Sentencia 2002-11611/33650 de mayo 31 de 2016 

CONSEJO DE ESTADO,

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO,

SECCIÓN TERCERA, SUBSECCIÓN B

Proceso 17001233100020021161101 (33650)

Asunto: Reparación directa

Actor: Norley mejía cruz

Demandado: Hospital San Juan de Dios Riosucio y Hospital de Caldas E.S.E.

Bogotá D.C., treinta y uno de mayo de dos mil dieciséis.

EXTRACTOS: «

II. CONSIDERACIONES  

1. Presupuestos procesales de la acción

Esta Corporación es competente para conocer el recurso de apelación interpuesto el 14 de noviembre de 2006 por los demandantes, en proceso de doble instancia, seguido ante el Tribunal Administrativo de Caldas tal como lo dispone el art. 129 del C.C.A., habida cuenta que la cuantía de la demanda alcanza la exigida en vigencia del Decreto 597 de 1988(1), para que esta Sala conozca de la acción de reparación directa en segunda instancia(2).

2. Cuestión Previa

Obran en el plenario los testimonios de los señores Darío José Trejos Patiño, Luz Nancy Ayala Trejos, Jorge Iván Naranjo Ruíz, Luz Amanda Reyes Trejos, Consuelo González Avendaño, Julio César Chávez Dorado y Jaime Alberto del Río Gómez, quienes hicieron parte del equipo médico que estuvo a cargo del tratamiento recibido por el señor Norley Mejía Cruz en las ESE Hospital San Juan de Dios de Riosucio y Hospital de Caldas, así las cosas, en virtud de la relación de dependencia sostenida al momento de los hechos con la parte demandada se valorarán con cautela, conforme a los lineamientos del principio de la sana crítica y de valoración conjunta del material probatorio.

Del mismo modo procederá la Sala respecto de la valoración de los testimonios rendidos por los señores Albeiro Antonio Mejía Cruz, Hugo León Rendón Mejía, Diego Armando Hurtado Mejía y Dula Alarcón Gómez, quienes guardan relaciones de parentesco o afinidad con el demandante.

Respecto de los testimonios sospechosos, se ha sostenido que no por serlo puedan desecharse automáticamente, sino que “son las reglas de la sana crítica las que aconsejan que tanto el testigo sospechoso como el ex audito, se aprecie con mayor rigor, se someta a un tamiz más denso de aquel por el que deben pasar las declaraciones libres de sospecha o cuya percepción fue directa o se subvaloren. Pero sin que puedan desecharse bajo el argumento del parentesco, interés o falta percepción directa, sino porque confrontados con el restante material probatorio resultan contradictorios, mentirosos, o cualquier circunstancia que a criterio del juez merezca su exclusión o subvaloración(3)”. En tal virtud y bajo tales condiciones, serán valoradas.

De igual modo se procederá respecto de los testimonios de oídas, ya que la jurisprudencia de esta Sala ha reconocido valor probatorio al testimonio de oídas o ex auditu. Al respecto, ha admitido la dificultad de hallar un consenso acerca de la validez y credibilidad del testimonio de oídas. No obstante, ha resaltado que el testimonio de oídas es un medio de prueba que no puede desestimarse, por el simple hecho de que la versión del testigo haya llegado a su conocimiento por la transmisión que de la misma le hubiere realizado otra persona. La valoración de éste testimonio debe ser realizada por el juez de manera conjunta con los demás elementos probatorios que hubiesen sido arrimados al proceso, y con mayor rigor para así evitar la distorsión de los hechos por el proceso de comunicación a que se encuentra sometido el conocimiento por terceras personas.”(4). Así, la Sala ha establecido que habrán de verificarse para el efecto: i) las calidades y condiciones del testigo de oídas; ii) las circunstancias en las cuales el propio testigo de oídas hubiere tenido conocimiento, indirecto o por referencia, de los hechos a los cuales se refiere su versión; iii) la identificación plena y precisa de la(s) persona(s) que hubiere(n) transmitido al testigo de oídas la ocurrencia de los hechos sobre los cuales versa su declaración, para evitar así que un verdadero testimonio pueda confundirse con un rumor, en cuanto proviniere de fuentes anónimas o indeterminadas; iv) la determinación acerca de la clase de testimonio de oídas de que se trata, puesto que estará llamado a brindar mayor confiabilidad el testimonio de oídas de primer grado que aquel que corresponda al grado sucesivo por ser el resultado de haber escuchado a otro relatar unos hechos de los cuales dicho tercero tuvo conocimiento por el relato que, a su turno, recibió de otra persona y así sucesivamente.

3. 3. Hechos probados

3.1 Como primera medida, está probada la legitimación en la causa por activa y por pasiva de las partes, en la medida en que fue aportada la historia clínica del paciente, tanto por parte del Hospital San Juan de Dios de Riosucio (Caldas)(5) (fol. 35 a 55, c. ppal.), como del Hospital de Caldas E.S.E.(6) (fol. 157 a 230, c. ppal.), en donde se acredita la atención recibida en la fecha de los hechos por parte de dichas instituciones hospitalarias convocadas.

3.2. En relación con los hechos que se acusan como dañosos, se acreditó mediante la historia clínica del paciente:

3.2.1. El señor Norley Mejía Cruz, ingresó al Hospital Departamental San Juan de Dios de Riosucio (Caldas), siendo las 7:00 horas del 15 de febrero de 2000. Recibido en urgencias, se consignó que llegó por sus propios medios(7) y como anamnesis se indicó (fol. 37, c. ppal.):

“MC- Traído luego de caída en bicicleta sufrido trauma en región frontal izquierda sin pérdida de conciencia. 

V. No refiere - desprendimiento de retina ojo izq. 5 cirugías. 

EF. Regular condición, letárgico, orientado en tiempo y persona. 

FC: 88 FR: 24X’ TA 140/100 T. 36º 

Marcado edema región frontoparietal (…) 

Se observa pupila ojo izquierdo midriática no reactiva, imposible visualizar fondo de ojo al parecer contenido hemático. 

Ojo derecho pupila hiporeactiva (sic) (ilegible) refiere disminución visión ojo izq.

CR. Rs Cs rítmico (ilegible) // sin soplos, pulmón bien ventilado no sobreagregados.

Abdomen blando depresible no dolor ni defensa 

Locomotor – no hallazgos patológicos 

Neurológico- paciente letárgico, desorientado en tiempo y espacio / orientado en persona. Lenguaje adecuado reto satisfactorio 

Dx. TEC moderado 

Trauma ocular. 

CDO/ LEV Sj. Citroides 

Limpieza y sutura. Se hospitaliza. 

O2” – se destaca-

3.2.2. Sobre la atención recibida en dicha institución hospitalaria consta en la hoja de evolución (fol. 35, c. ppal.):

DETALLES
DIAMESAÑO
15020007:00 Ingresa paciente al servicio de urgencias consciente (sic), presenta herida en cara, se observa somnoliento, presenta visión borrosa, un poco desorientado. Se coloca oxígeno, se instalan líquidos endovenosos en miembro superior derecho región del antebrazo. Evaluado por el Dr. Darío Trejos quien lo hospitaliza” – se destaca-.
1502008+15 Ingresa paciente al servicio de pensión, es traído en camilla por la auxiliar de enfermería de urgencias y la esposa. A su ingreso paciente que se observa somnoliento responde con dificultad al llamado, un poco desorientado presenta edema palpebral, presentó émesis con sangre, se instala paciente en la unidad. DX. TEC moderado - trauma ocular, pertenece al ISS. Amanda 0800025” – se destaca-.
150200Ver carta remisión
11:30
150200“12+35 Sale paciente remitido a la Clínica Villa Pilar, paciente en regulares condiciones generales, somnoliento, responde difícilmente al llamado. Glasgow 8/15. Continúa con edema palpebral, lleva LEV permeables, va acompañado de auxiliar de enfermería, paciente ISS. Se entregó carta de remisión a la auxiliar de enfermería. Amanda0800025” – se destaca-.

 

3.2.3. A su vez, frente al estado médico del paciente, se lee en la solicitud de remisión, firmada por la doctora Clemencia Pérez R. (fol. 36, c. ppal.):

“Paciente q’ (sic) hoy a las 06:30 sufre caída en bicicleta con Tx en ojo izq.

AP: Desprendimiento de retina en ojo izq., 5 cirugías x esta causa. 

EF: Glasgow 8/15 

Con deterioro rápido del estado de conciencia 

PINR: Imposible hacer fondo de ojo por (ilegible) 

Pulmonares: C/N 

Reflejos bicipital, cubital y tricipital # bilat. Rotuliano y aquiliano #bilat. 

Se remite paciente con iDx de TEC severo hematoma intracraneano?” – se destaca-.

3.2.4. A su llegada a la sede del Instituto de Seguros Sociales de Manizales –no obra constancia de la hora de llegada ni de la duración de la atención- , se registra la toma de una TAC simple de cráneo, con fundamento en el cual se diagnosticó un trauma encéfalocraneano severo, hematoma cerebral y epidural anterior. Al tiempo consta su remisión “para valoración y manejo ya que no contamos con neurocirujano” (sic) (fol. 39, c. ppal.).

3.2.5. El señor Norley Mejía Cruz ingresó al Hospital de Caldas E.S.E. siendo las 17:25 horas (fol. 40, c. ppal.):

150200C.C. Seguro Social. MC paciente que es remitido del seguro social después de un cuadro clínico de 11 horas de evolución consistente en trauma a nivel frontal (accidente al desplazarse en bicicleta) con pérdida de la conciencia, es remitido por el deterioro de la conciencia para manejo especializado.
17+25Ap. Desprendimiento de retina en ojo izquierdo, 5 cirugías por esta causa no otros conocidos.
Af- Ninguno importancia
Ef - TA 110/70 Fc 86xmin, FR 20xmin Normocéfalo, PINR, presenta pupila izquierda que reacciona lentamente a la luz, pupila derecha que reacciona rápidamente a la luz, presenta equimosis palpebral izquierda, no estigmas del edema, crepitación facial, cuello sin estigmas de herida o escoriación, campos pulmonares bien ventilados, sin sobreagregados, ruidos cardiacos rítmicos sin soplos, no estigmas de trauma, abdomen blando, depresible, difícil de evaluar por el estado del paciente (...) tiene adecuada movilidad extremidades izquierda, disminución de movilidad extremidades derechas. neurológicos paciente obnubilado, Glasgow 5/15, no agudeza ocular espontánea, no verbalización, tiene localización extrema superior al dolor, hemiparesia derecha, no babinsky bilateral (+) Idx: 1) TEC 2) politraumatismo 3) hematomaintracraneano
Conducta: Hilda Escobar// Hospitalizar- TAC cerebral - radiografías - Val Neurocirugía. Santiago Marín, Med. Interno.
150200Anestesiología, recuperación.
19:00Paciente con hematoma epidural. Movimientos MS izq. No otros movimientos, pupilas isocóricas. Es programado para cirugía, se pasa al quirófano.

 

3.2.6. Una vez programado para cirugía, se registran anotaciones a las 17:55 y 18:00 horas sobre la prescripción de medicamentos, el seguimiento continuo a su evolución y la toma de exámenes necesarios para la realización del procedimiento(8), así como la reserva de sangre necesaria para la intervención (fol. 41, c. ppal.).

3.2.7. En informe quirúrgico de la misma fecha, sin registro de hora, figura la cirugía de craneotomía frontal izquierda y drenaje de hematoma. Consta en la descripción de hallazgos operatorios, procedimientos y complicaciones levantada por el cirujano Carlos A. Pardo T. (fol. 43, c. ppal.):

“De cúbito supino: (ilegible) asepsia antisepsia (ilegible)

Incisión - hemostasia - retenciones – craneotomía frontal con (ilegible) de 2,5”, drenaje de grasa, hematoma epidural, sangrado proveniente de Tx del (ilegible). Dendys reposición de colgajo óseo, clave en 1 plano, toleró procedimiento (…)”.

3.2.8. Respecto de la evolución postoperatoria del señor Mejía Cruz, se indica en la epicrisis que la atención hospitalaria finalizó el 18 de febrero de 2000, luego de una adecuada recuperación de la craneotomía frontal izquierda para drenaje de hematoma, posterior a la cual fueron brindados los tratamientos de oxigenoterapia, LEV, terapia respiratoria, terapia física, ranitidina, cefradina, cefacidal y dipirona, a lo que adiciona (fol. 46, c. ppal.):

“(…) es intervenido el mismo día para drenaje del hematoma con un post-quirúrgico satisfactorio. Se trasladó inicialmente al servicio de urología porque no había cama en neurocirugía y al día siguiente se trasladó a este último. Paciente evoluciona satisfactoriamente, por lo cual se da de alta el día 18 de febrero, con control por la consulta externa de oftalmología por lesión midriática – paralítica izq. Al parecer como secuela del TEC. 

3.2.9. Pese a lo anterior, consta en la historia clínica que el señor Mejía Cruz continuó hospitalizado hasta 21 de febrero de 2000. En efecto, se conoce que el 19 del mismo mes y año se despertó a altas horas de la noche y que presentaba “regulares condiciones generales”, al tiempo que presentaba “pupila izquierda midriática que no reacciona a la luz y (…) equimosis en párpados del ojo izquierdo”. Anotación que se reitera en los días siguientes, en donde se establece la necesidad de control periódico por oftalmología por la ausencia de reflejos en su ojo izquierdo, pese a la mejoría de su condición general de salud(9), hasta su efectiva salida de la institución (fol. 45 a 45 vto., c. ppal.).

3.2.10. En controles de oftalmología realizados en el mes de marzo de 2000, por consulta externa, se consigna lo siguiente:

03032000
  1. Dx: 1) Neuropatía OI traumática
2) D.R. OD AntiguoCl: 1) Oftalmoscopia indirecta
2) Evaluación preferencial en neurología
09032000
  1. Dx: DR O.D. Antiguo
OI: Neuropatía traumáticaCl. Se sugiere evaluación Cali – Bogotá o Medellín. Cirugía de retina O.D.

 

3.2.11. El señor Norley Mejía Cruz reingresó al Hospital de Caldas E.S.E., el 10 de julio de 2000 (fol. 164, c. ppal.), por cuenta de la aparición de la patología de osteomielitis del cráneo de carácter postquirúrgico. Indica la epicrisis de la atención recibida que debió ser reintervenido para el retiro del colgajo óseo como tratamiento para la patología sufrida (fol. 168, c. ppal.):

“Paciente quien fue intervenido quirúrgicamente hace 5 meses para drenaje de hematoma epidural. Asiste el día 6 de julio a control por la consulta externa refiriendo secreción purulenta por la herida quirúrgica, lo cual se comprueba al examen físico. Había consultado días antes en hospital local, fue formulado con antibióticos sin mejoría. Se considera la posibilidad de osteomielitis, por lo cual se ordena hospitalización el día 10 de julio. Este día ingresa el paciente, se instala tratamiento antibiótico con Oxaciclina y Cloranfenicol. Se lleva a cirugía el día 12 de julio, en la cual se realiza drenaje del absceso subgaleal y retiro del colgajo óseo. En el postoperatorio se decide cambiar la oxaciclina por cefalosporina (ceftriaxona 1gr IV c/12 horas) hasta completar 21 días de tratamiento con antibióticos.  

