Sentencia 2004-00031 de agosto 29 de 2016

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCIÓN TERCERA - SUBSECCIÓN “B”

Expediente: 40421

Radicación: 680012331000200400031 01

Consejero Ponente:

Dr. Danilo Rojas Betancourth

Demandante: Nidia Esther Guerrero Martínez y otros

Demandado: Nación-Ministerio de Defensa, Ejército Nacional

Naturaleza: Reparación directa

Bogotá, D.C., veintinueve de agosto de dos mil dieciséis.

EXTRACTOS: «Consideraciones de la Sala

I. Competencia

11. El Consejo de Estado es competente para decidir el asunto por tratarse del recurso de apelación interpuesto contra sentencia proferida por el Tribunal Contencioso Administrativo de Santander en un proceso que, por su cuantía(2), tiene vocación de doble instancia.

II. Validez de los medios de prueba

12. Al proceso se allegó copia de la investigación penal efectuada por la Fiscalía General de la Nación, Unidad Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito en Barrancabermeja y de las investigaciones administrativa y penal militar adelantadas por el Ejército Nacional- Segunda División, contra el soldado Juan Francisco Caicedo Leal.

13. El traslado de pruebas se realizó al presente proceso en virtud a la solicitud hecha por la parte actora en el escrito de demanda, la cual fue reiterada mediante memorial radicado el 14 de marzo de 2005 en la secretaría del Tribunal a quo (fl. 135, exp. 2004-00031). Así las cosas, es posible valorar los documentos, los informes técnicos y los testimonios recaudados en el marco de tales actuaciones —aunque éstos últimos no hayan sido ratificados— para efectos de verificar los supuestos fácticos del caso, pues conforme a la jurisprudencia, es contrario al principio de lealtad procesal que las partes acepten que una determinada prueba haga parte del acervo probatorio pero cuando la misma les resulta desfavorable, invoquen las formalidades legales para su inadmisión.

14. Se reitera que “la exigencia de la ratificación de la prueba testimonial trasladada tiene por objeto la protección del derecho de defensa de la parte que no intervino en su práctica, pero si ésta renuncia a ese derecho y admite que la prueba sea valorada sin necesidad de dicha ratificación, no le es dable al fallador desconocer su interés para exigir el cumplimiento de una formalidad cuyo objeto no es otro distinto a la protección del derecho sustancial (C.P., art. 228)”(3).

15. Por su parte, la entidad demandada también solicitó el traslado de la investigación penal, por lo que las pruebas recaudadas en ese proceso le resultan oponibles con base en las mismas consideraciones expuestas en los párrafos precedentes. Y tratándose de las que se practicaron en el proceso disciplinario, se tiene que ella misma las recaudó, por lo que puede afirmarse, en aplicación del artículo 185 del Código de Procedimiento Civil(4), que se practicaron con su audiencia, tal como lo ha entendido de tiempo atrás la jurisprudencia(5).

16. En relación con las versiones rendidas sin apremio de juramento obrantes en los procesos antes mencionados, la Sala reitera que si bien no cumplen con la formalidad establecida por el artículo 227 del Código de Procedimiento Civil, en aras de establecer la verdad de los hechos, fin último de cualquier proceso judicial, podrían ser valoradas siempre y cuando: (i) se advierta que son indispensables para realizar un análisis integral del caso, (ii) coincidan con lo acreditado a través de otros medios de convicción, (iii) hayan sido tenidas en cuenta como medios de prueba en los procesos en los cuales fueron recaudadas y no hayan sido desestimadas por presiones indebidas o vulneración a derechos fundamentales; condiciones a las que se agrega el que, cuando se trate de una versión de quien es parte en el proceso, sólo podrá valorarse, en concordancia con la finalidad del interrogatorio de parte(6), lo que es susceptible de confesión(7).

17. De otra parte, encuentra la Sala que la parte actora aportó con la demanda cinco fotografías (fl. 19-21, exp. 2004-00031). Sobre el particular se ha pronunciado la jurisprudencia de la Sección Tercera de esta Corporación, en los siguientes términos:

Con la intención de definir el valor probatorio de las fotografías (…) la Sala advierte que de acuerdo con el artículo 252 del Código de Procedimiento Civil los documentos que han de apreciarse como pruebas deben ser auténticos, “es decir debe haber certeza respecto de la persona que lo ha elaborado y de que el hecho plasmado en el documento, en este caso en las fotografías, corresponda a la realidad, puesto que, al igual que en cualquier otro documento, hay riesgo de alteración” (…)(8).

18. En el caso concreto, las fotografías serán valoradas en cuanto sean conducentes y pertinentes para demostrar los presupuestos que sirven de fundamento a la acción pues no existe para la Sala ninguna duda de que las imágenes que registran corresponden a la escena del accidente, en tanto en ellas se aprecia con claridad la placa del vehículo particular involucrado en él: XLC 525; además de que son coincidentes con otros medios de prueba visibles dentro del expediente.

III. Hechos probados

19. De conformidad con las pruebas válidamente allegadas al proceso y valoradas en su conjunto, se tienen por probados los siguientes hechos relevantes:

19.1. El día 12 de octubre de 2003 en desarrollo de una operación militar, que tenía por objeto escoltar un material de la industria militar, siendo aproximadamente las 00:30 horas, y cuando se dirigían a la base militar La Lizama, a la altura del kilómetro 32 de la vía que de Barrancabermeja conduce a Bucaramanga, se presentó un accidente de tránsito entre el vehículo oficial Reo M35 095050 de la Segunda División del Ejército Nacional, conducido por el soldado profesional Juan Francisco Caicedo Leal, y el automóvil Dacia de placas XLC-525 (copia simple de la providencia de nov. 5/2003, mediante la cual la Segunda División del Ejército Nacional se abstuvo de abrir investigación formal disciplinaria —fl. 90, cdno. 1, exp. 2005-03049—).

19.2. La colisión ocasionó la muerte a cuatro de los ocupantes del vehículo particular y lesiones a cuatro más. Entre los fallecidos se encuentran los señores Daladier Sanabria Orozco, quien lo conducía, Eduardo López Villamizar, Beatriz Helena Muñoz Morales y el menor Edwar Andrés López (copia auténtica de la certificación expedida por el fiscal sexto delegado ante los jueces penales del circuito de Barrancabermeja —fl. 14, cdno. 1, exp. 2004-00031; copia del informe del accidente suscrito por capitán Wilson Díaz Bermeo —fl. 47, cdno. 1, exp. 2004-00031—; copia del certificado de registro civil de defunción de Daladier Sanabria Orozco —fl. 8, cdno. 1, exp. 2004-00031—; copia de las actas de levantamiento de los cadáveres —fl. 249-252, cdno. 1, exp. 2004-00031—; copia del informe del accidente elaborado por el patrullero Oscar Cortés Uribe de la policía de carreteras —fl. 255, cdno. 1, exp. 2004-00031—).

19.3. Entre los militares no hubo muertos pero el impacto produjo el desprendimiento de la llanta delantera derecha del reo militar, el cual se deslizó por el suelo varios metros, hasta caer en la cuneta que estaba al lado opuesto del carril por el que transitaba (acta de la diligencia de indagatoria del soldado Juan Francisco Caicedo —fl. 222-226, cdno. 1, exp. 2004-00031—; testimonios de los soldados Ricardo Irley Díaz y Germán Augusto Moreno —fl. 69-72, cdno. 1, exp. 2004-00031—; copia del croquis del accidente, elaborado por el patrullero Oscar Cortés Uribe —fl. 110, cdno. 1, exp. 2004-00031—).

