Sentencia 2006-00038 de mayo 25 de 2012

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

Ref.: Expediente 05001-3103-001-2006-00038-01

Magistrada Ponente

Dra. Ruth Marina Díaz Rueda

(Aprobado en sesión de dieciocho de abril de dos mil doce)

Bogotá, D.C., veinticinco de mayo de dos mil doce.

EXTRACTOS: «III. La demanda de casación

Son dos (2) los reproches planteados oportunamente, ambos cimentados en la “causal primera”, el inicial por la “senda recta” y el segundo “vía indirecta”, asumiéndose únicamente el estudio de este último, al estar llamado a prosperar y porque su acogimiento arrasará por completo el fallo impugnado.

Por esa misma razón y además dada su extemporaneidad, no se examinará el tercer embate por “error de hecho”, propuesto en escrito presentado con posterioridad al vencimiento del término para incoar la “demanda de casación” (fls. 55-59).

Cargo segundo

1. Este ataque se fundamenta en el primero de los motivos consagrado en el precepto 368 del ordenamiento ut supra, aduciendo que se produjo “violación indirecta” de los artículos 900 y 1058 del estatuto de comercio, al igual que el 1508 del sustancial civil, ante la equivocada apreciación de las pruebas y la excepción formulada por la accionada.

2. Los argumentos expuestos en procura de acreditar el error denunciado, se concretan en los siguientes:

2.1. No se reconoció importancia ni efecto procesal a la circunstancia de que el asegurado “padeciera de alcoholismo y tabaquismo desde hacía 41 años” y, el sentenciador sin elemento de juicio sostuvo que “la declaración de asegurabilidad no le fue explicada al tomador del seguro, por lo cual no le era exigible entender la expresión ‘adicciones’”; catalogando de “grave” la interpretación concebida respecto de tal vocablo, pues la redujo “al tema de las drogas alucinógenas”; tampoco otorgó ningún alcance a “la declaración y la solicitud de seguro (…) para que la aseguradora conociera el estado de riesgo”, y ante tales desatinos se pregunta el censor: “i) una persona que fuma 40 cigarrillos diarios e ingiere licor todos los días durante los últimos 41 años, no tiene un riesgo de muerte más alto que una persona que no lo haga? ii) constituyen esas circunstancias hechos irrelevantes y poco importantes al momento de solicitar un seguro de vida? iii) cómo puede el tribunal concluir que al señor Mesa Sierra no se le asistió en el diligenciamiento de la solicitud de seguro si no obra prueba alguna de ello (…)? iv) cómo puede el ad quem concluir que el señor Mesa Sierra ‘entendió’ que las adicciones se referían sólo al tema de drogas? y v) la solicitud del seguro y la declaración de asegurabilidad son documentos que carecen de todo valor para que el asegurador conozca el estado de riesgo?”, y a partir de esas elucubraciones infiere, que las desacertadas respuestas a dichos interrogantes condujeron al tribunal a la inaplicación de la sanción de nulidad del “contrato de seguro”, pasando por alto la relevancia de los citados hechos en la afectación del consentimiento del “asegurador”.

2.2. En cuanto al documento anteriormente aludido, esto es, la “declaración de asegurabilidad” requerida al “asegurado” para otorgarle el amparo, señala el impugnante, que aunque no corresponda al esperado por el ad quem, constituye prueba contundente de la mala fe del cliente, “quien manifestó al suscribirlo que en la actualidad no sufría adicciones que pudiesen incidir sobre el estado de salud” y advierte que ello “es prueba suficiente de que a la aseguradora se le engañó y se le ocultó la existencia de una situación extremadamente delicada para el estado de salud del solicitante de la póliza”.

2.3. Tras insistir la censura en que el fallador le restó valor a “la historia clínica y la declaración de asegurabilidad”, solicita casar el fallo atacado y en su lugar confirmar la decisión de primera instancia.

Consideraciones

1. Las aspiraciones de los actores quedaron reproducidas en anterior acápite, por lo que dados los contornos de la impugnación extraordinaria, basta iterar que se solicitó condenar a la accionada al pago del valor del “seguro de vida” que consta en la “póliza Dagrupo GR 6390”, ante el óbito del “asegurado” Luis Alfonso Mesa Sierra, más los intereses moratorios legalmente autorizados.

