Sentencia 2003-00419 de mayo 23 de 2013

CONSEJO DE ESTADO 

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN PRIMERA

Rad. 11001 0324 000 2003-00419 01

Consejero Ponente:

Dr. Guillermo Vargas Ayala

Actor: Benetton Group SPA

Bogotá, D.C., veintitrés de mayo de dos mil trece.

EXTRACTOS: «Consideraciones

1. La normativa aplicable en este asunto.

No obstante que en la demanda se invocan como infringidas disposiciones de la Decisión 486 de la Comisión de la Comunidad Andina, la Sala acogiendo las conclusiones de la interpretación prejudicial emitida en este proceso, dará aplicación a la normativa pertinente de la Decisión 344, en consideración a que la solicitud relativa al registro del signo Sisley (mixta), en la clase 18, fue presentada en vigencia de la citada decisión.

La Sala prohíja las consideraciones que sobre el particular se hacen en la citada interpretación, y que se concretan en lo siguiente:

“El juez consultante solicita la interpretación prejudicial de los artículos 134, 136 literal a) y 154 de la Decisión 486. Sin embargo, el día 19 de octubre de 1993, fue presentada la solicitud de registro del signo Sisley (mixto) en la clase 18 de la clasificación internacional de Niza, es decir, en vigencia de la Decisión 344, por lo que será esta norma la aplicable al presente caso.

En efecto, el conjunto de criterios que se exponen respecto del tema conocido como ‘tránsito legislativo’ o también como ‘aplicación de la ley comunitaria en el tiempo’ ha sido objeto de profundo análisis por el tribunal, especialmente por razón de las frecuentes modificaciones y actualizaciones legislativas que han operado en el campo de la propiedad industrial. Tales criterios han sido reiterados en numerosas sentencias, entre otras, la dictada dentro del proceso 39-IP-2003, en donde se precisó:

‘... toda circunstancia jurídica en que deba ser aplicada una norma comunitaria, será regulada por la que se encuentre vigente al momento de haber sido planteada dicha circunstancia, bajo los parámetros por aquella disciplinados. Sin embargo, y salvo previsión expresa, no constituye aplicación retroactiva cuando la norma sustancial posterior debe ser aplicada inmediatamente para regular los efectos futuros de una situación nacida bajo el imperio de una norma anterior. En ese caso, la norma comunitaria posterior viene a reconocer todo derecho de propiedad industrial válidamente otorgado de conformidad con una normativa anterior, (...).

(...) la norma sustancial que se encontrare vigente al momento de presentarse la solicitud de registro de un signo como marca, será la aplicable para resolver sobre la concesión o denegatoria del mismo; y, en caso de impugnación —tanto en sede administrativa como judicial— de la resolución interna que exprese la voluntad de la oficina nacional competente sobre la registrabilidad del signo, será aplicable para juzgar sobre su legalidad, la misma norma sustancial del ordenamiento comunitario que se encontraba vigente al momento de haber sido solicitado el registro marcario. Lo anterior se confirma con lo que el tribunal ha manifestado a efectos de determinar la normativa vigente al momento de la emisión del acto administrativo, para lo cual se deberá observar, (...) la normativa comunitaria vigente para el momento en que fueron introducidas las respectivas solicitudes de concesión del registro. (Proceso 28-IP-95, caso ‘Canali’, publicado en la G.O. del A.C. Nº 332, mar. 30/98)’. (Proceso 39-IP-2003. interpretación prejudicial jul. 9/2003, publicada en la G.O. del A.C. Nº 965, ago. 8/2003).

A manera de conclusión, si la norma sustancial vigente para la fecha de la solicitud de registro de la marca ha sido derogada y reemplazada por otra en el curso del procedimiento correspondiente, aquella norma será la aplicable para determinar si se encuentran cumplidos o no los requisitos que se exigen para el registro de dicho signo distintivo.

Por otro lado, las etapas procesales cumplidas y agotadas a la fecha de entrada en vigencia de la nueva norma no se afectarán por las del mismo carácter, expedidas con posterioridad. A contrario sensu, la reciente normatividad procesal tendrá aplicación inmediata respecto de las etapas del trámite administrativo pendientes de realizar.

De la solicitud de interpretación prejudicial remitida por el juez consultante y de los documentos anexos, se desprende que la solicitud de registro del signo Sisley (mixto) se efectuó en vigencia de la Decisión 344 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena y, por lo tanto, es esa la norma sustancial que debe aplicar la Corte consultante” (negrillas, cursivas y subrayas originales).