48 horas después, se observa colección subcutánea, se punciona, obteniendo aproximadamente 120 c.c. de líquido sero-purulento. 

El paciente evoluciona satisfactoriamente hacia la mejoría. Se espera hasta completar todo el tratamiento y se da de alta el 31 de julio, en buenas condiciones generales. Sale para su casa con fórmula médica, orden de control por la consulta externa de neurocirugía en 1 mes e incapacidad médica por 7 días. 

EXÁMENES DIAGNÓSTICOS 

-1 cuadro hemático completo con VSG, 1 TP, 1 TPT, 1 Creatinina, 1 Glicemia. 

- Cultivo y antibiograma de secreción de secuestro óseo (14-07-00): EnterobacterAglomerans. 

- Cultivo y antibiograma de secreción subgaleal (19-07-00): Enterobactercloacae – se destaca-.

3.2.12. Igualmente, reposan en el plenario los documentos en los que consta el consentimiento informado proferido respecto de las dos intervenciones quirúrgicas realizadas.

En torno a la cirugía de drenaje de hematoma epidural frontal izquierdo, cuyo consentimiento informado fue otorgado por la hermana del paciente, se indicaron como riesgos (fol. 229, c. ppal.):

“Anestésicos: Paro respiratorio, paro cardiaco – muerte – shock anofiláctico. 

Quirúrgicos: Infección – hemorragia – sepsis – muerte”. 

En cuanto a la intervención de retiro del colgajo óseo, se resaltan como riesgos inherentes al procedimiento:

“Anestésicos: 1. Muerte 

2. Anafilaxia 

Quirúrgicos: 1. Muerte 

2. Infección post-operatoria 

3. Hemorragia trans qx 

4. Meningitis 

5. Secuela estética”  

3.3. Respecto de las consecuencias de los hechos bajo examen, cuestionada la Junta Regional de Calificación de Invalidez de Caldas, certificó (fol. 146 a 147, c. 3):

“(…) esta Junta de Calificación de Invalidez emitió dictamen No. 722 del señor NORLEY MEJÍA CRUZ, el 03 de enero de 2002, dando una valoración de pérdida de la capacidad laboral de sesenta y cuatro punto quince por ciento (64,15%), distribuida así: en deficiencia (36,4%), discapacidad (6,5%) y minusvalía (21,25%). 

Qué después de notificada la respectiva calificación a las partes, la persona calificada interpuesto (sic) por escrito, dentro del término señalado por la ley, el recurso de REPOSICIÓN, y en subsidio el de APELACIÓN, y que el mencionado recurso de apelación fue resuelto por la JUNTA NACIONAL DE CALIFICACIÓN DE INVALIDEZ, habiendo subido el porcentaje de la pérdida de la capacidad laboral del 64,15% al 64,50% y habiendo cambiado la fecha de estructuración de la invalidez, del 2 de marzo del 2000, al día lunes 10 de julio del 2000 (…)”- se destaca-.

3.4. Ahora bien, en el mismo sentido, la prueba testimonial es contundente en señalar las graves secuelas físicas y sicológicas sufridas por el señor Norley Mejía Cruz. En efecto, son contestes las declaraciones rendidas por los señores Albeiro Antonio Mejía Cruz, hermano del demandante (fol. 1 a 3, c. 3); Hugo León Rendón Mejía, cuñado del demandante (fol. 3 a 5, c. 3); Arnulfo García Izquierdo (fol. 120 a 121, c. 3), Huber Antonio Blandón Ballesteros (fol. 122 a 124, c. 3), William Gómez Peláez (fol. 126 a 128, c. 3) y Gloria Inés Velasco (fol. 141 a 145, c. 3), residentes del municipio de Riosucio; Claudia Patricia Iglesias Hernández (fol. 130 a 132, c. 3), quien era practicante en el establecimiento de comercio del demandante al momento de los hechos; Diego Armando Hurtado Mejía, sobrino del demandante (fol. 132 a 134, c. 3) y Dula Alarcón Gómez, esposa del mismo (fol. 134 a 137, c. 3), en señalar que el señor Norley Mejía Cruz antes del accidente tenía problemas visuales que corregía con el uso de gafas de forma permanente, llevaba una vida normal, fungía como administrador de su establecimiento de comercio de distribución de chance y lotería y después de los hechos que motivan la demanda, presentó depresión, ataques epilépticos frecuentes y pérdida significativa de la visión, que le generaron dependencia e imposibilidad de realizar su labor en la agencia de chance, razón por la cual su cónyuge, Dula Alarcón debió renunciar a su empleo en el archivo de la Alcaldía Municipal y dedicarse a su cuidado, así como reemplazarlo en la agencia de lotería y chance de su propiedad. Resultan ilustrativas las siguientes declaraciones:

3.4.1. Testimonio del señor Huber Antonio Blandón Ballesteros (fol. 122 a 124, c. 3):

“(…) Respecto a las consecuencias de toda esta situación, considero que el señor MEJÍA salió sumamente perjudicado, no solamente en su salud, ya que es una persona que perdió gran parte de su visibilidad y tiene problemas de convulsiones que me lo han manifestado él y su esposa, que de un momento a otro él se va derrumbando en cualquier sitio lo que hace que no pueda permanecer solo en ninguna parte, incluso en la agencia donde labora su esposa, él está allí siempre acompañado de una persona (…) para terminar. Considero que este accidente a dicho señor le creó una inhabilidad laboral para toda la vida, porque él no ve y camina muy inseguro, porque ve demasiado mal, lo que le impide desempeñarse bien en cualquier actividad (…)” – se destaca-.

3.4.2. Testimonio de la señora Claudia Patricia Iglesias Hernández (fol. 122 a 124, c. 3):

“ (…) a él lo intervinieron, luego lo trajeron a recuperación a Riosucio, él estuvo muy delicado y ya con el tiempo se fue recuperando un poquito, entonces ya le tocaba acompañar a doña Dula a la agencia, porque le quedaba muy difícil dejarlo solo, porque ellos tienen 2 niños, un niño y una niña. A doña DULA le tocó renunciar al trabajo de la Alcaldía Municipal, ella llevaba mucho tiempo trabajando, ella renunció temporalmente para ver si don NORLEY se recuperaba bien para ella volver nuevamente a su trabajo pero nunca se recuperó y este es el momento que todavía no se ha recuperado, con el tiempo se dieron cuenta que había tenido una mala intervención y lo tuvieron que volver a intervenir, yo seguí trabajando con ellos y después me retiré y empecé a trabajar con la administración, ya doña DULA le tocó ponerse al frente de la agencia porque don NORLEY en este momento casi no puede ver bien, él tiene que estar tomando medicamentos, porque después del accidente a él le dan esas convulsiones, y como es una persona alta y acuerpado (sic) entonces es muy difícil para ayudarlo – se destaca-.

3.4.3. En el mismo sentido señaló la enfermera Gloria Inés Velasco Berrío (fol. 141 a 145, c. 3):

“(…) PREGUNTADA: Diga si sabe y le consta sobre las condiciones actuales de salud del señor NORLEY MEJÍA CRUZ. CONTESTÓ: Yo le conozco, que de verdad tiene un problema gravísimo de la visión y a nivel de convulsiones, él convulsiona, a mí me ha tocado hacerle reanimación porque él convulsiona muy frecuentemente, hasta ahí conozco (…)” 

3.5. Sobre la calidad de la atención médica recibida, en la demanda se cuestionan varios sucesos, sobre los cuales obran las siguientes declaraciones:

3.5.1. Frente a la presunta caída sufrida en el servicio de urgencias del Hospital San Juan de Dios de Riosucio, los señores Diego Armando Hurtado Mejía (fol. 132 a 134, c. 3) y Dula Alarcón Gómez (fol. 134 a 137, c. 3), indican que oyeron, al llegar al Hospital San Juan de Dios de Riosucio a acompañar al señor Norley Mejía Cruz, que lo habían dejado caer en urgencias, lo que agravó su condición médica. Por su parte el señor William Gómez Peláez, conductor del municipio de Riosucio sostuvo haberse dado cuenta de su caída en su ingreso a urgencias, sin precisar las circunstancias de modo, tiempo y lugar, aunado a que no se expone el porqué de su conocimiento. Dijeron los deponentes:

3.5.1.1. Declaración del señor William Gómez Peláez:

“(…) PREGUNTADO: Diga si sabe y porqué le consta sobre alguna caída que haya sufrido el señor NORLEY MEJÍA en la sección de urgencias del Hospital San Juan de Dios de Riosucio el día 15 de febrero de 2000. En caso positivo, cómo sucedió y porqué causas. CONTESTÓ: Me di cuenta que se cayó, pero no tengo conocimiento de qué forma o circunstancias lo hayan dejado caer (…)” 

3.5.1.2. Declaración del señor Diego Armando Hurtado Mejía:

“(…) Yo conozco a NORLEY porque él es tío mío, yo me di cuenta de las cosas no en el momento que él ingresó al Hospital, si no cuando ya lo tenían adentro de urgencias, cuando yo llegué al Hospital escuché que lo habían dejado caer de la camilla, porque lo habían dejado solo (…)” 

3.5.1.3. Declaración de la señora Dula Alarcón Gómez:

“CONTESTÓ: Lo que tengo para comentarle es que el 15 de febrero de 2000, se accidentó mi esposo NORLEY MEJÍA y después de este accidente se llevó al Hospital, cuando a mí me avisaron yo llegué en segundos al Hospital, pero en ese instante me encontré al señor HOOVER BLANDÓN (sic) me comentó que NORLEY tan de malas, que después de ese accidente la persona que lo recibió en urgencias lo dejó caer (…)”.

3.5.2. Respecto de la calidad de la atención recibida en el Hospital San Juan de Dios de Riosucio, el equipo médico encargado de la atención al paciente Norley Mejía Cruz, el día de los hechos, señala de manera uniforme que fue adecuada y célere puesto que el demandante era el único paciente en urgencias en dicha ocasión, de donde su ingreso a hospitalización se dio en un tiempo mínimo y el lapso durante el que estuvo en la institución fue de observación, con base en lo que se estableció la necesidad de su traslado a tercer nivel, tal como lo señalaron en sus testimonios los señores Darío José Trejos (fol. 5 a 9, c. 2), Luz Nancy Ayala Trejos (fol. 10 a 12, c. 2) y Luz Amanda Reyes Trejos (fol. 18 a 20, c. 2) quienes, adicionalmente, negaron la ocurrencia de la caída a la que se refiere la demanda. En efecto, señalan los deponentes:

3.5.2.1. Declaración del señor Darío José Trejos, médico general, contratista en el servicio de urgencias del Hospital San Juan de Dios al momento de los hechos (fol. 5 a 9, c. 2):

“(…) Ese día yo estaba de turno en el servicio de urgencias y a las 7 de la mañana el señor ingresó al servicio de urgencias luego de haber sufrido un accidente porque iba en una bicicleta, no vio un poste y se chocó. Al llegar el paciente estaba consciente, un poco letárgico, había sufrido un trauma en la cabeza, si no estoy mal en la región fronto-parietal izquierda, tenía una lesión de tejidos blandos a ese nivel, estaba un poco desorientado pero contestaba bien las preguntas que se le hacían, sabía dónde estaba. Se hizo lavado y se suturó, en vista de que el paciente estaba un poco desorientado, se decidió hospitalizar para observación. Me llamó la atención la pupila porque estaba midriática porque el señor había sufrido desprendimiento de retina según él mismo refirió y había tenido 5 cirugías previas en el ojo donde recibió el trauma. El sistema cardiovascular estaba normal, tenía un lenguaje adecuado, respondía las preguntas que se le hacían. En la escala que uno tiene para la evaluación médica de un paciente con TEC uno observa o se fija mucho en ciertas cosas como la actividad motora, la apertura ocular y la respuesta a preguntas. El señor estaba bien pero se dejó hospitalizado para observación que es lo que uno hace en estos casos. El manejo inicial fue con oxígeno, se le instalaron líquidos endovenosos con solución salina y se le aplicaron esteroides venosos para disminuir el edema cerebral, se hospitalizó para ver cómo evolucionaba el paciente. Hasta ahí tuve contacto con él porque de ahí en adelante otros compañeros lo recibieron en el servicio hospitalización (…) PREGUNTADO: El señor entró a las 7 de la mañana y yo pienso que trascurrió una hora mientras se hizo todo el proceso, pero más o menos porque es difícil recordarlo. Esto es lo que tarda el proceso (…)” – se destaca-.

3.5.2.2. Declaración de la señora Luz Nancy Ayala Trejos (fol. 10 a 12, c. 2):

“(…) Yo estaba en el servicio de urgencias. Él llegó a las 7 de la mañana, entró caminando, venía solo. Presentaba una herida en la cara, ahí mismo se le prestaron los servicios, se le colocó oxígeno, el médico lo evaluó, se le tomaron los signos vitales y se le practicó el tratamiento correspondiente. PREGUNTADO: Díganos si durante todo el tiempo que estuvo el señor Mejía Cruz en el servicio de urgencias donde usted estaba asignada estuvo consciente. CONTESTÓ: Él estuvo consciente (…) PREGUNTADO: Se ha dicho en el proceso que el señor Mejía Cruz mientras permaneció en el hospital, sufrió una caída de una camilla, qué sabe usted. CONTESTÓ: En ningún momento se cayó. Yo estuve todo el tiempo en urgencias con él hasta que me dio los datos y llamé a la familia. Llegó toda la familia que es muy numerosa. Entró toda la familia y estuvieron con él hasta que yo con la misma familia lo llevamos al servicio de pensión, lo pasamos a la cama y él en ningún momento se cayó (…), PREGUNTADO: Sírvase decirnos si el día de los hechos que usted viene narrándonos había congestión en el servicio de urgencias o, por el contrario, había poco movimiento. CONTESTÓ: El servicio estaba descongestionado totalmente, por eso se le brindó una atención tan buena. Él tuvo todos los cuidados por parte del médico, de enfermería, de todo – se destaca-.

3.5.2.3. Declaración de la señora Luz Amanda Reyes Trejos, auxiliar de enfermería del Hospital San Juan de Dios de Riosucio al momento de los hechos (fol. 18 a 20, c. 2):

“(…) PREGUNTADO: Recuerda usted en qué condiciones lo recibió (al señor Norley Mejía Cruz) cuando llegó al servicio de pensión. CONTESTÓ: A él lo subió la auxiliar de urgencias, él iba en camilla, iba acompañado por la esposa, él llegó consciente, iba somnoliento. PREGUNTADO: Recuerda usted cuanto tiempo permaneció el señor Mejía Cruz en el servicio de pensión. CONTESTÓ: 4 horas (…) PREGUNTADO: Había muchos pacientes hospitalizados en ese servicio ese día. CONTESTÓ: No, el nivel de hospitalización en ese servicio es bajo (…) – se destaca-.

