Sentencia 2000-00793 de julio 10 de 2013

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA - SUBSECCIÓN A

Rad.: 730012331000200000793 - 01 (27764)

Consejero Ponente:

Dr. Mauricio Fajardo Gómez

Demandante: Luis Ernesto Patiño Nivia y otros

Demandado: La Nación - Ministerio de Defensa - Ejército Nacional

Asunto: Apelación sentencia de reparación directa

Bogotá, D.C., julio diez de dos mil trece.

EXTRACTOS: «II. Consideraciones

1. Competencia del Consejo de Estado.

El Consejo de Estado es competente para conocer del asunto de la referencia, comoquiera que se trata del recurso de apelación presentado contra la sentencia proferida en primera instancia(1) por el Tribunal Administrativo del Tolima.

2. Prelación de fallo(2). 

En la actualidad la Subsección A de la Sección Tercera del Consejo de Estado tiene a su conocimiento procesos que entraron para dictar fallo definitivo con anterioridad al presente asunto, situación que en los términos del artículo 18 de la Ley 446 de 1998 exigiría su decisión en atención al orden cronológico respecto del cual pasaron los expedientes al despacho del correspondiente magistrado ponente.

No obstante, la Ley 1285 de 2009, en el artículo 16,(3) permite decidir sin sujeción al orden cronológico de turno, los procesos en relación con los cuales para su decisión definitiva “entrañe solo la reiteración de jurisprudencia”.

En el presente caso se encuentra que el tema objeto de debate dice relación con la muerte del señor Jamer Patiño Carvajal mientras se encontraba prestando el servicio militar obligatorio.

Respecto del tema antes referido, la Sección Tercera del Consejo de Estado ha tenido la oportunidad de pronunciarse en muchas ocasiones, en relación con lo cual ha fijado una jurisprudencia consolidada y reiterada, motivo por el cual, con fundamento en el artículo 16 de la Ley 1285, la Subsección se encuentra habilitada para resolver el presente asunto de manera anticipada(4).

Así las cosas, dado que en relación con los hechos materia del presente asunto existe una jurisprudencia consolidada y reiterada de esta corporación, la Subsección procederá a decidir este proceso de manera anticipada con el fin de reiterar su jurisprudencia.

3. Caducidad de la acción.

Se encuentra que la demanda se presentó dentro los dos años siguientes al hecho que habría dado origen a la presunta responsabilidad del ente demandado, dado que las circunstancias fácticas alegadas en la demanda ocurrieron el 27 de marzo de 1999 (fl. 4, cdno. 1) y la referida demanda se formuló el 15 de marzo del año 2000 (fl. 1, cdno. 1).

4. Material probatorio susceptible de ser valorado.

— Oficio 6780 del 8 de noviembre de 1999, a través del cual el comandante del batallón Jaime Rooke certificó:

“El extinto soldado Patiño Carvajal Jamer con código militar 5843761 en el momento de su fallecimiento se encontraba prestando el servicio militar obligatorio en el batallón de infantería 18 Jaime Rooke era integrante del 4-CONT-98 y las diligencias de la investigación son llevadas por el Juzgado 101 de Instrucción Militar de esta unidad.

Para tal fin anexo copia del informativo administrativo”.

— Copia del informe por muerte de soldado, de fecha 31 de marzo de 1999, según el cual:

“Con el presente me permito informar al señor teniente coronel comandante del batallón de infantería 18 coronel Jaime Rooke, los hechos ocurridos el 27 de marzo de 1999 en incumplimiento (sic) de las órdenes de operaciones del municipio de Coello, con una sección del pelotón de morteros de la campaña ASPC, donde se tenía la información de la presencia de 15 bandoleros aprox., donde se encontraba el objetivo a tomar un cañón profundo pero a esa hora no se podía entrar, por lo quebrado del terreno se esperó hasta el amanecer a las 05:40 aprox., se procedió a bajar se llegó hasta la quebrada Ocona donde encontraron huellas que había presencia del enemigo, dividí la patrulla en dos grupos uno por la parte alta con el que yo iba y otro sobre la cañada, el puntero soldado Hernández Silvino, se encontró una avanzada del enemigo hubo intercambio de disparos inmediatamente el personal busco posiciones de combate con el fin de contrarrestar el ataque al parecer por el ruido se alborotaron un panal de abejas y atacaron a mí (sic) como al personal que llevaba por este sector, todos se abrieron desesperados por las picaduras y buscaron la forma de alejarse para evitar ser picados, bajé hacia la cañada el soldado Patiño Carvajal Jamer, venía atrás mío le recibí el fusil, pues del desespero, estaba todo enredado con la maraña y los bejucos, llegamos a la cañada me adelanté 30 metros aprox., para encontrar el grupo que estaba sobre la cañada el que había encontrado la avanzada, miré hacia atrás llamé al soldado Patiño, me devolví y vi una burbuja grande sobre el agua en una moya de la quebrada grité: el soldado se está ahogando, me quité el armamento y la camisa rápido para no perder tiempo cogí un palo y lo hundí por el sector donde había visto la burbuja, pero no lo encontré me tiré al charco y seguí pidiendo ayuda, me sumergí pero era bastante hondo 5 metros aprox., salí rápido, me quité las botas seguí buscándolo en el fondo pero no lo encontraba en eso llegó el soldado Cano Cardona Edward me ayudó a buscar hasta encontrarlo, lo jaló hacia la superficie y lo ayudé a sacarlo a la orilla, le dimos respiración boca a boca pero ya llevaba mucho tiempo bajo el agua, ya no había pulso, estaba muerto, se dejó quieto el soldado se sacó sin chaleco sin los 4 proveedores, 2 granadas y dos cananas de ametralladora M-60 que llevaba, subí a buscar el radio para informar lo sucedido al batallón y reorganizar la patrulla pero el cabo primero Díaz Tegue Luis ya había avisado al batallón y venía el apoyo [ilegible] así mismo la fiscalía para el levantamiento del cadáver.

[Ilegible] apoyo a los bomberos voluntarios de la ciudad de Ibagué para sacar el material de guerra, el material fue sacado con un equipo de buceo [ilegible] totalidad así: 4 proveedores, 2 granadas de mano [ilegible] cartuchos para ametralladora M-60.

Fueron testigos de los hechos: cabo primero Díaz Tegue Luis (...) soldado Cano Cardona Edward (...) soldado Hernández Silvino (...)”.

