Sentencia 2 de mayo 8 de 1992 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

ACCIONES RELATIVAS A CONTRATOS

FALLECIMIENTO DE UNO DE LOS SUJETOS

EXTRACTOS: «Es cierto que, como lo han dicho jurisprudencia y doctrina, si a la formación de un acto o contrato concurren dos o más sujetos de derecho, la resolución, la disolución, la nulidad, la simulación, o, en general, cualquier alteración o modificación del mismo no podría decretarse eficazmente en un proceso sin que todos esos sujetos hubieran sido convocados a éste.

Sin embargo, ante el fallecimiento de uno de esos sujetos es necesario distinguir dos situaciones, que tienen, por supuesto, como común denominador la ocupación por parte de los herederos del lugar que aquel sujeto tenía en la convención.

iii. 1. Así, si la acción la instaura otro de los sujetos de la relación en frente de esos herederos, entre estos se configura un litisconsorcio de carácter necesario. De ahí que la Corte, en una de las sentencias citadas por el ad quem —más con un equivocado entendimiento de la misma— hubiese dicho, reiterando invariable doctrina al respecto, que

“(...) si fallece una de las partes que intervino en el contrato, para que el proceso en que se ventile una de tales pretensiones pueda culminar con una decisión de fondo, será indispensable que a él se vinculen todos los signatarios a título universal del contratante muerto, o sea sus herederos. Como estos, en el caso de ser demandados son litisconsortes necesarios, la ausencia de uno de ellos hace imposible un pronunciamiento de fondo sobre el litigio en que se controvierta la convención celebrada por el causante (...)”. (Cas. Civil sep. 29/84) (*) .

(*) Publicada en J. y D., tomo XIII, pág. 924 (N. del D.).

iii. 2. Mas si la acción es incoada por los herederos, en su calidad de tales, es decir, iure hereditario, aunque reemplacen a la parte a cuyo nombre actúen, ya el litisconsorcio no será necesario. Es decir, ya no será indispensable que, por activa, concurran todos al proceso. A este respecto, también ha dicho la Corte:

“La muerte de una persona da origen a que sobre los bienes que integran el patrimonio herencial se forme una comunidad universal, en virtud de la cual todos los herederos son titulares del derecho de herencia en todos y cada uno de los bienes que forman dicha universalidad y por una cuota equivalente a su respectivo derecho. En razón de la titularidad per universitatem que tienen todos los herederos en la masa hereditaria, ellos forman un consorcio pasivo y necesario para responder de las acciones que tiendan a sustraer bienes que pertenecen al patrimonio sucesoral. En cambio, por activa, cada heredero, en razón de suceder al causante en todos sus derechos y obligaciones transmisibles (C.C., art. 1008), y de la representación del causante en tales derechos y obligaciones (art. 1155 ibíd.), puede demandar para todos los herederos a los cuales aprovecha lo favorable de la decisión, y perjudicará solamente al demandante lo desfavorable de ella” (CXVI, pág. 123).

El aparte que se deja destacado merece un corolario: un heredero que ha demandado puede fracasar en sus pretensiones. Como tal decisión sólo a él perjudica, los restantes, o cualquiera de ellos, siempre podrían introducir nueva demanda y alcanzar, obviamente, una decisión favorable que redundará en beneficio de todos.

iv. En el anterior orden de ideas, en la especie de esta litis no resultaba indispensable que al proceso concurrieran a demandar la simulación todos los herederos del señor Luciano Pabón Campiño. Cualquiera de ellos contaba con la legitimación suficiente para hacerlo y, de hecho, eso fue lo que sucedió.

Tampoco era pertinente que se demandase a los herederos no demandantes porque, dentro del proceso, la posición del causante —sujeto de las relaciones contractuales tildadas de simuladas—, ya había sido asumida cabalmente por quien ejercitó la acción respectiva para su sucesión.

v. Pero viendo las cosas con mayor aproximación, es posible —como en este caso es palpable— que en ciertas personas milite la doble calidad de herederos de uno de los sujetos de la relación y de sujetos de la misma.

En frente de una situación de tal naturaleza, se hace necesario desdoblar esas dos condiciones para que las referidas personas se citen al proceso, no como herederas —calidad esta que ya ostenta quien ha promovido la demanda—, sino como partícipes (en primera línea) del negocio cuya declaratoria de simulación (o de nulidad, etc.) se pide. De otro modo, se caería en un insuperable círculo vicioso porque al sostener que esos herederos y contratantes tienen que ser convocados bajo la primera condición, se estaría dando a comprender que (como continuadores de la personalidad del de cujus) se tienen que demandar a sí mismos. Pero ahí no pararía la aberración, puesto que al demandárseles en tal calidad, aparecerían, cuando menos, preteridos como el otro término de la relación jurídica judicialmente puesta en tela de juicio. Es decir, lo que en realidad les imprime su legitimación en la causa por pasiva quedaría subsumido o desdibujado por un aspecto o distintivo que, para la finalidad propia del debate, esencialmente no les corresponde: cuando un heredero asume la condición de demandante para la herencia, no es forzoso convocar a los coherederos en esta calidad para que figuren como sujetos pasivos de la pretensión. Todo, sin perjuicio de que tales coherederos, motu proprio puedan intervenir para adyuvar a cualquiera de las partes».

(Sentencia de mayo 8 de 1992. Magistrado Ponente: Dr. Héctor Marín Naranjo).

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