2. El asunto de fondo.

2.1 La resolución acusada, expedida por el superintendente delegado para la propiedad industrial de la Superintendencia de Industria y Comercio revocó la decisión contenida en la Resolución 1080 de 30 de enero de 2001 de la división de signos distintivos de esa superintendencia y, en su lugar, concedió a la sociedad Jeans Fashion S.A. el registro de la marca Sisley (mixta), solicitada para distinguir productos comprendidos en la clase 18 de la clasificación internacional de Niza. En el trámite de la actuación administrativa la sociedad Benetton Group SPA se opuso a la solicitud de registro de la citada marca, con fundamento en la confundibilidad de esta con la marca Sisley, registrada a su nombre para distinguir productos comprendidos en las clases 9, 14 y 16 del nomenclátor internacional.

2.2 La presente causa se encamina a determinar si la decisión administrativa adoptada por la Superintendencia de Industria y Comercio contradice o no las siguientes disposiciones comunitarias señaladas en la interpretación prejudicial emitida en este asunto:

Decisión 344 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena

“ART. 81.—Podrán registrarse como marcas los signos que sean perceptibles, suficientemente distintivos y susceptibles de representación gráfica.

Se entenderá por marca todo signo perceptible capaz de distinguir en el mercado, los productos o servicios producidos o comercializados por una persona de los productos o servicios idénticos o similares de otra persona”.

“ART. 83.—Asimismo, no podrán registrarse como marcas aquellos signos que, en relación con derechos de terceros, presenten algunos de los siguientes impedimentos:

a) Sean idénticos o se asemejen de forma que puedan inducir al público a error, a una marca anteriormente solicitada para registro o registrada por un tercero, para los mismos productos o servicios, o para productos o servicios respecto de los cuales el uso de la marca pueda inducir al público a error;

[...]”.

En la interpretación prejudicial 081-IP-2011 del mismo modo es interpretada la disposición transitoria primera de la Decisión 486 de la Comisión de la Comunidad Andina, cuyo tenor literal es el que sigue:

Decisión 486 de la Comunidad Andina

“Disposición transitoria primera: todo derecho de propiedad industrial válidamente concedido de conformidad con la legislación comunitaria anterior a la presente decisión, se regirá por las disposiciones aplicables en la fecha de su otorgamiento, salvo en lo que se refiere a los plazos de vigencia, en cuyo caso los derechos de propiedad industrial preexistentes se adecuarán a lo previsto en esta decisión.

En lo relativo al uso, goce, obligaciones, licencias, renovaciones y prórrogas se aplicarán las normas contenidas en esta decisión.

Para el caso de los procedimientos en trámite, la presente decisión regirá en las etapas que aún no se hubieren cumplido a la fecha de su entrada en vigencia.

[...]”.

2.3 La normativa comunitaria es clara al señalar que cuando el signo cuyo registro se solicita es idéntico o se asemeja a una marca previamente solicitada para registro o ya registrada a nombre de un tercero, para identificar productos o servicios iguales o similares respecto de los cuales puedan presentarse riesgos de confusión o de asociación empresarial, el registro pretendido no puede ser concedido. Se quieren evitar ciertamente los riesgos de confusión o asociación en el mercado que pudieren llegar a presentarse, pues con ellos se estaría atentando contra la libertad de escogencia de los consumidores y la libre competencia, afectando por contera los derechos de propiedad industrial previamente consolidados o adquiridos por un tercero.

El riesgo de confusión es la posibilidad, originada en las semejanzas entre los signos, de que el consumidor al adquirir un producto piense que está adquiriendo otro (confusión directa), o piense que dicho producto tiene un origen empresarial diferente al que realmente posee (confusión indirecta). Por su parte, el riesgo de asociación es la posibilidad de que el consumidor, aunque diferencie las marcas en conflicto y el origen empresarial del producto, al adquirirlo piense que el productor de dicho producto y otra empresa tienen una relación o vinculación económica.

Para establecer la existencia del riesgo de confusión y de asociación será necesario determinar si existe identidad o semejanza entre los signos en disputa, tanto entre sí como en relación con los productos o servicios distinguidos por ellos, y considerar la situación de los consumidores o usuarios, la cual variará en función de los productos o servicios de que se trate.