3.5.3. Por su parte, las declaraciones de Diego Armando Hurtado Mejía (fol. 132 a 134, c. 3), Dula Alarcón Gómez (fol. 134 a 137, c. 3), Huber Antonio Blandón (fol. 122 a 124, c. 3) y Gloria Inés Vinasco Berrío (fol. 141 a 145, c. 3) señalan que la atención en el Hospital San Juan de Dios fue precaria y que durante el tiempo de estadía en dicha institución no tuvo adecuado seguimiento médico, por lo que su remisión fue tardía. Resultan ilustrativas de lo anterior las siguientes deponencias:

3.5.3.1. Declaración de Huber Antonio Blandón, amigo del demandante (fol. 122 a 124, c. 3):

“(…) Hace más o menos 3 años, un día en las horas de la mañana, tipo nueve, tuve conocimiento a través de comentarios en la calle, de que se había accidentado el señor NORLEY MEJÍA y que estaba en el Hospital San Juan de Dios de Riosucio, yo me trasladé hasta dicho sitio y encontré que realmente en una de las salas de pensión o habitaciones de pensión, se encontraba el señor NORLEY MEJÌA, presentando en la cabeza, en la parte frontal, un raspón sangrante y a la vez una inflamación muy fuerte, también pude ver en ese momento que el señor NORLEY no alcanzaba a hablar de manera correcta y escasamente identificaba con dificultad las personas que llegábamos a ver su estado de salud, también pude observar que en unos intervalos promedio de 15 a 20 minutos el señor NORLEY estaba trasbocando sangre, abundantemente, sangre que recogía en un balde plástico, esto hacía que quienes ingresábamos allí o en mi caso específicamente, pregunté a una de las enfermeras por qué si este paciente estaba sangrando y trataba de no responder al llamado que le hacíamos, por qué no lo remitían cuanto antes a Manizales y a él se tiene en observación hasta que los médicos tomen otra determinación, aseveraciones de estas se escucharon varias ya que yo estuve más o menos de 9 de la mañana a 12 del día, pendiente del señor MEJÍA, ahí dentro de la habitación. Quiero hacer claridad de que a eso de las 12 del día, el señor NORLEY prácticamente no respondía al llamado, razón por la que con una compañera que es enfermera que se llama GLORIA VINASCO, pero que no estaba vinculada al hospital, comentábamos: un paciente con esta sintomatología no entiendo por qué no es remitido de inmediato a Manizales; también debo decir que en las 3 horas que estuve en la habitación no recuerdo haber observado que alguno de los médicos hubiera ingresado a la habitación a revisar a dicho paciente, sólo entraban las enfermeras de rutina y manifestaban que el paciente seguía en observación (…)” – se destaca-.

3.5.3.2. Declaración de Gloria Inés Vinasco Berrío, enfermera residente en el municipio de Riosucio (fol. 141 a 145, c. 3):

“(…) El día que él se accidentó nos avisaron a un grupo y bajamos al Hospital y estaba en un estado de inconsciencia severo, causado por los mismos traumas del accidente, hasta ahí conozco el caso, de pronto luego volvimos a bajar y depronto si estaba retardado el desplazamiento a atención especializada, porque él requería la atención inmediata (…) PREGUNTADO: Se enteró usted de los ruegos o clamores de la familia del señor NORLEY MEJÌA CRUZ, solicitándole al personal médico del Hospital San Juan de Dios, para que procedieran con su traslado a la ciudad de Manizales. CONTESTÓ: Sí, solicitó la familia el traslado al momento en que fui a visitarlo, la esposa estaba haciendo ese trámite en la dependencia donde él fue recibido”. 

3.5.3.3. Declaración de Diego Armando Hurtado Mejía, sobrino del demandante (fol. 132 a 134, c. 3):

“(…) después lo ingresaron a la pieza (sic) y la doctora y el doctor por ninguna parte, sólo enfermeras y la familia ayudando, a nosotros nos entregaron un balde para que se lo tuviéramos porqué él estaba convulsionando y vomitando sangre y las enfermeras viendo, entonces le pedimos el favor de que lo trasladaran para Manizales, porque nosotros los vimos muy mal, entonces yo me salí de la sala o de la pieza donde lo tenían y me quedé afuera, entonces salió una enfermera, la que entró pero no me sé el nombre de ella y dijo que la familia para que molestaba tanto sabiendo que el paciente ya se estaba yendo, entonces llegó la Dra. CLEMENCIA y yo en ese momento le conté lo que había dicho la enfermera, entonces ella dijo que lo despacháramos para Manizales. No recuerdo la hora exacta que llegaron con él al hospital, pero yo fui al hospital a las 10 de la mañana y a él lo despacharon para Manizales, después del medio día, ya después ya a lo último lo remitieron para Manizales y la ambulancia por ninguna parte, ya después llegó la ambulancia y más tiempo perdido ahí (…) – se destaca-.

3.5.4. En cuanto a las presuntas fallas mecánicas sufridas por la ambulancia que se encargó de trasladar al paciente, varios testigos de oídas son contestes en señalar que el vehículo sufrió un desperfecto mecánico durante el traslado del señor Mejía Cruz a Manizales:

3.5.4.1. Testimonio del señor Jorge Iván Naranjo Ruíz, directivo del Hospital San Juan de Dios de Riosucio (fol. 13, c. 2):

“PREGUNTADO: Sírvase decirnos qué sabe usted sobre desperfectos sufridos por la ambulancia del Hospital durante el traslado del señor Mejía Cruz desde Riosucio hasta Manizales en el mes de febrero de 2000. CONTESTÓ: En este caso particular, he hablado con los compañeros porque yo no tuve contacto con él porque yo no estaba de turno en esos días, lo que entiendo es que la ambulancia había salido normal, porque uno nunca manda una ambulancia varada (sic) (…)”.

3.5.4.2. Declaración de Luz Amanda Reyes Trejos, auxiliar de enfermería del Hospital San Juan de Dios (fol. 18 -20, c. 2):

“PREGUNTADO: Recuerda usted que la ambulancia haya tenido problemas en su desplazamiento a la ciudad de Manizales. CONTESTÓ: Yo sí escuché que se había varado.” 

3.5.4.3. Declaración de la señora Dula Alarcón, cónyuge del demandante (fol. 134 a 137, c. 2):

“PREGUNTADO: (…) A eso como de las doce y cuarto del medio día, ya lo iban a remitir con otra enferma y como habían y como habían dos para despachar y había solo una ambulancia para un solo paciente, entonces ahí fue más tardía porque el señor que maneja la ambulancia le tocaba dizque ir a sacar otra ambulancia donde pudieran ir los dos enfermos y ya de todas maneras salieron muy tarde, yo calculaba que en hora y media estarían en Manizales y ya en horas de la tarde me llamó mi cuñado Albeiro Mejía de la ciudad de Manizales y él me decía que qué había pasado con NORLEY que nada que llegaban con él, entonces yo lo único que le dije era que yo iba a llamar al Hospital de Riosucio, para saber qué había pasado que no había llegado ambulancia (…) y más tarde recibí una llamada del mismo doctor MAHECHA (director del hospital), pidiéndome disculpas por la mala atención por teléfono y entonces él me dijo que ya había averiguado como era la cuestión, dónde iban y qué había pasado (…) resulta que esta ambulancia se había varado por frenos y el mismo doctor me dijo que la ambulancia la habían sacado de donde la tenían en reparación y que se les había varado por frenos (…)”.

3.5.5. De otra parte, respecto de la atención recibida en el Hospital de Caldas E.S.E., señala la demanda que al señor Norley Mejía Cruz le fue realizado el drenaje de un hematoma epidural y que durante el posoperatorio mantuvo un sangrado por el orificio quirúrgico, lo que cinco meses después implicó la realización de una nueva cirugía, de retiro del colgajo óseo, debido a una infección en el hueso, a partir de la cual el señor Mejía sufre permanentemente convulsiones y que desencadenó la incapacidad que se refiere en autos. Al respecto obran las siguientes declaraciones:

3.5.5.1. Testimonio rendido por el médico neurocirujano Carlos Alberto Pardo Trujillo (fol. 7 a 10, c. 4):

“PREGUNTADO: Recuerda usted cuánto tiempo había transcurrido desde la ocurrencia del accidente hasta el momento en que se practicó la cirugía. CONTESTÓ: Según la historia clínica el accidente fue el 15 de febrero a las 6:30, yo lo operé aproximadamente a las 19:00 horas. PREGUNTÓ: Sírvase decirnos si atendiendo al tiempo transcurrido entre el momento de la lesión y el de la cirugía, ésta fue oportuna. CONTESTÓ: Podemos decir que fue oportuna pues el paciente salió de cirugía con muy buenas condiciones, sin déficit neurológico atribuible al trauma. En la parte de neurocirugía la evolución fue muy buena a pesar de haberse demorado un rato que pudo haber sido largo. PREGUNTADO: Se dice en el expediente que el paciente con posterioridad a la cirugía sufrió un proceso infeccioso y que posiblemente su origen pudo ser por contaminación en la sala de cirugía. Qué puede decirnos al respecto. CONTESTÓ: Yo diría que es muy difícil establecer una relación con el quirófano pues en estas cirugías juegan muchos factores como lo son las condiciones del paciente, el estado nutricional, el uso o no de antibióticos. En la literatura mundial existe un índice de infecciones esperado del 12% y no se puede decir que sea un solo factor el causante. Después de la cirugía en que yo intervine tuve contacto con el paciente el 2 de marzo de 2000 en consulta externa y no había signos de infección en ese momento. PREGUNTADO: El señor Mejía Cruz perdió la visión por el ojo izquierdo y se ha dicho que fue por una lesión del nervio óptico, hay forma de establecer si esa lesión fue originada por la infección o por la onda expansiva. CONTESTÓ: Sí, el paciente tenía una neuropatía óptica traumática izquierda a consecuencia de su fractura frontal, la que fuera producida en el momento del trauma craneal (al momento del golpe). En mi concepto no hay ninguna relación entre la infección tardía con la neuropatía óptica traumática (…) PREGUNTÓ: Consta en la historia clínica que el 19 de febrero posterior a la cirugía practicada por usted se encuentra disminuido el edema del ojo y se observa una pupila de marcus gunn positiva izquierda, nos puede indicar como se interpreta este diagnóstico. CONTESTÓ: la pupila de marcus gunn es indicativa de que hay lesión de la vía óptica en un signo clínico constante que se ve en cualquier lesión del nervio óptico y corrobora el diagnóstico de neuropatía traumática izquierda, esto quiere decir que el paciente a esa fecha ya tenía una lesión del nervio óptico izquierdo a esa fecha (…) PREGUNTO: Se menciona en el escrito de la demanda que el señor NORLEY MEJÍA CRUZ posterior a la segunda cirugía empezó a presentar convulsiones y se le prescribió medicamento anticonvulsivante. Nos puede indicar si las convulsiones son producto del trauma o de la infección y cirugía. CONTESTÓ: En los pacientes con trauma craneano se puede desarrollar epilepsia postraumática y puede ir de un 5 hasta un 50% en ciertos traumas Es muy probable que la epilepsia dependa del trauma inicial ya que la infección del paciente no era intracerebral sino que estaba localizada en el hueso y la parte externa de la dura madre y al no afectar el cerebro es improbable que la epilepsia sea por infección” – se destaca-.

3.5.5.2. Testimonio rendido por el médico cirujano Julio César Cháves Dorado, médico cirujano del Hospital de Caldas (fol. 7-10, c. 4):

“PREGUNTADO: Sírvase decir el testigo si en razón de su profesión ha conocido usted al señor Norley Mejía Cruz y en caso afirmativo se servirá indicarnos qué tipo de tratamientos le ha practicado usted. CONTESTÓ: Lo conocí en el hospital de Caldas cuando trabajaba allí como neurocirujano lo conocí en el posquirúrgico del drenaje de un hematoma epidural el día 16 de febrero de 2000, día siguiente a la primera cirugía que le hicieron. Posteriormente le realicé retiro del secuestro óseo el día 12 de julio de 2000, cuando se hace una craneotomía se le retira el pedazo de hueso y luego se le vuelve a colocar. Hasta donde tengo entendido quedó pendiente la craneoplastia (…) PREGUNTADO: ha manifestado usted que le tuvieron que retirar un colgajo óseo por infección de este, se determinó de alguna forma cuándo o como se originó dicha infección. CONTESTÓ: En mi concepto esa pregunta no tiene respuesta ya que un colgajo óseo es una estructura que se extrae del cráneo del paciente, luego se drena, se recoloca y se sutura la piel. En el quirófano todas las estructuras son asépticas, de lo contrario, el procedimiento se debió haber cancelado. El paciente empieza con una secreción pues ya se ha ido en la mayor parte de las veces para su casa y por esto es difícil de detectar o saber cuándo se origina la infección ya que no hay fiebre o síntomas como estos. Es difícil establecer si el germen fue adquirido intrahospitalario o por fuera de la institución ya que este tipo de infecciones pueden tardar entre 10 meses en manifestarse y se caracterizan por una secreción que no compromete el estado general del paciente, lo cual no amerita por parte de estos una valoración especializada urgente. Yo revisé la historia y no encuentro anotaciones por consulta externa. PREGUNTADO: Podría usted definirnos la entidad de la lesión sufrida por el señor Mejía Cruz. CONTESTÓ: El hecho de que el trauma haya producido un hematoma epidural, lo cual condujo a un deterioro neurológico del paciente y de ahí su remisión, indica que el trauma fue severo y pudo haber tenido repercusiones, sin confirmar, sobre la retina o el nervio óptico del paciente (…) PREGUNTADO: Se refiere en la demanda que posterior a la cirugía practicada por usted en julio 12 el señor Norley Mejía quedó sufriendo de convulsiones y que debe tomar un medicamento anticonvulsivante. Nos puede explicar desde el punto de vista médico esta situación. CONTESTÓ: Las convulsiones se pueden presentar en cualquier ser humano, ya sea por ser heredadas, por lesiones intracraneales, por tumores, colecciones de líquido, etc. En este paciente se es claro que sufrió trauma intracefálico que puede ocasionar lesiones parenquimatosas que se comportan como un foco de epilectóqueno. La aparición de crisis convulsivas generalmente es errático, va desde presentarse inmediatamente después del trauma o varios años después de este. En mi concepto el infecto infecciosos (osteítis frontal izquierda), no tiene que ver con el evento convulsivo ya que este tipo de infección extracerebral y quirúrgico consiste en retirar hueso infectado (…) – se destaca-.