2. En la causa petendi se resalta que el protegido falleció de “muerte natural” y que el “asegurador” objetó la reclamación al estimar que el “negocio aseguraticio” quedó viciado de “nulidad relativa” derivada de “reticencia”, al haber aquel indicado que “en la actualidad no sufro síntomas, enfermedades crónicas o adicciones que puedan incidir sobre mi estado de salud”, cuando en la historia clínica aparece que “desde antes de ingresar a la póliza consumía de manera muy importante alcohol y cigarrillo” (se resalta).

3. El tribunal, tal como anteriormente se reseñó, básicamente estimó la improcedencia de la “nulidad relativa” porque el instrumento en mención no representa “un cuestionario propuesto por el asegurador para que el aspirante a tomador la respondiese, ni corresponde a una declaración espontánea hecha por el último sobre ‘las circunstancias que, conforme al sentido común, regulan la peligrosidad del riesgo’”, por lo que al no mediar dicha manifestación, el “asegurador” aceptó al “asegurado” sin ninguna restricción en cuanto a problemas en su salud y, que de concebirse que medió una “declaración espontánea”, el decaimiento del negocio jurídico “dependería de que el aspirante a tomador hubiese actuado culposamente, lo que en este caso no se probó, pues bien pudo entender aquél que al avalar con su firma la negativa de tener ‘adicciones’ obraba con total apego a la realidad entendida la expresión como ser aficionado a drogas alucinógenas” y, que si la señalada comunicación no la hizo el interesado, sino el propio “asegurador”, ha de entenderse que éste asumió el “riesgo” sin “declaración de asegurabilidad” sobre el estado de salud del cliente; así mismo, que de aceptar la “reticencia”, no afectaría la validez del convenio en cuestión, “porque el asegurador, antes de celebrar el contrato, conocía –pues fue quien elaboró el documento- que las manifestaciones allí contenidas podían no ajustarse a la situación real del suscriptor, quien ligeramente pudo asentar su firma sin reparar o comprender el alcance de lo que allí constaba”; atribuyéndole a la accionada que en su actividad no actuó con diligencia, al incumplir el “deber de información”, aspecto este que infirió tras advertir que no intervino un intermediario para que le explicara los alcances de la “declaración de asegurabilidad” y, de otro lado, porque no tuvo el cuidado de verificar previamente la historia clínica, así como lo hizo para objetar la reclamación de los beneficiarios.

4. En el plenario obran los siguientes elementos de juicio con relevancia y trascendencia para la decisión que se está adoptando:

i) Condiciones generales de la “póliza de seguro de vida de grupo” expedida por la Compañía de Seguros Bolívar S.A. (cdno. 1, fls. 5-10) y, certificado individual a nombre de Luis Alfonso Mesa Sierra, en calidad de “asegurado”, en el que se identifica a Fiduciaria Davivienda, como “tomador” y se hace referencia a la “póliza Dafuturo 0600036100214095” emitida el “04/2004”, por valor de $100’000.000, con vigencia del “05/04/2004” hasta igual día y mes de 2005, suscrito por ambas partes (cdno. 1, fl. 23).

ii) “Declaración de asegurabilidad” para el “seguro de vida grupo”, de “05/04/2004”, firmada por Luis Alfonso Mesa S., la cual indica en lo pertinente: “(…) en mi calidad de Asegurado Principal, declaro que mi estado de salud es normal porque: 1. (…). 2. (…). 3. En la actualidad no sufro síntomas, enfermedades crónicas o adicciones que puedan incidir sobre mi estado de salud. 4. (…). 5. (…). - Reitero que lo manifestado en esta declaración es verídico y que tengo conocimiento de que cualquier falta a la verdad es causal de nulidad en este seguro. (…). Importante: no firme sin leer y entender el contenido del presente documento. Si usted falta a la verdad al suscribir esta declaración, el contrato de seguro será nulo. (…). Si alguna de las circunstancias enunciadas en este documento no corresponde exactamente a su situación o estado de salud, absténgase de firmar. (…)” (cdno. 1, fl. 24).

