Sentencia 2002-00486 de marzo 27 de 2014

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA - SUBSECCIÓN B

Rad.: 190012331000200200486 01 (29.623)

Consejera Ponente:

Dra. Stella Conto Díaz del Castillo

Actor: Oliva Penagos de Serna y otros

Demandado: Municipio de Santander de Quilichao

Proceso: Acción de reparación directa

Bogotá, D.C., veintisiete de marzo de dos mil catorce.

EXTRACTOS: «II. Consideraciones de la Sala

1. Presupuestos procesales de la acción.

1.1. Competencia.

Esta corporación es competente para conocer del presente asunto, en razón del recurso de apelación interpuesto por ambas partes contra la sentencia que accedió a las pretensiones, comoquiera que la cuantía de la demanda corresponde a la exigida en vigencia del Decreto 597 de 1988(1), para que la segunda instancia en un proceso adelantado en ejercicio de la acción de reparación directa sea conocida por el Consejo de estado.

1.2. Caducidad.

De conformidad con lo previsto en el artículo 136 del Código contencioso Administrativo, la acción de reparación directa deberá instaurarse dentro de los dos años contados a partir “del día siguiente del acaecimiento del hecho, omisión u operación administrativa o de ocurrida la ocupación temporal o permanente del inmueble de propiedad ajena por causa de trabajo público o por cualquiera otra causa”.

En el presente caso la pretensión resarcitoria tiene que ver con la muerte del señor Julio César Serna González, en hechos ocurridos el 27 de enero de 2002, de donde la demanda debía presentarse hasta el día 28 de enero de 2004 y, como lo fue el día 20 de marzo de 2002, resulta evidente que el ejercicio de la acción se hizo dentro del término previsto por la ley (art. 136, CCA).

2. Análisis del caso.

2.1. El daño.

Se encuentra debidamente acreditado que el señor Julio César Serna González falleció el 27 de enero de 2002. Conforme indica el registro civil de defunción expedido por la Registraduría Municipal del Estado Civil de Santander de Quilichao, allegado al proceso por la parte demandante (fl. 18, cdno. 1), así como la copia del acta de inspección del cadáver proveniente de la fiscalía General de la Nación, en la que se consignó que la muerte ocurrió en accidente de tránsito y según la cual “el occiso presenta escoriación en el abdomen que compromete región abdominal, cara anterior y flancos derecho e izquierdo, presenta escoriación en tercio proximal cara posterior del antebrazo derecho, escoriación en tercio proximal cara anterior del muslo izquierdo, escoriación ubicada en tercio distal cara anterior del muslo izquierdo” (fls. 24-26, cdno. 1).

En la misma dirección probatoria encontramos la historia clínica Nº 1429104, remitida por el hospital Francisco de Paula Santander de Santander de Quilichao (fls. 22-26, cdno. 2), que informa que el señor Julio César Serna González ingresó al servicio de urgencias a las 8:10 horas, por accidente de tránsito, con impresión diagnóstica de politraumatismo toraco-abdominal cerrado, que “se ingresa a cuidados de emergencia con oxígeno, se hacen maniobras de reanimación por paro cardiorrespiratorio, con asistencia, masaje cardiaco-entubación oxígeno, después de 15 minutos se declara muerte”. Como antecedentes se describe “sordera (utiliza audífonos)”.

Por tanto, dado que se encuentra demostrado el daño alegado por la parte actora, pasa la Sala a analizar si el mismo es imputable a la demandada y, en consecuencia, a determinar si es menester confirmar o revocar la sentencia de primera instancia que accedió a las pretensiones de la demanda.

2.2. Imputación.

De acuerdo con el artículo 90 de la constitución Política, “[e]l estado responderá patrimonialmente por los daños antijurídicos que le sean imputables, causados por la acción o la omisión de las autoridades públicas”. Al respecto, esta corporación ha precisado que, aunque el ordenamiento jurídico no prevé una definición de daño antijurídico, éste hace referencia a la “lesión de un interés legítimo, patrimonial o extrapatrimonial, que la víctima no está en la obligación de soportar, que no está justificado por la ley o el derecho”(2).