— En el proceso obra copia auténtica de algunas de las piezas procesales relacionadas con la investigación penal adelantada por el Juzgado 101 de Instrucción Militar con ocasión de la muerte del señor Jamer Patiño Carvajal, las cuales serán valoradas por la corporación por cuanto se solicitaron como prueba por la parte demandante y se adelantaron con audiencia de la propia entidad demandada.

Los documentos allegados fueron los siguientes:

— Inspección de cadáver 117 practicada por la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía General de la Nación, documento en relación con el cual se destaca la siguiente información:

“7. Descripción de las heridas: se observan múltiples picaduras que al parecer corresponden a abejas.

(...)

10. Relato del hecho: según el sargento al mando del pelotón, cuando estaban pasando por la quebrada, espantaron sin querer un avispero y ello provocó que el soldado buscara refugio en el agua, pero sin prever la profundidad del claro del agua y lo que portaba”.

— Registro de defunción correspondiente al señor Jamer Patiño Carvajal, en el cual se consignó que la muerte había ocurrido el 27 de marzo de 1999, por ahogamiento.

— Declaración rendida por el señor Edward Cano Cardona.

“Cuando nosotros íbamos caminando, íbamos adelante cuando nos hostigaron la guerrilla, en ese momento los soldados tomaron posición para responderle a la guerrilla, cuando empezaron a gritar y a pedir auxilio, cuando llegó un soldado lleno de abejas, yo le dije qué había pasado y me dijo que se había alborotado un panal de abejas, cuando me dijo que mi sargento Yepes estaba buscando a un soldado que se estaba ahogando, yo dejé la M-60 y cogí la pistola y arranqué otra vez para atrás me devolví a ver qué había pasado, el sargento me dijo véngase lentamente porque las abejas están alborotadas, cuando llegué yo al charco, cuando me dijo mi sargento; “mijo ayúdeme que con el soldado que yo andaba se me ahogó”, cuando yo me clavé al charco camuflado, yo no lo alcanzaba a tocar, mi sargento Yepes se iba más al fondo con un palo a ver si se tocaba hundiéndose él, cuando llegué yo me metí por ahí a unos cinco metros, cuando yo me hundí yo lo sentí con la pierna, ahí fue cuando yo comencé a jalarlo, era jalándolo duro yo lo saque hacia arriba, cuando el sargento Yepes me cogió a mí de la camisa, porque yo ya estaba tomando agua, cuando lo sacamos contra una piedra para poderle hacer respiración boca a boca, cuando yo era dándole respiración boca a boca, como a la tercera vez me botó una cosa amarilla a la cara como “hiel”, entonces yo le dije a mi sargento que lo dejáramos quieto que descansara en paz, ahí comenzaron a darnos apoyo donde estábamos nosotros, se montó la seguridad alrededor donde nosotros estábamos tratando de sacar al soldado del agua, ahí descansamos un poco nosotros y mi sargento Yepes estaba pensando que si lo sacábamos hacia arriba o esperáramos a la fiscalía y decidimos sacarlo hacia el cerro al pancita (sic) del cerro que era una finca y ahí llegó la fiscalía a hacer el levantamiento del cadáver (...). Contestó: no sé concretamente, porque yo no me encontraba por el sitio donde estaba el soldado Patiño, nosotros estábamos puntiando (sic) adelante, duramos buscándolo por ahí unos veinte minutos hasta que yo lo encontré (...) Preguntado: diga al despacho ¿cuál cree la razón o motivo para que el soldado Patiño Carvajal Jamer se hubiera tirado al agua y como consecuencia de ello falleciera por ahogamiento? Contestó: la razón o motivo fue por las abejas africanas que nos picaron y el soldado Patiño ante el desespero decidió tirarse para protegerse, pero desafortunadamente era un charco muy hondo de un profundidad de unos 6 metros, porque los buzos que llegaron en apoyo demoraron como media hora buscando el armamento”.

— Testimonio del señor Silvino Hernández.

“El comandante en ese momento de nosotros era el SV Yepes Méndez Jaime Enrique y con el cabo primero Díaz Tique Luis, estábamos patrullando por los lados de Gualanday y a esa hora de la mañana bajamos a la quebrada Acona, cuando encontramos un cambuchadero (sic) donde estaba la guerrilla, ahí encontramos unas cáscaras de plátano y el fogón donde hicieron de comer (...), después dimos la vuelta bajando quebrada abajo, cuando entonces mi sargento Yepes nos dijo que nos fuéramos unos por encima y otros por debajo, entonces aproximadamente a unos 20 metros donde habían ellos cambuchado (sic), la guerrilla nos disparó, entonces yo también les hice una ráfaga a ellos, entonces todo el mundo tomamos posición de tendido y al escuchar el ruido producido por los disparos, se alborotaron las abejas africanas, ahí a todos nos picaron y salimos corriendo más de uno, entonces a mi sargento Yepes también lo picaron en la cabeza y en la cara y al resto de soldados y al cabo Díaz también, entonces ahí fue cuando el soldado Patiño Carvajal se desesperó y se tiró al charco pero como el charco estaba muy hondo, entonces los otros compañeros comenzaron a gritar que había un soldado en el agua, ahí fue cuando nosotros montamos seguridad, mi sargento Yepes y el soldado Cano se tiraron al agua para tratar de salvar al soldado, pero como el charco estaba muy hondo, en ese momento no lo pudieron encontrar y cuando lo encontró el soldado Cano, dijo mi sargento lo encontré, aquí está, el finado se había alcanzado a quitar el armamento en el agua, el finadito quedó en medio de dos raíces, estaba agarrado con las dos manos de esas raíces, pero ya estaba sin vida, no respiraba, le tocamos el pulso pero no tenía signos vitales, como el armamento se quedó en el charco, cuando llegaron dos señores con equipo de buceo y ellos fueron los que dijeron que el charco tenía aproximadamente unos cinco o seis metros de hondo, se rescató el armamento como el chaleco y las dos cananas que él cargaba, el fusil sí lo dejó antes de tirarse al charco (...) Contestó: sí, él estaba alentado, estaba bien de salud, pero cuando las avispas lo picaron en la cabeza en el cuerpo en la cara, él desesperado se tiró fue al agua con tan mala suerte que se ahogó y por lo profundo fue imposible rescatarlo, nosotros hicimos lo que más pudimos por salvarle la vida pero fue imposible”.

— Declaración del señor Luis Díaz Tegue.