iii) Reportes sobre atención y prestación de servicios de salud a la precitada persona, en diferentes épocas, enviados por el Hospital Universitario San Vicente de Paúl (cdno. 2, fls. 8-12) y por el coordinador médico de Comsocial, obrando en estos últimos, una remisión para consulta de “medicina interna” y la hoja de evolución de la historia clínica, expedidas el 27/11/2003 y suscritas por el médico William Vargas García, en las que se indica que originó la consulta: “enfermedad general - MC ‘infección en la piel’, ‘conjuntivitis ojo derecho’ EA: consultó el 19 nov./2003, consulta no programada a causa de infección piodermítica en hemicara derecha y por conjuntivitis bacteriana ojo derecho, refiere mejoría con tratamiento prescrito (…). Fumador de 40 cigarrillos diarios desde hace 41 años - ingiere licor prácticamente todos los días, desde hace 41 años” (cdno. 2, fls. 14-17).

iv) Registro civil de defunción del antes nombrado, señalando que su fallecimiento ocurrió el “13/11/2004” (cdno. 1, 16), al igual que el de matrimonio y nacimiento de los actores (cdno. 1, fls. 17-18).

v) Escrito de reclamación del pago del “valor asegurado” firmado por Nohemy Duque de Mesa, de “02/12/2004” y respuesta dirigida a la Fiduciaria Davivienda por la compañía de seguros del “2/2/2005”, en la que informa que “no procede el pago indemnizatorio” por reticencia que generó nulidad del contrato (cdno. 1, fls. 19-20) y, comunicación en similares términos enviada a los demandantes, de “13/04/2005”, resolviendo negativamente solicitud de reconsideración de la decisión por ellos presentada el “07/03/2005” (cdno. 1, fls. 32-35).

5. Para la comprensión de los contornos del embate examinado, comporta especial interés aludir al negocio jurídico que dio origen a la controversia, al igual que precisar los alcances legales y el entendimiento jurisprudencial en lo atinente a la “declaración de asegurabilidad”, nulidad del contrato de seguro por reticencia y deber de información.

5.1. El “seguro de vida grupo”, es una modalidad del “seguro de personas” (C. Co., art. 1137 y ss.), que permite a un “tomador”, —para el caso “Fiduciaria Davivienda”—, asegurar un número indeterminado de personas, —de ellas hizo parte el fallecido Luis Alfonso Mesa Sierra—, acuerdo que origina tantos convenios como amparados integren el grupo correspondiente, formalizándose la aceptación de cada uno de sus miembros, mediante la expedición del llamado “certificado individual de seguro” expedido por el “asegurador” y, por lo general previo el diligenciamiento por el cliente de la “declaración de asegurabilidad”, que se extiende en un formato preparado por la empresa “aseguradora”.

5.2. En cuanto a los aspectos que guardan relación con el reproche, el ordenamiento mercantil en su artículo 1058, preceptúa:

“El tomador está obligado a declarar sinceramente los hechos o circunstancias que determinan el estado de riesgo, según el cuestionario que le sea propuesto por el asegurador. La reticencia o la inexactitud sobre hechos o circunstancias que, conocidos por el asegurador, lo hubieren retraído de celebrar el contrato, o inducido a estipular condiciones más onerosas, producen la nulidad relativa del seguro. — Si la declaración no se hace con sujeción a un cuestionario determinado, la reticencia o la inexactitud producen igual efecto si el tomador ha encubierto por culpa, hechos o circunstancias que impliquen agravación objetiva del riesgo. — Si la inexactitud o la reticencia provienen de error inculpable del tomador, el contrato no será nulo, pero el asegurador sólo estará obligado, en caso de siniestro, a pagar un porcentaje de la prestación asegurada, equivalente al que la tarifa o la prima estipulada en el contrato represente respecto de la tarifa o prima adecuada al verdadero estado de riesgo, excepto lo previsto en el artículo 1160. — Las sanciones consagradas en este artículo no se aplican si el asegurador, antes de celebrarse el contrato, ha conocido o debido conocer los hechos o circunstancias sobre que versan los vicios de la declaración, o si, ya celebrado el contrato, se allana a subsanarlos o los acepta expresa o tácitamente”.

