Sentencia 24075 de 30 de junio de 2005 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN LABORAL

Radicación 24075

Acta 60

Magistrado Ponente:

Dr. Luis Javier Osorio López

Bogotá, D.C., treinta de junio de dos mil cinco

EXTRACTOS:«VIII. Se considera. Siguiendo el orden propuesto por el recurrente en relación con las pruebas que considera mal apreciadas, al examinarlas se tiene:

La carta de despido del actor obrante al folio 13, registra como motivos de esa determinación los siguientes:

“Le informa que la administración de la empresa ha decidido dar por terminado su contrato de trabajo a partir del 97.04.08 en forma unilateral por las justas causas contenidas en el Decreto 2351 de 1965 artículo 7º, literal a), numerales 2º, 4º y 6º en concordancia con los artículos 58 numeral 1º y 60 numeral 5º del Código Sustantivo del Trabajo.

Según consta en actas comité de reclamos 7 de 1997 del 97.03.19 y 8 del 97.03.26, el día 97.02.21 a las 8:00 pm usted se retiró de su puesto de trabajo sino que se presentara su relativo, lo cual ocasionó en el curso del turno la pérdida de 23 minutos, generando un lucro cesante equivalente a $ 1.058.000.

En cuanto a las causas invocadas por la empresa para desvincular al demandante, dijo el tribunal:

“Obra a folio 13 la carta de terminación del contrato, en la cual se invocan como justas causa las del artículo 7º literal a), numerales 2, 4 y 6, en concordancia con los artículos 58 numeral 1º y 60 numeral 5º del Código Sustantivo del Trabajo. Concretamente como motivo, se le señala que según constan en actas de comité de reclamos, 7 del 19 de marzo de 1997 y 8 del 26 de marzo de 1997, el día 21 de febrero de 1997 se retiró de su puesto de trabajo sin que se presentara su relevo, el cual ocasionó en el curso del turno la pérdida de 23 minutos, generando un lucro cesante equivalente a $1.058.000.000”.

La simple comparación entre lo que muestra la comunicación de despido y de lo que ella extrajo el sentenciador de la alzada, refleja que este no incurrió en error alguno cuando apreció la primera, pues ni alteró su texto ni tampoco su contenido, por lo cual ese medio probatorio no puedo haber sido fuente de los errores de hecho que denuncia la censura. Corrobora lo anterior la consideración que a renglón seguido emitido el tribunal sobre el texto de los numerales 2º, 4º y 6º del artículo 7º, literal a) del Decreto 2351 de 1965, especialmente el segundo de ellos que en su parte final se refiere a la grave negligencia que ponga en peligro la seguridad de las cosas o de las personas como justa causal de despido por parte de la empleadora.

En lo que respecta a las actuaciones del comité de reclamos que reposan en los folios 347 y siguientes, en la sesión del 19 de marzo de 1997 se trató, entre otros, el caso del demandante a quien se ordenó citar a descargos “por abandono del puesto de trabajo y no esperar su relevo”. Igualmente, según informe del señor Mauricio Camacho, se hicieron las siguientes aclaraciones: “1. El señor Ávila dobló el 97.02.19 y el 97.02.00, en este último caso compensando el día sábado 22 de marzo de 1997” 2. “El 97.03.21 sig. estaba trabajando en el turno de 12.00 a 20:00, faltaba el señor Pedro Espejo por permiso sindical, el señor Ávila se retiró del puesto de trabajo. 3. Abandonó la cuchara que en ese momento estaba colando en la MCC, exponiendo de esta forma al personal y a la maquinaria a un accidente, sin en el momento se hubiera presentado una emergencia. 4. El hecho de no quedarse ocasionó paradas en el horno OBT por 23 min. firmado Miguel Ángel Cristancho”. Asimismo, en el folio 354 aparece la comunicación interna del 7 de abril de 1997, mediante la cual el gerente de planta informa al señor Mauricio Camacho, director “div. adm. y RI., la decisión tomada por él, “en representación de la presidencia, previa consulta”, de terminar el contrato de trabajo del demandante por justa causa.