Por mucho tiempo esta Sección afirmó que la conducción de vehículos constituye, per se, una actividad peligrosa gobernada por el régimen de responsabilidad objetiva por riesgo excepcional “siendo necesario demostrar el riesgo excepcional proveniente del instrumento utilizado por el estado con mayor potencialidad de riesgo a crear el daño, el daño antijurídico y la relación causal (...)”(3).

Sin embargo, de manera reciente, en sentencia de sección de 19 de abril de 2012(4), la Sala sostuvo que le modelo de responsabilidad estatal establecido por el Constituyente de 1991 “no privilegió ningún régimen en particular, sino que dejó en manos del juez la labor de definir, frente a cada caso concreto, la construcción de una motivación que consulte razones, tanto fácticas como jurídicas, que den sustento a la decisión que habrá de adoptar”. En este sentido, atendiendo a lo manifestado en dicha providencia, la utilización de los títulos de imputación no puede entenderse derivada de la existencia de “un mandato constitucional que imponga al juez la obligación de utilizar frente a determinadas situaciones fácticas un determinado y exclusivo título de imputación”, comoquiera que “el uso de tales títulos por parte del juez debe hallarse en consonancia con la realidad probatoria que se le ponga de presente en cada evento, de manera que la solución obtenida consulte realmente los principios constitucionales que rigen la materia de la responsabilidad extracontractual del Estado”.

La Sala encuentra que la muerte del señor Julio César Serna González se produjo el 27 de enero de 2002, con ocasión del accidente de tránsito que sufrió luego de que la motocicleta en que se transportaba fuera arrollada por la volqueta de placas OVR-042, conducida por el señor Henry Cardona Martínez, exactamente en la calle 3ª, entre los kilómetros 9 y 10 del municipio de Santander de Quilichao.

Dentro del presente proceso se encontró acreditado que la volqueta involucrada en el referido accidente era de propiedad de la entidad territorial demandada, según da cuenta la certificación expedida por la secretaría de tránsito y transporte terrestre de Santander de Quilichao (fl. 33, cdno. 2). Igualmente, se tiene demostrada la calidad de servidor público del señor Henry Cardona Martínez, con el oficio SG-RH-246-2002, suscrito por la secretaría general y de participación comunitaria del mismo municipio, según el cual “el 4 de enero de 1996 se realizó un contrato a término indefinido para desarrollar actividades de operador de maquinaria pesada en la secretaría de obras públicas municipales, en calidad de trabajador oficial” y que para el 27 de enero de 2002, según la información de la secretaría de infraestructura y mantenimiento vial, el señor Henry Cardona Martínez cumplía con la labro de “dirigirse al sector de Vilachi Patio Bonito a cargar unos escombros que había en la vía” (fl. 28, cdno. 2).

En el informe de accidente de tránsito levantado por la dirección general de transporte y tránsito terrestre automotor se indica, sobre la vía, que se trataba de una calzada de asfalto, recta, plana, con carril en un solo sentido y en buen estado. Además, respecto a las condiciones del lugar, se hizo constar tiempo seco y zona con buena iluminación (fl. 28, cdno. 1).

En lo relativo al accidente, el informe aclara que se produjo en la calle 3ª, entre los kilómetros 9 y 10 del municipio de Santander de Quilichao, entre una motocicleta marca Plus, con placas MVD-45, conducida por el señor Julio César Serna, y un vehículo tipo volqueta, marca Internacional, modelo 98, con placas OVR-042, de servicio oficial, conducida por el señor Henry Cardona Martínez. Como causa probable del suceso se señala: “Vehículo Nº 1 .No codifica. Vehículo Nº 2. Cód. 102. Adelantar por la derecha. Además, en el espacio para “observaciones” quedó registrada la declaración del conductor del vehículo oficial: “Voy subiendo por la calle 3ª, estaba el semáforo en rojo, me dio vía libre verde. Arranqué, cunado miré por el retrovisor ya lleras (sic) estaba en la llanta trasera derecha, se iba a adelantar por ese lado, cuando lo vi traté de centrarme y esquivarlo frené de una” (fl. 29, cdno. 1).