5.3. Ha de advertirse que el precedente jurisprudencial que tuvo en cuenta el Tribunal no aplica al caso sometido a estudio y para el preciso asunto que se analiza, en sentencia de 1º de septiembre de 2010 expediente 2003-00400-01, la Corte expresó:

“(…) la información suministrada en los cuestionarios que se responden en el umbral de la relación aseguraticia, permite que la aseguradora conozca ‘la extensión de riesgos que va a asumir en virtud del contrato, [los cuales] tienen importancia jurídica porque determinan o precisan el límite de las obligaciones recíprocas de los contratantes. Cuando el asegurador, en esos cuestionarios, hace una pregunta, ésta tiene el sentido de que el hecho a que se refiere es considerado por él como esencial para determinar su consentimiento en el contrato, en cambio, otros hechos que el asegurador pasa en silencio deben considerarse como que no tiene importancia para él, según experiencia en la materia de los riesgos sobre que versa el seguro’ (…).

“El artículo 1058 de Código de Comercio (…) ha sido analizad[o] como aplicación específica del principio de buena fe inherente al contrato de seguros, pues esta modalidad negocial supone que el interesado declare sinceramente cuál es el nivel de riesgo que asumirá la entidad aseguradora, comoquiera que esa manifestación estructura la base del consentimiento acerca de la concesión del amparo y no sólo eso, contribuye a establecer el valor de la póliza, en función de la probabilidad estadística de que el riesgo asegurado acontezca.

“(…).

“Así las cosas, en el contrato de seguro la exigencia de ubérrima buena fe aumenta en grado superlativo, pues como ha dicho la Corte, en materia de este negocio jurídico, la protección de las partes que concurren requiere el máximo de transparencia posible, ‘de modo que las decisiones se tomen con plenitud de información relevante. De esta manera, un contratante no puede quebrar la igualdad, ni tomar ventaja de la ignorancia del otro, especialmente si la ausencia de información de uno de ellos está originada en el silencio del otro que oculta información disponible, información que por ser esencial debe brindarse oportuna y cumplidamente. En la etapa importantísima de formación del contrato de seguro, cuando el asegurador se apresta a brindar la protección, está a merced del asegurado, pues normalmente para estimar el estado de riesgo, aquel requiere de información de ordinario reservada, puesto que la salud personal […] viene a estar asociada a la intimidad del asegurado’ (sent. cas. civ., dic. 19/2005, exp. 566501).

“En suma, la cabal estimación de los riesgos que habrá de cubrir el contrato de seguro, la decisión del asegurador de celebrarlo y aún la de liquidar la prima correspondiente, obedece prioritariamente, en palabras de la Corte, a las atestaciones que al respecto asiente el tomador, quien, en tal virtud, ‘ha de decir todo lo que sabe’, de modo que la lealtad, exactitud y esmero de éste en el cumplimiento de ese deber resultan indispensables para el anotado fin, a la vez que la trasgresión de las señaladas reglas de conducta aparejan consecuencias de diverso orden, entre ellas la de afectarlo de nulidad relativa, como ya fuera demostrado’ (sent. cas. civ., nov. 30/2000, exp. 5743).

“(…).

“4.2. No importan, por tanto, los motivos que hayan movido al adquirente para comportarse sin fidelidad a la verdad, incurriendo con ello en grave deslealtad que a su vez propicia el desequilibrio económico en relación con la prestación que se pretende de la aseguradora, cuando se le ha inquirido para que dé informaciones objetivas y de suficiente entidad que le permitan a ésta medir el verdadero estado del riesgo; sea cual haya sido la razón de su proceder, con intención o con culpa; lo cierto es que la consecuencia de su actuar afecta la formación del contrato de seguro, por lo que la ley impone la posibilidad de invalidarlo desde su misma raíz.

“4.3. Es palmario que el legislador quiso arropar la falta de sinceridad del contratante y su obrar contrario a la buena fe, bajo la sanción de la nulidad relativa, con lo cual, en ejercicio de una actividad que le es propia y para la cual se halla facultado, construyó un régimen particular que inclusive alcanza a superar en sus efectos el ordenamiento común de los vicios del consentimiento, frente al que, tal como fue instituido en el citado artículo 1058, no puede el intérprete hacer distingos, observándose que el vicio se genera independientemente de que el siniestro finalmente no se produzca como consecuencia de los hechos significativos, negados u ocultados por quien tomó el seguro’ (sent. cas. civ., jun. 1º/2007, exp. 00179-01).

