Sentencia 1999-00155 de julio 9 de 2014

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCION TERCERA - SUBSECCION A

Rad. 76001-23-31-000-1999-00155-01(30590)

Consejero ponente:

Dr. Carlos Alberto Zambrano Barrera

Actor: José María Páez Valderrama Y otros

Demandado: Departamento del Valle del Cauca

Referencia: Acción de reparación directa

Bogotá D.C., nueve de julio de dos mil catorce.

EXTRACTOS: «V. Consideraciones

Competencia

Las normas de asignación de competencia que rigen la actuación se encuentran previstas en el Decreto 597 de 1988 y de allí que, para que el asunto pueda ser tramitado en segunda instancia, la cuantía del proceso debe exceder de $18.850.000. Como quiera que la pretensión de mayor valor formulada en la demanda corresponde a la suma aproximada de $58.608.880(1), solicitada por lucro cesante, esta corporación es competente para conocer del recurso interpuesto.

Consideración previa

Con la demanda fueron aportadas 3 fotografías(2), con las cuales se pretende mostrar el lugar en el que ocurrió el accidente en el que perdió la vida el joven José Gabriel Páez Girón; sin embargo, como quiera que aquéllas registran unas imágenes que no fueron reconocidas o ratificadas dentro de este proceso y no existe certeza de que correspondan al sitio donde ocurrieron los hechos objeto del litigio, la Sala no les dará valor probatorio.

El caso concreto

1. El joven José Gabriel Páez Girón falleció el 11 de febrero de 1997, en Cali, por “hipertensión endocraneario”, según el registro civil de defunción 2362972(3) expedido por el registrador municipal de esa localidad, que obra en copia auténtica. En el certificado de necropsia C-97-365, suscrito por la coordinadora de patología del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, regional sur, consta que las causas de la muerte fueron: hipertensión endocraneana, hematoma epidural y subdural, trauma craneoencefálico en accidente de tránsito - caída en bicicleta y trauma cerrado de abdomen.

2. Verificada la existencia del daño, abordará la Sala el análisis tendiente a establecer si este es imputable o no a la demandada.

En principio, debe tenerse en cuenta que, en efecto, la vía Dapa - Yumbo, en la que ocurrió el accidente por el que aquí se demanda, es departamental, de conformidad con el oficio del 27 de agosto de 1997(4), suscrito por el secretario de obras públicas del Valle del Cauca.

Ahora bien, sobre las circunstancias de ocurrencia de los hechos, únicamente obran los testimonios de las personas que acompañaban al joven José Gabriel Páez Girón en el desplazamiento que del corregimiento de Dapa hacían hacia Cali, como a continuación se relaciona.

Juan Carlos Narváez Cadavid, amigo de la víctima, en testimonio rendido ante el Tribunal, el 20 de junio de 2000, dijo sobre el particular:

“El día 9 de febrero nos fuimos para Dapa en las bicicleta (sic), de regreso fue que la policía nos paró, nos decomisó las bicicletas y nos dijo que les lleváramos los papeles de las bicicletas el día lunes. (sic) como el día lunes José Gabriel estudiaba por la mañan (sic) entonces no podía, lo dejamos para por la tarde, fuímos (sic) llevamos los papeles y nos entregaron las bicicletas, de regreso que eran como las cinco eis (sic) de la tarde más o menos ... salimos de allá y en el camino haciamos (sic) paradas a ver como (sic) ibamos (sic) todos y la carretera no tenía señalización de nada, ibamos (sic) cuatro amigos es decir Jaime Ramírez, Héctor Rodríguez y Gabriel y José Gabriel, yo no me dí cuenta de lo que había pasado porque estaba anocheciendo, cuando yo llegué a cierta parte y paré y ví (sic) que no venía nadie atrás sino hasta el momento en que bajó el papá y nos dió (sic) la noticia de que Gabriel se había accidentado... El nos avisó que el (sic) paró en la carretera donde nosotros esábamos (sic) y nos dijo que nos fueramos (sic) para la casa que él se iba con José Gabriel para el Seguro Social, dijo que se había ido a un hueco y no lo habían podido encontrar, no sé dieron (sic) donde (sic) estaba él, no sé que (sic) le pasó porque venía muy adelante, el padre de José Gabriel venía en camioneta y estaba de último. Preguntado. Digale (sic) al despacho como (sic) es la carretera por la cual se desplazaban de Dapa hacia esta ciudad. Contesto. La carretera es sumamente es (sic) peligrosa en el sentido de las curvas y no tiene señalización de nada, no tiene avisos en el costado ni la carretera tiene rayas ni nada, eso es bastante empinado, la carretera es agosta (sic) y las curvas son muy cerradas. Ese día estaba normal el clima”(5).

