demostrado el daño invocado por la parte actora, es decir, está debidamente acreditada la muerte de la señora Nidian Cruz Ausique, ocurrida cuando esta estaba siendo atendida en el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá. Igualmente, están evidenciados los perjuicios que para los demandantes se siguieron del deceso de su pariente, según pasa a explicarse.

12.1. En efecto, se tiene acreditado que la señora Nidian Cruz Ausique era hija de los señores María del Carmen Ausique Cruz y Alcides Cruz Baquero, madre de Sindy Yuliana Cruz Cruz y de Nidia Lorena Pérez Cruz, y hermana de la señora Gladys Elsa Cruz Ausique. Al respecto, al expediente se allegaron los respectivos registros civiles de nacimiento que acreditan las relaciones de consanguinidad existentes entre los mencionados demandantes y la difunta. La Sala considera que, debido al nexo de parentesco que existía entre la fallecida y los mencionados accionantes en reparación, es presumible que la muerte de aquella implicó para estos una situación de congoja y dolor.

12.2. No puede afirmarse lo mismo en relación con el demandante de nombre Pedro Higinio Pérez Cruz, de quien se dice que era el compañero permanente de la fallecida pues, si bien en el proceso se acreditó que dicho señor figura en el registro civil como padre de la menor Nidia Lorena Pérez Cruz, lo cierto es que no pudo demostrarse que tuviera una relación de convivencia singular y permanente con la señora Nidian Cruz Ausique y, antes bien, las declaraciones juramentadas rendidas dentro del presente trámite contencioso son convergentes en afirmar que los progenitores de la niña no convivían juntos, y que tenían una relación de amistad. No es posible, entonces, afirmar que Pedro Higinio Pérez Cruz fuera el compañero permanente de la fallecida Nidian Cruz Ausique y en ese orden, como tampoco se demostró que como amigo de la mencionada señora hubiera tenido una afectación sentimental y emocional con ocasión de los hechos ocurridos el 14 de abril de 1998, en el evento de que llegara a declararse responsable a la entidad demandada frente a los daños alegados, no será procedente indemnización alguna a favor del accionante que se viene refiriendo.

12.3. Ahora bien, en relación con la menor Nidia Lorena Pérez Cruz, quien nació el mismo día del fallecimiento de su madre, la Sala estima que, en caso de declararse patrimonialmente responsable a la entidad demandada, procederá el reconocimiento en su favor de las indemnizaciones correspondientes al daño moral(25) y a las alteraciones de sus condiciones de existencia(26), padecidos por el hecho de que a la demandante se le privó de la figura materna en el desarrollo de su crecimiento y desarrollo como persona.

13. En lo que tiene que ver con la imputación del daño, el tribunal de primera instancia afirma que para el estudio del caso de análisis “...se parte de la base de una presunción de culpa...”, aseveración que no es correcta a la luz de la jurisprudencia actualmente vigente, que ya había sido adoptada por el Consejo de Estado para el momento en que se expidió el fallo de primer grado(27). Al respecto, la Sala considera pertinente precisar que en el asunto sub iudice el régimen de responsabilidad bajo el cual se deben analizar las obligaciones resarcitorias que eventualmente existan a cargo del Estado, es el de la falla probada del servicio, con las consecuencias probatorias que le son propias, tal y como se ha reiterado(28), en el sentido de precisar que cuando el demandante alegue que existió un defecto en la prestación del servicio médico asistencial, es necesario que demuestre tal falla, así como también el daño antijurídico y el nexo causal entre aquella y este(29).

13.1. En efecto, la Sección Tercera del Consejo de Estado ha consolidado una posición sobre esta materia en virtud de la cual la responsabilidad por la prestación del servicio de salud es de naturaleza subjetiva, en la que es la falla probada del servicio el título de imputación bajo el cual debe analizarse la responsabilidad estatal por la actividad médica hospitalaria, de suerte que se exige acreditar la falla propiamente dicha, el daño antijurídico y el nexo de causalidad entre aquella y este(30). En relación con la carga de probar el nexo causal, se ha dicho que la misma corresponde al demandante, pero dicha exigencia se modera mediante la aceptación de la prueba indirecta de este elemento de la responsabilidad, a través de indicios, al tiempo que no se requiere certeza en la determinación de la causa, sino que se admite la acreditación de una causa probable(31).

13.2. En ese orden de ideas, el caso de autos será revisado desde la óptica del régimen subjetivo de responsabilidad, de manera que se analizará primero la falla del servicio que supuestamente cometió la entidad demandada —imputabilidad jurídica del daño— y, seguidamente, se analizará si dicha falla tuvo nexo de causalidad con la muerte de la señora Nidian Cruz Ausique —imputación fáctica—.

14. En lo atinente a la falla del servicio que se dice fue cometida por la entidad demandada, debe recordarse que para que pueda predicarse la existencia de un defecto en la prestación del servicio médico asistencial, la Sala ha precisado que es necesario que se demuestre que la atención médica no cumplió con estándares de calidad fijados por el estado del arte de la ciencia médica, vigente en el momento de la ocurrencia del hecho dañoso(32). Del mismo modo, deberá probarse que el servicio médico no ha sido cubierto en forma diligente, esto es, que no se prestó la asistencia médica con el empleo de todos y cada uno de los medios humanos, científicos, farmacéuticos y técnicos que se tengan al alcance(33).

14.1. Al revisar la historia clínica de la señora Nidian Cruz Ausique elaborada en el Hospital ESE “San Rafael” de Fusagasugá, encuentra la Sala que la atención dispensada por ese centro asistencial fue oportuna y diligente, lo cual está documentado con las pruebas arrimadas al proceso las cuales, apreciadas críticamente, permiten concluir que no existió la falla en la prestación del servicio médico asistencial que alega la parte actora. En todo caso, se observará que las pruebas del proceso indican que la entidad hospitalaria demandada no llevó a cabo un estudio de necropsia sobre el cadáver de la familiar de los demandantes, hecho que, si bien constituye una actuación que puede generar un reproche a la prestación del servicio por parte del Hospital “San Rafael”, no es suficiente para generar responsabilidad a cargo de ese centro asistencial, por el hecho de la muerte de la señora Cruz Ausique, según pasa a explicarse.