3.5.5.3. Testimonio rendido por el médico cirujano Jaime Alberto del Río Gómez, experto en epidemiología e infección intrahospitalaria, adscrito al Hospital de Caldas (fol. 10 a 14, c. 4):

“PREGUNTADO: Sírvase decirnos si recuerda si en el primer semestre del año 2000 se presentó algún tipo de contaminación en las Salas de cirugía del hospital de Caldas que pudieran haber originado la infección presentada en el señor Mejía Cruz. CONTESTÓ: Nosotros la infección intrahospitalaria tiene una ocurrencia esperada, nunca puede ser cero. Yo explico que la piel es una evolución de mecanismo de defensa y al hacer cirugía se devuelve millones de años a un paciente en evolución y de otra parte un simple microbio que no se ve tiene 4.500 genes que compiten por vivir y esto da la posibilidad de que la vida no se acabe. Por lo anterior una (sic) existe una posibilidad de cero infección cuando hay cirugía o hay una sonda, etc. Peor puede fallar la infraestructura o en el recurso humano, autoclaves, etc. Y de esta manera se puede salir de control la infección. Para la época estábamos dentro del rango esperado, no muy bajo pero tampoco altos, estábamos en el rango esperado (…). En el caso del paciente la manifestación fue 5 meses después de la cirugía y podría decirse que no fue con ocasión de la atención intrahospitalaria, aunque queda la duda pero siempre inferior (…). PREGUNTÓ: Con base en la historia clínica nos puede decir qué tipo de bacteria se identificó en el señor Mejía Cruz. CONTESTÓ: Básicamente es un enterobacter, un germen gran negativo que lo puede tener cualquier persona como parte de su flora intestinal y que puede estar en cualquier hospital. Además llama la atención de que éste es sensible a todo, a diferencia de otros que a través de la mutación se hacen insensibles, en tal virtud es un germen benéfico que si se trata con cualquiera de los medicamentos señalados puede ceder. En mi concepto ese germen es más probable que esté en la comunidad (…) PREGUNTADO: Sírvase Manifestar con qué frecuencia se ha presentado en las salas de cirugía del hospital de Caldas, infecciones bacterianas que puedan incidir en el estado de salud de los pacientes. CONTESTÓ: Nosotros estamos más o menos en un promedio de una infección 100 procedimientos (sic) (…)”

3.5.5.4. Testimonio de la médica oftalmóloga Consuelo González Avendaño, quien atendió por consulta externa al señor Norley Mejía Cruz (fol. 1 a 3, c. 4):

“PREGUNTADO: Podría explicarnos qué tipo de problema presentaba el referido paciente. CONTESTÓ: El paciente llegó probablemente remitido, una interconsulta, no sé. Yo escribí que era un paciente que tenía antecedentes de cirugía de retina en el ojo derecho 8 años antes y tenía antecedentes de una trauma parietal del cual refería pérdida de la visión por el ojo izquierdo. Al examinar encontré un paciente con agudeza visual de cuenta de dedos por el ojo derecho (del de desprendimiento de retina) y por el izquierdo estaba ciego, sin percepción de luz por el trauma. PREGUNTO: recuerda cuanto tiempo antes de esa cita había ocurrido el accidente. CONTESTÓ: No sé, pues en el examen físico encontré que ese ojo tenía una dilatación pupilar, que no responde a la luz. Cuando un ojo con la pupila midriática no responde a la luz quiere decir que hay daños en el nervio óptico y si esto existe hasta allí llega mi papel; uno lo manda donde el neurólogo; pero el daño ya está hecho y no hay nada que hacer. PREGUNTA: Recuerda usted qué tipo de trauma o de lesión había sufrido ese paciente. CONTESTÓ: Lo que yo tengo consignado es que tuvo un trauma parietal y estos por sí solos pueden producir lesiones del nervio óptico ya que la onda que produce lo ocasiona. Hablando con el Dr. Pardo, Neurólogo, me dijo que había tenido fractura frontal (…) Sírvase manifestar al Despacho, desde el punto de vista clínico, qué pudo producir la pérdida de ese nervio óptico y la visión del señor Mejía. CONTESTÓ: traumas apriétales (sic) o la fractura frontal causó la lesión del nervio. PREGUNTÓ: El desprendimiento antiguo de retina de ojo derecho era irreversible o podía tratarse durante esos 8 años anteriores. CONTESTÓ: En lo que o trate encontré un paciente con antecedente de desprendimiento de retina con bandas vítreas, el vítreo es como una gelatina que está en la parte posterior del globo ocular y al inflamarse crea como bandas de tracción que al halar la retina la desprenden. Son como una cuerda que efectúa tracción. Yo lo mandé más por tranquilidad mía que por mejoría del paciente, pues una retina que permanece desprendida por más de un mes el pronóstico es reservado. Yo escribí se sugiere remisión Medellín, Cali o Bogotá para posible cirugía de retina, pero el mejoramiento es anatómico, más no funcional pues la visión no mejoraría. Él ya había sido operado es posible que se le hubiera aplicado la retina y al volver a controles pudo haberse vuelto a desprender sin darse cuenta, esto lo hace a uno pensar que la visión era tan mala que ni siquiera se dio cuenta del nuevo desprendimiento. En estos eventos hay muerte de las células nerviosas y ante esto no se puede hacer nada. En estos casos no hay lugar a prótesis, lo que se muere en células nerviosas se queda muerto, no resucita – se destaca-.

3.6. También obra en el plenario el oficio DH-106-03 proferido por el Hospital San Juan de Dios de Riosucio en que señala que (fol. 13, c. 3):

“(…) revisados cuidadosamente los archivos de la entidad, no se encontraron planillas de control técnico mecánico del vehículo Toyota OUE 054, que era la ambulancia en la cual se realizó el traslado del paciente Norley Mejía Cruz (…). 

Adjunto al oficio de la referencia, la entidad allegó copia de los comprobantes de egreso No. 1814 de 28 de abril de 1999, 2225 de 18 de agosto de 1999, 2592 de 22 de noviembre de 1999 y 2786 de 31 de diciembre de 1999, a que se adjuntan las facturas por servicios de mantenimiento automotriz prestado a la camioneta Toyota de placas OUE 054 realizado en el año inmediatamente anterior a los hechos de la demanda (fol. 14 a 28, c. 3). Consta en las facturas correspondientes la realización de arreglos como cambio de pastillas de frenos (fol. 15, c. 3) y revisión de frenos el 16 de noviembre de 1999 (fol. 26, c 3).

3.7. Igualmente, con el fin de mejor proveer y en ejercicio de la facultad probatoria asignada por el artículo 169 del C.C.A., esta Sala ordenó en auto de 26 de junio de 2015 que por Secretaría se oficiara a la Facultad de Medicina de la Universidad de la Sabana, de Bogotá con el fin de que rindiera dictamen pericial con base en el cuestionario remitido (fol. 557 a 558, c. ppal.). En respuesta, el Director de Programa de la Facultad de Medicina de dicha institución universitaria remitió el concepto rendido por el grupo de neurocirugía de la facultad en los siguientes términos (fol. 561 a 563, c. ppal.):

3.7.1. A la pregunta: “[d]e conformidad con la historia clínica, ¿cuál era el estado del señor Norley Mejía Cruz al ingresar al Hospital San Juan de Dios de Riosucio?, en lo relativo a la naturaleza y la gravedad del trauma encéfalo craneano y la afectación del órgano de la visión padecida, ¿se puede decir que el tratamiento otorgado y su posterior traslado a la Clínica del Seguro Social en Manizales fue oportuno o tardío? ¿se ajustó a la lex artis?”, respondió:

“1. El estado del señor Norley Mejía Cruz en el momento del ingreso al Hospital San Juan de Dios de Riosucio, Caldas, el 15 de febrero de 2000 a las 7:00 a.m., era el siguiente: se encontraba hipertenso, con aumento leve de la frecuencia respiratoria, letárgico (somnoliento), desorientado, con edema en la región frontoparietal izquierda, con la pupila izquierda dilatada y no reactiva a la luz, pupila derecha poco reactiva, con disminución de la agudeza visual en el ojo izquierdo. De acuerdo con la naturaleza y severidad de las lesiones, el paciente recibió un manejo inicial por medicina general oportuno y acorde con la lexartis. Posteriormente, el paciente se deterioró, alterándose su estado de conciencia hasta una calificación en la escala de coma de Glasgow de 8/15, por lo que se iniciaron trámite de remisión en forma oportuna a un centro de mayor nivel de complejidad– se destaca-.

3.7.2. A la pregunta: “[a]corde con la intensidad del golpe recibido y los antecedentes médicos del paciente – cinco cirugías precedentes por desprendimiento de retina en el ojo izquierdo ocho años antes del accidente, ¿cuáles eran las probabilidades del paciente de conservar su agudeza visual después de recibir el tratamiento médico?”, responde el perito:

“2. El paciente presentaba un antecedente de desprendimiento de retina en el ojo derecho, con bandas de tracción que indican cronicidad de la lesión, para lo cual se le habían practicado cinco intervenciones quirúrgicas, de acuerdo con la historia clínica. Esta lesión limitaba severamente la visión del paciente por este ojo ya que solamente podía contar dedos a un metro de distancia. Con el traumatismo que presentó en febrero 15 de 2000, sufrió una lesión traumática del nervio óptico izquierdo, con signos de daño severo desde el momento del ingreso, evidenciados por pérdida de la agudeza visual y falta de reactividad de la pupila por deaferentación. Estos hallazgos se confirmaron el 3 de marzo de 2000 en la evaluación por especialista en Oftalmología, en la que se informó una hipoplasia o atrofia del nervio óptico izquierdo con consecuencia de la lesión traumática del nervio. Pese a que el paciente recibió el tratamiento médico apropiado y posteriormente manejo quirúrgico para evacuar una colección intracraneana que generaba hipertensión, lo más posible es que el daño estuviese establecido desde el momento mismo del trauma. Por lo anterior y pese al tratamiento, las posibilidades de conservar o, en este caso, de recuperar la agudeza visual eran inferiores al 10% (diez por ciento), de acuerdo con lo reportado en la literatura científica”- se destaca-.

3.7.3. A la pregunta: “[d]e conformidad con los hallazgos de la historia clínica ¿el tratamiento recibido en el Hospital San Juan de Dios de Riosucio, la presunta demora en la remisión de urgencias y la falla mecánica sufrida por la ambulancia en que se surtió el traslado entre Riosucio y Manizales tuvo relación con el daño sufrido por el señor Norley Mejía Cruz, consistente en la pérdida considerable de la visión y el padecimiento de convulsiones con posterioridad?, señaló el perito:

“3. . No existe información en los registros clínicos de demora en el traslado por fallas mecánicas en la ambulancia ni del estado del paciente durante su corta estancia en la Clínica Villapilar del Seguro Social antes de ser remitido nuevamente al Hospital de Caldas. El paciente ingresó a la institución de tercer nivel (Hospital de Caldas) a las 17:25 donde ingresó con mayor deterioro del estado de conciencia persistencia de la alteración pupilar izquierda. Allí se realizaron los estudios y tratamientos acordes a la lex artis para la condición del paciente y a las 19:00 fue trasladado al quirófano para ser sometido a una intervención quirúrgica indicada para sus lesiones. El lapso de tiempo desde que el paciente egresó del Hospital de Riosucio hasta que ingresó al Hospital de Caldas es excesivo y podría estar relacionado con un mayor deterioro del paciente. Sin embargo la pérdida visual ya estaba establecida desde el momento del trauma y no se podría atribuir necesariamente a esta demora. Con respecto a las crisis convulsivas registradas en octubre de 2000, éstas pueden presentarse en forma tardía hasta en el 20% de los pacientes posterior a un trauma craneoncefálico. El estado del paciente en el momento del egreso en el mes de julio, posterior al procedimiento quirúrgico era satisfactorio, con Glasgow 15 y en proceso de recuperación. Por lo tanto, las crisis convulsivas no podrían atribuirse en forma directa al retraso en el traslado- se destaca-.

3.7.4. A la pregunta: “[r]especto del tratamiento quirúrgico de craneotomía frontal izquierda y drenaje de hematoma; y postquirúrgico recibido por el señor Mejía Cruz en el Hospital de Caldas E.S.E. ¿era ese el tratamiento indicado por la lex artis para el trauma craneoencefálico severo, hematoma cerebral y epidural con el que fue recibido en dicha institución?”, respondió:

“4. El tratamiento quirúrgico recibido en el Hospital de Caldas y el manejo postoperatorio estaban indicados, fueron oportunos y corresponden a la lex artis. Este manejo permitió la supervivencia del paciente y la recuperación de varias funciones neurológicas”. 

3.7.5. A la pregunta: ¿El contagio con la bacteria o bacterias, denominadas en la historia clínica del paciente como “enterobacter aerogenes”(10), “enterobacter agglomerans”(11) o “enterobacter cloacae”(12), detectado en el reingreso del señor Norley Mejía Cruz al Hospital de Caldas E.S.E. es de carácter intrahospitalario o puede adquirirse la infección por este microorganismo en otras circunstancias?. Conforme a los hallazgos de la historia clínica ¿a qué podría atribuirse el contagio con dicha bacteria en el caso concreto?, respondió:

“5. La infección por este tipo de microorganismos generalmente es intrahospitalaria y el paciente la puede adquirir por contaminación del sitio afectado por bacterias de la flora intestinal” – se destaca-.

3.7.6. A la pregunta: “¿[p]uede considerarse que la “osteítis frontal, con absceso subgaleal y hueso apolillado” tratada en la segunda intervención quirúrgica realizada al señor Norley Mejía es una complicación inherente a la primera cirugía practicada - craneotomía frontal izquierda y drenaje de hematoma-? ¿a qué se pudo deber la aparición de dicha patología?”, respondió:

“6. La osteomielitis frontal y absceso subgaleal pueden considerarse complicaciones de la primera intervención quirúrgica realizada al paciente: Ésta se puede presentar entre un 5% y 15% de los casos y depende de factores asociados al paciente (como su estado nutricional, estado inmunológico, condición de salud previa), al medio ambiente (condición de la herida en el postoperatorio por parte del paciente una vez egresado) y la virulencia del microorganismo.” 

3.7.7. A la pregunta: “[a]corde con los hallazgos de la historia clínica y demás material probatorio, ¿la infección por “enterobacter aerogenes”, “enterobacter agglomerans” o “enterobacter cloacae” causó como secuela, las convulsiones presentadas por el señor Mejía Cruz, con posterioridad a su tratamiento en el Hospital de Caldas E.S.E.?

“7. La osteomielitis y abceso subgaleal fueron tratados oportuna y idóneamente (sic) el 12 de julio de 2000, con un ciclo adecuado de antiobióticos en el postoperatorio, por lo que las convulsiones presentadas en octubre de 2000 no podrían atribuirse a esta infección– se destaca-.