2.4 Teniendo como marco jurisprudencial comunitario la interpretación prejudicial traída al plenario, la comparación entre los signos Sisley (en la clase 18) y Sisley (en las clases 9, 14 y 16) se ha de hacer siguiendo las reglas y criterios allí señalados. Al respecto se destaca lo siguiente:

“A objeto de facilitar a la autoridad nacional competente el estudio sobre la supuesta confusión entre los signos en conflicto, es necesario tomar en cuenta los criterios elaborados por los tratadistas Carlos Fernández-Novoa y Pedro Breuer Moreno que han sido recogidos de manera reiterada por la jurisprudencia de este tribunal y que, son los siguientes:

1. La confusión resulta de la impresión de conjunto despertada por los signos, es decir que debe examinarse la totalidad de los elementos que integran a cada uno de ellos, sin descomponer, y menos aún alterar, su unidad fonética y gráfica, ya que ‘debe evitarse por todos los medios la disección de las denominaciones comparadas, en sus diversos elementos integrantes’. (Fernández-Novoa, Carlos, ob. cit., pág. 215).

2. En el examen de registrabilidad las marcas deben ser examinadas en forma sucesiva y no simultánea, de tal manera que en la comparación de los signos confrontados debe predominar el método de cotejo sucesivo, excluyendo el análisis simultáneo, en atención a que este último no lo realiza el consumidor o usuario común.

3. Deben ser tenidas en cuenta las semejanzas y no las diferencias que existan entre los signos, ya que la similitud generada entre ellos se desprende de los elementos semejantes o de la semejante disposición de los mismos, y no de los elementos distintos que aparezcan en el conjunto marcario.

4. Quien aprecie la semejanza deberá colocarse en el lugar del consumidor presunto, tomando en cuenta la naturaleza de los productos o servicios identificados por los signos en disputa. (Breuer Moreno, Pedro, ‘Tratado de Marcas de Fábrica y de Comercio’, Editorial Robis, Buenos Aires, págs. 351 y ss.).”

Igualmente, en relación con las marcas mixtas, naturaleza que comparten las marcas confrontadas en este asunto, son pertinentes las siguientes precisiones:

Las marcas mixtas se componen de un elemento denominativo (una o varias palabras) y un elemento gráfico (una o varias imágenes). La combinación de estos elementos al ser apreciados en su conjunto produce en el consumidor una idea sobre la marca que le permite diferenciarla de las demás existentes en el mercado. Sin embargo, al efectuar el cotejo de estas marcas se debe identificar cuál de estos elementos prevalece y tiene mayor influencia en la mente del consumidor, si el denominativo o el gráfico.

Sobre el tema la jurisprudencia sentada por este tribunal ha sostenido lo siguiente: ‘La marca mixta es una unidad, en la cual se ha solicitado el registro del elemento nominativo como el gráfico, como uno solo. Cuando se otorga el registro de la marca mixta se la protege en su integridad y no a sus elementos por separado’. (Proceso 55-IP-2002, diseño industrial: ‘Burbuja Videos 2000’, publicado en la G.O. Nº 821, ago. 1º/2002). De igual manera ha reiterado que: ‘La doctrina se ha inclinado a considerar que, en general, el elemento denominativo de la marca mixta suele ser el más característico o determinante, teniendo en cuenta la fuerza expresiva propia de las palabras, las que por definición son pronunciables, lo que no obsta para que en algunos casos se le reconozca prioridad al elemento gráfico, teniendo en cuenta su tamaño, color y colocación, que en un momento dado pueden ser definitivos. El elemento gráfico suele ser de mayor importancia cuando es figurativo o evocador de conceptos, que cuando consiste simplemente en un dibujo abstracto’. (Proceso 26-IP-98, marca: (mixta) ‘Casa’, publicado en la G.O. Nº 410, feb. 24/99).

El juez consultante deberá determinar el elemento característico del signo mixto y, posteriormente, proceder al cotejo de los signos en conflicto.

Si el elemento predominante es el denominativo, el cotejo entre signos deberá realizarse de conformidad con las siguientes reglas para la comparación entre signos denominativos:

— Se debe analizar cada signo en su conjunto, es decir, sin descomponer su unidad fonética. Sin embargo, es importante tener en cuenta las sílabas o letras que poseen una función diferenciadora en el conjunto, ya que esto ayudaría a entender cómo el signo es percibido en el mercado.

— Se debe tener en cuenta la sílaba tónica de los signos a comparar, ya que si ocupa la misma posición, es idéntica o muy difícil de distinguir, la semejanza entre los signos podría ser evidente.