14.1.1. En el proceso se demostró que el 14 de abril de 1998 la señora Nidian Cruz Ausique tenía 32 semanas de embarazo e ingresó al Hospital “San Rafael” de Fusagasugá inmediatamente después de que fuera remitida por el centro médico de Pasca (Cundinamarca), aproximadamente a las 12 horas del medio día del 14 de abril de 1998, con claros síntomas de encontrarse en trabajo de parto “pretérmino”. Frente a dicha situación el hospital demandado actuó en forma diligente y oportuna, por cuanto que hospitalizó inmediatamente a la paciente y dispuso realizar una valoración de los síntomas clínicos que exhibía y, con base en dicha evaluación, puso a la paciente bajo el cuidado de la unidad de maternidad del hospital, con la observación permanente de un médico especialista en ginecología y obstetricia quien, al percatarse de que la paciente presentaba 8 centímetros de dilatación vaginal y contracciones frecuentes, decidió promover el su trabajo de parto.

14.1.2. A partir de la admisión en el hospital, a la paciente se le dispensaron cuidados y observaciones permanentes, y la evolución de su estado de salud fue constantemente monitoreada por el personal médico y de enfermería, todo lo cual consta con detalle pormenorizado en las diferentes anotaciones realizadas en las hojas de “evolución médica” y de “notas de enfermería”, en las que se consignó que a la madre gestante se le efectuaron varios estudios y observaciones separados por lapsos de 20 minutos, lo que denota que la supervisión médica se llevó a cabo en forma constante.

14.1.3. Al respecto, en las hojas de anotaciones de enfermería consta claramente que a la paciente se le hizo un seguimiento constante de sus signos vitales (ver infra párrafo 10.4), a partir del cual pudo constatarse que a las 3 p.m. y a las 6 p.m. del 14 de abril de 1998 las condiciones de salud inicialmente diagnosticados, no habían tenido ninguna variación.

14.1.4. Frente a esto último, en el expediente se observa que a la hora de la anotación de enfermería efectuada a las 7:00 p.m., la paciente no había presentado cambios radicales en su estado de salud y, antes bien, en la historia clínica se observa que la muerte de la accionante se produjo en el momento en que se le estaba llevando a cabo el procedimiento quirúrgico de cesárea, del cual tampoco se puede predicar falla alguna cometida por parte del hospital demandado, según se verá.

14.1.5. Cuando finalmente pudo llevarse a cabo la cesárea a las 7:40 p.m. del 14 de abril de 1998, la paciente fue llevada a la sala de cirugía, momento a partir del cual constan en la historia clínica varias observaciones clínicas tanto por parte del personal médico como del personal de enfermería, en las que consta que al final del procedimiento quirúrgico se pudo obtener vivo el producto del embarazo —recién nacida de sexo femenino—, lo que es un hecho que indica que el procedimiento de cesárea se llevó a cabo en forma oportuna y sin que representara peligro para el feto que la señora Nidian Cruz Ausique llevaba en el vientre.

14.1.6. Ahora bien, en varios de los documentos de la historia clínica elaborada por el hospital demandado consta que cuando culminó la cirugía, a la paciente no se la pudo llevar a la unidad de cuidados intensivos del hospital, debido a que allí no habían disponibles ciertos elementos que eran necesarios para el mantenimiento vital de la señora Cruz Ausique —ventilador, monitor y gases—, hecho que la parte actora considera demostrativo de que el centro hospitalario incurrió en una falla del servicio por carencia de los elementos básicos necesarios para la atención de la paciente. Sin embargo, la Sala no acompaña ese razonamiento, comoquiera que en la misma historia clínica se observa que, si bien a la paciente no se le ubicó en la unidad de cuidados intensivos, lo cierto es que se le dejó en la sala de cirugía, lugar en el que sí se contaba con los insumos necesarios para la atención de la enferma. Lo anterior está demostrado con la hoja elaborada por el departamento de anestesiología del hospital, en la que consta un diagrama en el que se llevó a cabo un control, minuto a minuto, de los signos vitales de la paciente, desde las 7:30 p.m. hasta las 11:00 p.m., y en dicho documento se observa, por un lado, la anotación relacionada con el paro cardio-respiratorio que padeció a las 10:40 p.m. y, de otra parte, los procedimientos intentados para efectuar la reanimación, lo que demuestra que los signos vitales de la paciente estaban siendo adecuadamente controlados.

14.1.7. En el mismo sentido, la Sala considera que el hecho de que algunas anotaciones de la historia clínica refieran la necesidad de remitir a la paciente a un centro hospitalario de mayor nivel de complejidad, es una situación que tampoco es demostrativa de que el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá hubiera actuado negligentemente al no ordenar la remisión de la señora Cruz Ausique en un momento anterior, pues es probable que la necesidad de traslado no estuviera presente en los momentos iniciales del tratamiento a la madre parturienta, y que hubiera surgido solo como consecuencia de las complicaciones ocurridas durante el procedimiento de cesárea llevado a cabo en horas de la noche del 14 de abril de 1998, momento en el cual, debido a las complicaciones de la paciente, era ya imposible su traslado a cualquier otro centro asistencial.