3.7.8. A la pregunta: “[a]corde con los hallazgos de la historia clínica y demás material probatorio, ¿Cuál fue la incidencia del trauma encéfalo craneano sufrido en la posterior pérdida de capacidad laboral del demandante, especialmente, en relación con el padecimiento de convulsiones y la pérdida de la visión? ¿Cuáles eran las probabilidades de recuperación acorde con el estado de ingreso a los servicios de salud?”, respondió:

“8. El trauma craneoncefálico y en el nervio óptico izquierdo incidieron directamente en el estado de salud, la aparición de convulsiones tardías y la pérdida visual del paciente, así como su pérdida de capacidad laboral. Como se mencionó previamente, la pérdida visual ya estaba establecida desde el momento del trauma y su probabilidad de recuperación era muy baja (inferior al 10%) pese al manejo recibido” 

4. Problemas jurídicos

Corresponde a la Sala determinar -en función de los hechos probados y el recurso de apelación interpuesto- si la atención médica hospitalaria prohijada por el Hospital San Juan de Dios de Riosucio E.S.E. y el Hospital de Caldas E.S.E. al señor Norley Mejía Cruz, quien acudió a dichas instituciones en virtud del sufrimiento de un trauma craneoencéfalico fue oportuna y ajustada a la lex artis, y si, se desprende del acervo probatorio la relación causal entre el servicio médico prestado y los daños cuya reparación se demanda, consistentes en la pérdida significativa de la agudeza visual y el padecimiento de convulsiones por parte del paciente.

Para lo anterior, la sala deberá resolver si se encuentra acreditado i) que, el señor Norley Mejía Cruz sufrió una caída cuando se encontraba en urgencias, ii) que la remisión al tercer nivel de atención fue tardía, iii) el retardo en la llegada al hospital de tercer nivel por presuntas fallas mecánicas de la ambulancia asignada para el traslado y iv) la adquisición de una infección nosocomial durante el tratamiento quirúrgico y postquirúrgico recibido en el Hospital de Caldas E.S.E. Esto con el objeto de establecer la relación de causalidad con la incapacidad que presenta el actor.

5. Marco jurídico de la responsabilidad médico-hospitalaria relevante para el caso concreto 

5.1. Régimen probatorio

Actualmente, la jurisprudencia contenciosa sostiene que en materia de responsabilidad médica deben estar acreditados en el proceso todos los elementos que la configuran –daño, calidad de la actividad médica y nexo de causalidad entre ésta y aquél-(13), de manera que apreciados en su conjunto permitan establecer el juicio de responsabilidad y que, los títulos de imputación son motivaciones a las que debe recurrir el juez para establecer o negar la responsabilidad, de cara a los elementos incorporados al proceso, sin que resulte imperativo subsumir el asunto en los tradicionales regímenes de responsabilidad, pues el artículo 90 Constitucional reclama la construcción de una motivación que consulte razones, tanto fácticas como jurídicas que den sustento a la decisión, siempre en el marco de los principios constitucionales y legales que gobiernan el ejercicio de la función administrativa y la prestación de los servicios públicos(14).

Lo anterior, sin perjuicio de que para la demostración de la causalidad, las partes puedan valerse de todos los medios de prueba legalmente aceptados, cobrando particular importancia la prueba indiciaria(15):

(…) de manera reciente la Sala ha recogido las reglas jurisprudenciales anteriores, es decir, las de presunción de falla médica, o de la distribución de las cargas probatorias de acuerdo con el juicio sobre la mejor posibilidad de su aporte, para acoger la regla general que señala que en materia de responsabilidad médica deben estar acreditados en el proceso todos los elementos que la configuran, para lo cual se puede echar mano de todos los medios probatorios legalmente aceptados, cobrando particular importancia la prueba indiciaria que pueda construirse con fundamento en las demás pruebas que obren en el proceso, en especial para la demostración del nexo causal entre la actividad médica y el daño.

Se acoge dicho criterio porque además de ajustarse a la normatividad vigente (art. 90 de la Constitución y 177 del Código de Procedimiento Civil), resulta más equitativa. La presunción de la falla del servicio margina del debate probatorio asuntos muy relevantes, como el de la distinción entre los hechos que pueden calificarse como omisiones, retardos o deficiencias y los que constituyen efectos de la misma enfermedad que sufra el paciente. La presunción traslada al Estado la carga de desvirtuar una presunción que falló, en una materia tan compleja, donde el álea constituye un factor inevitable y donde el paso del tiempo y las condiciones de masa (impersonales) en las que se presta el servicio en las instituciones públicas hacen muy compleja la demostración de todos los actos en los que éste se materializa. 

En efecto, no debe perderse de vista que el sólo transcurso del tiempo entre el momento en que se presta el servicio y aquél en el que la entidad debe ejercer su defensa, aunado además a la imposibilidad de establecer una relación más estrecha entre los médicos y sus pacientes, hace a veces más difícil para la entidad que para el paciente acreditar las circunstancias en las cuales se prestó el servicio (…).

La desigualdad que se presume del paciente o sus familiares para aportar la prueba de la falla, por la falta de conocimiento técnicos, o por las dificultades de acceso a la prueba, o su carencia de recursos para la práctica de un dictamen técnico, encuentran su solución en materia de responsabilidad estatal, gracias a una mejor valoración del juez de los medios probatorios que obran en el proceso, en particular de la prueba indiciaria, que en esta materia es sumamente relevante, con la historia clínica y los indicios que pueden construirse de la renuencia de la entidad a aportarla o de sus deficiencias y con los dictámenes que rindan las entidades oficiales que no representan costos para las partes(16).

En tal virtud, la Sala analizará si los hechos constitutivos de falla del servicio aludidos en la demanda se encuentran probados en el plenario.

5.2. Sobre la naturaleza de las obligaciones de los prestadores del servicio médico y de los derechos de los usuarios

Antes de emitir un pronunciamiento sobre la responsabilidad en la prestación del servicio de salud frente a la ocurrencia de un resultado desafortunado, es preciso considerar sumariamente la naturaleza del acto médico y de la consecuente índole de las obligaciones que se derivan de su ejercicio.

En efecto, a pesar de los notables progresos que ha experimentado en los últimos siglos, el ejercicio de la medicina comporta riesgos cuyo control escapa a la ciencia, haciendo ajena a la actividad la completa exactitud y a cualquier pretensión de infalibilidad. Esto es así porque todo procedimiento médico implica algún grado de riesgo (así en algunos casos pueda ser ínfimo) cuya eventual realización la asume el paciente, una vez conocida en forma de consentimiento informado.

En vista, pues, de que a la práctica médica atañe siempre un cierto componente de inexactitud o si se quiere de alea, no es dable sostener que las obligaciones que las instituciones médicas y asimismo los profesionales de la salud contraen con los pacientes sean de resultado. Por eso, aunque se han abandonado unánimemente las posturas que abogan por una total irresponsabilidad del médico, la naturaleza de medio de las obligaciones médico asistenciales y hospitalarias es de común aceptación.

Lo anterior significa, básicamente, que el paciente tiene derecho a exigir la mayor diligencia posible, de donde se sigue como inconcuso, que el mero “fracaso” del procedimiento médico no constituye una violación de las obligaciones que se adquieren con la prestación, mientras que el desconocimiento de la atención debida sí se puede considerar lesiva del bien jurídico fundamental de la salud, así de esta no se siga como consecuencia un daño adicional. Por lo dicho, se concluye también que en toda reclamación por responsabilidad médica, la negligencia, así no fuere causa del resultado, genera responsabilidad es decir se trata de un daño principal e independiente(17).

En vista, pues, de que el principal derecho del paciente es la atención adecuada y diligente, es preciso establecer en qué consiste ésta última. Es de común aceptación, en efecto, que la diligencia médica exige acudir a todos los medios posibles para la salvaguarda de la vida y la salud del paciente, mas, como cada uno de los términos antes mencionados tiene un cierto grado de polisemia, se impone hacer precisiones adicionales. En primer lugar, es menester resaltar que el deber de salvaguardar implica tanto la prevención como el tratamiento. En segundo lugar, se debe resaltar que, como lo ha puesto de manifiesto la jurisprudencia de las jurisdicciones constitucional y contencioso administrativa, los bienes jurídicos de la vida y la salud no se refieren únicamente al mantenimiento de la subsistencia y la funcionalidad orgánica, sino que está permeada por las exigencias de la dignidad humana, de lo cual se sigue que la obligación médica se extiende a situaciones terminales, con un componente paliativo y que las acciones tendientes a la recuperación de la funcionalidad e integridad orgánica o a la mitigación del dolor deben realizarse siempre de acuerdo con la exigencia de respeto al paciente y sus allegados, frente a quienes se tiene obligaciones de veracidad, garantía del consentimiento informado y, en general, de trato acorde con la dignidad humana.

Para efectos del caso concreto, se ha de resaltar que una dimensión importante de la diligencia en el servicio médico, tiene que ver con la prestación efectiva y pronta del mismo, esto es, con la garantía de la atención, el ingreso, la celeridad, la calidad del servicio y la evitación de trámites innecesarios. En resumen, parte de la humanización a la que debe propender el servicio médico, consiste en la implementación de procedimientos logísticos que agilicen y optimicen la atención al usuario, de modo que éste no vea agravada su situación con innecesarias dilaciones burocráticas o deficiencias en la dotación de elementos al igual que de personal médico, paramédico o asistencial.

Por lo anterior, se debe resaltar que la negligencia alegada en los casos de responsabilidad médica no solamente se limita a la mala praxis, por parte del personal tratante, sino que puede darse también en virtud de un desorden infraestructural (ya sea de la Institución médica o del sistema de salud como un todo) por cuya causa, los médicos tratantes ven entorpecida su actuación, aunque, en el caso concreto, actúen dentro de los parámetros de la diligencia posible. En resumen, la negligencia puede ser profesional, pero también sistemático-institucional(18).

5.3. Responsabilidad por los daños causados por bacterias intrahospitalarias o infecciones nosocomiales

Esta Corporación previamente se ha pronunciado en el sentido de afirmar que los daños derivados de este tipo de infecciones no pueden ser considerados como “eventos adversos”(19), asociados al incumplimiento de la obligación de seguridad y vigilancia jurídicamente exigible a las instituciones prestadoras de servicios de salud, sino que deben ser analizados desde un régimen objetivo de responsabilidad:

(…) en los daños derivados de infecciones intrahospitalarias o nosocomiales (…) constituyen lesiones antijurídicas que se analizan dentro de los actos médicos y/o paramédicos, y que, por consiguiente, se rigen por protocolos científicos y por la lex artis; en consecuencia, si bien gravitan de manera cercana a la obligación de seguridad hospitalaria, no pueden vincularse con la misma, motivo por el que en su producción no resulta apropiado hacer referencia técnicamente a la generación de un evento adverso. Por el contrario, aquéllos constituyen daños antijurídicos que tienden a ser imputados o endilgados –y así ha sido aceptado por la mayoría de la doctrina y jurisprudencia extranjeras–(20) desde una perspectiva objetiva de responsabilidad, razón por la que no tendrá relevancia jurídica la acreditación de que la entidad hospitalaria actuó de manera diligente o cuidadosa, sino que lo determinante es la atribución fáctica o material del daño en cabeza del servicio médico y sanitario brindado, asociado con el factor de riesgo que conllevan las mencionadas circunstancias(21).

Igualmente, ha dicho la Sala que para dar aplicación al régimen objetivo de responsabilidad por daños derivados de la adquisición de una bacteria nosocomial, deberá constatarse que el daño:a) tuvo su origen en una infección de origen exógeno al paciente, b) fue ocasionado por una bacteria multirresistente y c) por tanto, resultó inevitable para la institución la producción del mismo –porque de haber sido evitable se trataría eventualmente de una falla el servicio-, esto es, la constatación de que se ha concretado el riesgo aleatorio al que están sometidos los usuarios del sistema de salud y que en términos de distribución de cargas resultaría excesivo imponerla al paciente”(22).

En el mismo sentido, precisó la sentencia en cita la importancia de la prueba indiciaria en este tipo de asuntos. Consideró la Sala que “[p]ara tal efecto resulta relevante atender a la prueba indiciaria que permita establecer si el daño es la materialización del riesgo alea en el contexto de la prestación del servicio médico o si lo que se evidencia es una causa externa generadora del daño. Si la bacteria original tiene la característica de ser multi-resistente, esta circunstancia puede ser considerada como indicio grave de que fue adquirida en el ambiente hospitalario. El mismo efecto tiene la comprobación del incumplimiento de protocolos de esterilización y la falta de mantenimiento de la planta física en estrictas y máximas condiciones de aseo”.

Por último, respecto de los eximentes de responsabilidad, es importante la diferenciación entre bacterias de origen exógeno y endógeno, toda vez que la parte demandada puede exonerarse de responsabilidad cuando el origen del daño le fue ajeno, es decir, cuando la infección provino de una fuente endógena al paciente.

6. El caso concreto

6.1. El daño

De acuerdo con el artículo 90 de la Carta Política, “[e]l Estado responderá patrimonialmente por los daños antijurídicos que le sean imputables, causados por la acción o la omisión de las autoridades públicas”. Al respecto, esta Corporación ha precisado que, aunque el ordenamiento no prevé una definición de daño antijurídico, éste hace referencia a “la lesión de un interés legítimo, patrimonial o extrapatrimonial, que la víctima no está en la obligación de soportar, que no está justificado por la ley o el derecho(23)”.

En el caso concreto, los daños sufridos por el demandante, consistentes en la pérdida significativa de la visión y el padecimiento de convulsiones con posterioridad al tratamiento quirúrgico se encuentran plenamente probados.

En efecto, la valoración postquirúrgica realizada por la especialidad de oftalmología – párr. 2.2.10.- indica que el paciente padecía una neuropatía traumática del ojo izquierdo, la cual se veía antecedida de una ausencia de reflejos en dicho órgano -párr. 2.2.9.-, así como la distorsión del nervio óptico. Patología que se suma a la baja visión en su ojo derecho, al punto que sólo podía contar dedos a un metro de distancia y había sido intervenido quirúrgicamente por el mismo concepto cinco veces párr. 2.2.10.- por desprendimiento de retina con bandas de tracción, esto es, de carácter crónico, como lo señaló en su concepto la Universidad de la Sabana -párr.2.6.2. -.

Así las cosas, si bien, la disminución de la agudeza visual por el ojo derecho estaba establecida, es decir, era preexistente al trauma craneoencefálico sufrido, no sucedió del mismo modo con la salud del ojo izquierdo, cuya pérdida fue total y sólo se encuentra consolidada con posterioridad a la atención médica.

Igualmente, quedó probado el padecimiento de convulsiones de carácter postraumático por el paciente, mediante la prueba testimonial – párr. 1.4.-, de donde se destaca la declaración de las señoras Claudia Patricia Iglesias Hernández y Gloria Inés Velasco Berrío, quienes aducen haber presenciado las crisis convulsivas sufridas por el demandante e incluso, haberle asistido durante las mismas.