19.4. El accidente ocurrió en el sitio conocido como La Lizama, donde existe un intercambiador o desvío que conecta con la carretera panamericana (copia del informe del accidente suscrito por el comandante del Plan Meteoro —fl. 47, cdno. 1, exp. 2004-00031—; acta de la diligencia de inspección judicial con reconstrucción de hechos realizada por el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar —fl. 226-236, cdno. 1, exp. 2004-00031—). El día de los hechos, la vía estaba seca, en buen estado, era plana, recta, con bermas, de doble sentido, asfaltada, sin iluminación artificial y señalizada (copia del acta de la diligencia de inspección judicial con reconstrucción de hechos practicada por el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar —fl. 214, cdno. 1, exp. 2004-00031—; copia del croquis del accidente elaborado por el patrullero Óscar Cortés Uribe —fl. 16-18, cdno. 1, exp. 2004-00031—).

19.5. Inmediatamente después del accidente el soldado Juan Francisco Caicedo fue conducido por la policía de carreteras al municipio de Barrancabermeja para la práctica de la prueba de alcoholemia, la cual arrojó resultados negativos (declaraciones rendidas por el teniente José Edilberto Lesmes —fl. 63-65, cdno. 1, exp. 2004-00031—; el capitán Wilson Aníbal Díaz —fl. 56, cdno. 1, exp. 2004-00031—; y el patrullero Oscar Cortés Uribe —fl. 245, cdno. 1, exp. 2004-00031—; providencia de 26 de marzo de 2004, proferida por el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar —fl. 201-221, cdno. 1, exp. 2004-00031—).

19.6. Para la conducción del reo militar, el soldado Caicedo recibió instrucción especializada en la base militar de Tolemaida por espacio de dos meses a cargo de personal idóneo (acta de la diligencia de indagatoria del soldado Juan Francisco Caicedo —fl. 222-226, cdno. 1, exp. 2004-00031—; testimonio del teniente José Edilberto Lesmes(9) —fl. 65, cdno. 1, exp. 2004-00031—).

19.7. Por los anteriores hechos, la Segunda División del Ejército Nacional abrió indagación preliminar el 22 de octubre de 2003, la cual terminó el 5 de noviembre siguiente, cuando el funcionario investigador concluyó que no existía mérito para abrir investigación formal contra el soldado Juan Francisco Caicedo Leal en consideración a que (i) el vehículo militar involucrado en el accidente estaba en perfectas condiciones de funcionamiento y que era conducido por una persona idónea para ello, (ii) el automóvil particular fue el causante del choque, toda vez que invadió repentinamente el carril por el que venía el Reo M35 Nº 050, lo que impidió a su conductor reaccionar con prontitud para evitar la colisión (copia de la providencia de 5 de noviembre de 2003 —fl. 90-94, cdno. 1, exp. 2005-03049—; copia del croquis del accidente elaborado por el patrullero Óscar Cortés Uribe —fl. 16-18, cdno. 1, exp. 2004-00031—).

19.8. En el momento del accidente, en el Dacia de placas XLC 525 viajaban ocho personas ubicadas de la siguiente forma: (i) el señor Daladier Sanabria Corzo, que conducía el automotor; (ii) el señor Eliberto Acosta Espinosa, quien viajaba a su derecha como copiloto; (iii) el señor Eduardo López Villamizar, quien estaba sentado en el asiento trasero, detrás del conductor, y transportaba en sus piernas al niño Edwar Andrés López; (iv) la señora Beatriz Helena Muñoz Morales y su hija mayor Leidy Yurany López Muñoz, que viajaban una al lado de la otra en la mitad del asiento trasero, y por último, (vi) el joven Edwin Fernando López Muñoz, quien cargaba a su sobrina, y se ubicaba en la ventana derecha detrás del copiloto (copia de la declaración de Leidy Yurany López ante el Juzgado 34 Penal Militar —fl. 200, cdno. 1, exp. 2004-00031—).

19.9. Para el día del accidente de tránsito, el Reo M35 Nº 050 (camión militar) se encontraba en buenas condiciones para ser utilizado, toda vez que el mismo fue objeto de mantenimiento días antes de los hechos en la ciudad de Aguachica por parte del grupo DINA (contratista para la revisión de esos vehículos). Adicionalmente, el 12 de octubre 2003, día del accidente, en Guarinocito, antes de salir para la base militar de Lizama, el soldado Caicedo Leal realizó una revisión de aceite, agua al radiador, las llantas y frenos (copia del archivo de la indagación preliminar disciplinaria contra el soldado Caicedo Leal —fl. 84-88, exp. 2004-00031–—; copia de la declaraciones del teniente José Edilberto Lesmes y de los soldados Germán Augusto Moreno y Hermes Monsalve Agudelo —fl. 64, 69, 73, cdno. 1, exp. 2004-00031—).

19.10. Como consecuencia del accidente ocurrido el 12 de octubre de 2003, el carro particular quedó completamente destruido en su parte delantera (fotografías aportadas al proceso por la parte actora —fl. 19, cdno. 1, exp. 2004-00031), mientras que el vehículo militar sufrió daños en el lado izquierdo delantero como se expone en el informe técnico elaborado por el Ejército Nacional (copia simple de la inspección técnica al Reo EJC-5J95050 por accidente de tránsito, octubre 23 de 2003, realizado por el SV. Erwin Klinge Scioville, jefe de sección de transportes BASPC-5, y Luis Jaimes Pinzón —fl. 78-79, cdno. 1, exp. 2004-00031—):

2. ESTADO MATERIAL: Golpeado lazo izquierdo delantero.

3. ANÁLISIS POR SISTEMAS:

A. MOTOR: No presenta daños en la inspección.

B. SUSPENSIÓN: Amortiguador izquierdo roto

Muelle izquierdo dañado

C. DIRECCIÓN: Rotas barras de dirección por impacto.

Tapas de apriete charnelas rotas.

Guardapolvo charnela roto.

Carcaza eje delantera izquierda partida

Retenedores Jausin izquierdos dañados.

D. LATONERÍA Y PINTURA: Guarda fango izquierdo destruido

Bomper delantero torcido punta izquierda.

Caja de herramientas y estribo izquierdo destruido.

Espejo exterior con soportes destruido.

Rotos los soportes de la torreta delantera.

Pintura rayada y en mal estado.

Chasis torcido punta izquierda delantera.

E. TREN DE FUERZA: Cardan delantero partido.

Llanta izquierda blindada delantera rajada.

Eje delantero izquierdo roto.

F. TAPICERÍA: Regular estado

G. SISTEMA ELÉCTRICO: Farola izquierda vidrio vencido.

H. SISTEMA DE FRENOS: Manguera de freno izquierda delantera rota.

Cámara de freno rueda delantera izquierda rota por impacto.

Rache de freno torcido.

Quijada de freno torcida.

19.11. El señor Daladier Sanabria Corzo era hijo de los señores Leopoldina Corzo y Alfonso María Sanabria, y hermano de las señoras Dilcen Sanabria Corzo, Ludy Sanabria Corzo y Aida Sanabria Corzo. También era el compañero permanente de la señora Nidia Esther Guerrero Martínez y el padre de los menores Paola Fernanda Sanabria Guerrero y Juan Felipe Sanabria Guerrero (copia simple de los registros civiles de nacimiento —fl. 5-13, cdno. 1, exp. 2004-00031—; declaración de la señora Griselda Archila de Herrera —fl. 126-129, cdno. 1, exp. 2004-00031—).