14.1.8. De otra parte, esta Sala no pierde de vista que dentro del presente trámite contencioso administrativo rindieron testimonio los señores Gregorio Matta Rodríguez y Ana Tulia Cruz Muñoz, quienes prestaban sus servicios en el centro de salud de Pasca (Cundinamarca) y afirmaron haber sido testigos presenciales de las circunstancias en que la paciente Nidian Cruz Ausique fue remitida al Hospital “San Rafael” de Fusagasugá. En dichos testimonios se dice que la paciente iba en buen estado de salud, y que los médicos del hospital demandado incurrieron —supuestamente— en un error al determinar la modalidad de parto que exhibía la madre gestante. No obstante, la Sala considera que para establecer si fueron apropiados los diagnósticos realizados, los medicamentos administrados, los exámenes ordenados y los procedimientos quirúrgicos efectuados por el personal clínico del Hospital “San Rafael”, es necesario contar con una experticia técnica que evalúe la historia clínica de la señora Nidian Cruz Ausique para, con base en dicho estudio, establecer la conveniencia de los procedimientos médicos efectuados el 14 de abril de 1998. Como la aludida prueba pericial no reposa en el expediente, entonces no es posible, con base únicamente en los testimonios vertidos por los aludidos declarantes, evaluar los procedimientos médicos practicados a la paciente fallecida pues, aunque los testigos mencionaron haber laborado en el centro médico de Pasca (Cundinamarca), sus afirmaciones no estuvieron sustentadas en un estudio de la historia clínica y, además, los declarantes no acreditaron los conocimientos técnicos y científicos que son necesarios para evaluar las decisiones asumidas por el personal médico del Hospital “San Rafael”.

14.1.9. Finalmente, al estudiar las alegaciones hechas por la parte demandante, de acuerdo con las cuales el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá habría incurrido en una falla del servicio por el hecho de no haber practicado una necropsia al cadáver de la paciente fallecida, la Sala considera que dicha cuestión deberá analizarse en dos aspectos: en primer lugar, (1) debe estudiarse si la ausencia del estudio post mortem del cadáver de la señora Cruz Ausique es un hecho indicativo de que la atención médica que le fuera dispensada no fue la adecuada y, (2) en segundo orden, debe estudiarse si la ausencia del estudio de necropsia es una circunstancia que implica, en sí misma, una falla del servicio cometida por la entidad demandada.

14.1.9. (1). En relación con lo primero, esto es el valor indiciario del hecho de no haberse practicado un estudio de necropsia al cadáver de la paciente fallecida, no pasa por alto la Sala que, en oportunidades recientes, se ha establecido que la ausencia de estudios post mortem es un indicio que señala la responsabilidad de las entidades hospitalarias. Al respecto, en la sentencia del 19 de septiembre de 2011, con ponencia de quien proyecta el presente fallo, se dijo por la Sala de la Subsección “B” de la Sección Tercera:

“16.1.6. También es un hecho de notoria importancia el que, con posterioridad a la muerte del feto y su alumbramiento por parte de la señora Marleny Cecilia Povea Redondo, los funcionarios del Hospital “Nuestra Señora de los Remedios” no hubieran llevado a cabo acción alguna para establecer cuáles fueron los motivos por los que ese hecho se produjo, y para determinar responsabilidades en cabeza del personal médico y de enfermería que tenía a la paciente bajo su cuidado, en caso de que hubiera existido algún error por parte de este, falencias estas que comprometen seriamente la responsabilidad de la entidad demandada en el litigio que se está estudiando pues, como se indicará en un aparte ulterior, implica un indicio grave en contra del hospital donde sucedieron los hechos.

(...).

18.1.2. En segundo orden, como ya se ha venido refiriendo en apartes anteriores del presente fallo, el hospital accionado no llevó a cabo labor alguna tendiente a esclarecer cuáles fueron los factores clínicos que influyeron en la ocurrencia de la muerte de la criatura que la señora Marleny Cecilia Povea Redondo estaba gestando en las postrimerías del embarazo, situación que implicó que cuando la jurisdicción contenciosa requirió de un análisis científico y técnico de las circunstancias del caso, el mismo no pudiera llevarse a cabo, por cuanto que el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses manifestó que para poder determinar las causas del óbito fetal era necesario el estudio de la placenta del cadáver del nonato fenecido, estudio este que no llevó a cabo el hospital demandado después de ocurridos los hechos de los días 6 y 7 de diciembre de 1998”(34).

14.1.9. (1).1. La Sala considera que en el caso de análisis, de acuerdo con los criterios consignados en la jurisprudencia traída a colación, la ausencia de una necropsia realizada al cadáver de la señora Nidian Cruz Ausique es un indicio grave en contra de la entidad demandada, pues las reglas de la experiencia indican que, si el médico tratante solicitó que se llevara a cabo el estudio post mortem y el hospital omitió dicho análisis sin indicar algún motivo razonablemente fundado, fue porque pretendió ocultar las verdaderas causas del deceso de la paciente, las cuales podrían ser atribuidas a la actividad negligente de los médicos tratantes, que habría quedado en evidencia con el estudio del cuerpo sin vida de la difunta. No obstante la Sala descarta la aludida prueba indiciaria por tres razones: (i) el indicio está fundamentado en una premisa falsa, (ii) fue desvirtuado con los demás medios e convicción obrantes dentro del proceso, y (iii) la regla jurisprudencial citada en precedencia no es estrictamente aplicable al caso sub iudice, pues las circunstancias de este son sustancialmente diferentes a las que fueron analizadas en la anterior oportunidad por la Sala.

14.1.9. (1).2. En lo atinente con (i) la falaz fundamentación del indicio antes reseñado, la Sala considera que el personal médico del Hospital “San Rafael” de Fusagasugá sí conoció las causas del deceso de la paciente, lo cual quedó consignado en las diferentes hojas de seguimiento clínico, en las que consta que la señora Nidian Cruz Ausique presentó una disminución de su tensión arterial, que implicó una asistolia cardiaca y, posteriormente, su defunción. Lo anterior implica que no es cierto que se requiriera un estudio de necropsia para conocer las causas del deceso, pues las mismas estuvieron consignadas en la completa historia clínica elaborada por el personal médico de la entidad demandada. Se reitera en este punto que las circunstancias de la muerte, que constituyen las razones biológicas por las cuales falleció la pariente de los demandantes, debían estudiarse por parte de un perito que evaluara la conducta de los médicos tratantes, estudio este que podía llevarse a cabo con base en la historia clínica elaborada por el personal médico del hospital demandado, trasladada en copia auténtica al proceso de la referencia, análisis que no fue adelantado debido al incumplimiento de la carga probatoria por la parte demandante, de tal guisa que no puede la Sala afirmar que las causas biológicas de la muerte de la señora Cruz ocurrieron debido a una negligencia en la atención médica.