Jaime Alberto Ramírez Cardona, también amigo de la víctima, en testimonio rendido ante el Tribunal, el 20 de junio de 2000, dijo:

“... ese día veníamos bajando de Dapa porque la policía nos había quitado las bicicletas pro (sic) falta de lso (sic) docuemtos (sic), ibamos (sic) bajando tipo cinco o seis de la tarde venía con Juan Carlos adelante, y Gabrile (sic) Páez venía de tercero y el primo de él venía de cuarto, nosotros no nos dimos cuenta del accidente él como que se fue a la alcantarilla, eso no tenía nada de señalización y el hueco estaba sin tapa sino que había crecido el pasto por los lados y no se veía. El que lo recogió fue el papá y el primo... Preguntado. Sírvase informarle al despacho cómo el padre de José Gabriel Páez les informó a ustedes sobre el accidente que había sufrido su hijo. Contesto. Él nos avisó, el (sic) iba en camioneta llevaba al hijo en la parte de atrás de la camioneta y nos dijo que se había accidentado, y nos dijo que él iba bajando y se fue al hueco porque no tenía tapa y además estaba oscuro. Preguntado. En el trayecto que usted recorrió con sus amigos ese día pudo observar se hueco en la carretera. Contesto. No, no tenía señalización y además había crecido malesa (sic) por los lados y como que lo tapaba. Preguntado. Sirvase (sic) hacerle al despacho una descripción de la carretera por la cual ustedes se desplazaban del corregimiento de Dapa hacia la cuidad de Cali. Contesto. La carretera es en bajada y por lo que pude ver de ese hueco queda en toda la curva, no tiene nada de señalización, el hueco está en curva y en bajada, es pronunciada la pendiente, la carretera es angosta, no tenía iluminación, no tenía demarcadas líneas, muchas curvas seguidas son pronunciadas ... el que iba a la cabeza era Juan Carlos, de segundo puesto era yo, el (sic) tercero iba José Gabriel Páez y el cuarto era Héctor Rodríguez, ibamos (sic) en estado normal, bien, el papá de José Gabriel iba atrás en la camioneta... Nosotrso (sic) frecuentábamos Dapa cada quince o veinte días, eramos (sic) las cuatro personas que mencioné y a veces otros amigos”(6).

Héctor Enrique Rodríguez Páez, primo de la víctima, en testimonio rendido ante el Tribunal, el 21 de junio de 2000, dijo:

“... nos fuimos con mi tío José María Paez (sic) en la camioneta Jaime, Gabriel, Juan Carlos y yo, subimos allá y llevamos los papeles, decidimos bajar montados en bicicleta mientras mi tío iba atrás en la camioneta, Juan Carlos y Jaime iban adelante, Gabriel y yo ibamos (sic) atrás de ellos ibamos (sic) casi iguales de pronto él se me adelantó, cuando de un momento a otro en una curva ví la bicicleta tirada en la parte izquierda de la carretera, yo inmediatamente paré y pensé que el (sic) se había bajado de la bicicleta de pronto a orinar o algo, yo empecé a llamarlo hacia la parte del abismo y lo llamaba y al ver que no contestaba, no sabía que (sic) hacer en ese moneto (sic) sino esperar a que mi tío llegara, esperé como unos diez o quince minutos que fue cuando llegó mi tio (sic), le dije a mi tio (sic) que la bicicleta estaba tirada, mi tio (sic) se bajó todo angustiado y empezamos a llamarlo y a buscarlo, mi tio (sic) tenái (sic) un laso en la camioneta y él decidió amarrarselo (sic) a la cintura y junto con otra persona que él había recogido más arriba sostuvimos el laso mientras el (sic) bajaba a buscarlo al abismo, buscamos por unos veinte minutos recorriendo una gran parte y no lo encontramos, entonces la persona que venía con nosotros nos dijo que bajaramos (sic) hasta Cali y avisaramos (sic) a los bomberos o Defensa Civil, ya estaba muy oscuro eran como las seis ya no se veía nada, nosotros decidimos buscarlo hacia el otro extremo de la carretera que queda el peñasco, empezamos a bajar mirándolo y de pronto vimos un hueco de la alcantarilla y lo alcanzamos a ver adentro, yo inmediatamente me lancé al hueco lo cogí por los brazos y lo saqué y mi tio (sic) lo recibió arriba, de ahí lo subimos a la camioneta y no (sic) dirigimos hacia Cali al Seguro Social y en el Seguro llegamos a urgencia (sic) y ahí lo atendieron, le alcanzaron a hacer una operación en la cabeza porque todos los golpes eran en la cabeza, eso fue durante la noche, al otro día como a las nueve de la mañana llamaron a la casa y dijeron que ya había muerto... La carretera desde su inicio en Dapa hasta el final tiene muchas curvas, no recuerdo haber visto algún tipo de señalización que indique curvas o algo, a la parte izquierda bajando hay un abismo, y la parte derecha si (sic) es peña, el hueco que había ahí no tenía ningún tipo de señal que le indique a la gente que existe un hueco, no tenía tapa completamente descubierto. La carretera es angosta, nosotros veníamos bajando, no recuerdo si habían líneas de demarcación, ese día estaba normal el clima... El hueco quedaba a mano derecha dando una curva, tenía más o menos metro ochenta de profundidad y el ancho no lo podría definir, a su alrededor había como malesa (sic), montones de hierba y montones de tierra, en su interior se encontraba (sic) piedras, basura, teniá (sic) mucha basura como hierba. El hueco estaba más o menos a unos 50 centimetros (sic) de donde termina el asfalto es decir casi pegado a la peña, era ancho porque alcancé a entrar, es decir casi un metro por un metro, no había ninguna señalización”(7).

Los anteriores testimonios muestran, entonces, que los jóvenes decidieron bajar en bicicleta por la vía que del corregimiento de Dapa conduce a Cali y que el padre de José Gabriel iba detrás de ellos conduciendo una camioneta; así mismo, que Juan Carlos y Jaime iban adelante, mientras que José Gabriel y Héctor Enrique iban detrás de ellos y que, en algún momento, José Gabriel se le adelantó a su primo y luego este último vio la bicicleta de José Gabriel tirada en la carretera, sin saber qué había pasado.

Eran como las 5 o 6 de la tarde, estaba anocheciendo, luego de que el padre y el primo lo buscaron por un rato se dieron cuenta que estaba dentro de un hueco de alcantarilla que se encontraba al lado derecho de la carretera, más o menos a 50 centímetros de donde termina el asfalto, casi pegado a la peña, el cual tenía más o menos 1.80 metros profundidad y 1 metro de ancho, alrededor del mismo había maleza, hierba y tierra, en su interior habían piedras y basura y no tenía ninguna tapa, ni aviso que lo señalizara.

Coinciden al afirmar que la carretera era peligrosa, angosta, que tenía muchas curvas, que no tenía señalización ni iluminación y que las condiciones del clima eran normales, no obstante lo cual ninguno de ellos presenció el accidente, es más, Juan Carlos y Jaime se dieron cuenta del mismo cuando ya bajaban con el herido en la camioneta.

Uno de ellos mencionó que los 4 amigos que se encontraban haciendo ese recorrido (incluida la víctima) transitaban por esa vía con cierta frecuencia, cada 15 o 20 días, lo que quiere decir que conocían la vía y, desde luego, su peligrosidad, su falta de señalización y de iluminación y, aun así, decidieron recorrerla al final de la tarde, cuando anochecía y la visibilidad era reducida.

Sumado a lo anterior, el primo de la víctima, quien lo encontró en el hueco, afirmó que este se encontraba a 50 cm aproximadamente de donde terminaba el asfalto, es decir, que el hueco se encontraba por fuera de la vía, casi pegado a la peña, lo que bien puede indicar que la víctima transitaba en su bicicleta por fuera de la vía.