Al analizar tales actuaciones, el ad quem así se expresó:

“Concretamente, como aparece consignada en los actos del comité de reclamos (fl. 346 y ss) y la decisión final interna (fl. 354) del gerente de planta al ingeniero director de la decisión administrativa, Mauricio Camacho, el trabajador abandonó el puesto de trabajo sin esperar su relevo; en las actas quedó consignado la siguiente aclaración: Que el señor Ávila dobló el 18 y 20 de febrero de 1997 y que el 21 de marzo de 1997 (debe leerse febrero) estaba trabajando en el turno de doce a ocho de la noche y sin esperar el relevo se retiró sin autorización de su jefe inmediato, conducta que la demandada calificó como grave (fl 355), y procede a la terminación del contrato por justa causa”.

Más adelante, manifestó el juez colegiado:

“No tenía que avisar, simplemente el relevo debió llegar y sí no llegó, no fue por culpa del demandante pues la empresa sabía que el relevo estaba de permiso sindical, por lo cual debió reemplazarlo con otro y no lo hizo”.

El cotejo inicial entre lo que se reprodujo de las citadas actas y de lo que ellas expresó el tribunal, muestra que no hay una indebida apreciación de las mismas por parte del sentenciador del cual se pueda derivar un yerro manifiesto capaz de quebrantar la sentencia, pues en cuanto a las aclaraciones, de las cuales el ad quem solamente tuvo en cuenta dos, puede decirse que todas, por sí solas, no permiten deducir que el actor incurrió en las faltas que se le atribuyen, ya que precisamente hacen parte de un informe con el cual se da inicio a la investigación interna materializada en la actuación del comité.

Ahora, la censura extrae de dichas actas las respuestas del demandante respecto de los hechos por los cuales se abrió la investigación. Sin embargo, de esa versión tampoco se puede extraer la comisión por el actor de las faltas que el imputaron, pues simplemente se limita a negar las faltas y a afirmar que le había entregado el turno al señor Luis Amaya, quien era el relevo, como se observa del aparte pertinente que a continuación se copia:

“A continuación se hace presente el señor Eliberto Ávila Ávila, cod. 354 a quien se le formulan las siguientes preguntas: “Preguntado: Sírvase informar cuando tenga que decir el informe que se le pone de presente: A las 12:00 m del 97.02.21 informe al supervisor de turno Mauricio Pabón que el día anterior estaba doblado y hoy me encuentro enfermo, esto al iniciar el turno. A las 8:00 p.m. entregué el puesto en la grúa al señor Luis Amaya que también estaba el día anterior aperando la misma grúa. Preguntado. Si sus descargos anteriores son ciertos como explica usted que el informe del supervisor Gilberto Gallo habla....”...El día 97.02.21 a las 20.00 horas se recibe el turno con una colada terminando en MCC y no hay operador grúa 75 y. Se pregunta al relevante y al operador grúa 55 t si recibieron la grúa y manifiesta que no”. Responde: Luis Amaya —relevante recibió el puesto de trabajo igualmente que el día anterior. Preguntado: Sírvase informar si tal como está establecido el día 97.02.21 al terminar su turno normal de trabajo usted se retiró del mismo sin esperar su relevo con autorización del jefe inmediato. Responde: Yo le entregue el turno al relevo al señor Luis Amaya. Preguntado: Tiene algo más que agregar. Responde. En esta fecha el jefe inmediato era el señor Mauricio Pabón”.

Igualmente la acusación reproduce la declaración rendida por Luis Amaya dentro de la mencionada investigación, la cual es del siguiente tenor:

“El día antes le recibí la grúa por orden del jefe inmediato el señor Gilberto Gallo ya que yo no soy el relevante del señor Ávila, no le recibo al él el puesto de trabajo. El 97.02.21 faltando 10 minutos para las ocho en frente del calentamiento de las cucharas me dijo que me dejaba la grúa y lo le conteste que no le recibía hasta que no llegara el jefe. Fui hasta los vestidores para llevar un permiso cuando vi que el señor Eliberto Ávila A. Salía ya cambiado. Volví a la acería y el señor Eliberto Ávila A. No se encontraba. Yo le informé al supervisor Gilberto Gallo de que el señor Ávila se había ido y él y él me ordenó hacer un oficio en el foso de colado y después se terminó la colada y echaron pito y ahí si me ordenó operar la grúa de la máquina de colada continua. El tiempo que duré haciendo aseo en el foso fue de 15 minutos. Agrego que yo no soy el relevante de Eliberto Ávila”.