14.1.9. (1).3. En lo tocante con (ii) la prevalencia -frente a los demás medios de convicción que obran en el proceso- de la prueba indiciaria derivada de la no realización de un estudio de necropsia, la Sala observa que, aún cuando se tuviera por cierto que son válidas las premisas del indicio que se viene discutiendo, lo cierto es que el mismo resulta insuficiente para imputar responsabilidad a la entidad demandada, comoquiera que la Sala tiene a su disposición otras evidencias que atribuyen la causa probable de la muerte de la señora Nidian Cruz Ausique, a circunstancias diferentes de la atención desplegada por el personal médico del Hospital “San Rafael” de Fusagasugá, todo lo cual quedará evidenciado cundo se estudie el tema relacionado con el nexo de causalidad, punto en el cual se sostendrá la tesis de que la muerte de la familiar de los demandantes ocurrió por complicaciones de salud que no son imputables, desde un punto de vista fáctico, a los tratamientos médicos fueron dispensados el 14 de abril de 1998.

14.1.9. (1).4. En lo que tiene que ver con (iii) la aplicabilidad al caso de autos de la tesis jurisprudencial consignada en la sentencia del 19 de septiembre de 2011 antes citada, la Sala considera que de lo dicho en la referida providencia, no puede deducirse que en todos los casos en los que no se lleve a cabo un estudio de necropsia, se genera responsabilidad a cargo de los centros asistenciales. La regla que allí se consigna es que la ausencia de necropsia puede constituir un indicio en contra de la entidad hospitalaria, siempre que se encuentre que dicho estudio es necesario para establecer las causas del deceso, conclusión a la que solo se puede llegar a través de la realización de un dictamen médico legal lo cual, se insiste, no sucedió en el caso de autos.

14.1.9. (1).5. Así las cosas la Sala concluye que, si bien la ausencia de un estudio de necropsia por parte del Hospital “San Rafael” de Fusagasugá puede ser considerada como un indicio grave en contra de la entidad demandada, también es cierto que en el presente caso dicha prueba indiciaria está basada en una premisa falsa, como lo es considerar que en la historia clínica no constan las causas del deceso de la paciente. Ahora, si en gracia de discusión se considera que la construcción del indicio es deductivamente correcta, entonces debe decirse que el referido medio de convicción fue desvirtuado por las demás pruebas obran en el expediente, que indican que la causa probable de la muerte de la señora Nidian Cruz Ausique fueron circunstancias de salud intrínsecas de la paciente, que no son atribuibles a los médicos tratantes, todo lo cual se estudiará en el párrafo pertinente al nexo causal o imputación fáctica del daño. En todo caso, la Sala aclara que no puede estatuirse una regla según la cual, ante la ausencia de la realización de un estudio de necropsia, surge responsabilidad a cargo de la entidad médica hospitalaria, sino que se trata de un indicio que solo es aplicable a aquellos casos en los que un perito médico haya solicitado la realización del aludido estudio post mortem, que no es lo que ocurre en el caso que ahora ocupa la atención de la Sala.

14.1.9. (1).6. En el anterior orden de ideas, la Sala considera que el indicio relacionado con la falta de un estudio de necropsia realizado sobre el cadáver de la demandante, no tiene el valor suficiente para imputar responsabilidad al Hospital “San Rafael” de Fusagasugá.

14.1.9. (2). Frente a lo segundo, esto es, si la no práctica de un estudio de necropsia es un hecho que implica en sí mismo una falla del servicio por parte de la entidad demandada, la Sala considera que a los médicos tratantes del caso clínico de la señora Nidian Cruz Ausinque les asistía el deber de estudiar las causas del deceso, pues en la hoja de “evolución médica” consta una anotación por parte del médico gineco-obstetra en la que se lee “... se solicita necropsia... se sospecha embolia de L.A...”. No obstante, como se verá a continuación, esa sola falla no es suficiente para endilgar responsabilidad a la entidad demandada, pues no es posible afirmar, como lo sostiene la parte demandante, que la muerte de la paciente ocurrió por el hecho de que no se le hubiera llevado a cabo el estudio post mortem, es decir, la referida falla en el servicio no tiene nexo de causalidad con el daño cuya indemnización reclaman los demandantes, que lo es la muerte de la señora Cruz Ausique.

15. Una vez analizado el tratamiento médico dispensado a la pariente de los accionantes por la entidad demandada, y la falla consistente en no practicar el estudio de necropsia al cadáver de la señora Nidian Cruz Ausique, es procedente considerar, acto seguido, si existe nexo causal entre las labores médicas desplegadas por la entidad demandada, y el daño padecido por quienes en el presente proceso demandan la indemnización de perjuicios.

16. En relación con el nexo de causalidad existente entre el daño aducido por los demandantes y el tratamiento médico dispensado por el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá, que es el elemento que determina la imputabilidad fáctica de responsabilidad al hospital demandado, debe decirse que el hecho de que la señora Nidian Cruz Ausique hubiera presentado varias complicaciones durante el desarrollo del embarazo y que, además, hubiera ingresado a la entidad demandada con síntomas de parto prematuro, es un indicio que señala que el deceso de la pariente de los demandantes se produjo por circunstancias intrínsecas de la paciente, y no por las labores clínicas desplegadas —u omitidas— por los profesionales de la salud que atendieron el caso.

16.1. En varias oportunidades la Sección Tercera del Consejo de Estado ha considerado que cuando una madre en gestación vive un embarazo normal, en buenas condiciones de salud y, no obstante, el parto culmina con resultados adversos a la salud de la paciente o al producto de su embarazo, tal es una situación indicativa de que no fue adecuado el tratamiento por parte del centro médico al momento del parto, y de que las consecuencias para la salud de la paciente se derivaron de fallas en la prestación del servicio médico asistencial:

“En síntesis, bajo el cobijo de la tesis que actualmente orienta la posición de la Sala en torno a la deducción de responsabilidad de las entidades estatales frente a los daños sufridos en el acto obstétrico, a la víctima del daño que pretende la reparación le corresponde la demostración de la falla que acusa en la atención y de que tal falla fue la causa del daño por el cual reclama indemnización, es decir, debe probar: (i) el daño, (ii) la falla en el acto obstétrico y (iii) el nexo causal. La demostración de esos elementos puede lograrse mediante cualquier medio probatorio, siendo el indicio la prueba por excelencia en estos casos ante la falta de una prueba directa de la responsabilidad, dadas las especiales condiciones en que se encuentra el paciente frente a quienes realizan los actos médicos, y se reitera, la presencia de un daño en el momento del parto cuando el embarazo se ha desarrollado en condiciones normales, se constituye en un indicio de la presencia de una falla en el acto obstétrico, así como de la relación causal entre el acto y el daño.