(...) Aproximadamente a trescientos metros fuimos atacados por el grupo de bandoleros y el personal que yo llevaba a mi mando reaccionamos de una manera inmediata, el puntero del equipo de combate mío reaccionó haciendo un rafagazo (sic) de aproximadamente doce cartuchos, después escuchamos de la parte de arriba que los soldados gritaban que le estaban atacando las abejas, procedí con el equipo de trabajo que yo me encontraba a ver qué era lo que pasaba cuando fuimos atacados por la abejas “africanizadas”, entonces yo le dije a los soldados que se controlaran y nos trepáramos hacía una parte alta porque ahí corríamos peligro de las abejas y del grupo de bandoleros, en el trayecto del camino me encontré con el radio operador de la patrulla que se encontraba perdido del comandante y entonces yo procedí a ayudarlo a cargar el radio ya que él se encontraba muy picado por las abejas, el personal de soldados míos la mayoría se quejaba de que los habían picado las abejas y entonces yo también les dije que a mí también me habían picado, estando en la parte alta a eso de las seis y diez de la mañana llegó mi soldado Hernández Malatesta Wilson y me informó que el soldado Patiño se había ahogado, procedí a comunicarme con el batallón de los hechos que estaban sucediendo (...) Preguntado: haga una descripción de la topografía y la visibilidad del terreno en el sitio donde sucedieron los hechos que nos acaba de narrar. Contestó: el sector es un cañón y hay bastante maraña donde no se puede transitar libremente, así que por eso yo creo que el soldado en la reacción toriaron (sic) el enjambre de las abejas y no conocíamos qué tan profundos eran los charcos que se encontraban en ese sector, era la primera vez que patrullábamos ese sector”.

— Testimonio del señor Jaime Enrique Yepes Méndez.

“Sí, ese es el informe que yo pasé al comandante del batallón Rooke, y esa es mi firma la que acostumbro en todos mis actos públicos y privados y si me ratifico bajo juramento de todo su contenido, por ser la verdad y nada más que la verdad (...). Se recibió una orden de operaciones de llegar al sector Alto de Gualanday, donde se decía la presencia de 15 bandoleros aproximadamente, me dieron el mando de la sección de morteros y soldados con los que yo había trabajado antes, se cumplió la orden se fue al lugar “Alto de Gualanday” y cuando llegamos al sitio donde se decía había presencia de bandoleros no se pudo entrar porque estaba muy oscuro, esperamos a que amaneciera aproximadamente a las 5 y 40 de la mañana procedimos a bajar a una hondanada (sic) y caímos al cauce de la quebrada “Ocona” el CP Díaz hizo registro por la parte de encima de la hondonada y encontró huellas de que evidentemente el enemigo se había quedado ahí esa noche (...) dividí la sección en dos escuadras y equipos de combate (...) cuando yo escuché unos disparos que venían de la parte de abajo por donde venía el CP Díaz con su equipo de combate, el personal reaccionó y en la reacción un soldado no sé cuál sería de los que estaban conmigo al romper la maraña donde estaba, alborotó un panal de abejas “africanas” comenzamos a ser atacados por las abejas, estaba recibiendo yo picaduras por la cara por las manos, vi al soldado Patiño que también estaba siendo atacado por las abejas y lo orienté hacia abajo llegamos a la cañada, yo le recibí el fusil por tanta maraña él estaba desesperado y no podía bajar rápido por lo empinado del terreno, avancé 30 metros en busca de los que iban adelante con el CP Díaz y cuando miré hacia atrás no vi al soldado Patiño, me devolví rápido para que me acompañara y vi una burbuja grande en el agua y grité el soldado se está ahogando, pero en ese momento no había nadie que me auxiliara pues todos se defendían de las picaduras de las abejas y buscaban alejarse del sector, cogí un palo que encontré y comencé a buscar al soldado con el palo y al ver que no lo encontraba me tiré al charco a la “Moya” y comencé a sumergirme para buscarlo, seguí gritando que me ayudaran que un soldado se estaba ahogando y al ver que el charco era hondo me salí y me quité las botas y seguí sumergiéndome y el soldado Cano llegó a auxiliarnos y entre los dos comenzamos a buscarlo en el charco y después de varias sumergidas el soldado Cano lo encontró, lo sacó hacia la superficie y yo le ayudé a sacarlo a la orilla, procedimos a colocarlo en una piedra grande que había ahí y el soldado Cano le dio respiración boca a boca y yo le hacía reanimación pulmonar, pero ya no respondía, entonces lo dejamos ahí quieto, se subió el cuerpo a la parte donde se pudiera hacer el levantamiento por parte de la fiscalía, quien bajó al sitio de los hechos y tomó fotos del lugar (...) Preguntado: diga ¿qué tiempo transcurrió desde el momento en que el soldado se tiró al agua para contrarrestar el ataque de las abejas, al momento en que usted junto con el soldado Cano Cardona lo auxiliaron para lograr encontrarlo? Contestó: por ahí unos quince minutos aproximadamente, el reloj del soldado Patiño se paró a las 6:20 aproximadamente (...) Contestó: en ese momento cuando se alborotaron las abejas y nos estaban picando él estaba conmigo, pero al bajar a la cañada él lo hizo solo, porque yo seguí adelante por la vaina de los tiros que habían sonado. Yo le entregué el fusil al soldado Patiño porque yo se lo había recibido para que bajara a la cañada, le dijo hagámosle porque de pronto nos vuelven “mierda” estas abejas, cuando yo apenas había caminado unos 30 metros, yo volteé a mirar y no lo vi, ahí fue cuando me devolví y vi una burbuja en el agua y procedí a auxiliarlo y pedir la ayuda de los demás soldados (...). Quiero agregar que así el soldado hubiera sabido nadar, se hubiera ahogado siempre porque el peso del material de guerra que llevaba encima se había hundido, además por comentarios de los mismos soldados compañeros de él manifiestan que él no sabía nadar”.

— Protocolo de necropsia 144-99 correspondiente al señor Jamer Patiño Carvajal, en el cual se encuentra la siguiente información:

“Descripción del cadáver: adulto masculino joven sin huellas aparentes externas de trauma con abundante hongo de espuma por boca y nariz, no evidencia de lesión tipo picadura.

(...)

Conclusión: adulto masculino joven que fallece por insuficiencia respiratoria aguda secundaria a ahogamiento por sumersión al parecer de manera accidental”.

4. Análisis de los elementos que configuran la responsabilidad del Estado.

De las pruebas señaladas con anterioridad se encuentra acreditado el daño sufrido por los demandantes, consistente en la muerte del señor Jamer Patiño Carvajal.