Conforme a lo anterior, estima la Sala que, si bien no se conocen las circunstancias exactas de la ocurrencia del accidente en el que falleció José Gabriel Páez Girón, las pruebas apuntan a que se produjo por su propia culpa, al transitar en bicicleta por esa vía, a sabiendas de la alta peligrosidad de la misma (sin señalización y sin iluminación), cuando oscurecía y, por supuesto, la visibilidad se dificultaba, sumado a que se desplazaba por fuera de la calzada destinada para su tránsito.

Adicionalmente, y como si lo expuesto hasta aquí fuera poco, se advierte que, en efecto, el Decreto 1809 de 1990, por el cual se introdujeron reformas al Código Nacional de Tránsito Terrestre (Decreto-Ley 1344 del 4 de agosto de 1970), vigente al momento de los hechos, disponía:

“ART. 2º—Para la interpretación y aplicación del presente código, se tendrán en cuenta las siguientes definiciones:

“Acera o andén. Parte de la vía destinada exclusivamente al tránsito de peatones.

“(...)

“Berma. Parte exterior de la vía, destinada al soporte lateral de la calzada para el tránsito de peatones, semovientes y ocasionalmente al estacionamiento de vehículos y tránsito de vehículos de emergencia.

“(...)

“Calzada. Zona de la vía normalmente destinada a la circulación de vehículos.

“(...)

“ART. 53.—Los vehículos no automotores que circulen en horas nocturnas, deberán llevar dispositivos en la parte delantera que proyecten luz blanca y en la parte trasera que reflecten luz roja.

“ART. 130.—Los vehículos transitarán en la siguiente forma:

“(...)

“PAR.—Las bicicletas, motocicletas, motociclos, mototriciclos y vehículos de tracción animal e impulsión humana, transitarán de acuerdo con las reglas que en cada caso dicte la autoridad municipal de tránsito. En todo caso estará prohibido transitar por los andenes.

“ART. 156.—Los ciclistas y motociclistas estarán sujetos a las siguientes normas:

“1. Transitar por la derecha de las vías, a distancia no mayor de un metro de la acera u orilla y procurarán no utilizar las vías de los buses y busetas.

“(...)

“4. No podrán transitar sobre las aceras, lugares destinados al tránsito de peatones y por aquellas vías en donde las autoridades competentes lo prohíban”.

De todo lo anterior se concluye que, como José Gabriel Páez Girón transitaba por fuera de la calzada en la vía que de Dapa conduce a Cali (llámese acera o berma), infringió con ello las normas del Código Nacional de Tránsito antes transcritas, pues las bicicletas tienen prohibido transitar por aceras o andenes y bermas y si bien están obligados a transitar por la derecha de las vías, a distancia no mayor de un metro de la acera u orilla, tienen que hacerlo por la calzada, con sujeción a lo que al respecto dispone el artículo 156 de ese estatuto; además, no se acreditó que la víctima cumpliera con la obligación que le imponía el artículo 53 del referido código para transitar en horas de la noche, consistente en llevar dispositivos en la parte delantera que proyectaran luz blanca y en la parte trasera que reflejaran luz roja, pues, de haberlo hecho, la luz delantera le hubiera permitido visualizar el hueco y, por qué no, hacer alguna maniobra para esquivarlo.

En suma, estos comportamientos imprudentes no tuvieron en cuenta los riesgos que de los mismos se desprendían, los cuales, sin lugar a dudas, contribuyeron de manera determinante a la producción del hecho dañoso que se debate en el presente asunto.

En este estado de cosas, el acervo probatorio da cuenta de que, si bien se acreditó que la vía no tenía señalización ni iluminación y que el hueco al que cayó la víctima no tenía tapa (circunstancias que no permiten liberar de responsabilidad a la entidad demandada por los hechos que se le imputan), estas no fueron las únicas causas determinantes del accidente, puesto que —se insiste— fueron los comportamientos de la propia víctima los que condujeron en mayor medida a la producción del daño, ya que este último, quien ya conocía la vía, puesto que la recorría con cierta frecuencia, se encontraba por fuera de la calzada por la que debía transitar, incumpliendo las normas de tránsito vigentes al momento de los hechos.

Entonces, lo que aquí se configuró fue una concurrencia de culpas, entendida esta como la omisión de una obligación de la administración, consistente en mantener en buen estado de funcionamiento, señalización e iluminación sus vías, sumada a la conducta imprudente y negligente de la víctima que, en mayor medida, contribuyó para causar o producir el hecho dañoso.