19.12. Al momento de su fallecimiento, el señor Daladier Sanabria Corzo ejercía una actividad lucrativa, que consistía en el transporte informal de pasajeros entre Bucaramanga y Barrancabermeja (informe del accidente suscrito por el capitán Wilson Díaz Bermeo —fl. 47, cdno. 1, exp. 2004-00031—; testimonios de Eliberto Acosta, Edwin Fernando López —fl. 114, 119, cdno. 1, exp. 2004-00031—(10)).

V. Problema jurídico

20. Debido a que los demandantes del proceso con radicación 2005-03049 no interpusieron recurso de apelación contra la sentencia del 18 de noviembre de 2010, providencia en la que se negaron la pretensiones de la demanda, la Sala no tiene competencia para pronunciarse sobre la responsabilidad de la entidad demandada por la muerte de Beatriz Helena Muñoz Morales y Edwar Andrés López Muñoz. Por ello, el problema jurídico se contrae a determinar si a la Nación - Ministerio de Defensa, Ejército Nacional le es imputable la muerte del señor Daladier Sanabria Corzo, ocurrida el 12 de octubre de 2003 cuando el vehículo que manejaba chocó contra el camión marca Reo 35 Nº 050 modelo 1995 de propiedad del Ejército Nacional, o si por el contrario, se configura en este caso el hecho de la víctima como causal eximente de responsabilidad.

VI. Análisis de la Sala

21. La Sala encuentra demostrado el daño invocado por los demandantes, el cual consiste en la muerte del señor Daladier Sanabria Corzo, ocurrida el 12 de octubre de 2003, cuando el vehículo que conducía chocó contra un camión de propiedad del Ejército Nacional en la vía que de Bucaramanga conduce a Barrancabermeja, en el departamento de Santander.

22. La parte actora, en el recurso de apelación, sostuvo que el daño es imputable al Ejército Nacional por el solo hecho de que el vehículo oficial que resultó involucrado en el accidente era de mayor tamaño y potencia que el conducido por la víctima, por lo que representaba un mayor nivel de peligrosidad.

23. Sobre el particular, cabe señalar que es cierto que el Consejo de Estado en una época anterior acogió dicha postura para efectos de realizar el juicio de imputación en aquellos casos en los que el agente oficial y el particular concurren en el ejercicio de la actividad peligrosa representada en la conducción de vehículos. Al respecto, en su momento se señaló que:

(…) En juicios como el que se estudia esta Sección del Consejo de Estado atendiendo a la contingencia del daño que ofrecen, entre otros, los instrumentos destinados a actividades peligrosas, apreciando la realidad física de estos en cuanto a su poder para causar daño, ha dicho que cuando dos actividades peligrosas (conducción de vehículos) se enfrentan y además cuando una actividad es menor que la otra, habrá de entenderse que la mayor peligrosidad al riesgo, por su estructura y actividad, se predica del que posee la mayor potencialidad para causar el daño (…).

Por consiguiente, en tal régimen de responsabilidad es necesario demostrar:

— El riesgo creado por el Estado en la producción del accidente con su participación en la utilización de un instrumento que, por su naturaleza, tiene mayor peligrosidad y, por tanto, mayor potencialidad de riesgo a causar daño;

— El daño antijurídico, y

— La relación causal (…).

Ahora, descendiendo al caso concreto, el acervo probatorio es conclusivo sobre la comprobación de la existencia del primer elemento de responsabilidad objetiva por riesgo está probado, por cuanto se demostró que la muerte de (…) se causó en la colisión de dos vehículos —volqueta y moto—, de los cuales el del Estado era el de mayor potencialidad para causar daño (volqueta), el cual estaba destinado al servicio de la Secretaría de Obras Públicas del departamento del Valle del Cauca.

Partiendo de la naturaleza física de esos vehículos, es claro que el de mayor peligrosidad era el vehículo oficial, el cual generaba de una parte mayor potencialidad de riesgo respecto de la moto que conducía el particular y, de otra, para su conductor mejor posibilidad de protección y de reacción ante la presencia de un enfrentamiento de fuerzas(11).

24. No obstante, el criterio anterior ha sido abandonado por la jurisprudencia, para acoger aquel según el cual, para la imputación del daño, debe determinarse a cuál de las actividades peligrosas que se estaban ejecutando simultáneamente se le puede atribuir su materialización. Así lo ha sostenido la Sala al decir que:

(…) lo fundamental al momento de establecer la imputación en este tipo de escenarios, es determinar cuál de las dos actividades riesgosas concurrentes fue la que, en términos causales o fácticos, desencadenó el daño, es decir, desde un análisis de imputación objetiva concluir a quién de los participantes en las actividades concluyentes le es atribuible la generación o producción del daño. Por consiguiente, en aras de fijar la imputación del daño en estos supuestos, no resulta relevante determinar el volumen, peso o potencia de los vehículos automotores, así como tampoco el grado de subjetividad con que obró cada uno de los sujetos participantes en el proceso causal, sino, precisamente, cuál de las dos actividades riesgosas que estaban en ejercicio fue la que materialmente concretó el riesgo y, por lo tanto, el daño antijurídico. En esa perspectiva, en cada caso concreto, el juez apreciará en el plano objetivo cuál de las dos actividades peligrosas fue la que concretó el riesgo creado y, por lo tanto, debe asumir los perjuicios que se derivan del daño antijurídico. En ese orden de ideas, el operador judicial a partir de un análisis concurrente de imputación objetiva determinará cuál de los dos o más riesgos fue el que se concretó y, en consecuencia, desencadenó el daño; a estos efectos, la violación al principio de confianza y elevación del riesgo permitido se convierte en el instrumento determinante de cuál fue la actividad que se materializó. En otros términos, el régimen, fundamento, o título de imputación de riesgo excepcional, cuando existe colisión o simultaneidad de actividades peligrosas se configura y delimita a partir de un estudio de riesgo creado en sede de la imputación fáctica, que supone un examen objetivo, desprovisto de cualquier relevancia subjetiva (dolo o culpa), dirigido a identificar la circunstancia material que originó la concreción del peligro (…).

(…).

En efecto, si bien esta Corporación en una época prohijó la llamada “neutralización o compensación de riesgos”, lo cierto es que en esta oportunidad la Sala reitera su jurisprudencia(12), ya que, al margen de que dos actividades peligrosas concurran o entren en una colisión al momento de materializarse el daño, ello no muta el título de imputación en uno de naturaleza subjetiva o de falla del servicio, sino que, por el contrario, se mantiene en la dimensión objetiva(13).

25. Para el caso que ocupa a la Sala, se encuentra que el accidente que ocasionó la muerte del señor Daladier Sanabria Corzo se produjo por la concurrencia de dos actividades peligrosas: una a cargo de la propia víctima, quien conducía el vehículo particular marca Dacia, y otra ejecutada por el agente oficial, que manejaba el camión militar M35 Reo 050. Entonces, de acuerdo a lo expuesto, es necesario analizar el material probatorio que reposa en el expediente para determinar la causa del daño antijurídico, toda vez que no se tendrá en cuenta el volumen o mayor grado de peligrosidad de los vehículos involucrados en el accidente.

26. De acuerdo con los demandantes, el accidente en el que perdió la vida el señor Daladier Sanabria Corzo se produjo porque el conductor del vehículo oficial transitaba en estado de alicoramiento, sin luces e invadió el carril por el que se desplazaba el automóvil particular. En contraste, la entidad demandada señala que fue el vehículo conducido por el occiso el causante del suceso al chocar contra el frente izquierdo del automotor de propiedad del Ejército Nacional.