En relación con la imputación del referido daño a la parte demandada, se observa que el señor Patiño Carvajal para el momento de los hechos se encontraba prestando servicio militar como soldado regular y era orgánico del batallón Jaime Rooke del Ejército Nacional, en los términos del artículo 13 de la Ley 48 de 1993(5); de lo anterior da cuenta la certificación expedida por el comandante del citado batallón.

Ahora bien, en relación con la importancia de distinguir entre las categorías del soldado que presta servicio militar obligatorio y el soldado voluntario o profesional, para efectos de señalar el título de imputación que puede aplicarse en cada uno de estos eventos, la Sala ha dicho:

“En primer término, estima la Sala necesario precisar la diferencia existente entre la clase de vínculo que se crea para el Estado frente al soldado conscripto y en relación con el soldado voluntario o profesional; en el primero —soldado conscripto— el vínculo surge debido al cumplimiento del deber constitucional de defensa de la soberanía y la independencia de las instituciones públicas, el cual no detenta carácter laboral alguno, en tanto que en el segundo (soldado profesional) el vínculo surge en virtud de una relación legal y reglamentaria consolidada a través del correspondiente acto administrativo de nombramiento y la consiguiente posesión del servidor o de la relación contractual creada mediante la suscripción de un contrato laboral.

Por lo tanto, a diferencia del soldado profesional, que ingresa en forma voluntaria a las filas del ejército con el fin de prestar un servicio a cambio de una contraprestación y que goza de una protección integral de carácter salarial y prestacional, el soldado conscripto se ve impelido a hacerlo por la imposición de una carga o gravamen especial del Estado. Así pues, el conscripto no goza de protección laboral predeterminada frente a los riesgos a los cuales se le somete en cumplimiento de su cometido constitucional, por cuanto la ley tan solo le reconoce algunas “prestaciones”, las cuales de ningún modo pueden catalogarse como laborales y tampoco se asimilan al régimen a for fait previsto por la ley para el soldado profesional”(6) (resalta la Subsección).

Respecto del título de imputación aplicable a los daños causados a soldados conscriptos, la Sala, en reiterada jurisprudencia, ha señalado que dependiendo de las circunstancias particulares de cada caso, resultan aplicables los títulos de falla del servicio, riesgo excepcional o daño especial. Sobre el particular la Sala puntualizó:

Ahora, en relación con el título de imputación aplicable a los daños causados a soldados conscriptos, la Sala ha establecido que los mismos pueden ser i) de naturaleza objetiva —tales como el daño especial o el riesgo excepcional—, y ii) por falla del servicio, siempre y cuando de los hechos y de las pruebas allegadas al proceso se encuentre acreditada la misma.

Sobre el particular, la jurisprudencia de la Sección, en reciente oportunidad,(7) puntualizó:

“Atendiendo a las condiciones concretas en las que se produjo el hecho, la Sala ha aplicado en la solución de los casos, los distintos regímenes de responsabilidad. Así, ha decidido la responsabilidad del Estado bajo el régimen de daño especial cuando el daño se produjo como consecuencia del rompimiento de la igualdad frente a las cargas públicas(8); el de falla probada cuando la irregularidad administrativa produjo el daño y, el de riesgo cuando este proviene o de la realización de actividades peligrosas o de la utilización de artefactos que en su estructura son peligrosos; pero, en todo caso, ha considerado que el daño no será imputable al Estado cuando se haya producido por culpa exclusiva de la víctima, por fuerza mayor o por el hecho exclusivo de un tercero, por rompimiento del nexo causal. En providencia de 2 de marzo de 2000, dijo la Sala:

“...demostrada la existencia de un daño antijurídico causado a quien presta el servicio militar, durante el mismo y en desarrollo de actividades propias de él, puede concluirse que aquel es imputable al Estado. En efecto, dado el carácter especial de esta situación, por las circunstancias antes anotadas, es claro que corresponde al Estado la protección de los obligados a prestar el servicio militar y la asunción de todos los riesgos que se creen como consecuencia de la realización de las diferentes tareas que a ellos se asignen. No será imputable al Estado el daño causado cuando este haya ocurrido por fuerza mayor o por el hecho exclusivo de un tercero o de la víctima, eventos cuya demostración corresponderá a la parte demandada”(9) (negrillas adicionales).

En consecuencia, frente a los perjuicios ocasionados a soldados conscriptos, en la medida en la que su voluntad se ve doblegada por el imperium del Estado, al someterlos a la prestación de un servicio que no es nada distinto a la imposición de una carga o un deber público, resulta claro que la organización estatal debe responder, bien porque frente a ellos el daño provenga de i) un rompimiento de las cargas públicas que no tenga la obligación jurídica de soportar el soldado; ii) de un riesgo excepcional que desborda aquel al cual normalmente estaría sometido, y que puede tener origen en el riesgo de la actividad o en el riesgo de la cosa, o iii) de una falla del servicio, a partir de la cual se produce el resultado perjudicial(10).

Asimismo, en relación con los conscriptos, el principio iura novit curia reviste una característica especial, toda vez que el juzgador debe verificar si el daño antijurídico resulta imputable o atribuible al Estado con fundamento en uno cualquiera de los títulos de imputación antes mencionados; además, no debe perderse de vista que, en tanto la administración pública imponga el deber de prestar el servicio militar, debe garantizar la integridad psicofísica del soldado en la medida en que se trata de una persona que se encuentra sometida a su custodia y cuidado, pues en determinadas situaciones lo pone en una posición de riesgo, lo cual, en términos de imputabilidad, significa que debe responder por los daños que le sean irrogados en relación con la ejecución de la carga pública.

Respecto de la responsabilidad derivada de las obligaciones de especial sujeción que asume el Estado frente a los conscriptos, esta Sala, en providencia del 15 de octubre del 2008,(11) sostuvo:

“Además de lo anterior, se reitera, que el Estado frente a los conscriptos (...) adquiere no solo una posición de garante al doblegar, en ambos casos, su voluntad y disponer de su libertad individual para un fin determinado, sino que de igual manera, el Estado entra en una relación de especial sujeción que lo hace sujeto responsable de los posibles daños que puedan padecer aquellos”.