Situaciones que conllevaron al señor Norley Mejía Cruz a la pérdida de su independencia y a la imposibilidad de ejercer su trabajo, tal como lo señalan los testigos de manera uniforme –párr. 1.4.-. Pérdida de capacidad laboral valorada por la Junta Nacional de Calificación de Invalidez en un 64,50%, En tal virtud, no cabe duda de la ocurrencia de los daños reclamados. Así las cosas, procede la Sala a establecer la imputabilidad de los mismos a la demandada.

6.2. La imputación de los daños a la entidad demandada

Para el análisis de la imputación de los daños en el caso concreto, la sala estudiará cada uno de los hechos acusados desde el marco de la diligencia debida conforme se enunció previamente y su conexidad con los daños a la salud sufridos por el paciente y que se encuentran acreditados.

6.2.1. Respecto de la presunta caída de la camilla en la sala de urgencias del Hospital San Juan de Dios de Riosucio: 

Aduce la demanda que, a su llegada a la Sala de Urgencias del Hospital San Juan de Dios, traumatizado por el choque experimentado cuando se desplazaba en su bicicleta, sufrió una caída de la camilla por descuido del personal asistencial lo que agravó su situación de salud.

Al respecto, observa la Sala que los medios probatorios obrantes en el plenario no conducen a inferir la ocurrencia del hecho, pues el señor William Gómez Peláez, única persona que se presentó como testigo presencial, no refirió pormenores espacio temporales del mismo– párr. 1.5.1.1.-, mientras que los señores Diego Armando Hurtado Mejía y Dula Alarcón Gómez, familiares del paciente, entregaron su testimonio de oídas.

Frente al particular, se encuentra que el señor Hurtado Mejía –párr. 1.5.1.2.- no señaló de manera expresa como conoció del presunto golpe sufrido por el señor Norley Mejía Cruz, sólo dijo: escuché que lo habían dejado caer de la camilla, porque lo habían dejado solo”. Declaración que no logra demostrar el suceso en tanto no cumple con el requisito de confiabilidad de la fuente emisora de la información, como se refirió supra.

Ahora, si bien la señora Dula Alarcón Gómez –párr.1.5.1.3.- indicó que fue el señor Huber Blandón quien le indicó de la ocurrencia del hecho, se tiene que el señor Blandón también rindió declaración en el asunto sub lite sin referencia expresa al mismo. Por el contrario, refirió el testigo que arribó a la institución demandada cuando el paciente ya se encontraba en las habitaciones de pensión –párr. 2.5.3.1.- de lo que se colige que no presenció la presunta caída sufrida por el demandante en el servicio de urgencias. De donde no resulta suficiente el mencionado testimonio como prueba del mismo.

Tampoco obra anotación alguna acerca del nuevo trauma sufrido en la historia clínica, por lo que no se tiene probada la negligencia y descuido acusados por la parte actora frente a este punto en particular.

6.2.2. Calidad del servicio prestado por el Hospital San Juan de Dios de Riosucio E.S.E. en urgencias y hospitalización y oportunidad de la remisión a tercer nivel de atención 

Aduce la demanda que el servicio prestado por el Hospital San Juan de Dios de Riosucio E.S.E. al paciente, desde su ingreso a urgencias hasta su remisión al tercer nivel de atención fue negligente, no se adecuó al seguimiento indicado por la lex artis acorde con la gravedad de las lesiones sufridas por el señor Norley Mejía Cruz y que su traslado fue tardío. Atención que incidió en el agravamiento de su condición y que le restó oportunidades de recuperación.

Frente a este hecho, indica la historia clínica que el señor Norley Mejía Cruz sufrió el accidente, consistente en el choque frontal contra un poste de luz cuando se desplazaba en bicicleta el día 15 de febrero de 2000, a las 6:30 horas y que media hora después se presentó en urgencias de la institución demandada por sus propios medios.

Así, a las 7:00 a.m. el paciente, quien se presentaba en regulares condiciones generales, con hipertensión, aumento leve de la frecuencia respiratoria, letárgico, desorientado, con edema en la región frontoparietal izquierda, con la pupila izquierda dilatada y no reactiva a la luz y la pupila derecha poco reactiva así como con disminución de la agudeza visual en el ojo izquierdo, recibió atención primaria por medicina general, consistente en suministro de oxígeno y líquidos endovenosos, al tiempo que fue ordenada su hospitalización para observación. Su atención fue inmediata y el trámite de ingreso a las habitaciones de pensión se dio en el periodo de una hora y quince minutos. Así consta en las anotaciones de la historia clínica, en donde se advierte a las 8:15 a.m. que el paciente respondió con dificultad al llamado, presentó edema palpebral y émesis con sangre, y se planteó la existencia de un trauma encéfalo craneano moderado. Así, ante la observación del deterioro de sus condiciones generales, siendo las 11:30, esto es, tres horas y quince minutos más tarde se ordena su remisión al tercer nivel de atención. Traslado que se inicia una hora después, siendo las 12:35, a la clínica Villa Pilar del Instituto de Seguros Sociales de Manizales – párr.- 1.2.2,-. Es de anotar que para ese momento, se sospechaba que el trauma sufrido era importante y que podía existir un “severo hematoma intracraneano” – párr. 1.2.3.-.

De otra parte, las declaraciones rendidas por el equipo médico del Hospital San Juan de Dios indican que el paciente estaba a su ingreso en condiciones regulares, pero que se encontraba consciente de donde lo pertinente era observar su evolución, como se realizó, de manera ágil, ante la descongestión de los servicios de urgencias y hospitalización. Así, el médico general Darío José Trejos señaló que el paciente llegó por sus propios medios, “contestaba bien las preguntas, sabía dónde estaba (…) el sistema cardiovascular estaba normal, tenía un lenguaje adecuado, respondía a las preguntas que se le hacían (…) se hospitalizó para ver como evolucionaba (…)” –párr. 1.5.2.1.-. Así mismo, la enfermera Luz Nancy Ayala Trejos, reitera lo señalado por el doctor Trejos, al tiempo que indica que “el servicio estaba descongestionado totalmente” por lo que la atención médica fue muy buena – párr. 1.5.2.2.-. Testimonios que, valorados bajo el tamiz de la sana crítica, resultan creíbles, en tanto concordantes con la historia clínica y el dictamen pericial.

Si bien las declaraciones de los señores Huber Antonio Blandón –párr. 1.5.3.1.-, Gloria Inés Velasco – párr. 1.5.3.2.-, Diego Armando Hurtado Mejía –párr. 1.5.3.3.- son contestes en indicar el notorio deterioro de la función cognitiva del paciente, al tiempo que la aparición de émesis con sangre, como también lo refiere la historia clínica, así como la entrada frecuente de enfermeras a hacer seguimiento al paciente y no de médicos, se tiene que el paciente se encontraba en observación, de donde si bien las directrices respecto a la atención eran asignadas por el personal médico, que para el particular era la doctora Clemencia Pérez en hospitalización, el apoyo del personal de enfermería resultaba fundamental, así, se advierte que las notas de la evolución del paciente fueron inscritas por “Amanda” – en referencia a la auxiliar de enfermería Luz Amanda Reyes Trejos-, lo que para la Sala no resulta indicativo de un inadecuado seguimiento.

Por el contrario, cuestionada la Facultad de Medicina de la Universidad de la Sabana sobre el particular, indicó que la atención recibida en dicha institución hospitalaria fue adecuada y su remisión oportuna. Señaló el concepto técnico, puesto a disposición de las partes, sin ser objeto de cuestionamiento, que “de acuerdo con la naturaleza y severidad de las lesiones, el paciente recibió un manejo inicial por medicina general oportuno y acorde con la lex artis. Posteriormente, el paciente se deterioró, alterándose su estado de conciencia hasta una calificación en la escala de coma de Glasgow de 8/15, por lo que se iniciaron trámite de remisión en forma oportuna a un centro de mayor nivel de complejidad” (se destaca) – párr. 2.7.1.-

Así mismo, es claro que conforme a la lex artis se seguía la remisión a tercer nivel de atención(24), tal como lo preciso el dictamen, cuando señala que “en estos casos el manejo médico quirúrgico oportuno en un centro de tercer nivel, especializado en trauma, es crucial para la evolución y pronóstico del paciente”. Como el mismo experticio lo indica “el trámite de remisión se inició en forma oportuna por parte del personal médico del Hospital de Riosucio a las 11:30 a.m. y salió de la institución a las 12:35 p.m. Estos tiempos se encuentran en un rango aceptable teniendo en cuenta la condición del paciente” (se destaca) -párr. 2.6.3.-.

Así las cosas, a juicio de esta Sala, del acervo probatorio aportado se advierte diligencia del hospital San Juan de Dios de Riosucio, si se considera que el periodo de observación fue el exigido, durante el mismo se prestó la atención requerida y la decisión de traslado se adoptó en un término aceptable.

6.2.3. Retardo en el traslado al tercer nivel en la ambulancia dispuesta por el Hospital San Juan de Dios de Riosucio E.S.E. y falta de información fidedigna sobre lo acaecido durante ese periodo en la historia clínica

Considera el demandante que el Hospital San Juan de Dios debe responder por las fallas mecánicas que presentó la ambulancia en su desplazamiento entre Riosucio y Manizales. Así, indica la demanda que el vehículo medicalizado se detuvo a la altura del kilómetro 41 de la vía que conduce de Medellín a Manizales para ser reparado, lo que retrasó la atención especializada que demandaba el paciente.

Frente al particular, afirma el Hospital San Juan de Dios de Riosucio en la contestación de la demanda que “(…) es cierto sí que durante el recorrido se presentó la rotura de la manguera que lleva el líquido de frenos y que se permite accionar tal mecanismo y se dijo que tal hecho fue completamente imprevisto e imprevisible pues el vehículo – contrario a lo que argumenta la parte demandante-, al momento de recibir la orden de remisión, se encontraba en perfectas condiciones técnico mecánicas, cosa que probaremos adecuadamente, pues es norma de la institución que represento que los vehículos sean sometidos a revisiones periódicas (…)” (fol. 295, c. ppal.).

Como prueba del desperfecto obran en el plenario testimonios de oídas, al tiempo que se echa de menos la anotación en la historia clínica sobre el suceso. Omisión que no puede pasarse por alto comoquiera que el traslado del paciente ocurrió por razón de su situación y en cumplimiento de previsión médica.

Así, el médico Jorge Iván Naranjo Ruíz, directivo del hospital demandado, refirió que aunque no estaba de turno, escuchó decir a sus compañeros que la ambulancia “presentó un desperfecto mecánico durante el viaje y por eso se retardó la llegada del paciente a Manizales (…)” – párr. 2.5.4.1.-. En el mismo sentido se pronunció la auxiliar de enfermería Luz Amanda Reyes Trejos que indicó al preguntársele sobre el particular: “Yo sí escuché que se había varado.”- párr. 1.5.4.2-. Por su parte la señora Dula Alarcón, cónyuge del demandante, indicó que el director del Hospital, al cuestionársele por el retardo en la llegada del paciente a la ciudad de Manizales, le informó que “ya había averiguado como era la cuestión, dónde iban y qué había pasado (…) resulta que esta ambulancia se había varado por frenos y el mismo doctor me dijo que la ambulancia la habían sacado de donde la tenían en reparación y que se les había varado por frenos (…)” – párr. 1.5.4.3.-

Es de resaltar que si bien la declaración de la auxiliar de enfermería Luz Amanda Reyes no puede ser tenida en cuenta, dado que no cumple con las exigencias para la valoración de declaraciones de oídas respecto del señalamiento de la fuente de información, no acaece lo mismo con el dicho de la señora Dula Alarcón y del médico Jorge Iván Naranjo, quienes refieren que conocieron del suceso, de una parte, por los compañeros del equipo médico del Hospital de Juan de Dios y de otra parte, por el director de la institución. Declaraciones concordantes con lo señalado por la entidad convocada al respecto en la contestación.

En tal virtud, considera la Sala suficientemente acreditado el hecho relacionado con la avería de la ambulancia que trasladaba al señor Norley Mejía Cruz desde el municipio de Riosucio hasta Manizales, empero, se desconocen las circunstancias de tiempo y modo que le dieron lugar.

Igualmente, desconoce la Sala el tiempo exacto de retardo en el traslado que generó la mencionada contingencia. Cuestionados los deponentes provenientes del municipio de Riosucio, quienes rindieron testimonio ante los estrados del Tribunal Administrativo de Caldas, señalaron que el trayecto habitual entre ambas localidades tiene una duración promedio de una hora y media a dos horas. Asunto que constata la Sala en la página web del municipio de Riosucio en donde se señala como distancia de referencia de Manizales, 91 kilómetros(25).

Es de advertir, que en la historia clínica aportada por el Instituto de Seguros Sociales de Manizales no obra constancia de la hora de llegada del vehículo a la institución como tampoco del tiempo de duración de la atención que permita hacer una estimación de la misma. Lo que sí se conoce es que se tomó un TAC simple de cráneo y se elevó un diagnóstico de trauma encefalocraneano severo, hematoma cerebral y epidural anterior y se produjo una nueva remisión al Hospital de Caldas E.S.E. por no contar la clínica del I.S.S. con neurocirujano. Último al que el paciente ingresó a las 17:25 del mismo día, con un cuadro de evolución de 11 horas.

Así las cosas, aunque la remisión se dispuso a las 12:35 horas del día 15 de febrero del año 2000 y el paciente ingresó al Hospital de Caldas a las 17:25 del mismo día, habiendo tenido que recorrer 91 kilómetros, lo cierto es que previamente ingresó a la Clínica Villapilar del I.S.S. en donde le fueron practicados exámenes previamente a su remisión al Hospital de Caldas E.S.E., por lo que se desconoce la incidencia real de la avería de la ambulancia en el retardo en la recepción de atención especializada de tercer nivel.

De otra parte, la entidad demostró la realización de revisiones periódicas al automotor y aunque no se encontraron las planillas de control técnico mecánico de la ambulancia Toyota de placas OUE 054 en que fue transportado el señor Norley Mejía Cruz, sí obran en el plenario soportes de distintos mantenimientos realizados al automotor –párr. 3.6.-. La prueba allegada a pesar de que no resulta suficiente para establecer las causas de la avería, permite excluir la responsabilidad comoquiera que el Hospital San Juan de Dios de Riosucio logró demostrar que actuó diligentemente, al haber realizado múltiples revisiones y reparaciones al automotor, de donde se advierte que dispuso de todos los medios a su alcance para prestar adecuadamente el servicio.