27. Obviamente, para determinar si la entidad demandada es administrativamente responsable del daño alegado en la demanda, la Sala debe establecer cuál de estas versiones se ajusta a la realidad de los hechos. Para ello, deberá valorar todas y cada una de las pruebas que fueron regular y oportunamente aportadas al proceso, empleando para ello los postulados de la sana crítica, normada por el artículo 187 del Código de Procedimiento Civil(14), y definida por la jurisprudencia de esta corporación como “la capacidad del juez para darle a las pruebas la mayor o menor credibilidad, según su conexión con los hechos a demostrar y su capacidad de convencimiento”(15) y en virtud del cual “el juez goza de cierta libertad a la hora de apreciar el mérito probatorio de los medios de convicción, no debiendo sujetarse, como en el sistema de la tarifa legal, a reglas abstractas preestablecidas e indicadoras de la conclusión a la que se debe arribar, en presencia o en ausencia de determinada prueba”(16).

28. En este caso existen diversas pruebas que apoyan cada una de las versiones o hipótesis sobre los hechos, por lo que es necesario elegir entre ellas prefiriendo la versión que esté soportada con un mayor nivel de probabilidad lógica(17), labor en la cual debe observarse cuál de las hipótesis del caso responde a una mejor inferencia lógica de las pruebas que las soportan, aplicando en este examen las llamadas máximas de la experiencia, que no son más que generalizaciones surgidas de los hallazgos de la ciencia o del sentido comúnmente aceptado(18). Al decir de Taruffo:

(…) si se dan distintas hipótesis sobre el hecho contradictorias o incompatibles, cada una de las cuales con un grado determinado de probabilidad lógica sobre la base de las pruebas, la elección de la hipótesis que ha de ponerse en la base de la decisión se realiza mediante el criterio de la probabilidad prevaleciente (…). En el contexto de la probabilidad lógica y de la relación hipótesis/elementos de prueba, en el que es racional que hipótesis contradictorias o incompatibles adquieran grados de confirmación independientes sobre la base de los respectivos elementos de prueba, el único criterio racional de elección de la hipótesis que resulta más aceptable es el que se basa en la relación entre los distintos valores de probabilidad lógica y privilegia la hipótesis caracterizada por el valor más elevado. Debe escogerse, en resumen, la hipótesis que reciba el apoyo relativamente mayor sobre la base de los elementos de prueba conjuntamente disponibles. Se trata, pues, de una elección relativa y comparativa dentro de un campo representado por algunas hipótesis dotadas de sentido, por ser, en distintas formas, probables, y caracterizado por un número finito de elementos de prueba favorables a una hipótesis. No obstante, se trata también de una elección racional, precisamente por ser relativa, dado que consiste únicamente en individualizar la alternativa más fundamentada en una situación de incertidumbre definida por la presencia de distintas hipótesis significativas(19).

29. De acuerdo con los anteriores parámetros, la Sala procede a analizar los medios de prueba que se observan en el proceso, referidos a lo ocurrido en la madrugada del 12 de octubre de 2003 en la vía que de Bucaramanga conduce a Barrancabermeja, a efectos de establecer si la muerte del señor Daladier Sanabria es imputable al Ejército Nacional o si, por el contrario, se configura el hecho de la víctima como causal eximente de responsabilidad. Para tal efecto se llevará a cabo un estudio analítico de cada uno de los medios de prueba, se establecerá el grado de credibilidad que los mismos ofrecen y, finalmente, se verificará el nivel de probabilidad que alcanza cada una de las hipótesis sobre el caso, para lo cual se aplicarán las máximas de la experiencia.

30. Así pues, en primer término, se encuentran las pruebas a partir de las cuales se puede afirmar que el causante del accidente fue el vehículo oficial porque su conductor manejaba sin luces, se encontraba en estado de alicoramiento e invadió el carril del carro particular —hipótesis 1—. Dichas pruebas son las siguientes:

30.1. El testimonio del señor Eliberto Acosta Espinosa, quien viajaba como copiloto en el vehículo particular accidentado (fl. 114, exp. 2004-00031):

PREGUNTADO: Sírvase decir al Tribunal lo que le conste y recuerde en relación con el accidente de tránsito que ocurrió entre el 11 y 12 de octubre de 2003 (…). CONTESTÓ: Nosotros íbamos para Barranca, íbamos a coger el bus, salimos a coger el bus pero ese salía a las tres de la mañana, decidimos coger un carro en el puente que queda cerca al terminal, llamado El Bueno, cogimos el carro particular y nos fuimos para Barranca, yo iba en la parte de adelante del carro cuando vi que venía un carro que venía de frente por la misma calzada, después de eso el carro nos golpeó y después de eso no se nada más, yo quedé como sonso como cinco meses (…). PREGUNTADO: Dígale al Tribunal cómo observó usted el sistema de luces del carro en que viajaba con destino a Barrancabermeja. CONTESTÓ: Normal, todo bien, ambas luces prendían, las altas y las bajas. PREGUNTADO: A su turno, cómo pudo observar las luces del vehículo contra el cual se chocó el carro en el que usted viajaba. CONTESTÓ: El carro que venía no tenía luces, yo vi fue encima y de ahí en adelante no sé nada más, yo quedé inconsciente.

30.2. El testimonio, rendido ante el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar, por el menor Edwin Fernando López Muñoz, quien viajaba detrás del señor Eliberto Acosta Espinosa, en el costado derecho del vehículo accidentado (fl. 195-199, cdno. 1, exp. 2004-00031):

Ese día salí con mi papá EDUARDO LÓPEZ VILLAMIZAR, mi mamá BEATRIZ ELENA MUÑOZ MORALES, mi hermana LEYDY YURANI LÓPEZ MUÑOZ, mi hermanito menor EDUARD ANDRÉS LÓPEZ MUÑOZ, mi cuñado y novio de mi hermana HERIBERTO ACOSTA ESPINOSA, mi sobrina YULIET VANESA CORREDOR LÓPEZ. Salimos al terminal de transportes de Bucaramanga a coger el bus de Copetrán para que nos transportara hasta Barranca, mi papá fue y preguntó y dijo que no había servicio sino hasta las 3 de la mañana, mi papá dijo vamos a coger pirata en el puente El Bueno, había solo un carro pirata, un dacia azul, él nos dijo que nos llevaba a Barranca, nos subimos al carro, éramos 6 personas con el chofer y los dos bebés en las piernas, mi hermanito en las piernas de mi papá y YULIET VANESA en mis piernas, arrancamos normal (…), ya después en la vía la Fortuna él bajó la velocidad, nos fuimos más despacio, después de ahí vi algo negro en la parte derecha y lo único que hice fue coger a la niña, abrí la puerta y tirarme (…). PREGUNTADO: En respuesta anterior usted dice que vio algo oscuro y salió del carro, explique al despacho concretamente cómo fue ese hecho (…). CONTESTÓ: Yo vi algo oscuro y el chofer se sorprendió, yo agarré la niña con la mano izquierda, con la mano derecha abrí la puerta y en ese momento sentí el golpe dentro del carro y ese golpe me ayudó a salir, caí con la niña de medio lado porque el carro iba despacito y vi la tanqueta que venía por la Y sin luces y pasó por encima de la parte izquierda del carro (…).