“Por supuesto que no podía ser de otra forma, en tanto las inexactitudes u omisiones del asegurado en la declaración del estado de riesgo, se deben sancionar con la nulidad relativa del contrato de seguro, salvo que, como ha dicho la jurisprudencia, dichas circunstancias ‘hubiesen sido conocidas del asegurador o pudiesen haber sido conocidas por él de haber desplegado ese deber de diligencia profesional inherente a su actividad (sent. cas. civ., abr. 11/2002, exp. 6815)”.

En el mismo sentido en sentencia de 3 de febrero de 2008, expediente 2004-00037-01, la Sala aseveró:

“2. De conformidad con el artículo 1058 del Código de Comercio, el tomador del seguro, en virtud del principio de buena fe, tiene la carga de informar fidedignamente los hechos determinantes del estado del riesgo, con independencia que la aseguradora los constate, puesto que de todos modos aquel no queda liberado de las consecuencias adversas frente a las inexactitudes o reticencias en que haya incurrido al momento de hacer su declaración, cuando ésta se sujeta a un cuestionario determinado, al punto que de haberlas conocido el asegurador se habría retraído de celebrar el contrato o inducido a estipular condiciones más onerosas.

“En ese orden, se trata que las partes, a partir de una información sincera relevante, tomen las decisiones que se avengan a sus intereses, con mayor razón cuando se encuentra involucrado el derecho a la salud que como se sabe trasciende la esfera privada y, por lo tanto, según regla de principio, sometido a reserva. De ahí que si sobre su salud, se supone que el asegurado lo sabe todo, no así la aseguradora, es indudable que aquel se convierte en fuente principal y privilegiada, aunque no única, de la información, razón por la cual en la formación del contrato de seguro, se encuentra compelido a obrar con el máximo de transparencia posible.

“Lo anterior, porque ‘un contratante no puede quebrar la igualdad, ni tomar ventaja de la ignorancia del otro, especialmente si la ausencia de información de uno de ellos está originada en el silencio del otro que oculta información disponible, información que por ser esencial debe brindarse oportuna y cumplidamente. En la etapa importantísima de formación del contrato de seguro, cuando el asegurador se apresta a brindar la protección, está a merced del asegurado, pues normalmente para estimar el estado de riesgo, aquel requiere de información de ordinario reservada, puesto que la salud personal viene a estar asociada a la intimidad del asegurado’(1).

“En los seguros de vida, cuando el tomador asegurado omite el deber de informar sinceramente su estado de salud y sus antecedentes médicos, siendo esto relevante para el consentimiento del asegurador, es claro que otorgado éste en esas circunstancias, el mismo no estaría libre de vicios, porque al deformarse el estado del riesgo, esto conduce a que el asegurador también se forme un juicio equivocado sobre su extensión y alcance. En ese evento, el artículo 1058-1 del Código de Comercio, sanciona, en principio, la inexactitud o la reticencia con la nulidad relativa del contrato de seguro”.

Así mismo, en fallo de 1º de junio de 2007, expediente 2004-00179-01, expresó:

“4. Del referido texto legal se puede deducir lo siguiente:

“4.1. Que la obligación del tomador de pronunciarse sinceramente frente al cuestionario que le formula el asegurador con el fin de establecer el estado del riesgo, no tiene por fuente misma dicho contrato sino que opera en la fase previa a su celebración, ya que su objetivo es el de garantizar la expresión inmaculada de la voluntad del primero de consentir en dicho vínculo, de abstenerse de hacerlo, o de contraerlo pero bajo condiciones más onerosas.