De igual manera, resulta pertinente reiterar lo afirmado por la Sala Plena de la Sección Tercera en sentencia del 19 de abril de 2012,(12) en torno a la aplicación de los títulos de imputación decantados por la jurisprudencia. En la providencia en comento se consideró:

“En lo que refiere al derecho de daños, como se dijo previamente, se observa que el modelo de responsabilidad estatal establecido en la Constitución de 1991 no privilegió ningún régimen en particular, sino que dejó en manos del juez la labor de definir, frente a cada caso concreto, la construcción de una motivación que consulte razones, tanto fácticas como jurídicas que den sustento a la decisión que habrá de adoptar. Por ello, la jurisdicción contenciosa ha dado cabida a la adopción de diversos “títulos de imputación” como una manera práctica de justificar y encuadrar la solución de los casos puestos a su consideración, desde una perspectiva constitucional y legal, sin que ello signifique que pueda entenderse que exista un mandato constitucional que imponga al juez la obligación de utilizar frente a determinadas situaciones fácticas un determinado y exclusivo título de imputación.

“En consecuencia, el uso de tales títulos por parte del juez debe hallarse en consonancia con la realidad probatoria que se le ponga de presente en cada evento, de manera que la solución obtenida consulte realmente los principios constitucionales que rigen la materia de la responsabilidad extracontractual del Estado, tal y como se explicó previamente en esta providencia”.

A la luz de los precedentes jurisprudenciales reseñados, la Sala procederá a analizar los hechos probados.

Se encuentra acreditado que el señor Jamer Patiño Carvajal para el 27 de marzo de 1999, tenía la calidad de soldado regular y con ocasión de las funciones que se le asignaron, para ese día, se encontraba bajo las órdenes del sargento Yepes, en cumplimiento de una misión de trabajo consistente en llegar al sector “Alto de Gualanday”, lugar en relación con el cual se había recibido la información acerca de la presencia de integrantes de un grupo al margen de la ley.

Hacia las 5:40 a.m., se produjo un contacto con el grupo subversivo, lo cual desencadenó la reacción de los militares en el sentido de responder a la agresión con ráfagas de arma de fuego; como consecuencia de este accionar se agitó un panal de abejas las cuales atacaron a los soldados, quienes ante el desespero emprendieron la huida.

El soldado Patiño Carvajal, quien se encontraba muy cerca del sargento Yepes Méndez, para evitar la picadura de las abejas, se lanzó a una quebrada con el equipo de dotación encima, con excepción del fusil, situación que, al parecer, finalmente condujo a su ahogamiento, a pesar de que el sargento Yepes y el soldado Cano acudieron en su ayuda.

De entrada, de la relación de hechos probados para la Sala no se encuentra acreditada la existencia de falla en el servicio alguna, comoquiera que la reacción del personal que se encontraba presente al momento de ocurrencia de la situación fáctica fue apenas la normal y esperable en estos casos en cuanto trataron de huir del ataque de unas abejas, al tiempo que, cuando se percataron de que el soldado Patiño Carvajal se había lanzado al agua, acudieron a su auxilio.

Ahora bien, para la Sala, en el presente caso hay lugar a la aplicación del título de imputación consistente en el daño especial, motivo por el cual dado que se trata de un título de imputación de naturaleza objetiva, al actor le corresponde probar la existencia de un daño antijurídico causado a una persona que presta el servicio militar, durante el mismo y en desarrollo de actividades propias de este. Por su parte, el demandado, para exonerarse de responsabilidad, debe acreditar la ocurrencia de una causa extraña.

Respecto de la operancia de la causa extraña tratándose de los daños causados a los soldados conscriptos, la Sala ha expuesto:

En conclusión, en cada caso concreto en los cuales se invoque la existencia de una causa extraña por parte de la entidad demandada, es necesario analizar los detalles de tiempo, modo y lugar en que se produjo el daño, por cuanto es posible que el Estado haya contribuido co-causalmente a la generación del mismo, específicamente, al situar al conscripto en la situación de riesgo, o bien por una ruptura de la igualdad ante las cargas públicas o por una falla del servicio.

No se puede, por consiguiente, afirmar de manera simple y llana, que la sola constatación de la existencia de una aparente causa extraña como origen o fuente material o fenomenológica, en relación con los daños ocasionados a conscriptos o reclusos, es suficiente para que estos sean considerados como no atribuibles —por acción u omisión— a la administración pública. Se requiere, además, en estos eventos, que la entidad demandada acredite que su actuación no contribuyó en la producción del daño, motivo por el cual no le es imputable fáctica o jurídicamente. Lo puntualizado, en la medida en que es posible que la causa directa, inmediata y material del daño sea la actuación de un tercero o de la propia víctima, pero tal resultado perjudicial tenga una relación mediata con el servicio que estaba desplegando el soldado conscripto, motivo por el cual la entidad no puede desprenderse de su responsabilidad, por cuanto también puede serle endilgable jurídicamente el daño(13)” (se resalta).

Se reitera, en el presente caso se encuentra probado que el señor Jamer Patiño Carvajal prestaba el servicio militar obligatorio para el momento de los hechos, según certificación allegada por la parte demandada y su deceso se produjo cuando se encontraba en “operaciones de conservación o restablecimiento del orden público”, según el concepto del comandante de la unidad, documento que reposa en el presente expediente (fl. 24, cdno. 1).

Para el tribunal a quo, el daño cuya reparación se depreca se ocasionó como consecuencia de una circunstancia de fuerza mayor, consistente en el ataque “imprevisible e insuperable” de un enjambre de abejas, esto es de un hecho de la naturaleza, circunstancia suficiente para desestimar las pretensiones de la demanda.

Contrario a lo que se expuso en la sentencia de primera instancia, para la Sala si bien la muerte del señor Patiño Carvajal obedeció finalmente a una sucesión de hechos desafortunados, entre ellos, unos derivados de la naturaleza, lo cierto es que tales circunstancias no son suficientes para desestimar la responsabilidad de la entidad demandada.

Se reitera que con ocasión de las obligaciones de especial sujeción —posición de garante— que el Estado asume frente a los soldados regulares, derivadas de la imposición, esto es de disponer de la libertad de algunas personas con el fin de que presten el servicio militar, la administración asume, de manera correlativa, el deber de protegerlos y la asunción de los riesgos que se creen como consecuencia de la realización de las tareas que a ellos se les asigne.

De manera que, como ya se expuso, para que en estos casos operen los eventos de exclusión de responsabilidad, además de que resulta necesario acreditar los presupuestos de imprevisibilidad e irresistibilidad, resulta asimismo indispensable que el resultado perjudicial no tenga una relación mediata con el servicio que estaba desplegando el soldado conscripto, para efectos de que no pueda endilgarse jurídicamente a la administración el daño ocurrido.

En el presente caso se encuentra que la muerte del soldado Patiño Carvajal tuvo una relación directa con el servicio que estaba realizando, en la medida en que ocurrió en cumplimiento de una tarea o misión oficial en cuyo desarrollo se produjeron los hechos desafortunados ya conocidos.