No se trata entonces de invertir automáticamente la carga de la prueba para dejarla a la entidad hospitalaria de la cual se demanda la responsabilidad. En otras palabras, no le basta al actor presentar su demanda afirmando la falla y su relación causal con el daño, para que automáticamente se ubique en el ente hospitalario demandado, la carga de la prueba de una actuación rodeada de diligencia y cuidado. No, a la entidad le corresponderá contraprobar en contra de lo demostrado por el actor a través de la prueba indiciaria, esto es, la existencia de una falla en el acto obstétrico y la relación causal con el daño que se produjo en el mismo, demostración que se insiste puede lograrse a través de cualquier medio probatorio, incluidos los indicios edificados sobre la demostración, a cargo del actor, de que el embarazo tuvo un desarrollo normal y no aguardaba complicación alguna para el alumbramiento, prueba que lleva lógicamente a concluir que si en el momento del parto se presentó un daño, ello se debió a una falla en la atención médica.

(...).

Los hechos probados llevan a la Sala a concluir la falla en el servicio médico y la relación causal entre esta y la muerte del feto, la cual se produjo por no haber practicado la cesárea a la paciente en el momento en el cual sufrió la hemorragia, como consecuencia del desprendimiento de la placenta, lo cual ocasionó que el niño se ahogara. Lo que hizo la entidad hospitalaria fue esperar la llegada del médico tratante. Ese hecho aparece acreditado en el expediente con la historia clínica y los informes presentados por el médico y la enfermera que atendieron a la paciente en la Clínica del Bosque Ltda.(35).

16.2. A contrario sensu, si las condiciones del embarazo han sido complicadas a lo largo de su desarrollo, y si al momento del parto se presentan situaciones —no imputables al personal médico— que puedan poner en riesgo la salud de la madre gestante y del nonato que lleva en el vientre, es posible que, aún frente a una atención médica adecuadamente prestada, el tratamiento médico no culmine con los resultados normales que se esperan, situación que por sí sola no puede generar responsabilidad a cargo de la entidad prestadora del servicio médico asistencial, a menos de que se demuestre que ocurrió una falla en la prestación del servicio, y que esta fue la causa de los quebrantos en la salud padecidos por la paciente materna.

16.3. En el caso concreto, en el cual se demostró que la madre gestante fue remitida al Hospital “San Rafael” de Villavicencio con síntomas de parto prematuro y con un cuadro clínico de sangrado y flujo vaginal de 6 días de evolución, en el que además se evidenció que la señora Nidian Cruz Ausique acudió en repetidas ocasiones al centro médico de Pasca (Cundinamarca) para controles prenatales, en los que refirió que padecía dolores abdominales —epigastralgia— y flujo vaginal, y en los que además se elucidó que se trataba de una madre gestante de 37 años de edad con antecedentes de placenta previa y a la que se le había practicado una cesárea anterior; en modo alguno puede considerarse que la fallecida acudió al hospital demandado en condiciones normales de embarazo, y por lo tanto era posible que se presentaran complicaciones en el parto “pretérmino” inducido por cesárea el 14 de abril de 1998, no atribuibles a error alguno cometido por los médicos tratantes.

16.4. Igualmente, la Sala observa que las complicaciones padecidas durante el embarazo, y al momento del parto, por la señora Nidian Cruz Ausique, constituyen una causa probable de los quebrantos de salud que la paciente padeció al momento de la cesárea que le fuera practicada por el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá, causa que surge de las condiciones de salud intrínsecas a la paciente que estaba siendo atendida y que, por tal razón, no le es imputable —desde un punto de vista fáctico— a la parte accionada.

16.5. De otra parte, en lo que tiene que ver con el hecho de que no se hubiera realizado un estudio de necropsia al cadáver de la señora Nidian Cruz Ausique, la Sala considera que, si bien esa situación puede implicar un indicio en contra del hospital demandado, dicho medio de convicción queda desvirtuado cuando se estudian las demás pruebas arrimadas al proceso, que demuestran que la muerte de la familiar de los demandantes ocurrió como consecuencia de sus complicadas condiciones de salud, las cuales tenían una evolución de varios días antes de que fuera atendida en el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá, y que no pueden ser atribuidas a la actuación desplegada por los médicos adscritos al mencionado centro asistencial. Ahora bien, aunque la ausencia de un estudio de necropsia es una incidencia que denota una falla del servicio por parte del hospital accionado, la misma no tiene nexo de causalidad con la muerte de la paciente y, por tanto, no es posible derivar de allí responsabilidad a cargo de la entidad demandada.

V. Conclusión.

17. En los términos anteriormente expuestos, la Sala encuentra que no está demostrada la ocurrencia de una falla del servicio por parte del Hospital “San Rafael” de Fusagasugá en lo relacionado con la atención médica prestada el 14 de abril de 1998 a Nidian Cruz Ausique, y que, aún cuando el hecho de no haber practicado una necropsia al cadáver de la paciente constituye una falla del servicio por parte del hospital demandado, la misma no tiene la suficiente fuerza indiciaria para imputar responsabilidad a la entidad demandada y, además, es un defecto que no tuvo nexo causal con el daño alegado, que lo es la muerte de la familiar de los demandantes. De lo anterior se sigue que deberá confirmarse íntegramente la providencia de primera instancia.