“4.2. No importan, por tanto, los motivos que hayan movido al adquirente para comportarse sin fidelidad a la verdad, incurriendo con ello en grave deslealtad que a su vez propicia el desequilibrio económico en relación con la prestación que se pretende de la aseguradora, cuando se le ha inquirido para que dé informaciones objetivas y de suficiente entidad que le permitan a ésta medir el verdadero estado del riesgo; sea cual haya sido la razón de su proceder, con intención o con culpa; lo cierto es que la consecuencia de su actuar afecta la formación del contrato de seguro, por lo que la ley impone la posibilidad de invalidarlo desde su misma raíz.

“4.3. Es palmario que el legislador quiso arropar la falta de sinceridad del contratante y su obrar contrario a la buena fe, bajo la sanción de la nulidad relativa, con lo cual, en ejercicio de una actividad que le es propia y para la cual se halla facultado, construyó un régimen particular que inclusive alcanza a superar en sus efectos el ordenamiento común de los vicios del consentimiento, frente al que, tal como fue instituido en el citado artículo 1058, no puede el intérprete hacer distingos, observándose que el vicio se genera independientemente de que el siniestro finalmente no se produzca como consecuencia de los hechos significativos, negados u ocultados por quien tomó el seguro”.

6. Al analizar la argumentación construida por el sentenciador, al igual que los cuestionamientos con los que la censura sustenta el reproche, a partir del contenido material de las probanzas, se constata el desatino ostensible y protuberante denunciado, como pasa a evidenciarse.

6.1. El tema relativo a la celebración del “contrato de seguro” se tornó pacífico en el adelantamiento del proceso, ya que los propios actores ofrecieron y allegaron con la demanda como medios de convicción la “declaración de asegurabilidad”, las condiciones generales de la “póliza de seguro de vida de grupo” y el certificado de inclusión de Luis Alfonso Mesa Sierra, en calidad de “asegurado”, sin que la accionada hubiere hecho reparo alguno a los mismos.

6.2. En cuanto a la determinación del ad quem de negarle efectos a la precitada “declaración de asegurabilidad”, porque no tiene el carácter de acto dirigido o espontáneo, dado que consta en un formato preimpreso elaborado por el “asegurador”, que simplemente se le hizo firmar al “aspirante a tomador” por la entidad bancaria donde tenía su cuenta de ahorros, agregando que esta circunstancia “de suyo deja entrever la ausencia de instrucción e información por parte del asegurador”, y que esa “irregularidad” no se subsana con la advertencia plasmada en el instrumento en cuanto a que no debía suscribirse sin leer y entender el texto, es palpable la ausencia de elementos de juicio para estructurar el citado razonamiento indiciario, por lo que el interrogante planteado por la impugnante, según el cual, “¿cómo puede el tribunal concluir que al señor Mesa Sierra no se le asistió en el diligenciamiento de la solicitud de seguro si no obra prueba alguna de ello en el expediente?, es totalmente admisible.

6.3. Así mismo se observa la inexistencia de medios de convicción que respalden las inferencias del fallador atinentes a que la comercialización y oferta del “seguro de vida grupo” en cuestión, al igual que la atención al interesado, no estuvieron bajo la responsabilidad de un agente del “asegurador”, sino que esa actividad la desarrolló la entidad bancaria donde él tenía su cuenta de ahorros, deduciendo de ahí que no se le proporcionó información. Por el contrario, es evidente que ni siquiera se dieron a conocer circunstancias fácticas concretas que posibiliten fundar tales conjeturas, pues en las pruebas incorporadas, incluida la “declaración de asegurabilidad”, no aparece anotación o indicación acerca de que el interesado requirió ilustración para su diligenciamiento, o que habiéndola solicitado, se omitió suministrársela.

6.4. También resulta equivocada la reflexión del ad quem, que lo condujo a sostener con relación a la “instrucción” al cliente para formalizar la referida “declaración”, que en virtud de no ser el “declarante” el autor de los asertos ahí señalados, “ni se piense que la advertencia allí expresada en el sentido de que no debía firmar sin leer y entender el contenido del documento, o si alguna de las circunstancias enunciadas no correspondía expresamente a su situación de salud, logra subsanar la irregularidad”; pues no obstante que el “asegurador” preparó el cuestionario, ese hecho no afecta la validez ni le hace perder eficacia al citado documento, ya que el artículo 1058 del estatuto mercantil, lo autoriza para tal efecto, con el fin de que pueda conocer técnicamente el estado del riesgo.