En efecto, según los medios probatorios aportados al proceso, el grupo militar, integrado entre otras personas por el soldado Patiño Carvajal, se encontraba en persecución de un grupo subversivo, el cual, según informaciones recibidas, estaba situado en un lugar de difícil acceso y desconocido, dado que era la primera vez que se patrullaba por ese sector.

La anterior información resulta suficiente para concluir que al disponer que el señor Patiño Carvajal debía acompañar la misión, el Estado asumió una posición de garante en relación con esa persona, lo cual lo hace responsable del daño cuya indemnización se solicitó a través de la demanda que dio origen al presente proceso.

En consecuencia, dado que el hecho dañoso tuvo una relación mediata con el servicio que estaba desplegando el aludido soldado regular, el cual, por las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que aconteció, entra en el campo de la previsibilidad, para la Sala hay lugar a revocar la sentencia impugnada y, en su lugar, declarar la responsabilidad del Estado.

5. Indemnización de perjuicios.

5.1. Perjuicios morales.

En la demanda se solicitó el reconocimiento de perjuicios morales a favor de los señores Luis Ernesto Patiño Nivia y Blanca Esther Carvajal, en calidad de padres de la víctima, de Luis Omar Patiño Carvajal, Luis Ernesto Patiño Carvajal, Yolanda Patiño Carvajal, María Elena Patiño Carvajal, Heber Augusto Patiño Carvajal y Mindred Patiño Carvajal, en calidad de hermanos del occiso, la suma equivalente a 2000 gramos de oro para cada uno.

Acerca de los daños causados por la muerte de una persona, resulta necesario precisar que con la simple acreditación de la relación de parentesco mediante los respectivos registros civiles de nacimiento, se presume que tanto los padres como los hermanos del occiso sufrieron un perjuicio de orden moral, derivado del homicidio de su hijo y hermano. Igual presunción resulta aplicable en relación con aquellas personas que acuden al proceso en calidad de esposo(a) o compañero(a) permanente de la víctima. En efecto, la simple acreditación de tal circunstancia, para los eventos de perjuicios morales reclamados por abuelos, padres, hijos, hermanos, nietos, esposos o compañeros permanentes, cuando alguno de estos hubiere fallecido o sufrido una lesión, a partir del contenido del artículo 42 de la Carta Política(14) y de las máximas de la experiencia, es posible inferir que los actores en el presente caso han sufrido el perjuicio por cuya reparación demanda.

En efecto, es lo común, lo esperable y comprensible, que los seres humanos sientan tristeza, depresión, angustia, miedo y otras afecciones cuando se produce la muerte de un ser querido; asimismo, la tasación de este perjuicio, de carácter extra patrimonial, dada su especial naturaleza, no puede ser sino compensatoria, por lo cual el juzgador, con fundamento en su prudente juicio, debe establecer, en la situación concreta, el valor que corresponda, para cuyo propósito debe tener en cuenta la naturaleza y gravedad de la aflicción y sus secuelas, de conformidad con lo que se encuentre demostrado en el proceso.

En este caso, según se acreditó en el expediente, el señor Jamer Patiño Carvajal murió cuando se encontraba prestando el servicio militar obligatorio, todo lo cual produjo a los demandantes, sin duda, una afección moral que debe ser indemnizada.

Según los registros civiles de nacimiento que obran en el proceso (fls. 6 a 18, cdno. 1), se encuentra que los señores Luis Ernesto Patiño Nivia y Blanca Esther Carvajal Echeverry, son los padres del occiso y los señores Luis Omar Patiño Carvajal, Luis Ernesto Patiño Carvajal, Yolanda Patiño Carvajal, María Elena Patiño Carvajal, Heber Augusto Patiño Carvajal y Mindred Patiño Carvajal, son los hermanos de la víctima, circunstancias que permiten la aplicación de la presunción de ocurrencia de este tipo de perjuicios, tratándose de los parientes cercanos de la víctima.

En cuanto al monto de este tipo de perjuicios, de conformidad con la jurisprudencia de esta corporación,(15) se reconocerá la suma equivalente a 100 smlmv para cada uno de los padres y 50 smlmv para cada uno de los hermanos.

5.2. Perjuicios materiales.

Al respecto, la jurisprudencia de esta corporación(16) ha sostenido que cuando se trata de la muerte de un soldado regular, hay lugar a decretar a título de perjuicios materiales, en la modalidad de lucro cesante, las sumas que el occiso ha debido percibir durante el periodo comprendido entre la fecha en la cual terminaría la prestación del servicio militar obligatorio y el momento en que cumpliría la edad de 25 años, puesto que se entiende, según las reglas de la experiencia, que una persona en esta época de su vida, ayuda a sus familiares hasta que cumple la mencionada edad, oportunidad en la cual se presume inicia una vida independiente.

En cuanto al ingreso base de liquidación del referido perjuicio, esta Subsección tomará en cuenta el salario mínimo mensual legal vigente, comoquiera que se presume, según las reglas de la experiencia, que una persona laboralmente activa no podría devengar menos de ese monto. A esa suma se adicionará el 25% por prestaciones sociales y, de otra parte, se deducirá de dicho valor el 25% correspondiente al valor aproximado que el señor Jamer Patiño Carvajal destinaría para su propio sostenimiento.

En cuanto a los beneficiarios de los citados perjuicios, se encuentra que si bien dentro de los testimonios que obran en el expediente algunos declarantes(17) expusieron que el hoy occiso destinaba parte de los recursos económicos que obtenía para ayudar al sostenimiento de sus padres y hermanos, lo cierto es que en las pretensiones de la demanda se solicitó el reconocimiento de estas sumas a favor, únicamente, de la señora Blanca Esther Carvajal —madre de la víctima—, motivo por el cual, de conformidad con el principio de congruencia, la indemnización que resulte por concepto del lucro cesante solo podrá reconocerse a esta última persona, dado que, por demás, según las mismas declaraciones, hay constancia de que el hoy occiso también la ayudada de manera económica.

A partir de los anteriores criterios, se procederá a realizar la liquidación correspondiente:

Indemnización debida o consolidada:

Se tomará entonces como periodo indemnizable aquel comprendido entre la fecha en la cual el señor Jamer Patiño Carvajal terminaría su servicio militar obligatorio (ene. 29/2000) hasta el día que en cumpliría la edad de 25 años (ago. 13/2002), lo cual arroja un total de 30,13 meses(18).