VI. Costas

18. El artículo 55 de la Ley 446 de 1998 establece que se condenará en costas a la parte que hubiere actuado en forma temeraria. En el presente caso la Sala no observa comportamiento temerario en las actuaciones procesales de los intervinientes dentro del proceso, razón por la cual no se condenará en costas.

19. En mérito de lo expuesto, la Sección Tercera -Subsección “B”- de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley

FALLA:

1. CONFÍRMASE en su totalidad la sentencia apelada, esto es la proferida el 27 de septiembre de 2001 por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, Sección Tercera —Subsección “A”—, por las razones vertidas en el presente proveído.

2. Sin condena en costas.

3. Ejecutoriada la presente sentencia, DEVUÉLVASE el expediente al tribunal de primera instancia para lo de su cargo.

Cópiese, notifíquese y cúmplase».

(6) En la demanda se estima la cuantía de la mayor pretensión, por concepto de perjuicios morales, en una suma equivalente a 2 000 gramos de oro fino para cada uno de los demandantes, que al inicio del presente trámite tenían un valor de $ 30 356 860. Por estar vigente al momento de la interposición del recurso de apelación que motiva esta instancia, se aplica en este punto el numeral 10 del artículo 2º del Decreto 597 de 1988 “por el cual se suprime el recurso extraordinario de anulación, se amplía el de apelación y se dictan otras disposiciones”, que modificaba el artículo 132 del Código Contencioso Administrativo, y que disponía que la cuantía necesaria para que un proceso iniciado en 1998 fuera de doble instancia, debía ser superior a $ 18 850 000.

(7) Registro civil de nacimiento visible a folio 4 del cuaderno único de pruebas.

(8) Nacida el 25 de noviembre de 1987 (registro civil visible a fl. 5 cuaderno de pruebas).

(9) Quien nació el 14 de abril de 1998, según registro civil observable a folio 8 del cuaderno de pruebas, en el que además consta que el padre declarado de la mencionada menor es el señor Pedro Higinio Pérez Cruz.

(10) Testimonio del señor Flavio Piñeros (fls. 133 y ss., se cita el fl. 139), quien era amigo de la familia de la occisa. Lo dicho en el aparte transcrito fue confirmado por la testigo Fanny Pérez Cruz, quien era tía -por la línea paterna- de la señora Nidian Cruz Ausique, en cuya declaración se manifestó: “Preguntado: Indique al despacho quién es el padre de la menor Nidia Lorena Pérez Cruz. Contestó. El padre de Nidia Lorena Cruz, es Pedro Higinio Pérez Cruz, mi hermano. Preguntado: Indique al despacho para la época del fallecimiento de Nidian Cruz, cómo eran las relaciones con su hermano Pedro Higinio Pérez Cruz. Contestó. Pues la relación era muy buena, él estaba pendiente de ella y le daba dinero para que fuera a tomarse las ecografías y todo yo notaba una relación más como de amigos... Al principio, yo me enteré de ese embarazo hasta el cuarto mes, y yo le pregunte que, qué iba a hacer con ella y él me dijo que por ahora estaba muy mal económicamente pero que después de pronto se organizaban y él estaba muy ilusionado porque era el primer hijo de él...” (fls. 142 y 143 del cdno. de pruebas, negrillas del original).

(11) En el expediente reposa la totalidad de la historia clínica de la señora Nidian Cruz Ausique elaborada por el Hospital “San José” de Fusagasugá entre los años 1974 y 1998 (fls. 193 a 246 del cdno. de pruebas, también folios 21 y siguientes ibídem). Allí se observa que el 22 de octubre de 1987 —9 años antes de los hechos que hoy se discuten— se realizó a la mencionada señora una cesárea para atender una complicación médica que para aquella época presentaba la madre gestante, denominada “placenta previa” (fl. 61).

(12) Así se hace constar en el “Reporte Ecográfico” fechado el 24 de noviembre de 1997, folio 14 cuadernos de pruebas, en donde se dice que la última menstruación de la señora Nidian Cruz Ausique había sido el 8 de septiembre de 1997, aproximadamente.

(13) En el expediente también se observa el documento denominado “hoja de atención prenatal” (fl. 31, cdno. de pruebas), en cuyo aparte de “antecedentes personales” se consigna que la paciente refirió al médico tratante que había sufrido del síndrome de “Stevens-Johnson” cuando tenía 13 años y, preguntada sobre embarazos anteriores, manifestó que en 1987 había tenido un parto por cesárea debido a un problema de placenta previa. Según el documento en mención, la fecha probable del parto sería el 18 de junio de 1998.

(14) En la hoja denominada “consultorio externo” (fls. 63 y 216 del cdno. de pruebas) consta que la paciente fue atendida en consulta médica en el Hospital “San Rafael de Fusagasugá” los días 15 de diciembre de 1997, 5 de enero de 1998, y 2 de febrero y 30 de marzo del mismo año. En el examen realizado el 2 de febrero de 1998 la paciente manifestó tener dolor abdominal y ardor en la vagina. En la consulta del 30 de marzo refirió padecer prurito vaginal. El 14 de febrero de 1998 se realizaron a la señora Nidian Cruz Ausique exámenes de sangre y orina (fl. 65 ib.) en el Hospital “San Rafael” de Fusagasugá.

(15) A folio 197 del cuaderno de pruebas se aprecia la hoja de remisión suscrita por el médico tratante en el centro de salud de Pasca. Allí se dice que la “... paciente asiste a control prenatal, emb. 31 semanas... quien refiere c.c. de 7 días de evolución constante de salida de líquido claro...” y se solicita su valoración urgente por ginecobstetricia. Igualmente se aclara que no se le pudo “canalizar” debido a la ausencia de algún elemento necesario para ese procedimiento.

(16) Así consta en la “hoja de admisión-resumen final” (fl. 210 cdno. de pruebas), y en la “hoja de admisión” (fl. 212 ibídem), en la que se consigna como diagnóstico de ingreso “embarazo normal, especialidad: gineco-obstericia”.