En contraste con la visión de los hechos traída a colación en el croquis elaborado por la dirección general de tránsito y transporte terrestre automotor, según el cual la causa probable del accidente consistió en el hecho de que el conductor de la motocicleta intentara adelantar la volqueta por el lado derecho, se tiene la prueba testimonial recaudada a petición de la demandante, pues, acorde con las declaraciones la volqueta de servicio oficial invadió el carril por el que transitaba la motocicleta.

Estos son los dichos de los declarantes en sus acápites más importantes.

El señor José Antonio Álvarez López, quien se encontraba en el lugar de los acontecimientos, expuso:

“Todo sucedió un día domingo un poco antes de las ocho de la mañana, el día 21 de enero de 2002, al salir de la misa caminaba hacia la panadería Delipan que queda enseguida de La Fortuna, antes de cruzar cambió el semáforo a verde y de inmediato se pusieron en movimiento tanto una volqueta como una moto pequeña. Seguí mi marcha y de repente se sintió un ruido ensordecedor, rápidamente voltié (sic) y vi cómo la volqueta arrasaba prácticamente con los de la moto, inmediatamente después uno de los que viajaban en la moto quedó bajo las llantas de la volqueta y el otro que en este caso fue el Dr. Fernando Bacca logró saltar y ponerse a salvo. Inmediatamente me devolví conversé con el Dr. Bacca que estaba muy azarado vi que quien estaba debajo de las llantas de la volqueta era Lleras o sea Julio César Serna, con el estruendo la gente comenzaba a llegar allí al sitio me puse a conversar con el Dr. Bacca a tratar de calmarlo un poco y estando en ello apareció el conductor de la volqueta que es un muchacho perteneciente a la iglesia de los israelitas quien se dirigió a mí muy apesadumbrado y confundido, me dijo: ‘Toño sinceramente yo no los he visto a ellos, no los vi, yo no me he dado cuenta de nada, no fue mi culpa” yo inmediatamente traté como de consolarlo un poco porque estaba muy asustado pero como el Dr. Bacca estaba exaltado él se alió de su ropa por decirlo así y le decía al chofer israelita “vos sos un bruto, cómo se te ocurre fue que no nos viste o qué, esa volqueta prácticamente nos la echaste encima’ para obviar problemas saqué al Dr. Bacca de donde estábamos y le sugerí con otras personas que en ese momento ya estaban allí, que levantáramos a Serna para llevarlo al hospital, así fue que yo levanté la moto y los aparejos de pesca que estaban en el suelo, mientras que el Dr. Bacca y otras personas cuidadosamente alzaban al herido moribundo, para poder trasladarlo al hospital”.

Al ser preguntado sobre si sabe o presume los motivos del accidente, contestó:

“Presumo que la volqueta se juntó mucho al andén porque si dos vehículos arrancan y diez o quince minutos metros (sic) adelante en este caso la volqueta arrolla a la motocicleta alguno de los dos ha invadido el espacio del otro y para mí la volqueta invadió la línea de tránsito de la moto”.

En igual sentido, la señora Gloria María Ramos Ramos, quien también se encontraba en el lugar de los hechos, indicó:

“Yo estaba en el atrio de la iglesia y me dirigía hacia el lado del colegio Fernández Guerra porque allí cojo los carros que va para San Pedro, yo vi que la volqueta roja del municipio estaba como antecito del semáforo como por los lados de la papelería La Fortuna y al lado derecho estaba la moto, de pronto yo escucho como un estruendo y yo no veía a nadie por allí eso estaba como solo yo me asomé qué fue lo que pasó y yo vi que la moto estaba tirada contra el andén por el colegio Fernández Guerra, yo miré y el andén tenía como un roce y cuando miro veo a alguien debajo de la volqueta, alguien comentó es un campesino porque llevaba como una peinilla y me impresionó verle por el estómago la huella o marca de que le hubiera pasado la llanta por encima, luego creo que fue Luis Antonio Álvarez que dijo ese es Lleras que es como se le conocía a Julio César Serna, ya me acerqué y efectivamente era el señor Serna, con él estaba el Dr. Bacca estaba muy pálido y se estaba sacudiendo y decía a mí me tiró hacia la derecha o sea hacia el colegio Fernández Guerra, luego llegó un taxi (...) Preguntado: ¿Sabe usted o presume el motivo por el cual ocurrió el accidente? Contestó: Yo pienso que la volqueta arrinconó a la moto para allá”.