— Se debe tener en cuenta el orden de las vocales, ya que esto indica la sonoridad de la denominación.

— Se debe determinar el elemento que impacta de una manera más fuerte en la mente del consumidor, ya que esto mostraría cómo es captada la marca en el mercado.

Pero, si resultare que el elemento característico del signo mixto es el gráfico, en principio, no existirá riesgo de confusión con el signo denominativo” (negrillas o subrayas original).

2.5 En aplicación de los criterios expuestos por el Tribunal Andino de Justicia una vez observadas en el expediente las marcas mixtas confrontadas, se advierte que el elemento predominante es el denominativo (esto es, la expresión Sisley), por ser el que mayor influencia, impacto y recordación tiene en la mente de los consumidores.

Esta constatación releva cualquier análisis en torno al riesgo de confusión de las marcas, desde los puntos de vista de su similitud ortográfica y fonética, como quiera que se trata de signos idénticos(1), Sisley vs. Sisley, no siendo necesario en este asunto el examen del aspecto ideológico o conceptual, como quiera que se trata de una expresión en idioma extranjero no conocido en nuestro medio y como tal, es un signo de fantasía, esto es, un signo que carece de significado o connotación conceptual en nuestra lengua.

2.6 Ahora bien, en el presente análisis establecer la posibilidad de que se induzca a error al consumidor requiere no solo del análisis de la identidad o semejanza visual y conceptual entre las marcas enfrentadas, aspecto que ya se analizó, sino además que se verifique que los signos tengan una relación directa o indirecta con los productos o servicios que identifican, lo que supone analizar el tema de la conexión competitiva respecto a los productos y servicios que las marcas en disputa protegen.

A este respecto esta corporación ha manifestado que la protección de la marca tiene su razón de ser única y exclusivamente en relación con los productos o servicios que identifica. En otras palabras, la marca protege solo a los productos o servicios relacionados en la solicitud de registro para la clase respectiva de la clasificación internacional de Niza, y cumple con la función distintiva entre unos productos o servicios de otros, solo en aquellos que han sido registrados. El argumento anterior, que no es otro que el presupuesto jurídico denominado por la doctrina como “el principio de la especialidad”, puede romperse, en la medida en que exista una conexión competitiva entre los productos o servicios que genere o induzca al público consumidor a error respecto de su origen empresarial por el hecho de identificarlos con la misma o semejante marca y/o cuando perjudiquen al titular de la marca prioritaria, al desviar su clientela hacia el titular de la marca rival, idéntica o semejante.

Debe entonces matizarse la regla de la especialidad y, en consecuencia, analizarse el grado de vinculación o relación competitiva de los productos que amparan los signos en conflicto, para que de esta forma se pueda establecer la posibilidad de error en el público consumidor, pues si bien el derecho que se constituye con el registro de un signo como marca cubre únicamente, por virtud de dicha regla, los productos identificados en la solicitud y ubicados en una de las clases del nomenclátor, la pertenencia de dos productos a una misma clase no prueba que sean semejantes, así como su pertenencia a distintas clases tampoco prueba que sean diferentes(2).

Pues bien, como en la demanda se argumenta que aunque las marcas en conflicto amparan productos de distintas clases, se trata de productos conexos que tienen las mismas funciones, finalidades y características generales al ser “elementos y accesorios de uso personal”, en la interpretación prejudicial traída al plenario el tribunal se señalan los siguientes criterios en torno al tema de la conexión competitiva, los cuales deberán tenerse en cuenta al momento de resolver este asunto:

“Al respecto, se deberá analizar el grado de conexión competitiva existente entre los productos a que se refieren los signos en conflicto, para cuyo efecto, el tribunal ha acogido los siguientes factores de análisis:

a) La inclusión de los productos en una misma clase del nomenclátor: esta regla tiene especial interés en el caso sub judice y ocurre cuando se limita el registro a uno o varios de los productos de una clase del nomenclátor, perdiendo su valor al producirse el registro para toda la clase. En el caso de la limitación, la prueba para demostrar que entre los productos que constan en dicha clase no son similares o no guardan similitud para impedir el registro, corresponde a quien alega.

b) Canales de comercialización: hay lugares de comercialización o expendio de productos que influyen escasamente para que pueda producirse su conexión competitiva, como sería el caso de las grandes cadenas o tiendas o supermercados en los cuales se distribuye toda clase de bienes y pasa desapercibido para el consumidor la similitud de un producto con otro. En cambio, se daría tal conexión competitiva, en tiendas o almacenes especializados en la venta de determinados bienes. Igual confusión se daría en pequeños sitios de expendio donde marcas similares pueden ser confundidas cuando los productos guardan también una aparente similitud.