(17) Todo lo relatado se extrae de lo consignado en la hoja de “notas de enfermería” visible a folios 69 y siguientes del cuaderno de pruebas. El documento también reposa a folio 208, y allí se observan las siguientes observaciones: “1 p.m. Recibe paciente en la unidad en regular estado general, en trabajo de parto, contracciones fuertes y seguidas, dilatación 9 cm. Control de SV P.88, TA 12/7m paciente se encuentra en dilatación completa, fue llevada a sala de partos pero no bajó. Le aplicaron droga y no fue posible parto... se toma fetocardia 150x y monitoreo pendiente para posible cesárea, paciente continúa pendiente de cesárea...”.

(18) Según la hoja de “evolución médica”, a las 7:40 p.m. del 14 de abril de 1998 se suscribió la “nota operatoria”, en la que constan los datos de los profesionales de la salud que intervendrían en la cesárea y, además, se consigna el diagnóstico preoperatorio en los siguientes términos: embarazo de 32 semanas, dilatación estacionaria, variedad de presentación transversa, cesárea anterior, trabajo de parto prematuro.

(19) Respecto de las incidencias narradas en este punto consúltese la ya citada hoja de “notas de enfermería” (fl. 69, cdno. de pruebas). De conformidad con registro civil de defunción apreciable a folio 9, la pariente de los demandantes falleció el 14 de abril de 1998, a las 11:45 p.m., y allí se indica como “natural” la causa del deceso.

(20) Así consta en la hoja elaborada por el departamento de anestesiología durante el procedimiento, visible a folio 75 del cuaderno de pruebas. En la misma hoja se consigna un diagrama del control efectuado sobre los signos vitales de la paciente, en donde consta que la falla cardiaca se presentó a las 10:45 p.m. aproximadamente, y que la señora Nidian Cruz Ausique falleció aproximadamente a las 11 p.m.

(21) Así se consignó al respaldo de la hoja manuscrita de “evolución médica” visible a folio 77 del cuaderno de pruebas. Textualmente se dice allí que “dadas las características del desenlace, se solicita necropsia a la paciente, se sospecha embolia de L A.”.

(22) En algunos de los testimonios rendidos dentro del trámite contencioso se afirma que cuando los familiares acudieron al Hospital “San Rafael” de Fusagasugá para reclamar el cadáver de su pariente fallecida, los funcionarios de la clínica les informaron que no podía hacerse entrega del mismo hasta tanto no se llevara a cabo el estudio de necropsia. Así, en el testimonio del señor Flavio Piñeros se narra que “...hablamos con el de la funeraria y me dijo que fuéramos al hospital y yo lo acompañé y con el señor de la funeraria Hernando Moya, y llegamos allá al hospital y en la portería hablé que para sacar los papeles para sacar el cadáver de la señora Nidian y me dijeron que no la entregaban hasta que le hicieran la necropsia...” (fl. 134 del cdno. de pruebas).

(23) Varios testigos declararon haber conocido a la fallecida familiar de los demandantes durante la época de su último embarazo, y afirmaron que las condiciones de salud de la señora Nidian Cruz Ausinque eran “buenas” (ver testimonios de Ana Tulia Cruz Muñoz —fls. 124 y siguientes—, María de Jesús Cristancho de Sánchez —fls. 127 y siguientes— y Fanny Pérez Cruz —fls. 139 y siguientes—). El señor Gregorio Matta Rodríguez, quien laboró como auxiliar de enfermería en el centro de salud de Pasca, declaró que “...la señora cuando llegaba a sus controles se atendía normalmente, no la veíamos como una urgencia, y al último control se remitió al Hospital de Fusa, porque siempre que llega una paciente con dolores se remite para Fusa, entonces, allí fue valorada por el doctor El hizo remisión al hospital de Fusa, pero el en ningún momento pensó que hubiera algún problema para la materna, pero al otro día él se extrañó cuando le contamos que la materna había muerto porque dijo que no había motivo...”.

(24) Los siguientes testimonios son convergentes en la afirmación del hecho recién narrado: María de Jesús Cristancho Sánchez (fls. 127 y ss.), Flavio Piñeros (fls. 133 y ss.) y Fanny Pérez Cruz (fls. 139 y ss.).

(25) Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, sentencia del 11 de noviembre de 2002, C.P. María Elena Giraldo Gómez, Radicación 05001-23-24-000-1993-0288-01(13.818), actor: Ana Lucía Reinosa Castañeda y otros, demandado: Nación (Ministerio de Defensa, DAS, Dirección Nacional de Prisiones del Ministerio de Justicia). En dicha providencia se dijo: “En materia de hijo póstumo la Sala ha reconocido la existencia de daño moral [nota al pie 3 de la providencia en cita: Sentencias proferidas los días: *) 16 de noviembre de 1989. Expediente 5.606. Demandante: Elías Martínez Grijalba. Esta providencia sirvió de base a otras: *) dictadas el 31 de enero de 1997. Expediente 9849. Demandante: Rosalba Vargas y otro y el 13 de septiembre de 2001. Radicación: 12.377. Actor: Blanca Fredil Gaviria y otra] aún cuando la demandante no había nacido para el momento en que falleció su padre...; ha dicho que al momento de la ocurrencia del hecho dañoso aún cuando el actor era nasciturus no se puede desconocer, como lo enseña la vida social y la experiencia humana, que el suceso de muerte del progenitor priva al menor de las condiciones fundamentales de crecimiento, desarrollo personal y sentimental, en tanto carecerá, a lo largo de su vida, de la figura paterna para recibir de él afecto y la dirección necesarios para el normal desenvolvimiento de un ser humano”. La tesis consignada en la sentencia transcrita fue materia de reiteración. Véase: Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Subsección “B”, sentencia del 27 de octubre de 2011, C.P. Ruth Stella Correa Palacio, Radicación 17001-23-31-000-1996-00038-01(20.639), actor: María Esperanza López Ocampo y otros, demandada: Caja de vivienda popular y otros.