Ahora bien, dada la discrepancia entre lo afirmado en los testimonios que vienen de relacionarse y la información reportada en el informe de tránsito elaborado por la dirección general de tránsito y transporte terrestre automotor, la Sala, al contrario de lo expuesto por el a quo, dará prevalencia y plena credibilidad a la información reportada en el mencionado documento, toda vez que, además de ser emitido por una autoridad pública, el agente de tránsito Fabio Humberto Montoya, en razón de su oficio, pudo percibir, de manera directa, la ubicación de los automotores respecto al lugar de los acontecimientos, sin que los declarantes aportaran mayor información al proceso acerca de la ocurrencia del accidente, pues, si bien ubicaron a los dos vehículos en el semáforo a la espera del cambio de luz que autorizara su marcha, no presenciaron de manera directa el momento de la colisión.

Se observa, además, que sobre el punto en cuestión obra en el expediente la declaración del señor José Fernando Bacca Gamboa (fls. 42-43, cdno. 2), quien el día de los hechos se transportaba como pasajero de la motocicleta y quien, además de afirmar que advirtió al conductor de la motocicleta de la proximidad de la volqueta y la posibilidad de ser arrollados, destacó no conocer las causas que provocaron el accidente de tránsito (se destaca):

“El 27 de enero de 2002 habíamos quedado con el señor Julio César Serna irnos de pesca, él me fue a recoger a la casa antes de las ocho de ña mañana, antes de salir directamente a la pesca quedamos de subir adonde mi madre a dejar una razón, antes de las ocho salimos de la casa en la moto de propiedad del señor Julio César Serna, subimos por la calle 3ª hasta llegar al semáforo de cruce de la calle 10, cuando llegamos al cruce el semáforo estaba en rojo y nos colocamos a la derecha de la volqueta roja, cuando el semáforo cambió a verde arrancamos al mismo tiempo y más o menos unos 10 metros hacia adelante la volqueta comenzó a sobrepasar yo miré hacia atrás y vi el bomper (sic) de la volqueta cerca de mi espalda y le indiqué a Julio que nos iban a golpear, parece ser que no me dio atención porque no hizo ninguna maniobra para aislarnos de la volqueta, la volqueta nos siguió sobrepasando hasta que con el bomper golpeó la dirección de la moto por el lado izquierdo y nos tiró hacia el andén, yo solo vi que Julio rebotó y cayó debajo de la volqueta y le pasó las llantas traseras por encima, yo caí en cuclillas a un lado de la volqueta; la volqueta después de haber atropellado a julio inmediatamente paró, en el momento del golpe vi pasando algo por el aire pensé que era mi celular y era el radio de Julio, parece ser que llevaba los audífonos puestos por eso no me oyó la advertencia de que nos iban a golpear, después del accidente me incorporé y fui a ver al compañero que estaba tendido en el piso y gemía de dolor, entonces le solicité ayuda a un taxista que pasaba y en compañía de otras personas lo subimos al vehículo y lo trajimos al hospital, donde lo recibió mi colega el Dr. Carvajal y lo comenzó a evaluar; le tomaron placas radiográficas y luego más o menos posteriormente una media hora falleció.

(...).

Preguntado: ¿Sabe usted el motivo por el cual sucedió el accidente? Contestó: Solamente nos accidentamos pero no sé la causa” (resaltado de la Sala).

Obra igualmente en el acervo probatorio la declaración del señor Henry Cardona Martínez, conductor de la volqueta de servicio público, quien sobre las circunstancias en que se presentó el accidente de tránsito manifestó:

“Eso fue rápido, llegué al semáforo el colegio Fernández Guerra el semáforo estaba en rojo luego el semáforo me dio vía libre arranqué a una distancia de 10 metros apenas estaba arrancando y sentí un golpe en la parte trasera y no fue más, cuando ya me bajé del vehículo, fue que vi la moto en el suelo y estaba el finado Julio César Serna, cuando lo levantamos lo montamos a un taxi y el médico Bacca lo ayudó a montar al taxi, él se ayudó a acomodar para montarse al taxi, él se encontraba vivo, dicen que el médico Bacca iba en la moto con él pero yo no los vi, eso fue lo que pasó, porque eso fue muy rápido, me acuerdo que estaban saliendo de la misa, las primeras personas que llegaron a ayudarnos yo las he visto sé que se llaman Armando y Néstor un negrito.