Ahora bien, no se conoce nada, por ausencia de anotación en la historia clínica, acerca de la evolución del paciente durante el tiempo de su traslado, la hora exacta de su llegada a la Clínica Villapilar del ISS de Manizales y el tiempo de permanencia en dicha institución. La falta de información lesiona el derecho del paciente a conocer la verdad sobre su estado de salud, evolución y calidad de la atención recibida, lo que constituye de manera autónoma una falla indemnizable. Sobre la incidencia de la insuficiencia de la información de la historia clínica en el derecho a la verdad, se ha pronunciado previamente esta Sala, en sentencia de 29 de septiembre de 2015(26):

“Para la Sala esta irregularidad constituye de por sí un daño antijurídico, que amerita indemnización. En efecto, por expreso mandato legal y reglamentario (artículos, 34-36 ley 23 de 1981- art. 6 resolución 1995 de 1999 del Ministerio de Salud), todas las actuaciones médicas deben constar en la historia clínica, de modo que la omisión de este requisito de suyo constituye una actuación por debajo de los estándares mínimos. Por otra parte, en el caso concreto se verifica que justamente el incumplimiento de este deber legal impide la valoración integral de la conducta médica.  

Es menester insistir en que las irregularidades en la historia clínica, además de constituir una desviación de los estándares éticos y legales de la medicina, son circunstancias que constituyen fallas autónomas, que se predican con independencia de la incidencia en la producción del daño alegado. Esto último, por cuanto de este documento depende la efectividad del derecho a la verdad del paciente, inescindiblemente ligado a las exigencias de la dignidad humana. En efecto, si realmente se reconoce a la persona como fin en sí mismo, la información sobre su propia salud y procesos vitales debe aceptarse como algo que le pertenece y de lo que no se puede despojar arbitrariamente sin lesionar severamente su dignidad. De la imposibilidad de poseer la vida de otro, concomitante a la dignidad humana, se sigue conexamente, la imposibilidad de retener o denegar la información existente o que debería existir sobre aspectos importantes del propio proceso vital. El derecho a la vida y la salud comportan el derecho a la información sobre los procesos que los comprometen. 

Además de la evidente conexidad del acceso del derecho a la verdad con el éxito o el fracaso de posteriores tratamientos médicos(27), el cumplimiento defectuoso de los deberes relativos a la cumplimentación de la historia clínica compromete el acceso a la justicia del paciente, en la medida en que el documento en cuestión constituye la prueba más idónea para acreditar la ocurrencia de un daño antijurídico y en no pocos casos el único. Dado que la posibilidad de acceder a los tribunales es vacía cuando se deniega la posibilidad de probar los hechos que fundan las pretensiones, el descuido de la historia clínica supone una violación de hecho a la verdad y la facultad derivada de acreditarla ante los tribunales.” 

Cuestionada la Universidad de la Sabana sobre el asunto de autos y su incidencia en la consolidación de los daños cuya reparación se reclama, señaló que “el lapso de tiempo desde que el paciente egresó del Hospital de Riosucio hasta que ingresó al Hospital de Caldas es excesivo y podría estar relacionado con un mayor deterioro del paciente (sic)–párr. 2.7.3.-.

Empero, descartó la experticia que los daños demandados por el señor Mejía Cruz –pérdida de la visión y padecimiento de convulsiones- tengan relación con la demora probada en la remisión del paciente, pese a la probabilidad de que dicho retardo incidiera en su deterioro. Refiere el dictamen que “la pérdida visual ya estaba establecida desde el momento del trauma y no se podría atribuir necesariamente a esta demora. Con respecto a las crisis convulsivas registradas en octubre de 2000, éstas pueden presentarse en forma tardía hasta en el 20% de los pacientes posterior a un trauma craneoencefálico. El estado del paciente en el momento del egreso en el mes de julio, posterior al procedimiento quirúrgico era satisfactorio, con Glasgow 15 y en proceso de recuperación. Por lo tanto, las crisis convulsivas no podrían atribuirse en forma directa al retraso en el traslado” –párr. 2.7.3.-.

No cabe duda entonces de que, acorde con lo acreditado en el expediente, el retardo en que incurrió la ambulancia no se erige como la causa eficiente del daño sufrido por el paciente. Así, el médico neurocirujano Carlos Alberto Pardo Trujillo, quien estuvo a cargo de la primera intervención señaló que, pese al retardo, la cirugía fue oportuna, por lo que “el paciente salió de cirugía con muy buenas condiciones, sin déficit neurológico atribuible al trauma. En la parte de neurocirugía la evolución fue muy buena a pesar de haberse demorado un rato que pudo haber sido largo” – párr. 3.5.5.1.-.

Pese a lo anterior, en el caso concreto, se evidencia que las deficiencias en la historia clínica son la causa de la incertidumbre respecto de si existió alguna desviación frente a los estándares de la lex artis durante el tiempo de su traslado, hecho que en sí mismo podría ser constitutivo de una falla indemnizable. Amén de que el solo hecho de que la información sea inaccesible para el interesado constituye de suyo una irregularidad, con independencia de que, eventualmente la verdad pueda ser establecida por otros medios. De acuerdo con lo anterior, la Sala encuentra fundamento para reconocer indemnización por la irregularidad señalada en la historia clínica, al margen de lo acontecido con las pretensiones, en cuanto se trata de un daño autónomo. En este punto cabe anotar que los compromisos institucionales con el respeto de los derechos fundamentales, dan lugar a condenas oficiosas, por tratarse de vulneraciones que en el Estado Social de Derecho, no pueden pasar desapercibidas sin que ello comporte la vulneración del derecho de defensa.

Corolario de todo lo anterior es que, el retardo probado no dio lugar ni contribuyó a la pérdida de visión como tampoco al padecimiento convulsivo, y las pruebas, por el contrario, dan cuenta de que el mismo no se deriva de una deficiente prestación del servicio, comoquiera que se habían adoptado medidas preventivas como la realización de revisiones y refacciones al automotor, para disponer del mismo en condiciones adecuadas para el traslado de pacientes por lo que, en este punto, no se acogerán los argumentos de la demanda. Empero, la incertidumbre sobre las condiciones en que se dio el retardo y la evolución del paciente durante dicho lapso, dan lugar a reprochar la falta de un adecuado registro de la evolución del paciente y del tratamiento recibido durante su traslado en la historia clínica, lo que de suyo implica un desconocimiento de la mayor diligencia posible en la atención hospitalaria y por ende, considera esta Sala imputable el daño autónomo referido al Hospital San Juan de Dios de Riosucio E.S.E.

6.2.4. Sobre la presunta adquisición de una infección intrahospitalaria durante el tratamiento quirúrgico y postquirúrgico recibido en el Hospital de Caldas E.S.E.

Acorde con los hechos de la demanda, el señor Mejía Cruz contrajo una infección nosocomial detectada cuatro meses después de su salida de la institución y que produjo el retiro del colgajo óseo y la pérdida total del nervio óptico izquierdo.

Al respecto se tiene que el señor Norley Mejía Cruz ingresó al Hospital de Caldas siendo las 17:25 del 15 de febrero de 2000 en regulares condiciones, con nivel de conciencia se evaluó en 5/15 en la escala de Glasgow, esto es, según consta en la historia clínica, sin agudeza ocular espontánea ni verbalización –párr. 3.2.5.-. Ante la delicada condición de salud en la que arribó el paciente, se prescribieron medicamentos, exámenes y seguimiento –párr. 3.2.6.- y a las 19:00 del mismo día le fue realizada la cirugía de craneotomía frontal izquierda y drenaje de hematoma, cuyo resultado fue satisfactorio. Así se indica en la historia clínica cuando se señala que el paciente “toleró el procedimiento” –párr. 3.2.7.- y que “es intervenido el mismo día para drenaje del hematoma con un postquirúrgico satisfactorio”, tal como se consignó en la epicrisis – párr. 3.2.8.-. La atención hospitalaria finalizó el 21 de febrero de 2000 párr. 3.2.9.- y fue oportuna, como se indicó supra.

Respecto de esta intervención, la hermana del paciente otorgó consentimiento previa información de los riesgos de la intervención: infección, sepsis y muerte – párr. 3.2.1.2- .

Pese a lo anterior, en los controles postoperatorios llevados a cabo el 3 y el 9 de marzo de 2000, se indicó respecto de la salud visual del paciente que, mientras en su ojo derecho presentaba un desprendimiento de retina antiguo y con signos de cronicidad, en un su ojo izquierdo padecía una neuropatía traumática, con un nervio óptico distorsionado –párr. 3.2.10.-. En otras palabras, señalaron los controles que mientras en su ojo derecho contaba dedos a un metro de distancia por una lesión antigua, el nervio óptico izquierdo presentaba distorsión a causa del impacto sufrido en el accidente. Concuerda la anotación con las declaraciones de la oftalmóloga Consuelo González Avendaño, quien indicó que encontró “un paciente con agudeza visual de cuenta dedos por el ojo derecho y por el izquierdo estaba ciego, sin percepción de luz por el trauma” – párr. 3.5.5.3.-.

Siendo así, no podría atribuirse la pérdida del ojo izquierdo a la infección adquirida con posterioridad, pues como se señaló, la pérdida aconteció por el trauma ocurrido, mismo que motivó su ingreso al servicio de urgencias en el Hospital San Juan de Dios de Riosucio, como lo señaló el concepto técnico rendido por la Universidad de la Sabana con “probabilidad de recuperación (…) muy baja (inferior al 10%) pese al manejo recibido” – párr. 3.7.8.-, por lo que tampoco podría atribuirse la pérdida visual al proceso infeccioso surtido posteriormente.

Ahora bien, frente a la adquisición de la infección se conoce por la epicrisis de su segunda hospitalización que el 6 de julio de 2000, esto es, casi cinco meses después del drenaje de hematoma epidural, el señor Norley Mejía Cruz asistió al Hospital de Caldas refiriendo “secreción purulenta por la herida quirúrgica”, la cual fue constatada al examen físico, asunto respecto del cual había consultado al hospital local y recibido formulación con antibióticos sin mejoría. Así las cosas, el 10 del mismo mes y año fue intervenido por presentar osteomielitis, esto es, infección del cráneo. Por lo que realizó drenaje del absceso subgaleal y se realizó el tratamiento correspondiente con antibióticos, con una adecuada evolución del paciente– párr. 3.2.11.-. Así quedó consignado en el concepto rendido por la Universidad de la Sabana, que señaló que “el estado del paciente en el momento del egreso en el mes de julio, posterior al procedimiento quirúrgico era satisfactorio, con Glasgow 15 y en proceso de recuperación (…)” –párr. 3.7.3.

Los exámenes diagnósticos relacionados con la aparición de la infección indican que fue hallado el germen “enterobacter aglomerans” en el secuestro óseo, mientras que los exámenes arrojaron resultado positivo para “enterobacter cloacae” en la secreción subgaleal.

Cuestionada la Universidad de la Sabana sobre la naturaleza de esta bacteria, señala que “la infección por este tipo de microorganismos generalmente es intrahospitalaria y el paciente la puede adquirir por contaminación del sitio afectado por bacterias de la flora intestinal” – párr. 3.7.8.-. En el mismo sentido, el médico cirujano Jaime Alberto del Río Gómez, experto en epidemiología e infección intrahospitalaria indicó que un enterobacter es un “germen gran negativo que lo puede tener cualquier persona como parte de su flora intestinal y que puede estar en cualquier hospital”. Así mismo, señalo el testigo que en su concepto “ese germen es más probable que esté en la comunidad (…)” –párr. 3.5.5.3.-. Adicionó el deponente que “(…) en el caso del paciente la manifestación fue 5 meses después de la cirugía y podría decirse que no fue con ocasión de la atención intrahospitalaria, aunque queda la duda pero siempre inferior (…)”.

No obstante el cirujano Julio César Chávez encontró difícil establecer el origen intra o extrahospitalario de la infección al tiempo que señaló que puede tardar diez meses en manifestarse –párr.3.5.5.2.-.

Respecto de la aparición de la osteomielitis frontal y el absceso subgaleal, adujo la Universidad de la Sabana que “pueden considerarse complicaciones de la primera intervención quirúrgica realizada al paciente: Ésta se puede presentar entre un 5% y 15% de los casos y depende de factores asociados al paciente (como su estado nutricional, estado inmunológico, condición de salud previa), al medio ambiente (condición de la herida en el postoperatorio por parte del paciente una vez egresado) y la virulencia del microorganismo” –párr. 3.7.6.-

Para la Sala, aun cuando haya evidencia de que la infección puede ser de carácter intrahospitalario, en el caso concreto no es posible establecer la forma de adquisición del microorganismo responsable, dado que el paciente estuvo cinco meses en recuperación por fuera de la institución hospitalaria, lo que no descarta que la misma se carácter endógeno, esto es, proveniente del mismo organismo del paciente.

Aunque la jurisprudencia ha señalado que las infecciones intrahospitalarias no tienen que ser padecidas por los pacientes y al margen de que no se conoce el origen de la sufrida por el señor Mejía Cruz, lo cierto es que no se colige del acervo probatorio que la infección sufrida haya tenido relación con la pérdida de la visión por el ojo izquierdo, ni con las convulsiones padecidas posteriormente. Así, respecto de los efectos del contagio con el microorganismo señalado y la osteomielitis frontal sufrida por cuenta del mismo, refiere el concepto que “la osteomielitis y absceso subgaleal fueron tratados oportuna y idóneamente (sic) el 12 de julio de 2000, con un ciclo adecuado de antibióticos en el postoperatorio, por lo que las convulsiones presentadas en octubre de 2000 no podrían atribuirse a esta infección” – párr. 3.7.7.-. Al punto de establecer el mentado concepto que “el tratamiento quirúrgico recibido en el Hospital de Caldas y el manejo postoperatorio estaban indicados, fueron oportunos y corresponden a la lex artis. Este manejo permitió la supervivencia del paciente y la recuperación de varias funciones neurológicas” – párr. 3.7.4.-.

Aunque las pruebas no son concluyentes respecto de la forma de adquisición del germen que dio origen a la infección, sí lo son frente a las causas de las convulsiones tardías sufridas por el paciente y descartan de forma unánime la incidencia de la osteomielitis frontal como causa eficiente de las mismas, en tanto los episodios convulsivos se relacionan con el trauma mismo, esto es, con el accidente sufrido y no con la atención hospitalaria, la cual, como se indicó en el dictamen pericial en comento, fue oportuna y adecuada. Señaló, frente a este asunto, la Universidad de la Sabana que “el trauma craneoencefálico y en el nervio óptico izquierdo incidieron directamente en el estado de salud, la aparición de convulsiones tardías y la pérdida visual del paciente, así como su pérdida de capacidad laboral” – párr. 3.7.8.-, y específicamente respecto de las convulsiones, indicó que “con respecto a las crisis convulsivas registradas en octubre de 2000, éstas pueden presentarse en forma tardía hasta en el 20% de los pacientes posterior a un trauma craneoencefálico” –párr. 3.7.3.-.