De lo anterior se puede establecer que el demandante quiso entregar la grúa al trabajador que el día anterior lo había relevado en su labor al terminar la jornada y que aunque el supuesto relevador pudo haberle manifestado que no recibía la máquina hasta que su jefe se lo ordenara, lo cierto es que el supervisor Gilberto Osorio fue avisado por Amaya de la ausencia de Ávila, pese a lo cual, en forma inexplicable, Osorio le ordena a Amaya ocuparse inicialmente de otra labor —en el foso de colado, en el que duró 15 minutos— y después le ordenó operar la grúa. En verdad, no aparece ajustado a la lógica la actitud del supervisor, pues el cargo que desempeñaba, no podía ignorar que de acuerdo a lo que ha expuesto como motivo de defensa la demandada, el horno OBT no podría pasarse. Mal podía, en consecuencia, imputársele al demandante la supuesta parada del horno, cuando resulta indiscutible que en esa situación hubo culpa y negligencia del supervisor.

Y es que de lo relatado hasta ahora, relacionándolo con la sentencia acusada, quedan claros varios supuestos a saber. 1. El demandante laboró 16 horas continuas durante los días 18 y 20 de febrero de 1997. El 21 de febrero de ese año laboró en el turno de las 12:00 pm a las 8:00 p.m. La empresa sabía que el trabajador que debía relevar al operario Ávila Ávila, no podía hacerlo por cuanto estaba de permiso sindical, sin embargo de lo cual, no tomó ninguna medida tendiente a suplir la ausencia del asalariado en permiso, por lo que prácticamente obligaba al demandante a seguir laborando después de su jornada, no obstante las extenuantes jornadas que laboró en los días anteriores mencionados.

Las anteriores conclusiones e ratifican, inclusive, con la declaración que Mauricio Pabón rindió ante el comité, sobre la cual la censura también intenta demostra los errores de hecho y que es del siguiente tenor:

“El día 97.02.21 iniciando el 2do, turno el señor Ávila me manifestó que si no sería posible que el Sr. Gilberto Osorio se quedara doblando en 3er. turno ya que el grupo de ese turno tenía permiso sindical a lo cual le respondí que había que hablar con el Sr. Jaime Marquez el jefe inmediato del Sr. Osorio, más tarde al preguntarle a Don Jaime el dijo que no se podía porque el Sr. Osorio estaba desde las 07:00 horas.

Después de las 18:00 horas fuí hasta la MCC y le dije al Sr. Ávila que debería quedarse, el Sr. Ávila me dice que no se queda y en ningún momento me manifestó estar enfermo o sentir malestar alguno nuevamente le digo que haga el favor de quedarme a lo cual no responde nada. Y la conversación termina, Aproximadamente a las 20:15 horas cuando voy llegando a la portería lo veo saliendo en su carro particular, me devuelvo y llamo al Sr. Gilberto Gallo para informarle ya que en la entrega de turno le había dicho que el Sr. Ávila debía doblar, este Sr. No le entregó la grúa a nadie ya que nuevamente hablé con Gilberto Gallo y este me dijo que la grúa estaba sola.

Salta de bulto, entonces, que desde la propia iniciación de la jornada que le correspondía para el 21 de febrero de 1997, el actor comunicó a su superior sobre la dificultad que existía para su relevo se presentara. Sin embargo, también es evidente que la empleadora no fue diligente en solucionar el aludido problema, sino que simplemente optó por un camino fácil como fue el de obligar al demandante para que doblara el turno, lo que había hecho ya en las jornadas inmediatamente anteriores, por lo que la negativa del operario no puede considerarse en manera alguna como caprichosa o arbitraria, sino justificada por el gran esfuerzo físico que venía haciendo y que debía continuar.

En las condiciones anotadas, de las consideraciones del tribunal no se desprende la comisión de errores fácticos derivados de la estimación del material probatorio que hasta ahora se ha examinado.