c) Similares medios de publicidad: los medios de comercialización o distribución tienen relación con los medios de difusión de los productos. Si los mismos productos se difunden por la publicidad general —radio, televisión y prensa—, presumiblemente se presentaría una conexión competitiva, o los productos serían competitivamente conexos. Por otro lado, si la difusión es restringida por medio de revistas especializadas, comunicación directa, boletines, mensajes telefónicos, etc., la conexión competitiva sería menor.

d) Relación o vinculación entre productos: cierta relación entre los productos puede crear una conexión competitiva. En efecto, no es lo mismo vender en una misma tienda cocinas y refrigeradoras, que vender en otra helados y muebles; en consecuencia, esa relación entre los productos comercializados también influye en la asociación que el consumidor haga del origen empresarial de los productos relacionados, lo que eventualmente puede llevarlo a confusión en caso de que esa similitud sea tal que el consumidor medio de dichos productos asuma que provienen de un mismo productor.

e) Uso conjunto o complementario de productos: los productos que comúnmente se puedan utilizar conjuntamente (p. ej.: puerta y chapa) pueden dar lugar a confusión respecto al origen empresarial, ya que el público consumidor supondría que los dos productos son del mismo empresario. La complementariedad entre los productos debe entenderse en forma directa, es decir, que el uso de un producto puede suponer el uso necesario del otro, o que sin un producto no puede utilizarse el otro o su utilización no sería la de su última finalidad o función.

f) Mismo género de los productos: pese a que puedan encontrarse en diferentes clases y cumplir distintas funciones o finalidades, si tienen similares características, existe la posibilidad de que se origine el riesgo de confusión al estar identificados por marcas también similares o idénticas (p. ej.: medias de deporte y medias de vestir)”(3) (el destacado corresponde al texto original).

A objeto de precisar que se trata de productos semejantes, respecto de los cuales el uso del signo pueda inducir al público a error, será necesario que los criterios de conexión, de ser aplicables al caso, concurran en forma clara y en grado suficiente, toda vez que ninguno de ellos bastará, por sí solo, para la consecución del citado propósito(4).

2.7 Pues bien, como antes se dijo, a través de la resolución acusada la Superintendencia de Industria y Comercio concedió a la sociedad Jeans Fashion S.A. el registro de la marca Sisley (mixta), solicitada para distinguir “cuero e imitaciones de cuero, artículos de estas materias, no incluidos en otras clases, baúles y maletas, paraguas, sombrillas y bastones, fustas, jaeces y guarniciones, productos comprendidos en la clase 18 de la séptima edición de la clasificación internacional de Niza”.

La sociedad Benetton Group SPA se opuso a dicho registro, con fundamento en la titularidad de la marcas Sisley (mixtas), registradas para amparar productos de las clases 9, 14 y 16 (versión 7), así(5):

• Productos de la clase 9: aparatos e instrumentos científicos, náuticos, geodésicos, eléctricos, fotográficos, cinematográficos, ópticos, de pesar, de medida, de señalización, de control (inspección), de socorro (salvamento) y de enseñanza; aparatos para el registro, transmisión, reproducción del sonido o imágenes; soportes de registro magnéticos, discos acústicos; distribuidores automáticos y mecanismos para aparatos de previo pago; cajas registradoras, máquinas calculadoras, equipos para el tratamiento de la información y ordenadores; extintores.

• Productos de la clase 14: metales preciosos y sus aleaciones y artículos en metales preciosos o chapeados con estos (excepto cuchillería, tenedores y cucharas); joyería; piedras preciosas; instrumentos horológicos y cronométricos.

• Productos de la clase 16: papel, cartón y artículos de estas materias no comprendidos en otras clases; productos de imprenta; artículos de encuadernación; fotografías; papelería; adhesivos (pegamentos) para la papelería o la casa; material para artistas; pinceles; máquinas de escribir y artículos de oficina (excepto muebles); material de instrucción o de enseñanza (excepto aparatos); materias plásticas para embalaje (no comprendidas en otras clases); caracteres de imprenta; naipes; clichés.

Examinado lo anterior, advierte la Sala que, contrario a lo afirmado en la demanda, entre los productos que amparan las marcas en conflicto no existe conexión competitiva, como quiera que se trata de productos que pertenecen a distintas clases del nomenclátor internacional, los cuales no tienen la misma naturaleza, características ni finalidades, ni pertenecen a un mismo género, además que no comparten los mismos canales de comercialización.