6.5. Otro desacierto del sentenciador se halla en el discernimiento que hace entorno al vocablo “adicción” que aparece en una de las manifestaciones del mencionado acto jurídico, en la que se dice que en “la actualidad no sufro síntomas, enfermedades crónicas o adicciones que puedan incidir sobre mi estado de salud”, (se resalta), la cual constituye según la “aseguradora” el fundamento de la “reticencia” y, frente a la que el tribunal infirió, que no se le habían explicado al interesado “los alcances de las negaciones allí contenidas (…), particularmente la relativa al término ‘adicción’, expresión que según el diccionario de la real Academia Española significa ‘[h]ábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos’. De suerte que quizá en esto pudo pensar el extinto tomador del seguro al suscribir el documento contentivo de la declaración negativa que por parte de la entidad bancaria se le entregó. (…), pues bien pudo entender aquél que al avalar con su firma la negativa de tener ‘adicciones’ obraba con total apego a la realidad entendida la expresión como ser aficionado a drogas alucinógenas”. Además señala, que “(…) la experiencia enseña que normalmente el adicto al alcohol no reconoce su afición, (…)”.

Sobre el particular, la impugnante reprocha preguntándose “¿cómo puede el ad quem concluir que el señor Mesa Sierra ‘entendió’ que las adicciones se referían sólo al tema de drogas?” y, “cómo puede un juez conocer el entendimiento que una persona fallecida le dio a una palabra?”; agregando, que “[n]o se trata de una expresión que requiera de un profundo conocimiento científico para entender su alcance pues es una palabra que a diario, en el lenguaje común, se emplea para designar el hábito incontrolable en el consumo de bebidas, comidas, cigarrillos y obviamente también drogas”, y en cuanto a ello la Corte advierte, que también en esa crítica tiene razón el casacionista, porque el mismo texto de la tantas veces citada “declaración de asegurabilidad”, permite deducir que el suscriptor conocía lo que estaba haciendo, pues en caracteres visibles aparece inserta la siguiente atestación: “importante: no firme sin antes leer y entender el contenido del presente documento. Si usted falta a la verdad al suscribir esta declaración, el contrato será nulo. (…). Si alguna de las circunstancias enunciadas en este documento no corresponde exactamente a su situación o estado de salud, absténgase de firmar” y, como ya se mencionara, ninguna nota o aclaración figura en el instrumento que permita de manera objetiva percibir que el suscriptor no entendió la aludida expresión o que tuvo dudas acerca de su significado y, tampoco se incorporó evidencia que corrobore la ocurrencia de esa situación de incertidumbre.

6.6. Ahora, la deducción de que “el adicto al alcohol no reconoce su afición”, si bien pudiera ser cierta, para el caso no es admisible anteponerla para reclamarle “una actitud de mayor diligencia” al asegurador, en punto del cumplimiento del “deber de información”, porque no se acreditó que la hubiere conocido expresa o tácitamente para la época de la concreción del “negocio aseguraticio” y, consecuentemente se queda sin respaldo el argumento de que debió “al menos cerciorarse de la realidad mediante la consulta de la historia clínica, (…), pues en verdad desdice de la buena fe con que debió obrar, el que a pesar de saber que la ‘declaración espontánea’ contenida en el referido documento no provenía del candidato a tomador, nada haya hecho para salir de su ignorancia sobre el real estado del riesgo para lo cual hubiese bastado consultar la historia clínica (…)”.

6.7. Finalmente, en lo relativo a la afirmación del tribunal sobre “(…) si la ‘declaración de asegurabilidad’ no fue hecha por el aspirante a tomador sino por la compañía aseguradora, ello equivale, ni más ni menos, a haber asumido el riesgo sin declaración sobre su estado, y siendo así, no puede pretenderse que el contrato celebrado es nulo por reticencia, (…)”, ello constituye un ostensible dislate, porque como antes se indicó, los mismos actores aportaron el citado documento y en la demanda ninguna manifestación hicieron para cuestionar su existencia o validez; tampoco en la oportunidad que tuvieron para pronunciarse acerca de la excepción de mérito propuesta por la accionada; adicionalmente, si la compañía de seguros está autorizada legalmente para proponer el respectivo cuestionario, jurídicamente no se entiende cómo restarle eficacia al acto que con base en el mismo se confeccionó.