En consecuencia, habrá lugar a revocar la sentencia de primera instancia para, en su lugar, declarar la responsabilidad del departamento del Valle del Cauca por la muerte del joven José Gabriel Páez Girón, pero, únicamente en un 20%.

Liquidación de perjuicios

Perjuicios morales

Por la muerte del joven José Gabriel Páez Girón, concurrieron al proceso José María Páez Valderrama (en calidad de padre), Martina Eleonor Girón de Páez (en calidad de madre) y Ana María Páez Girón (en calidad de hermana), calidades que fueron acreditadas debidamente(8).

Pues bien, según la jurisprudencia de la Sala, en los eventos en los que una persona fallece y esta muerte es imputable al Estado, ello puede desencadenar la indemnización de perjuicios morales.

Respecto de la cuantía de la indemnización de este perjuicio inmaterial debe recordarse que, de conformidad con lo expresado en sentencia del 6 de septiembre de 2001, esta Sala ha abandonado el criterio según el cual se estimaba procedente la aplicación analógica del artículo 106 del Código Penal de 1980, para establecer el valor de la condena por concepto de perjuicios morales; se ha considerado, en efecto, que la valoración de dicho perjuicio debe ser hecha por el juzgador, en cada caso, según su prudente juicio y se ha sugerido la imposición de condenas por la suma de dinero equivalente a 100 salarios mínimos legales mensuales, en los eventos en que aquél se presente en su mayor grado de intensidad(9).

En ese orden de ideas y dada la concurrencia de culpas, se condenará al departamento del Valle del Cauca a pagar a los familiares del joven José Gabriel Páez Girón, por concepto de perjuicios morales, las siguientes sumas:

José María Páez Valderrama (padre) 20 smlmv.

Martina Eleonor Girón de Páez (madre) 20 smlmv.

Ana María Páez Girón (hermana) 10 smlmv.

Perjuicios materiales

Daño emergente

Por este concepto solicitaron $664.000 a favor del padre, por los gastos funerarios en los que incurrió. Para soportar esta solicitud, aportaron con la demanda dos facturas de venta: una, de Jardines de la Aurora S.A, por valor de $89.000 y, otra, de Funerales los Olivos, por valor de $575.000, del 11 y 12 de febrero de 1997, respectivamente.

Entonces, dada la concurrencia de culpas, el 20% de este valor es $132.800, que se actualizará del momento de los hechos (febrero de 1997) a la fecha de esta sentencia, esto es, a julio de 2014, así:

pum6
 

Donde Vp: valor presente de la suma a actualizar.

Vh: valor a actualizar ($132.800).

Índice final: índice de precios al consumidor del mes anterior a la fecha de esta sentencia (en este caso se toma el de junio de 2014).

Índice inicial: índice de precios al consumidor, a la fecha de la muerte, esto es, febrero de 1997.

Aplicando la fórmula:

pum1
 

Vp = $389.797,84

Lucro cesante

Al momento de su muerte, el joven Páez Girón tenía 18 años y, por tanto, era una persona en edad productiva y, por lo mismo, con capacidad de ejercer una actividad laboral que le permitiera recibir por lo menos un salario mínimo. Entonces, como no se demostró el valor de sus ingresos, la Sala liquidará el perjuicio material teniendo en cuenta el salario mínimo legal mensual vigente para la época de su muerte (1997), es decir, la suma de $172.005, valor que se actualizará a la fecha de esta sentencia, así:

pum6
 

Donde Vp: valor presente de la suma a actualizar.

Vh: valor a actualizar ($172.005).

Índice final: índice de precios al consumidor del mes anterior a la fecha de esta sentencia (en este caso se toma el de junio de 2014).

Índice inicial: índice de precios al consumidor, a la fecha de la muerte, esto es, febrero de 1997.

Aplicando la fórmula:

pum3
 

Vp = $504.873,32

Como quiera que la actualización arroja un valor inferior al salario mínimo vigente al momento de esta sentencia, esto es, al de 2014, se tendrá este último ($616.000), más el 25% por prestaciones sociales ($154.000), menos el 50% que se supone que la víctima destinaba a su propia subsistencia ($385.000), de suerte que el ingreso base de liquidación serían $385.000, de los cuales solo se concederá el 20% ($77.000), dada la concurrencia de culpas. El valor resultante se dividirá en partes iguales entre sus padres.