(...).

Preguntado: sírvase manifestar en qué momento antes, durante o después del accidente te percataste de la existencia de la moto, en el sitio del accidente. Contestó: Antes no la vi, la vi en el momento del accidente cuando ya había sucedido, cuando ya estaba en el suelo o pavimento, esos iban cargados de tulas, cañas de pescar, parecía que iban para un paseo” (subrayado de la Sala).

El análisis conjunto de los medios de prueba que se registran en el plenario le permite a la Sala concluir que, si bien está acreditado el daño —pues, como se dijo, la muerte del señor Julio César Serna es un hecho probado—, este daño no puede serle imputado al municipio de Santander de Quilichao porque no se evidencia acción u omisión alguna que habilite a la corporación para proceder de tal forma.

En efecto, la parte actora radica la supuesta falla en el servicio en dos situaciones: (i) sostiene que el conductor del vehículo de propiedad del municipio de Santander de Quilichao actuó con falta de cuidado y atención, pues desvió el vehículo que conducía hacia el espacio que ocupaba la motocicleta; y (ii) afirma que el conductor de la volqueta no guardó la distancia necesaria con respecto a la motocicleta, por lo que provocó el accidente.

No obstante, las pruebas son indicativas de que la causa adecuada(5) del accidente de tránsito en que perdió la vida el señor Julio César Serna, tiene que ver con la conducción de la motocicleta. El motociclista intentó adelantar el vehículo oficial por el lado derecho de la vía, según se consignó en el informe de tránsito elaborado por la dirección general de tránsito y transporte terrestre automotor.

Así las cosas, es claro que al invadir el extremo derecho de la vía con el fin de sobrepasar un vehículo, sin advertir el peligro de la maniobra, el señor Julio César Serna no solo actúo de manera imprudente, sino que infringió las normas de tránsito vigentes para la época de los hechos.

Al respecto, el Código Nacional de Tránsito y Transporte, entonces en vigor, Decreto 1344 de 1970, establecía, en el artículo 130.1, que en las carreteras de un solo sentido de tránsito, con un solo carril, “los vehículos transitarán por la derecha del carril empleando el lado izquierdo del mismo para maniobras de adelantamiento”. Con relación al adelantamiento de vehículos, el artículo 135 de ese mismo decreto precisaba las normas de precaución que debían seguir los conductores:

“Todo conductor antes de efectuar un adelantamiento o cruce de una calzada a otra debe observar: que ningún conductor que le siga haya empezado la maniobra para adelantarlo, que el carril izquierdo esté libre, calcular una longitud suficiente para pasar de acuerdo con su velocidad y a la de los demás vehículos que vaya a adelantar, que la maniobra no entorpezca el tránsito y anunciar su intención por medio de las luces direccionales y señales ópticas o audibles”.

Sumado a lo anterior, el artículo 136.7 del mismo estatuto prohibía adelantar un vehículo “en general, cuando la maniobra ofrezca peligro”, y el artículo 156 señalaba reglas de tránsito específicas para la conducción de motocicletas y bicicletas, en estos términos:

“ART. 156.—Los ciclistas y motociclistas estarán sujetos a las siguientes normas:

1. Transitar por la derecha de las vías, a distancia no mayor de un metro de la acera u orilla y procurarán no utilizar las vías de los buses y busetas (...).

6. Queda prohibido adelantar a otros vehículos por la derecha o entre vehículos que transiten por sus respectivos carriles”.

Examinada la conducta del señor Julio César Serna se concluye que intentó una maniobra de adelantamiento sin advertir el peligro de la misma, en cuanto se trataba de una volqueta, por ende, de un vehículo de mayor tamaño y altura, maniobra prohibida en cuanto la visibilidad del adelantamiento exigía la ubicación del vehículo que pretende avanzar del lado izquierdo al automotor que se pretende dejar atrás. De tal modo para la Sala la víctima asumió un riesgo que desafortunadamente se concretó, con los resultados ya conocidos, sin que los medios de prueba que obran en el plenario permitan evidenciar el actuar imprudente o descuidado del conductor del vehículo oficial, como se alega en la demanda.