30.3. Lo dicho por el mismo testigo sobreviviente del accidente en declaración rendida ante el Tribunal a quo (fl. 119, cdno. 1, exp. 2004-00031):

Estábamos trabajando y salimos a las siete con Heriberto (sic) Espinosa, llegamos al terminal como a las diez, nos dijeron que la Copetrán salía como a las tres de la mañana, para llegar más temprano nos fuimos a coger el pirata, de ahí paramos tipo como once o doce a comer en la renta, de ahí seguimos como de doce a una cuando íbamos en la Fortuna, ahí fue cuando yo vi algo negro que venía por el lado derecho, venía en contravía, cuando yo vi eso negro que no tenía luces cogí a mi sobrinita abrí la puerta y me tiré del carro (…). PREGUNTADO: Por qué (sic) carril observó usted que venía el vehículo con el cual se produjo el impacto o choque. CONTESTÓ: Por el mismo carril que nosotros íbamos, ellos venían en contravía y con las luces apagadas (…). PREGUNTADO: Dígale al Tribunal y si es preciso más o menos a qué distancia usted alcanzó a observar el vehículo o tanqueta que venía en sentido contrario. CONTESTÓ: Pues yo lo vi cerca porque las luces del carro iban bien cuando ya vi fue algo negro y ahí fue cuando me tiré del carro. PREGUNTADO: En ese instante en que usted vio ese algo negro en que ha referido en su respuesta anterior pudo percatarse si el conductor del carro en el que usted viajaba hizo alguna maniobra para evitar el choque. CONTESTÓ: No me di cuenta porque tan pronto vi eso de una vez me tiré del carro. PREGUNTADO: Dígale al Tribunal por qué razón usted en una respuesta anterior afirmó que los soldados estaban borrachos, como hizo para percatarse de ello. CONTESTÓ: Porque cuando ellos me retiraron del carro el olor era como puro aguardiente, la mirada de un borracho, que es todo ido, caminaban como todos en grupo, como de lado a lado.

30.4. El testimonio del señor Gerardo Sepúlveda Silva, quien llegó al lugar del accidente con el fin de auxiliar a los heridos (fl. 273, cdno. 1, exp. 2004-00031):

PREGUNTADO: Infórmele a este despacho lo que le conste del accidente ocurrido el 12 de octubre de 2003. CONTESTÓ: Yo me encontraba en un sitio que se llama La Bomba Lagota, cuando en ese momento llegó un carro del Ejército lleno de soldados y los soldados se botaron todos en carrera al pavimento y salieron corriendo, cuando uno de los soldados me preguntó: señor usted sabe dónde se encuentra a la policía de carreteras?. Yo le contesté que se encontraban en el hotel, cuando yo le pregunté al soldado que había pasado, y él me dijo es que la solicitamos porque hubo un accidente, cuando él me dijo con un carro particular, entonces yo le dije que si había habido muertos y el soldado me contestó que sí. Yo de inmediato corrí hacia mi vehículo y corrí hasta el hecho (sic) donde fue el accidente a ver si podía auxiliar alguno, cuando ya habían prestado auxilio otros vehículos, entonces le dije a uno de los soldados que se encontraba ahí en el accidente, que me dejara pasar para reconocer el conductor, cuando el me dejó pasar yo llegué hasta allá donde estaban los muertos y reconocí al conductor y le pregunté yo al soldado que como había sido el accidente, el soldado me contestó que ellos salían en contravía de una vía que se encuentra de Sabana de las Torres a salir a la Fortuna en contravía, y me dijo el soldado que el conductor del vehículo militar traía las luces apagadas, enseguida miré como quedó el vehículo militar y como quedó el particular, yo como conductor digo que el vehículo militar es culpable del accidente, por haber quedado al lado izquierdo quitándole la vía al vehículo particular (…). PREGUNTADO: Sírvase decirle al Tribunal si usted pudo percatarse de que los soldados o algunos de ellos, concretamente los que usted tuvo más cerca, tuvieran alterado su estado psíquico por el hecho de haber consumido o ingerido bebidas alcohólicas. CONTESTÓ: Pues en eso si no me fijé, porque yo lo que hice fue subirme al vehículo a prestar auxilio, pero decía la gente de por ahí de esa vereda que los tipos se encontraban embriagados, desde el conductor en adelante, eso fue todo lo que oí. PREGUNTADO: De ese comentario en el sentido de que los soldados se encontraban embriagados, pudo usted así mismo percatarse por qué estos se encontraban en esta situación. CONTESTÓ: Pues el comentario que yo oí es que ellos venían de Sabana de Torres y dicen que habían visto a esa tanqueta por ahí desde la tarde tomando pero a mi no me consta porque yo no los vi, simplemente oí lo que la gente dijo con respecto a eso (…). PREGUNTADO: Mientras usted estuvo en el lugar del hecho, pudo percatarse u oír que entre los soldados se hicieran recriminaciones en el sentido de acusar a alguno como culpable del mencionado accidente. CONTESTÓ: Dentro de los soldados que se encontraban más de uno decía que la tanqueta militar tenía la culpa por venir en contravía, sin luz y con exceso de velocidad.

30.5. Y, finalmente, el acta de la diligencia inspección judicial con reconstrucción de hechos practicada por el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar(20) con la participación del joven Edwin Fernando López, donde se observan las siguientes imágenes: (i) la vía que conduce de Bucaramanga a Barrancabermeja, que en el sitio conocido como La Lizama es recta, de doble sentido y presenta una desviación al costado derecho que conduce hacia la carretera Panamericana; (ii) un vehículo particular, pequeño en tamaño, que transita por la calzada derecha de esa misma vía y que se aproxima al desvío mencionado; (iii) un vehículo militar de mayor tamaño que avanza en contravía por el mencionado desvío y que, al salir a la vía que conduce hacia Barrancabermeja, se encuentra de frente con el vehículo particular, produciéndose la colisión (fl. 233-237, cdno. 1, exp. 2004-00031).

31. De otra parte, están las pruebas que indican que el accidente se produjo porque el vehículo particular invadió el carril por el que transitaba el camión oficial —hipótesis 2—. Dichas pruebas son las siguientes:

31.1. La diligencia de indagatoria rendida ante el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar por el soldado Juan Francisco Caicedo, quien conducía el vehículo militar (fl. 202-206, cdno. 1, exp. 2004-00031):