La tesis establecida en el dictamen solicitado de oficio por la Sala, resulta concordante con la historia clínica si se tiene en cuenta que desde la atención inicial en el Hospital San Juan de Dios de Riosucio, el paciente presentó convulsiones, como quedó acreditado con el testimonio del señor Diego Armando Hurtado Mejía –párr. 3.5.3.3.-.

En el mismo sentido, el médico neurocirujano Carlos Alberto Pardo Trujillo, consideró en el testimonio rendido que “en los pacientes con trauma craneano se puede desarrollar epilepsia postraumática y puede ir de un 5 hasta un 50% en ciertos traumas”. A lo que adicionó que “es muy probable que la epilepsia dependa del trauma inicial ya que la infección del paciente no era intracerebral sino que estaba localizada en el hueso y la parte externa de la dura madre y al no afectar el cerebro es improbable que la epilepsia sea por infección” – párr. 3.5.5.1.- Concuerda con dicho concepto, el médico cirujano Julio César Cháves, quien señaló que “(…) la aparición de crisis convulsivas generalmente es errático, va desde presentarse inmediatamente después del trauma o varios años después de este”. Por lo anterior, en su opinión “el infecto infeccioso (osteítis frontal izquierda), no tiene que ver con el evento convulsivo ya que este tipo de infección extracerebral y quirúrgico consiste en retirar hueso infectado (…)” –párr. 3.5.5.2.-. Declaraciones que cuentan con plena credibilidad para la Sala valoradas en conjunto con el material probatorio restante.

En ese orden de ideas, a juicio de esta Sala, aunque del acervo probatorio allegado no se colige que la bacteria que desencadenó la infección del hueso frontal del cráneo del paciente fuera adquirida extrahospitalariamente; tampoco se acreditó ni siquiera indiciariamente que fuera dicha infección la causante de los daños reclamados en la demanda. En tal virtud no se desprende de los hechos probados ninguna de las circunstancias que, conforme al precedente jurisprudencial de la Sala, permitirían la condena desde el punto de vista objetivo, por la adquisición de una infección nosocomial en tanto que i) no conoce su origen y ii) no fue ocasionado por una bacteria multirresistente sino por un germen de tipo enterobacter, el cual fue caracterizado como benigno, perteneciente a la flora intestinal, y susceptible de ser eliminado mediante antibióticos. Lo anterior, sin desconocer que del acervo probatorio valorado en su conjunto se infiere que iv) la infección adquirida no obró como causa eficiente del daño.

Por el contrario, las declaraciones del personal médico, como el dictamen pericial llevan a concluir que, tanto la pérdida visual consolidada por el ojo izquierdo, como la aparición de crisis convulsivas, tienen relación directa con el trauma craneoencefálico inicial. Respecto de la visión, son contestes las pruebas en señalar que el daño estaba establecido al momento de la atención hospitalaria, con probabilidades de recuperación menores al 10%, mientras indican que las crisis convulsivas, probablemente son efecto tardío del trauma y sin incidencia con la infección por el germen tipo enterobacter con el que se contaminó la herida quirúrgica. Asuntos que escaparon a las posibilidades de recuperación brindadas por la ciencia médica, cuyo trato en este caso no sólo se demostró que fue oportuno y adecuado sino que también aumentó las posibilidades de supervivencia y recuperación del paciente.

Así las cosas, lo procedente es declarar la responsabilidad del Hospital San Juan de Dios de Riosucio por el daño autónomo causado al paciente, derivado de la falta de información completa y confiable en su historia clínica y particularmente, durante el lapso de su traslado desde el Hospital San Juan de Dios de Riosucio y su ingreso al Hospital de Caldas E.S.E. y denegar las pretensiones incoadas dado que de las pruebas recaudadas en el plenario no se infiere que la grave pérdida funcional sufrida por el señor Norley Mejía Cruz, se derive de negligencia, impericia o mala praxis médico-asistencial.

7. Llamamiento en garantía

Toda vez que no se emitirá condena alguna en contra del Hospital de Caldas E.S.E., no procede pronunciamiento alguno respecto del llamamiento en garantía realizado a la aseguradora La Previsora S.A. Compañía de Seguros.

8. Liquidación de perjuicios

Para la fijación del quantum indemnizatorio la Sala tomará como referencia, los montos reconocidos en los casos en los que se verifican afectaciones a los derechos del paciente, sin relación causal con el daño señalado en la demanda como derivado de la deficiente atención médica y de la falta al derecho a la verdad por falta de información en la historia clínica. Concretamente, se atenderá el precedente sentado en la sentencia de 29 de septiembre de 2015, precitada, en la que se condenó por la suma de dos (2) salarios mínimos mensuales vigentes por la falta de una historia clínica completa y legible. Este mismo será el valor impuesto como indemnización por perjuicios morales en el sub lite.

Por el contrario, no se reconocerán las pretensiones relativas a los perjuicios materiales, dado que el daño probado no consiste en la lesión generadora de detrimento patrimonial, sino la imposibilidad de conocer la verdad sobre la causa e imputabilidad de la misma y en la falta de diligencia en la prestación del servicio médico-asistencial, en lo atinente al transporte del paciente, conforme a la máxima celeridad y calidad posible.

9. Costas

En atención al artículo 55 de la Ley 446 de 1998, no hay lugar a la imposición de costas.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Subsección B, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

FALLA: 

PRIMERO: REVOCAR la sentencia proferida por el Tribunal Administrativo de Caldas el día 26 de octubre de 2006.

SEGUNDO: DECLARAR patrimonialmente responsable al Hospital San Juan de Dios de Riosucio E.S.E., por el indebido diligenciamiento de la historia clínica del Señor Norley Mejía Cruz, como daño autónomo.

TERCERO: CONDENAR al Hospital San Juan de Dios de Riosucio E.S.E. a pagar al señor Norley Mejía Cruz el valor equivalente a dos (2) salarios mínimos legales mensuales vigentes.

CUARTO: DENEGAR las pretensiones de la demanda..

SEXTO: Para el cumplimiento de esta sentencia expídanse copias con destino a las partes, con las precisiones del artículo 115 del Código de Procedimiento Civil y con observancia de lo preceptuado en el artículo 37 del Decreto 359 de 22 de febrero de 1995. Las copias destinadas a la parte actora serán entregadas al apoderado judicial que ha venido actuando

SÉPTIMO.- Todas las comunicaciones que se ordena hacer en esta sentencia serán libradas por el a quo.

CÓPIESE, NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE».

1 El 14 de febrero de 2002, cuando se presentó la demanda, la cuantía para que un proceso iniciado en ejercicio de la acción de reparación directa tuviera vocación de doble instancia era de $36.950.000 -artículos 129 y 132 del C.C.A. subrogados por el Decreto 597 de 1988- y la mayor pretensión fue estimada en $355.200.000 por concepto de perjuicios materiales en la modalidad de lucro cesante sufridos por el señor Norley Mejía Cruz, por lo cual esta Corporación es competente.

2 Asimismo, se advierte que la acción se presentó en el término consagrado en el artículo 136 del C.C.A., por lo cual no operó el fenómeno jurídico de caducidad de la acción.

Respecto de las pretensiones encaminadas a la declaratoria de responsabilidad del Hospital San Juan de Dios de Riosucio (Caldas), observa la sala que el término de caducidad debe contabilizarse desde el día 15 de febrero de 2000, única fecha en la que el paciente estuvo en la institución hospitalaria. Así las cosas, dado que la demanda fue interpuesta el 14 de febrero de 2002, no se habían cumplido los dos años de caducidad de la acción.

En cuanto a las pretensiones dirigidas en contra del Hospital de Caldas E.S.E., considera la Sala que, dado que la segunda intervención realizada al señor Norley Mejía Cruz, en la que se trató la infección postoperatoria sufrida y en que se extrajo el colgajo óseo al paciente, la que se acusa como dañosa acaeció el 10 de julio de 2000, no había fenecido el término de caducidad al momento de interposición de la demanda.

3 Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección C, sentencia del 6 de marzo de 2013, exp. 24.884, M.P. Jaime Orlando Santofimio Gamboa.

4 Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección B, sentencia de 14 de junio de 2012, C.P. Stella Conto Díaz del Castillo, Exp. 21884.

5 De conformidad con la ordenanza No. 289, la Asamblea Departamental de Caldas ordenó la transformación del Hospital Departamental San Juan de Dios de Riosucio Caldas en una Empresa Social del Estado E.S.E., entidad pública descentralizada del nivel departamental, dotada de personería jurídica, patrimonio propio y autonomía administrativa (fol. 3 a 13, c. ppal.).

6 Conforme al Decreto Extraordinario No. 142, el Alcalde de Manizales decidió reestructurar el Hospital de Caldas en Empresa Social del Estado, entidad pública descentralizada, con personería jurídica, patrimonio propio y autonomía administrativa (fol. 64 a 71, c. ppal.).

7 Se refiere en la casilla “persona responsable del paciente:” “Él mismo” (fol. 37, c. ppal.).

8 Se ordena “1) hospitalizar, 2) Nvo; 3) O2 bajo cánula nasal a 4 l/min, 4) LEV SSN 1500 CC/24 hrs., 5) ranitidina ang song 1 amp. IV c/8 hrs., 6) SS TAC cerebral simple, SS RX AP cuello, RX AP tórax, RX PA pelvis, 7) SS CH-TP-TPT-BUN- creatinina citoquimico orina – glicemia, 8) P/Val por neurocirugía- Val CX general, 9) posición semifowler, 10) Control estado neurológico c/hora, 11) control signos vitales c/2 hrs.; 12) Avisar cambios (…)”.

9 Al respecto, se anota el 20 de febrero de 2000 a las 8:55 a.m., que el paciente no presenta déficit motor ni sensitivo, así como presenta fuerza y tono muscular conservados, adecuada coordinación y más adelante, a las 12:00, se indica que “tolera bien la levantada, elimina exp. En el baño, ingiere bien los alimentos, herida quirúrgica seca”. A las 6:00 p.m. se indica que el paciente presenta buenas condiciones generales en la tarde, y que aunque duerme poco, no refiere dolor. Se presenta orientado, hidratado y consciente (fol. 45 a 45 vto., c. ppal.).

10 Folio 187, c.ppal., reporte de cultivo de tejido del paciente tomado en la segunda intervención quirúrgica practicada en el Hospital de Caldas E.S.E.

11 Folio 168, c. ppal., en apartado sobre “exámenes diagnósticos de cultivo y antibiograma óseo”.

12 Ídem, acápite de “cultivo y antibiograma subgaleal”.

13 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencias de 31 de agosto de 2006, exp. 15.772, C.P. Ruth Stella Correa Palacio; de 3 de octubre de 2007, exp.16.402, de 30 de julio de 2008, exp. 15.726, C.P. Myriam Guerrero de Escobar, de 21 de febrero de 2011, exp. 19.125, C.P. (e) Gladys Agudelo Ordoñez, entre otras.

14 Consejo de Estado, Sección Tercera. Sentencia de 19 de abril de 2012, proceso n.° 21515. Consejero Ponente Hernán Andrade Rincón. Consejo de Estado Sección Tercera:

15 Consejo De Estado, Sección Tercera, Subsección B, sentencia de 30 de abril de 2014, C.P.: Danilo Rojas Betancourth, exp. 28214.

16 Consejo de Estado, sentencia de 31 de agosto de 2006, exp. 15.772, C.P. Ruth Stella Correa Palacio, reiterada luego en la sentencia de 28 de septiembre de 2012, exp. 22.424, C.P. Stella Conto Díaz del Castillo.

17 Cfr. Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección B, sentencia de 15 de febrero de 2012, rad. 21636 y sentencia de 29 de septiembre de 2015, rad. 28.487

18 Cfr. Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección B, sentencia de 28 de febrero de 2013, C. P.: Stella Conto Díaz del Castillo, Exp. 26398.

19 El anexo técnico de la Resolución n.º 1446 de 2006, del Ministerio de la Protección Social, define los “eventos adversos” como “las lesiones o complicaciones involuntarias que ocurren durante la atención en salud, los cuales son más atribuibles a ésta que a la enfermedad subyacente y que pueden conducir a la muerte, la incapacidad o al deterioro en el estado de salud del paciente, a la demora del alta, a la prolongación del tiempo de estancia hospitalizado y al incremento de los costos de no calidad. Por extensión, también aplicamos este concepto a situaciones relacionadas con procesos no asistenciales, que potencialmente puedan incidir en la ocurrencia de las situaciones arriba mencionadas”.

20 [19] PUIGPELAT, Oriol Mir “Responsabilidad objetiva vs. Funcionamiento anormal en la responsabilidad patrimonial de la Administración sanitaria (y no sanitaria)”, Conferencia impartida el 28 de noviembre de 2007 en el marco de las Jornadas Hispano – Mexicanas sobre el derecho a la salud y la responsabilidad patrimonial sanitaria. Ver igualmente: REGAÑON GARCÍA–ALCALÁ, Calixto Díaz “Responsabilidad objetiva y nexo causal en el ámbito sanitario”, Ed. Comares, Granada, 2006.

21 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 19 de agosto de 2009, exp. 17.733, C.P. Enrique Gil Botero. En el mismo sentido, véase la sentencia de 24 de marzo de 2001, exp. 20.836, C.P. Enrique Gil Botero.

22 Consejo De Estado, Sección Tercera, Subsección B, sentencia de 30 de abril de 2014, C.P.: Danilo Rojas Betancourth, exp. 28214.

23 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 2 de marzo de 2000, expediente 11945, C.P. María Elena Giraldo Gómez. Acerca del contenido y alcance del concepto de daño antijurídico en la teoría jurisprudencial colombiana, es posible consultar, también las siguientes providencias proferidas por esta misma Sección: Sentencias de 8 de mayo de 1995, exp. 8118; 5 de agosto de 2004, exp. 14.358 y, 7 de diciembre de 2005, exp. 14.065.

24 Señala el artículo 20 de la Resolución 5261 de 1994 del Ministerio de Salud que corresponde al nivel III de complejidad, la atención por “médico especialista con la participación del médico general y/o profesional paramédico”.

25 Distancia que recorrida a una velocidad promedio de 45 km/h (velocidad ampliamente inferior a la máxima permitida en carretera de 80 Km/h) se recorrería en dos horas.

26 Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección B, C.P. Stella Conto Díaz Del Castillo, Exp. 28487. Decisión que, a su vez, reitera lo dicho por la Sección Tercera, en sentencia de 29 de abril de 2015, C.P. Ramiro Pazos Guerrero, Exp. 25574.

27 Cfr., al respecto, Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, sentencia de 29 de abril de 2015, rad. 17001233100019980066701 (25574), C.P Ramiro Pazos Guerrero. En dicho caso se declara la responsabilidad de la entidad demandada por cuanto las deficiencias del registro en la historia clínica impidió que la detección oportuna de una infección, por parte de los médicos del centro al cual el paciente fue remitido.