(26) Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, sentencia del 15 de agosto de 2002, C.P. Ricardo Hoyos Duque, actor: Benilda Pérez Arrieta y otros, demandado: municipio de San Marcos, Sucre y otros. En la citada sentencia se fijó el siguiente criterio: “No obstante, la Sala aclara en esta oportunidad que en el caso del hijo póstumo si bien es posible que se repare el perjuicio moral, es indudable que el daño que principalmente sufre es la alteración de las condiciones de existencia. En efecto, si el perjuicio moral es el dolor, la aflicción o tristeza producidos por el hecho dañino, es claro que tales sentimientos no fueron experimentados por quien aún no había nacido cuando este se produjo. Lo que en realidad afecta a quien pierde a uno de sus padres antes de nacer el apoyo, el afecto y la compañía que habría recibido este”.

(27) En tiempos anteriores el Consejo de Estado había considerado que, debido a que en la mayoría de los casos los usuarios de los servicios médicos no cuentan con el conocimiento técnico y científico con el que sí cuentan las entidades prestadoras de esos servicios, era equitativo resolver los casos de responsabilidad médica con base en el régimen de falla presunta, posición que fue revaluada a partir de la sentencia del 10 de febrero de 2000. Al respecto puede revisarse: Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, sentencia del 12 de septiembre de 1996, Radicación 9334, C.P. Juan de Dios Montes Hernández, actor: María del Carmen Castillo, demandado: Instituto de Seguros Sociales.

(28) Ver, entre otras las siguientes sentencias de la Sección Tercera del Consejo de Estado: sentencia del 10 de febrero de 2000, Expediente 11878, C.P. Alier Eduardo Hernández Enríquez; sentencia del 31 de agosto de 2006, Expediente 15.238, sentencia del 30 de noviembre del mismo año, Expediente 15201, la proferida en la misma fecha dentro del expediente 25063; y la sentencia del 23 de abril de 2008, Expediente 17750, C.P. Mauricio Fajardo Gómez.

(29) Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 11 de mayo de 2006, Expediente 14400, C.P. Ramiro Saavedra Becerra.

(30) Sentencia de agosto 31 de 2006, Expediente 15772, C.P. Ruth Stella Correa; sentencia de octubre 3 de 2007, Expediente 16.402, C.P. Mauricio Fajardo Gómez; sentencia del 23 de abril de 2008, Expediente 15.750; del 1º de octubre de 2008, expedientes 16843 y 16933; sentencia del 15 de octubre de 2008, Expediente 16270. C.P. Myriam Guerrero de Escobar; sentencia del 28 de enero de 2009, Expediente 16700. C.P. Mauricio Fajardo Gómez; sentencia del 19 de febrero de 2009, Expediente 16080, M.P. Mauricio Fajardo Gómez; sentencia del 18 de febrero de 2010, Expediente 20536, C.P. Mauricio Fajardo Gómez; sentencia del 9 de junio de 2010, Expediente 18.683, C.P. Mauricio Fajardo Gómez.

(31) Sentencia de septiembre 13 de 1991, Expediente 6253, C.P. Carlos Betancur Jaramillo; sentencia del 22 de marzo de 2001, Expediente 13166, C.P. Ricardo Hoyos Duque; sentencia del 14 de junio de 2001, Expediente 11.901; sentencia de octubre 3 de 2007, Expediente 12270, C.P. Mauricio Fajardo Gómez; sentencia de marzo 26 de 2008, Expediente 16085, C.P. Ruth Stella Correa; sentencia de 4 de junio de 2008, Expediente 16646, C.P. Ramiro Saavedra Becerra.

(32) Sección Tercera, sentencia del 25 de febrero de 2009, C.P. Ruth Stella Correa Palacio, Radicación 52001233100019950793301, Expediente 17149, actor: Fair Benjamín Calvache y otros.

(33) En este sentido puede consultarse de la Sección Tercera, la sentencia del 11 de febrero de 2009, C.P. Ramiro Saavedra Becerra, Radicación 54001-23-31-000-1993-08025-01(14726), actor: Domingo Antonio Bermúdez y otros, demandado: Caja Nacional de Previsión Social.

(34) Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Subsección “B”, sentencia del 19 de septiembre de 2011, C.P. Danilo Rojas Betancourth, Radicación 44001-23-31-000-1999-0642-01, Expediente 21.350, actor: Mauricio Monroy Durán y Marleny Cecilia Povea Redondo, demandado: Hospital “Nuestra Señora de los Remedios”. También en la doctrina se ha establecido la posibilidad de derivar consecuencias probatorias al hecho de que las instituciones médicas, y los médicos tratantes, no diligencien adecuadamente los documentos en los que se consignan los datos de evolución de los pacientes: “El hecho de no efectuar la anotación respectiva podría entenderse como una simple omisión, que podría derivar acciones de carácter disciplinario, cuando se trata de profesionales de la salud que actúan como servidores públicos, al servicio de entidades del Estado; empero, esta circunstancia posteriormente puede ser utilizada como un indicio en su contra...”. Chacón Pinzón, Antonio José, “Fundamentos de Responsabilidad Médica”, Bogotá (2003), página 156.

(35) Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, sentencia del 26 de marzo de 2008, C.P. Ruth Stella Correa Palacio, Radicación 25000-23-26-000-1993-09477-01(16085), actor: Elvira Caballero Corredor, demandado: Caprecom. Tratábase dicho caso de una mujer en embarazo que acudió a la Clínica del Bosque habiendo empezado trabajo de parto aproximadamente a las 10:15 p.m. Como el feto que llevaba en el vientre presentaba indebida posición para el alumbramiento, entonces se recomendó la realización de una cesárea para la atención del parto, procedimiento que no pudo realizarse inmediatamente pues en el momento el hospital no contaba con médico ginecobstetra. Cuando finalmente pudo practicarse el procedimiento quirúrgico, aproximadamente a la 1 a.m. del día siguiente, el feto ya había muerto dentro del vientre de la madre como consecuencia de ahogamiento. La tesis jurisprudencial citada fue reiterada en la sentencia del 7 de abril de 2011, C.P. Ruth Stella Correa Palacio, Radicación 17001-23-31-000-1995-02036-01(19801), actor: Alberto Jaramillo Cuartas y otros, demandado: Nación-Ministerio de Salud y otros.