A esta conclusión se arriba a partir del análisis directo que hace la Sala respecto de los productos que comprenden las mencionadas clases, sin que para ello sea tenido en cuenta —por no ser relevante— el dictamen pericial que para tal efecto fue decretado en el proceso, el cual, no obstante que no reúne en forma estricta los requisitos de firmeza, claridad y precisión en sus fundamentos, en todo caso, tampoco contiene un error grave, tal como se estima por la parte demandante.

De otro lado, debe tenerse en cuenta que no es cierto lo afirmado en la demanda respecto a que las marcas cuya titularidad pertenece a Benetton Group SPA amparen productos comprendidos en la clase 25, argumento al cual se acude, al parecer, para derivar la conexión competitiva con los productos de la clase 18 que protege la marca cuyo registro se cuestiona, pues, como tal lo señaló el tercero con interés directo en este asunto y consta en el expediente, a la sociedad demandante le fue negado por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio el registro de la marca Sisley para distinguir productos de la clase 25 internacional, en razón a la similitud de dicho signo con la marca Sisley previamente registrada a nombre de Jeans Fashion S.A. también para amparar productos de esa clase (Res. 35644 oct. 30/2001).

Siguiendo el hilo conductor de estas consideraciones, se concluye entonces que la marca mixta Sisley (en la clase 18), cuyo registro se cuestiona, cumple con los requisitos de perceptividad, distintividad y susceptibilidad de representación gráfica exigidos por el ordenamiento jurídico, y no se configura la causal de irregistrabilidad alegada en la demanda, pudiendo coexistir pacíficamente en el mercado con las marcas Sisley previamente registradas (en las clases 9, 14 y 16), pues, aunque se trata de signos idénticos los mismos amparan productos respecto de los cuales no existe conexión competitiva, de modo tal que no existe la posibilidad de que se induzca a error al público consumidor.

Todo lo anterior lleva a la Sala a declarar que las pretensiones de la actora no tienen vocación de prosperidad y así quedará consignado en la parte resolutiva de esta providencia.

Por lo expuesto, el Consejo de Estado en Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Primera, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

FALLA:

NIÉGANSE las pretensiones de la demanda formulada por la sociedad Benetton Group SPA para que se declare la nulidad de la Resolución 11656 de 29 de abril de 2003, proferida por la Superintendencia de Industria y Comercio, mediante la cual se concedió a la sociedad Jeans Fashion S.A. el registro de la marca Sisley (mixta), solicitada para distinguir productos comprendidos en la clase 18 de la clasificación internacional de Niza.

Notifíquese, publíquese, comuníquese y cúmplase.

Se deja constancia de que la anterior providencia fue leída, discutida y aprobada por la Sala de la sesión del 23 de mayo de 2013».

(1) El Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina al respecto ha sostenido que: “En el caso materia de esta sentencia interpretativa los signos por registrarse son idénticos entre sí y para la misma clase de productos, produciéndose no una simple similitud sino una identidad que, sobrepasando la similitud, descarta toda regla para establecer una comparación diferenciadora entre los dos signos. La similitud o semejanza entre signos admite reglas de comparación o de análisis en tanto que la identidad por ser un hecho objetivo no resiste ningún análisis” (proceso 17-IP-96).

(2) La Sala se ha pronunciado sobre el principio de especialidad y la conexión competitiva en materia marcaria, entre otras muchas, en la sentencia de 15 de abril de 2010, proferida en el proceso 1001 0324 000 2003 00332 01, C.P. Marco Antonio Velilla Moreno.

(3) Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina. Sentencia de 19 de noviembre del 2003. Proceso 114-IP-2003. Marca: “EBEL”. Publicada en la Gaceta Oficial del Acuerdo de Cartagena Nº 1028 del 14 de enero de 2004.

(4) Proceso 68-IP-2002. Interpretación prejudicial de 27 de noviembre de 2002, publicada en Gaceta Oficial del Acuerdo de Cartagena Nº 876, de 18 de diciembre de 2002.

(5) Según las certificaciones respectivas de la Superintendencia de Industria y Comercio, remitidas con los soportes pertinentes en respuesta al Oficio 0146, el cual fue expedido en cumplimiento de lo ordenado en el auto de pruebas dictado en este proceso. (fls. 133, 134, 136 y 155-166, cdno. ppal.).