Sobre el segundo argumento, es decir, que el conductor del vehículo oficial no guardó una distancia prudente y que de haberlo hecho se habría evitado la colisión cabe precisar que las pruebas indican que la volqueta no transitaba detrás de la motocicleta por el mismo carril, de tal suerte que le fuera exigible guardar con respecto a ella cierta distancia. Contrario a lo afirmado por los demandantes, las pruebas indican que la motocicleta y la volqueta se encontraron en la misma posición esperando en el semáforo el cambio a luz verde para emprender su desplazamiento, aspecto que toma mayor fortaleza si se considera que tanto el conductor de la volqueta como el compañero de la víctima de ello dieron cuenta; el primero tanto en la versión consignada en el informe de tránsito como en la declaración rendida ante el a quo, al señalar que nunca observó a la motocicleta y menos que esta estuviera en algún momento del accidente delante suyo y el segundo, esto es, el médico José Fernando Bacca Gamboa, al sostener en la declaración rendida ante el a quo, que la motocicleta se colocó a la derecha de la volqueta a la altura del semáforo.

Así las cosas, ante el ejercicio concurrente de la actividad peligrosa por parte del señor Julio César Serba y del conductor del vehículo oficial, se debe reconocer que la conducta que determinó el daño fue la del primero, quien desplegó un comportamiento imprudente al hacer una maniobra para sobrepasar un vehículo sin las precauciones necesarias, sin advertir el peligro que esto entrañaba y, en general, sin atender a las normas de tránsito vigentes para la época de los hechos.

4. Costas.

El artículo 55 de la Ley 446 de 1998 establece que se condenará en costas a la parte que hubiere actuado en forma temeraria. En el presente caso la Sala no observa comportamiento de este tipo en las actuaciones procesales de los intervinientes dentro del proceso, razón por la cual no se impondrá condena al respecto.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, subsección B, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

RESUELVE

1. REVOCAR la sentencia apelada, proferida por el tribunal Contenciosos Administrativo del Cauca el 30 de junio de 2004, y en su lugar NEGAR las pretensiones de la demanda.

2. NO CONDENAR en costas.

3. En firme esta providencia, DEVUÉLVASE la actuación al tribunal de origen.

Cópiese, notifíquese y cúmplase».

(1) El 20 de marzo de 2002, fecha en que se presentó la demanda, la cuantía para que un proceso iniciado en ejercicio de la acción de reparación directa sea conocido en segunda instancia por esta corporación era de $36.95.000 —arts. 129 y 132, CCA, subrogados por D. 597/88— y la mayor de la pretensiones de la demanda fue estimada en la suma de $100.000.000, a favor de la señora Oliva Penagos de Serna, por concepto de perjuicios materiales en la modalidad de lucro cesante.

(2) Sentencia de 2 de marzo de 2000, Exp. 11945, C.P. María Elena Giraldo Gómez.

(3) Sentencia de 9 de agosto de 2001, C.P. María Elena Giraldo Gómez.

(4) Sentencia proferida dentro del Expediente 21515, C.P. Hernán Andrade Rincón.

(5) Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 9 de junio de 2010, Exp. 18078, C.P. (E) Gladys Agudelo Ordoñez. “La causalidad adecuada (...) parte de un supuesto similar al expuesto por la teoría de la equivalencia de las condiciones, en la medida en que las condiciones adquieren la connotación de causas, sin embrago preconiza que del conjunto de condiciones es posible llegar a establecer una de ellas que constituya la causa adecuada en la producción del daño, se trata de buscar en abstracto la probabilidad de que esa condición sea la causa concreta del daño, de manera que las condiciones se ubicarán en una escala, por decirlo, jerárquica, y la más relevante será la que se tome como productora del daño, por esa razón la determinación de la causa a la luz de esta teoría parte del supuesto de establecer en primer lugar las posibles condiciones que intervinieron en la producción del hecho dañino (saber ontológico) y en segundo lugar de la indagación generalizada acerca de qué causas han podido incidir en la producción del fenómeno (saber nomológico) con apego a las leyes de la naturaleza, de suerte que solo tendrá la virtualidad de constituir la causa aquella condición que ha sido conocida previamente por el agente productor del daño”.