Nosotros salimos desde Aguachica como escolta de un cargamento de Indumil, debíamos escoltarlo hasta La Dorada, Caldas, corregimiento Guarinocito, en el desplazamiento todo fue normal, llegamos a las 2 de mañana del día 12 a Guarinocito, descansamos todo el resto de día hasta las 6 de la tarde. Iniciamos el desplazamiento, yo iba punteando, llevaba la delantera, íbamos 4 REOS, todo normal y en el sitio conocido como el 27 hicimos un alto y (sic) informaron que un vehículo REO había presentado fallas mecánicas y que había que esperar, a la hora dieron la orden de iniciar otra vez el desplazamiento y el segundo REO pasó adelante, las motos, los vehículos ABIR, yo iba cerrando el primer pelotón, el clima estaba bueno, la carretera no estaba del todo mala, había buena visibilidad, el carro marchaba normal, me desplazaba a 50 kilómetros por hora, las llantas son blindadas y al exceder los límites de velocidad ellas botan la silicona y se sale el rin y por el peso, por eso el reloj del kilometraje no marca sino hasta 60 kilómetros y de ahí no se puede pasar. Además, eso lo especificaron en el entrenamiento al hablarnos de las modificaciones de REO. Seguí el desplazamiento normalmente, cuando llegamos al kilómetro 0 y 50 metros más adelante cuando repentinamente un vehículo DACIA, color azul, vira contra el REO y produce un accidente, invade mi carril, golpea el REO en la llanta donde va el conductor, de la presión se sale la llanta, cae el vehículo REO contra el piso, rompe la manguera de aire para frenos, rompe la barra de la dirección y cogió para donde él quiso, no tenía forma de controlarlo, lo único que pude hacer fue activar el freno de seguridad, pero más sin embargo, debido a que no tenía la llanta, se fue hacia el otro carril y se encunetó (…). PREGUNTADO: Consta dentro de la investigación la declaración del menor Edwin Fernando López Muñoz, quien dice ser el único que vio personalmente los hechos y afirma que usted conducía al REO por la Y, sin luces y los golpeó, pasando primero por encima de la parte delantera del carro y luego por la parte trasera (…). CONTESTÓ: No, eso no es lógico, el REO no pasó por la parte de atrás del vehículo, en las fotos se nota que el carro en la parte de atrás está bien, el golpe fue en la parte delantera y los exámenes físicos que se le hicieron al REO muestran que las luces le sirven (…). PREGUNTADO: Indica el mencionado menor que él vio algo oscuro que se venía sobre ellos, trató de abrir la puerta para salir del carro con una bebé y al recibir el golpe fue extraído del vehículo, razón por la cual se salvó. Qué puede decir al respecto. CONTESTÓ: Esa versión no es cierta, si iba en la parte de atrás del vehículo se le obstaculiza la visión, eso que dice que vio una mancha negra es mentira, porque yo venía con las luces prendidas y no venía por la Y, sino por la vía a Barranca, por la Y sería contravía. PREGUNTADO: Afirma el mencionado joven que el personal militar que se le acercó olía a alcohol, que estaban ebrios, qué puede decir usted al respecto. CONTESTÓ: Eso es mentira, calumnia, puesto que en actos del servicio como contemplan los estatutos no se ingiere licor de ninguna clase.

31.2. El testimonio del soldado profesional Germán Augusto Moreno Muñoz, quien viajaba junto al conductor del camión militar (fl. 69-70, cdno. 1, exp. 2004-00031):

Nosotros partimos de Aguachica para una escolta a Guarinocito, llegamos a Guarinocito a las dos de la mañana, luego nos dieron la orden de descansar y descansamos en la escuela, ahí descansamos todo el día, dormimos y el ranchero y centinelas normales, a las cuatro de la tarde nos dieron la orden de alistarnos para arrancar (…), ya como faltando un cuarto para las seis estábamos ya saliendo del pueblo, era un viaje normal hasta un lugar que llaman el veintitrés, ahí dieron la orden de detenernos, ya nos dieron la orden de arrancar para la base de Lizama, cuando arrancamos desde ahí hasta donde sucedió el accidente, cuando pasamos el puente yo divisé un carro pequeño que venía bien por su carril, de repente cuando estábamos para encontrarnos, el carro se abalanzó hacia nosotros, lo otro que vi fue como un fogonazo en la parte izquierda de REO, lo que si fue que nosotros rodamos lentamente, el carro se fue sin dirección y fuimos a caer en la cuneta.

31.3. El testimonio del soldado profesional Ricardo Irley Díaz, quien también viajaba abordo del reo militar (fl. 71-72, cdno. 1, exp. 2004-00031):

(…) nos dieron la orden como a las seis de arrancar de primeras, nosotros arrancamos normal, más adelante nos pasó el segundo reo del primer pelotón, las motos y creo que abir de mi primero, pero ese abir es del segundo pelotón pero estaba agregado al primero, de ahí nosotros nos vinimos normal hasta que ocurrió el accidente, nosotros íbamos por el carril derecho, yo tengo visibilidad por la parte izquierda y la parte frontal porque soy el ayudante del apuntador de la ametralladora, yo iba adelante y a la izquierda del escudo de la punto cincuenta, por eso yo tenía visibilidad adelante y a la izquierda, cuando ya veníamos normal pasamos el puente cuando yo vi una luz normal porque todo carro que pasa le alumbra a uno la cara, yo vi el carro el carro a lo lejos porque comenzamos un descenso pequeño y el otro carro también, cuando el carro se nos acercó normalmente se veía que venía rápido y de un momento a otro nos chocó, el conductor no tuvo ningún momento creo yo de reaccionar, de ahí el carro brincó porque el carro particular se le metió fue a la llanta del reo, haciéndolo brincar y rompiéndose los seguros de la torreta (…), eso fue en cuestión de segundos.

31.4. El croquis del accidente, elaborado por el patrullero Oscar Cortés Uribe, donde se observa que el punto de impacto se produjo sobre la calzada por la que transitaba el vehículo oficial, que es la que conduce de Barrancabermeja a Bucaramanga (fl. 109, 100, cdno. 1, exp. 2004-00031).

31.5. Y, por último, el acta de la diligencia de inspección judicial con reconstrucción de hechos practicada por el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar con la participación del soldado Juan Francisco Caicedo Leal, donde se observan las siguientes imágenes: (i) un vehículo militar que transita por el costado derecho de la vía que conduce de Barrancabermeja a Bucaramanga; (ii) un automóvil particular, de menor tamaño, que circula por la misma vía en sentido opuesto y que al momento de aproximarse al otro vehículo invade parcialmente el carril contrario; y (iii) el momento en que el vehículo particular impacta el frente izquierdo del camión militar (fl. 238-241, cdno. 1, exp. 2004-00031).

36. Corresponde a la Sala ahora analizar y valorar los distintos medios probatorios de que dispone a efectos de establecer el nivel de credibilidad y conducencia que puede serle atribuido a cada uno de ellos, y el grado de probabilidad que ofrece cada versión o hipótesis de los hechos, de acuerdo con las reglas de la sana crítica.

37. En cuanto a los testimonios practicados a instancias de la parte actora, se encuentra que no son conducentes para probar los hechos que sirven de fundamento a sus pretensiones. Ello en razón a que el testigo Eliberto Acosta Espinosa (sobreviviente) solo dijo haber observado cuando el vehículo oficial “se les vino encima”, pero en seguida manifestó no recordar nada más de lo ocurrido; en tanto que el señor Gerardo Sepúlveda (testigo de oídas) reconoció que no le constaba que los soldados hubieran ingerido licor previo al accidente, al tiempo que omitió identificar de forma clara y precisa a quienes, supuestamente, le confesaron que el vehículo oficial transitaba en contravía, sin luces y con exceso de velocidad.

38. Esta circunstancia le resta credibilidad a su declaración pues, de acuerdo con reiterada jurisprudencia de esta Corporación, la valoración del testimonio de oídas, también llamado testimonio indirecto, si bien no está proscrita, sí está sometida a unos estándares mucho más rigurosos con el fin de conocer las circunstancias en las cuales el testigo de oídas tuvo conocimiento de los hechos que narra, verificar si su declaración es coincidente y concordante con el resto del material probatorio, y así evitar que “un verdadero testimonio pueda confundirse con un rumor”(21).

39. Por su parte, el testimonio del menor Edwin Fernando López Muñoz tampoco goza de confiabilidad ya que sus afirmaciones en punto a que los soldados involucrados en el accidente ingirieron licor quedaron desvirtuadas, de una parte, con el testimonio del patrullero Oscar Uribe Cortés, encargado de la elaboración del croquis del accidente, quien manifestó ante el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar que la prueba de alcoholemia practicada al soldado Juan Francisco Caicedo, conductor del vehículo oficial, arrojó resultados negativos (fl. 246, cdno. 1, exp. 2004-000031). Y, de otra, con las declaraciones de los militares que acompañaban al mencionado soldado, quienes coincidieron en señalar que al momento del accidente se encontraban en cumplimiento de una misión oficial, que consistía en escoltar el transporte de un material de la industria militar(22), y no en la celebración de una fiesta de cumpleaños, como se afirmó en la demanda.