S2000-0793ECU1.jpg

En donde,

S = es la indemnización a obtener;

Ra = es el ingreso percibido por el actor ($ 589.500(19)), incrementado en un 25% por concepto de prestaciones sociales(20) ($ 147.375), lo cual arroja un monto de $ 736.875; deducido de dicho valor el 25%, correspondiente al valor aproximado que el señor Jamer Patiño Carvajal destinaría para su propio sostenimiento ($ 184.219), se tiene como resultado la suma de $ 552.656 (Ra).

Entonces:

Ra = $ 552.656

I = interés puro o técnico: 0.004867

N = número de meses que comprende el periodo indemnizable (30,13).

S2000-0793ECU2.jpg
 

Total indemnización debida = $ 17’889.475.

6. Condena en costas.

Comoquiera que no se evidencia temeridad, ni mala fe de las partes, la Sala se abstendrá de condenar en costas de conformidad con lo reglado en el artículo 171 del Código Contencioso Administrativo, modificado por el artículo 55 de la Ley 446 de 1998.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, en Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Subsección A, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley,

FALLA:

1. Revócase la sentencia apelada, esto es la proferida el 20 de abril de 2004 por el Tribunal Administrativo del Tolima y, en consecuencia, se dispone:

2. Declárase administrativamente responsable a la Nación - Ministerio de Defensa - Ejército Nacional, por los daños causados a los demandantes, de conformidad con lo expuesto anteriormente.

3. Condénase a la Nación - Ministerio de Defensa - Ejército Nacional, a pagar las siguientes sumas de dinero, por concepto de perjuicios morales:

A Luis Ernesto Patiño Nivia100 smmlv
A Blanca Esther Carvajal100 smmlv
A Luis Omar Patiño Carvajal50 smmlv
A Luis Ernesto Patiño Carvajal50 smlmv
A Yolanda Patiño Carvajal50 smlmv
A María Elena Patiño Carvajal50 smlmv
A Heber Augusto Patiño Carvajal50 smlmv
A Mindred Patiño Carvajal50 smlmv

3. Condénase a la Nación - Ministerio de Defensa - Ejército Nacional, por concepto de perjuicios materiales, en la modalidad de lucro cesante favor de la señora Blanca Esther Carvajal, la suma de diecisiete millones ochocientos ochenta y nueve mil cuatrocientos setenta y cinco pesos m/cte. (17’889.475).

4. Deniéganse las demás súplicas de la demanda.

5. Sin condena en costas.

6. Cúmplase lo dispuesto en esta providencia, en los términos previstos en los artículos 176 y 177 del Código Contencioso Administrativo.

7. Expídanse a la parte actora las copias auténticas con las constancias de que trata el artículo 115 del Código de Procedimiento Civil.

2. Ejecutoriada esta providencia devuélvase el expediente al tribunal de origen.

Cópiese, notifíquese y cúmplase».

(1) La cuantía del proceso supera la exigida para que esta corporación pueda conocer en segunda instancia de un proceso de reparación directa, de conformidad con el Decreto 597 de 1988 —$ 23’390.000—, teniendo en cuenta que la demanda se presentó en el año 2000 y la cuantía del proceso se estimó en la suma de $ 36’306.220 —equivalentes a 2000 gramos de oro a la fecha de presentación de la demanda—.

(2) De conformidad con el acta de la Sala Plena de la Sección Tercera del Consejo de Estado 9 del 25 de abril de 2013.

(3) “ART. 16.—Apruébase como artículo nuevo de la Ley 270 de 1996 el siguiente:

ART. 63A.—Del orden y prelación de turnos. ‘Artículo CONDICIONALMENTE exequible’

“(...)

“Igualmente, las salas o secciones de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo de Estado y del Consejo Superior de la Judicatura podrán determinar motivadamente los asuntos que por carecer de antecedentes jurisprudenciales, su solución sea de interés público o pueda tener repercusión colectiva, para que los respectivos procesos sean tramitados de manera preferente.

“Los recursos interpuestos ante la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado o el Consejo Superior de la Judicatura, cuya resolución íntegra entrañe solo la reiteración de jurisprudencia, podrán ser decididos anticipadamente sin sujeción al orden cronológico de turnos.

“Las salas especializadas de la Corte Suprema de Justicia, las salas o las secciones del Consejo de Estado, la Corte Constitucional y el Consejo Superior de la Judicatura; las salas de los tribunales superiores y de los tribunales contencioso-administrativos de distrito podrán determinar un orden de carácter temático para la elaboración y estudio preferente de los proyectos de sentencia; para el efecto, mediante acuerdo, fijarán periódicamente los temas bajo los cuales se agruparán los procesos y señalarán, mediante aviso, las fechas de las sesiones de la Sala en las que se asumirá el respectivo estudio” (negrillas y subrayas fuera del texto original).

(4) En este sentido, para solo mencionar algunos, la Sala ha proferido los siguientes fallos, de reciente expedición, en relación con los cuales se ha consolidado la jurisprudencia actual en cuanto a los presupuestos necesarios para que se configure la responsabilidad del Estado por los daños causados a los conscriptos:

— Subsección A: sentencia del 15 de septiembre de 2011, Expediente 20196, M.P. Hernán Andrade Rincón; sentencia del 28 de julio de 2011, Expediente 27741, M.P. Hernán Andrade Rincón; sentencia del 21 de febrero de 2011, Expediente 16484, M.P. Gladys Agudelo Ordoñez; sentencia del 26 de mayo de 2011, Expediente 38152; sentencia del 7 de marzo de 2012, Expediente 23116.

— Subsección B: sentencia del 9 de abril de 2012, Expediente 20532, M.P. Stella Conto Díaz del Castillo; sentencia del 29 de marzo de 2012, Expediente 21978, M.P. Ruth Stella Correa Palacio; sentencia del 12 de abril de 2012, Expediente 22537, M.P. Stella Conto Díaz del Castillo; sentencia del 10 de marzo de 2011, Expediente 19159, M.P. Danilo Rojas Betancourth.

— Subsección C: sentencia de septiembre 14 de 2011, Expediente 19031, M.P. Enrique Gil Botero; sentencia del 1º de febrero de 2012, Expediente 20131, M.P. Olga Mélida Valle de De la Hoz; sentencia del 14 de septiembre de 2011, Expediente 38222, M.P. Enrique Gil Botero; sentencia del 27 de febrero de 2013, Expediente 25334, M.P. Jaime Orlando Santofimio.

(5) “ART. 13.—Modalidades prestación servicio militar obligatorio. El Gobierno podrá establecer diferentes modalidades para atender la obligación de la prestación del servicio militar obligatorio.