Y como los yerros denunciados no han sido acreditados por la censura en la crítica sobre las pruebas calificadas, a la Sala no le es dable el examen de los testimonios por la restricción que consagra el artículo 7º de la Ley 16 de 1969.

Empero, si ello fuera posible, se encontraría que con la sola versión procesal del señor Mauricio Pabón, la sentencia quedaría intacta, ya que al ser preguntado si era frecuente que en la sección de acería se ordenara a un trabajador hacer dobles y triples turnos en una misma semana, contestó que “No es habitual hacer dobletes y nunca se hacen tripletas y cuando esta situación sucede es de común acuerdo con los trabajadores, allá a nadie se obliga a doblar”. Este aparte choca frontalmente con el informe que rindió al comité, en el cual expresó que el demandante debía doblar, utilizando la expresión de manera imperativa, como se observa en el mencionado informe que atrás quedó reproducido.

Siendo ello así, la conclusión del tribunal al respecto se torna irrefutable, cuando al referirse al testimonio en comento afirmó: “Surge una duda: Si nadie se programa para un segundo turno y menos para un tercer turno, y si nadie está obligado a trabajar si no aparece el relevo, ¿cómo entonces, se le endilga la comisión de una falta al demandante y cómo por esto se le despide?”.

De otro lado, lo expuesto sirve igualmente para descartar cualquier situación de incompatibilidad que haga desaconsejable el reintegro del demandante, que fue decretado por el tribunal, pues las circunstancias relatadas dan cuenta, reiterando lo que atrás se dijo, que no hubo en la conducta del operario móviles arbitrarios o caprichosos, sino que por el contrario comportamientos de directivos de la demandada que dejan mucho que desear.

El trabajador no es una mercancía, ni puede considerársele jamás como tal. Tampoco puede el empleador disponer a su antojo de la fuerza de trabajo de un servidor suyo, pues por encima de todo debe respetar la dignidad y la condición humana del asalariado. El artículo 56 del Código Sustantivo del Trabajo impone al patrono la obligación de proteger a sus empleados y darles seguridad en la labor que desempeñan e impone a estos obligaciones de fidelidad y obediencia frente a aquel, aspectos sobre los cuales la Corte se ha pronunciado de la siguiente manera:

“Conviene precisar, como consecuencia de lo atrás visto, que si bien en desarrollo de la subordinación propia de toda relación laboral, es deber de los trabajadores el acatar las órdenes e instrucciones que le impartan sus superiores jerárquicos dentro del marco obligacional del contrato, por ser el empleador quien en principio asume los riesgos, no es menos cierto que ese postulado debe acomodarse al sentido común, al conjunto de tales obligaciones y especialmente al deber de colaboración que le incumbe a las partes en todo vinculo jurídico.

Por lo anterior, el deber de obediencia no es absoluto o ilímite, por lo que es errado entender como subordinación del trabajador, la llamada terca obediencia, que le imponga al prestador del servicio la obligación de acatar de manera ciega o autómata, con una obstinación irracional, toda orden de cualquier superior jerárquico, como si se tratara de un robot; pues la ley concibe al trabajador en toda su dignidad ontológica, como sujeto capaz de discernir y de razonar. De suerte que al empleado le asiste el derecho de rehusar las órdenes que lo induzcan a cometer hechos punibles, o que sean ilícitas o irreglamentarias, o que claramente pongan en peligro su integridad física, o que manifiestamente puedan ocasionar daños al empresario, pues en tales casos en rigor —frente a la ley— no se configura un desobedecimiento, sino el ejercicio de un derecho, pero ante todo del cabal cumplimiento de sus deberes legales de colaboración y lealtad”. (Sent. del 7 de jul. de 1995, rad. 7420)

En consecuencia, no prospera el cargo y las costas son a cargo de la recurrente, por cuanto hubo réplica a la demanda extraordinaria.

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, de la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO CASA la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Tunja el 26 de febrero de 2004, dentro el proceso ordinario adelantado por Eliberto Ávila Ávila contra la empresa Siderúgica de Boyacá S.A. “Sideboyacá”.

Costas como se indicó en la parte motiva.

Cópiese, notifíquese, publíquese y devuélvase el expediente al tribunal de origen».

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