El lucro cesante consolidado se calcula desde el momento de la muerte de José Gabriel Páez Girón (febrero de 1997), hasta el momento en que este hubiera cumplido los 25 años (mayo de 2003), momento en el que, según la jurisprudencia, un joven abandona el hogar de sus padres para formar su propia familia, esto es, 75 meses.

Así, pues, la liquidación del lucro cesante para los padres de la víctima se hará con base en la fórmula:

pum4
 

Donde “Ra” es el ingreso mensual actualizado, “i” es una constante y “n” corresponde al número de meses indicado anteriormente (75 meses).

Aplicando la fórmula:

pum5
 

S= $6.949.698,50

Esta suma será dividida en partes iguales para los padres de José Gabriel Páez Girón, esto es, $3.474.849,25 a favor de José María Páez Valderrama y $3’474.849,25 a favor de Martina Eleonor Girón de Páez.

Costas

En consideración a que no se evidencia temeridad, ni mala fe en la actuación procesal de las partes, la Sala se abstiene de condenarlas en costas, de conformidad con lo establecido en el artículo 171 del CCA, modificado por el artículo 55 de la ley 446 de 1998.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, en Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Subsección A, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

FALLA:

Revócase la sentencia del 19 de octubre de 2004, proferida por el Tribunal Administrativo del Valle del Cauca para, en su lugar:

1. Declárase la responsabilidad patrimonial del departamento del Valle del Cauca, por la muerte del joven José Gabriel Páez Girón, ocurrida el 11 de febrero de 1997.

2. En consecuencia, condénase al departamento del Valle del Cauca a pagar, por concepto de perjuicios morales, las siguientes sumas a las personas que se indican a continuación:

José María Páez Valderrama (padre) 20 smlmv.

Martina Eleonor Girón de Páez (madre) 20 smlmv.

Ana María Páez Girón (hermana) 10 smlmv.

3. Condénase al departamento del Valle del Cauca a pagar, por concepto de perjuicios materiales, en la modalidad de daño emergente, trescientos ochenta y nueve mil setecientos noventa y siete pesos con ochenta y cuatro centavos ($389.797,84) a favor del señor José María Páez Valderrama.

4. Condénase al departamento del Valle del Cauca a pagar, por concepto de perjuicios materiales, en la modalidad de lucro cesante, las siguientes sumas a las personas que se indican a continuación:

- Para José María Páez Valderrama, tres millones cuatrocientos setenta y cuatro mil ochocientos cuarenta y nueve pesos con veinticinco centavos ($3.474.849.25).

- Para Martina Eleonor Girón de Páez, tres millones cuatrocientos setenta y cuatro mil ochocientos cuarenta y nueve pesos con veinticinco centavos ($3.474.849.25).

5. Niéganse las demás pretensiones de la demanda.

6. Dése cumplimiento a lo dispuesto por los artículos 176 y 177 del Código Contencioso Administrativo, para lo cual se expedirá copia de la sentencia de segunda instancia, conforme a lo dispuesto en el artículo 115 del Código de Procedimiento Civil. Para tal efecto, el Tribunal de instancia cumplirá los dictados del artículo 362 del Código de Procedimiento Civil.

7. Ejecutoriada esta providencia, devuélvase el expediente al Tribunal de origen.

Cópiese, notifíquese y cúmplase».

(1) Valor resultante de multiplicar el valor del gramo de oro al momento de la interposición de la demanda ($14.652,22) por 4000, de conformidad con las pretensiones de la misma.

(2) Folios 13 a 15 del cuaderno 1.

(3) Folio 11 del cuaderno 1.

(4) Folio 2 del cuaderno 1.

(5) Folios 1 y 2 del cuaderno 2.

(6) Folios 4 y 5 del cuaderno 2.

(7) Folios 7 a 9 del cuaderno 2.

(8) Folios 9 y 10 del cuaderno 1.

(9) Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, sentencia del 6 de septiembre de 2001, Expediente 13.232-15.646, actor: Belén González y otros.