40. Tampoco lo dicho por el joven Edwin López Muñoz acerca de la forma como sucedió el accidente puede tenerse por cierto cuando se constata que este testigo viajaba en la parte trasera derecha del vehículo particular. Para la Sala resulta difícil de creer que el declarante haya visto al vehículo oficial transitar en contravía y aproximarse hacia el Dacia de frente y sin luces, pues por su ubicación en el automotor —y por hallarse sentado justo detrás de una persona adulta (ver supra párr. 19.8)— es razonable suponer que su visibilidad hacia adelante era limitada, lo cual se acentúa por el hecho de que el accidente ocurrió en la madrugada y en una vía sin iluminación (ver supra párr. 19.1 y 16.4).

41. A lo anterior se agrega que las afirmaciones que hizo en el marco de la diligencia practicada por el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar (ver supra párr. 30.5), en el sentido de que los dos vehículos chocaron de frente y que el impacto se produjo sobre la calzada por la que transitaba el Dacia, quedaron desvirtuadas con el acta de la inspección técnica que le fue practicada al reo militar (ver supra párr. 19.10), la cual demuestra que éste solo sufrió daños en el frente izquierdo, y con el croquis del accidente, que indica que el impacto se produjo en la calzada por la que transitaba el vehículo oficial.

42. En relación con el croquis, vale la pena señalar aunque algunas de las mediciones consignadas en él fueron cuestionadas por los técnicos que concurrieron a la diligencia de inspección judicial con reconstrucción de hechos practicada por el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar(23), no existen razones de peso para dudar de la confiabilidad de la información que aparece consignada en el mencionado documento puesto que en testimonio rendido ante el funcionario instructor, el patrullero responsable de su elaboración —Oscar Cortes Uribe— ratificó su contenido y señaló que, pese a las incongruencias en las distancias, “la ubicación de los cuerpos como del vehículo 1 y 2 se plasmaron en el croquis como en realidad lo vi personalmente” (fl. 245-246, cdno. exp. 2004-00031).

43. De lo anterior se concluye que la versión de los hechos defendida por la parte actora goza de un bajo nivel de probabilidad lógica pues los testimonios en las que se sustenta no ofrecen mayores detalles de lo ocurrido —como el del señor Eliberto Acosta—, son de oídas y no informan acerca de las circunstancias en las cuales el testigo tuvo conocimiento de los hechos que narra —como el del señor Gerardo Sepúlveda—, o resultan inverosímiles a la luz de los demás medios de convicción arrimados al proceso —como el del joven Edwin Fernando López—. Además, las afirmaciones hechas por este último testigo en la diligencia de inspección judicial acerca de la forma como ocurrieron los hechos, quedaron desvirtuadas con los resultados de otras pruebas de mayor relevancia debido a su carácter técnico, como son el acta de la inspección técnica que le fue practicada al reo militar y el croquis del accidente.

44. En cambio, la hipótesis fáctica defendida por la entidad demandada tiene un mayor nivel de credibilidad si se tiene en cuenta que lo dicho por el soldado Juan Francisco Caicedo en su diligencia de indagatoria y en la diligencia de reconstrucción de los hechos practicada por el Juzgado 34 de Instrucción Penal Militar (ver supra párr. 31.5), coincide plenamente con el relato ofrecido por los soldados Germán Augusto Moreno Muñoz y Ricardo Irely Díaz y con la información que aparece consignada en el croquis del accidente en punto a que el vehículo oficial no transitaba en contravía, sino que lo hacía por la calzada derecha de la vía que conduce de Barrancabermeja a Bucaramanga, esto es, en sentido opuesto al que llevaba el vehículo particular.

45. Estas pruebas vistas en conjunto apuntan demostrar que fue el vehículo particular el que invadió parcialmente el carril por el que transitaba el reo militar, ocasionando que éste lo impactara con el frente izquierdo, tal como lo afirmaron los soldados Caicedo, Moreno y Díaz y se demostró con el acta de la inspección técnica que le fue practicada al automotor (ver supra párr. 19.10).

46. De otra parte, considera la Sala que no hay nada dentro del expediente —diferente a los testimonios de los señores Eliberto Acosta y Edwin Fernando López— que ofrezca razones para sostener que el reo militar transitaba sin luces. De hecho, algunos de los militares que hacían parte de la escolta negaron ese hecho(24), al tiempo que testificaron que antes de que iniciara el desplazamiento de regreso a la base de Lizama, el vehículo fue sometido a una inspección que tuvo por objeto verificar que se encontraba en buen estado de funcionamiento (ver supra párr. 19.9).

47. Tampoco parece posible que la circunstancia anotada ocurriera por un descuido del conductor por cuanto se demostró que el soldado Caicedo estaba altamente capacitado para el manejo de este tipo de vehículos (ver supra párr. 19.6) y que al momento del accidente no se desplazaba en solitario por la carretera, sino que hacía parte de una escolta militar, integrada por varios vehículos más y numeroso personal que difícilmente hubiera podido ignorar una anomalía así, pues con ello se hubiera afectado la seguridad de toda la misión.

48. Así las cosas, como existen pruebas que valoradas individualmente y en conjunto, otorgan un mayor nivel de probabilidad lógica a la hipótesis defendida por la entidad demandada, al tiempo que permiten desvirtuar la hipótesis contraria, la Sala concluye que la muerte del señor Daladier Sanabria no es imputable a la Nación - Ministerio de Defensa Nacional, sino que se configura el hecho de la víctima como causal eximente de responsabilidad, debido a que tal hecho se produjo por su propio descuido e imprudencia, al invadir sorpresivamente el carril por el que el transitaba el reo militar.

49. Por las razones anotadas, se confirmará la sentencia apelada.

VIII. Costas

50. El artículo 55 de la Ley 446 de 1998 establece que se condenará en costas a la parte que hubiere actuado en forma temeraria. En el presente caso la Sala no observa comportamiento temerario en las actuaciones procesales de las partes dentro del proceso, razón por la cual no se condenará en costas.

51. En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, en Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera –Subsección “B”-, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley,

FALLA:

1. CONFIRMAR la sentencia del 18 de noviembre de 2010, proferida por el Tribunal Administrativo de Santander, mediante la cual se negaron las pretensiones de la demanda.

2. Sin condena en costas.

3. Ejecutoriada la presente sentencia, DEVUÉLVASE el expediente al tribunal de primera instancia para lo de su cargo.

Cópiese, notifíquese y cúmplase.»

2 De conformidad con el artículo 3º de la Ley 1395 de 2010, la cuantía en este caso está determinada por la suma de todas las pretensiones de la demanda, que en el proceso con radicación 2004-00031 corresponde a la suma de $ 778.872.000, monto que supera la cuantía necesaria para que un proceso iniciado en el año 2003 fuera de doble instancia ($ 166.000.000). Se aplica en este punto el numeral 6º del artículo 132 del Código Contencioso Administrativo, modificado por el artículo 40 de la Ley 446 de 1998.

3 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 30 de noviembre de 2000, expediente 13329, C.P. Ricardo Hoyos.

4 “Las pruebas practicadas válidamente en un proceso podrán trasladarse a otro en copia auténtica, y serán apreciables sin más formalidades, siempre que en el proceso primitivo se hubieren practicado a petición de la parte contra quien se aduce o con audiencia de ella”.