6.8. De otro lado, el reclamo del censor, referente a que para “el tribunal no tuvo ninguna relevancia ni efecto procesal el hecho de que el señor Luis Alfonso Mesa Sierra padeciera de alcoholismo y tabaquismo desde hacía 41 años”, por lo que se pregunta: “[¿]una persona que fuma 40 cigarrillos diarios e ingiere licor todos los días durante los últimos 41 años, no tiene un riesgo de muerte más alto que una persona que no lo tenga?” y, si “[¿]constituyen esas circunstancias hechos irrelevantes y poco importantes al momento de solicitar un seguro de vida?”, ha de acotarse que en efecto esas circunstancias constan en los documentos remitidos al proceso por la institución de salud que le prestaba servicios asistenciales al asegurado, suscritos el 27 de noviembre de 2003 por el médico William Vargas García, en los que aparece: “fumador de 40 cigarrillos diarios desde hace 41 años - ingiere licor prácticamente todos los días, desde hace 41 años” (cdno. 2, 14-17), los que siendo puestos en conocimiento de las partes (cdno. 2, 20) no merecieron objeción alguna, por lo que aunados a la “declaración de asegurabilidad” evidencian en forma diamantina la demostración de haber el “asegurado” faltado al deber de “declarar sinceramente los hechos o circunstancias que determinan el estado de riesgo”, por lo que se presenta la reticencia denunciada, que trae como consecuencia la “nulidad relativa” del “contrato de seguro”.

7. Surge como corolario de lo expuesto, que el reproche examinado alcanza prosperidad.

Sentencia sustitutiva

1. Como antes se dijo, no hubo controversia en punto de la existencia del negocio jurídico en el que intervino en calidad de “tomador (a)” la Fiduciaria Davivienda, “asegurador (a)” la compañía accionada y “asegurado” Luis Alfonso Mesa Sierra, como integrante del grupo de clientes de aquella con el producto de su portafolio “Dafuturo Fondo Voluntario de Pensiones”, por lo que al haberse configurado el siniestro, esto es, la muerte del amparado, los actores en su condición de esposa e hijo, tendrían derecho a obtener el pago de la “suma asegurada”; empero, al haberse demostrado que hubo reticencia en una de las manifestaciones de la “declaración de asegurabilidad”, según se dejó reseñado anteriormente, de conformidad con el artículo 1058 del Código de Comercio y la jurisprudencia anteriormente plasmada, la excepción de fondo alegada por la demandada, estaba llamada a prosperar y como a esa conclusión arribó el a quo, habrá de confirmarse su fallo, sin necesidad de ampliar las consideraciones, porque las esenciales quedaron señaladas al estudiar el cargo que aniquiló la decisión del ad quem.

2. Por último, ha de señalarse que las “costas” en el trámite de la alzada, se impondrán a cargo de los demandantes, al tenor del artículo 392 del Código de Procedimiento Civil, con las modificaciones introducidas por el precepto 19 de la Ley 1395 de 2010 y, en el ámbito de la “recurso de casación”, de conformidad con el inciso final del canon 375 ídem, no hay lugar a esa condena, al prosperar uno de los cargos.

V. Decisión

En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, CASA la sentencia de 11 de marzo de 2010 proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, en el proceso ordinario promovido por Nohemy Duque de Mesa y Alejandro Mesa Duque contra la Compañía de Seguros Bolívar S.A.

Actuando en sede de segunda instancia,

RESUELVE:

Primero: confirmar el fallo de 21 de agosto de 2009 dictado por el Juzgado 1º Civil del Circuito de la capital de Antioquia.

Segundo: los actores pagarán las costas en segunda instancia. Liquídense por secretaría, incluyendo la suma de $ 1’000.000 por concepto de agencias en derecho.

Tercero: no hay lugar a la anterior condena en el trámite de la impugnación extraordinaria.

Cópiese, notifíquese y devuélvase.»

(1) “Sentencia 379 de 19 de diciembre de 2006, expediente 1997-5665-01”.