Continuarán rigiendo las modalidades actuales sobre la prestación del servicio militar:

a. Como soldado regular, de 18 a 24 meses.

b. Como soldado bachiller, durante 12 meses.

c. Como auxiliar de policía bachiller, durante 12 meses.

d. Como soldado campesino, de 12 hasta 18 meses.

PAR. 1º—Los soldados, en especial los bachilleres, además de su formación militar, y demás obligaciones inherentes a su calidad de soldado, deberán ser instruidos y dedicados a la realización de actividades de bienestar social a la comunidad y en especial a tareas para la preservación del medio ambiente y conservación ecológica.

PAR. 2º—Los soldados campesinos prestarán su servicio militar obligatorio en la zona geográfica en donde residen. El Gobierno Nacional organizará tal servicio tomando en cuenta su preparación académica y oficio” (se resalta).

(6) Consejo de Estado. Sección Tercera. Sentencia del 4 de febrero de 2010. Expediente 17839.

(7) Al respecto, consultar por ejemplo, Consejo de Estado, Sala Contencioso Administrativa, Sección Tercera, sentencias del 30 de julio de 2008, Expediente 18725, C.P. Ruth Stella Correa Palacio y del 15 de octubre de 2008. Expediente 18586, C.P. Enrique Gil Botero.

(8) En sentencia de 10 de agosto de 2005, Expediente 16205, la Sala al resolver la demanda instaurada con el fin de obtener la indemnización de los perjuicios causados por las lesiones sufridas por un soldado, quien en cumplimiento de la orden proferida por su superior jerárquico, de realizar un registro de área en horas de la noche, al saltar un caño se cayó y golpeó contra una piedra, consideró: “...la causación de los daños material, moral y a la vida de relación tienen sustento, en este proceso, en el actuar de la administración de sometimiento del soldado conscripto a una carga mayor a la que estaba obligado a soportar, cuando en el cumplimiento de la misión conferida a él por el comandante del escuadrón B de contraguerrillas de registro del área general del municipio de Paz de Ariporo dentro del servicio y con ocasión de él, se tropezó cayendo contra la maleza, lesionándose el ojo derecho”.

(9) Expediente 11401.

(10) Consejo de Estado, Sala Contencioso Administrativa, Sección Tercera, sentencia del 15 de octubre de 2008. Expediente 18586, C.P. Enrique Gil Botero.

(11) Ibídem.

(12) Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 19 de abril de 2012, Expediente 21515, C.P. Hernán Andrade Rincón.

(13) Consejo de Estado. Consejo de Estado. Sentencia del 4 de febrero de 2010. Expediente 17839. También puede consultarse, entre muchas otras, sentencia del 3 de febrero de 2012. Expediente 17543. M.P. Myriam Guerrero de Escobar.

(14) “La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla. El Estado y la sociedad garantizarán la protección integral de la familia. La ley podrá determinar el patrimonio familiar inalienable e inembargable. La honra, la dignidad y la intimidad de la familia son inviolables”.

(15) Ver entre otras, sentencia del 24 de marzo de 2011. Expediente: 19032.

(16) Ver entre otras, sentencia del 15 de octubre de 2008. Expediente: 18586. M.P. Enrique Gil Botero.

(17) Declaraciones de los señores William Hernández, Nancy Ocampo Castaño y Fanny Sánchez Mejía (fls. 39-43, cdno. 2).

(18) Se tiene certeza acerca de la fecha en que ingresó a prestar su servicio militar obligatorio como soldado regular (18 meses), esto es, el 29 de julio de 1998, por tanto es claro que el lapso a liquidar se encuentra comprendido entre el 29 de enero de 2000 hasta el 13 de agosto de 2002, fecha en que, de acuerdo con el registro civil que obra a folio 7 del cuaderno 1, cumpliría los 25 años de edad.

(19) Salario mínimo legal mensual vigente para el año 2013.

(20) Aunque la labor productiva a la cual se dedicaba el lesionado al momento del hecho dañoso no correspondía a una actividad económica o laboral dependiente, por la cual se pudiere sostener que parte de los ingresos periódicos por él percibidos estaban destinados, de manera ininterrumpida, al pago de prestaciones sociales para sí mismo, se accederá a tal reconocimiento —en el equivalente al 25% del salario base de liquidación—, por razones de equidad y además porque su pago constituye un imperativo de rango constitucional de carácter irrenunciable, tal como lo ha sostenido la Sala:

“Es preciso señalar, que el a quo no realizó reconocimiento alguno por concepto de prestaciones sociales sobre el salario base de liquidación, sin embargo, ello se hará porque se trata de un asunto de ley que en nada contraviene la consulta misma, pues su pago constituye un imperativo de rango constitucional irrenunciable.

Sobre la irrenunciabilidad de las prestaciones sociales la Corte Constitucional en sentencia del 6 de diciembre de 1994 [Sent. C-556/94], señaló:

‘La norma bajo examen trata de dos situaciones diferentes: por una parte de la irrenunciabilidad de las prestaciones sociales y por el otro regula lo relativo a la inembargabilidad de la pensión de invalidez. El sentido que fluye de la disposición acusada es que las prestaciones sociales son irrenunciables, lo cual está de acuerdo con el principio general de la irrenunciabilidad de los derechos laborales que son ciertos e indiscutibles. En consecuencia, cuando el trabajador ha adquirido el derecho, no puede renunciar a su beneficio. Este principio que ya estaba consagrado a nivel legal en la legislación laboral fue elevado a canon constitucional en 1991 en el artículo 53, el cual consagra entre los principios mínimos fundamentales que deben ser tenidos en cuenta en el Estatuto del Trabajo, que debe expedir el Congreso, el de la ‘irrenunciabilidad a los beneficios mínimos establecidos en normas generales’. La pensión de invalidez es inembargable en su totalidad; pero en cambio sí son embargables las demás prestaciones así como los sueldos en la proporción señalada por la ley.

Para la Corte, en consecuencia, la norma acusada debe leerse correctamente así: ‘Las prestaciones sociales consagradas en este decreto y en otras disposiciones aplicables son irrenunciables. Con excepción de la pensión de invalidez que es inembargable, las demás, así como los sueldos, solo podrán serlo hasta un 50% de su valor, siempre que sean en favor de cooperativas legalmente autorizadas o para cubrir pensiones alimenticias que se deban de conformidad con las disposiciones civiles’” (sent. proferida en sep. 23/2009, Exp. 23.287. M.P. Enrique Gil Botero).