5 Consejo de Estado, Sala Plena de Sección Tercera, sentencia de 27 de marzo de 2014, expediente 27223, C.P. Danilo Rojas Betancourth.

6 Único medio de convicción especialmente consagrado por el ordenamiento jurídico para que las versiones de las partes puedan ser tenidas en cuenta como pruebas.

7 Consejo de Estado, sentencia de 26 de noviembre de 2015, expediente 36170, C.P. Danilo Rojas Betancourth.

8 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 25 de abril de 2012, expediente 22377, C.P. Jaime Orlando Santofimio Gamboa.

9 Al ser preguntado cerca de la experiencia que tenía el soldado Caicedo en la conducción de vehículos tipo reo blindados, el teniente Lesmes contestó: “Durante el entrenamiento que recibió la compañía en Tolemaida en el mes de enero y febrero, se entrenó en el manejo del reo con diferentes pruebas de conducción, como lo era el esquivar obstáculos de frente y en reversa, arrancar el vehículo en una pendiente, todo esto se realizó bajo el mando del sargento Segundo Cortés, quien era el suboficial idóneo en esta materia enviado por la Escuela de Caballería desde Bogotá, además el soldado ha efectuado los distintos desplazamientos que ha realizado la compañía sin presentar ninguna clase de falla” (fl. 65, cdno. 1, exp. 2004-00031).

10 Los testigos Eliberto Acosta y Edwin Fernando López, quienes sobrevivieron al accidente, manifestaron que tomaron el vehículo conducido por el señor Daladier Sanabria Corzo cerca del terminal de transportes de Bucaramanga, luego de que allí les informaron que el próximo bus con destino a Barrancabermeja salía a las tres de la mañana.

11 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 10 de julio de 2003, expediente 12998. En el mismo sentido, véanse, entre otras, en las siguientes sentencias: 27 de enero de 2000, expediente 12420; 9 de agosto de 2001, expediente 12420; y 3 de mayo de 2007, expediente 16180.

12 [11] “Al respecto ver: Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 8 de julio de 2009, expediente 18039, M.P. Ruth Stella Correa”.

13 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 14 de abril de 2010, expediente 18967, C.P. Enrique Gil Botero. En el mismo sentido, véase la sentencia de 9 de abril de 2014, expediente 30473, C.P. Mauricio Fajardo Gómez.

14 “ART. 187.—Las pruebas deberán ser apreciadas en conjunto, de acuerdo con las reglas de la sana crítica, sin perjuicio de las solemnidades descritas en la ley sustancial para la existencia y validez de ciertos actos”.

15 Consejo de Estado, Sección Cuarta, sentencia del 30 de enero de 1998, expediente 8661, C.P. Delio Gómez Leyva.

16 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 10 de marzo de 2005, expediente 27946, C.P. María Elena Giraldo Gómez.

17 En este punto se acoge la doctrina sentada por Michelle Taruffo, quien afirma: “… Pero la situación más complicada se da cuando existen diversos medios de prueba sobre el mismo hecho, pero <<discrepantes>> o <<contrarios>> entre ellos, porque algunos de ellos tienden a probar la verdad y otros tienen a probar la falsedad del enunciado acerca de la ocurrencia de ese hecho. En estas circunstancias, el juzgador tiene que elegir entre, al menos, dos versiones diferentes del hecho, una positiva y otra negativa, ambas apoyadas por una parte de los medios de prueba presentados. El problema es elegir una de estas versiones: la elección racional indicaría que debe elegirse la versión, positiva o negativa, que esté sustentada por pruebas preponderantes, es decir, por el grado relativamente superior de probabilidad lógica.” La Prueba, Madrid, 2008, capítulo V: “La adopción de la decisión final”, num. 98, pág. 141.

18 Dice al respecto Jordi Ferrer Beltrán: “Es interesante observar que en el esquema de razonamiento presentado, los supuestos adicionales están integrados por generalizaciones empíricas. Estas generalizaciones son la garantía de la inferencia que va de un hecho a otro y otorgarán mayor o menor fuerza a la inferencia en función del grado de corroboración que las propias generalizaciones tengan (…). Éstas pueden ser de muchos tipos e integran lo que los juristas suelen denominar <<máximas de la experiencia>> que incluyen conocimientos técnicos, leyes científicas o simples generalizaciones del sentido común”. La valoración racional de la prueba, Madrid, 2007, num. “2.2.2.3.1. La metodología de la corroboración de hipótesis”, pág. 133.

19 Taruffo Michelle, La prueba de los hechos, Madrid, 2002, capítulo IV, num. 5º, pág. 325.

20 La diligencia se practicó el 27 de mayo de 2004 y en ella se dejó constancia que ninguno de los vehículos utilizados para la reconstrucción de los hechos estuvo involucrado en el accidente (fl. 233-237, cdno. 1, exp. 2004-00031).

21 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 7 de octubre de 2009, expediente 17629, C.P. Mauricio Fajardo Gómez, reiterada en las sentencias de 28 de abril de 2010, expediente 18646, C.P. Mauricio Fajardo Gómez y de 26 de abril de 2012, expediente 18166, C.P. Danilo Rojas Betancourth.

22 El cabo tercero Henry Antonio Londoño describió así la forma como se desarrolló la operación: “PREGUNTADO: Haga ante este despacho un relato amplio y detallado de lo sucedido en el desarrollo de la seguridad física de unos vehículos de Indumil que inició el 10 de octubre y finalizó el día 12 del mismo mes del año en curso. CONTESTÓ: Mi capitán nos llamó a todos a la loma de los chivos, nos dijo lo que íbamos a hacer, a efectuar una escolta de Indumil hasta Guarinocito Caldas, luego nos dio las órdenes a nosotros, nos dio órdenes claras de usted vigila tal o cual vehículo, me tocaron tres mulas, y ahí nos dijo los puntos de control que fueron San Alberto, la bomba de Dagotá y antes de Puerto Araújo, donde comieron los conductores, de ahí no hubo más puntos de control, la caravana arrancó a las dos de la tarde y normal todo el camino, entramos a los puntos de que él había dicho anteriormente donde pasó revista, el trayecto fue normal, no hubo nada extraño, llegando ya a Guarinocito una mula que yo traía se le estalló una llanta, pasé de último y llegué cinco minutos retardado, llegué allá y entregamos la escolta a un capitán, bueno entonces mi capitán ordenó que estuviéramos listos el día de mañana a las ocho de la mañana para ver qué orden darían, procedimos a quedarnos en una escuela de Guarinocito, a las ocho de la mañana me reporté y me dijo que sin novedad, que descansáramos todo el día que en la noche era posible que arrancamos (sic), a las cinco de la tarde mi capitán me llamó por el radio que alistara la gente y que arrancara para Lizama, en el transcurso del camino veníamos normal (…). Y venimos aquí cuando el accidente” (fl. 66, cdno. 1, exp. 2004-00031).

23 En el acta de la diligencia se consignó que: “existe contradicción entre las distancias señaladas y ubicación de los cuerpos en el croquis, se puede apreciar que en la diligencia que las distancias entre el punto M y N no son exactas, que según el croquis se establece que el REO quedó después de la colisión entre dos señales de tránsito que aún permanecen en la vía y las distancias señaladas en metros en el croquis ubicarían al vehículo REO antes de la primera señal de tránsito dibujada en el croquis, lo que distorsiona totalmente las restantes distancias” (fl. 214, cdno. 1, exp. 2004-000031).

24 Son ellos el cabo tercero Henry Antonio Londoño y el soldado Ricardo Irley Díaz (fl. 66, 171, cdno. 1, exp. 2004-00031).